"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

viernes, 7 de enero de 2011

CUATRO BISABUELOS DE FRANCISCO DUARTE:

El Presente artículo se escribe a petición de Francisco Duarte, y Sobeida Duarte García.

Perfecta rima de Serapio García Marrón: “Martín Tenía un violín, y Bartolo tenía una flauta”.

Expresión de Francisca Vidaurrázaga Peralta: “Ándale Pelele, apúrate porque el mundo ya se va acabar”.

Comentario de Margarito Duarte Espinoza: “Me mandó el comisario a cazar un venado, dizque para prepararle barbacoa a un viejo tal que viene de visita, y a la bola de gorrones que lo acompañan”.

Afirmación de Elvira Peralta Murillo: “Aunque tengo ochenta años, me gano muy bien la vida en los bajamares”.

SERAPIO GARCIA MARRON, Y FRANCISCA VIDAURRAZAGA PERALTA.

Por parte de madre los bisabuelos de Francisco Duarte son las personas antes citadas, quienes han pasado a la historia del pueblo de El Rosario, por su muy peculiar forma de ser, empezando por Serapio “Lapo viejo” García Marrón, quien fue padre de su abuela materna de nombre Octavia García Vidaurrázaga, quien casada con Elisandro Duarte Peralta procrearon a Sobeida, la madre de Francisco.

Serapio García Marrón, hermano de mi abuela paterna María Visitación, fue un ser excepcional, de personalidad sumamente calmado, tenía paciencia extrema, tanto en su carácter, como en sus acciones.

En una ocasión me lo encontré tirado en el camino, en una de sus camionetas Ford de color verde, que se le había descompuesto, cuando pase a su lado, me detuve y le pregunté:

¿Qué le pasó tío?; con toda lentitud en su hablar contestó:

¡Me

Acabo

De

Quedar

Tirado!

Contestó, en serio, con pasmosa lentitud, mientras inmóvil observaba el motor de su camioneta verde.

Mas al rato vuelvo tío, le dije.

Buueeenno: Respondió, parado del lado izquierdo del auto, sin dejar de mirar el motor.

Me fui para el pueblo, para El Rosario de Abajo; como a la hora regresé para apoyarlo; cuando llegué seguía viendo el motor, solo que ahora lo hacía desde el lado derecho.

Al llegar lo cuestioné:

¿Qué falla le encontró tío?

Viéndome incrédulo por mi impertinente pregunta, por mis apuros, por presionarlo, contestó:

¡Te digo, quuueee meee acaaabo de quedar tiraaado!

¡Es cierto tío, si me acabo de ir!

La verdad es que ya para entonces tenía cerca de dos horas viendo el motor, sin tocarlo; Mi tía, su esposa, Francisca Vidaurrázaga Peralta, mejor conocida en el pueblo como “Pachita la de Lapo”, se había ido a pie para su casa, diciéndole antes de retirarse:

¡Me voy para la casa Pelele, pues de aquí a que arregles el daño, el mundo se va a acabar!

En la huerta que poseía en la margen derecha del arroyo de El Rosario, regaba siempre un maizalito; salía muy de mañana a pie con rumbo a la milpa; como a las nueve de la mañana regresaba a la casa con “Tachona vieja”, como solo él le decía a su esposa; muy “apurado” desayunaba por segunda vez, ya para las doce en que terminaba con las prisas del segundo desayuno, se regresaba a la huerta, diciéndole a “Tachona vieja”:

¡Ni me hagas plática, porque ando muy apurado, pues dejé el agua en el surco, y luego acuérdate que los “tuceros” se la llevan!:

Estas sencillas y pocas palabras las decía en tiempo record, pero de lentitud; -la mayoría de las veces para cuando él articulaba cualquier frase, su esposa ya no estaba presente, pues al contrario que él, era muy rápida en cualquier acción-.

Leobardo “Shampoo” Martínez Vidaurrázaga, sobrino nieto de ellos por los abuelos maternos, lo bautizó con el apodo de:

¡Serapio Express!

Su primer desayuno siempre lo iniciaba como a las tres de la mañana, terminaba como a las seis, después partía para encender el motor de bombeo, que se encontraba en una laguna del arroyo.

El motor a gasolina, era muy lento para encender, le “rogaba” mi tío hasta por un par de horas, al fin se escuchaba en el silencio de la mañana, y en el eco del cañón, el rugir de aquel motorcito, sin silenciador, muy escandaloso:

T ata ta t ata t ata, tata tata, mientra él soltaba una leve sonrisa al ver el chorro de agua que alegre y fresco brotaba de la boca del tubo, discurriendo por la “Jequia”, con rumbo al maizalito.

Era un hombre muy alto, siempre fue muy bien parecido, -decía mi abuela, muchas muchachas andaban detrás de él, pero lo pescó “Pachita”-

Fue uno de los primeros mecánicos de El Rosario, le gustaba mucho reparar los motores Studebaker: ¿Por qué tío?; le pregunté alguna vez:

¡Porque, esos motores usan anillos blandos, y a veces duros, de circulo perfecto!; contestó, o sea que me quedé igual que antes de la pregunta, todos los motores usaban de ese tipo de anillos, sin embargo como era de personalidad muy agradable, siempre contestaba algo como la perfecta rima, como la de: ¡“Martín tenía un violín, y Bartolo tenía una flauta”!

¿A poco no es una rima perfecta?: Martín, rima con violín; y Bartolo encuadra a la perfección, sin lugar a dudas, con “flauta”; pues claro, siempre he estado convencido de ello.

Gustaba en ocasiones tomarse unos “alipuces” como le decía a los tragos de aguardiente, o cualquier licor casi parecido en sabor al alcohol de noventa y seis grados.

A su esposa le disgustaba bastante que tomara, era tal el “disgusto”, que él se las ingeniaba para tomar sin que “Tachona vieja”, lo notara.

Allá en el maizalito escondía algunas botellas del “elixir de los dioses” afirmaba, dejaba el segundo desayuno sin probar, mientras que se echaba sus buenos y lentos tragos, ya con el cuerpo caliente, agarraba un paso largo para su casa, y como ya iba muy entonado, a la pura llegada le decía a su esposa:

¡Tachona vieja si te portas bien este año, te voy a comprar una gorrita de estambre como la del año pasado!

¡OH, Pelele! era la única respuesta que recibía a cambio de su buena voluntad por ofrecerle el regalo a su molesta esposa:

Serapio, soltaba una sonora carcajada, y regresaba al maizalito, de donde regresaba mucho más entrado en copas, una, dos, o tres horas después, cantando en cuanto llegaba, parado frente a su “Tachona Vieja”, elocuentes y bien estructurados versos, como los que a continuación se encuentran:

“Uuuna rama seca, y una mata jacailá;

El chino Malangurrieta es el queeee te gusta a ti;

Tooca, tooca la guitarra y acordeón;

Y con el ojo izquierdo, clarinete y saxofón;

Dooon Ciriiiilo Maracucha, primo hermano de Pepe Garrucha;

Machuca la yuca con almidón;

Y al ministro del Hong Kong”.

Lo mismo que nosotros le entendemos a esos versos, es lo que “Tachona Vieja” entendía; así de peculiar era “Lapo Viejo”.

Cuando un hombre era inútil, decía:

¡Fulano de tal, es como los senos en el hombre…!

¡Para qué sirven!

En una ocasión en los tiempos de su juventud que agarró la tomada por varios días, cuando fue a su casa a cambiarse de ropa, y rasurarse, aprovechó la ocasión para descansar un poco; Tachona que ya no quería que regresara a la tomada, espero a que se durmiera profundamente por las largas desveladas acumuladas, y cuando esto sucedió, le cortó las cejas, las pestañas, y le amarró los cordones de ambos zapatos; así que cuando “Lapo Viejo” despertó después de varias horas de profundo y reparador sueño, se puso en pie, sin lograr dar su primer paso, ya que en el intento se fue de bruces; cuando trató de incorporarse se asustó mucho pues no veía bien, por lo que creyó que algo malo le pasaba a su salud por tanto tomar y tantas desveladas; sin saber que era porque no tenía cejas, ni pestañas, y los zapatos estaban amarrados entre si.

Estos hechos me los narró con gran gusto, muchos años después:

¡Fíjate las travesuras tan pesadas que me hacía “Tachona Vieja”; No, pero ese año, no le compré su gorrito de estambre!

Fue también pescador en la bahía de El Rosario, y en la isla de San Gerónimo; Cuentan que uno de sus compañeros de pesca era Lucio Gilbert Peralta, quien entonces era un jovencito, mientras que “Lapo Viejo”, era bastante mayor. Cuentan que en una ocasión estaba Serapio, cuidando que las olas no se llevaran la embarcaron, ni que la golpearan contra las rocas; durante ese cuidado, volteaba, y volteaba desde el varadero hacia el campo, que era una casita de cartón negro donde se encontraba Lucio alistándose para salir a “marea”, tardaba tanto, que Serapio muy desesperado porque no llegaba, y por detener la panguita del jaloneo de las corrientes, dijo en voz alta delante de los demás pescadores:

¡Qué impaciencia me da con Lucio!

Y como todos lo conocían muy bien, algunos le preguntaron:

¿Por qué te da impaciencia con Lucio Lapo Viejo?

¡Porque es muy pachorrudo!, contestó:

Podremos imaginarnos que tanta sería la lentitud de Lucio, para desesperar a Serapio García Marrón.

Son infinidad de vivencias que sé de él, que la verdad podría escribir un libro; por su parte, su esposa no cantaba mal las rancheras; les comento algunas de sus vivencias:

En una ocasión fueron los dos en verano a Mexicali, llegaron a casa de Artemisa, hermana de “Pachita”, pero al llegar, ella estaba de salida para atender una diligencia en el centro de gobierno, así que les pidió que la acompañaran, como así lo hicieron:

Cuando llegaron al centro de gobierno, “Pachita”, no quiso entrar, pues no estaba acostumbrada a los falsos politiquillos embusteros decía, así que prefirió guarecerse del ardiente sol bajo la escasa sombra de unos arbolitos del parque cercano al edificio; hacia allá se dirigió, solo que al llegar, se encontró con una cuerda de la cual colgaba un letrero que rezaba:

No pise el pasto, no entre.

Ella volteo para todos lados, y al no soportar los rayos del sol, decidió levantar el cordón, entrar y sentarse directo sobre el sácate, bajo la sombra de un árbol.

Viendo esto un guardia, se dejó venir, hacia donde ella se encontraba, pidiéndole amablemente que saliera de ahí:

Luego ella se levantó, salió del pasto, se paró junto al guardia, volteó a ver el amarillento pasto recién cortado, y mientras lo señalaba con el dedo le preguntó al policía:

¿Y ese es el sácate que pelean?

¡Sí señora, mire usted, ese pasto, le da vida al parque!

¡Hummm......., pues fíjese que mi marido tiene mas largos pelos de los bigotes, que su pasto, y no los pelea!

Bueno, en realidad no le dijo eso, solo que aquí, no es conveniente escribir las palabras exactas que ella pronunció, pero imagínelas.

Luego, aquel policía se fue hacia donde se encontraba uno de sus compañeros, y mientras le platicaba lo que aquella señora de allá, la que estaba cerca del arbolito, le dijo que su marido tenía mas largos los…, ambos soltaron ruidosa carcajada, así que ella mientras veía aquella escena, se volvió a meter bajo la sombra, sentándose sobre el peleado sácate, el que por cierto, estaba mucho mas corto que los… del marido de ella. Ya no la volvieron a molestar, durando cerca de dos horas en tal lugar. Esta historia también me la platicó el tío “Lapo” delante de Tachona, quien le dijo al terminarla:

¡Todo platicas Pelele! ; Escuchándose mucho después de aquella expresión, una lenta, pero gustosa carcajada de Serapio.

Los platillos que ella le servía a Serapio, eran cocinados en una estufita de leña que tenían instalada en una de las esquinas de la cocina de la casa vieja de Ambrosio García Guerrero, el padre de Serapio, y que había sido heredada a él por ser el hijo mayor, y que primero se había casado. Aquellos platillos eran cocinados con ingredientes directos de la huerta al sartén.

Era un “gran pleito” a causa de la falta de leña para la estufa, tarea que tenía encomendada Enrique Olguín García, el hermano mayor de mi padre, mejor conocido como “Quiqui García”; quien nunca se casó, y vivió siempre con sus abuelos maternos, siempre para ellos fue un niño, y él siempre se lo creyó; a la muerte de ellos, vivió con Serapio y Pachita, siendo también el “niño” que aunque nacido el 30 de diciembre de 1929, Pachita lo mandaba a la leña, aunque como todo “niño” con mas de sesenta años de edad, contaba con miles de salidas con tal de no atender los mandados; siempre contestaba que iba muy apurado para la planta abulonera, para el pueblo de abajo, o cualquier otra respuesta con tal de no traer la leña de allá, del monte; aunque siempre terminaba mas tarde que temprano trayéndola; Ante sus negativas Pachita le contestaba cualquier cantidad de cosas, tales como:

¡Eres un Pelele holgazán!; cuando bien le iba.

¡Que metas leña Quiqui te digo!

¡Ya te dije Pachita que voy muy apurado pa’ la planta!

¡Eres un espeso, ni para limpiar tú cuarto eres útil!

Luego él contestaba al aire, a nadie, mientras reía:

¡Oí, lo que dice tu tía!

Y es que debajo de la cama del Quiqui, cuyo piso aunque era de concreto, la larga ausencia de la escoba por el lugar, formaba gruesas capas de tierra en la que nacían plantas de frijol, de cebada, o de trigo, según las semillas que por alguna razón iban a parar a ese lugar; las que a falta de luz solar, crecían tan altas que se doblaban hacia los lados al encontrarse con la parte baja del colchón; luego esas plantas se secaban dando paso a una nueva generación de las mismas hierbas; y allí, entre el “monte bajo la cama” se abrían paso los zapatos de mi tío “Quiqui García”.

El tío Serapio que escuchaba la retahíla de sus dos compañeros de casa, a causa de la leña para la estufita, y por el monte bajo la cama, le decía a su Tachona Vieja:

¡Deja al Quiqui, es que a él le gustan las ramas secas y las matas Jacailá!

Luego ella les aventaba a ambos un violín, que es un ademán con un brazo lanzado al aire, lo que en México significa una mala razón…

Lo cual generaba una gran diversión en ambos caballeros.

Cierto día le pregunté al tío Serapio:

¿Cuando nació usted tío? ; Orgullosamente contestó:

¡Nací el 31 de diciembre de 1911, a las dos de la tarde, en la casa de mi tatita “Inacio Marrón”, abajo del segundo árbol “Palo Loco”!

Me causó admiración su respuesta, lo que me llevó a una segunda pregunta:

¿Cómo es que sabe tan exacta la fecha y el lugar?

¡Es que fui el primer hombrecito hijo de mis padres, después de Natividad, y Cuca, mis hermanas, y me pusieron este nombre que con orgullo llevo, pues así se llamaba mi abuelo Serapio, el padre de mi padre, quienes son oriundos de Mulegé Baja California Sur!

Mi tía “Pachita” quien escuchaba la charla, agregó:

¡Siempre dice lo mismo el Pelele!

“De inmediato”, como media hora después, él le contestó:

¡Es que me gusta la yuca con almidón!

Lo cual significa…eso mismo que usted y yo entendimos.

Serapio García Marrón, trabajo además de mecánico, agricultor, y pescador, de chofer en camiones que sobrantes de la segunda guerra mundial, fueron comprados por la compañía minera de El Mármol, en los que transportaban bloques de ónix desde la mina hasta Ensenada; trabajó además de operario de maquinaria durante muchos años en Bakersfield, California en Estados Unidos.

En julio de 1993, invité a Serapio y a Pachita, para que fueran a visitar y recorrer los trabajos que habíamos iniciado el 28 de junio de aquel año, para rescatar de la ruina total el edificio que ocupó desde diciembre de 1921 hasta agosto de 1983, la escuela “Padre Salvatierra”; cuando llegaron al edificio casi en ruinas aun, los recibí personalmente, dejando de realizar las actividades de reparación que en ese momento me encontraba atendiendo en esos momentos de su visita; los llevé por la obra, les expliqué los alcances, y algunos datos históricos, y las razones por las me había echado a cuestas la pesada labor de rescatar el edificio, y volverlo el museo del pueblo; luego mi tío Serapio anotó en un libro que puse para que los visitantes e invitados anotaran sus impresiones. En las notas del presente artículo se puede leer lo que de su puño y letra dejo asentado; tía “Pachita”, no pudo escribir a falta de sus lentes dijo, aunque escribió unos garabatos, según ella para que algún “pelele” los viera.

Bueno pues hasta aquí por esta ocasión dejaré las relaciones de dos de los bisabuelos maternos de Francisco Duarte, para traer a los otros dos: Margarito Duarte Espinoza, y Elvira Peralta Murillo:

MARGARITO DUARTE ESPINOZA Y ELVIRA PERALTA MURILLO.

Cuando su hermana Dominga nació, a Margarito le tocó ser testigo en el registro civil de la niña en 1895; ya que él había nacido en 1873, en el ya entonces viejo Rancho de sus abuelos maternos, llamado San Juan de Dios, en el territorio de El Rosario.

En agosto de 1919 el entonces gobernador del distrito norte de la Baja California: Coronel Esteban Cantú Jiménez, visitó el pueblo de El Rosario, siendo acompañado por sus más cercanos colaboradores.

El comisario del pueblo era entonces mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta, quien envió a su primo hermano Margarito Duarte Espinoza, para que cazara un venado o dos, para prepararle una barbacoa y con este suculento platillo recibir al gobernador, a quien el pueblo le pediría una escuela, la que por cierto vino a ser la “Padre Salvatierra”.

Marchó en calidad de venadero Margarito Duarte Espinoza, en cuya cacería a causa del calor no encontró los venados tan pronto como se esperaban, además que la comitiva aquella se adelantó en llegar al pueblo.

Margarito con un venado grande de ocho puntas, que llevaba en su macho bajaba por la cuesta norte de El Rosario, cuando lo alcanzó la comitiva del coronel gobernador quien llegaba al pueblo; se pararon cerca de la bestia que montaba Margarito, cuestionándolo sobre el rumbo al que se dirigía, y lo que andaba haciendo, contestándole al propio gobernador:

¡Me mandó el comisario a cazar un venado, dizque para prepararle barbacoa a un viejo tal que viene de visita, y a la bola de gorrones que lo acompañan!

Por respuesta de los guaruras se escuchó el crujir de dientes, que a causa de la sonora carcajada del coronel, aquellos suavizaron. Continuaron su camino, llegaron primero que Margarito al pueblo, y para cuando él llegó ya la comitiva se encontraba degustando una rica barbacoa que se les había preparado con la carne de un novillo, a falta de la de venado.

Para entonces ya el gobernador le había platicado al pueblo de la recepción de la que fueron objeto por un mal averiguado que se toparan al bajar la cuesta.

Cuando las autoridades regresaron con rumbo al norte los dos primitivos carritos en los que viajaban no pudieron subir la cuesta, así que el comisario le pidió a Margarito que alistara sus mulas para que “jalara” los carros del gobierno, y los pusiera arriba de la mesa norte, como así lo hizo. –Como se podrá ver en las fotos de las notas-

Fue al propio Margarito Duarte Espinoza a quien le tocó apoyar en los acarreos de la madera que se llevó desde San Diego, California Estados Unidos, a El Rosario, para la construcción del hermoso edificio estilo victoriano inglés que ocupó la escuela “Padre Salvatierra”, y que hoy alberga el recinto del “Museo Comunitario El Rosario”.

Viajaba Margarito a lomo de mula o macho desde El Rosario, a los ranchos de “Los Mártires”, “San Antonio”, “El Portezuelo”, “San Juan de Dios”, entre muchos otros de la comarca; fue en uno de aquellos viajes en que la muerte lo sorprendió quedando sepultado en el panteoncito familiar del rancho “Los Mártires”, donde también descansan sus sobrinos: Cecilia Duarte Peralta, y José Antonio Duarte Arce.

Margarito, fue un gran vaquero, hombre de campo a carta cabal, era como sus hermanos y sus primos expertos “Peritos huelleros”. En los tiempos de la revolución mexicana, era uno de los que “Cortaba huella” a los bandoleros que amparados en esos hechos causaban toda clase de fechorías en los ranchos y a los rancheros, mayormente a las rancheras.

En esos difíciles tiempos todos los hombres de la región se jugaban la vida en la defensa de sus familias y de sus bienes; tenían en infinidad de sitios de la sierra escondites que los utilizaban ante cualquier contingencia, guardaban grandes cantidades de reservas de alimentos y armas, para estar a la altura de las circunstancias; desde luego que Margarito no era en nada la excepción.

No se diga en la persecución que los rancheros sufrían por el azote que las “fuerzas del orden” de Porfirio Díaz ejercían sobre ellos, y con su “Paz Porfiriana”. Aquellas “fuerzas del orden”, como pomposamente se hacían llamar, cometían toda clase de tropelías e injurias sobre la pacifica y trabajadora comunidad de los rancheros; esos “hombres de bien” de Díaz, perseguían a los bandoleros, asaltantes, asesinos, tratando con igual rasero a cualquiera que por su frente pasara, aunque fuera un pacifico ranchero. Fue esta la causa por la que Margarito, su madre Gertrudis Espinoza Marrón, y su hermanos Salvador “Cuatito”, junto con Rosendo Peralta Murillo, y otros hombres y valientes mujeres del pueblo formaran un grupo de resistencia y espionaje para acabar con los bandoleros; ya que o eran ellos, o eran los rufianes; hace mas de cien años fueron los del pueblo, fueron ellos los que salieron ganando, gracias a su organización que con claves se entendían, y se escribían en sus correos.

ELVIRA PERALTA MURILLO:

Doña “Vira”, derivación de Elvira, fue la esposa de Margarito Duarte Espinoza, fue hermana de Rosendo Peralta Murillo, quien murió en Mexicali, a manos de los indeseables en los tiempos revolucionarios, y por las mismas causas, por eso digo que eran los del pueblo, o eran los rufianes. Así como Rosendo perdió la vida en manos de esos indeseables, también murió Jesús Loya Espinoza, el nieto mayor de José del Carmen Espinoza Salgado; perdió también la vida Don Guadalupe Loya Espinoza, hermano de Jesús; y antes que ellos, Juan Ortega Espinoza, y un joven de apellido Núñez. Todos ellos cayeron abatidos a balazos, o con arma blanca, siempre ante las carcajadas de los indeseables, como entonces eran llamados aquellos chacales.

Elvira Peralta Murillo, fue una mujer seria, callada, muy trabajadora, dedicada por entero a su familia, quedó viuda muy joven, ya que Margarito falleció de escasos cuarenta años de edad. Al quedar viuda con sus hijos chicos, ella se vio de pronto con la responsabilidad de sacar adelante aquella muchedumbre de vástagos, cumpliendo tal tarea como las buenas y abnegadas mujeres que la vida las hace cruzar senderos escabrosos, sin más aliento que el propio.

Cuando contaba con unos ochenta años de edad, trabajaba en la recolección de plantas marinas, distintas algas, que se reproducen en la zona de intermareas entre la costa y la zona de rompiente.

Los Bajamares, son la causa que grandes extensiones de playa queden al descubierto, entre que el agua del mar empieza a bajar, y en que termina de subir a su nivel máximo de pleamar, pasan seis horas, tiempo que es aprovechado por los “Bajamareros”, para la recolección de plantas u organismos marinos vivos.

Doña “Vira” con el agua a las rodillas, o al pecho incluso, a esa edad, recolectaba “sus buenos montones de “lechuguilla”, “pelo de cochi”, o “sargazo bueno”, las que después de secar en la orilla playera, las vendía a su nieto Prisciliano Martínez Duarte, o a su yerno Julio “Tambo” Espinoza Vidaurrázaga.

Cuando Octavia García Vidaurrázaga, su nuera, hija de Serapio García Marrón y Francisca Vidaurrázaga peralta, esposa de Elisandro Duarte Peralta perdió la vida, a muy temprana edad, en los veintitantos años, fue doña Elvira quien se hizo cargo de criar a los hijos chicos que quedaron sin su madre Octavia, mejor conocida como “Tavi”.

Doña Elvira fue prima hermana de Francisca Vidaurrázaga Peralta, que al paso del tiempo se convirtieron en consuegras, por el casamiento de Octavia y Elisandro.

Esperando que estos breves relatos de cuatro de los bisabuelos de Francisco Duarte, sean de utilidad para que él mismo se ubique dentro de la genealogía peninsular, esperando que no se pierda entre tantas ramas del árbol genealógico.

AUTRO DEL ARTÍCULO:

INGENIERO ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO

06 DE ENERO DEL 2011.

NOTAS RELEVANTES:

Francisco Duarte: es hijo de Sobeida Duarte García, y de (no tengo ese dato).

Sobeida fue hija de Elisandro “Chandro” Duarte Peralta, y de Octavia “Tavi” García Vidaurrázaga

Elisandro fue hijo de Margarito Duarte Espinoza y de Elvira Peralta Murillo.

Margarito fue hijo de Domingo Duarte Cossio y de Gertrudis Espinoza Marrón

Elvira fue hija de Cenobio Peralta Veliz, y de Matea Murillo Smith

Cenobio fue hijo de Inocencio Peralta Aguiar y de Francisca Veliz Osuna.

Octavia “Tavi” fue hija de Serapio García Marrón y de Francisca Vidaurrázaga Peralta

Serapio fue hijo de Ambrosio García Guerrero y de Octaviana Marrón Ortega.

Ambrosio fue hijo de Serapio García de Mulegé, y de María Guerrero. Llegó a El Rosario en 1907, cuando iba hacia el norte en el grupo revolucionario de su tío Emilio Guerrero. Desertó y se quedó para siempre en el pueblo.

Octaviana fue hija de Tomas Marrón Pellejeros y de Encarnación Ortega Espinoza

Tomas fue hijo de Ignacio Marrón Murillo, y de Petra Pellejeros Sevilla

Ignacio fue hijo de Juan Marrón y Elena Murillo

Petra fue hija de José Pellejeros y Columba Sevilla: El apellido no es “Pellejeros”; es Verdugo.

Francisca “Pachita” Vidaurrázaga peralta fue hija de Tomas Vidaurrázaga Murillo, y de Victoriana Peralta Veliz.

Tomas fue hijo de Tomas Vidaurrázaga Arce, y de María Murillo

Victoriana fue hija de Inocencio Peralta Aguiar y Francisca Veliz Osuna.

El apellido Vidaurrázaga es vasco de los montes Pirineos que dividen a Francia y España.

Tomas Vidaurrázaga Murillo, padre de “Pachita”, es decir tatarabuelo de Francisco Duarte, falleció en la cuesta de “El Salto”, en las cercanías del rancho “Rosarito de los Loya Espinoza”, a causa de unas barricas de vino que lo arrollaron cuando en una carreta de mulas conducida por Alberto Romero, viajaban con rumbo al rancho de San Juan de Dios. Mientras que Romero conducía, Don Tomas viajaba sentado con las piernas colgando en la parte trasera de la carreta, fue la causa que al soltarse las barricas lo arrollaron matándolo al instante. Fue excelente vinatero.

Doña Victoriana Peralta Veliz, esposa de Vidaurrázaga, tatarabuela de Francisco Duarte, falleció de manera instantánea en casa de su hijo Alberto Vidaurrázaga peralta, en la mina de El Mármol, hacia 1942, cuando iba saliendo de la casa al patio frontal, se tropezó con el marco de la puerta principal, se fue de bruces pegando con la frente en una roca de mármol.

Los hijos de Elisandro Duarte Peralta y de Octavia García Vidaurrázaga fueron: Alma, Sobeida, Margarito Leonel, Álvaro, y Noe. Alma falleció ahogada en la bocana de El Rosario en 1967, a la edad de 12 años, junto con Raúl Espinoza Valladolid de la misma edad.

Los hijos de Serapio García Marrón y Francisca Vidaurrázaga Peralta, fueron: Estela, Arnulfo “Ruso”, Gloria, Octavia “Tavi”, y Carolina quien es la única que sobrevive a la fecha.

Los hijos de Margarito Duarte Espinoza y Elvira Peralta Murillo fueron: Matea, Juan “Cachirri”, Elisandro, Margarita, Maura, Aurora, y Angelina. Sobreviven en la actualidad: Aurora, y Maura.

Margarito Duarte Espinoza y Juana Ortiz Aguilar procrearon a Juana Duarte Ortiz, quien casada con Arturo Grosso Peña, en primeras nupcias para él procreó a María y Eduardo Boittard Grosso Duarte. Juanita falleció en su juventud, dejando en la orfandad materna a sus hijos. Arturo se casó en segundas nupcias con Adela Peralta Acevedo.

Serapio García Marrón y Salomé Acevedo Valtierra procrearon a Luis “Liqui” García Acevedo.

Los hermanos de Serapio García Marrón fueron: Natividad casada con William James Cochran Flores; Refugio casada con el italiano Guillermo Poidomani; María Visitación (mi abuela paterna), casada con Alejandro “Negro” Espinoza Peralta; Aurelia casada con Ricardo Vidaurrázaga Peralta; Francisco casado con María de los Ángeles Meza; Domingo, murió soltero a 22 años de edad; Tomas casado con Micaela Vélez; Silverie casada con Bárbaro “Tabaco” Duarte Peralta; Ambrosio casado con Enriqueta Ruiz Quiñónez.

Los hermanos de Francisca “Pachita” Vidaurrázaga Peralta, fueron: Artemisa casada con José Contreras; Ricardo “Pilayo” casado con Aurelia García Marrón; Alberto casado con Sara Domínguez; Isabel casada con Adalberto “Caracol” Espinoza Peralta; Josefa “Chepita” casada con José del Carmen “Tambo” Espinoza Peralta.

Los hermanos de Margarito Duarte Espinoza: Se pueden ver en las notas del articulo de “Cabalgata Eulogio “Binchura” Duarte Peralta”.

Los hermanos de Elvira Duarte Peralta, fueron: Rosendo, quien falleció en Mexicali en tiempos de la revolución mexicana, asesinado por “Los Indeseables”; Jacinta, Victoria casada con ‘N” Castillo; María casada con Fernando “Tilico” Duarte Espinoza; Bartola casada con José María “Don Chémale” Murillo Arce; Amadeo “Quitito” casado con Isabel “Chabelita” Espinoza Romo.

Francisca Peralta quien fue media hermana por parte de padre, de Cenobio Peralta Veliz, padre de Elvira. Francisca Peralta fue hija de Inocencio Peralta Aguiar, al igual que todos sus medios hermanos; que fueron: Cenobio, Balbina, Epigmenio, Bruno, Victoriana, Gilberto, y Jaime. Desconozco el nombre de su madre de Francisca Peralta quien falleció en El Mármol, en 1924, fue velada en un catre en el patio de la casa. Por su parte Francisca fue madre de Paula Ruiz Peralta, quien fue la madre de Pablo “Perico” Acevedo Ruiz y de sus hermanos; Paula Ruiz Peralta fue la esposa de Andrés Acevedo Marrón, bisabuelos de Ariana Acevedo, quien es seguidora de estas historias.

En otro articulo escribiré la genealogía de las familias Peralta, y de la Acevedo; por lo pronto diré que los Acevedo llegaron a El Rosario en 1825, y los Peralta en 1873.

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Letras del puño de Serapio García Marrón, cuyo original se encuentra como infinidad de documentos en mi archivo personal.



SERAPIO GARCIA MARRON, Y FRANCISCA VIDAURRAZAGA PERALTA: Foto que les tomé en julio de 1993, frente a su casa en El Rosario, Baja California.



OCTAVIANA MARRON ORTEGA Y AMBOSIO GARCIA GUERRERO (PADRES DE SERAPIO). FOTO EL ROSARIO 1960.



DON CENOBIO PERALTA VELIZ Y DOÑA MATEA MURILLO SMITH, PADRES DE “DOÑA VIRA”: ELVIRA ES LA NIÑA QUE APARECE AL LADO DERECHO DE LA MADRE (SENTADA). ROSENDO EL HIJO MAYOR ES QUIEN MURIO EN LA REVOLUCION EN MEXICALI A MANOS DE LOS INDESEABLES.

EL NIÑO PEQUEÑO FUE AMADEO “QUITITO” PERALTA MURILLO. LAS OTRAS NIÑAS SON: JACINTA, VICTORIA, Y MARIA.




A LA IZQUIERDA ARNULFO “RUSO” GARCIA VIDAURRAZAGA GARCIA, HIJO MAYOR DE SERAPIO Y “PACHITA”, LO ACOMPAÑAN SUS PRIMOS HERMANOS: RAFAEL ESPINOZA VIDAURRAZAGA, Y RICARDO “CALILO” VIDAURRAZAGA GARCIA. FOTO TOMADA EN EL ROSARIO EN 1952.

LOS TRES NACIERON EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, EN 1934. ARNULFO Y RICARDO SON DOS DE LOS CUATRO NIETOS DE AMBROSIO GARCIA GUERRERO, QUE NACIERON AQUEL AÑO; LOS OTROS DOS FUERON: EDUARDO COCHRAN GARCIA, Y ROBERTO ESPINOZA GARCIA.


EN ESTA FOTO TOMADA EN EL MARMOL EN 1924, SE ENCUENTRA LA FAMILIA GARCIA MARRON: SERAPIO ES EL NIÑO MAS GRANDE: MI ABUELA PATERNA MARIA VISITACION, ES LA NIÑA DE LA EXTERAMA IZQUIERDA, DE GORRO.



ASI SE ENCIONTRABA LA FACHADA POSTERIOR DEL EDIFICIO QUE OCUPO LA ESCUELA “PADRE SALVATIERRA”, EN EL ROSARIO DE ABAJO, EL DIA 28 DE JUNIO DE 1993. EN LA FOTO AUNQUE NO SE APRECIA ES TOMAS VIDAURRAZAGA GARCIA. FOTO: ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO.



EL CORREDOR DEL EDIFICIO EL 28 DE JUNIO DE 1993: FOTO: ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO.



ASI QUEDO LA FACHADA POSTERIOR DESPUES DE LA ARDUA REHABILITACION

FOTO DE SEPTIEMBRE DE 1994. FOTO: HECTOR ESPINOZA ARROYO.



EL INTERIOR DEL MUSEO COMUNITARIO “EL ROSARIO” EN 2007. FOTO. ING ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO.



ASI SE VE AL LLEGAR DESDE EL LADO ESTE: FOTO 1994.: FOTO: HECTOR ESPINOZA ARROYO.

FACHADA PRINCIPAL: AÑO 2007. FOTO: ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO.



PRIMEROS ALUMNOS QUE SOBREVIVIAN EL 9 DE OCTUBRE DE 1994, EN LA INAUGURACION DE LA REHABILITACION DEL EDIFICIO, E INSTALACION OFICIAL DEL MUSEO COMUNITARIO “EL ROSARIO”. FOTO: LOURDES PEREZ CORRAL.

APARECEN EN LA FOTO: DETRÁS DE MI: IZQ. A DERECHA: JESUS “TIO CHUY” ESPINOZA ARCE, ROSARIO “CHAYO JUIT” DUARTE VALLADOLID, MARIA GROSSO DUARTE, BENJAMIN “VENY VIEJO” RESECK NUNEZ.

MÁS ATRÁS DE IZQ. A DERECHA: MANUEL “TEHUA” ESPINOZA PERALTA, TEOFILO ORTIZ GARCIA, BERTHA “GUERA” DUARTE VALLADOLID (ESPOSA DE BENY VIEJO): AL FONDO: HERACLIO “PLEIS” ESPINOZA ARCE, EMILIO ESPINOZA LOYA, Y JOSEFINA PERALTA DUARTE (ESPOSA DE TEOFILO ORTIZ GARCIA).

SIBREVIVEN A LA FECHA: TEOFILO ORTIZ GARCIA, Y BERTHA “GUERA” DUARTE VALLADOLID, ASI COMO SU SERVIDOR: ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO.

LA ESCALERA EN LA CUAL POSAMOS, FUE LA ORIGINAL DATABA DE 1921, SE CAMBIO EN 2001 POR LA ACTUAL.

1 comentario:

Irma Grosso Arambula dijo...

Ing Alejandro Espinoza Arroyo felicidades por la historia del Rosario Baja California mi nombre es Irma Grosso Arambula soy bisnieta de Tecla Peña Duarte y Eduardo Boittard Grosso, nieta de Ma Fe Espinoza Peralta y Juan Grosso, hija de Cesar Grosso Espinoza saludos