"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

domingo, 28 de noviembre de 2010

RIGOBERTO MARTIN DEL CAMPO MARRON:


TATARANIETO DEL NORTEAMERICANO: JULIAN JESSE AMES, Y DE LA ROSAREÑA: PERFECTA ESCOLASTICA ESPINOZA CASTRO.

Nacido dentro de las mas antiguas costumbres y tradiciones bajacalifornianas, es Rigoberto “Rigo” Martín del Campo Marrón, una de las versadas personas, con amplios conocimientos de nuestras costumbres ancestrales, las conoce por haberlas vivido, y por haber nacido dentro de ellas, es la razón principal que lo llevan a pregonarlas, a defenderlas, y no solo eso, también las ha escrito para que sus familiares mas cercanos no las olviden.

En nuestras pláticas le he propuesto que las publique, sin embargo no lo quiere hacer de momento, pues afirma:

¡Solo las escribí, para que no se pierdan, siendo además una manera de recorrer el camino hacia los recuerdos, y vivencias aquellas!

Y aunque afirma que es de mala memoria, maneja tal cantidad de información, que la bastedad de sus datos fácilmente le darían varios libros de nuestra historia, principalmente las de Playas de Rosarito, La Misión, El Descanso, Tijuana, Tecate, y San José de la Zorra; Cueros de Venado, y la Presa Abelardo L. Rodríguez; como en los siguientes párrafos se podrán leer algunos de los cientos de nombres de personas, lugares, y hechos que maneja.

Nacido en Tijuana, entonces Territorio Norte de la Baja California, a las siete de la tarde del día 3 de marzo de 1941, es descendiente tanto de el linaje Marrón, como del Linaje Espinoza, ambos con origen en los primeros días en que Baja California, era llamada solo como “California”. Desciende además de linajes de Zacatecas, y de Jalisco.

Sencillas, amables, y generosamente honestas son las narraciones de “Rigo”, quien es enteramente bajacaliforniano, ya que su hablar, su vestir, y sus modos de vida lo delatan en cuanto se le conoce un poco.

Nacido en Tijuana, y criado en el rancho “La Pila”, donde transcurrieron sus primeros siete años de vida, le tocó como a cualquier peninsular ranchero, vivir entre aves de corral, ganado vacuno, caballar, y silvestres. Recuerda que en su casa tenían gallinas, patos, gansos, además de perros, y gatos; y que los siempre embravecidos gansos cuidaban del rancho mejor que los perros; que vivía además una becerra que le llamaban “La Lepe”, que era muy buena para dar de topes, y que ellos se cuidaban cuando eran niños del embate de “La Lepe”, de los gansos, y de los atropellos de los borregos. Su madre los mandaba a él y a su hermano menor, “Sergio”, para que metieran leña para la estufa, agua para la cocina, o que fueran a traer el petróleo para las lámparas, hasta por allá a la tienda que se encontraba muy lejos, y ya de regreso el galón aumentaba de peso conforme caminaban, y la distancia parecía no aminorar.

Sus juegos preferidos eran los vaqueros arreando el ganado; para lo cual con huesos de paleta de res que apoyaban en el suelo dejaban marcas como de pisadas de vacas, y ese era el sendero de las arreadas, así que tanto Rigo, como Sergio, eran vaqueros de los meros buenos, solo que tanto el ganado como el arreo era imaginario, ya que a los seis o siete años de edad en realidad no les tocaba arrear mas que en la imaginación.

Entre sus juegos imaginarios de aquellos tiempos, cuando aquí no existían juguetes de fabrica, o al menos era muy remoto verlos, y mas tenerlos: Eran los soldados, y los generales, su otro juego preferido: El ejercito se componía de una gran numero de casquillos de tiros de .22, de escopeta 6, y 12, de 30-30, de 30-06, y de pistolas; los tales casquillos abundaban en el rancho: Rigo y Sergio los juntaban, los alineaban, de manera que los casquillos chicos representaban a los soldados, los grandes eran los generales; colocados como a dos metros de distancia un “Ejercito” frente al otro, iniciaban los disparos con un cañón que era la mano, y cuyas balas eran canicas, así que quien primero terminaba con el enemigo, era el ganador del juego: ¡Tiradero de soldados que quedaban por todo el campo de batalla!: Recuerda Rigo.

Fue en ese entonces en que conoció y comió por primera vez las tortillas de maíz, ya que aquí en Baja California no se acostumbraban desde siempre, solo las de harina.

Con su padre trabajaba una familia que vivían en una casita cerca de los corrales, se llamaban Felipe y su esposa Jesús “Chuchi”, ellos desgranaban las mazorcas en una gran tina, luego remojaban el maíz, después le atizaban, y al hervir le agregaban cal, que en un rato ya estaba cocido, entonces lo llamaban “Nixtamal”, lo lavaban, luego lo molían en molino de mano, y después en metate le daban una segunda molida, y de esta masa obtenían unas muy sabrosas tortillas: Alimento básico de México, sin embargo aquí en la península no se conocían; Yo nunca había comido tortillas de maíz, afirma Rigo.

Su padre, que era un diestro vaquero, junto con varios parientes y amigos de los ranchos vecinos, habían ido a correr caballada, que pastaban en “La Mesa de los Indios”, en La Misión; a veces eran de los “Mesteños”, y otras veces de los ya amansados.

Recuerda Rigo que en una ocasión su padre lo dejó al pendiente para que en cuanto viera que se acercaba la caballada que traerían ellos arreando, debía abrir la puerta del potrero para que entraran y ya no se regresaran a la montaña; y a mucho de esperar, y esperar, se enfadó que no llegaban los vaqueros con los caballos, así que se bajó del caballo, y en una distracción, de repente escuchó y vio que se acercaban a toda velocidad aquella gran cantidad de caballos, que ya no le dieron tiempo de llegar al portón, por mas que corrió, así que los caballos dieron vuelta y se regresaron a las mesas altas; o sea que con esa acción les echó a perder todo un día de trabajo a todos sus mayores: ¡Esa fue la única vez que mi padre me dio de azotes!

Cuando salían de La Misión con rumbo a Tijuana, muchas veces a caballo, y en otras en carro, en otras ocasiones viajábamos en la diligencia, que era como se les llamaba entonces a los camiones de pasajeros, que por cierto eran muy pocos, ya que en aquellos tiempos eran grandes soledades, solo existían ranchos esparcidos por toda la distancia:

Cuando viajábamos en la diligencia, de La Misión a Tijuana, dejábamos el carro en casa de mi tío Alberto “Tejano” Crosthwiate, quien vivía en la orilla del camino, pasando el puente, de ahí nos regresábamos a pie a la escuela ejidal, pues ahí paraba “La diligencia” que venia desde Ensenada, hasta Tijuana; y como todos nos conocíamos, al subir a la diligencia saludábamos a todos, por lo regular eran gentes de los ranchos: “Las Chichihuas”, “El Junco”, “Santa Rosa”, “La Mina”, “La mesa del Tigre”; en ese tiempo no existía la carretera escénica, ni cuando.

Mi madre y todos los de su edad, y los de antes que ella, al camión le llamaban: Diligencia; al sitio donde se subía el pasaje, le llamaban: La Posta; Al automóvil: La Maquina.

Durante el viaje de La Misión a Tijuana, primero se llegaba al rancho de ”Los Alisitos” de mi tío Heberto Crosthwaite, adelantito “El Mesquitito”, donde ahora es “La Fonda”; ahí había un grupo de soldados que operaban durante la segunda guerra mundial unos radares, o antenas; Seguía la cantina “Medio Camino”, que por cierto en dos ocasiones en ese lugar, mis padres y hermanos recibimos el año nuevo; en ese mismo lugar la gente bailaba; el ambiente era amenizado por unos músicos, que desde arriba del templete, observaban que la gente le depositara un tostón de dólar en una alcancía que era un gato verde; nomás caía una moneda iniciaba una canción, mientras se depositara en el gato verde, la música no paraba: ¡No había monedas, no había música; tostón gringo costaba cada pieza: El dinero mexicano no circulaba aquí entonces!.

En este mismo lugar el padre de Rigo, jugaba muchas carreras de caballos “Parejeras”, por lo regular el cinco de mayo, el dieciséis de septiembre, y el veinte de noviembre.

Después rumbo al norte seguía la cantina “El Descanso”, propiedad del señor Otto Moller, que por cierto fue presidente municipal en Mexicali; colgaba en un muro de su cantina una foto de cuando casó al famoso artista Rodolfo Valentino y a Natasha Rambova; a la muerte de Moller, el lugar se quemó, sin que en la actualidad se encuentre ni el menor rastro.

Seguía el restaurante “La Posta” propiedad de mi tío Alfredo Crosthwaite, y su esposa la rosareña Lucia Cota Fernández: Le había puesto “La Posta”, pues el trabajó en el correo de Tijuana a Ensenada en la década de los treinta del siglo veinte.

Seguía la casa de Daniel Gilbert; y en su frente se encuentra el rancho que fue de Juan Loperena, y mi tía “Chunki” Crosthwaite Ceseña, y un poco adentro cerca de ahí el rancho de mi tía Manuela Machado.

Luego seguía el rancho “El Medano” de mi tía Toñita Macias de Gilbert, así como los ranchos de sus hijos: Tomas, Juan, Ramón, “Chelo”; y un poco mas a la rinconada rancho “El Gato” de Don Abraham Gilbert; mientras que a un lado del camino el rancho del señor Alberto Orta llamado “Cantamar”, luego de Alejandro Borja, y en nuestros días es de su hijo Carlos Borja.

El restaurante “Puerto Nuevo” era de don Jesús, suegro de José Macias, hijo de mi tía Manuela Machado de Macias; atrás de este rancho en la orilla del mar, se encontraban dos campos de pescadores ribereños.

Seguía el restaurante “Don Pancho”, donde servían mariscos, y comida mexicana típica: cuyo lugar era adornado con unos caracoles petrificados de inmenso tamaño; su propietario era Don Francisco “Pancho” Galván: Galván era compadre de Roy Manzir, hijo de Francisco Manzir del rancho “El Compadre” de la sierra de Juárez, de Ensenada.

Desde el restaurante “Don Pancho” hacia el norte viajábamos hasta llegar a “El Morro”, ahí se encontraban varias casas, sin embargo solo conocí a Don Eleno Estrada, quien era fayuquero, y vendía pan dulce; vivía también en ese lugar Don “Tacho” Cortes, que era pescador, originario de Sn José del Cabo, Baja California Sur.

Luego pasando “Calafia” había un pequeño puesto donde vendían carnada para pescar, y sodas, su dueño era Don Luis.

Seguía el rancho “Cuevas”, que ahora son los estudios “Fox” de cinematografía; aquí, en aquel tiempo solo existían dos construcciones de piedra, que eran propiedad de don Chale Cuevas; él le decía a mi papa: ¡Oye Lolo, regálame a este cab… chamaco; para qué lo quieres, al cabo tú ya tienes otro!: El chamaco era mi hermano Sergio, y el otro, era yo; dice Rigo. Por cierto que Chale Cuevas, era hermano del empresario de artistas Teofilo Cuevas, muy conocido en Tijuana.

Después seguía un rancho que tenía un letrerito que decía: “Rancho La Barca”, se encontraba a la orilla del mar, y muy cerca de ahí, estaba “La Encantada”, playa que tomo gran fama por sus paseos y sus lunadas, y también por la gran cantidad de personas que ahí se han ahogado.

Seguía la cantina “La Paloma”, muy frecuentada por los viajeros, y según platicas de mi madre, en ese sitio conoció a la cantante “Lucha” Reyes, la que no usaba micrófono para cantar.

Seguía “Rene’s Place” de Don Juan Ortiz, que paso a manos de su hijo Rene Ortiz Campoy; y enseguida se encontraba un taller mecánico, con una estación de gasolina.

Luego se llegaba al pueblito de Rosarito, cuyas construcciones “Rosarito Beach Hotel”, y “La Quinta Alberto”, -hoy quinta Santa María-, fueron construcciones que siempre me impresionaron, por cierto que contaban con pista de aterrizaje para avionetas, la que quedaba junto al mar, en la parte trasera de los edificios. En una ocasión uno de mis tíos sacó del mar a Juan Rodríguez Sullivan cuando con su avioneta cayó al mar, habiendo levantado vuelo desde la pista del hotel “Rosarito Beach”: Fue hijo del general Abelardo L. Rodríguez.

Enfrente del Hotel Rosarito Beach, se encontraba la tienda de Don Ramón León, que era el lugar donde mi padre surtía las provisiones de la casa.

Los últimos ranchos ya para llegar a Tijuana eran los de: Don Gilberto Gilbert Machado, hoy establos de “La Jersey” de Don Héctor Jiménez; luego seguía el rancho de Eusebio “Chevo” Gilbert Machado, y luego la casa de sus padres Don Eusebio Gilbert Yorba, y Doña Juanita Machado: Don Eusebio viejo, era primo hermano de mi abuela Martina Crosthwaite Gilbert.

Seguía el rancho del español Don Eduardo Yagues Jarquez, quien era un gran borreguero, por cierto yerno de Don Alfredo Ames.

Luego seguía el rancho de Don Eduardo Gilbert, que se localizaba a lado de la desaparecida escuela “Independencia”, siendo este el más norteño de los ranchos de Rosarito.

Luego seguía la empinada “Cuesta Blanca”, la que a duras penas subía “La Diligencia”, desde lo alto, y a lo lejos se divisaba el rancho “La Nopalera” de Don Alfredo Ames, quien era primo hermano de mi abuelo Juan Marrón Ames.

Y cuando al fin subíamos la Cuesta Blanca, pasábamos por la cantina “La Gloria”, construcción de agradable aspecto, rodeada de árboles, sobretodo muchos olivos.

Seguía la casa de Don José Solís; luego llegábamos a lo que hoy es el cuartel y campo militar; y desde ahí una agradable bajada pasando por “El Aguaje de la Tuna”, “la Pedrera”, hasta llegar al bulevar “Agua Caliente”, ya en pleno pueblo de Tijuana, que era en realidad una pequeña ciudad.

El viaje desde la Misión a Tijuana era de una hora y media, si no existía algún contratiempo, como la ponchadura de una llanta, o que se calentara la Diligencia.

No olvido que cuando mis abuelos y los de su época nacieron: No existían los automóviles, el medio de transporte eran solo carromatos de mulas, a caballo, mula, burro, o a pie.

Lo mismo era cuando viajábamos desde la calle primera de Tijuana, hasta la presa Abelardo L. Rodríguez”, era como ir a otra ciudad, pasando por muchos ranchitos, y sembradíos, hasta llegar a un muellecito que estaba al llegar a la Presa.

La primera vez que fuimos en familia a pescar, fue en 1948, los pescados que aquella vez pescaron mis tíos Juan y Jesús Limón Correa, los fuimos a preparar para la cena a un restaurante del pueblo de “La Presa”, que aun existe.

Algunas de las personas fundadoras del pueblo de “La Presa” que conocí, fueron: Felipe Cavaba, Pedro y Macario Rayle, y a José Preciado. La familia Preciado tiene más de cien año de radicar en ese sitio.

Íbamos también de día de campo a “Las Pozas Azules”, que se encontraban mas debajo de la cortina de la Presa Abelardo L. Rodríguez”.

Otro de los viajes agradables eran los del “trenecito”, que salía de Tijuana a La Rumorosa, y Mexicali: El día 24 de diciembre de 1947, mi tío Jesús Martín del Campo, y yo abordamos el tren que iba para Mexicali; lo hicimos en la misma terminal que aun existe del lado mexicano en la línea internacional en Tijuana.

Todo el personal del tren era estadounidense, el tren era de vapor, y cuando arrancaba se llenaban de vapor los carros, sin que se pudiera ver nada hacia fuera, solo se despejaba cuando ya llevaba cierta velocidad, dejando atrás el vapor, esto era mas o menos como donde ahora se encuentra el Hospital General, en la zona río.

La primer parada era en la estación del kilómetro 12, luego en Valle redondo, donde cargaban agua al tren; siguiendo cuesta arriba con rumbo a Tecate, y luego de cruzar la estación de ese lugar, como dos kilómetros adelante el trenecito se internaba a Estados Unidos; para ese entonces ya habíamos pasado los dos túneles de la Presa “Abelardo L. Rodríguez”, aunque aun faltaban diecinueve mas.

Del lado estadounidense recuerdo las estaciones de Jacumba y la de Campo, California; Cuando bajaba la Rumorosa era a vuelta de rueda, con abismos enormes que causaban terrible miedo en el niño que entonces fui.

El trenecito llegaba a El Centro, California, y desde ahí viajaba al sur hasta Calexico; donde nos hacían esperar como media hora, pues no se permitía bajar a nadie; luego llegaba otra locomotora, que se enganchaba y nos llevaba a Mexicali: El servicio de éstos viajes se suspendió en 1951.

No esta por demás comentar que cuando llegamos a Mexicali a casa de mi tia Panchita que era donde pensábamos pasar navidad; no estaban, se habían ido a Tijuana a pasar la navidad allá. Mi tío abrió la casa a como pudo, y ahí pernoctamos aquella noche; por la mañana le pidió dinero prestado a la vecina de mi tía, para poder regresarnos a Tijuana, como así lo hicimos en la diligencia de las amarillas, unas muy trompudas.

Esa diligencia iba a media capacidad, cuando pasamos la Laguna Salda, nos internamos por el arroyo de La Rumorosa, y luego hacia arriba, por un camino que todo era de terracería, que había mandado construido el Coronel Esteban Cantú Jiménez, por allá antes de 1920, y se conocía como: Camino Nacional.

El tal camino era muy angosto, cuando un camión subía, tenia el derecho de vía, mientras que el que bajaba, debía hacerse a un lado. Para los autos no era muy problemático, en realidad los problemas eran para los camiones grandes y diligencias.

Recuerdo que cuando íbamos subiendo los precipicios eran el paisaje predominante; la diligencia por lo largo no podía dar vuelta en las curvas; le daba un entre, y luego de reversa; aquí entraba el ayudante del chofer, quien se bajaba con un barrote de madera que colocaba en las ruedas, para que no se despeñara la diligencia, así que los viajeros que iban hasta atrás, quedaban en pleno voladero. La subida duraba mas de cuatro horas, solo La Rumorosa, y eso si no había “trafico”.

Eran aquellos abnegados chóferes hombres rudos, con temple de acero: Mis tíos abuelo Rito Martín del Campo, y su hijo Agustín Martín del Campo, fueron de los chóferes pioneros, en la ruta a Mexicali, y también hacia el Sur de la península, hasta El Arco, en el paralelo 28; es por esta razón que la terminal de camiones de Tijuana lleva el nombre de: “Terminal Agustín Martín del Campo”.

En los años en que mi bisabuelo Francisco Crosthwaite termino de construir su rancho, ya había obtenido títulos de propiedad del Presidente Benito Juárez, quien queriendo hacerse de recursos para defender el país de la intervención francesa, vendió infinidad de terrenos en Baja California, que es donde nos consta; Así que esas propiedades a lo largo de toda la península, no eran “terrenos Nacionales”, no, eran comprados por nuestros pioneros, y titulados por el gobierno de Juárez. Pero llegó un día, en que Lázaro Cárdenas, también presidente lanzó a “Los ejidatarios”, sobre nuestras familias. Incluso a finales del siglo diecinueve Estados Unidos, pretendía abiertamente quedarse con la península, así que fueron nuestros abuelos, bisabuelos, y tatarabuelos quienes la protegieron, pues a México le urgía colonizarla; haciéndose esto con nuestras familias que prefirieron quedarse del lado mexicano, y no del estadounidense.

Y solo por mencionar a nuestros antepasados defensores de la península, tenemos a: La familia Crosthwaite, Gilbert, Ames, Espinoza, Meléndrez, y tantas otras que participaran, los primeros en defenderse de la invasión del filibustero de Isaac Van Ness en 1851.

Sin tomar en cuenta la legalidad jurídica de las propiedades, de nada les valió a los sordos, y mudos representantes del gobierno de Lázaro Cárdenas; pues no debemos olvidar que en la década de los mil novecientos treinta, en Baja California, existían miles de hectáreas de terrenos nacionales, sin reclamar aun, y donde muy bien habrían podido asentar a los necesitaban tierras; y no como lo hicieron en propiedades privadas, tituladas, y pagando impuestos. Aquellos infames, nada escucharon, y fue muy poco lo que se pudo hacer en protección de nuestros bienes, que en realidad si les dejaron el veinticinco por ciento de su propiedad original; sólo que les dejaron solo cerros, y paramos yermos.

No está por demás comentar que lo mismo sucedió en mi tierra El Rosario, en 1961, a manos del entonces gobernador de Baja California, Eligio Esquivel Méndez. Esto sucedió en toda la geografía de nuestro Estado.

Las historias de Rigoberto Martín del Campo Marrón, son interminables, son tantas, como las que ha vivido en su existencia.

Fue mi deseo entrevistarlo y dejar asentadas algunas muy pocas de las muchas relaciones que sabe, y que vivió; ya que recuerdo que en mi niñez, en El Rosario, nuestros mayores siempre recordaban a los parientes del norte; y ahora que pude, que tuve la oportunidad que la vida me dio, para conocerlo, y que gracias a su generoso apoyo, dejo esta entrevista de mi buen pariente en el tiempo “Rigo”, el que según él, es de mala memoria…

Tiene escritos infinidad de datos de vital importancia para la historiografía de la región norte peninsular, la cercana a la frontera de México con Estados Unidos, por ambos lados, de muchas de las familias primigenias.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

INGENIERO ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO

SABADO 27 DE NOVIEMBRE DEL 2010.

NOTAS RELEVANTES:

Por lado paterno Rigoberto desciende de José Dolores Martín del Campo Rodríguez, nacido en Estanzuela, Zacatecas, el 13 de marzo de 1910, y fallecido el 3 de septiembre de 1971. Había llegado a Tijuana, en 1928, después de fuertes problemas en la guerra cristera.

Su abuelo paterno se llamó: Librado Martín del Campo Ledesma, nació en Yahualica, Jalisco, el 17 de agosto de 1880.

Su bisabuelo paterno fue: Ignacio Martín del Campo, apodado “El Bordado”, nació en 1855, y su esposa Cruz en 1857. Aunque conoce “Rigo” mucho más de sus ancestros paternos, por esta vez, hasta aquí la dejamos.

Por el lado materno, es descendiente de familias bajacalifornianas pioneras:

Su madre: Enedina Marcolfa Marrón Crosthwaite, nacida el 3 de abril de 1916, en el Rancho “La Zorra”, de Ensenada, Baja California. Aunque siempre vivió en San isidro, California, Estados Unidos.

Los hermanos de su madre fueron catorce, que para cuando “Rigo” nació habían fallecido ocho, así que conoció a: Leopoldo Ruperto “Pollón Marrón”; Matilde “Tilly”; Aurora “Yoya”; Enedina Marcolfa; Lidia “Bibi”; Elodia, y Armando. A los tíos que no conocí, están sepultados en el panteón de la Misión, y de los que recuerdo fueron: Virginia, Leoncio, Elodia, Baudelia, Theresa, y Gilberto: Hubo dos Elodias.

Abuelo Materno fue: Juan Marrón Cruz, nacido en 1882 en Estados Unidos, fallecido en 1948. (Tíos abuelos, hermanos de Juan Marrón Cruz, fueron: Daniel, José, Guadalupe, Mary, Francisca, y Natividad que nació el 25 de diciembre de 1867, y Theresa; fueron quince en total, y nacieron todos en Dulzura, California, Estados Unidos).

Abuela Materna: Martina Clara Crosthwaite Gilbert nació en La Misión el 11 de julio de 1890, y falleció en La Misión, Municipio de Ensenada, territorio norte de la Baja California. Sus abuelos maternos se casaron en San Diego California en marzo de 1909, y en Ensenada, el 30 de enero de 1911.

Los otros bisabuelos padres de su abuela Martina Clara Crosthwaite Gilbert, fueron: Francisco Crosthwaite López, y Martina Gilbert Verdugo.

Tatarabuelos maternos fueron: Phillipe Crosthwaite, nacido en Athy, Irlanda en 1825, y fallecido el 19 de febrero de 1903. La esposa de Phillipe fue: María Josefa López, originaria de San Diego, California: Se casaron en San Diego, el 10 de agosto de 1848. Phillipe había llegado a San Diego, Alta California, México, en 1845.

Tatarabuelos Maternos por la otra punta: Julián Jesse Ames, nacido en 1803, en Carolina del Norte, casado en san Diego con la rosareña Perfecta Escolástica Espinoza Castro, Nacida en El Rosario en 1821, y fallecida en san Diego en 1890.

Debo destacar que en nuestra familia “Espinoza”, a Perfecta Escolástica se le ubica haber nacido a principios de la década de los 1790, y que se casa con Ames en El Rosario, hacia 1807. De donde salieron hacia 1850, con rumbo al Norte: La Grulla, y Rancho El Rosarito”, hoy Playas de Rosarito. Según Pablo L. Martínez, en su guía familiar de Baja California, ubica a ambos fallecidos y sepultados en El Rosario, lo que también nuestras tradiciones indican”: Perfecta Escolástica fue hermana de nuestro fundador en El Rosario, Carlos, e hijos del español Juan Nepomuceno Espinoza, y dela Guaycura-Cochimi Loreto Castro, mejor conocida desde 1778, como: “Mama Espinoza”, y después “Nanita Loreto: Juan Nepomuceno fundador “Espinoza” en Baja California, falleció en el paraje de San Juan de Dios, en la Sierra de El Rosario, en 1799; y su esposa Loreto en casa de su hijo Carlos en El Rosario, en 1838; el mismo año, y la misma casa en que nació José del Carmen Espinoza Salgado, el hijo varón que sobrevivió de Carlos Espinoza Castro y María Dolores Salgado Camacho.

Bisabuelo materno: Juan María Marrón, nacido en San Ignacio, partido centro de San Ignacio, Baja California.

Bisabuela materna: Martina Ames Espinoza, nacida en La Grulla, Ensenada, el 14 de marzo de 1844.

Bisabuela materna: Matilda Florentina Ames Espinoza de Marrón: Nació el 14 de marzo de 1844, en La Grulla, Ensenada, y falleció en San Diego, California el 19 de febrero de 1903. Lo cual concuerda con nuestras tradiciones de haberse asentado la familia en “La Grulla”.

De los hijos de la bisabuela Martina Florentina Ames Espinoza, y Juan María Marrón, fueron: Natividad nacida el 25 de diciembre de 1867; Daniel quien murió en Denver, Colorado; José o Joe, quien tuvo problemas por pleitos de tierras con un tal García de San Diego, y lo mató en defensa propia, siendo sus testigos de tales hechos (de la defensa propia), Teodoro Gilbert; quien en viaje a su rancho en la sierra de Juárez, fue asesinado junto con su acompañante José Yorba. Después Daniel, hermano de Joe, mato a los que mandaron matar a Teodoro Gilbert, y a José Yorba. Esta fue la razón por la que Daniel Marrón, y hermanos no pudieron regresar a México, perdiendo sus ranchos: “El Topo”, y otro cercano a San Valentín, el primero en la sierra de Juárez, y el segundo en Tecate.

Rigoberto Martín del Campo Marrón se caso con Elvia Concepción Aguilar Angulo, el día 25 de julio de 1969: Ella aunque nacida en Tijuana, es descendiente de las antiguas familias de Santa Agueda, Baja California Sur, en la sierra de Santa Rosalía, en el golfo de California; es descendiente de la familia Angulo de El Triunfo, Baja California Sur.

Sus hijos son: Rigoberto, Verónica, y Berenice, los tres nacidos en Tijuana

sábado, 20 de noviembre de 2010

SAN VICENTE FERRER, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

Breves relaciones históricas de la tercera misión dominica, centro administrativo, y comandancia militar virreinal, en Baja California: Hoy Pueblo de San Vicente Ferrer, en el municipio de Ensenada, Baja California, México.

Ubicado a 84 kilómetros al sur de la cabecera municipal, Ensenada, y a 194 de la frontera de México con Estados Unidos de Norteamérica; es la región de San Vicente Ferrer, cuna de la tercer misión dominica del mismo nombre que se fundara en territorio Paipai, el día 27 de agosto de 1780, por los frailes Miguel Hidalgo, y Joaquín Valero, siendo desde su misma fundación el centro administrativo y militar de las misiones fronterizas, y que se fundó por las mismas razones que las anteriores misiones de la orden religiosa de los dominicos, en el territorio “sin evangelizar”, entre la misión “Frontera” mas norteña entonces desde el año 1769, San Fernando Velicatá, -única misión franciscana, fundada en la península-, y San Diego de Alcalá, a donde fueron enviados los misioneros franciscanos apresurados para seguir con el avance del imperio español de San Diego, hacia el norte de América; en franca carrera para contrarrestar el avance que los Rusos con paso firme, llevaban de norte a sur, y que a la postre llegaron hasta el fuerte Ross, en la Alta California, amenaza por demás molesta para los intereses españoles de aquel entonces, que se querían servir de toda la geografía americana, tanto como les fuera posible; siendo esta la razón por la que nacieron aquellas misiones, las que dieron origen a varios de los actuales pueblos del norte peninsular, entre éstos San Vicente Ferrer.

Fue así como los reyes de España de aquel entonces, les dejaron la tarea a los dominicos de “evangelizar” desde San Fernando Velicatá, -El Rosario- en el sur, hasta las cercanías de San Diego, en el norte, distantes entre si, unos 500 kilómetros. Mientras que a los franciscanos les tocó “evangelizar” desde San Diego hacia el norte de la Alta California, hasta encontrarse con los rusos, que abarcaban territorio de norte a sur.

Cuando España poseía estas tierras peninsulares, se encontraban bajo las más estrictas reglas de los misioneros dominicos, teniendo como brazo ejecutor a los soldados de cuera. Los que se encontraban en esta exmisión pastaban la caballada del rey, en el ojo de agua del Calvario, sitio existente en la actualidad, dentro del ejido Sánchez Taboada.

San Vicente Ferrer fue de suma importancia en los años en que la España colonizadora permaneció en estas latitudes, siendo desde su fundación, centro administrativo y militar, dado que por el arroyo de San Vicente bajaban desde la sierra, grupos de nativos hostiles al sistema misional, siendo en esta región donde se manifestaron con mayor ímpetu aquel tipo de “agresiones”, dicho esto desde el punto de vista de los misioneros. Mientras que por su parte los californios nativos milenarios, manifestaban ser agredidos por los invasores en sus territorios ancestrales: Dándose el choque de dos culturas: de un imperio ávido de más territorios, y de un pueblo autóctono defendiendo sus ancestrales sitios sagrados, y de supervivencia. Como hayan sido las cosas, los enfrentamientos en San Vicente Ferrer, fueron la justificación para instalar en el lugar las fuerzas militares.

También para el recién nacido país de México, San Vicente Ferrer fue de vital importancia, ya que fue aquí donde se dio en el norte peninsular, por primera vez, el aviso de que México era ya un país independiente de España. Noticia que había sido enviada del Sur, desde La Paz, Baja California, por el entonces Jefe político Fernando de la Tova, y que a lomo de su caballo, y a toda velocidad, el enviado Guadalupe Aniceto Meléndrez Orantes, cumplió con el cometido según se dice, cubriendo la gran distancia desértica que existe entre los dos puntos geográficos, en solo quince días; quien arribó a San Vicente Ferrer, dando semejante noticia, y fue el primer sitio norteño en Baja California, donde se juró la recién nacida patria mexicana.

El pueblo de San Vicente Ferrer, Baja California cuenta con la distinción de ser cuna de múltiples eventos de trascendencia histórica vital; mientras que Don Guadalupe Aniceto Meléndrez, quien fuera soldado de cuera, o misional, cuenta con la distinción de ser el portavoz nada menos que de informar sobre semejante hecho; sin embargo a la fecha es muy poco lo que se escucha en nuestra historia oficial, con respecto al menos, de la hazaña de Meléndrez.

Por otra parte, fue en este mismo lugar donde fuera fusilado Antonio María Meléndrez Ceseña, ranchero de La Grulla, precisamente hijo de Guadalupe Aniceto, y que las órdenes del dictador Antonio López de Santa Anna, entonces presidente de México, se convirtieran en las balas que atravesaron el cuerpo de aquel nuestro héroe peninsular, quien defendiendo el territorio peninsular y sonorense del invasor filibustero William Walker, en 1854, cayera abatido ante un paredón en San Vicente Ferrer, por el fuego de las balas enviadas desde el gobierno del reyezuelo Santa Anna; y que Meléndrez con escasos veinticinco años de edad, entregara su vida a esta tierra, descansando en tumba anónima en el propio pueblo.

Fue en este lugar donde ya para 1809 vivía el alférez Estanislao Salgado, quien años antes fuera el encargado de medir dos sitios de ganado mayor en la Ensenada de Todos Santos, por órdenes de España, para ser entregados al Sargento José Manuel Ruiz, jefe de las fuerzas misionales, con asiento en San Vicente Ferrer, y quien se convirtiera a principios del siglo XIX, en el primer dueño de lo que hoy se conoce como cuidad de Ensenada, y que en su principal y mas antigua calle se perpetuó su nombre en la calle Ruiz.

Fueron Estanislao Salgado y María Camacho los padres de María Dolores Salgado Camacho, nativa del lugar que en 1832, en el propio pueblo se casa con Carlos Espinoza Castro, convirtiéndose en el matrimonio fundador del linaje Espinoza en El Rosario, lugar donde Carlos junto con su madre y hermanos menores se habían asentado desde el verano de 1800.

En noviembre de 1848, pasó por este lugar el distinguido Licenciado Peruano Manuel Clemente Rojo Zavala, quien en platicas con doña Marina Ocio, nieta del primer gran rico peninsular, Manuel Ocio, le narrara al propio licenciado Rojo, importantes datos de la historia de San Vicente Ferrer, y que dejara en sus memorias, cuyo trabajo vio la luz pública en el año dos mil, en notas del historiador Carlos Lazcano Sahagún, cuando los manuscritos de Rojo habían permanecido por mas de siglo y medio en un cajón.

Desde mi tierra, El Rosario, Baja California, en el transcurso de la historia han salido familias completas que se radicaron en San Vicente Ferrer, y que muchos de aquellos descansan bajo el suelo Vicentino.

En diciembre de 1905, pasó a vivir desde El Rosario Juventino Espinoza Peralta, hermano mayor de mi bisabuelo Santiago. Juventino había nacido en San Juan de Dios, sierra de El Rosario, en 1877, y que a principios del siglo veinte, decide vivir en el pueblo hermano de San Vicente Ferrer, donde se casa con Josefa Aráuz Aguiar, de las familias antiguas del lugar.

Sin dejar de lado los importantes hechos ocurridos el 22 de junio de 1911, cuando se enfrentaron a balazos en el rancho “El Salitral”, entonces propiedad de Don Santa María Verdugo, en el cual perdieran la vida entre otros Claudio Sarabia Espinoza, descendiente de nuestra familia de la segunda misión dominica, llamada Santo Domingo de la Frontera; y que a la fecha en su memoria y recuerdo una escuela del lugar lleva su nombre: “Claudio Sarabia”.

Fue en esos mismos días en que desde el cerro más alto de San Vicente Ferrer, frente a la misión, se atrincherara el revolucionario Emilio Guerrero, quien junto con sus hombres viajaba desde Mulegé, hacia el norte, y pretendiera tomar el pueblo por medio de las armas. Emilio Guerrero, fue tío por el lado materno de mi bisabuelo Ambrosio García Guerrero, padre de mi abuela paterna; quienes muy frescos guardaron en sus memorias aquellos hechos.

Don Crisóstomo Arce Higuera, nacido hacia 1863, originario de Mulegé, Baja California, Sur, quien radicado desde su juventud en El Rosario, contrajo nupcias con la rosareña María Luisa Collins Meza, quienes vivieron en las cercanías de la bocana, por la margen derecha del arroyo, en El Rosario de Abajo; se fue con su familia del pueblo, y se radicó en San Vicente Ferrer, hacia principios del siglo veinte, donde dejó basta descendencia, donde sus hijos: Jesús, Isidro, Cruz, Francisco, Enriqueta, Angelita, Amparo (hombre), Miguel, y Candelario “Callallo”; y sus nietos envejecieron.

Aunque también Arce de los de San Telmo se avecindaron en San Vicente, sin embargo todos eran descendientes directos del primer Arce en Baja California: El soldado de cuera Buenaventura Arce, casado con Rumualda Murillo, quienes vivieron en San Francisco de la Sierra, en las cercanías de la ex misión de San Ignacio, Baja California Sur.

Fueron los Arce de Don Crisóstomo, según las relaciones de Jesús “Gononi” Arce Fernández, a quien entrevisté, los que dieron vida al antiguo “Puerto de San Isidro”, cuyos primeros pescadores fueron Juan Arballo, Toribio Arce, Alejandro Savin, Teodoro Contreras, y José Arce Fernández; y que en adelante se conociera como “Eréndira”.

Por el propio puerto de San Isidro se desembarcaban grandes cantidades de mercancías, y whisky que contrabandeaba el viejo Jack Hill, siendo siempre perseguido por el delegado de gobierno en San Vicente, Jesús Arce Collins, -padre del “Gononi”, apodado “El delegado viejo”, por los veintisiete años que duró al mando.

Los primeros dueños de terrenos de agricultura en Eréndira, fueron Loreto Fernández Smith, y Don Francisco “Pancho” Granados.

Francisco Arce Collins, fue durante largos años quien en una carreta de caballos llevaba el correo para el sur peninsular; en 1990 vivía en Tijuana con más de 95 años de edad.

Amparo Arce Collins, fue también importante pilar en San Vicente Ferrer, padre entre otros del ganadero Federico “Lico Arce” Balbuena, fallecido a mas de setenta años en este mismo mes de noviembre del 2010.

En El Rosario, y en San Vicente Ferrer, quién no recuerda a “Callallo Arce”, que aunque nacido en El Rosario, pasó desde su niñez hasta su muerte, en la vejez, en San Vicente, era dueño de un restaurante donde su especialidad eran los burritos de machaca seca de res.

En mis años de niño a joven me tocó llegar en repetidas ocasiones al restaurante del “Callallo”, quien entonces contaba con cerca de ochenta años de edad. Antes de entrar al restaurante se encontraba un pedestal que de mala gana sostenía a un despostillado lavamanos de peltre blanco, con una gasta de jabón al lado, y sobre la pared colgaba de un clavo un pedazo de espejo medio derruido por la humedad, un tanque con agua y bastante lama, que algunas sedientas abejas lo merodeaban; y media toalla por ahí cerca. Y al entrar al recinto del restaurante, nos recibía un hombre alto de muy agradable estampa, de amena plática, y de sabrosísimos burritos de machaca seca con ajo: el inigualable “Callallo Arce Collins”, quien tan pronto veía llegar a un rosareño, su gusto era mayúsculo, al grado que no quería cobrar la cuenta.

Recuerdo que en una ocasión de las tantas que llegué a su restaurante, mientras acompañaba a mis abuelos con rumbo al norte; me dijo mi abuelo: Ve a buscar al Callallo, debe estar atrás del restaurante, y como así lo hice, tan pronto me vio, exclamó:

¿Qué pasó parientito?

¿Y tu abuelo “El Negrito Espinoza”?

Está dentro del restaurante, le contesté:

Se encontraba machacando carne seca de res, con ajos frescos. Mientras una carne se asaba, otra ya asada se remojaba, otra se oreaba, y otra se machacaba, por último se deshebra; quedando lista para los burritos, que se acompañan con queso, café, y frijoles refritos. Así es la manera en que se ha llevado este procedimiento, desde hace unos trescientos años, hasta nuestros días. “Callallo” machacaba en un tronco con un mazo de madera, mientras vestía un mandil blanco, haciendo todo este ritual al antiquísimo estilo misionero, y de los rancheros pioneros; luego agregó:

¡Mira parientito, hasta dónde ha caído el “Callallo”, fíjate que andar de mandil!

El fino amigo “Callallo”, se llamó Candelario. Posterior al restaurante se instaló una carnicería, que llevaba por nombre: “Carnicería Callallo”.

Jesús Arce Collins, nacido en El Rosario el 11 de abril de 1895, casado en San Vicente con Eulogia Fernández Smith, fueron los padres de Jesús “Gononi” Arce Fernández, con quien ampliamente conversé sobre las familias primigenias de San Vicente Ferrer. Narró, que Francisco “Pancho” Granados le platicaba que en 1910 en San Vicente Ferrer vivía un indio apodado “El Gavilán”, quien por ropa solo usaba un calzón de cuero de venado, además de otros indios Kiliwa que si usaban ropa, llamados Clemente Espinoza, y Jesús Mendoza, al igual que también vivía en el pueblo Alberto Rodríguez “El Cachora”, quien hiriera de muerte en 1911 a Simon Berthold, cuando los movimientos Magonistas contra el régimen de Porfirio Díaz, en Baja California.

Según las relaciones de la madre de “El Gononi Arce”, Emilio Guerrero en las revueltas de 1910, disparaba desde lo alto del cerro de San Vicente Ferrer sobre la población y que Ramón Fernández Smith, fue enviado para proteger a los niños y las niñas, y quien desesperado les gritaba a la gente de Guerrero:

¡No tiren, no tiren, somos puras mujeres! Mientras corría con los chicos para refugiarse en casa de los Aráuz: Aquellas criaturas de entonces eran: Ramón, Javier, Elena, Salvador, Margarita, Eulogia (quien mas tarde fue la madre del “Gononi” Arce Fernández), Salvadora, y Artemisa.

Entre las familias de abolengo se encontraban los Fernández, de quien “Gononi” era descendiente, y fue formada por el español Nicolás Fernández, y por la bajacaliforniana Encarnación Smith, quienes desde el sur peninsular arribaron a San Vicente Ferrer, donde criaron a sus hijos siendo los pioneros: Eulogia (nacida en Comondú), Eloísa, Margarita (madre de los Granado), Loreto (de los primeros agricultores de Eréndira), Nicolás, Enrique, Artemisa, Salvadora, Ernesto “Monayo Fernández, casado con Teresa Verdugo, del rancho “El Salitral”; y Ramón (quien gritaba: ¡No tiren, no tiren, somos puras mujeres!).

Francisco Aráuz Arballo, hijo del chileno Francisco Aráuz, fue casado con Altagracia Aguiar, fueron los fundadores de tal linaje en este pueblo, en cuyo honor y memoria el museo comunitario se llama: “Altagracia A. de Aráuz”.

En las largas platicas que sostuve con Ricardo “Chino” Aráuz Armenta, relacionó, que su linaje se formó en Baja California, ya que hacia 1885, había llegado su ancestro el pirata de origen chileno Francisco Aráuz, quien junto con uno de sus hermanos mataron al resto de los piratas, quemaron el barco, y se quedaron de manera definitiva en tierra: Francisco se casa en ese lugar con la sudcaliforniana, Dorotea Arballo, con quien procreó a Francisco Aráuz Arballo, quien mas tarde se casa con Altagracia Aguiar de Aráuz, ya en San Vicente Ferrer; a este matrimonio les nace Francisco Aráuz Aguiar, quien casado con Francisca Armenta Espinoza, procrean a Ricardo “Chino” Aráuz, de quien obtuve estas historias familiares. Y que mientras su bisabuelo, el primer Aráuz, el chileno, se quedaba en Baja California, el hermano de aquel, se fue a Sonora, donde dejó basta familia.

Hace mas de ciento veinte años en La Calentura, vivió Tomas Warner, quien también fue conocido como “Tomas Bona”, quien tuvo familia en ese rancho de la región de San Vicente Ferrer, emparentando con los Espinoza de Santo Domingo. A ese rancho, hará unos ochenta años llegó desde El Rosario, Leopoldo Loya Espinoza, conocido como “El Cogullo”, quien también vivió en esta región.

En 1945, falleció en el rancho “Mantequilla”, en el arroyo de San Jacinto, Antonio de los Ángeles López Meléndrez, mejor conocido como “Oso López”, quien era ganadero de La Grulla, y en sus últimos años se avecindó en San Vicente Ferrer.

Los Ranchos antiguos de esta región fueron “La Berrenda”, “La Calentura”, “Los Cochis”, “El Salado”, “Mantequilla”, “Llano Colorado”, “San Isidro”, “El Calvario”, “Buenos Aires”, entre otros más.

A principios de la década del sesenta del siglo veinte, mi abuelo materno Antonio Arroyo Barbosa pasó a vivir a “El Calvario”, después de la infructuosa búsqueda de agua en “San Vicentito”, en el desierto de El Rosario; así que para no herrarle se instaló en las tierras alrededor del ojo de agua de El Calvario; -el mismo lugar donde ciento sesenta años antes pastaba la caballada del rey de España, que era utilizada por los soldados de cuera de la comandancia militar de San Vicente Ferrer, entre ellos Carlos Espinoza Castro-. Mi abuelo vivió en ese lugar hasta su muerte ocurrida el 10 de enero de 1972, a la edad de 69 años, descansa en el panteón del pueblo, no en el misionero. También se asentaron allí sus hijos Roberto e Ignacio Arroyo Castro, quienes con sus familias han trabajado y vivido desde aquellos días en la región de El Calvario.

Los siguientes son datos proporcionados por el Lic. Andrés Moreno Alcaráz:

En los años de 1974 a 1976, pasaron a San Vicente Ferrer para realizar sus practicas profesionales un grupo de personas que habiendo concluido sus estudios en la Universidad autónoma de Baja California, campus Mexicali, debían cumplir con sus servicios sociales, a fin de obtener sus títulos profesionales.

Recuerda el Licenciado Moreno, que al llegar a fines de 1974, en el pueblo solo había luz eléctrica de doce del día a doce de la noche, que eran instalaciones de la propia comisión federal de electricidad con generador propulsado por motor a diesel, y que por los bailes solo los domingos duraba dos horas mas. Las instalaciones estaban a cargo de Ernesto Fernández Verdugo; y que por otra parte no había agua potable de manera eficiente.

Los motivos que llevaron al licenciado Moreno de Mexicali a San Vicente Ferrer junto con otros siete compañeros de diversas carreras, era porque existía un programa piloto del gobierno federal que ya se había puesto en marcha en Janos, Chihuahua, y que el siguiente punto para el estudio del modelo era San Vicente Ferrer, en Baja California, después de haber sido escogido entre miles de pueblos de la república; el tal programa era ejercido por el “INDECO”: Instituto Nacional para el desarrollo rural y la vivienda popular; así que de inmediato el pueblo “Bautizó” al grupo de pasantes universitarios como: “Los Indecos”.

Sus principales labores comunitarias fueron el establecimiento del parque del pueblo con el apoyo de los estudiantes de secundaria, con mano de obra del pueblo, y materiales del gobierno estatal de Milton Castellanos Everardo. Otra labor fue la solicitud de que la comisión federal de electricidad por medio de dictamen de Ernesto Fernández Verdugo, abasteciera de energía de manera continua sin interrupción las 24 horas del día.

Otra de las labores fue el trazo de los ejes de las calles del pueblo, la nivelación de la pista de aterrizaje, forestar el parque, consiguieron que el Instituto Tecnológico de Tijuana enviara al doctor Gilberto, quien era laboratorista clínico.

Recuerda el licenciado Moreno, que en aquel tiempo existía un club llamado “Los 21”, y que en 1975 le tocó a San Vicente organizar los “Juegos Campesinos”, que asistió el gobernador Milton, aterrizando el avión de gobierno del Estado en Llano Colorado, a cuyos juegos asistieron los niños de primaria de Colonet, Santo Tomas, San Telmo, El Sauzal, Maneadero, y de otros pueblos.

Las familias predominantes en 1975 en el pueblo, según el licenciado Moreno, eran: Goborko: de origen Checoslovaco; Yajimovich: de origen Yugoslavo; Samarin, y Filatoff: de origen Ruso; del sur peninsular: Pompa; Arce: de El Rosario, y de San Telmo; Tirado: de Sinaloa; Collins: de El Rosario; Aráuz, Cousiño, Arroyo, Ramos, Macfarland, Salcido, Navarrete, León, Espinoza, Verdugo, Fernández, Miranda, Barrios, y en Eréndira otros Fernández, Garzón, y que además vivía en San Vicente Ferrer, un hombre que se decía ser Paipai descendiente de Alberto Rodríguez “El Cachora”.

En estas pocas líneas he deseado dejar asentadas ciertas reseñas de la tierra históricamente de vital importancia para todos; la tierra donde descansa mi abuelo materno, quien habiendo nacido en Penjamo, Guanajuato en 1903, jamás volviera, escogiendo para vivir sus últimos días este lugar; y donde Carlos Espinoza Castro, fundador de nuestro linaje Espinoza, en El Rosario, trabajó a principios de los mil ochocientos; la misma tierra donde naciera en 1811, María Dolores Salgado Camacho, esposa de Carlos, y que en 1833 diera a luz a María Rita, la primer Espinoza nacida en El Rosario.

Este breve y modesto trabajo es dedicado además a tantos otros seres incansables, que sin conocerlos, sé que dieron lo mejor de si para lograr la prosperidad de este apacible pueblo; igual dedicado a tantos otros hombres y mujeres que con su gran esfuerzo heredaran lo mejor de si, sin duda, a las generaciones por venir.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA

20 DE NOVIEMBRE DEL 2010

A 100 AÑOS DE INICIADA LA REVOLUCION EN MEXICO.

NOTAS RELEVANTES:

Carlos Espinoza Castro, nació en la misión de Loreto, Baja California Sur, y falleció en casa de su hija Ildefonsa en la misión de San Fernando Velicata, en El Rosario, el 12 de mayo de 1883, a la edad de 105 años. Su esposa María Dolores Salgado Camacho nació en la misión de San Vicente Ferrer en 1809, y falleció en su casa de El Rosario, a las dos de la tarde del día 6 de octubre de 1892, a la edad de 83 años.

Carlos y María Dolores, se casaron en San Vicente Ferrer, en 1832, asistiendo a la boda toda la parientada de las misiones de El Rosario, Santo Domingo de la Frontera, Santo Tomas, Guadalupe, de Ensenada, y San Telmo. Según la tradición familiar las fiestas duraron unos quince días.

Crisóstomo Arce Higuera, su esposa María Luisa Collins Meza, al igual que el héroe Antonio María Meléndrez Ceseña, descansan en el panteón misionero de San Vicente Ferrer.

Uno de los prestadores de servicio social, el topógrafo Miguel Riesgo se casó en San Vicente con Guadalupe Tirado, hija de Daniel Tirado Ramírez, y la señora Miranda.

Todos los trabajos en que se ocuparon “Los Indecos”, fueron apoyados sin miramientos por la comunidad, por el interés de ver engrandecida su tierra, y mejorar con ello su calidad de vida.

La generación que de secundaria egresó en San Vicente Ferrer en 1975, se llamó “Lic. Andrés Moreno Alcaráz”, en honor y reconocimiento a su labor en beneficio comunitario.

Se regresó el licenciado Moreno a Mexicali, donde entró a trabajar al Indeco, dependencia que lo envía a Tijuana, en 1978, para que brindara apoyo a los habitantes del río Tijuana, para su reubicación a la Nueva Tijuana, en la Mesa de Otay, dadas las graves inundaciones del 78.

Se casó en 1982 con la Licenciada en Trabajo Social: Dora María Corona, jalisciense radicada en esta ciudad; naciéndoles Jareth Sarai, ahora Psicóloga, y Andrés Raymundo, ahora médico. No ha vuelto a salir de Tijuana desde 1978.

Entrevisté al licenciado Moreno, en Tijuana, el día 19 de noviembre de 2010; quien es originario de México capital, donde nació en septiembre de 1946.