"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

lunes, 29 de agosto de 2011

ORIGENES DE LA FAMILIA PERALTA EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
24 de Agosto de 2011.

Cuando en 1861 dio inicio el registro civil en Comondú, Baja California, Sur, esto a instancias del gobierno de Benito Juárez, como parte de las leyes que en todo el país dieron al poder civil la supremacía en los quehaceres que aglutinaron desde entonces a la sociedad mexicana, la que antes era conducida por la iglesia, es entonces cuando también en Baja California se recibe la instrucción de registrar de manera sistemática los nacimientos, bodas, defunciones, entre otros ordenamientos que dieron origen al registro civil, vigente en todas las tareas cotidianas de la vida nacional desde entonces, y hasta la época actual.

Según los registros el día 3 de julio de 1861, fue registrado en Comondú José Luciano Peralta Véliz, quien había nacido en ese lugar el 19 de noviembre de 1860, siendo hijo de los Loretanos Inocencio Peralta Aguiar, y de Francisca Veliz Osuna, y nieto de Cenobio Peralta y de Josefa Aguiar, así como de José María Véliz, y de Rosario Osuna. Habían procreado para ese entonces además de José Luciano, a Balbina, la mayor de todos, y a José Demetrio.

Este matrimonio formado por Inocencio Peralta Aguiar y Francisca Véliz Osuna, fueron los primeros Peralta en arribar a El Rosario en 1873, para ese entonces traían a varios hijos pequeños y jóvenes, entre los que se encontraban: Balbina, Bruno, Epigmenio, Victoriana, Gilberto, Cenobio, Jaime, y por último Francisca, nacida en El Mármol, quien fue hija de Inocencio Peralta Aguiar, y madre de nombre desconocido.

Epigmenio Peralta Véliz, es de quien la mayoría en línea directa de los actuales Peralta de El Rosario descienden, cuando llegaron a El Rosario en 1873, él contaba con apenas cinco años de edad; fue en ese mismo lugar donde se casó con la rosareña Petra Acevedo Marrón, el 2 de julio de 1895, cuando El Rosario festejaba el aniversario 121 de su fundación, Epigmenio contaba con 27 años de edad, mientras que la novia Petrita contaba con apenas 13. Sólo El Rosario sobrevive, ya festejó el pasado mes de julio, el día 2, su aniversario 237, mientras que todos los Peralta que llegaron en 1873, sus hijos, nietos, y muchos de sus bisnietos ya han desaparecido, desde hace mucho tiempo.

En 1873, cuando los Peralta arribaron a El Rosario, venían desde Comondú, todos en caravana con recua de mulas, algunos burros, y sus pertenecías en sus lomos; mientras que la familia caminó todo el trayecto a pie, es decir, cruzaron unos 900 kilómetros de agrestes veredas antes utilizadas por los misioneros, sus tropas, y sus arrieros; las mismas rocosas, polvorosas, choyosas, e inmisericordes veredas que durante milenios caminaron una y otra vez los primeros pobladores, y que son las mismas que algo fragmentadas siguen cruzando en la actualidad el desierto peninsular.

Son las mismas veredas o parte de éstas las que desde hace unos 44 años los corredores de las carreras fuera de camino se vanaglorian por lograr la gran odisea de cruzarlas a bordo de sus ensordecedores vehículos “todo terreno”: Por eso me pregunto: ¿Qué alarde harían éstos modernos viajeros, si las cruzaran a pie, como antes lo hicieron calladamente nuestras gentes?

Bueno, los tiempos son otros, pero la grandeza de aquellas abnegadas familias es incalificable, gracias a su enorme esfuerzo poblaron la península, dando a ésta tierra una bastedad de costumbres y raíces únicas, muy distintas a las del resto de México, no por eso de menor ni de mayor importancia, pero sí de inaudita resistencia.

Abandonadas como estuvieron las familias peninsulares por los gobiernos mexicanos de todos los tiempos, desde la época colonial, el México Independiente, el Juarismo, Porfiriato, y hasta por lo menos 1973, tiempo en que se construye para unir a los bajacalifornianos la carretera transpeninsular.

Durante todo el lapso colonial y después de la independencia, en la península las familias se vieron aturdidas por las ingratas influencias de bandoleros que operaban dentro y fuera de las filas del gobierno; algunos llegaban en barcos, otros en sus cabalgaduras, y no pocos a pie; salvo el lapso comprendido entre 1697 y 1767, aquellos setenta años en que gobernaron aquí los misioneros jesuitas, fueron los menos rígidos, aunque no fáciles para los californios milenarios, y para nuestras familias pioneras; pero lo que es de 1768 en adelante, hasta por lo menos 1973, o sea por más de 200 años, los peninsulares fuimos otros mexicanos, como nos llamó Fernando Jordán en 1949; lo que por herencia sin duda alguna seguimos siendo una raza distinta, aunque ya muy acompañada del resto de hermanos de la república.

Por principios de cuentas, los misioneros franciscanos estuvieron aquí sólo de paso, fundaron en 1769 la única misión de esa orden en San Fernando Velicatá, hoy territorio de El Rosario, y luego le dejaron en 1773 a los dominicos el gobierno misional de la península alternada con un gobierno militar; y cuyos métodos de gobierno y sometimiento dejaron mucho que desear, sólo basta con recordar la temible “Picota”.

Cuando los Peralta salieron de Comondú era la primavera de 1871, arribando a El Rosario en 1873, lo que bien cabe analizar: ¿Cuántos días soleados, lluvias, fríos, hambres, miedos, ansiedades, y tantas más difíciles situaciones pasaron?: No sé.

Lo que sí sé es que llegaron a El Rosario, por las mismas veredas desde el sur peninsular por las que antes habían llegado los Espinoza, Ortiz, Marrón, Verdugo, Aguilar, Acevedo, Montes, Ortega, Collins, Meza, Arce, Sandez, y Duarte; los primeros de éstas familias en 1800, mientras que el último en llegar entonces, era Domingo Duarte Cossío, quien había llegado en 1872, y después de él, sólo un año después, los Peralta.

Cuando los Peralta llegaron, conocían a varias familias sureñas ya asentadas en El Rosario, y como antes todo mundo se conocía o estaba emparentado entre sí, muy pronto los Rosareños acomodaron a los nuevos habitantes del pueblo, entregándoles la cañada de Santo Tomás, que se encuentra en la margen izquierda del arroyo en una amplia extensión de tierra ubicada muy cerca del arroyo, que antes había pertenecido a Carlos Espinoza Castro, heredada por él a su hermana Perfecta Escolástica Espinoza Castro, quien casada con Julián Jesse Ames, dio origen a ese linaje en Baja California; después de los Ames la propiedad pasó a manos de Rita casada con Loreto Acevedo Ceseña; y desde 1873 hasta nuestros días pertenece a los Peralta.

La propiedad de la que venimos tratando, el primer Peralta en ocuparla fue Inocencio Peralta Aguiar, después su hijo Epigmenio Peralta Véliz, más tarde su nieto Lázaro Peralta Acevedo, luego su bisnieto Silvestre Peralta Duarte, y hoy los hijos de Silvestre de apellido Peralta Grosso; en otras palabras la propiedad ha pasado de generación en generación, desde Inocencio, hasta los hijos y nietos de sus tataranietos, quienes la ocupan en la actualidad.

En tal propiedad nacieron varios de los Peralta primigenios de El Rosario, después de ellos sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, y dos generaciones más.

Todas las familias peninsulares se hicieron vivir mayormente de las cosechas que de sus tierritas de labor obtenían, así como de la recolección de frutos y semillas silvestres, de los animales de caza, y de la pesca en el mar cercano. Todas las familias vivieron de la misma manera, todos trabajaban las tierras, cazaban, pescaban, recolectaban, y criaban ganado y aves de corral. Sus ropas las confeccionaban e intercambiaban entre los pueblerinos, y practicaban el contrabando de mercancías con los escasos viajeros que pasaban por el camino real, o con los navegantes que se fondeaban en la costa rosareña, como en las de toda la geografía peninsular; el contrabando de mercancías y el trueque de bienes fue, y sigue siendo de alguna manera una actividad muy arraigada entre los bajacalifornianos, nació en los tiempos misioneros; su desarrollo fue debido principalmente al aislamiento y lo arrinconada en que se ha encontrado la península en todos los tiempos, antaño comerciando principalmente con San Diego, California, en vez que con el resto del país debido a la lejanía, y a lo olvidada que siempre se encontró la sociedad de aquí, por parte del resto de la república, y al eterno abandono en que siempre la tuvo el centro, principalmente hasta antes de 1973.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
MIERCOLES 24 DE AGOSTO DE 2011.

El presente es un trabajo de orden intelectual, que se encuentra protegido por el autor bajo patente 1660383; se permite su reproducción parcial o total, siempre y cuando se brinden los créditos correspondientes, y no sea con fines de lucro, ni se altere el contenido en ninguna de sus partes.

NOTAS RELEVANTES:
La genealogía de la familia Peralta en El Rosario, es como a continuación se presenta:

Inocencio Peralta Aguiar, y Francisca Véliz Osuna, los fundadores de ese linaje en El Rosario, fueron padres de:

Balbina la mayor (1856-1908) nació en Comondú, Baja California, Sur, en 1856, fue esposa del rosareño Policarpo Espinoza Marrón: fueron mis tatarabuelos paternos.
José Luciano: Se quedó a vivir en la zona de San Ignacio, Baja California, Sur, donde tuvo familia, y de quien descienden los Peralta de esa zona.
José Demetrio: Se quedó a vivir en la zona de Santa Rosalía, y Santa Águeda, Baja California, Sur, y es de quien descienden algunos de los Peralta de esos sitios.
Bruno: Fue casado con la rosareña Francisca Ortiz Pellejeros; fundaron el rancho “Santa Úrsula”, en las cercanías de El Rosario.
Bruno: Fue casado con la rosareña Francisca Ortiz Pellejeros; fundaron el rancho “Santa Úrsula”, en las cercanías de El Rosario.
Gilberto (el menor de la familia) fue casado con Otilia Solorio, rehabilitaron el viejo paraje de Santa Catarina, y lo convirtieron en lo que hoy se conoce como: “Rancho Santa Catarina”, en las cercanías de El Guayaquil, y El Mármol.
Victoriana fue casada con Tomás Vidaurrázaga Murillo.
Cenobio, fue casado con Matea Murillo Smith.
Jaime, se radicó en la zona de Arroyo Seco, en Colonet, fue el fundador de los Peralta de esa región.

Balbina Peralta Veliz la mayor, fue casada con Policarpo Espinoza Marrón, procrearon a: Juventino, Santiago, Cecilio, María Josefa, María Guadalupe, Adalberto “Caracol”, Policarpo “Polo hijo”, José del Carmen “Tambo”, Carlos “Don Chale”, Alejandro “Mechudo”, y Julio.

Juventino se fue a vivir a San Vicente Ferrer, en 1905, donde se casó con Josefa Aráuz Aguiar.

Santiago (1878-1962) fue casado con Josefa Peralta Ramirez, sus hijos fueron: María Fe, Emilia “Balbina”, Sofía, Heraclio, Alejandro (mi abuelo), Manuel “Tehua”, Santiago, Heriberto, José de Jesús, Amanda, María Magdalena, Josefina, y Antonio Leobardo “Quirino”.

Santiago fue casado en segundas nupcias con Bertha Romero Loya, fueron los padres de:
Herminio, Gloria, Francisca, Alicia, Blanca, Violanda de Montserrat, y Elsa.

Cecilio (1880-¿?) fue casado con Cecilia Romo, fueron los padres de: Alfonso “Rey”, Alberto, Norberto “Yoti”, y María Isabel, quien fue la esposa de Amadeo “Quitito” Peralta Murillo.

Cecilio casado en segundas nupcias con Eloísa Peralta Murillo fueron los padres de: Carlos, Zacarías, Francisca “Jirto”, María (madre fundadora de los Arauz de El Rosario), Anita (madre fundadora de los Viera de El Rosario).

José del Carmen (1891-1985) “Tambo” fue casado con Juana Romo, (hermana de Cecilia) quien falleció junto a su hijo al nacer, en su primer parto en el rancho San Juan de Dios.

José del Carmen “Tambo” fue casado en segundas nupcias con Josefa Vidaurrázaga Peralta, fueron los padres de: Eduardo “Lalo”, Julio “El Tambo”, Palmira “Ema”, y Manuel “Niní” quien falleció apenas el pasado 13 de agosto de 2011.

Adalberto “Caracol” (1890-1980) fue casado con María Isabel Vidaurrázaga Peralta, fueron los padres de: Esperanza “Toto”, Alejandrina “Jarino”, Dolores, Angelina (madre fundadora de los Fuerte de El Rosario); Francisco “Raile”, Rosario “Chayulín”, Rafael, y el mayor de todos: Adalberto quien falleció niño en el rancho de San Juan de Dios.

Policarpo (hijo) (1887-1948?) fue casado con Amparo Arce, sus hijos fueron: Fidel “Güero”, Trinidad “Yita”, Ruperto “Rupe” Teresa, Carmen, Francisco, Heraclio “Pleis”, David “Bill”, Lucía, y Jesús “Tío Chuy”.

Carlos “Don Chale”, (1899-1974) fue casado en primeras nupcias con Pilar Adarga Acevedo sus hijos fueron: María Dolores, Cecilio, Demetria “Chuma”, Romualdo, Cipriano, y Ramón.

Carlos “Don Chale” fue casado en segundas nupcias con Dionisia Bañaga de origen Kiliwa del aguaje de León; tuvieron a un hijo llamado Alejandro Espinoza Bañaga, fallecido en El Rosario a los 30 años de edad en 1988.

Alejandro “Mechudo” (1895?-1945) fue casado en primeras nupcias con Ángela Loya Espinoza, sus hijos fueron: Gustavo, Emilio, Arnulfo “Chuti”, Maura, y María Guadalupe.

Alejandro “Mechudo” fue casado en segundas nupcias con Francisca Aguilar Acevedo, sus hijos fueron: Berta, Angelita, Balbina, Cruz (mujer), Policarpo, Ricardo, “Tardo”, y Ángel Zacarías.

María Guadalupe (1896-¿?) fue casada con Gabriel García López “Chimicuíl”, originario de La Grulla, Baja California; lugar ubicado en las cercanías de Ensenada; no tuvieron descendientes.

María Josefa (1897?-¿?) fue casada con José Loya Murillo, ver sus descendientes, en el artículo: “José Loya Murillo y María Josefa Espinoza Peralta”.

Siguiendo con los primeros Peralta de El Rosario:

Bruno Peralta Véliz: Fue casado con la rosareña Francisca Ortiz Pellejeros; fundaron el rancho “Santa Úrsula”, en las cercanías de El Rosario; sus hijos fueron: Rosa quien a su vez fue casada con Francisco Loya Espinoza; y Ángela quien fue casada con José del Carmen Loya Espinoza, quien fue conocido como “Nico Loya”, único Loya Espinoza nacido en el rancho El Rosarito en 1889, y fallecido en Ensenada hacia 1986.

Gilberto Peralta Véliz fue casado con Otilia Solorio, como ya ha quedado dicho rehabilitaron el viejo paraje de Santa Catarina, y lo convirtieron en lo que hoy se conoce como: “Rancho Santa Catarina”, en las cercanías de El Guayaquil, y El Mármol; sus hijos fueron: Elías, “Beto Peralta”, “Güero Peralta”, Etelvina (esposa de Marcelino Cajeme García).

Victoriana Peralta Véliz fue casada con Tomás Vidaurrázaga Murillo, fueron los padres de: Alberto, María Isabel, Ricardo “Pilayo”, María Josefa, Fidencio, y Francisca “Pachita de Lapo”.

Cenobio Peralta Véliz, fue casado con la también Comundeña Matea Murillo Smith, fueron los padres de: Rosendo, María, Eloísa, Bartola, Victoria, Jacinta, Elvira, y Amadeo “Quitito”.

El árbol genealógico de la familia Peralta en El Rosario continúa de manera muy amplia; por ejemplo tenemos que de los hijos de Epigmenio Peralta Véliz y Petra Acevedo Marrón, viven en El Rosario los descendientes de: Inocencio casado con Sara Orduño Ortega; Lázaro (1908-1992) casado con María Gertrudis “Tulita” Duarte Valladolid; Francisco casado con Teresa Espinoza Arce; y muchísimos más.

De los descendientes de Balbina Peralta Véliz, tenemos entre los que ya describí, a mi bisabuelo Santiago, padre de mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, padre de Julio Espinoza García: mi padre, luego quien esto escribe, después mis hijos Alejandro, Laura Delia, y Magda Alejandra; y aún después de ellos mi nieto Isaac Alexander Espinoza Montiel.

Tomás Vidaurrázaga Murillo casado con Victoriana Peralta Véliz, fue hijo del ultramarino (extranjero) Tomás Vidaurrázaga y de la bajacaliforniana María Josefa Murillo; quienes se casaron en Loreto, Baja California, Sur, el 7 de enero de 1841; siendo este matrimonio los que fundaron ese linaje en Baja California.

A petición de Demetrio Zamora Ramos, bisnieto de Alejandro “Mechudo” Espinoza Peralta, ampliaré más de nuestra tatarabuela Balbina:

Balbina Peralta Véliz tatarabuela de Demetrio y mía, falleció en el rancho San Juan de Dios el 14 de octubre de 1908 a la edad de 52 años; según se puede leer en el acta que se levantó por motivo de su deceso el 16 de octubre de 1908, la cual se redactó de la siguiente manera:

“En El Rosario, Cabecera de la sección del mismo nombre del Distrito Norte de la Baja California, a las tres de la tarde del día 16 de octubre de 1908m ante mí Teófilo P. Echeverría, Juez de Paz de ésta sección en funciones de Juez del Estado Civil, por ministerio de la Ley compareció el ciudadano Cecilio Espinoza (Peralta) natural y vecino de ésta sección de 28 años de edad, casado, criador, y manifestó que a las cuatro y media de la tarde del día 14 de del corriente mes, falleció de gastritis en el rancho de San Juan de Dios, de ésta sección su señora madre BALBINA PERALTA (Véliz). El referido ciudadano Cecilio Espinoza expuso que la finada era natural de Comondú, de éste territorio de 52 años de edad, casada con el señor Policarpo Espinoza (Marrón) e hija de Inocencio Peralta (Aguiar), y Francisca Véliz (Osuna) de Peralta, presentando por testigos del fallecimiento que se trata a los ciudadanos Francisco A. Meza (Arce), y Arturo Sotelo, naturales de éste territorio, mayores de edad, solteros, comerciantes y vecinos de éste lugar, manifestando que no eran parientes de la finada, cuya inhumación se verificó en el panteón del rancho San Juan de Dios, Leía la presente acta al compareciente y testigos manifestaron su conformidad, ratificándola en todas sus partes y firmaron”.

Publicada en mi libro: LOS ROSAREÑOS”, Memorias del Nacimiento y Vida de un Pueblo Bajacaliforniano”: 1992.






Palmira “Ema” Espinoza Vidaurrázaga, Bertoldo Peralta Acevedo,
Angelina Espinoza Vidaurrázaga, Enrique delgadillo Dávalos:
El Rosario, BC, 1949.



Julio Espinoza García, Francisco Peralta Duarte, Héctor Espinoza Arroyo.
El Rosario, BC, 1999
Foto Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.







Eduardo “Lalo” Espinoza Vidaurrázaga, Lázaro Peralta Acevedo,
Maria Isabel Espinoza Romo, Santiaguito Espinoza Peralta,
y Trinidad “Yita” Espinoza Arce.
El Rosario, BC. 1935.

Los Peralta que aparecen en éstas fotos son nietos y bisnietos de los primeros que llegaron a El Rosario, en 1873.





“Los Rosareños”



*************************************
"Ing. Alejandro Espinoza Arroyo, quisiera felicitarlo por su destacado trabajo, y por permitirme conocer mís orígenes, y también entender el poder entender por qué mi padre me puso el nombre de "Inocencio", soy hijo de Inocencio Peralta Solorio del rancho Santa Catarina, Baja California, y radico en Guerrero Negro, Baja California, Sur.
Quisiera comentarle que en la lista de los hijos de mi abuelo Gilberto Peralta Véliz, le faltaron algunos nombres de sus hijos, además de los que menciona, y se los envío por si gusta agregarlos; faltaron:
LUZ, ADAN, EVA, AURORA, ANGELITA, INOCENCIO (Mi padre), Y RAFAEL. Los que menciona usted en al artículo son: "Guero Peralta", "Beto Peralta", Etelvina, y Elías.
Muchas gracias por la distinción que nos hace en relatar nuestros orígenes"
Atentamente;
Inocencio Adriel Peralta Arce."

jueves, 11 de agosto de 2011

ORIGENES DE LA FAMILIA GROSSO EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

Este artículo lo escribo a petición de IRMA GROSSO ARAMBULA:
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
10 de Agosto de 2011.

Eduardo Eugenio Boittard Grosso, fue un italiano que en su juventud llegó de su natal Italia, a Buenos Aires, Argentina, en el cono sur.

Nacido en San Bartolomé, Génova, Italia, el año de 1859; fue hijo de Juan Arturo Grosso y de Teresa Boittard, quienes nacieron, vivieron, y murieron en Italia.

Eduardo Eugenio, llegó como miles de italianos a Buenos Aires, Argentina, que era el país y la ciudad que parecía que tenía imán para “jalar” a los italianos; contando aquel país con fuerte ascendencia de Italia, y por lo tanto gruesos troncos y ramificaciones familiares de ese origen.

Después de algún corto tiempo en que se avecindó en Argentina, Eduardo Eugenio tuvo la oportunidad de viajar a México, y estando en este país, a Baja California; haciéndolo a la compañía minera de “El Boleo”, asentada en Santa Rosalía, Baja California, Sur, de donde se extrajeron grandes cantidades de cobre, cuya mina era de capital, y técnicos de origen francés; mientras que el cobre, y los labriegos eran mexicanos; y las ganancias quedaban en Francia:
¡Qué raro!

Fue en Santa Rosalía, lugar donde Eduardo Eugenio conoció a la bella Tecla Peña Duarte, hija única de Don Natividad Peña, y de la descendiente de sonorenses Úrsula Duarte; con Tecla se casó en ese mismo pueblo entonces minero, en 1885.

No pasaron muchos años en que el matrimonio Grosso Peña decide viajar al norte de la península, para entonces viajaron a lomo de bestias, cuando ya habían nacido en el mineral Arturo, Ángel, y Juan Eduardo, los tres hijos mayores, quienes viajaron al norte siendo pequeños niños de mano.

El primer sitio al que llegaron, fue un paraje en lo más agreste del desierto central, muy cerca del pueblo minero “El Mármol, Baja California”, cuyo primer ranchito llamaron “Buenos Aires”, en recuerdo del primer lugar al que Grosso había arribado en América. En ese rancho la familia duró muchos años, poco después Grosso compró el rancho “El Águila”, que después vendió a Don Reyes Quiñonez Castellanos; fundando también otro rancho llamado “Santa Teresa”, en recuerdo de su madre que había quedado en Italia.

El ranchero en Buenos Aires, era Don Anastasio Valtierra Villegas, quien sería el suegro de Don Salomé Acevedo Marrón.

La mala suerte, el destino, o un simple accidente acabaron con ese rancho, ya que se prendió una estufa de leña, se quemó la casa con todos sus menesteres; así que Buenos Aires fue abandonado. La estufa de leña había llegado en un barco a vapor llamado “Grainer” con el que acarreaban el ónix de El Mármol, desde el puerto de Santa Catarina, hasta San Francisco, California, Estados Unidos; y de allá para acá, traía toda clase de bienes gringos para todo mundo, que a muy altos precios les vendían; mientras que el ónix mexicano aquí tenía un precio pagado a México, de bajo a malo, y del otro lado de la frontera, altísimo valor comercial, o sea que no por nada los inversionistas formaron el pueblo de El Mármol, con trabajadores y peones mexicanos, y con técnicos y administrativos gringos. Qué vivos son, no cabe duda, los de primer mundo; como los franceses y estadounidenses.

No había pasado mucho tiempo del suceso del rancho, cuando llegó desde el sur peninsular Alberto Romero, quien se entendió con la rosareña Leonor Loya Espinoza, quien ayudaba en las tareas del rancho a Tecla Peña Duarte. Ya entendidos Romero y Loya, solicitaron la presencia en el rancho del padre Francisco Cota, quien llegó a bordo de una “Calesa”, carreta tirada por un solo caballo; los casó, y se fue del lugar; así en 1906, nace en la región la familia Romero Loya. De igual manera sucedió con los novios de aquellos lejanos ayeres Ruperto Aguilar quién también llegó del sur peninsular, conoció en casa de los Grosso a la rosareña María de Jesús Acevedo Marrón, y se casaron de la propia manera en que lo hicieron Romero y Loya; naciendo en ésta región, en 1907 la familia Aguilar Acevedo.

La aventura que siempre acompañó a Grosso fue la causante que un buen día se acercara hasta la casa de Don José Montes y su esposa Ildefonsa Espinoza Salgado, quienes vivían entonces en la misión de San Fernando Velicatá, para ver si Montes aceptaba venderle el rancho “Buena Vista”, que se ubicaba en pleno pueblo de El Rosario, no muy lejos del segundo sitio de la misión en el “Pueblo Viejo”, El Rosario de Abajo, o “El Otro lado”, como se le ha conocido desde siempre. El rancho hasta la fecha existe, la última de la familia Grosso que vivió allí, fue Teresita del niño Jesús Grosso Peña.

No duró mucho la familia Grosso Peña en el rancho que sí les vendió José Montes, el “Buena Vista”, pues en 1913 Eduardo Eugenio Grosso Boittard llevando de guía por las montañas y el desierto a los hermanos Francisco y José Guadalupe Loya Espinoza, cruzaron la península con rumbo al recién nacido pueblito de Mexicali, cruzaron la frontera para California, en pleno desierto, luego cabalgaron hacia el oeste subiendo la sierra “Jacumba”, que es la contraparte estadounidense de la Rumorosa mexicana, en la alta montaña reconocieron un sitio llamado “Coyote Wells”, a donde Grosso trajo a su familia un año después, y donde vivieron hasta 1923.
El viaje de El Rosario a “Coyote Wells” en 1914, lo hizo la familia en dos carretas tiradas por caballos, una iba al mando del rosareño Modesto Valladolid Ortiz, hombre entonces de 31 años de edad; la otra carreta era conducida por el también rosareño José María Collins Meza; en esta viajaba doña Úrsula Duarte, y su hija Tecla con los niños Amalia, Emilio, y la menor Anna.
En la otra carreta, la de Modesto Valladolid Ortiz, viajaban los hijos grandes, jóvenes de hasta veintitrés años de edad que eran Arturo, y otros poco menores Ángel, Juan Eduardo, Eugenio, Adelaida, y Teresita del Niño Jesús.

Las carretas donde viajaba la familia contaban con toldo de lona; mientras que a caballo cabalgaba el aventurero padre de familia Eugenio Eduardo. El tal viaje duró veinte días desde El Rosario, hasta Coyote Wells, lugares distantes entre sí, unos cuatrocientos kilómetros, que ahora muy fácil es decirlo, pero recorrerlo a lomo de bestias y a su velocidad, no es para nada cosa fácil de lograr.

Para el viaje se habían avituallado de agua, víveres, ropas, herraduras, algo de zacate seco para las bestias, y toda clase de bastimentos para una travesía de tal magnitud.

¿Cuándo puede un aventurero estarse quieto? De Coyote Wells, la familia se fue a vivir en 1923 a un sitio no muy lejano propiedad de italianos, y llamado “Encanto”, en donde todos se dedicaron a criar conejos, trabajo por el que recibían un sueldo, el del padre, y trabajaban todos. En ese sitio y con tan raquítico sueldo pagado a Grosso por sus coterráneos italianos, la familia estuvo de “capa caída”, es decir en la más terrible pobreza.

En 1927 se retiran de tal lugar con rumbo a El Rosario lugar de donde no volvieron a salir, de hecho allí fallecieron casi todos: Tecla Peña Duarte murió de tuberculosis en El Rosario, el 28 de septiembre de 1941, había nacido en El Triunfo, Baja California, Sur en 1870, mientras que su madre también fallecida en El Rosario hacia 1935, había nacido en El Triunfo, Baja California, Sur en 1856; y su madre Úrsula Duarte, había nacido en Santiago, Baja California, Sur; y su abuela de origen India Pima de nombre Pilar Duarte había nacido en Sonora en 1810, y se había avecindado en Miraflores, Baja California, Sur.

Don Eduardo Eugenio Grosso Boittard padre fundador de esa estirpe en Baja California, descansa en tierra bajacaliforniana, jamás, ni por equivocación volvió a Italia, allá quedaron sus hermanos, Maria Eugenia –su cuata-, María Ninni, y Víctor; sus padres, y el resto de toda la familia grande.
Y así es como se van tejiendo los hilos de las familias, así es como hemos llegado a esta tierra, la que ahora custodiamos, y que en un abrir y cerrar de ojos, habremos de entregar a los que nos sucederán; porque el inexorable paso del tiempo, se nos viene encima con rapidez inaudita, y sin piedad alguna.



AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
JUEVES 10 DE AGOSTO DE 2011.

El presente es un trabajo de orden intelectual protegido por al autor bajo patente 1660383; se puede citar total o parcialmente sin fines de lucro, otorgando el crédito correspondiente.

NOTAS RELEVANTES:
Desconozco la fecha del fallecimiento de Eduardo Eugenio Grosso Boittard, que aunque es muy probable que haya sido en El Rosario, por lo pronto no estoy en posición de afirmarlo.
De los hijos del matrimonio Grosso Peña, tenemos que formaron a las siguientes familias.

Arturo, el mayor, nacido hacia 1890 en Santa Rosalía, Baja California, Sur, se casó en primeras nupcias con la rosareña Juana Duarte Ortiz, con quien procreó a: Eduardo “Watare”, y María, quien fue la madre de los Cousiño de San Vicente Ferrer, Baja California. Arturo Grosso Peña “El Cura del desierto” vivió muchas décadas en la “Laguna Seca de Chapala, Baja California”.

Al enviudar de Juana, Arturo de casó con la rosareña Adela Peralta Acevedo, con quien procreó a: Amalia, Rosa, Lidia, Natividad, y Eugenio.

Ángel se casó en 1913 con la profesora Flora Castro, adscrita a la escuela elemental mixta número VI, en El Rosario; sus hijos fueron: Esther, Maria de Los Ángeles, Maria de Carmen, y Cesar Federico; Todos ellos viven con sus descendientes en Mexicali, Baja California.
Teresita del Niño Jesús, fue madre de su único hijo Luís Meléndez Grosso, fallecido hará un par de décadas.

Amalia, nunca se casó.

Anna se casó con Heraclio Espinoza Peralta; sus hijos fueron: Socorro, Mario, Maria del Rosario, Eugenio, Elvia, Heraclio Manuel, Santiago, Sergio, Marco Antonio; Lucio y Amalia que murieron niños.

Juan Eduardo se casó con María Fe Espinoza Peralta, siendo los padres de César Grosso Espinoza, quien a su vez fue padre de IRMA GROSSO ARAMBULA, quien solicitó que le escribiera sobre los orígenes de su familia Grosso.

Maria Fe Espinoza Peralta, fue la hija mayor de mis bisabuelos Santiago Espinoza Peralta, y Josefa Peralta Ramirez. Mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, fue el quinto hijo de mis bisabuelos.

César Grosso Espinoza falleció en 1986, en México capital.

Anna Grosso Peña, la menor de la familia continúa viviendo desde 1927, a sus 103 años de edad, en El Rosario, lugar donde nació el 16 de octubre de 1908. Solo los descendientes Grosso de Anna, viven actualmente en El Rosario.






En la foto aparece en El Rosario, hacia 1910 el italiano
Eduardo Eugenio Grosso Boittard.
De momento no cuento con la foto de Tecla Peña Duarte.
Foto que su hija Anna Grosso Peña, donó al museo comunitario “El Rosario”.












Aparece en El Rosario, Francisco Loya Espinoza,
hermano de José Guadalupe, quienes en 1913 sirvieron
de guía desde El Rosario a Mexicali
a Eduardo Eugenio Grosso Boittard.
Al fondo se ve a su sobrina María Loya Peralta,
quien fue hija de José del Carmen Loya Espinoza “Nico Loya”
Foto que me facilitó en 1988: María Loya Peralta: Hija de “Nico Loya” y Ángela Peralta Ortiz.

José Guadalupe Loya Espinoza en los arreos de ganado desde El Rosario, hasta Mexicali, localizó un sitio con aguas termales en la vertiente Este de la sierra de la Rumorosa, en tal lugar su hijo José Loya Murillo junto con su familia fundaron el balneario actualmente conocido como” “Rincón de Guadalupe” al que se llega por una brecha de buen camino desde la carretera, bajándose en la Laguna Salada, ubicada al pie de La Rumorosa, en los límites de los municipios de Mexicali, y Tecate, Baja California.




El nombre de “Rincón de Guadalupe” es en honor al rosareño José Guadalupe Loya Espinoza, quien en un viaje del durísimo arreo de ganado de El Rosario a Mexicali; llegando de regreso a El Rosario fue arteramente asesinado a corta edad, por “Los Indeseables” para asaltarlo, dejando en la orfandad a sus hijos.




Francisco Loya Espinoza, quien aparece en la foto de arriba, tomada en El Rosario en los tiempos de la artera muerte de su hermano José Guadalupe, quien lucía muy parecido a como se ve aquí Francisco.



Francisco fue casado con Rosa Peralta Ortiz, quien en su soltería vivía en el rancho Santa Úrsula, con sus padres Don Bruno Peralta Veliz y Francisca Ortiz Pellejeros.




Mas sobre los orígenes de la familia LOYA, se puede leer en: “José Loya Murillo y Maria Josefa Espinoza Peralta”, de ésta misma bitácora.

Maria Fe Espinoza Peralta, abuela paterna de Irma Grosso Arámbula, fue sobrina de Maria Josefa Espinoza Peralta, quien fue la esposa de José Loya Murillo.


miércoles, 3 de agosto de 2011

ORIGENES DE LA FAMILIA ORTIZ EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA:

Por su ascendencia con los nativos Cochimies, se considera la de mayor antigüedad en el pueblo.
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
02 de Agosto de 2011.

El soldado misional José Rito Ortiz, de origen español, y María del Carmen Espinoza Castro, -hermana del patriarca Rosareño Carlos Espinoza Castro-, fueron los fundadores del linaje ORTIZ, en El Rosario. Fue en 1809, cuando nació la primera Ortiz en este lugar, llamada Juana Ortiz Espinoza, después de ella nacieron varios hermanos y hermanas, entre los que se encontraba ROSARIO; cabe destacar que Juana murió joven, sin dejar descendencia, y que hacia 1835, nació otra hermana que en su memoria, le pusieron su nombre, ésta segunda Juana sí dejó familia.


Fue hasta cuando se casó Rosario Ortiz Espinoza con Josefa Aguilar Savin, hacia 1865, que en El Rosario se empezó a decir, que la familia Ortiz estaba en éstas tierras desde tiempos muy antiguos, cientos de años antes de la fundación de El Rosario como misión, en 1774. Pero no fue así, no fueron los Ortiz, sino que los que sí estaban desde hacía varios siglos eran los ancestros de Domingo Aguilar, y de Columba Savin, los padres de Josefa Aguilar Savin.


A cualquier persona de El Rosario, siempre y cuando conozca la historia de las familias antiguas, dirá: La familia más antigua es la Ortiz; se encuentran aquí desde los tiempos indianos.


Sin embargo, como ya ha quedado dicho, no son los Ortiz, sino los Aguilar y los Savin que se cruzaron por medio de Josefa con Rosario, hijo de padre Español, y nieto también de español por parte de madre.


Como quiera que sean las cosas, los actuales Ortiz, por parte de los Aguilar y los Savin, sí representan sangre milenaria en El Rosario. En la actualidad no existen en este lugar, ni Aguilar, ni Savin de los que hablamos, quienes recibieron sus apellidos castellanizados de sus padrinos, abandonando con esto su nombre ancestral; ya que según Doña Juana Ortiz Aguilar, y su sobrino Teófilo Ortiz García: Los “Aguilar” eran “Wagalá”, y los “Savin” eran “Amagamá”, ambos eran Cocomaque, es decir de la misma familia Cochimi, del tronco lingüístico yumano peninsular y dialecto Borgeño.


El primer Ortiz, Don José Rito, fue al igual que su cuñado Carlos Espinoza Castro soldado misional, o de cuera, de aquellas milicias que protegieron a los misioneros mientras fundaban misiones en la península bajacaliforniana; se retiraron de la milicia en 1827 de manera temporal, y entre 1833, y 1836 de manera definitiva debido principalmente a dos situaciones:


La primera que México era ya independiente de España; la segunda, que la misión como institución había sido extinguida por el gobierno del presidente de México Valentín Gómez Farías en 1833, además que ambos cuñados, José Rito y Carlos, eran entonces hombres de cerca de sesenta años de edad.


Los hijos Ortiz Espinoza, y otras familias primigenias de El Rosario, en su adultez se casaron, tuvieron a sus vástagos, y así poblaron “bastamente” toda la región, lo que hizo que gran parte de la rancherada para 1850, fueran familias la mayoría con origen en el sur peninsular, como las Espinoza, Ortiz, Acevedo, Marrón, Pellejeros, Machado, Arce, Montes, Murillo, Sevilla; y muy pocos representantes de otras familias, así como algunos hombres solos, algunos de bien, como Julián Jesse Ames, quien hacia 1808 se casó en El Rosario con Perfecta Escolástica Espinoza Castro; y muchísimos indeseables que merodeaban los ranchos y sus bienes, que cotidianamente hurtaban aquellos ladrones, asesinos y holgazanes.

Fue después de 1850, en que además del sur peninsular y de otras regiones, Sonora, y Sinaloa mayormente, fueron llegando paulatinamente más familias, sobre todo a fines de la década de 1860, con los descubrimientos de placeres de oro en Real del Castillo, hacia 1870.

Los placeres de oro, y otras actividades de importancia fueron el foco que atrajo en inmenso número a algunos hombres solos desde lejanos rumbos, principalmente de Estados Unidos de Norteamérica, la mayoría funestos y sombríos personajes que sembraron la desolación y la muerte entre los rancheros, algunos de estos rufianes emparentaron con mujeres descendientes de los pioneros dando origen a nuevas familias, que aún existen, desde luego, y que por respeto omitiré sus nombres.

Otro grupo de individuos solos, de buenas costumbres, laboriosos y ordenados hicieron su aparición en la formación de las estirpes bajacalifornianas, tales son los casos de Loya, Duarte, Valladolid, Arce, Villavicencio, Murillo, Collins, Sandez, Echeverría, Meza, y antes que éstos, hacía 1850 Montes. A principios del siglo veinte: Garcia, Meling, Romero, Salizzoni, Reseck, Arauz, Gerardo, y De la Tova.


Las familias que llegaron a El Rosario, hacia 1870, viajaron a pie desde sus lugares de origen, siempre sitios muy distantes y distintos. Tenemos como claros ejemplos a las familias Peralta, Camacho, Sotelo, Benson, y Grosso, quienes traían hijas consigo, siendo después las esposas de los hijos, de los nietos, de los bisnietos, y de los tataranietos de los pioneros.


Jamás llegó una mujer sola, y se casó con alguno de los rancheros, ellas siempre llegaron bajo la protección de sus familias; hombres solos sí, como los fundadores de familias que antes mencioné.


Regresando con los Ortiz, entre los hijos del primer matrimonio Ortiz en El Rosario, uno de ellos, Tomás Federico, fue el que dio continuidad a los trabajos de herrería que su tío Carlos Espinoza Castro, había traído al pueblo, y a la península actividad introducida por los misioneros. Tomás Federico Ortiz Espinoza, fue entonces el primer herrero de El Rosario, entendiéndolo como fuente principal de ingresos, aunque jamás, según sabemos, cobró una sola moneda por sus trabajos, porque aparte de que el dinero no existía en la península, o era sumamente escaso, la costumbre era intercambiar, bienes por bienes; así Santiago, sus pagos los recibía en trueque.


El primer talabartero fue José Pellejeros, por emparentar con su familia, trasmitió a Federico Ortiz Espinoza, su yerno, casado Josefa Pellejeros Sevilla; siendo uno de los primeros Ortiz con aquel oficio. El resto de los miembros de esta familia Ortiz fueron también nutrieros, vaqueros, agricultores, y vinateros, todos ellos aprendieron esos oficios de igual manera que la herrería de su tío Carlos, una de las personas más laboriosas, y útiles que ha dado mi tierra, desde que se tiene memoria.


El 21 de abril de 1859, nació en El Rosario, Anselmo Ortiz Aguilar, perteneciente a la tercera generación de su familia en El Rosario, fue hijo de Rosario y de Josefa. Anselmo fue quien viajó a sus 50 años de edad a remo desde la Isla de Guadalupe, Baja California, hasta la Playa de El Socorro, en 1909.


Fue la familia Ortiz la que después de 1833, se encargó de cuidar la misión, o lo que de ésta quedaba, no dejaban que nadie se acercara a la misión, apuntaban sus rifles cuando era necesario contra cualquier intruso que tratara de prospectar en busca de tesoros enterrados.


En la actualidad son los descendientes de Rosario y Columba, quienes habitan en El Rosario, los demás se encuentran dispersos por una gran extensión geográfica que abarca estados de México y de Estados Unidos de Norteamérica.


La familia Ortiz en El Rosario, compró una casa de madera de dos niveles que había sido construida por el noruego casado con Catalina Ortiz Aguilar, Salvador “Chip” Meling Olsen. Aquella casa fue por muchos años la única de dos niveles, y en madera, originalmente construida cerca de las casa de Don Salomé Acevedo Marrón, y de Don Anastasio Villavicencio Arce. Meling Olsen se las vendió a sus cuñados Ortiz Aguilar, quienes la desmontaron de su lugar original, y la levantaron de nuevo a lado Este del panteón misionero, frente a la entrada principal de la misión, camino de por medio; en el preciso lugar donde antes de la llegada de los españoles a El Rosario, por milenios vivieron en sus “WA” sus ancestros Wagalá, y Amagamá.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
MARTES 02 DE AGOSTO DE 2011.

Este trabajo de investigación se encuentra protegido por el autor bajo patente 1660383; se puede citar en parte, o completo sin fines de lucro, otorgando el crédito al autor.

NOTAS RELEVANTES:
“WA”,
eran las “chozas”, parecidas a los quepí de los nativos del norte; los de aquí las construían con ramas y varas, y las reparaban a diario, eran “permanentes”; también los nuestros vivían en cuevas; mientras que los del norte hacían sus quepís con cueros crudos y varas secas, y como eran nómadas las desmontaban y se las llevaban a otros lugares.

Primera generación en El Rosario, Baja California:

José Rito Ortiz y María del Carmen Espinoza Castro, casados en 1807.
Sus hijos:
Juana (1809), Federico casado con Josefa Pellejeros Sevilla, Vicente murió soltero; Tomas Federico casado con María Luisa Pellejeros Sevilla; Rosario casado con Josefa Aguilar Savin; Juana (la segunda) casada con Nabor Arce de San Telmo, Baja California; y Santiago.



Extrema izquierda: Darío Rábago, de sobrero en la mano Teófilo Ortiz García, siguen Benjamín Reseck Núñez, Rosario Duarte Valladolid, Jesus Espinoza Arce, al fondo de frente Rhode Dicochea Gaxiola, Concepción Reseck Duarte, y Manuel “Tehua” Espinoza Peralta: En la inauguración del Museo Comunitario “El Rosario”, el 09 de octubre de 1994. Solo sobrevive Teófilo Ortiz García: Foto: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.




Izquierda: Catalina Ortiz Aguilar y su hija Cotín Meling Ortiz: El Rosario, año de 1914.
Derecha: Última foto de Juana Ortiz Aguilar, hacia 1970: Falleció a los 100 años de edad.
Ambas hermanas fueron hijas de Rosario Ortiz Espinoza, y Josefa Aguilar Savin.



Izquierda: Sentada aparece Úrsula Duarte de Peña, y Dorotea Ortiz Aguilar, en El Rosario, en 1934.

Derecha: Anselmo Ortiz Aguilar, en El Rosario en 1917, al fondo en la puerta aparece su hermana Juana, la misma de la foto de arriba a los 100 años de edad, de perfil se ve a Juanita Duarte Ortiz.




Familia Ortiz frente a su primera casa, cuando reciben al alemán Eduardo Reseck, quien llega de San Diego, California a bordo de ese carro de mulas: El Rosario, Baja California: 1915.





Familia Espinoza Peralta: Mis bisabuelos que fueron padrinos de casi todos los niños Ortiz, nacidos entre 1905, y hasta 1931.
De Izquierda a derecha: Heraclio, Santiago (padre), Santiaguito, Josefa (mamá), Manuel “Tehua” niño sentados de pelo largo.
Atrás: Sofía, Emilia “Balbina”, y Maria Fe.
En los brazos de mi bisabuela Josefa: José de Jesús “Joselío Espinoza”.
Sentado en el piso: Mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta.
Todos ya han fallecido.
Foto en El Rosario, Baja California: 1915.

jueves, 28 de julio de 2011

ORIGENES DE LA FAMILIA “DUARTE” EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA:

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo:

Joven desde Sonora llegó Luis Duarte al extremo sur de la península, acompañado por su hermana Pilar, y otros hermanos; sucedió esto cuando corrían los años entre 1835 y 1840; llegando al pueblo de Miraflores, Baja California Sur, entonces conocida como partido Sur de la Baja California.



Luís se casó en ese lugar con Ambrosia Cossío, procreando amplia prole, entre los que se encontraba Domingo, Aniceto, y varios otros; mientras que Pilar procreó a Úrsula Duarte, siendo los nuevos jóvenes peninsulares: Úrsula y Domingo, primos hermanos.

Domingo Duarte Cossío, fue el padre fundador de los “Duarte” de El Rosario, mientras que Úrsula, fue la madre de Tecla Peña Duarte, madre fundadora de la familia “Grosso” en la península. Tanto Domingo, como Úrsula, y Tecla descansan en el panteón misionero de El Rosario.


La historia se desarrolla de la siguiente manera: El Sonorense Luís Duarte llegó acompañado de su hermana Pilar a la península en busca de trabajo, él como operario de minas, labor que realizó en el extremo sur, principalmente San Antonio, Santa Anna, y El Triunfo; cuando sus hijos fueron naciendo y creciendo, se dedicaron al igual que su padre, a las labores propias del campo y minas, como casi toda la población lo hacía en aquellos lejanos ayeres, pero al encontrarse los trabajos y las relaciones laborales tan politizadas, deshumanizadas, y perseguidos por infinidad de ladrones, los mismos ladrones que en todos los tiempos caminan detrás de los que trabajan, esto causó que en su juventud Domingo, Aniceto, y otros de sus hermanos, la prima Úrsula, y la hija de ésta, Tecla, emigraran al norte.

El primero que llegó en su andar a lomo de bestia al rancho grande de los Espinoza, San Juan de Dios, en El Rosario, fue Domingo, donde conoció a la que sería su esposa y madre fundadora del linaje “Duarte” en El Rosario; Gertrudis Espinoza Marrón, nacida en 1855, la segunda hija del dueño por herencia del rancho, José del Carmen Espinoza Salgado, y María de la Cruz Marrón Murillo, quienes eran los patrones de Domingo, y que al paso de un tiempo otorgaron su consentimiento para que contrajera matrimonio con su hija Gertrudis, lo que sucedió en el propio rancho en 1872, armándose una fiesta en grande que tuvo por duración, varios días; como en 1869, había sucedido lo propio con la hija mayor de los Espinoza, María de Jesús, quien aquel año del ‘69, se casó con el chihuahuense Ángel Loya Moreno, vaquero que fue también, al igual que su ahora concuño Domingo Duarte Cossío, del rancho grande Espinoza.

Por su parte, Úrsula y su hija la bella Tecla Peña Duarte se habían quedado en Santa Rosalía, lugar donde Tecla conoció y se casó hacia 1890, con el italiano Eduardo Boittard Grosso; mientras que Aniceto continuó su viaje más allá de El Rosario, hacia el norte, hasta el “Arroyo Seco” donde dejó basta familia “Duarte” desde la región de San Telmo hacia el norte; mientras que otros hermanos de Domingo continuaron viajando hasta la Alta California, donde también dejaron grueso linaje “Duarte”. El Viaje de los “Duarte” de sur a norte sucedió hacia 1871.


Para la naciente familia “Duarte Espinoza” en El Rosario, les fue concedido por la familia Espinoza, los ranchos “San Antonio”, y “Los Mártires”, no muy lejanos de San Juan de Dios, en cuyos territorios se desenvolvió la nueva familia; aunque todos los críos nacieron en San Juan de Dios, en casa de los abuelos Espinoza. Mientras tanto, como ya ha quedado asentado, otros hermanos de Domingo hicieron lo propio en San Telmo de Arriba, y en Arroyo Seco, sitios ubicados a poco más de ciento veinte, y ciento cuarenta kilómetros al norte de El Rosario; con lo que tenemos que los Duarte de esos parajes son de la mismísima raíz ancestral; emparentados en esa región con los Arce, Espinoza de las Rosas, Warner, Acevedo, Ormart, Legazpi, y con muchos otros linajes; no por nada son tan parecidos en sus facciones, no se diga en sus costumbres.

Domingo Duarte Cossío y Gertrudis Espinoza Marrón pasaron a vivir de la sierra al pueblo de El Rosario, esto como para el año de 1895, en los tiempos en que les nació su hija Dominga. En el pueblo Don Domingo se hacía cargo de tierras labrantías que alistó en la zona del arroyo, que a puro “pulmón” desmontó, y destronconó, de las cuales obtenía maíz, frijol, garbanzo, cacahuate, melón, sandía, zacate para las bestias; y en el corral, aves, puercos para la manteca, borregos, algunas vacas lecheras, burros, mulas, machos, caballos de labor, y de montar.


En el pueblo, sus hijos ya adultos, como Fernando “Tilico”, Margarito, Catarino “Catano”, Concepción” “Chinito”, Salvador “Cuatito”, Francisco “Chiculares”,y su hija Cruz, se habían casado la mayoría en la primera, y segunda década del siglo veinte, así que para esa época ya contaban con varios nietos, entre los que se contaban: Bárbaro “Tabaco”, Domingo, Matea, Severiana, Placido, Eulogio “Binchura”, Diega, Leobardo “Valo”, Guadalupe “Lupe la de Tova”, y muchísimos otros.
En la actualidad se encuentran viviendo en El Rosario, los descendientes de todos los hijos de Domingo Duarte Cossío, y Gertrudis Espinoza Marrón.


Los Duarte Espinoza, los primeros, perdieron a un hijo llamado José del Carmen Duarte Espinoza, quien falleció por insolación a la edad de dos años; y es que el niño sin que su madre se diera cuenta, un buen día siguió a su padre desde la casa hasta la milpa, sin poderlo alcanzar, se quedó dormido en la vereda bajo el rayo del sol, lo que causó su muerte, por fiebre, que en realidad fue insolación y deshidratación.

Los “Duarte” en El Rosario, son muchos, ya se han ido en gran número, pero se encuentran representados en gran cantidad, entre ellos en la actualidad hay profesionistas de toda índole, vaqueros, pescadores, y comerciantes principalmente. Conservan las propiedades primigenias de sus antepasados. Los viejos árboles higueras que se encuentran en las inmediaciones de las tierras que fueron de Norberto “Beto Valladolid” Duarte, son las que plantaron Domingo y Gertrudis a su arribo a El Rosario, hace ya más de ciento diez años.



Es de mencionar que los originales ranchos de “Los Mártires”, y “San Antonio”, existen solo vestigios de los corrales de piedra que allí se construyeron por Carlos Espinoza Castro hacia 1837, que en realidad no eran corrales para manejo de ganado, sino que eran sitios defensivos en contra de los salteadores, y saqueadores de ranchos que pululaban como moscas en contra de los rancheros, de sus propiedades, y de sus vidas; aquellos chacales que los rancheros, nuestros familiares antepasados llamaban: “Los Indeseables”.


AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
MIERCOLES 27 DE JULIO DE 2011.
El presente, como todos y cada uno de los artículos, son trabajo de orden intelectual, se encuentran protegidos por el autor bajo patente: 1660383: Se pueden citar, sin fines de lucro, otorgando el crédito al autor.

NOTAS: En la actualidad, el rancho de “Los Mártires” se encuentra bajo la propiedad de José Antonio “Birolgo” Duarte Duarte, hijo de Eulogio “Binchura” Duarte Peralta, y de María Duarte Arce. Maria era de los Duarte de El Rosario, y de los Arce de San Telmo, Baja California.
Para mayores datos sobre la genealogía de la familia DUARTE, se puede consultar los artículos de ésta misma bitácora:





Arriba: Margarito Duarte Espinoza, jalando con sus mulas el carro del Gobernador Esteban Cantú Jiménez, hacia la mesa norte de El Rosario, en 1919.

Abajo: Casa y carros de mulas de Don Anastasio Villavicencio Arce, quien fue casado con Cruz Duarte Espinoza, (ancestros de Josué Espinoza Villavicencio): El Rosario, Baja California: 1919. Por enfrente pasa de largo el carro del gobernador Esteban Cantú Jiménez. Estas tierras y casa se las llevó el arroyo, hacia 1978.

Al Fondo: Se aprecia en parte la casa que fue de José María Collins Meza, quien fue casado con Gregoria Acevedo Marrón, joven mujer que falleció a consecuencias de las quemaduras que sufrió cuando calentaba agua para el baño: (Para más datos ver el artículo: Orígenes de la familia Acevedo en El Rosario).




Ruinas en San Juan de Dios: En ésta casa nacieron algunos “Duarte” de la tercera generación. En lo que fue esta casa vivió José del Carmen Espinoza Peralta y su primera esposa Juana Romo, quien falleció en ese lugar, era partera, y fue sepultada en un panteoncito, muy cerca de este sitio. Foto: Alejandro Espinoza Jáuregui: Septiembre de 2007.





En este panteoncito, en San Juan de Dios, es donde descansa la partera Juana Romo, quien ayudó a llegar a este mundo a varios “Duarte” de la tercera generación.
Aquí descansan algunos miembros de la familia Espinoza. En este panteón, la primera en ser sepultada fue Maria Fe Espinoza Peralta, hermana de mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta, quien falleció recién nacida el 18 de Enero de 1894; también descansa aquí Balbina Peralta Veliz, madre de Maria Fe, de mi bisabuelo Santiago, de José del Carmen, y de muchos otros.

Foto: Alejandro Espinoza Jáuregui: Septiembre de 2007.

sábado, 23 de julio de 2011

MENSAJE ENVIADO AL LICENCIADO JOSE GUADALUPE OSUNA MILLAN: GOBERNADOR DE L ESTADO DE BAJA CALIFORNIA, (2007-2013).

CON MOTIVO INCORRECTO USO CADA VEZ MAYOR DEL NOMBRE DE BAJA CALIFORNIA.
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
23 de Julio de 2011.

El día de ayer viernes 22 de julio del presente año, le envié una solicitud a nuestro gobernador, aprovechando un portal en internet, por él utilizado para mantener contacto ciudadano; le envié mis comentarios con motivo del cada vez mayor número de personas que mal hacen en llamar “BAJA”, a nuestra querida y bella tierra: BAJA CALIFORNIA.

Y es que no es cualquier cosa, la Baja California, existe con ese nombre desde hace ya muchas décadas, que aunque antes se le conocía solo como CALIFORNIA, en la época en que éramos un patio trasero de España; sin embargo no hace mucho en que en Estados Unidos de Norteamérica, por la costumbre que ellos tienen en sintetizar, o abreviar las palabras, les dio por llamar a ésta tierra con el solo nombre de ‘BAJA”, lo que al paso de algún tiempo cientos de personas de éste lado de la frontera, consciente o inconscientemente lo han aceptado, y divulgado entre sus jóvenes y niños, como si costara tanto pronunciar las dos palabras: BAJA CALIFORNIA.

Le pedí de la manera más atenta al Gobernador José Guadalupe Osuna Millán, el que él como primera autoridad del Ejecutivo Estatal, nos apoye a los bajacalifornianos, en al menos intervenir para que en la publicidad y promoción que se hace desde su gobierno, no se utilice la palabra “BAJA”, para referirse a nuestra entidad.

Y es que por ejemplo, en el Instituto para el Deporte y la Cultura Física, conocido como INDE, por sus siglas, hace en todas sus promociones en masivos medios de comunicación, el inadecuado uso de la palabra “BAJA”; en sus autobuses, en sus cartelones, en las camisetas de los deportistas que muy dignamente nos representan dentro y fuera del Estado, se proyecta al Estado de “BAJA”.

Por otra parte, este año he asistido en dos ocasiones al congreso del Estado de BAJA CALIFORNIA, y con pena escuché en voz de algunos legisladores, comentarios, como:

Cuando llegué a la “BAJA”
Cuando fui a la “BAJA SUR”

Por si fuera poco, los medios de comunicación, haciendo su labor de difundir masivamente lo que se dice, y lo que se hace en las fuentes que investigan, dan como buena la palabra “BAJA”, así que a niños, jóvenes, y adultos nos llega subliminalmente ese mensaje, ya sea leído, o escuchado, lo que de seguro en algún tiempo futuro, la sociedad aceptará, sin darse cuenta tal vez, la pérdida paulatina del uso adecuado de nuestro nombre como región, pues será una “Cultura” heredada, por quienes deberían protegerla, con su actuar en los espacios públicos donde los ha colocado la sociedad.

Por esa razón le he solicitado a nuestro gobernador, que nos haga el bien a los que ahora vivimos aquí, para los chicos, y jóvenes que se encargarán de llevar hacia el futuro lo que ahora les hagamos saber y entender.

Por mi parte jamás aceptaré que soy “BAJEÑO”, pues nací en Baja California, México.
Para el caso del INDE, no se puede más que aplaudir los grandes logros que nuestros jóvenes deportistas han dado a BAJA CALIFORNIA, gracias al gran esfuerzo que el propio INDE, sus instructores, y los muchachos dedican a la tarea que llevan a cuestas; entonces, les pregunto a sus directivos, a los que allí toman las decisiones:

¿Por qué no proyectar a nuestra tierra de manera debida?

El presente mes de julio, el día dos, mi tierra EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, cumplió su aniversario, 237 de su fundación; y siempre se ha llamado así, desde aquel lejano día, en el que por cierto Juan Nepomuceno Espinoza, fundador de nuestro linaje en Baja California, estuvo presente.

No ha faltado, desde luego, que en mi tierra algunos bárbaros han escrito en la fachada del negocio: EL ROSARIO, BAJA, MEXICO. ¡Qué Horror!, no cabe duda que seguimos en muchos aspectos siendo Colonia, no cabe duda que nos seguimos deslumbrando con espejitos, como lo hicieron los nuestros cuando se inició la conquista de México, hace ya casi cinco siglos; ahora nos deslumbran palabras bonitas, dulces, o cortas: “BAJA” por ejemplo.

La primera vez en que me acerqué a un Gobernador, fue en 1979, cuando contaba con 22 años de edad, fue con Don Roberto de la Madrid Romandía, a quien le solicité de favor que no permitiera los bailes en el antiguo edificio estilo inglés que existe en el Rosario desde 1921; así lo hizo, envió la orden, y a la fecha es el único de ese tipo que existe en Baja California, de más de cincuenta que construyó el Gobernador Esteban Cantú Jiménez. En 1992, encabecé la rehabilitación del inmueble, fundando en 1994, el Museo Comunitario “EL ROSARIO”, con apoyo de la comunidad, empresas privadas, y el Instituto Nacional de Antropología e Historia: INAH.

Reconociendo que la petición que me atrevo a hacerle al gobernador Osuna Millán, es mucho mayor, guardadas las debidas proporciones, y que la historia le dará el valor merecido.

En mi tercer libro, que estoy haciendo público en ésta página de internet, lo he llamado:

“MEMORIAS BAJACALIFORNIANAS”: NUESTRA TIERRA SE LLAMA BAJA CALIFORNIA, NO SE LLAMA “BAJA”; SOMOS BAJACALIFORNIANOS, NO SOMOS “BAJEÑOS”.


Todos estaremos agradecidos creo, cuando comprendamos esta situación, y con lo que nuestras autoridades hagan en la defensa de nuestro legado.

AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
SABADO 23 DE JULIO DE 2011.

NOTA: En “TU BICENTENARIO”, MEXICO 1810-2010, se publicó un artículo de mi autoría, en el cual hablo de la historia de la palabra CALIFORNIA, y en cómo nos llegó el nombre.

Antes se le llamaba California, después Antigua California, y más tarde: Baja California: ¿Permitiremos que en el futuro se llame solo: “BAJA”?; Esa es la tarea que tenemos, esa es creo la postura que debemos defender.

lunes, 11 de julio de 2011

“NO SOY DE AQUI, NI SOY DE ALLA”, y “HOY EMPIEZA UN NUEVO DIA”… PERO SIN FACUNDO CABRAL.






¿En mi juventud, cuándo me iba a imaginar, que escribiría sobre este gran ser humano, y mucho menos, sobre un fatal desenlace?

Por: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.

No importa quien sea, no importa lo valioso que resulte ser una persona, sin importar su limpia y esmerada trayectoria; contando con todo eso y con mucho más, no falta a quien le estorbe, y decida ponerle fin a la existencia ajena, como si aquella vida les perteneciera.

El ser humano, de los animales el de mayor cerebro, el pensante, el sensible; dentro de los cuales existen algunos rapaces que arrebatan vidas y destinos, como si esos viles seres fueran eternos, como si no fueran a concluir sus días en esta vida, se creen que todo lo pueden, que todo lo merecen. La condición humana, en muchas ocasiones desbordada, en cualquier sitio del mundo sacrifican a valiosos individuos, como han sido los casos de: Abraham Lincoln, John F. Kennedy, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Jorge Cafrune, “Ferrusquilla Espinoza”, Facundo Cabral, y tantísimas valiosas almas.

Bien lo cantaba Cabral: “Por temprano que te levantes, a donde quiera que vayas, ya está lleno de pendejos”: Como si lo hubiera presentido, temprano se levantó el pasado sábado 9 de julio del 2011, ya en la calle lo esperaban unos pendejos, que sin más ni más silenciaron y segaron la vida del intelectual, cantor, y poeta argentino, que en realidad no era de ninguna parte, y era de todas…

Nunca alcanzaré a entender las mezquinas razones que llevan a seres de vil estampa, que se cruzan en los valiosos caminos recorridos por distinguidas personas, que los hacen marcharse de este mundo de manera repentina, por acciones de cobardes que nos dejan a los demás, un dejo de tristeza, de impotencia y de dolor, por la partida de seres tan queridos y admirados por nosotros los simples mortales.

Nuestros hermanos de Guatemala, lugar donde el pasado sábado fue arteramente asesinado Facundo Cabral, se encuentran por mucho, más dolidos que nosotros por haber ocurrido el magnicidio en su tierra; que aunque ellos nada tienen que ver, y sí mucho que lamentar, nos unimos, al menos yo, en ese desasosiego que deben sentir por lo sucedido en su territorio, a un ser tan querido, admirado, y respetado por millones de personas en el mundo. Lo que por cierto, no debió ocurrir en ninguna parte del planeta.

Parafraseando a Facundo Cabral: Buscando amistad, encontró cariño y afecto; pero murió asesinado:

¡Qué incongruentes, somos los humanos, cuando queremos serlo!, característica prueba está en desmanes como el que nos ocupa.

Desde mi más temprana juventud, he admirado al igual que millones, a éste gran hombre, ahora martirizado; nos dio con sus poemas, y su canto un sentido de pertenencia, nos enseñó a viajar a través de la mente, nos unió, y nos hizo un gran bien al engrandecer nuestras almas, al mostrar la libertad, y la verdad en sus arreglos.

Ahora nuestro querido Facundo, ha pasado a ser leyenda, que aunque ya lo era desde antes, se ha convertido en inmortal.

Ya debes estar con Atahualpa Yupanqui, con Alfredo Zitarroza, con Violeta Parra, con Agustín Lara, con Tata Nacho, quienes como tú, y muchos otros, fueron grandes pensadores, que nos hicieron, y nos siguen haciendo tanto bien.

Y como lo cantaba Jorge Cafrune:

“A donde vaya a parar el canto de ese cristiano, no ha de faltar el paisano que lo haga resucitar”…

Y también cantaba:

“Ando cantándole al viento, y no solo por cantar, del mismo modo que el viento, no anda por andar nomas”…

O cómo nostálgicamente lo cantaba Atahualpa Yupanqui:

“Si a mí me gusta que suenen, pa’ que los quiero engrasaos”…

Y Alfredo Zitarroza, interrogando cantaba:

“? El niño que fui, que responda?”…

Y Violeta Parra, agradecida con la vida decía:

“Que cuando los abro, clarito distingo, lo negro del blanco”…

Y Piero José:

“Es un buen tipo mi viejo, que anda solo y esperando”,…

Y Nuestro Agustín Lara:

“Farolito que alumbras la calle”…

Y Facundo Cabral se preguntaba:

¿A dónde irán las palomas, cuando ya no son hermosas”,…


Qué gran pena siento…

¡Adiós amigo Cabral, te fuiste, pero te quedas; haz perdido la batalla, pero más bien, haz ganado; haz nacido como inmenso ser!…

AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
LUNES 11 DE JULIO DE 2011.

NOTA:
Me enteré de éstos tristes hechos, por llamada que el mismo día en que ocurrió esta cobardía, me lo hizo saber mi hijo Alejandro; quien aturdido y triste por el suceso, no pudo explicárselo; y cómo él supo desde su más tierna edad, de la existencia de Cabral, desde niño fue su gran admirador. Y Luego mi hija Laura, me envió sus propias condolencias: y todos los que nos hemos visto en éste inicio de semana, hemos comentado consternados la lamentable pérdida, todos nos hemos dado condolencias, pues con su partida, todos hemos perdido algo…











COMENTARIOS SOBRE LA NOTA:

Mi siempre estimado amigo Alejandro Espinoza Arroyo.


Cuando supe de este artero y cobarde asesinato, tuve dos indignaciones:
La primera fue por supuesto, el asesinato de Facundo Cabral.
La segunda, la casi nula cobertura de este hecho, por parte de los medios de comunicacón.
Mira, cuando murió Michael Jackson, nos tuvieron dos meses escuchando su música, sus anécdotas, y su vida. Muchos miles de gentes se volcaron a llorar en público, quizá para obterer su cachito de fama. Y te aseguro que muchos de los que hipócritamente virtieron sus lágrimas en público, en su repajolera vida lo conocieron, o por lo menos hacía añales que les importaba un bledo si vivía o moría.


Tú hiciste lo que los medios de comunicación (hasta donde yo sé) no han hecho. Tú no escribiste un artículo acerca de esto, escribiste un poema.


Recuerdo que no hace mucho, en una entrevista en television que le hizo Jorge Ramos, Facundo Cabral, contaba que su abuelo (el militar), le temía solo a una cosa en el mundo: A los pendejos. Pues decía que eran muchísimos.Y para muestra bastan los que lo ultimaron, pues aparte de cobardes, eran tan pendejos, que ni siquiera supieron a quien estaban matado.
La tristeza que esto ocaciona, no es solo por la gran perdida de este hombre, también es por que se da uno cuenta hasta donde han caído lo valores morales, el respeto a la vida y a los semejantes. También se da uno cuenta que hay otros valores, que se han extinguido casi por completo, ¿Ejemplo?: El honor.
Porque en este tipo de actos: Ni hay hombría, ni hay honor, ni cordura, ni nada de eso.


A mi me tocó ir a un par de recitales de Facundo, en los tiempos de prepa, y me tocó platicar con él; era todo un señorón, un tipazo pues.
Y como dijo Silvio Rodríguez, "Facundo es uno de los seres que le han puesto cerco a la muerte". Pues aunque ha dejado de existir físicamente, forma ya parte de los que han trascendido al nivel de los inmortales, de lo elegidos.


Facundo Cabral, profundo creyente en las enseñanzas del gran maestro de maestros: Jesús de Nazareth.


Era, como dice Alberto Cortés en su canción, "Callejero": "Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño que condicionara su razón de ser".
Y era un hombre que hablaba como argentino, pero que pertenecía a todas las naciones y a ninguna. Era pues, ciudadano del mundo.


En fin, mi antiguo amigo Alejandro, te felicito por este magnífico artículo.



Recibe un abrazo, y un fraternal saludo.
Tu amigo:
Antonio Chaidez Chaidez.

viernes, 8 de julio de 2011

ORIGENES DE LA FAMILIA ACEVEDO, EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

POR: ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
DERECHOS RESERVADOS BAJO PATENTE 1660383.

Eduardo Acevedo, soldado misional o de cuera, compañero de armas de Carlos Espinoza Castro, fue el primero de los Acevedo que hizo su aparición en El Rosario. Fue casado con Germana Ceseña, con quien procreó a Loreto, que en realidad fue el primero de esa estirpe que se asentó de manera definitiva en ese lugar.

Eduardo Acevedo, al igual que Carlos Espinoza Castro, y Jose Rito Ortiz, fundadores de esas familias en El Rosario, recorrieron las vastas distancias peninsulares por largos años a lomo de mulas, y caballos, todos los caminos reales que unían a las misiones, ya que en su trabajo de soldados de “Cuera”, en formación militar se movían de manera permanente siguiendo a los misioneros, a quienes cuidaban, haciéndolo bajo las órdenes del sargento José Manuel Ruiz, desde principios del siglo diecinueve, hasta la independencia de México.

Corría el año de 1827, cuando en viaje de sur a norte de Eduardo Acevedo y su esposa Germana Ceseña, -para entonces ya no era soldado de cuera-, les nació en El Rosario, su primer hijo varón, nombrado “Loreto”, por cuya razón se quedaron algún tiempo a vivir allí, que aunque fue corto, fue suficiente para que su hijo Loreto regresará en su juventud, donde se casa con la hija mayor de Carlos Espinoza Castro, llamada: Maria Rita Espinoza Salgado.

Fue el matrimonio Acevedo Espinoza, formado por Loreto Acevedo Ceseña y Maria Rita Espinoza Salgado, quienes se pueden tomar como los primeros “Acevedo” que radicaron en forma definitiva en El Rosario, ya que en 1848, les nació su primera hija llamada: Eulalia Acevedo Espinoza.

Los Acevedo Espinoza vivieron en su propiedad que se encontraba en la parte que vivió su nieto don Salomé Acevedo Marrón, en tierras que se llevó el arroyo hacia el año de 1977, en El Rosario de Abajo.

Además de Eulalia, procrearon a: Maria Vicenta Teresa, Martina, Zenón, e Hilario; habiendo nacido todos en El Rosario, la primera en 1848, y el último el 1863.

El día 13 de enero de 1866, Loreto Acevedo Ceseña, falleció a los 39 años de edad, dejando en la orfandad a sus hijos, y en la viudez a Maria Rita.

A la muerte de Loreto, la familia pasó a vivir a casa del abuelo Carlos Espinoza Castro, quienes al llegar a la adultez, se fueron casando, así lo hizo Eulalia quien se casó en primeras nupcias con Liberato Gastelúm con quien procreó a un hijo llamado Loreto Gastelúm Acevedo quien murió joven el 27 de noviembre de 1893, cuando ella contaba con 44 años de edad. Eulalia se casó en segundas nupcias con Hesiquio “Pellejeros” Sevilla.

Por su parte Maria Teresa Vicenta nació el 5 de abril de 1862, en El Rosario, y fue registrada en San Vicente Ferrer el 12 de octubre del mismo año.

Hilario nació el 4 de enero de 1863, y registrado en San Vicente Ferrer el 28 de agosto del mismo año, era el menor de la familia, quien perdió a su padre cuando contaba con apenas tres años de edad. Fue casado con Francisca Martinez originaria de “La Posta” de Los Algodones, quien nació en ese lugar mucho antes que Mexicali existiera. Hilario Acevedo Espinoza y Francisca Martinez, fueron padres de las bellas gemelas Clotilde y Matilde; ellos vivieron en su casa de El Rosario de Abajo, que se encontraba justo donde ahora se encuentran unos juegos infantiles en el patio frontal de la iglesia del “Nazareno”, frente al “parque”, muy cerca de la casa que fue de su primo hermano José del Carmen Espinoza Salgado, construida en 1863, lo que la hace una de las de mayor antigüedad que subsiste, y que hoy es propiedad de la familia Ceseña Amador. Otra de las antiguas casas en pie es la vecina de la anterior, que fue la casa de Policarpo Espinoza Peralta, y Amparo Arce, y que en la actualidad se conoce como la casa “Del tío Chuy Espinoza”, o casa de “Los Pleis”; la que data de la misma época que la casa que antes he descrito; o sea que estamos hablando de dos construcciones que a la fecha cuentan con 148 años de dar cobijo a varias generaciones de rosareños.

Martina fue casada con un hombre de apellido “Castillo”, y criaron a una muchacha invidente.
Maria Teresa Vicenta fue casada con Aniceto Duarte Salgado en San Telmo, Baja California, siendo él originario de San Diego, Alta California; procrearon a Domingo, Pío, y Altagracia Duarte Acevedo.

Zenón Acevedo Espinoza, nacido en El Rosario en 1855, fue casado con María del Carmen Marrón “Pellejeros”, siendo sus descendientes los actuales “Acevedo” en El Rosario, ya que los demás se fueron del pueblo a distintas regiones, en distintos tiempos; Los hijos “Acevedo Marrón” fueron:

Gregoria, nacida el 28 de noviembre de 1875.

Anastasio nacido el 15 de abril de 1877.

Román nacido el 8 de febrero de 1879

Andrés nacido el 4 de febrero de 1881.

Salomé (varón) nacido el 22 de octubre de 1884.

Eugenio nacido el 15 de noviembre de 1886.

Petra nacida hacia 1882. (Llamada así en honor a su abuela Petra “Pellejeros” Sevilla)
Bonifacio.

Y otra hija, la esposa que fue de Don Ruperto Aguilar. (Abuelos maternos de Ángel Zacarías Espinoza Aguilar).

Gregoria, la hija mayor de Zenón y Maria del Carmen, fue casada con José María Collins Meza, tuvieron a dos hijas. Gregoria falleció en El Rosario a los 22 años de edad en vísperas de los mil novecientos, la razón de su lamentable fallecimiento fue que al llevar vestido largo un frio día de diciembre, al acercarse al fuego en el que tenía una cubeta con agua calentando para bañar a las niñas, se le prendió el vestido, sin que nadie pudiera brindarle el auxilio tan requerido en aquellos momentos; sus quemaduras la llevaron a la muerte a los pocos días del suceso. Las niñas Carmelita Collins Acevedo y su hermanita, se acercaban al lecho de su madre para pedirle alimentos, sin que ella pudiera atenderlas como hubiera querido.

Román fue casado con Victoriana Saiz; mientras que Andrés fue casado con Paula Ruiz Peralta; Petra con Epigmenio Peralta Véliz. Paula y Epigmenio eran primos hermanos.

Los descendientes de Román, de Andrés, y de Salomé Acevedo Marrón, son los que actualmente habitan El Rosario; eventualmente lo visitan los descendientes de los demás hermanos Acevedo Marrón.

La familia Acevedo en El Rosario, se ha desempeñado en las labores propias que el resto de la población lo ha hecho, pasando por soldado de cuera, nutrieros, pescadores, vaqueros, arrieros, y gambusinos.

El presente trabajo es un breve panorama de los orígenes y la vida de ésta familia, que se encuentra íntimamente relacionada desde hace más de 180 años, con la Espinoza, Loya, Duarte, Peralta, Marrón, entre otras.

Román Acevedo Marrón, cuando entendió que su paso por la vida llegaba a su fin, en 1945, le pidió a sus hijos que lo sepultaran al lado de su muy querido bisabuelo Don Carlos Espinoza Castro, quien había fallecido el 12 de mayo de 1883, cuando Román contaba con escasos 4 años de edad, y su bisabuelo con 105, y que en su lejana memoria recordaba a Carlos con amplio cariño; así que fue sepultado a lado de él en el panteoncito de San Fernando Velicatá. El hijo de Don Román de nombre Candelario Acevedo Saiz, mejor conocido como el “Tío Calayo”, ha cuidado su tumba al igual que la de su madre, desde hace muchos años, convirtiéndose en el único habitante en la ex misión.

En mayo del 2008, última vez en que visité al “Tío Calayo”, me comentó que ya a sus 83 años de edad, poco le faltaba para irse para “El Potrero Grande”, allá donde se encuentran sus padres, y su tatarabuelo:

Ya no falta mucho para que me llegue el día en que debo “Amarrar los burros” me dijo animosamente.

Esas dos frases las escuché por primera vez en voz de Don Francisco “Panchito” Núñez Cota, amigo que fue de mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, Don Panchito había nacido en el mineral del Álamo, Baja California, en octubre de 1910. Al comentarle esto al “Tío Calayo” contestó:

Esa era la frase que mi abuelo Zenón Acevedo Espinoza usaba, y que la había aprendido del abuelo de él, Carlos Espinoza Castro. Fue entonces que comprendí la antigüedad de esas expresiones; frases que adopté, y con las que me refiero al día en que también me habré de ir de ésta vida, el día en que deberé “Amarrar los burros”, e irme para “El potrero Grande”.
A mis parientes los Acevedo, y a quien esto lean habrán de disculpar lo breve de la narración. La genealogía de ésta familia de manera más amplia la publiqué en mi libro “LOS ROSAREÑOS”, en 1992.

AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
08 DE JULIO DE 2011.


NOTAS RELEVANTES:
Loreto Acevedo Ceseña, falleció a causa de las heridas que causadas cuando lo tumbó un potro bronco al que amansaba en El Rosario.
Los Acevedo de mayor edad en la actualidad en El Rosario, son: Epifanio Acevedo Valtierra, y Pablo Acevedo Ruiz; mientras que otros de los “Viejos” viven en Santo Tomas, El Sauzal, y en el “Valle de los Cirios”, Baja California.

Se Puede utilizar ésta información, siempre y cuando no sea con fines lucrativos, debiendo siempre mencionar claramente la fuente, y al autor.


Candelario “Tío Calayo” Acevedo Saiz, y el autor Arriba: a lado de la tumba de Don Román Acevedo Marrón, y Carlos Espinoza Castro, y Abajo en las casas que subsisten en la ex misión de San Fernando Velicatá, Delegación de El Rosario, Baja California: Fotos tomadas por Alejandro Espinoza Jáuregui.


Publicado 24 / 11 / 03 en Periodico Regional, El Vigia:
http://www.elvigia.net/el-valle/2013/11/24/origenes-familia-acevedo-142126.html