"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

domingo, 1 de noviembre de 2020

SRA. RUFINA JIMENEZ RIOS

SAN MANUEL, MUNICIPIO DE TUBUTAMA, SONORA.

Por: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo

El Rosario, Baja California

A 02 de Octubre de 2020.

Protegido bajo patente no. 1660383.

 

Entre 1969 y 1970, años en los que viví en San Manuel, conocí entre muchas otras, a la familia Jiménez, principalmente a Salvador, Refugio "Cuco", Bernardo, e Irene. Primeramente conocí, en agosto de 1969, a Doña María Armida “Arminda” Jiménez Chávez, esposa de Ruperto Celaya Bernal, y al primo hermano de ella, Salvador Jiménez Ríos, aunque también a Refugio “Cuco” Jiménez Ríos.

En las amplias platicas que con los Jiménez sostuve, supe que habían llegado de Chihuahua a Sonora, sin conocer en aquél entonces los pormenores de su migración a Sonora.

En la entrevista que le hice a su hermana, Doña Rufina Jiménez Ríos, hizo las siguientes relaciones

El 16 de marzo de 2018, tuve la oportunidad de conocer y de entrevistar, en su casa de San Quintín, Baja California, a la señora RUFINA JIMENEZ RIOS, de 96 años de edad, hermana de Salvador, Bernardo, Irene, y Refugio, y prima de María Armida “Arminda”.

Según el decir de la señora Rufina, ella nació el 10 de julio de 1922, en San Buenaventura, Chihuahua, cuyos padres fueron Juan Jiménez Delgado y Genoveva Ríos.

Sus hermanos fueron: Salvador, Refugio, Bernardo, Rodolfo, Irene, y ella,  Rufina.

Sus abuelos paternos fueron: Bernardo Jiménez, originario del Estado de Aguascalientes, y Feliciana Delgado, nacida en Zacatecas.

Sus abuelos maternos fueron: Bibiano Ríos, de Estados Unidos, y la tarahumara Ezequiela Hernández, nacida en la nación Raramuri, de la alta serranía chihuahuense.

Los hermanos de su padre Juan Jiménez Delgado, fueron: José (padre de “Arminda”), Bernardino, Petra, y Maclovia.

Cuando Rufina contaba con doce años de edad, que fue en el año de 1934, parte de la familia Jiménez Ríos, salió desde San Buenaventura, Chihuahua, de donde viajaron a Casas Grandes, Chihuahua, en dos carretas tiradas por mulas, y tiempo después, viajaron con rumbo a San Ana, Sonora.

En el viaje de San Buenaventura a Casas Grandes, su estancia en ese lugar, y el viaje a Santa Ana, Sonora, transcurrieron un par de años.

En ambos recorridos los carros los  conducían, uno su padre, y el otro, su tío José. Decidieron emigrar a Santa Ana, ya que en aquél lugar vivía, desde hacía tiempo, su tío Bernardino, hermano del padre de Rufina.

Meses duró el recorrido, a paso de mula tirando las carretas. Venían las familias completas de Juan, y de José, que entre adultos y niños eran casi una veintena de personas. Viajaban durante el día, después de desayunar cargaban el campo a las carretas, y proseguían el viaje por unas siete horas, paraban para preparar sus alimentos, en cocinas de campo que acondicionaban a ras de suelo, utilizando la sombra de algunos árboles, o las corrientes de algunos riachuelos, donde también se bañaban, y lavaban sus ropas.

Por el camino, con el fin de que los alimentos no escasearan, cazaban tantos conejos, liebres, codornices, palomas, como podían, y en ocasiones venados. Aprovechaban también los frutos y bayas silvestres.

Después de cinco largos meses de viaje, al fin llegaron a Santa Ana Viejo, y de ahí pasaron al ejido “Peñasco”

Su tío Bernardino Jiménez Delgado, era quien vivía desde años antes en el Ejido “Peñasco”, cercano al ejido “El Claro”, en la zona rural de Santa Ana, Sonora, en cuyos lugares sembraban trigo y algodón, con agua que derivaban del río; siendo la razón por la que la familia emigró a Sonora, dado que ya Bernardino se encontraba bien afianzado.

A los años de estar viviendo y sembrando en el ejido “Peñasco”, Juan, su padre, así como sus tíos, José, y Bernardino, fueron invitados por el griego Pedro Pulos para que lo apoyaran en la cacería de zorros y coyotes en San Manuel, ya que se dedicaba a la curtiduría de pieles exóticas.

El griego Pedro Pulos vivía en Santa Ana, lugar donde se había casado con Carmelita Cubillas, originaria del lugar.

Fue a causa de la cacería de zorros y coyotes, que la familia Jiménez Ríos, cambio su residencia de manera permanente a San Manuel, en cuyas tierras, ya para entonces se habían iniciado los trámites oficiales y poblamiento, para formar el ejido, donde pasaron a ser ejidatarios.

Su tío José Jiménez Delgado, casó con Rosalía Chávez, hija de Ricardo Chávez, de cuyo matrimonio, nacieron: Arminda, Ambrosio, Manuel, Guadalupe (h), Francisco, y Alicia.

Juan Jiménez Delgado, padre de Rufina, falleció, con alrededor de cien años de edad, en el ejido La Sangre, Sonora, en casa de su hija Irene, casada con Ignacio Valle; fue sepultado en Santa Ana, al lado de su esposa Genoveva Ríos, quien antes había fallecido en ese lugar.

Su hermano Salvador Jiménez Ríos, casó con Herminia Badilla; mientras que su hermano Bernardo casó con María Socorro Celaya, hermana de Arsenio Celaya, y oadres de Rodolfo, Gloria, y otros hijos; originarios del Sáric, Sonora, pero radicados en el pueblito Ejido La Sangre, vecino de San Manuel…

Entrevista a Don Ruperto Celaya Bernal, en el pueblito San Manuel, municipio de Tubutama, Sonora. Año 1969 y 1970.

Los  datos que se presentan  a continuación, me fueron proporcionados por Don Ruperto Celaya Bernal, y por su esposa María Armida Jiménez Chávez, en las largas charlas que sostuvimos durante mi estancia en San Manuel, entre 1969 y 1970, siendo brevemente mejorados por María Teresa Celaya López, hija de Santiago Celaya Bernal.

Otra rama de los Celaya, fue la formada por Don Ruperto Celaya Ortiz, y Refugio Bernal Félix, originarios de Atil, Sonora. Cuyos hijos fueron: Santiago, Artemisa, Ruperto, Federico, Francisco, Jesús (h), Alberto, María del Carmen, Manuel Carlos, Bertha.

De ésta familia Celaya Bernal, Ruperto  casó con María Armida “Arminda” Jiménez Chávez, hija de José Jiménez Delgado, quien en el viaje de Chihuahua a Sonora, en 1934, contaba con un año de edad, y había nacido en Casas Grandes, Chihuahua.

Santiago Celaya Bernal casó con María Dolores López Calixtro, del ejido La Sangre, cuya familia vive en Mexicali, Baja California; Artemisa casó con José “N” de Mexicali, Baja California, no tuvieron hijos; Jesús casó con Consuelo Méndez, de Altar,    cuya familia vive en Altar, Sonora;  Adalberto casó con Estela del Toro, cuya familia vive en Chihuahua;  María del Carmen casó con Eulalio Soto,   cuya familia vive en California, Estados Unidos; Manuel Carlos casó Con Concepción Figueroa Traslaviña, de La Reforma, Sonora, cuya familia vive en Caborca, Sonora; Federico casó con Uvaldina Montoya Gaxiola, del ejido La Sangre, Sonora; cuya familia vive en San Manuel; Francisco casó con Francisca Figueroa Traslaviña, de La Reforma, cuya familia vive en San Manuel. Bertha falleció soltera a la edad de dieciocho años, en lamentable accidente al ser operada de las anginas, en Santa Ana, Sonora.

Fue así como la familia Jiménez, llegada de Chihuahua, se relacionó genéticamente con personas oriundas de Atil, San Manuel, La Sangre, Altar, El Sáric, y La Reforma, Sonora, principalmente…

De la familia Jiménez Ríos, sólo sobrevive Doña Rufina.

De la familia Jiménez Chávez, sobreviven Ambrosio, y Guadalupe (h), por encima de los noventa años de edad.

De la familia Celaya Bernal, sobreviven, María del Carmen, Francisco, y Manuel Calos, todos andan, a la fecha, por encima de los noventa años de edad.

Don Ruperto Celaya Bernal, nació en Atil, Sonora, en octubre de 1923, falleció en Santa Ana, el 9 de febrero de 1993.

Doña María Armida, nació en Casa Grandes, Chihuahua, el 23 de mayo de 1933, y falleció en Santa Ana, Sonora, el 4 de mayo de 2014.

Continuará con entrevista a Rhode Dicochea Gaxiola...se tratará fe lad familias Dicochea y Gaxiola asentados en San Manuel, La Cuchilla, y La Sangre.

miércoles, 2 de octubre de 2019

EL IRLANDES PHILLIP CROSTHWAITE, TATARABUELO DE RIGOBERTO MARTIN DEL CAMPO MARRON.


EL IRLANDES PHILLIP CROSTHWAITE, TATARABUELO DE RIGOBERTO MARTIN DEL CAMPO MARRON.
Autor: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
Articulo  133.
El Rosario, Baja California, a 15 de septiembre de 2019.
Protegido bajo patente número 1660383.
Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento.

            La Baja California, ha sido un espacio geográfico al cual han llegado infinidad de familias y hombres solos para poblarla; mucho es busca de aventuras, trabajo, o por placer, que durante los trescientos años en que existió la Nueva España, eran casi exclusivamente de la península ibérica los que arribaron a nuestra península.
Desde que México se independizó de España, se dieron cita en este suelo personas de los más recónditos y lejanos lugares, tales como de la China, Alemania, Chile, Líbano, Francia, Inglaterra, Japón, Rusia, e Irlanda entre muchos otros.
En el pueblo de El Rosario, Baja California, hacia mediados los de la década de 1840´s, con toda regularidad se encontraba cazando nutrias el entonces joven de veinte años, el Irlandés Phillip Crosthwaite, ya que ahí vivía Perfecta Escolástica Espinoza Castro, novia del norteamericano Julián Jesse Wilbur Ames, compañero en la cacería de nutrias de Crosthwaite, y también de William Curley, John Post,  John Stewart,  Joaquín Machado, Manuel Machado, Manuel Serrano, quienes eran recibidos en el pueblo por el también nutriero y antiguo soldado misional Don Carlos Espinoza Castro, ya que todos ellos viajaban por toda la costa pacífica de Baja California en la cacería, cuyo asiento regular era en el pueblo de El Rosario.
Don Carlos Espinoza Castro elaboraba “cayucos”, que eran embarcaciones a base de un cuero crudo de res, y en él navegaba un hombre por la bahía de El Rosario cazando nutrias, como también los hacían los nutrieros que llegaban del Rancho Rosarito, la misión vieja, y de San Diego, compañero de Crosthwaite.
Las jornadas de trabajo eran extenuantes, ya fuera para la cacería de las nutrias, cuereo, y los largos recorridos a los lugares de caza. Regularmente hacían fiestas en las casas del pueblo, en las que todos cantaban, bailaban, y también peleaban, sobre todo cuando se comentaba entre los “gringos” de Crosthwaite que la Alta California le pertenecería algún día a Estados Unidos, por cuya razón los rosareños se “mal avenían” con ellos. Cada quien bailaba a su modo, los “gringos”, los rosareños, y el irlandés; siendo este último el que bailaba a brincos.
Crosthwaite, según me lo narró su tataranieto Rigoberto Martin del Campo Marrón, había nacido en Athy, Condado de Kildare, Irlanda, el 27 de diciembre de 1825, siendo hijo de Edward y Rachel Crosthwaite, quienes emigraron a Estados Unidos, dejando a su hijo en casa de sus abuelos hasta los dieciséis años de edad, viniendo a visitarlos en América, y regresó a Irlanda a concluir sus estudios, sin embargo su abuela falleció en 1845, por tal razón volvió a Estados Unidos.

En una ocasión, en compañía de un joven amigo, pretendieron salir a pescar en las cercanías de Rhode Island, para lo cual abordaron un barco, que cuando ya habían navegado por largo tiempo les dijeron que iban para San Francisco, Alta California, al otro lado del continente, siendo una increíble sorpresa para él y su amigo, razón por la cual llegó a San Francisco sin siquiera tenerlo en mente; de ahí  donde pasó, en 1845 a San Diego, Alta California, México; y de ese lugar a la misión vieja y Rosarito, Baja California
La tradición oral de la familia hizo llegar estos datos en voz de Rigoberto Martin del Campo Marrón, quien con mucho orgullo me lo narró cuando lo entrevisté a finales del año 2010 en Tijuana, Baja California.
Cabe destacar que también Julián Jesse Wilbur Ames y la rosareña Perfecta Escolástica Espinoza Castro, fueron tatarabuelos de Rigoberto.
Fue así como nació en la Baja California la familia Crosthwaite, ya que Phillip, casó en San Diego con María Josefa López en 1848, cuando recién la Alta California se había perdido para México, y se la habían apropiado los Estados Unidos de Norteamérica, de donde pasaron a la Baja California.
La familia vivió tanto en San Diego, California, como en el rancho Rosarito, y la Misión de San Miguel Arcángel de la Frontera -Misión Vieja-, Baja California; lugares en donde actualmente habita un grueso árbol genealógico descendiente de los Crosthwaitte López, incluida Tijuana; donde desde hace más de ciento setenta años, se han emparentado con las familias primigenias de Baja California, Marrón, Gilbert, Machado, Cota, Yorba, Breithnvash, Fernández, entre mucho otras.
La rosareña Lucía Cota Fernández, fue casada con Alfredo Crosthwaite McAleer, así como Luciana Crosthwaite Breithnvash, fue casada con el descendiente rosareño Francisco Rodríguez Duarte; vivieron en La Misión de El Descanso, y Tijuana, Baja California, respectivamente.
Phillipe Crosthwaite falleció en San Diego, California, el 19 de febrero de 1903…
¡Qué pequeño el mundo es!



HISTORIA DEL VINO EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA.


HISTORIA DEL VINO EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA.
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
Memorias Bajacalifornianas.
Artículo 132.
Protegido bajo patente número 1660383.
“Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento”

            Rondy Frenkel, se encuentra escribiendo un libro sobre la historia del vino, a cuya petición escribo sobre el asunto en  El Rosario, Baja California y su región.

            Los primeros sarmientos de vid fueron introducidos a la península por los misioneros a partir de la fundación, en 1696, de la misión de de Loreto Conchó, al mismo tiempo que se desarrollaba el equipamiento de ese asentamiento misional, se sembró el primer huerto en la California.
 La distribución de misiones a los largo del territorio peninsular, de sur a norte, trajo consigo, entre otros, la introducción de la cultura europea, y con ello, la de diversas plantas frutales, animales y tantas costumbres como se conocían en aquella cultura.
            Propiamente en la misión del Santísimo Rosario de Viñadaco, que fue fundada en julio de 1774, se introdujo, al igual que en las misiones sureñas peninsulares, toda suerte de novedades en cuanto a agricultura, cría de animales, elaboración de quesos y vino, entre otras.
            El vino misional, como se le conoce en El Rosario, por ser elaborado con uva misionera, inició su producción al mismo tiempo que la vida de la misión, en 1774; se sembraron sarmientos, primer en un predio que se encuentra en la terraza inferior a la que alojaba los edificios, y el represo del agua, desde donde se regaba; al ser insuficiente el agua del represo para su riego, se sembraron unas cuatro hectáreas a la orilla del arroyo, en la margen derecha, derivando el agua superficial del propio arroyo, por medio de un acueducto a base de tierra, que era llamado todavía hasta 1977, como la “acequia o pante de la misión”, que fue utilizada por los habitantes del pueblo, para sus trabajos agrícolas, hasta ese año.
            Los huertos de parra, eran desde 1774 hasta 1977, de “uva misionera”, con la que obtenían “vino tinto”, que se elaboraba en una cava, construida en un túnel, en la cabecera oeste del huerto misional, y que en la actualidad, en ese lugar se encuentra una unidad deportiva.
Cuando, en 1802, el sitio de la misión fue ubicado en lo que hoy se conoce como “El Rosario de Abajo” se sembraron unas diez hectáreas de parra de uva misionera, y se construyó un túnel, ya desaparecido,  en una ladera que se ubica  en la parte trasera del actual Museo Comunitario. Posterior a la construcción del segundo sitio misional, se cosechaba una de las dos huertas, la antigua en El Rosario de Arriba, y nueva en el de Abajo.
            Fueron los misioneros, y soldados de cuera en El Rosario, quienes enseñaron a elaborar el vino, y a la secularización del sistema misional, en 1832, el antiguo soldado de cuera, Don Carlos Espinoza Castro, continuó con dicha actividad, así también la familia Ortiz.
            La tradición de la elaboración y consumo de vino tinto, sigue hasta nuestros días, llegando gracias a la trasmisión de generación en generación. Después de Carlos Espinoza Castro, y la familia Ortiz, se construyeron cavas casi en todas las casas, siendo así que las familias Sevilla, Verdugo, Marrón, Aguilar, Pellejeros, Acevedo, Montes, Duarte, Peralta, Villavicencio, Vidaurrázaga,  Loya, Sandez, y Collins, elaboraban sus propios vinos, que intercambiaban por otras mercancías, o bienes.
            Todas las familias en El Rosario construían sus propias barricas, o toneles con madera de mezquite, o de wata, siendo muy rudimentarias, y cuidadas casi hasta el fanatismo.
Cabe destacar que en todos los ranchos de la demarcación de El Rosario, que iniciaron desde 1828, y con fuerza en 1833, todas las familias elaboraban vino, todos los ranchos tenían sus cavas, donde también destilaban licor de “mezcal pardito”.
Los últimos vinateros de abolengo fueron: Don Tomás Vidaurrázaga Murillo, Amadeo Peralta Murillo, los hermanos José María, Marcelino, y Plácido Murillo Arce; Juan Peralta Acevedo,  y Genaro Murillo Peralta.
De las plantaciones de misioneras de la vid, ya no quedan los sitios originales; el primero se lo llevó una correntada del arroyo en 1978, y que había estado al cuidado por más de cien años de la familia Valladolid Ortiz, siendo el último de ellos Don José Valladolid Ortiz, a cuya muerte en avanzada edad, la huerta le sobrevivió un par de años; y la segunda huerta, la de Abajo, se secó debido a una plaga, hacia 1990; sin embargo existen dispersas por el pueblo algunas plantas descendientes de las originales de la misión.
En la actualidad, Carolina Espinoza Murillo, ha retomado la actividad, después de algunas décadas de abandono, ya que los últimos que lo elaboraban fueron los primos Amadeo Peralta Murillo, en la cava original del sitio de Arriba; y Juan Peralta Acevedo, en una propia;  y Don Juan González Durán, en el antiquísimo rancho de la familia Pellejeros Sevilla, llamado “Palo Loco”.
Fue Genaro Murillo Peralta, quien  trasmitió a su sobrina Carolina Espinoza Murillo, la manera ancestral misionera de la elaboración del vino tinto.
Y como anécdota, diré que  Don Tomas Vidaurrázaga Murillo, falleció, hacia 1927, en la “cuesta de El Salto”, a causa del rodamiento sobre él, de unos toneles de vino que transportaba en su carro de mulas, desde el rancho Rosario de los Loya Espinoza a El Rosario, distantes entre sí, unos ochenta kilómetros.

miércoles, 31 de julio de 2019

A 245 AÑOS DE LA FUNDACION DE EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA.


A 245 AÑOS DE LA FUNDACION DE EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA.
FESTIVIDADES: 9, 10, y 11 de agosto de 2019.
CABALGATA, JARIPEO, CARRERAS DE RESISTENCIA A CABALLO,  BAILE TRADICIONAL, Y CONVIVIO FAMILIAR.
Autor: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
Cronista Oficial de El Rosario, y su región.
Artículo número 131.
Patente 1660383.



            En julio de 1774, fue fundada la misión de Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Viñadaco, por los misioneros Fray Vicente Mora y Fray Francisco Galisteo; siendo el propio Fray Galisteo, quien quedó a cargo de la nueva comunidad, llamada durante milenios como: “Viñatacot” por los primeros pobladores.
La misión de El Rosario,  consistió en dos sitios: El Rosario de Arriba, fundado en 1774, y El Rosario de Abajo, trasladado en 1802.
            Con motivo de la fundación, fueron introducidos al lugar, caballos, mulas, ganado vacuno, cabras, cerdos, asnos, aves de corral; entre otros animales de labranza, carga y de compañía; también frutales como higo, uva misionera, pera, granado, olivo, membrillo; además de frijol, maíz, garbanzo, chícharo, entre otras variedades.
            Se introdujo la actividad de vaquerías, elaboración de dulces variados, panadería, quesos, vinos, agricultura, construcción, talabartería, herrería, carpintería, pastoreo; todo esto al tiempo que se introducía la fe católica de la cual España era seguidora.
            Al frente de las actividades antes mencionadas, y para enseñar a los nativos las nuevas actividades, se encontraban las familias de “razón”, mayormente las pertenecientes a los soldados de cuera, exploradores, arrieros, o cualquier español, o mestizo que estuviera a la mano para prestar tal servicio.
            El pastoreo, arreo, y manejo general del ganado era realizado por vaqueros al servicio de misión, sin embargo al secularizarse el sistema misional, nacieron los primeros ranchos bajacalifornianos, y con ellos, los primeros rancheros, ganaderos, y en gran cantidad el numero de vaqueros al servicio de los ranchos.
            El año de 1828, se inicio en Baja California, con el registro de patentes ganaderas, de las que El Rosario tomó cuenta casi desde el inicio, fue en 1836, cuando Carlos Espinoza Castro, obtuvo de manos del gobierno, tierras que le sirvieron como impulso para desarrollar la ganadería en El Rosario, y en su rancho San Juan de Dios, que había sido fundado en 1766, por Fray Wenceslao Link,  y que hacia 1845, era ya un rancho “misionero”, con grandes partidas de ganado, y así llamado ya que en sus instalaciones se asemejaba a las de una misión.


Fue en San Juan de Dios, donde propiamente en El Rosario nacen las vaquerías, a mediana escala primero, y gran escala más tarde. Es San Juan de Dios, la cuna de los primeros vaqueros rosareños emanados de ranchos, siguiendo la tradición de las misiones; siendo miembros de las familias Espinoza, Ortiz, Marrón, Verdugo, Montes, Acevedo, Pellejeros, Sevilla, Aguilar, Murillo; a los que décadas después se sumarían los Duarte, Peralta, Villavicencio, Loya, Valladolid, Meza, entre otros.
             A partir de 1845, arreaban y campeaban a lomo de mulas, machos y caballos por la serranía, grandes partidas de ganado, yendo a los ranchos que se fueron abriendo, tales como “El Cartabón”, “La Suerte”, “El Parral”, “Rosarito”, “San Antonio”, “Las Codornices”, “Los Mártires”, “La Rinconada”, “El Salto”; o por los arroyos de San Juan de Dios, El Socorro, Grande, y a la región de Valladares; todos estos sitios ubicados en la sierra de San Miguel, estribación sur de la sierra de San Pedro Mártir, en El Rosario, Baja California.
            Fue en el manejo de las vaquerías donde dieron inicio, según nuestra tradición oral, las festividades en las que ganaderos, rancheros, vaqueros, y en general todas las familias se divertían, y se distraían, realizando dentro de aquellas actividades: Rayado de caballo, carreras parejeras de caballo, carreras de resistencia a caballo, palo encebado, jaripeo, carreras en costales,  juego de la estaca; cerrando cada día de competencias y juegos con el tradicional Baile Vaquero, mas tarde llamado “Calabaceado”, amenizado por la música de los propios vaqueros, con instrumentos elaborados en épocas tempranas por ellos mismos, tales como guitarra, tololoche, y tarola. A esos instrumentos se sumaron con el paso del tiempo, el acordeón,  y el violín; mucho después el bajo quinto y bajo sexto de origen mexicano.
La vestimenta tanto del vaquero, músicos, jinetes, y bailadores, consistía en camisa a cuadros, pantalón de mezclilla, paliacate al cuello, o al pantalón, cinto de cuero con hebilla vaquera, botas vaqueras, chaleco de piel, o chamarra de mezclilla, y sombrero tejano; tanto en hombres como en mujeres, cambiando el pantalón por falda a la rodilla.
Incluían las festividades, carne asada, barbacoa, menudo, tacos con tortillas de harina, frijoles de la olla, cabeza tatemada, dulces amelcochados, principalmente calabaza con leche. Se tomaba vino,  licor de mezcal pardito,  y de lechuguilla; también alcohol “Cola de burro”, todos elaborados en el pueblo.
Todas estas tradiciones se fueron incorporando según los movimientos del ganado en “las corridas”, o en celo; mismas que los vaqueros imitaban en sus bailables, teniendo como inicio del baile vaquero, en la época de 1850, y que ya para 1870 se bailaba como “Calabaceado”, en El Rosario, de donde pasó a distintos ranchos y pueblos con origen misional dentro del territorio de Baja California.
El Baile Calabaceado dio origen al antiguo mote que se nos diera:  “Rosareños Calabaceros”, como aún somos conocidos.
Con motivo del 245 aniversario de la fundación de El Rosario, Baja California, el pueblo, a través de la Delegación Municipal, representada por Yulma Inés Espinoza Verdugo, y la Asociación Ganadera Local, encabezada por Saúl Moreno Peralta, se encuentran organizando las festividades a celebrarse del nueve al once de agosto del presente 2019, dentro de las cuales se celebrará:
Cabalgata, partiendo el día nueve a las siete de la mañana del rancho “Las Escobas”, fundado por Don Victoriano Ramírez, hacia 1930, en San Quintín, llegando ese día al rancho “Salas”, ubicado en la zona conocida como “Las Parritas”, de donde saldrán el sábado diez de agosto, para llegar a El Rosario, y ser recibidos por el pueblo en el corral de jaripeos de la colonia “Los Duarte”. La cabalgata es organizada en su logística en El Rosario, por Gonzalo Ansaldo Castro, con apoyo de Claudio Claro Meza Valladolid, Bernabé Duarte Quijada, y Samuel Espinoza Duarte, encabezando a los jinetes participantes por El Rosario, que a la fecha se desconoce el número de participantes.
Los jinetes San Quintín, según informes de Francisco Enrique “Machuca” García Jiménez, suman unos cinto cincuenta, de los cuales no se sabe cuántos habrán de participar para esta ocasión.
Ya recibidos los jinetes de la cabalgata en El Rosario, continuar el tradicional baile, que esperemos asistan los que saben bailar el baile vaquero, o calabaceado, como lo es: Humberto “Beto” Beltrán Lara, ya que los expertos bailadores de antaño, que era todo el pueblo, ya nos se encuentran entre nosotros.
Muchas felicidades a nuestro pueblo El Rosario, el más antiguo de todos en Baja California, por sus DOSCIENTOS CUARENTA Y CINCO AÑOS DE EXISTENCIA…

NOTA RELEVANTES:
Espero que muy pronto por parte de nuestra juventud recuperemos al cien por ciento nuestro baile vaquero ancestral, también conocido como: Calabaceado, cuyos inicios fueron en la calle y en “la Cancha”, o “Parque”, enfrente de la iglesia en El Rosario de Abajo.
Por fortuna en el norte del Estado se baila a gran escala desde hace más de treinta años, principalmente en el pueblo de La Misión, y en Playas de Rosarito; contando Tecate con el experto bailador “Piteco”, quien baila como se hacía en El Rosario hace unos ciento cincuenta años, al igual que el grupo “Kicupaico”, dirigido por el maestro Juan Gil Martínez Tadeo.

domingo, 26 de agosto de 2018

SAN MANUEL, MUNICIPIO DE TUBUTAMA, SONORA. (6)

Por: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
El Rosario, Baja California
A 27 de julio de 2018
Protegido bajo patente no. 1660383.
Artículo No. 129.

SEXTA PARTE
...Y después de recordar a los personajes: "RAMÓN GORDO", y "PIANO GAXIOLA", continuamos con el estilo de la vida cotidiana, que por tradición ancestral centenaria vivíamos, y se siguen viviendo en los pueblos rurales, en éste caso en 1969 y 1970 de la región de Santa Ana, de Sonora.
Cuando de llenar los depósitos del agua para uso domestico se trataba, en todas las casas se contaba con pozo, que eran todos de descomunal profundidad, y que los rancheros excavaban a pico y pala, a puro pulmón.
Para obtener el preciado líquido, -ahí sí era preciado- sacábamos el agua a pulmón también. Cuando me tocaba llenar, cada tercer día, un tanque o tambo de doscientos litros, por curiosidad contaba el tiempo que transcurría entre bajar el balde desde el brocal del pozo, arriba, hasta el espejo de agua abajo; y luego de jalón y jalón, hasta que llegaba el balde arriba, "mantearlo" y vaciarlo.
 Para sacar un balde se tomaba entre quince y veinte minutos. El tanque, barril, o tambo de doscientos litros ocupaba al menos quince vueltas de arriba abajo, y de abajo arriba, por lo que llenar aquél depósito tomaba entre tres y cuatro horas; al menos eso me tomaba a mí. Así que nos podremos imaginar si el agua era o no apreciada en los pueblos del desierto sonorense.
Esos doscientos litros, alcanzaban apenas para lavar las "zapetas de tela” de los niños, y otra ropita; para cocinar, lavar los trastes, trapear, y para beber, porque el agua de los pozos era para todos los usos.
En la casa me tocaba siempre sacar el agua; un día mientras lo hacía pasó Don Ruperto Celaya Bernal, nuestro vecino, y me dijo que fuera por una yegua blanca con la que trabajaba la milpa, y que también viniera Sergio "Chejo", su hijo, para que me ayudara.
Desde aquel día en adelante, me subía al resistente lomo del animalito, jalaba el bote hasta allá pegado al cerco, y cuando el bote llegada hasta el brocal, "Chejo" lo "manteaba" y lo vaciaba al depósito; y luego regresábamos la yegua y Yo hasta el pozo, y cuando el balde se llenaba abajo, dábamos  media vuelta y nos íbamos hasta casi llegar al cerco de la propiedad, y "Chejo", -que era menor un año que Yo-, repetía la operación del manteo y el vaciado.
Con  ese valioso apoyo, el tanque lo llenábamos en una hora. Yo me sentí realizado al ver el tanque lleno la primera vez, pero luego lo veía bajar más y más.
Sólo por dar una idea, en la casa vivíamos cuatro personas, se utilizaban unos diez barriles por semana.
¿Y la leña?...
Las estufas de gas, nomás no existían, o había de plano muy pocas. Los alimentos se preparaban, casi en su totalidad en estufas de leña, fogones, parrillas, hornillas, y pozos para la "tatema". Los pozos para cocer barbacoa, birria, menudo, o cualquier otro alimento que en grandes cantidades se preparaban, lo hacen en agujeros en la tierra que son protegidos por ladrillo, llevan una placa arriba como tapadera; se mete leña gruesa de palo fierro y mezquite, y cuando las brasas son en gran cantidad, sobre ellas se asienta la olla, bote, o recipiente con el alimento; se deja toda la noche completamente tapado, para ser servido en el desayuno. Se obtiene de ésta manera, una comida sumamente exquisita, que durante siglos se ha hecho al igual en Sonora, que en El Rosario, y tantos más lugares de México y el mundo...
Sí para las estufas dentro de las cocinas se trataba, la leña debía ser cortada en trozos pequeños, y de igual manera que en los pozos, es un deleite cocinar en ellas durante el frío de otoño e invierno, un poco en primavera, y una verdadera tortura, es hacerlo en verano, dadas las altas temperaturas  de Sonora.
También en la casa el abastecimiento de leña estaba bajo mi más amplia responsabilidad, al igual que el del agua.
Me iba al monte con un hacha, marro, piola, un cincel, y otros pedazos de puntas de metal para poder quebrar la leña en el monte. Era tan duro de quebrarla, que pronto urdí una estrategia; me dedicaba sólo a sacar las raíces de árboles que habían muerto, y desaparecido, -desaparecido, tal vez como leña, antes que Yo llegara ahí, incluso antes de mi nacimiento-
Sólo una pequeña punta del extinto árbol asomaba sobre el ras del suelo; descubrí, que excavando en su rededor, y cortando a marro y cincel, "pronto" podía obtener de aquella leña, que aunque dura, lo era menos porque alguna estaba un tanto reblandecida por los años de estar bajo tierra.
Me imaginaba que aquellos árboles habían muerto de viejos muchos años antes de que yo naciera, y que ahora estaba aprovechando lo poco que de ellos quedaba para mantener lleno el cajón de la leña en casa, y la estufa caliente para los alimentos.
En una ocasión en que estaba haciendo la cueva para sacar una raíz, me encontré con un nido de tortugas del desierto; me puse a jugar con ellas, y luego tapé la excavación, sin causarles ningún daño, y me fui en busca de otra raíz.
En repetidas ocasiones encontré tortugas pequeñas, siempre las dejaba en paz, y me iba a buscar otra, cuidando dar los primeros golpes con cuidado por si acaso había nido.
En la casa  Celaya Jiménez, tenían un perrito pelos de alambre, color café que se llamaba "Tepo", siempre me seguía, y se quedaba con la cabeza ladeada mientras miraba lo que hacía con los cortes de la leña. Y cuando volvían a salir tortugas, pronto se paraba y levantaba la cola en señal de júbilo; Yo le decía: No Tepo, no las molestes, vayámonos; luego aquel animalito bajaba la cola, y se tiraba de panza sobre la tierra fresca de la excavación.
Una vez que andábamos el “Tepo” y Yo en la leña, al tiempo que le pegué el primer marrazo al tronco, salió una nube de embravecidas avispas; nos hicieron correr tanto, que no hayamos en donde meternos; aunque el verdadero problema fue cuando quise recuperar la herramienta que había quedado al pie del panal. Les puedo decir que las picaduras de avispas son muy dolorosas, mucho más que el de las abejas.
Dos cajones de leña se usaban al día en la casa, así que entre sacar agua e ir por la leña, me tomaba gran parte de mi tiempo fuera de clases que eran durante todo el día de lunes a viernes.
Cuando le sacaba las cenizas a la estufa pensaba:
 -Tan dura que es de cortar la leña, y se convierte en blanda ceniza y en humo; lo bueno que nos queda la comida y el calor-...
Las "chacuacas" o codornices, chureas o corre-caminos, liebres, conejos, y varios tipo de pájaros eran mis compañías en el monte cuando andaba en la leña, me gustaba escuchar su canto, apreciar sus carreras, y recordar que allá muy lejos, a cientos de kilómetros de distancia,  entre los cardonales de mi tierra bajacaliforniana, sucedía lo mismo,
Y cuando tenía tiempo libre y llegó la temporada de la fruta de los sahuaros, Sergio Celaya y Yo improvisamos un "sahuarero", que era una pieza larga de madera de sahuaro seco, con un gancho en la punta, y con ese instrumento bajábamos los exquisitos manjares del los altos sahuaros.
Decía Don Lázaro Murrieta que durante las noches los murciélagos comían la fruta, y que durante el día nos tocaba a nosotros la que quedaba, pero que ni nos preocupáramos porque los murciélagos son muy limpios.
Una vez presencié que una churea se estaba comiendo a una víbora de cascabel; la engulló en cuestión de un par de minutos después que la atontó a golpes.

Las milpas de temporal que se regaban, y se riegan aprovechando las fuertes lluvias de verano; en Sonora llamadas "Las Aguas", que llegan después y durante fuertes estruendos de relámpagos, centellas y rayos; es un arduo trabajo que los hombres llevaban a cabo.
El suelo de Sonora es desértico, las lluvias son pocas, pero cuando llegan "las Aguas", lo hacen con fuertes correntadas, que arrastran con todo a su paso. Para calmar un poco la fuerza de esas furiosas aguas, la”rancherada” construye redes de canales, que bien podríamos llamar "distritos de riego artesanal".
Tienen sus terrenos agrícolas en sucesión de dueños, -uno en seguida de otro-; entre aquéllas parcelas dejan callejones, y al costado más próximo de cada parcela, por donde bajan las aguas broncas, a pico y pala construían canales, apoyados con bestias de trabajo, -al menos así eran las cosas cuando estuve entre ellos-
Don Salvador Jiménez Ríos, Lázaro Murrieta, los hermanos Ruperto, Francisco, y Federico "Lico" Celaya Bernal; Don José Castañeda y sus hijos Santos y Fidel Castañeda Núñez; los Noriega Núñez, los González Badilla, Tavares, Serna, Barceló, Calixtro, Dicochea Gaxiola encabezados por su padre Don David Dicochea, Guillermo Figueroa Traslaviña, los Gaxiola, Don Arsenio Celaya, Cobo Montoya, entre mucho otros, trabajaban en mayor o menor medida, en aquellos "distritos de riego artesanales"; unos poseían represas con bordos de tierra, y otros, un tramo de canal colindante con su milpa.
El apoyo y la cooperación entre ellos era tal que se podían ver los canales muy bien construidos o reparados, como si lo hubiera realizado una sola persona, y es que la organización y arrojo de todos ellos ante las broncas aguas, era de admirarse. Y como las lluvias no tenían hora para llegar; en cuanto empezaba lo más fuerte, al medio día, o a la media noche, o en la madrugada; y cuando cada quien en su casa consideraba que ya estaban por llegar las corrientes por las cañadas; bajo el intenso aguacero, rayos, relámpagos, truenos y centellas, bajaban todos, casi al mismo tiempo al arroyo, para canalizarlas hacia dentro de su parcela, que por cierto, contaban con un alto bordo en todo su rededor, de tal suerte que cada quien llenaba su predio, dejándolo con tanta agua como si fuera una laguna.
Una vez que anegaban todos sus tierras, almacenaban algo más en sus represas, o canales, que en Sonora y Baja California llamamos acequia, aunque en el argot sonorense dicen: "Jeequia", y en el bajacaliforniano "cequia"
- Era de admirarse el arrojo de las personas que he mencionado-
En una ocasión, según me comentó Don David Dicochea, uno de sus hermanos perdió la vida al ir apurado a realizar el apoyo comunitario que he descrito, y cuando estaba cruzando un cerco de alambre de púa, un rayo cayó en cierta parte de la alambrada, electrocutándolo de manera inmediata. -Fue el padre de Salvador Dicochea, y de Kenedy-
En otra ocasión, una centella que corrió como serpiente a ras del suelo, entró por la ventana de una casa en San Manuel, cerca del represo grande, y mató a una niña que se encontraba dentro de la casa; y cuántas desgracias más sucedieron, no sé...
Por esas razones es que me parece digno de admirarse el arrojo que aquellos nuestros rancheros realizaban bajo el intenso aguacero, rayos, centellas, relámpagos y las muy fuertes y peligrosas corrientes de "Las Aguas", como ha quedado dicho, y que debo insistir por la importancia que eso tiene.
Una vez que "las aguas" había amainado, y en las parcelas el agua infiltrado, hasta una profundidad de al menos un metro, y cuando se había oreado; los rancheros "tiraban" su maíz, frijol, cebada, trigo, o cualquier otra siembra que alcanzara a darse con aquella humedad, o que al menos crecieran y sirvieran como pastura para los animales de corral, mayormente caballos y vacas.
Como en las orillas de las milpas, el agua era más profunda, se sembraban en esa parte melón, pepinos, calabazas, y sandías principalmente.
Existían pozos para agricultura que eran similares a los caseros, artesianos, a cielo abierto, todos excavados a pulmón.
Don José Castañeda, en su rancho en el ejido La Sangre, contaba con un pozo en su rancho, sacaba el agua con una bomba que trabajaba con una banda muy larga, que mucho lo hacía batallar.
Una vez me dijo:
"¡Me dan ganas de sacar agua con una cachimba mejor, con ésta bomba no saco agua ni para que nazca el salisieso!"
Y es que "salisieso"  llaman en Sonora a los "chamizos o ramas voladoras", así conocidas en Baja California; de esas en forma de pelotas que salen en las películas de los pueblos fantasmas, y que con el viento van rodando y dando brincos como de gusto entre el polvo, como contentas porque van tirando miles de semillas de esa enfadosa hierva".
...Y ya que estamos hablando de nombres de plantas:
La cinita de Sonora, que es una planta cactácea, da una fruta pequeña parecida en su textura a la del sahuaro y de la pithaya; en mi tierra se conoce con "garambullo", y en otros lares como "órgano".
El sahuaro de Sonora, que es de la familia del Cardón de mi tierra, solo que el cardón es mucho más grande, y vive mayor tiempo.
Del sahuaro se aprovecha la fruta, del cardón no, o casi no.
El mezquite, es igual, palo verde casi no hay en mi tierra, palo fierro solo en ciertas partes de la península. El ocotillo es común en ambas regiones. Y es que una gran parte de la Baja California, pertenece al Gran Desierto de Sonora...
...Continuando con las costumbres y actividades en San Manuel, La Sangre, La Cuchilla, Santa Isabel, San Jose, El Ocuca, y en general en toda la comarca rural sonorense, la ordeña que muy de mañana se acostumbraba en casi todas las casas; unas familias para apoyar el sustento diario, mientras que otras la realizaban, y siguen realizando, para elaborar queso fresco, que mayormente se vende para Nogales, Caborca, y algunos otros centros de consumo.
 Mucho me lamentaba al ver que les pagaban muy barato el kilo de tan sabroso queso, que con tanto esfuerzo y esmero preparaban los rancheros; mientras que en otras ocasiones hasta la leche líquida vendían muy barata, porque según estaba "abarrotado" el mercado de queso.
 Eso me causaba entre confusión y tristeza, pues me daba cuenta de los grandes esmeros de todos ellos; mientras que en los mercados, los precios eran exorbitantes.
Como ejemplo, un kilo de queso fresco, los intermediarios les pagaban a los productores, como a la décima parte del valor en que se expendía en las tiendas de las ciudades.
La leche que tomábamos en la casa, era de la ordeña de las vacas de Uvaldina Montoya Gaxiola y Federico "Lico" Celaya Bernal, su esposo.
A eso de las seis de la mañana iba Yo a recoger el galón que nos entregaban ellos; les dejaba un galón de depósito y me daban otro lleno; siempre me decía "Uva":
-"Nomás buqui siruncio cabezón que no me traigas el depósito, pura chucata te entrego la lechi mañana".
Fue a ella a quien le pregunté el significado del vocablo "chucata", ya que me era desconocido, y que por primera vez lo escuché de Don Pancho López, el del camión de pasajeros.
"Come Chucata": quiere decir que mastique la  resina que sueltan los árboles. También significa en Sonora algo pegajoso.
Como cuando se suda mucho: "Ando todo chucatoso"…
…continuará…

SAN MANUEL, MUNICIPIO DE TUBUTAMA, SONORA.(5)

Por: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
El Rosario, Baja California
A 14 de julio de 2018
Protegido bajo patente no. 1660383.
Artículo No. 128.

QUINTA PARTE.

“RAMÓN GORDO" y “PIANO GAXIOLA”.
En San Manuel, La Sangre, La Cuchilla, San José, San Agustín, El Ocuca, Trincheras, Tubutama, Atil, Oquitoa, Altar, Pitiquito, Caborca, Santa Ana, El Claro, Imuris, Sásabe,  La Reforma, Cucurpe,  Magdalena de Kino, y Benjamin Hill, son los pueblos en los que "RAMON GORDO", en otros tiempos, fue célebre.
Fue un personaje que no conocí, y que tampoco supe de dónde era oriundo.
Don Andrés Gaxiola fue quien me platicó vivencias del pintoresco y muy querido "Ramón Gordo".
Según Don Andrés, Ramón era un hombre "inocentón", de esos que en nada daban la contra, y que cualquiera podía mandar, él obedecía sin el mayor reparo. Se ganaba la vida haciendo mandados, y algunos livianos  "quehacercillos" en las casas de pueblos, y  ranchos. Era muy velludo, al grado que el bigote se confundía con la vellosidad de la nariz:
- Muy largos tenía los vellos de la nariz- recordaba Don Andrés Gaxiola.
Había en la comarca un pequeño hombre, apodado el “Wilo” que también era "inocentón"; solo que era un calavera; dentro de su inocencia, no podía ver, aborrecía que "Ramón Gordo", no se cortara los vellos de la nariz, así que siempre andaba tras de él para poner remedio ante tal descuido, y saciar su sentido de pulcritud...
Cuando el “Wilo” a lo lejos divisaba a Ramón Gordo, se dejaba ir detrás de él, y le gritaba:
- !"Ramón Gordo", espérame atascado, no huyas!
Pero en cuanto el otro escuchaba tales gritos, corría para el arroyo, por los callejones que se forman entre milpa y milpa.  De inmediato "El Wuilo" lo empezaba a corretear, hasta que lo alcanzaba; lo agarraba con fuerza, y lo regañaba, diciéndole:
- Mira nomás como andas arrastrado, me dan ganas de darte una "chicotera". Mira los pelotes que traes en la nariz.
Ramón Gordo desorbitaba los ojos asustado, y ni porque era mucho más corpulento se defendía, pues le tenía más miedo que respeto al regañón.
- ¡Ya me los voy a cortar "Wilo", ya me los voy a cortar!
- Qué cortar ni qué la nada, hace días que te he estado buscando para ver si andas como la gente, pero miiira!.
Luego lo tumbaba al suelo, le ponía una rodilla en el pecho, una mano en la frente, y sacaba unas pinzas que traía en la bolsa del pantalón, y con las pinzas a jalones le arrancaba los vellos, Ramon Gordo  soltaba tremendas "lagrimonas", recordaba Don Andrés.
-Aaahhh,ay, ayayay, gritaba ante el tremendo dolor que aquél bárbaro le propinaba.
Y luego que lo dejaba limpio, sin ningún vello en la nariz, lo amenazaba:
- Te voy a seguir checando, y pobre de ti "Ramón Gordo", nomas que me hagas pasar malos ratos... Ni respirar puedes, pobre de ti que te vuelva a ver yo con esa pelucera en la nariz.
- ¿Crees que no me haces sentir mal?
Esa misma historia me la contó, pero treinta y cinco años después, mi amigo Ramón Noriega Núñez, quien vive en La Cuchilla.

"PIANO GAXIOLA".
Cipriano Gaxiola, hijo de mi amigo Don Andrés Gaxiola, vivía en San Manuel, en casa de su padre, al igual que sus hermanos, Abraham, Felipe, y Andrés.
"El Piano", era un hombre bohemio, delgado, blanco tostado por el sol, a veces usaba barba, de cabello rizado y muy abultado, por tal razón en los pueblos era también conocido como:
"El cabeza de matorro".
Y es que en esa región de Sonora se dan unos arbustos muy frondosos, crecen en forma redonda, y son llamados "matorros"; de ahí le venía el otro apodo al "Piano".
Y como parte de su ajuar en su vida bohemia, traía consigo siempre una destartalada guitarra, que a veces le faltaban una o dos cuerdas, o estaban “anustadas”, de tal manera que no se podían apretar mucho, por lo que la guitarra estaba siempre muy desafinada, al igual que la voz del "Piano". En ocasiones se quedaba dormido por allá en el llano, y la guitarra le servía de almohada.
La tal guitarra, soportaba el calor, vientos, lluvias, la cabeza del "Piano", y hasta su rasgueo.
También era "compositor", me tocó escucharlo cantar muchos corridos, y hasta un arreglo que compuso en su honor, aunque yo no le entendía bien a la voz en su canto.
En una ocasión, bajo un palo verde estaba cantando; lo escuché y apenas logré rescatar las siguientes letras del corrido que había compuesto en su honor; son pocas, y aquí están:

"Si les preeguuntan a ustedes
quién coompuso éste corridooo,
lo compuso el Piano Gaxiola,
un tipo muy divertido…
…y si van a San Manuel,
nunca digan que los corrooo,
y es que éste corrido fue compuesto
por el caabeza ´e matorro...
Cantaba “La flor de Cacomo”, “Sonora Querida”, “Máquina 501”, “La barca de Guaymas”, “El albúr”, “En las cumbres de un verde mezquite”, “Mi ranchito”, “El Sauce y la Palma”, y la “Yaquesita”, principalmente.

Un día le pregunté que si había conocido a "Ramón Gordo", y lo que el "Wilo" le hacía con las pinzas.
Y me contestó muy sí señor el "Piano":
- En una ocasión lo agarré  y le dije:
-¡Mira “Wilo": Pataaa en la nuuca te voa dar si sigues molestando a "Ramón Gordo!"”.
- ¿Y ya no lo molestó?, le pregunté.
- Sí. Lo siguió molestando.
-¿Y miraste que lo molestaba Piano?
- Sí.
- ¿Y le diste pataa en la nuuca?
- No.
- ¿Por qué no lo defendiste?.
-Porque mira mis pelos de la nariz  ¿Te imagiiinas buqui jodido, cómo me hubiera ido con el Wilo?"
...Caate la boca buqui jodido…

Así es como fueron éstos dos personajes a quienes hoy les brindo éste modesto y breve relato; lo comparto con ustedes, sabiendo que al dejar de existir físicamente, nació su leyenda, ya que ambos pertenecen a la memoria colectiva, formando parte del folclore rural…
Para cuando llegué a San Manuel, en 1969, Ramón Gordo ya habia fallecido, y Cipriano “Piano”, “Cabeza de Matorro” Gaxiola, falleció hace varias décadas, al igual que su padre Don Andrés, en “tendejero” del pueblo.
…continuará…

SAN MANUEL, MUNICIPIO DE TUBUTAMA, SONORA. (4)

Por: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
El Rosario, Baja California
A 27 de julio de 2018
Protegido bajo patente no. 1660383.
Artículo No. 127.

CUARTA PARTE.

...Desde luego que al día siguiente, muy de mañana, encaminé mis pasos y mi atención para la exploración del arroyo, tal y como lo habíamos comentado la tarde anterior en casa de los Celaya Jiménez.
Es un arroyo cuyas corrientes, en épocas de "las aguas", discurren desde el norte de San José, pasando entre La Sangre y Santa Isabel, -La Cuchilla-, y continúa su corriente con rumbo al golfo de California.
Al poco tiempo de andar con rumbo al arroyo, me encontré con una familia que estaban en el corral ordeñando a las vacas, los saludé, y de inmediato la señora, que era joven, muy alegre y de hablar rápido, dirigiéndose al marido le dijo:
- "Mira Lico, aquí viene llegando un buqui del rumbo "denque" la Rodhe, pero trae un paso como de Juan", -que después supe que significaba paso muy lento-
"¿Qué andas haciendo?, Yo soy la Uva Montoya Gaxiola, él es Lico Celaya Bernal, y todos éstos buquis son nuestros hijos;
- ¿y Tú, quién eres?".
-Soy sobrino del profesor Heraclio...
-"Ya ves Lico, te dije que venía “denque la Rodhe"; -
¿Te mandaron para acá?
-No, voy para el arroyo
-Y qué chin...vas hacer pa'l arroyo sobrino del profe Heraclio?, preguntó Uva, luego agregó: "Tómate una taza de leche con café, y luego te vas pa´l arroyo pueees buqui jodido".
 Y como no me tomé pronto la bebida, se quedó viéndome mientras me preguntó:
- ¿Que pasó puees, te la vas o tomaar o nooo?
Nadie hablaba, sólo ella, pero al fin me dio la bienvenida a su casa muy gentilmente, con un lenguaje muy florido, y con mucha rapidez al hablar.
Lo mismo hizo Lico, mientras me decía que era hermano de Don Ruperto Celaya Bernal, y del Profe Manuel Carlos, pero que él sí era muy alegre; pegó unos gritos y empezó a cantar:
…"En las cumbres de un verde mezquite, tristemente cantaba un jilguero..."
 Y después empezó con otra canción, al mismo tiempo miraba a Uva:
"…Que tendrán esos ojitos, por qué me miran así, contentos con otras caras y enojados para mí; y en el juego del albur le fui...",
 Luego me dijo:
"Noo si aquí en San Manuel nunca te vas a enfadar, y si te enfadas, recalas "panque" la Uva y el Lico, y te vas a ir componiendo... una sonora carcajada le siguió al canto.
Bueno pues me hicieron desayunar cuajada con tortillas de harina, unos burritos de machaca seca y frijoles enteros, a pesar que les insistí que ya había desayunado antes de salir de la casa.
"Queeé ya comí, ni que la chin..., ándele buqui o te agarro a peñascazos", me dijo Uva.
Fuimos amigos todo el tiempo que estuve viviendo en San Manuel.
Ese día  ya no fui al arroyo, me la pasé con Lico ayudándolo a ordeñar, y luego a llevar las vacas a la milpa, darle comida y agua a los becerros en el corral.
Como a las tres horas nos gritó Uva: "Vénganse a comer". -Otra vez a comer pensé-
Uvaldina Montoya Gaxiola, es mi nombre, pero me dicen "La Uva", soy prima de tu tía Rhode; mi mamá y la de ella son hermanas; son hijas de mi tata Chemalia Gaxiola, que vive pa´llá, pa´ La Cuchilla, pa´llá, pa´rriba.
Al siguiente día de haber estado en casa de Federico "Lico" Celaya Bernal y Uvaldina Montoya Gaxiola, muy de mañana, poco antes de la seis, mientras estaba atizando la estufa de leña, tocaron a la puerta; eran "Michita" y "Conchita" Celaya Jiménez, mis vecinitas, y me dijeron que iban por mí para que fuera a desayunar con ellos, que ya estaba todo listo. Fui a su casa en su grata compañía, pero ya Don Ruperto se había ido a trabajar, así que como un hijo más desayuné junto con Michita, Conchita, Vicky, Juan, Chejo, Dalia, y  la bebita que era María de Jesús, y le decían "Macachú"; todos siendo atendidos con mucho cariño por Doña Arminda.
Después de desayunar fui con rumbo al arroyo, sólo que ésta vez tuve a quien avisarle hacía donde dirigiría mis pasos; mi nueva protectora: Doña Arminda.
-Sí, vete con cuidado,; y cuando vuelvas vienes avisarme para no estar con pendiente, me dijo cuando ya me iba.
Pasé por "enque" Lico y Uva, me detuve como una hora con ellos, y luego seguí con rumbo al arroyo.
 Allá, en el arroyo me encontré y conocí a Don Lázaro Murrieta, andaba arreglando los canales porque esperaban "las aguas del verano del ´69", -que así le llaman a las fuertes lluvias de verano en Sonora; y que en mi tierra se le conocen como: "lluvias de verano", a secas-.
Al ver a Don Lázaro, detuve mi andar, y él detuvo el traspaleo que hacía, y al igual que todos al no conocerme, cuestionó mi origen; nos presentamos, y al saber que era Yo un Espinoza, me dijo:
- Mira ésta milpa es mía, pero aquí sembramos frijol pinto a medias, el Profe Heraclio y Yo,
  aprovechando "las aguas"
 Por cierto que ese año del sesenta y nueve, o en el setenta, también me tocó trabajar en la siembra de temporal del frijol, y levantamos abundante cosecha, que con la parte de mi tío, llenamos a granel el porche de la casa hasta por encima de la mitad de las paredes, y entrábamos a la casa por la cocina. Se dio un grano muy grande y bonito, que luego vendieron; me parece que se lo llevaron para Nogales, o para Cananea y Caborca, después de dejar bien surtida nuestra despensa.
Cuando llegó el día de inscribirnos en la escuela, aunque nosotros decíamos "matricularnos"; c aquél día de las matriculas llegué a la escuela y fui a buscar al Profesor Manuel Carlos Celaya Bernal, pero me topé con que ahí estaba mi tío, había llegado directo de Hermosillo a la escuela, sin pasar por la casa, y de la misma manera se fue.
Ya en la escuela miré que a muchos niños de todos los grados los estaban matriculando. A la primera persona que conocí esa mañana del primero de septiembre del sesenta y nueve, fue a Santos Badilla, y poco más tarde a Silvia Castañeda Núñez, a Dora Luz y Elvira Noriega Núñez, Heriberto Celaya Badilla, Dora María Jiménez Badilla, Armando y Crucy Badilla González, Samuel Cruz Molina, Rodolfo Tavares, Isabel Luna, Yolanda Calixtro, Andrés y Felipe Gaxiola, José Castañeda Núñez, Raquel Montoya Gaxiola, Ernestina y Elías Castañeda Gaxiola, Antonio Celaya Figueroa, Ignacio Celaya, Guadalupe Rivera Serna, Martha Murrieta, hija de Don Lázaro; y a otros niños, entre ellos a Martín Celaya Badilla.
Para cuando entramos a clases, todos se reían por mi extraña y pausada manera de hablar, y con acento distinto al de Sonora.
La escuela contaba con tres maestros, uno para primero y segundo, otro para tercero y cuarto, y otro más para quinto y sexto. A los de quinto y sexto nos daba clases mi tío Heraclio; el Profesor Manuel Carlos Celaya Bernal, además de Director le daba clases, creo que a tercero y cuarto; y otro profesor que no recuerdo su nombre a primero y segundo; aquel profesor vivía en la dirección de la escuela.
Mi compañero de mesa-banco, que era para dos niños fue Antonio Celaya Figueroa, que le decíamos "Toñito Celaya", a mi izquierda, después del pasillo, estaba Samuel Cruz Molina.
Las clases eran todo el día, ahí en la escuela comíamos, y cada quien llevaba sus alimentos.
A un costado del camino real, que une a todos los pueblos, al lado Este de la escuela, estaba un mezquite; en ese lugar los Castañeda, y Noriega, tenían su "campo" y siempre un sartén de fierro colgado de un clavo, sobre el suelo tres piedras, unos leños de mezquite y de palo fierro, con que calentaban todos los días su comida.
Yo comía enfrente de la escuela, en la casa de María de Jesús Dicochea Gaxiola y Juanito Escudero, ya que ella es hermana de mi tía Rhode;  en ese lugar también se asistía mi tío.
Todos los compañeros comían en distintas partes alrededor de la escuela, pero por fuera del cerco. Los que vivían por ahí cerca, en La Sangre, como Heriberto y Martín Celaya Badilla, Dora María Jiménez Badilla, Yolanda Calixtro, los Tavares, y otros iban a sus casas.
Al finalizar la segunda semana de clases, ya traía el pelo muy largo, según la apreciación de los profesores; -y era cierto, ya que la última vez que me lo había cortado fue en El Rosario, dos meses antes, con Juan "Cachirri" Duarte Peralta-; así que me dieron la orden que me lo cortara. Y me dijo mi tío, te vas a Magdalena de Kino para que compres unas cosas, y de paso te cortas ese pelo.
- ¿Y en dónde está ese lugar que dice?
-Está para allá para el otro lado de Santa Ana.
- No lo mandes solo, se va a perder Heraclio, le dijo mi tía Rhode, está muy chico Alejandro.
- Ahí donde la ves, le contestó, ese "chico" es capaz de sacar al diablo de un agujero.  ¿Qué no te has dado cuenta que tan decidido es?
Me volteó a ver y me dijo:
-"Mañana temprano te vas a Magdalena de Kino, va a pasar Don Pancho López en un camioncito, le haces la parada en la orilla del camino, y no te le despegues, él te va a llevar hasta Santa Ana.
Hasta la orilla del camino real, iba la gente en aquéllos pueblos rurales sonorenses a esperar a Don Pancho, que manejaba la ruta rural entre Atil y Santa Ana,  era el medio de transporte en que muchos se movían entre pueblo y pueblo,  entre rancho y rancho.
Cuando íbamos en el camión de Don Pancho López, entre San Manuel a Santa Ana, el ambiente era de total armonía, pues todos se conocían, se conducían entre ellos con toda familiaridad, siendo Don Pancho el moderador; viajaba Bernabé García,  que yo lo había conocido antes, pues cuando estaba solo en la casa, fue y me tomó varias fotos. -mismas que aún conservo-
Era Bernabé, al igual que Don Pancho, conocido en todos los pueblos, ya que fue quien le tomó fotos a casi todos, como de los años del cincuenta hasta los setentas, incluyéndome.
-La hija de Don Pacho, llamada Alma López, quien vive en Santa Ana en la actualidad, recién me acaba de ilustrar: dice que el recorrido por su padre realizado, era con salida en Atil, continuaba para Tubutama, La Reforma, San José, La Sangre, San Manuel, El Ocuca, y Santa Ana-

Cuando en la mañana de aquél día llegamos de San Manuel a Santa Ana, tan pronto miré las vías del tren, me sorprendí, y le pregunté a Don Pancho que si qué era ese camino de fierro y barrotes:
- "Son los rieles del tren; ¿no los conocías?", exclamó Don Pancho.
- No, ni conozco el tren, nunca he visto uno.
- Por aquí pasan a diario, son muy largos.
- ¿Más largos que éste camión? le pregunté.
-! Oh sí! como cien camiones, y más largos todavía
-¿Nunca has visto uno? ¿ni en los libros?
-¡No, nunca! Bueno en los libros sí.
- Y es que lo que Yo había escuchado acerca de los trenes, era muy diferente, ya que a mi tierra llegó, desde México, Distrito Federal, un hombre llamado Saturnino Díaz, y fumada exageradamente, y algunos le decían: "Le ganarás al tren a correr, pero a echar humo no"; eso era lo más cercano a un tren que había escuchado durante mi niñez en El Rosario-
Eso le contesté a don Pancho López, y respondió:
-"Ah qué viejo chucatoso ese Saturnino".
-¡Chuca qué?
-!Vieeejo fumadorrr!.
Sólo eso me respondió.
Así que la primera vez en que miré las vías del tren fue en compañía de Don Pancho López, en Santa Ana, Sonora.

En aquél mi primer viaje con Don Pancho, a mediados de septiembre del sesenta y nueve, cuando llegamos a Santa Ana, me dijo Don Pancho que a petición de mi tío, me llevaría en su camión con el herrero José Ramón Araiza Tapia, cuyo taller era "El Cepillo", y fue con aquél joven hombre que Don Pancho me dejó, con quien fui de Santa Ana a Magdalena de Kino.
Y cuando llegamos a Magdalena, José Ramón fue y me dejó en una peluquería, más o menos al centro del pueblo, él se fue con distinto rumbo.
El hombre que me iba a cortar el pelo, tan pronto me vio, dijo:
"Si te vas a cortar el pelo, sigues que aquél señor".
"Aquél señor" de quien yo seguía, era un hombre como de unos ochenta o más años, un hombre sonriente, muy bueno para la "platicada", pero sordo; sus respuestas no correspondían a la plática generalizada en la peluquería; desentonaba como guitarra bastante desafinada en un conjunto musical.
Cuando el peluquero empezó a cortar mi pelo, dijo:
- "Ah qué buqui pelo de alambre, me vas a dejar sin filo las máquinas y las tijeras"...
-Y como en los siguientes meses seguí yendo a que me cortara el pelo, al verme exclamaba:
- "¿Otra vez tú?
- ¿Por qué te mandan conmigo?
-Ayayay... ¿Por qué te mandan conmigo?
Yo lo tomaba en broma porque se le notaba una muy leve sonrisa-...

Por la tarde, de aquella primera vez que fui a Magdalena de Kino, regresamos  a Santa Ana, José Ramón me llevó a casa de Doña Socorro Traslaviña, -tía paterna de mi tía Rhode- a quien Yo no conocía; ahí estaba Don David Dicochea, padre de mi tía Rhode, -que tampoco lo conocía-, y fue con quien regresé a San Manuel, en su camioncito de redilas chevrolet color rojo.
 -En la casa de Doña Socorro me estaba esperando Don David, cosa que José Ramón  sabía por intermediación de Don Pancho López, y a petición de mi tío-.
-Bueno, así fueron las cosas-

-José Ramón le hizo una redilas de metal y madera a mi tío, muy seguido me mandaba de San Manuel a Santa Ana, -con Don Pancho-, para que viera qué tan adelantado iba el trabajo-
 Esas mismas redilas se las llevó hasta El Rosario, Baja California, y ahí en mi tierra, las miré por muchos años, por décadas, en diferentes picaps. La Señora Beatriz Araiza Tapia, quien radica en Santa Ana, hermana de José Ramón, en enero de 2017, me informó que hace varios años que él falleció.

Otro medio de transporte, en aquéllos pueblos rurales y rancherías, era el de Don Martín Castañeda, casado Albertina Gaxiola,-hija de Don José María "Chemalía" Gaxiola-.
  Don Martín Castañeda poseía un camioncito de redilas, era a bordo de ese camión, que viajaban como cada quince días muchos hombres de San Manuel, San José, La Cuchilla,  La Sangre, y ranchos de la comarca, con  rumbo a Santa Ana para comprar los víveres de sus familias.
 Recuerdo que en la cabina iba Don Martín al volante, y una o dos señoras;  en la parte trasera, en la plataforma, iban todos los hombres parados, porque no cabían de tantos que eran; habrán de imaginar cómo venían al regreso, ya con las mercancías; viajaban casi hasta en el capacete.
Era Don Martín, hombre caritativo, ya que los llevaba y los traía sin cobrar nada a cambio, aunque siempre los "raiteros" le compartían algunos bienes
 Me tocó ir unas tres veces a Santa Ana en aquél troque, en medio de tantos compañeros, todos de pie, de ida y de vuelta.
También Don Pancho López era caritativo, ya que cobraba sólo cinco pesos, que hasta mí, que era un niño se me hacía poco…

-Antes de proseguir con las memorias que  por cerca de cincuenta años he guardado, y que ahora por éste medio les he narro,  quisiera traer ante ustedes a dos personajes, de aquellos que en todos los pueblos existen, y que al paso del tiempo se convierten en "propiedad" de la colectividad, de aquellos seres que se vuelven parte del folclor: “RAMÓN GORDO" y “PIANO GAXIOLA”
…continuará…