"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

domingo, 21 de agosto de 2016

FRANCISCO RODRIGUEZ OBISPO.

El tesón de un hombre de lucha, y los logros de una familia de éxito.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
El Rosario, Baja California
05 de agosto de 2016
 Patente 1660383
Articulo 122.
“Nuestras costumbres y tradiciones, son cultura y conocimientos”: Valoremos nuestro legado…
Francisco Rodriguez Obispo, un Rosareño por adopción, que en la vida,y desde niño, se desenvolvió pasando en los trabajos de “Almorcero”, “tumbador” y “jimador de cocos”, sindicalista, caminero, policía, piscador de algodón,  obrero de fábrica, jubilado, y de apoyo para  desamparados.
Nacido el 30 de agosto de 1943, en Corralitos, Municipio de Aquila, Michoacán, hijo de Felipe Rodríguez –Reyna- Munguía, y de Adelaida Obispo González. Casado a temprana edad con su inseparable compañera María Guadalupe Vázquez  Espíritu.
“Almorcero”, se le nombra en algunas partes de México a quien desde las casas  lleva el almuerzo o desayuno a quienes se encuentran trabajando la tierra.
A los siete años de edad, Francisco, el niño almorcero, en el Estado de Colima, dio inicio a quien vendría a ser un ¨hombre de trabajo¨.  Por ciento cincuenta pesos de sueldo a la semana, lo rentaban por contrato a esa corta edad, sueldo que su padre cobraba por él, y le daba, a veces, algunas monedas para que gastara.
El trabajo de Almorcero, consistía en llevar los alimentos a los que trabajaban arando la tierra, sembrando o limpiando, principalmente maíz y frijol; regularmente los trabajadores, eran los hombres de la comunidad y los niños “añejíos”, que rondaban los diez años de edad. Los de entre cinco y diez eran rentados para actividades más ligeras, pero igual de importantes en la labor. Los alimentos consistían normalmente en tortillas de maíz hechas a mano, frijol, salsa de molcajete, queso y leche, y cuando se podía, carne de aves, cerdo o de res.
Los mayores a los diez años trabajaban en la yunta de bueyes, ya fuera arando, cultivando y preparando la tierra de la  manera requerida, según la plantación que estuviera en puerta.
El obrero de yunta en la labor rompía la tierra con bueyes o con mulas, siempre eran niños “añejíos”, de diez años, trabajo que realizaban bajo las ordenes de los mayores, con sueldo de trescientos pesos mensuales; labor también realizada por Francisco.
A los trece años de edad, se fue a un lugar llamado “Cerro Ortega”, en Colima, pero ahora, su trabajo consistía en “ayudante de albañil”; actividad que dejó para dedicarse a trabajar a “Gancho y machete”, desahijando vástagos en las plantaciones de plátano.
Para 1958 o el ´59, se enroló en una compañía conocida como “Cofasa”, de los ingenieros Apolonio Farías padre, e hijo de igual nombre; el trabajo predominante de esa compañía era la construcción de caminos y puentes. A Francisco le tocó trabajar en esa actividad desde la frontera entre Colima y Michoacán: El puente “Coguayana”, sobre el río del mismo nombre; en el puente que cruza el río Zihuatlán, frontera entre Colima y Jalisco. De ahí pasó al estado de Guerrero, donde apoyó en la construcción del puente que cruza el río “Néspan”, en un lugar conocido como “Las Vigas”.
 A los diecisiete años de edad regresó a Cerro Ortega, Colima, donde se alistó en el sindicato de “tumbadores y jimadores de coco”, perteneciente a la confederación nacional campesina.
Los cocos de las palmeras de hasta veinte metros de altura los tumbaban con un gancho y una vara de otate, parecida al carrizo, solo que ésta es sólida. Con tal vara y gancho cortaban el racimo de veinte o veinticinco cocos, haciendo el corte en el “malachicón”, que es la parte que une al racimo a la palma. El racimo, cae a toda velocidad, directamente sobre el cortador, quien con toda habilidad esquiva la cocotera que se le viene encima. Luego continua “descargando” las palmas del zurco, y cuando esto ha sucedido, regresa el cortador machete en mano, para cortar las barbas que le quedan al malachicón, hasta dejar el montón de coco ya “despencados”, al pie de cada palma.
Hasta los montones de cocos, al pie de cada palma, llegan los “juntadores” y “sacadores”, que a lomo de bestias cargan en “arguenas”, que son redes especiales, mientras que otros usan canastas para sacar la cocotera.
Recuerda Don Francisco: “Cuando abren las “arguenas”, cae la “porriza” de bolas por debajo de la panza de la bestia”.
Hasta un callejón llegan los troques, donde cargan la cosecha de cocos. Francisco tumbaba entre uno a seis mil cocos al día.
Para no desperdiciar el terreno: Arriba están las palmas, y por debajo de éstas los vástagos de platinos.
Pero si la palma es de altura mayor a los veinte metros, otra es la historia: El cortador sube al amanecer a descargar la palma, lo hace con machete que tiene filo por los dos lados, y se hace al amanecer para ganarle al viento y al calor. Con gancho y vara, desde el suelo, todo el día pueden cortar, en palmas con altura menor a veinte metros; pero al subir a la palma, no. Les pagaban a veinticinco pesos el mil de voilas, ya “despencados” al pie de la palma. Cuando subían a descargar, les pagaban veinticinco pesos el mil de bolas, que debían quedar al pie de la palma.
Los cocos mas grandes los apartaban para jimarlo; le quitaban la cascara, le daban tres machetazos para su presentación, le dejaban la estopa, que es la cascara interna. Toda esa labor, es como si fuera un arte, ya que la destreza que ellos adquieren es increíblemente eficaz cuando de limpiar a machetazo limpio un coco, o miles de ellos. El Jimador utiliza un tronco de árbol “pacueco”, que es un trozo de madera blanda, para que no se dañe el machete. También trabajaban los “Copreros”, que son quienes sacan la carne del coco, pero tiran el agua. Cuando les llegaban pedidos grandes de coco, los tumbadores también jimaban. Siempre se decían entre ellos cuando estaban por partir a las labores, en las mañanas: “Vamos al destino”, porque no sabían en qué tareas les tocaría trabajar durante el día.
Francisco, siendo muy joven, dejó su trabajo en las actividades campiranas y se enroló en las de gobierno, en la policía en Cerro Ortega, Municipio de Tecomán, Colima, lugar en el que tuvo que “aguzar” el ingenio para atrapar criminales.
Recuerda Don Francisco Rodríguez Obispo, que en una ocasión lo comisionaron para que intentara atrapar a un muy peligroso rufián. Para tal acción se vistió de civil con un sombrero de los que hacen en Sahuayo. Vestido de esa manera, llego hasta donde se encontraba el sujeto, en la cantina de Antonia, se le emparejo al individuo, quien lo confundió con parroquiano, sin saber que era un policía que le iba a echar guante, y que en un descuido del malandro, lo pesco sin que no pudiera ni siquiera, decir: “pio”.
Recuerda, que cuando era niño, hubo una matazón de trece personas, tragedia que sucedió en el pueblito de Tepames, Colima, hechos ocurridos en la cantina “Paloma”, cuando corría el año de 1948.
Y en un rancho llamado Cuirindales, se celebraba una boda, cuando de repente llegó un coyote, ya que estaban cocinando unas gallinas para los crudos, alguien le disparó al coyote mantequero, con la mala suerte que le pegó a un invitado, y de esa manera empezaron los balazos. En la balacera, que nadie pudo detener, murieron ocho hombres, incluido el novio. Esos hechos ocurrieron en 1946 o tal vez el ´47. Recuerda que en la bola andaba un “Rural de la defensa”, y que cuando quiso actuar, había perdido el cerrojo de su rifle, y que en 1963, cuando andaban todos intentando pasar de mojados al otro lado, le hacían burla al “Rural”, ´por la conveniente “Perdida” del cerrojo ante la matazón, que mas que perder la pieza de su rifle, la había escondido para no tener que ver nada en la balacera, por temor a perder la vida. Aquel rural se llamó: José Barajas.
Por las muchas veredas que Don Francisco ha transitados en la vida, le tocó pizcar algodón en el valle de Mexicali, que en 1964, era un requisito para entrar de alambre, mojado o bracero al lado gringo de la frontera.
La segunda semana de 1969, llegó a Estados Unidos de mojado, al paso del tiempo le tocó trabajar en el sindicato que dirigía Cesar Chávez, nacido en Deleno, California, cuya labor consistía en ser el presidente de quejas, mientras trabajaban en la compañía “Kilbor”, encomienda que atendió Don Francisco con todo esmero.
Dice Don Francisco, que él fue a la escuela un lunes, un martes y un miércoles de una semana de su niñez, y que es toda la escuela que tiene, pero que la escuela de la vida, le ha dado muchos grados de aprendizaje.
Cuando pasaron los años, y llegó la jubilación o poco antes de ésta Don Francisco gustaba de ir a pescar a Punta Canoas, al sur de El Rosario, en el océano pacifico, y que tantas veces fue, que en una ocasión, siendo acompañado por su familia, se detuvieron a descansar en El Rosario. Cuando comenzaban en tal descanso, se acercó hasta donde ellos estaban, el rosareño Santiago Espinoza Murillo, quien muy amablemente le ofreció una casa para que no estuvieran casi al aire libre. Recuerda Don Francisco, que le contestó, que sí aceptaba la casa, porque consideró que era solo una expresión de Santiago. Cuando al rato va llegando con las llaves, y les dijo: “Aquí tiene las llaves, esa es la casa, y entren para que descansen y se asistan bien”.
La sorpresa de ellos fue mayúscula, pues no conocían a nadie en el pueblo, y ahora hasta en casa estaban alojados. Al día siguiente, regresó Santiago, y le dijo a Don Francisco, que la casa era de su padre Herminio Espinoza Romero, y que la tenía en venta. Yo, recuerda Don Francisco, que quería congraciarme con la Doña, mi esposa, porque venía algo enojada en el viaje, le pregunté, si quería que le comprara esa casa, sabiendo que le contestaría un rotundo “no”; pero que le va diciendo que “sí”.
 Y se dijo Don Francisco para sí mismo, riéndose: “Ándele, ahí fue donde le pegaron en el hocico al perro”. Y bueno, compraron la casa, y desde hace unos dieciséis años son propietarios de esa casa, donde actualmente viven, alternadamente en la de El Rosario, y en otra que tienen en California. Una en Baja California y otra en California.
Su esposa es la señora María Guadalupe Vázquez Espíritu, nacida en Cerro Ortega, Municipio de Tecoman, Colima en 1947.
Aquí dejo unas cuantas líneas dedicadas a Don Francisco Rodríguez Obispo, que trabajó en muchas otras actividades a lo largo de su vida; y a su generosa esposa Doña María Guadalupe Vázquez Espíritu, también a sus hijos: María del Rosario, Ana Bertha, María de la Luz, Gabriel, Verónica y María Guadalupe. Gracias por su amistad, y por la labor de generosidad que tienen al obsequiar despensas a personas desfavorecidas o enfermas en una buena parte de la Baja California, desde hace al menos quince años, a raíz de su fe religiosa, y de su buen corazón como seres humanos.

LINEAS FAMILIARES:
Francisco Rodríguez Obispo fue hijo de: Felipe Rodríguez (Reyna) Munguía (1915-2005), y de Adelaida Obispo González (1916 o ´17-1982). Nieto de Felipe Rodríguez) Arnulfo Reyna y Apolinar Munguía.
Sus abuelos maternos fueron: Tirso Obispo (Presidente de los indios de Coire, Michoacán), y de Juliana González (1892-1982).
Todos los familiares antepasados de Don Francisco eran de Coire, La Estanzuela, La Placita, San Juan de Lima, y El Faro, Michoacán, México.
María Guadalupe Vázquez Espíritu, fue hija de: Everardo Vázquez Rivera, originario de Iztlahuácan, Colima, y de María Espíritu Tejeda, de Colima, Colima.
Abuelos paternos: Constantino Vázquez y Paula Rivera.
Abuelos maternos: Santiago Espíritu Polanco y Sixta Tejeda Figueroa
Bisabuelos maternos: Aniceto Espíritu y Cecilia Polanco.

Se permite el uso de la información, siempre y cuando no sea con fines políticos, de lucro, ni religiosos. Se debe citar la fuente.
Entrevistados: Sr. Francisco Rodríguez obispo y María Guadalupe Vázquez Espíritu.

AUTOR: ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

PATENTE: 1660383.

lunes, 13 de junio de 2016

DESDE LA MILENARIA VIÑATACOT, HASTA EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, PUEBLO CENTENARIO

El sitio ha tenido solo tres nombres en diez o doce mil años: “Viñatacot”, primero; “Misión de Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Viñadaco”, en segundo lugar; y, por último: “El Rosario, Baja California”.

Por: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.
Artículo número 121.
Patente: 1660383.


         Viñatacot, fue territorio que los cochimis habitaron durante milenios, el vocablo proviene del tronco lingüístico yumano peninsular y de dialecto borjeño; eran los “hombres del norte”, lo cual significa “Cochimi”.
      Sobrevivieron en un cañón que se arrincona entre el desemboque de tres arroyos, cuyas corrientes, en tiempos de grandes lluvias, discurren desde la alta montaña, para llegar en fuertes correntadas hasta su bocana en el océano pacífico, pasando por la milenaria Viñatacot, que hoy es el centenario pueblo de El Rosario.
      Los cochimi habitaron Viñatacot, desde hace al menos entre diez mil y doce mil años, en cuya lengua significa “Arroyo con agua y tule”.
           En Viñatacot, se hicieron vivir durante diez o doce milenios, valiéndose de la recolección de frutos y semillas silvestres que el desierto ofrece, tales como jojoba, garambullo, fruto del cardón, agave de lechuguilla, entre muchos más. En la cacería destacan,  el venado, borrego cimarrón, liebres, conejos, y toda suerte de animales que les proveían carne, grasa, y piel para su escasa vestimenta, y la grasa para aliviar ciertos dolores musculares o para humectar la piel.
        Del mar cercano obtenían almejas, mejillones, y pececillos de varias especies, todo a juzgar por las descripciones de los cronistas al servicio de la corona española, durante colonia, por la observación directa de sus costumbres que describen los misioneros a su llegada, y más antiguamente, por su expresión artística rupestre, encontrada en pinturas y petrograbados, así como por los sitios arqueológicos diseminados por la vastedad del desierto. 
    Fue Viñatacot explorado hacía 1773, con intenciones de asentar la primer misión dominica en la península, ya que atrás, al sur peninsular, habían quedado las fundaciones de los jesuitas, y la única misión franciscana en San Fernando Velicatá, y como en mayo de 1769, los franciscanos habían partido de San Fernando Velicatá para abrir, desde esa entonces nueva misión, la ruta entre la Antigua o Baja California , y fundar la primera misión en Nueva o Alta California, que vino ser la de San Diego de Alcalá.

      Y fue ante la urgente necesidad de la corona española de apoderarse de Alta California, para contrarrestar el avance ruso que venía apoderándose de Norteamérica, de norte a sur, desde el estrecho de Bering.
      La urgencia era también por conquistar el territorio que se encontraba, en 1769, entre las nuevas misiones de San Fernando Velicatá, Baja California, y la de San Diego de Alcalá, Alta California, ambas fundadas, aquel lejano año, por el misionero franciscano, Fray Junípero Serra.
        La fundación de la misión de El Rosario, hubo de esperar cinco años, a partir de 1769, hasta que la nueva orden misionera se hiciera cargo de la administración peninsular, fundando su primer sitio en Viñatacot, en julio de 1774, otorgándole el nombre de “Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Viñadaco”, por castellanizar el vocablo “Viñatacot”.
        La fundación de ésta nueva misión, en Viñatacot, cuyos terrenos labrantíos, sirvieron para apoyar a las fundaciones de las siguientes al norte de  El Rosario, como en Santo Domingo de la Frontera, que fue la segunda misión peninsular dominica.
           Con la llegada de la misión a Viñatacot, dejó de existir la comunidad original en su estado primigenio, que había perdurado por milenios, y por el cual habían vivido cientos de generaciones de cochimis,  que ante la fuerza del hombre blanco, hubieron de dejar sus antiquísimas costumbres y su vida seminómada que practicaban al aire libre, aunque solían habitar cuevas en los mantos rocosos, cuando las había.
         Con los misioneros llegaron exploradores, arrieros, muleros, y soldados de cuera, muchos de los cuales fueron enviados a las misiones de Sonora para conseguir esposas, para que no tuvieran tentación con las “indias de casa”, como los misioneros llamaban a las mujeres cochimis. Muchas sonorenses, fueron madres fundadoras de familias peninsulares. No obstante esto, el primer nacido, en Octubre de 1774, en El Rosario, fue Gabino Arce, siendo hijo del soldado de cuera José Gabriel Arce, fundador de ese linaje en la península de Baja California, y de una “india de casa”.

        Según la tradición oral de la familia Espinoza, a la fundación de la misión en Viñatacot, en 1774, estuvo presente en el acto solemne, el español sevillano Juan Nepomuceno Espinoza, nacido hacia 1730, siendo el primero de nuestro linaje en arribar a la península, proveniente de Manila, en viaje de aquél lugar asiático a Acapulco en el galeón de Manila, llamado Santísima Trinidad, arribando a la misión de San José del Cabo, en diciembre de 1755, donde se quedó dada la grave enfermedad que padeció durante los últimos meses de la travesía.
    Juan Nepomuceno se alistó en calidad de arriero, mulero, y explorador con los jesuitas, desde al menos 1756  y hasta 1768, año en que salieron expulsados los misioneros de la península. Y como Espinoza conocía palmo a palmo la vasta geografía peninsular, apoyo al misionero franciscano Fray Junípero Serra para la fundación de San Fernando Velicatá. Con Serra, viajo desde la misión de Loreto, hasta el sitio donde se fundó San Diego de Alcalá, Alta California.
       Dada la familiaridad con la que Espinoza recorría los senderos peninsulares, fue que su esposa Loreto Castro e hijos, se asentaran en El Rosario en el verano del año 1800, ya que Juan Nepomuceno falleció en 1799, en el paraje de San Juan de Dios, visita de la misión de San Fernando Velicatá, sitio que había sido fundado el ocho de marzo de 1766 por Wenceslao Link, siendo acompañado por Juan Nepomuceno en calidad de arriero. Fue sepultado en San Juan de Dios, originando con ese hecho, que la familia construyera una casa, basada en las indicaciones que emitía el decreto de José de Gálvez, del 12 de agosto de 1768. La familia Espinoza se encontraba, en 1800, asentada en El Rosario, y en San Juan de Dios.
   Valga destacar que Loreto Castro, llamada por los misioneros como “Mamá Espinoza”, ya que fue madre de la primera generación de esa estirpe en la Baja California; fue cochimi, originaria de la frontera guaycura cochimi, en las confluencias de la misión de Loreto Concho, en donde había nacido hacía 1758, siendo veintiocho años menor que su esposo.
         Al mismo tiempo se formó, a principios de los 1800’s, la familia Ortiz, ya que María del Carmen, hija de Juan Nepomuceno Espinoza y Loreto Castro contrajo nupcias con el soldado de cuera José Rito Ortiz, compañero de armas del también soldado de cuera, Carlos Espinoza Castro, el primer Espinoza nacido en la península en 1778, quien llegó a ser el patriarca “Espinoza” en El Rosario.
     La familia “Aguilar”, asentada en El Rosario, poco después que la “Espinoza” y “Ortiz”, fueron las tres primeras fundadoras de la actual sociedad rosareña.
      Hacia 1822 se asentó la familia “Marrón”, hacia 1827 la “Acevedo”, hacia 1830 la “Montes”. Hacia 1835 la “Pellejeros”, que en realidad era “Verdugo”. Entre 1840 y 1890 se asentaron  las familias, Vidaurrázaga, Collins, Sandez, Loya, Duarte, Peralta, Valladolid, Arce, Murillo, Redona, Grosso, y Meza, principalmente.

Lo que hace que El Rosario, sea el pueblo más antiguo del actual estado de Baja California.

jueves, 28 de abril de 2016

ASPECTOS DESTACADOS DE EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA

ASPECTOS DESTACADOS DE EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
El Rosario, Baja California, a 25 de abril de 2016.
Por: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.
Articulo numero 120.
Patente 1660383.

En la historia, destaca:
 El Rosario, Baja California es un pueblo de origen misionero,  que fue fundado por los Dominicos, en el paraje  milenario llamado por los cochimis como: Viñatacot, en julio de 1774.
Es el asiento de la primera misión dominica en Baja California, encontrándose bajo protección federal –INAH-  los vestigios de los dos sitios, que datan de 1774 y 1802.
Fue el asiento de las familias fundadoras, algunas iniciadas por soldados de cuera, como “Espinoza”, y “Ortiz”, y de otro diverso origen como “Montes”, “Arce”,  “Marrón”, Acevedo”, “Pellejero”, “Vidaurrazaga”, entre muchas otras que se asentaron durante los siglos diecinueve y  veinte.
Desde El Rosario, partieron familias durante las fundaciones de Ensenada, Tijuana, Mexicali, San Felipe, entre otros asentamientos primigenios de Baja California, que lo hace ser un pueblo ancestral.
Posterior a la guerra de Estados Unidos de América contra México, en El Rosario se asentó la Colonia Militar, que tenía como propósito guarecer la nueva frontera norte de México, ya que el país invasor, pretendía hacerse de mayor extensión territorial a costa de México, como así fue, al quedarse con “La Mesilla”.
Existe en el poblado el único ejemplar de los edificios que se construyeron entre 1919 y 1921 en Baja California, y que sirvieron como recintos escolares. El inmueble alberga el Museo Comunitario “El Rosario”, bajo protección del INAH.
En el campo arqueológico, en el lugar y sus alrededores se encuentran pinturas y petrograbados rupestres, concheros, e indicios de actividad humana milenaria, destacando  “Las Pintas”, y “El Cartabón”.
Existen concheros paleontológicos y arqueológicos importantes.
La región de El Rosario, es la frontera norte del área natural protegida conocida como: “Valle de los Cirios”, que le da importancia vital a la preservación ecológica del desierto central, cuya frontera norte lo es también la región de El Rosario.
Se encuentran dentro de El Rosario varios miles de hectáreas de matorral rosetofilo costero, protegido por leyes y reglas federales.
En la actualidad se llevan a cabo estudios a fin de lograr que la UNESCO dé el carácter de “Patrimonio de la humanidad”, a las veredas milenarias que fueron utilizadas por los pueblos seminómada prehispánicos, de las cuales en la región de El Rosario existe una amplia red de esos senderos milenarios.
En paleontología.
El Rosario es mundialmente conocido por su formación “El Rosario”, que data de la era Cretácica, unos sesenta a setenta millones de años hacia el pasado.
Las formaciones geológicas localizadas en las mesas de “San Carlos” y “El Canasto”, son frecuentemente estudiadas, bajo permiso del gobierno mexicano por científicos de distintos países, dado que su formación es similar a las que existen en la Antártida, solo que allá bajo capas de hielo con cientos de metros de espesor, razón por la cual, al encontrarse a ras de suelo, muchas expediciones son realizadas en El Rosario.
En la década de los 1960’s fueron encontrados en El Rosario, los restos de un dinosaurio que primero se creyó era de un “Hadrosaurio” o “Pico de Pato”, sin embargo se ha reclasificado, encontrando que es una nueva especie.
El “Cantil” o “Castillo”, es un icono paleontológico de El Rosario, pertenece al periodo del Cretácico, que data de unos setenta millones de años.
El cañón y región de El Rosario, es por completo suelo fósil de diversos periodos geológicos, que lo hace de suma importancia en el campo científico a nivel global.

Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, valoremos nuestro patrimonio.


sábado, 2 de abril de 2016

ALGUNAS RAZONES POR LAS QUE EL PUEBLO DE EL ROSARIO, SE DEBERIA CONSIDERAR PATRIMONIO HISTORICO DE BAJA CALIFORNIA, PARA PERPETUAR AL MENOS SU NOMBRE.

Por: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
Cronista de El Rosario, Autor de seis libros de “Memorias Bajacalifornianas”; Escritor de genealogías, costumbres ancestrales, tradiciones e identidad peninsulares. Miembro de la séptima generación, de doce de la familia “Espinoza” en Baja california, de las cuales once han nacido en El Rosario, desde el año de 1800.
Patente 1660383. Se permite su eso y reproducción citando la fuente.


ANTECEDENTES HISTORICOS:

PRIMERO: El Rosario, Baja California, fue fundado cincuenta años antes que la República Mexicana existiera, siendo su fundación el día dos de julio de 1774, siendo asiento misional que derivo en pueblo.
SEGUNDO: Fue la primera misión fundada entre San Fernando Velicata y San Diego, Alta California.
TERCERO: Fue a partir del años de 1800 cuando se dio el asentamiento formal de las familias “Espinoza”,“Ortiz” y “Aguilar”, mismas que en la actualidad sus descendientes continúan residiendo en el lugar. En años posteriores se asentaron las también familias fundadoras “Marrón”, “Acevedo”, “Murillo”, “Arce”, “Montes”, “Pellejeros”,  “Vidaurrázaga”,  “Loya”, “Duarte”, “Collins”, “Sandez”, “Peralta”, “Valladolid”, “Villavicencio”, “Grosso”, “Rayle”, “Sotelo”, “Villegas”, “Benson”, “Seguapise”, “Casillas”, “Tena”, “Dueñas”, “Cota”, “Reseck”, “Meling”, entre muchas otras.
CUARTO: En 1849, el Gobernador de la península Rafael Espinoza, envió a El Rosario tropa para fundar la “Colonia Militar”, para salvaguardar la integridad de la nueva frontera mexicana, a raíz de la pérdida del norte de México a manos de los Estados Unidos de América. Otras de aquellas colonias se fundaron en Tucson, entonces Sonora, entre otras en territorios de los nuevos estados fronterizos.
QUINTO: Alcanzo categoría de “Pueblo” en 1858.
SEXTO: En el lapso de 1800 a 1900, El Rosario, junto con San Vicente, Santo Tomas, Real del Castillo, y Ensenada, fueron los principales centros de población de Baja California en su parte norte. Para la elevación del “Real del Castillo”, como capital de Baja California, en 1872, familias de El Rosario emigraron a ese lugar.
SEPTIMO: Desde antes de la fundación formal de Ensenada, el 12 de mayo de 1882, desde El Rosario partieron varias familias al naciente pueblo, entre otros “Espinoza”, “Marrón”, “Acevedo”.
OCTAVO: Para la fundación del nuevo pueblo de Tijuana, el 11 de julio de 1889, varias familias partieron de El Rosario, enriqueciendo a nuevo pueblo, destacando “Espinoza”, “Marrón”, “Montes”, “Duarte”, entre varias otras.
NOVENO: Años antes de la fundación de Mexicali, el 14 de marzo de 1903, muchas fueron las familias que desde El Rosario emigraron al valle, pudiendo citar a “Espinoza, “Montes”, “Valladolid”, “Duarte”, “Dueñas”,  “Loya”, que aún sobreviven en la comarca mexicalense, entre otras.
DECIMO: El Rosario, ancestralmente ha sido la puerta norte al gran desierto central de Baja California.
ONCEAVO: El Rosario, es conocido a nivel mundial en el campo científico por su geología, por las formaciones “El Rosario”, “Gallo”, “Punta Baja”, y “La Bocana”. A estos sitios de interés paleontológico, arqueológico y geológico son visitados anualmente, por motivos de investigación, por instituciones de varios países.
DOCEAVO: Descendiente de El Rosario, fue el diputado Constituyente  del Estado de Baja California, Dr. Francisco Dueñas Montes.
Treceavo: En 1950, un grupo de políticos intentó cambiarle el nombre a El Rosario, por el de un político, lo cual causo inconformidad y alteración importante en la población de aquellos días.

Los anteriores son solo algunos antecedentes de importancia vital,  para solicitar que EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, conserve su histórico nombre, y sea elevado a rango de “PATRIMONIO HISTORICO TANGIBLE DE BAJA CALIFORNIA”.

Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.
Responsable de la información histórica.
Correo Electrónico: ingespinoza_57@hotmail.com

Celular: 616 108 71 59.

sábado, 13 de septiembre de 2014

NATIVIDAD GARCIA MARRON

Nacida en el extinto pueblo minero de  El Mármol, Baja California, antes perteneciente a El Rosario.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
El Rosario, Baja California
A 09 de Septiembre de 2014.
Articulo 118
Patente. 1660383
Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, valoremos y preservemos nuestro legado.
Somos de Baja california, no de Baja.

Natividad García Marrón, mejor conocida como ¨Naty¨, nació en la mina de El Mármol, Baja California, el 25 de diciembre de 1908, fue la hija mayor de Ambrosio García Guerrero, oriundo de Mulege, Baja California Sur, y de Octaviana Marrón Ortega, originaria de El Rosario, Baja California. Sus abuelos paternos fueron Serapio García, y Refugio Guerrero, mientras que los maternos fueron Tomas Marrón Pellejeros, y Encarnación Ortega Espinoza.
Sus primeros cuatro años de vida los pasó en la propia mina, donde su padre se desempeñaba como caballerango de los carros de madera en los que se transportaban los bloques de ónix, desde la mina hasta el puerto de San Carlos, primero, y hasta el puerto de Santa Catarina, después. A la edad de cinco años su familia se trasladó a vivir al pueblo de El Rosario, Baja California, no así su padre, ya que el permaneció trabajando en la mina, visitando a la familia una vez al mes.
Hacia 1914, año en que dio inicio la primera guerra mundial, y en pleno auge la revolución mexicana, Naty fue testigo del ajusticiamiento de varios hombres en El Rosario, personas que el ejército perseguía y les había dado alcance en las cercanías del entonces rancho de don Manuel Valladolid, en cuyos pinos fueron ahorcados unos nueve hombres revolucionarios, ante la estupefacta mirada de los habitantes de El Rosario, incluyendo niños, entre los que se encontraba Naty. Tales hechos ocurrieron en el sitio donde actualmente se encuentra la escuela primaria ¨Francisco I. Madero¨.
Durante los hechos, un soldado se acercó a Naty, y le dijo. ¡No te asustes ni llores niña a ti nada te va a pasar! Esas palabras, y aquella acción retumbaron en su mente durante toda su vida.
Vivió Naty en El Rosario, hasta los dieciséis años de edad, en ese lapso fue alumna de la escuela elemental mixta número VI, siendo sus maestras Alejandra Legaspy, y Flora Castro, entre otras institutrices que radicaban por esos motivos en el pueblo.
A la edad de dieciséis años contrajo nupcias con William  ¨¨Willy¨¨ James Cochran Flores, pasaron a vivir a la mina de El Mármol, donde  Willy trabajaba, en cuyo lugar, antes de 1930, nacieron sus dos primeros hijos,  otros en El Rosario, y otros más en Ensenada.
En 1940, se radicó la familia en la calle novena de Ensenada, en una casa de madera estilo victoriano inglés, que aún existe, y que le compraron a un militar, que fue construida en ese lugar en 1906, la misma en San Diego, California, había sido edificada en 1886, lugar de donde se desmontó y trasladó a Ensenada en 1906.
Mientras que la familia se quedó de manera definitiva en Ensenada, Willy se ausentaba de casa por motivos de sus trabajos en la minería y en la construcción pesada en toda la península de Baja California, y en el vecino estado de Sonora, lugares de donde obtenía el sustento para los suyos, volviendo con los suyos, cuando tenía lo suficiente acumulado para llevarlo a casa.
Fue Naty, el pilar central, el corazón, la unidad de la familia, el brazo inquebrantable que apoyaba a su esposo y a sus hijos, quien con toda su energía sacó adelante todas y cada una de las obligaciones que la vida le impone a una madre, y esposa, que como tal, fue toda una dama. No existió nada que la hiciera caer, cuando a su alrededor muchas cosas se derrumbaban, ella continuaba de pie, pues sabía que el mantenerse firme, haría que los suyos y quienes la rodeaban siguieran su ejemplo, y llegaran a ser personas de bien.
Tuvo que pasar el trago amargo de perder a tres de sus niños, entre ellos el mayor, llamado ¨Guillermo¨, quien a corta edad, falleció de meningitis. Atendió y cuidó a la madre de su esposo durante ¨diecisiete años, y diecisiete meses¨, como ella lo decía, en referencia, que los primeros diecisiete años estaba enferma, aunque se valía en algo por sí misma, pero en los últimos diecisiete meses, estuvo completamente dependiente de Naty.
En una ocasión llegó un familiar de visita a la casa, aprovechó Naty para solicitar información del estado que guardaban los familiares en El Rosario.
¿Qué razón me das de Domingo mi hermano? le preguntó al visitante.
¿Oh, cómo es que no sabes que hace meses murió? Le contestó. Mientras tanto Naty casi desfallece ante tal noticia. Y es que las comunicaciones entre los pueblos de la península, en ocasiones tomaban largos periodos de tiempo en que unos supieran lo que a otros  les sucedía.
Otro duro golpe fue  la pérdida de su esposo, hecho ocurrido en 1974, y en 1981 la pérdida de su hija Olivia Alicia, cuando contaba ella con cuarenta años de edad. Ante tales golpes que la vida le propinó, continuó con la entereza que solo las damas saben cultivar, aquellas mujeres que ante nada se quiebran, que viven de manera estoica, y no desfallecen, y si lo hacen, tienen la sabiduría de reponerse, y no se dejan intimidar por mitos, leyendas, pasiones menores, sentimentalismos, malos entendidos, que muy al contrario, sacan fuerza y entereza, permaneciendo de pie ante cualquier calamidad, dando sujeción, cobijo y seguridad a los suyos, porque solo ese tipo de damas saben que la familia es lo más importante que una mujer puede llegar a formar. De ese tipo de damas fue Naty, a quien en la vida mucho le quede a deber, pues con vivir en su cercanía, la vida me entregó un tesoro en su amistad, cuidados, y atenciones que tan gentilmente me brindó.
Fue ella quien me apoyó en varias narrativas de mi primer libro ´LOS ROPSAREÑOS´, que publique en 1992, a siete años de su fallecimiento.
Brevemente le dedico éstas narraciones a la gran mujer que supo formar a gentes de bien, a la persona a quien tanto le quede a deber, que tanto me enseñó, y de quien aprendí que la vida es una sucesión de experiencias, algunas muy agradables, y otras sumamente dolorosas. Y como ella lo decía, por muy doloroso que algo nos resulte, si  la vida no lo puede sanar, la muerte podrá, porque al morir uno, todo termina, lo bueno y lo malo. Solo debemos tener presente que nuestro prestigio es algo que jamás morirá, es por eso que debemos trabajar en ser personas prestigiosas, para dejar grata memoria, y estar presente en los recuerdos de nuestros descendientes, por eso debemos estar con ellos mientras tengamos vida.

AUTOR DEL ARTÍCULO.
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
09 DE SEPTIEMBRE DE 2014.

NOTAS RELEVANTES. Natividad García Marrón y William James Cochran Flores, procrearon a nueve hijos. Guillermo primero, Elena Esther, Olga, Eduardo, Juan, Enrique, Guillermo Santiago, Olivia Alicia, y Carlos David.
Falleció el 9 de septiembre de 1985, en Ensenada, Baja California.
Fue la hermana mayor de mi abuela paterna María Visitación García Marrón.

Viví en su casa de septiembre de 1970 a agosto de 1976.

Natividad García Marrón de Cochran, década de los 1930´s. archivo Elena Esther Cochran García.

Natividad, Willy, algunos hijos y nietos. Ensenada, Baja  California, 21 de octubre de  1957.

sábado, 2 de agosto de 2014

LAURA DELIA ESPINOZA JAUREGUI.

Embajadora 2014-2015 de Rotaractat Distrito 4100, ¨Rotary Internacional¨, correspondiente a Baja California, Baja California Sur, Sonora, y Norte de Sinaloa, México.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
El Rosario, Baja California, México
02 de Agosto de 2014.
Articulo número 117
Patente 1660383.

Nuestras costumbres y tradiciones, son  cultura y conocimiento, valoremos nuestro legado.
Somos de Baja California, no de Baja.

              Los seres humanos, a pesar de lo imperfecto que somos, tenemos por naturaleza algunas virtudes, que bien atendidas, suelen convertir a ciertas personas, en personajes.
Desde que Laura nació, fue una niña relajada, tanto que no parecía que hubiera una niña donde se encontraba. Al paso del tiempo, mientras crecía, se fue compenetrando en las cosas y situaciones de su interés, al grado que se acostumbró a dedicar su entusiasmo y energía para lograr las metas que se trazó.
Como estudiante, siempre ha sido ampliamente dedicada a sus tareas, y como persona, ha sobresalido en varias disciplinas, no obstante las dificultades que se le han presentado, y las inseguridades que todas las personas presentamos cuando los problemas se nos vienen encima.
Ahora que se encuentra a punto de concluir sus estudios profesionales  de arquitectura, es la embajadora del distrito 4100 del Club Rotaract, que viene siendo la parte del Club Rotario, en el que se desenvuelven los jóvenes de ambos sexos, en edades entre 18 y 30 años, su nombre deriva del ¨Rotarios en Acción¨, siendo una organización de servicio humanitario. Embajadora le llaman los rotaractianos a la señorita que los representa, mientras que en otras organizaciones se les llama ´Reina´.
El Distrito del que Laura es Embajadora, corresponde a los estados de Baja California, Baja California Sur, Sonora, y Norte de Sinaloa, todos en la república mexicana, dentro de los cuales se encuentran, entre otros, los clubes Rotaract de Ensenada, Ensenada Calafia, Etchojoa, Hermosillo, Independencia, Los Mochis, Zuaque, Mexicali Industrial, Navojoa, Nogales, Nogales Sur, Rosarito, Tijuana, Tijuana Milenio, Minarete, y Tijuana Oeste.
Los jóvenes rotaractianos en todo el mundo se dedican a prestar servicios y apoyos a las personas más vulnerables de la sociedad, no importa la edad de los beneficiarios, pues van desde infantes hasta personas de edad avanzada.
Por otra parte, realizan actividades por el bien común de la sociedad, principalmente en sus ciudades de origen, con lo cual, dentro de la institución se adquieren valores, aumentan sus conocimientos su desarrollo personal, mientras promueven y se integran a proporcionar soluciones a las necesidades sociales predominantes dentro de sus comunidades, en búsqueda siempre de amistad y servicio. Fue fundado en 1968 en Estados Unidos de América, por ¨Rotary International¨, cuya filosofía en la conciencia y fraternidad internacional.
El entrante mes de diciembre de 2014, Laura concluirá sus estudios profesionales, y estaremos al pendiente de sus nuevas metas, para brindarle el apoyo que se encuentre a nuestro alcance.
Nada fácil es para un padre, hablar en primera persona, con respecto a los logros de los hijos, sin que vaya a ser malinterpretado, sin embargo, haciendo a un lado cualquier prejuicio, creo que se debe resaltar a nuestros valores, que se debe siempre reconocer los triunfos de otros individuos y que, tratándose de una de mis hijas, agradezco a la vida el permitirme saberla triunfadora, pues sé que es una valiosa persona, de quien me enorgullezco, y la valoro en todo lo que cabe, manifestándole que no repare en las imperfecciones en las que todos los seres humanos estamos inmersos siempre, sin importar la edad, y, que tampoco sea tan dura consigo misma, pues la vida se aprende a vivir, viviéndola…
Sigue siempre adelante Laura, ya sabes cuál es el camino. Con cariño. Papá.



sábado, 16 de noviembre de 2013

BAJA CALIFORNIA EN EL “INTERIOR” DE MEXICO: SEGUN LOS CAPITALINOS.

“¡Pobre México, tan lejos de Dios, y tan cerca de Estados Unidos!”: Porfirio Diaz.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
El Rosario, Baja California
Artículo número 116
Somos de Baja California, no de ‘Baja’
“Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, valoremos y protejamos nuestro legado”.

        Sólo es cuestión de  darle una ligera mirada al mapa de la república mexicana, y claramente se  aprecia que Baja California, está en la orilla del país, y no en el interior, como los funcionarios mexicanos capitalinos lo creen y lo dicen.
Y si continuamos observando el mapa de México, se aprecia que los que están en el interior del país son ellos, y no nosotros los peninsulares Bajacalifornianos, y todas las regiones mexicanas de la orilla de México.
Tampoco somos ‘provincia’, ni provincianos, al menos no con el desdén con que ellos lo manifiestan; estamos en el norte de la península, lo cual no significa que seamos Baja California Norte, y mucho menos que pertenezcamos a Estados Unidos, ni seamos pro norteamericanos, hablamos  español, y no inglés, como muchos en el ‘interior’ del país lo creen. Somos Mexicanos de la Baja California, que hemos sido vistos con el desaire por el mando central. Y hasta los estadounidenses se niegan a mencionar que somos la California mexicana, lo cual es también desdén, pues para ellos somos solamente Baja, aunque ya muchos desarraigados, y mal orientados de aquí lo aceptan, y pomposamente en negocios y deportes se promueven como tal. Estamos pues, acorralados entre el centralismo mandón mexicano, y el impuesto modismo norteamericano, queriéndonos imponer nombre a su modo.
       Para las familias centenarias de Baja California, el sur, es Baja California Sur, y no el sur de México, y es que aquella parte de la nación, para nosotros es el ‘interior’, o simplemente es México. Para nosotros no existe distinción entre Baja California, y Baja California Sur, nos entendemos todos como Bajacalifornianos, o como peninsulares a secas.
       A lo largo de la historia, tanto en manos de España, como en las de México la península ha  estado aislada, prácticamente olvidada del resto del país, aquí les teníamos miedo, y desconfianza a los hombres que llegaban solos del interior, porque la mayoría de las veces llegaban en franca huida, por deudas de todo tipo que dejaban en sus lugares de origen, incluso por asesinatos, quedando comprobado al paso del tiempo, pues llegaban otros en su búsqueda y los mataban; a ellos, los peninsulares los conocemos como chúntaros, tagualilas, cuchis, cuchibriachis, y guachos; y a los mal portados o creídos, que llegan de la capital, los conocemos como mexiquillos. En Baja California, sólo se les brindaba confianza si es que llegaban con familia.
    Fue hasta la década de los 1970’s, tiempos en que se construyó la carretera transpeninsular, que unió a la península, cuando los residentes de los pueblos a lo largo de la geografía peninsular, poco a poco, fuimos conociendo los bienes producidos en México, porque antes de esos tiempos, todas las mercancías, bienes y servicios, muy escasos por cierto, eran producidos artesanalmente, o por protoindustrias de algunos peninsulares, o bien, llegaban por barco, en carretas y camiones, desde Estados Unidos de América.
El espacio de tiempo transcurrido entre 1822 a 1972, ciento cincuenta años, casi en su totalidad la vida productiva era de subsistencia,  algunos bienes llegaban del otro lado de la frontera, y nada de México.
Sabíamos que no se pavimentaban los caminos y senderos peninsulares, ni se construían grandes obras, por el temor de gobiernos mexicanos a la invasión gringa; como que se justificaban con esa manera de pensar: ¡Para qué invertir en la Baja California, si la desean los del norte!
   Sin embargo aquel miedo de gobernantes de antaño, parece que ya lo perdieron los actuales, aunque más bien no les importa, pues la península ya está casi llena de extranjeros, no se diga en las playas. Incluso el congreso federal ha trabajado en leyes y reglamentos para permitir que sean vendidas a cualquiera, sea del país o extranjero, las tierras mexicanas, desde la orilla del mar, hasta cien kilómetros tierra adentro, con lo cual la península quedará muy pronto en manos del mejor postor, por no decir que de extranjeros, pues su anchura en promedio es de ciento veinte kilómetros, flanqueada por dos mares. Tierra bajacaliforniana hará falta para ser entregada a los de billetera grande.
Para los políticos mexicanos de la capital, sienten que la Baja California, y el resto del país, son patios de sus casas, son sus feudos, sus tierras del reino, y nosotros los habitantes de por acá, para los capitalinos mandamás, somos poco menos que menores de edad, creen que no sabemos tomar decisiones, como que aquí no sopla el aire. Les daré unos pocos ejemplos:
Si se trata de pagar, cancelar, corregir, o cambiar, cualquier bien, como una tarjeta de crédito, la devolución de pagos en exceso, telefonía, o cualquiera otra necesidad de la vida cotidiana, siempre se tiene que hablar a México capital, como si nosotros en “sus provincias” no tuviéramos gente capaz de realizar esas, y tareas de mayor complejidad. Lo primero que escuchamos en la bocina telefónica: ¿De dónde hablaaaa?, ¿De Baja California Norteeee?
No trate un rustico ‘provinciano’ de solicitar una concesión o permiso para cualquier ramo de la economía, como pesca, minería, ganadería, o lo que sea, porque de inmediato hay que iniciar tramites en México o en ‘sus ventanillas únicas en los estados’, donde nada se resuelve si no es con la venia de nuestros gloriosos burócratas y funcionarios de la capital; así inicia el calvario de dar vueltas y vueltas a ver a los chilangos, gastando lo que no se tiene, y la mayoría de las veces cayendo en sobornos, ya sean económicos, políticos, o cualquier desfachatez que se le ocurra a los sabios que  se encuentran durante los tormentosos e interminables caminos de los tramites oficiales, llenos de piedras, y el manejo indiscriminado del ‘influyentismo’ burocrático, político, económico, más lo que a ellos se les ocurra.
Y todavía los funcionarios de la capital, y los políticos de “Más arriba” que padecemos todos los mexicanos, se atreven a decir que en México se tiene plena libertad, ya que es una república federada, con libre soberanía en los estados, como si no se notara que aún vivimos en gran parte como en el reino de los aztecas, siendo paulatinamente reforzado por los parlanchines de todos los días en las televisoras de transmisión nacional”: ¡Qué flojera!
          Y parafraseando a Porfirio Diaz: ¡Pobre Baja California,…!, Yo agregaría: Pobres Bajacalifornianos, tan lejos de Dios, y tan aplastados por el manejo central.
       Sin olvidar, ni dejar de mencionar, que también infinidad de políticos y funcionarios bajacalifornianos, en cuestión de manipulación, conveniencias, simulación y, en una sarta de sus ‘gracias’, no cantan nada mal las rancheras. Digan lo que digan; hagan lo que hagan, tanto los de aquí como los de allá, las cosas son así, por eso el pueblo y la historia los juzga.
       Conste que no digo nada del pueblo mexicano en general, pues no son ellos con quienes batallamos, y son pueblo al igual que nosotros, sino más bien hablo del trato que nos han dado desde siempre las autoridades, que antes que eso, son políticos, y actúan como tal, antes que por el bienestar del pueblo al que se deben, al que tan pronto llegan al poder, lo olvidan.
 Para nada soy partidario de Porfirio Diaz.
Vivimos y somos del “El otro México”, como lo dijo Fernando Jordán.





AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
15 DE NOVIEMBRE DE 2013.

El presente trabajo es propiedad del autor, quien lo protege bajo patente 1660383.
Foto satelital de la península de Baja California














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