"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

sábado, 24 de septiembre de 2011

PERSONAS QUE HAN DEJADO VALIOSO ACERVO PARA LA HISTORIA DE EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA…

Y QUE AL PASAR DEL TIEMPO SE HAN CONVERTIDO EN PERSONAJES INOLVIDABLES…
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
12 de Septiembre de 2011.

Toda comunidad en cualquier sitio del mundo, deja profundas raíces de todo tipo para la posteridad, o al menos para sus generaciones venideras; tenemos muchos matices en el claroscuro devenir de las generaciones que por milenios han poblado la tierra; algunos de sus hijos son inmortales, desde la cultura Sumeria, China, Hindú, y los pueblos autóctonos de todo el orbe, y tantos más. Muchos han dejado sus vestigios, sin incluir sus nombres, como las anónimas manos de los artistas milenarios de las pinturas rupestres y petrograbados; o la simple aparición de los alimentos, primero desconocidos, y hoy cotidiano, los que hace milenios por su desconocimiento no se ingerían, o que de seguro muchas vidas costaron para poder clasificarlos, descartarlos, o incorporarlos.

No es diferente en el devenir de la sociedad, dentro del marco histórico, desde la antigüedad hasta nuestros días; tenemos de esa manera que en cualquier pueblo, rancho, o cualquier comunidad grande o pequeña, en las que viven, o pasan en tránsito ciertos individuos con una visión adelantada en su tiempo, nos han dejado gran diversidad de conocimientos, y datos que primero parecen irrelevantes, pero que al pasar el tiempo, al desparecer los individuos, es cuando adquieren su gran utilidad.

Por mi tierra natal, El Rosario, Baja California, México, han pasado individuos, algunos de ellos han permanecido solo unas horas en el pueblo, y sin embargo parece que siempre han estado allí, o al menos sus impresiones siguen entre nosotros como parte de nuestra identidad.

Antes, mucho antes que siquiera se supiera en el viejo mundo de la existencia de la península, hará al menos entre ocho y trece mil años, manos artísticas de anónimos seres, sin importar su personalidad, dejaron infinidad de petrograbados, y pinturas rupestres de gran valor arqueológico, e histórico, por medio de las cuales bien podemos interpretar lo que quisieron dejar patente para la posteridad, y con ello prevenir a los que aparecerían miles de años después en esta misma región.

En el “Corral del Medio”, construido hacía 1837 por nuestro patriarca Carlos Espinoza Castro, sitio ubicado en las cercanías del rancho San Juan de Dios, en El Rosario, se encuentran formaciones de rocas ígneas en las laderas de las montañas por cuyo pie corre un arroyo, en cierto grupo de esas rocas se encuentran unos petrograbados, que al observarlos claramente “informan” lo siguiente:

Se aprecian bien delineados, una serpiente de cascabel, la corriente de un arroyo, y un león, así como un sendero que conduce a un recoveco existente en medio de tres filones de las mismas rocas, en el que muy bien se puede guarecer un individuo adulto; y es que:

Al interpretar aquellos petrograbados, claramente se aprecia que hace milenios, alguien dejó manifiesto, que se debe tener cuidado con las serpientes de cascabel que en el lugar abundan; al observar la corriente pluvial, se advierte que se debe tener cuidado, pues repentinamente llegan las broncas aguas, arrastrando cuanto se encuentre a su paso; y es que cuando llueve en las partes altas de la sierra, sin que en las más bajas se note, de repente llegan las turbulentas aguas a velocidad superior con la que se puede desplazar un humano a toda carrera; por lo que hace al león, éste petroglifo claramente señala que los leones americanos, o pumas, atacan y devoran hombres, y que en caso de verse en esos apuros, se debe correr y refugiarse entre las rocas fuera del alcance del peligro que el león representa. Estos “trabajos” plasmados en lienzo rocoso por manos artísticas desde un pasado remoto, hace a esos personajes ser distinguidos en nuestra tierra.

Transcurridos varios milenios de haberse esculpidos aquellos petroglifos, hasta la región norte peninsular, precisamente hasta San Juan de Dios, pasando por el área donde más tarde se construiría el corral del medio, llegó el misionero jesuita Wenceslao Link, siendo el primer europeo que se adentró tan al norte de la entonces tierra de los milenarios californios, por cierto mal llamados “indios”, descendientes de los que dejaron los petrograbados de los que ya hablé; Link, fundó el paraje de San Juan de Dios, el día 8 de marzo de 1766, siendo aquel el primer eslabón de una serie de sucesos que a la postre sería lo que ahora conocemos como la región de El Rosario.

Previo a la fundación de la misión de El Rosario, ocurrida ésta en 1774, llegó hasta el propio arroyo de “Viñatacot” o “Viñadaco”, en viaje de exploración para tal fin un enviado misional de apellido “Morillo”, quien emitió un “informe” de lo que en tal sitio encontró. Fue otro distinguido personaje que exploró estos lares.

En 1774, el día 02 de julio en El Rosario, los misioneros Fray Francisco Galisteo, y Miguel Hidalgo, homónimo del padre de la patria, fundaron la primera misión dominica en Baja California; convirtiéndose en personalidades para nuestra historia local.

La vida transcurrió de manera lenta y casi perezosa, con todo el tiempo a disposición de los pueblerinos, y así fueron pasando distintos individuos, quienes dejaron sus impresiones acerca de los nuestros.

En octubre de 1848, llegó hasta El Rosario, a casa del patriarca Carlos Espinoza Castro, el peruano jurisprudente Manuel Clemente Rojo Zavala, cuando contaba con apenas 25 años de edad, quien a causa de su naufragio en “El Socorro”, viajó hacia el sur hasta llegar a la ex misión.

Los pocos días que Rojo permaneció en El Rosario, en casa de Carlos Espinoza Castro, fueron suficientes para que nos dejara con toda precisión información que nos transporta hasta aquéllos días; describe a la gente, al pueblo, su geografía, datos históricos, y dibujos de distintos personajes peninsulares, siendo Carlos Espinoza Castro el primero en ser dibujado por aquel ilustre peruano; narra también con lujo de detalle el épico viaje del recorrido que a lomo de bestia realizó desde El Rosario, hasta Ensenada, en cuyo trayecto fue llegando a los distintos ranchos y pobladitos, platicando con sus habitantes, y narrando sus experiencias, las que al paso de 163 años se han convertido en magníficos datos de aquel incansable hombre sudamericano; quien en 1900 fallece en Ensenada.

En 1856, Adrián Valadez, en su libro: “Baja California, 1850-1880”, narra lo siguiente:

“Poblamiento de la costa:

Desde San Ignacio hasta El Rosario es poco menos que un desierto, y se hacen diez jornadas cuando no se lleva carga. No se hallan víveres en ninguna parte. En El Rosario, ex misión, habitan cuatro familias, a las cuales he tenido que facilitar cebada para que no murieran de hambre. A 18 leguas está San Quintín, donde habitan los dependientes de la casa extranjera que contrataba la sal; un pequeño destacamento de tropa, y el administrador de la salina. A distancia de seis leguas se encuentra el rancho San Ramon, donde habita una familia; a distancia de una legua el rancho de Santo Domingo, ex misión, donde viven parte de las mismas y seis indios. Los habitantes de ambos ranchos, la mayor parte del tiempo se mantienen de un marisco llamado “Aulón”, por haber quedado en la miseria desde la invasión de Walker”. Hasta aquí Valadez.

En 1872, Manuel Clemente Rojo Zavala, funda la primera escuela en el partido norte de la Baja California, en la ex misión de Santo Tomás de Aquino, en la cual su primer preceptor, como antes se les llamaba a los profesores, fue Eliseo Schieroni, y con ello sienta las bases para la educación formal en nuestro territorio, llegando ésta a El Rosario en 1886, con Sebastián de Aparicio Soriano al frente, siendo el primer preceptor en mi pueblo, quien tiene el honor de ser un pionero.

Hacia el año de 1900, enviado por el gobierno federal desde estado de Jalisco, el muy destacado profesor Felipe Dueñas Palencia, para entonces ya se les nombraba como “profesores”, se asienta en El Rosario, siendo el director de la escuela nacional elemental mixta número IV, primero, de la número VI después. Dueñas además de profesor en mi tierra, fue Juez de Paz, y prosiguió con la labor de Sebastián de Aparicio Soriano, en la enseñanza de las primeras letras de cúmulos de niños de la rancherada de aquel tiempo; se apoyó en la destacada labor de las institutrices empíricas, las hermanas Dorotea y Gertrudis Ortiz Aguilar, y la hija de Dorotea: María de la Luz Echeverría Ortiz, conocida más tarde como “Doña Luz Meza”.

El profesor Felipe Dueñas Palencia, joven a su llegada a El Rosario, encontró a la mujer con quien procreó a su familia, llamada Crescencia Montes Ortiz, siendo la hija mayor de Francisco Montes Espinoza, y de Gregoria “La Tía Yaya” Ortiz Aguilar.

Del entonces nuevo matrimonio, nace entre otros Francisco Dueñas Montes, cuyo nombre fue en honor a su abuelo materno, quien heredó de su padre la vocación de las letras, en su fructífera vida Francisco fue además de profesor, médico, e historiador; y uno de los personajes que firmaron al acta constitutiva del Estado 29 de la República, el nuestro, Baja California, que nace como tal el 16 de Enero de 1952, en cuya “Acta de Nacimiento” se estampó la firma de este gran hombre descendiente de El Rosario. Una vez signada por los diputados constituyentes entregaron la naciente Constitución del Estado de Baja California al Gobernador Provisional Alfonso García Gonzalez, quien fue el último Gobernador del Territorio Norte de la Baja California, y que al nacer el Estado, pasó a ser Provisional, en tanto se celebraban la elecciones para el primer Gobernador del Estado.
Francisco Dueñas Montes fundó en Baja California infinidad de escuelas, fue además Director General del Instituto de Investigaciones Históricas de Baja California; numerosas instituciones educativas llevan su nombre, por la destacada vida de este valioso personaje, solo de manera física recientemente desaparecido.

En 1911, los “revoltosos”, gente de Emilio Guerrero, que viajaban de sur a norte, cuando se dieron aquí los hechos violentos de la invasión filibustera de junio de 1911; asaltando y saqueando las tiendas de los chinos Alfonso Cho, y de Chinchan; dejando una marcada huella en la población rosareña, hechos que informó Francisco A. Meza Arce a Celso Vega; representante de gobierno en El Rosario, y jefe de armas en Baja California, respectivamente. Francisco A. Meza Arce, fue otro de los ilustres rosareños por adopción.

En 1918, se detiene en el pueblo Don David Goldbaum, levantando información variada, parte de la cual publicó en su libro: “Towns of Baja California”; “Pueblos de Baja California”; pequeño libro, pero muy sustancial.

En agosto de 1919, por un día visita El Rosario el entonces gobernador Esteban Cantú Jiménez, quien autorizó la escuela primaria rural “Padre Salvatierra”, y le construyó un edificio estilo victoriano en cien por ciento maderas, en el cual desde el 9 de octubre de 1994 se alberga el “Museo Comunitario El Rosario”, en pueblo viejo; Es en los 237 años de su existencia, Cantú es el único gobernador que ha pernoctado en El Rosario; y eso fue en agosto de 1919, es decir, en los últimos 91 años ninguno más.
En 1920, llegaron un amplio grupo de japoneses, algunos con familia, y nos dejaron la actividad del buceo, que es una de las principales fuentes de ingresos desde entonces.

En 1925, y 1926, realiza fructíferos recorridos Peveril Meigs, quien tocó de puerta en puerta, y tomó fotos a casi todas las familias de El Rosario de entonces, y a las de todos los pueblos norteños, mismas fotos que la actualidad la Universidad de California San Diego, se encuentra trabajando para que sirvan de apoyo a los historiadores e investigadores de la vida de la región. Peveril Meigs, al igual que Manuel Clemente Rojo Zavala, es otro extranjero de grata memoria para mi tierra.

En 1949 pasó por El Rosario con rumbo al sur peninsular Fernando Jordán, quien dejó escrita la siguiente impresión del pueblo, que publicó en su libro: “El Otro México”:

“En El Rosario, el camino abandona el pacifico, por mucho busca su rumbo entre las ondulaciones de la región central y se desliza a lo largo de ella, eludiendo la atracción del mar. Se aparta decidido, dispuesto a cruzar sin el aliento de la brisa todo el desierto del territorio norte, esperanzado más en las posibilidades de la montaña que en los mares. Por más de 600 kilómetros se mantiene entre el golfo y el pacifico, y si una vez vuelve al océano es por corto trecho, durante un obligado y rápido viraje necesario para eludir las ultimas estribaciones de la infranqueable sierra de San Lino.
Y así, El Rosario queda como el último jalón en el viaje sobre la costa.

Es un pueblo de misión dominica, derruida casi hasta los cimientos, de arroyo alegre y perenne, de pastizales, mar prodigo, y gente perezosa.

Siembra hortalizas y pastorea ganado, pero hace ambas labores de tan mala gana, que sus productos, con el mar cercano, apenas alcanza para satisfacer el consumo doméstico. Es un pueblo bonito dividido en dos caseríos que separa el arroyo; pero en él, el tiempo ya no cuenta, y la gente no tiene prisa ni preocupación alguna de industria, de riqueza o de modernismo. Por esto, El Rosario es el primer pueblo que se encuentra en el viaje hacia el pasado”. Hasta aquí Fernando Jordán.

En 1950, Cecilio Espinoza Peralta, hermano de mi bisabuelo Santiago, construye el primer hospital en El Rosario, el cual llevó su nombre: “Hospital Civil Cecilio Espinoza Peralta”, en el predio que antes fue de Don José Valladolid Ortiz, y que donó para tal fin, aquel fue el mismo predio donde Valladolid tenía su corral de ordeña. El Hospital Civil fue demolido en 1980, en cuyo lugar se construyó por el Gobierno Federal la actual clínica perteneciente al Sector Salud.

En la década de 1970 a 1980 el profesor Heraclio Manuel Espinoza Grosso, llegado de regreso a El Rosario desde San Manuel, Tubutama, Sonora, y funda la escuela secundaria en El Rosario; hasta entonces salir del pueblo para estudiar, era harto difícil, tan difícil como viajar a pie, solo a pie de Tijuana a Mérida. Posteriormente, cuando el profesor Heraclio Manuel ya había fallecido, se inicia la construcción del recito para la secundaria, en predio que donó su benefactor Alfonso Espinoza Romo.

En 1972, regresan los japoneses y nos dejan la pesquería del erizo, actividad que tuvo su auge en la década de 1990.

En 1999, se gestiona por el profesor Narciso Antonio Pérez Cortes,; la creación de la escuela Preparatoria del lugar, siendo su primer director; y que hoy en día se encuentra al frente de esa institución el Maestro Leobardo Espinoza Duarte, ya como escuela oficial en funciones con varias generaciones de egresados.

En lo que va del siglo XXI, se han dado múltiples actividades y se han incorporado nuevos horizontes en la vida del pueblo, con la agravante que muchos no los aprovechan, por el contrario, han preferido el camino del vicio, y del robo.

Digno de mencionar es el trabajo realizado por la agrupación que enaltece a El Rosario con motivo del aniversario de su fundación cada año, a partir de 2005, y que es encabezado por entusiasta grupo de rosareños, entre los que destacan: Nícida Patricia Collins Espinoza, Carolina Espinoza Murillo, Guilibaldo Espinoza Valladolid, Leonel Antonio Duarte Higuera, entre otros valiosos rosareños.


AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
MIERCOLES 07 DE SEPTIEMBRE DE 2011.

El presente es un trabajo de orden intelectual, protegido por el autor bajo patente 1660383; se puede utilizar en parte o totalmente la información, siempre y cuando no sea con fines de lucro, o comercial, y se den los créditos correspondientes.

NOTAS RELEVANTES:

Existen por toda la serranía infinidad de sitios con pinturas rupestres y petrograbados, muchos han sido agredidos por gentes sin escrúpulos.

El historiador Carlos Lazcano Sahagún escribió en el 2000 un libro sobre las memorias de Don Manuel Clemente Rojo Zavala, basado en los manuscritos que se encontraban inéditos, y que fueron los primeros apuntes sobre Baja california escribió el peruano, iniciados en El Rosario, en casa de mi tatita Carlos Espinoza Castro, donde se hospedó aquel mes de octubre de 1848, dejando tan importante fuente de datos para la historiografía de Baja california. Rojo siguió visitando a Carlos Espinoza Castro en El Rosario, y desde su casa envió varios correos a distintas partes de la península.
El Corral del medio, existe en la actualidad, con alrededor de 174 años de existencia, es junto con las murallas de roca en San Juan de Dios, Los Mártires, y otros sitios, manifestación palpable del arduo trabajo de nuestras familias; la construcción de todas aquellas obras en roca, se iniciaron al mismo tiempo que el propio corral, en 1837, y muchas otras obras de protección, como barricadas para defenderse de los asaltantes que caían sobre los rancheros y sus bienes.

Cierto es que los asaltos y saqueos por parte de tantísimos bandoleros, tenían en la incertidumbre a los rancheros, que muchas veces los dejaban sin ningún bien, sobre todo a partir de la independencia de México; sin embargo considero que las apreciaciones hechas en los trabajos de Adrián Valadez, cuando se refiere a que: “tuve que dejarle cebada a cuatro familias en El Rosario para que no murieran de hambre”, me parecen muy exageradas, ya que en la costa, y en las cercanas montañas existen infinidad de semillas, plantas, y animales de los que se proveían para la subsistencia en “Los tiempos malos”, que es precisamente como se hace en la actualidad.

Con respecto a lo comentado por Fernando Jordán en su libro “EL OTRO MEXICO”, concuerdo con su apreciación en cuanto a que Baja california es muy distinta al resto del país, de ahí que tomara su nombre el libro que publicó; de acuerdo también estoy cuando dice que en El Rosario, se inicia el viaje hacia el pasado.

Francisco Dueñas Montes fue tataranieto de nuestro patriarca Carlos Espinoza Castro, y bisnieto de María del Carmen Espinoza Castro. Foto de sus abuelos maternos Francisco Montes Espinoza y Gregoria Ortiz Aguilar, en tamaño poster se exhibe en el Museo Comunitario de El Rosario.

Los Diputados Constituyentes de Baja California, además de Francisco Dueñas Montes fueron: Evaristo Bonifaz Gomez, Miguel Calette Anaya, Alejandro Lamadrid Kachok, Celedonio Apodaca Barrera, Aurelio Corrales Cuevas, y Francisco H. Ruiz.
El 25 de octubre de 1953 se llevan a cabo las primeras elecciones ya como Estado de Baja California, para Gobernador y la primera Legislatura; siendo electo Braulio Maldonado Sandez, quien tomó posesión el primero de diciembre de 1953; y por si fuera poco, aquella fue la primera vez en que votaron las mujeres en México; y la L.E. Aurora Jiménez de Palacios fue la primera mujer por Baja California en el Congreso Federal.

El profesor Heraclio Manuel Espinoza Grosso, nació en El Rosario, el 24 de abril de 1944, y falleció en accidente carretero a los 35 años de edad en la Laguna Salada del municipio de Mexicali, Baja California, el 25 de enero de 1980; Descansa en el panteón misionero de El Rosario, en la misma tumba donde lo hace su abuela materna Tecla Peña Duarte, la madre fundadora de la familia “GROSSO” en Baja California.





Edificio estilo inglés Victoriano que construyó el gobierno de Esteban Cantú Jiménez, en cuyo recinto se instaló la escuela “Padre Salvatierra” en diciembre de 1921, cuyo primer alumno fue mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta. Desde el 09 de octubre de 1994, en el edificio por completo rehabilitado y rescatado de la ruina total, alberga al museo comunitario “EL ROSARIO”. Foto: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo: 2007.




Interior del Museo Comunitario “El Rosario”.
Foto: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo: 2007.



Vestigios de la casa en la que vivió Juan Marrón y María Elena Murillo, en San Juan de Dios. Foto: Alejandro Espinoza Jáuregui: Septiembre de 2007.



Vestigios del “Corral del Medio”, construido en 1837.

Foto: Alejandro Espinoza Jáuregui: Septiembre de 2007.


Foto de la familia Garcia Marrón: Izq. a Der. Maria Visitación (mi abuela paterna), Maria del Refugio, (desconocido), Octaviana Marrón Ortega (madre de la familia), desconocido, Natividad, Serapio, Domingo, enfrente niña Aurelia, y Francisco.
Foto tomada en El Mármol, Baja California, en 1924 se cree que por Peveril Meigs.



Foto tomada por Peveril Meigs, en El Rosario, BC en 1926. En la actualidad la Universidad de California Campus San Diego, UCSD por sus siglas, se encuentra clasificando y documentando las fotos que Meigs tomó en 1925 y 1926 en varios pueblos de Baja California. Los archivistas Steve Coy, y Joseph Bray, me solicitaron los nombres de las personas que aquí aparecen, mismas que son:






1. Aurelia García Marrón
2. Francisco García Marrón
3. Octaviana Marrón Ortega (madre de la familia) mi abuela paterna entre ellos.
4. Tomas García Marrón
5. Domingo García Marrón
6. Maria del Refugio García Marrón
7. Silverie “Nena” García Marrón
8. Encarnación Ortega Espinoza (madre de Octaviana la numero 3): Fue mi tatarabuela, fue conocida como “Nanita Chona”; fue hija de María Rita Espinoza Salgado y de Regino Ortega Murillo, nieta de Carlos Espinoza Castro, y de Maria Dolores Salgado Camacho.






Las fotos tomadas en los pueblos de Baja California por Peveril Meigs, y que la USCD trabaja actualmente, son valiosos documentos gráficos, en las que lamentablemente él no asentó los nombres de los fotografiados, sin embargo el esfuerzo de la Universidad, dará los resultados correctos, ya que está apoyándose en historiadores, y conocedores del tema.






Steve Coy, y Joseph Bray, son quienes trabajan el archivo de Peveril Meigs en la UCSD, cuya colección se encuentra en la biblioteca central de esa prestigiosa Universidad de California Campus San Diego, Estados Unidos de América.







En la colección de Meigs, se encuentran fotos de muchos rosareños que ya no existen, y que a la mayoría de ellos los conocí en persona siendo ya muy viejos, y en las fotos me ha tocado reconocerlos cuando fueron niños, o muy jóvenes:






¡Es una sensación bastante extraña, la que he sentido al verlos!; pues muy bien los recuerdo, sus pláticas, y sus afectos hacia mi persona. A muchos otros que no conocí en persona, solo en otras fotos, los volví a encontrar aquí cuando todas sus proles eran niñas y jovencitas.
Por ejemplo en las fotos de Peveril Meigs, reconocí a la familia Peralta Murillo, siendo muy chicos y jóvenes; sin embargo a Victoria, la única vez la vi en persona, fue sin vida, en edad muy avanzada, en su funeral.







A Silverie “Nena” García Marrón, hermana de mi abuela, la conocí en esta foto siendo una bebita de 7 años, sin embargo cuando viví en su casa en El Rosario, era una abuela de bastante edad; poco antes de fallecer en 1991, cuando la visité en su lecho, me dijo:






¡La vida es tan Breve mijito, apenas hace poquito yo era una niñita!
Ya lo creo. Mi tía Nena, nació en El Rosario, en 1919 y falleció en Ensenada en 1991.



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LINKS DE INTERES

http://libraries.ucsd.edu/speccoll/testing/html/mss0530a.html


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sábado, 17 de septiembre de 2011

ORIGENES DE LA PENINSULA DE BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

PENINSULA DE BAJA CALIFORNIA: DESNUDO BRAZO EN EL MAR.
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
Miércoles 07 de Septiembre de 2011.

La geología no deja de ser también “Historia”, y es que desde el punto de vista de las eras geológicas, que es como se miden los tiempos que ha tomado para la formación de los continentes que conforman la corteza terrestre, tienen una historia de millones y millones de años; y que aunque para medir éstos muy largos períodos de tiempo, se utiliza la Geología, la que no deja de ser historia, en el más estricto sentido del análisis.

En el verano de 1978, cuando contaba con 21 años de edad, me encontraba trabajando en la pesca en “Puerto Nuevo”, al sur de la bahía de El Rosario; fue en junio de aquel año en que estuve platicando con mi amigo de mi edad, el mexicalense Miguel Agustín Téllez Duarte, estudiante entonces de la carrera de oceanólogo en la ciudad de Ensenada, mientras que yo me encontraba de vacaciones de la Universidad Autónoma de Baja California; y fue precisamente en una de aquellas nuestras pláticas en que le pedí de favor que me prestara su libro de” “Teoría de Tectónica de Placas”, incluso Miguel Agustín nos acompañó por unos días en aquel campo pesquero.

Todas las tardes después de regresar de “marea”, y de alistar todo lo que ocuparíamos para la “marea” del día siguiente, le dedicaba unas tres horas al estudio de “Tectónica de Placas”; fue entonces que me introduje de manera muy entusiasta en el estudio de los orígenes de las formación de los continentes y su deriva.

Para 1978, ya tenía seis años escribiendo sobre los orígenes de las familias de El Rosario, también me interesaba bastante saber sobre lo que los científicos habían descubierto acerca del origen de la tierra, y por supuesto del de Baja California, sobretodo me interesaba de manera especial el por qué se comentaba que la península algún vez se desprenderá del continente, y será una isla.
En aquel mi primer acercamiento con la teoría de la deriva continental, supe que se habían descubierto varias placas tectónicas, y que la península se encuentra sobre la del pacífico, y que el resto del país, en la continental.


ORIGEN DE LA PENINSULA DE BAJA CALIFORNIA.

La deriva continental dio origen a una península que millones de años después de su aparición se llamaría: Baja California.

Según la teoría de Tectónica de Placas, millones de años atrás, unos trescientos, en las eras paleozoica y mesozoica, la tierra se encontraba unida en un supercontinente al que han llamado: “Pangea”; en el cual la mayoría de las masas de tierra que ahora se conocen se encontraban unidas, y que debido a los movimientos del manto se formaron varios continentes.

La corteza terrestre, o capa superficial del planeta, se encuentra formada por el relieve expuesto, y el submarino, que es rígido; la corteza terrestre y el manto superior, que también es rígido, y se encuentra por debajo de la corteza, se les llama “Litosfera”; que es de unos 60 kilómetros de espesor; flotan sobre el manto terrestre, y una sucesión de capas hasta llegar al núcleo; es decir sobre la roca fundida, la que se expulsa al exterior a través de los volcanes.

En la parte de la era geológica, entre los períodos del Oligoceno Tardío, y el Mioceno Temprano, es decir, hace entre 20 y 30 millones de años apareció la península de Baja california.

En el choque que se da entre las dos placas: La del Pacífico, y la Continental, y el deslizamiento entre éstas, que inició en el mioceno medio, hace entre 13 y 15 millones de años, provoca que la del pacífico viaje hacia el noroeste, mientras que la continental lo haga hacia el oeste, y con ese movimiento se dio origen al golfo de California, por cuyo fondo se encuentra el trazo de la falla de San Andrés, discurriendo desde el golfo hacia el noroeste por el mar salado en California, conocido allá como “Salton Sea”, internándose aún más en California hasta cruzarla y salir al océano pacífico, unos cuantos kilómetros al sur de la bahía de San Francisco; toda esta trayectoria de la falla, es la frontera en esa parte de tierra del choque de ambas placas tectónicas.

La velocidad de deriva con la que viaja la placa del pacífico, es decir lo que viaja la península hacia el noroeste, es de unos 6.5 centímetros al año; lo cual según los científicos, le tomará unos 50 mil años a la península para desprenderse de tierra firme, de la zona donde ahora se encuentra unida al continente norteamericano, en la zona del alto golfo de California, en las confluencias de los estados mexicanos de Baja California, y de Sonora, así como los norteamericanos: California, y Arizona.

Bueno, así las cosas; la Península se encuentra en el borde de la placa del Pacifico, mientras que de Sonora hacía el resto del país se encuentran sobre la placa Continental.

No siempre fue así, antes la península era parte de Sonora, las aguas de las lluvias drenaban desde Sonora, y la sierra madre occidental, hasta el océano pacifico, cruzando la península; el golfo de California, no existía.

La placa del pacífico, la más grande de todas, lleva encima a casi todo el océano de ese nombre, y por lo que toca a la corteza terrestre que viaja a la deriva con la placa, es una extensión muy pequeña, es decir, solo sobresale del agua, la península de Baja California, parte de California, Estados Unidos de América, las islas de Hawái, y muchas otras islas; en otras palabras, vamos “viajando” en la deriva continental casi solos; mientras que el resto de Norteamérica lo hace sobre la placa Continental.

Ahora bien: ¿Qué fue lo que hizo que tan poca extensión de la corteza terrestre quedara sola?

Parte de la respuesta la encontramos en la Falla de “San Andrés”, que surgió en el mioceno tardío, es decir, hace entre 3 y 13 millones de años, cuando la separación de la corteza terrestre entre la actual Sonora, y península de Baja california, no soportó más, y se abrió una grieta que se fue llenando de agua, y haciéndose más ancha conforme se alejaba la península de la costa continental, así surgió primero la falla de San Andrés, y el golfo de California. Por otra parte, el rio colorado empezó a drenar sus aguas hacia el golfo, acarreando grandes cantidades de sedimentos que han formado una capa de kilómetros de espesor, y que también han formado el valle de Mexicali, y el Imperial, así como una corteza de fondo del golfo con kilómetros de espesor, esto ha venido sucediendo desde el período del Plioceno, hace entre 2 y 5 millones de años.


EN LA ACTUALIDAD.

El pasado día 4 de abril del 2010, se dio un terremoto de 7.4 grados en la escala de Richter, cuyo epicentro fue en el pueblo de Guadalupe Victoria, en el municipio de Mexicali, Baja California.
Y para quienes tengan dudas, de que la península se separará, pueden ver la grieta que aquel sismo dejó en el cerro “El Centinela”, en la laguna Salada, de Mexicali; la tal grieta tiene más de cien kilómetros de longitud, y quien sabe cuántos de profundidad; lo que sí se sabe, es que la grieta corre desde las confluencias del golfo hacia el noroeste, con rumbo al Salton Sea, que no es otra cosa que el avance del golfo de California hacía el noroeste en su búsqueda del océano pacifico; lo que dicho en otras palabras, significa que una vez que ambas aguas se encuentren, entonces nuestra península, será isla.

A raíz del sismo de abril de 2010, me tocó saber que el cauce de un arroyo, cuyo fondo tenía una suave pendiente hacia el golfo, y que después del sismo, la fractura que antes describí, cruzó el fondo de una margen a otra, dejando un desnivel de tres metros; lo que explicado en palabras llanas, significa que:

Si uno caminaba antes por el fondo de aquel arroyo, siempre iba por el mismo suelo; pero a causa del hundimiento de una parte del suelo, ahora si se camina, de repente se tiene que dar un salto de tres metros de profundidad. Las corrientes de próximas lluvias, nivelarán el fondo del arroyo, y quien por ahí pase, no notará ningún cambio bajo sus pasos; sin embargo, la naturaleza esconde una realidad bastante cierta.


E L FUTURO.

Y cuando ya la península sea isla, seguirá a la deriva sobre los lomos de la placa tectónica a la que pertenece, y se cree que alguna vez, Ensenada, o lo que de ese territorio quede, se encontrará frente a San Francisco, California; y que pasado más, mucho más tiempo, la antes península se encontrará en las confluencias de Alaska.

Y bueno, por último, podemos saber claramente que los mares nunca han estado en un mismo nivel, este nivel, sube y baja según los movimientos de las placas tectónicas, y de infinidad de variables que impactan sobre el planeta en millones de años; tampoco las montañas han sido siempre como ahora las vemos, éstas han aparecido y desaparecido miles de veces a lo largo de la existencia de la tierra.

Basta con que cuando el amable lector tenga la oportunidad de viajar a cualquier parte alta de las montañas actuales, se dé a la tarea de buscar fósiles marinos en lo más escarpado de la serranía, y podrá imaginar qué profundidad tendría el océano en ese punto específico.

No olvidemos que la vida de un ser humano es bastante breve, brevísima, en comparación a la edad del planeta: Baste decir que si comparamos la existencia de un insecto que su vida es de cinco días, con la de un árbol que vive 500 años, y si se le preguntara al insecto que cambios ha notado en el árbol donde vive, el insecto diría: Llevo toda mi vida aquí, y el árbol no ha tenido ningún cambio: Lo mismo podría decir un ser humano: Llevo toda mi vida aquí, 100 años, sobre las montañas donde vivo, y no he notado ningún cambio en ellas.


AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
MIERCOLES 07 DE SEPTIEMBRE DE 2011.

El presente es un trabajo de orden intelectual, protegido por el autor bajo patente: 1660383; se puede reproducir siempre y cuando no sea con fines de lucro, o comerciales, y se otorguen los créditos correspondientes

NOTAS REELEVANTES:

El primer científico en utilizar la palabra “Pangea” fue el alemán Alfred Wegener en 1912, principal autor de la teoría de “La deriva Continental”

Al enorme océano que una vez rodeo al supercontinente “Pangea” se le llama: “Pantalasa”.
Se considera que “Pangea” se empezó a formar en el periodo Pérmico, hace unos 300 millones de años, y que antes de Pangea, los continentes estaban separados, se unieron, y quedaron rodeados por un inmenso océano único.

Aproximadamente en el periodo Jurásico, Pangea inicio su separación de nuevo, formando dos continentes llamados: Gondwana al sur del globo terráqueo, y Laurasia al norte; separados por un océano llamado “Mar de Tetis”; al continuar la deriva continental, se formaron los continentes como los conocemos ahora, y que se siguen desplazando entre sí.

Y por no dejar de comentar; se supone que hace 1,100 millones de años se formó el supercontinente “Rodinia”; luego se separó, y se volvió a unir; y así sucesivamente la corteza terrestre se ha venido separando en continentes y uniendo en supercontinente, desde hace 4,600 millones de años desde el origen mismo del planeta tierra.

Para mayor información científica sobre el tema, se puede consultar: Mar de Cortés: El Tesoro Azul; Historia geológica de la península de Baja California.

Mi amigo Miguel Agustín Téllez Duarte, es ahora un científico que imparte sus conocimientos en la facultad de ciencias marinas de la Universidad Autónoma de Baja California, en la cuidad de Ensenada; ha realizado estudios en varias Universidades de prestigio mundial.

En la zona de El Rosario, tenemos en las montañas infinidad de fósiles marinos, que han sido ampliamente estudiados por científicos que he tenido el gusto de alternar con muchos de ellos, sobresaliendo en los estudios en las mesas de “San Carlos”, y “El Canasto”, realizados por el Poblano Luís Mario Paredes Mejía; el Doctor en Ciencias Levandovzky; y muchos otros de la Universidad PURDUE de West Lafayette Indiana, Estados Unidos de América.

El propio cañón de origen fósil de El Rosario fue un gran pantano, en el que habitaron dinosaurios, extintos hace 65 millones de años; basta con recorrer sus montañas para apreciar la infinidad de restos de animales marinos.

Espero que este modesto trabajo sea del agrado de mis posibles lectores, sobre todo los que desconocen el tema, y como lo dije al principio, no deja de ser “Historia”, que es uno de mis pasatiempos favoritos. Para quienes les sea familiar esta información, les pido que sigan apoyando para que la divulgación de la ciencia llegue a quienes no han tenido la oportunidad de adentrarse en ella.



































martes, 6 de septiembre de 2011

ORIGENES DE LA FAMILIA “PELLEJEROS” EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

TALABARTERIA DE DON JOSE VERDUGO ALVARADO.
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
Sábado 03 de Septiembre de 2011.

Corría el año de 1815, cuando en la misión de San Francisco de Borja Adac, nace José Verdugo Alvarado, de los Verdugo de Comondú, Baja California, Sur; aquellos eran los tiempos en que México de debatía entre nacer como nación, o seguir siendo un apéndice de España, seguir siendo una colonia de la cual la “Madre Patria” siguiera extrayendo no sólo sus riquezas, sino también el alma, y la sangre de sus colonos. El imperio perdió su apéndice, pero otro que nacía, tenía puestos sus intereses en una porción de las ricas tierras que España estaba por perder; más de la mitad del territorio del México aquel, que sucumbió a manos del nuevo imperio, el estadounidense.

José fue hijo de Mariano Verdugo y de Josefa Alvarado, quienes vivieron en Comondú, y de ese lugar viajaron a la misión de Santa Gertrudis, y más tarde a la de San Francisco de Borja Adac, en cuyo sitio nace José en 1815, como ha quedado dicho.

La talabartería eran las labores que desempeñaba la familia Verdugo en San Borja, sus “clientes” se encontraban en la misión, y en los escasos ranchos de la comarca de aquel entonces; realizaban también labores de agricultura, apicultura, y vaqueros en el cuidado de los ganados misionales.

Basta fue la familia que procrearon los Verdugo Alvarado, todos se dispersaron por la región media de la península, sin embargo José, se asentó en su juventud en la misión de Santo Tomás de Aquino, cercana al paraje de la Ensenada de Todos Santos, hoy ciudad de Ensenada, Baja California; de la misión de Santo Tomas de Aquino, pasó en busca de instalarse en El Rosario, situado doscientos kilómetros al sur, a cuyo sitio llegó hacia 1835; fue allí donde conoció a Columba Sevilla, quien había nacido en 1812, en la misión de San Francisco de Borja Adac, pero radicada con su familia desde su primera juventud en El Rosario, casándose con ella, casi a su llegada al pueblo, el propio año de 1835.

José al desposarse con Columba contaba con escasos veinte años de edad, y ella veintitrés, fincaron su vivienda en el paraje que más tarde se conoció como “El Palo Loco”, su casa la construyeron con el apoyo de don José Sevilla, don Juan Marrón, y don Carlos Espinoza Castro.

De manera inmediata José Verdugo Alvarado construyó un cuarto de adobe al que llamaba “La Fragua”, aunque no trabajaba la herrería, sino la talabartería, oficio que le había enseñado y heredado su padre. Un año después, en 1836, nace su primera hija a quien nombraron: Petra.

En su trabajo de peletería, el entonces joven José, elaboraba pocas prendas y enseres que los habitantes del pueblo le solicitaban, y como la comunidad entonces era de unos cuarenta habitantes, pronto se terminaban los “clientes”, y con ellos los ingresos no monetarios de José.

Por tal razón se dio a la tarea de criar algunos burros, mulas, aves de corral, y por primera vez en El Rosario, cajas con colmenas para la miel, todo a la usanza bajacaliforniana, traída aquí por los misioneros.

Cuando el pueblo creció, y su familia también José volvió a lo suyo, a la talabartería; y como la dotación de pieles no era basta que digamos, él con sus pequeños hijos recorría los ranchos en busca de cueros crudos, los que curtía y con los que elaboraba sus prendas, muy apreciadas que eran por los rosareños; principalmente los cintos, chaparreras, chamarras, chalecos, zapatos, y botas vaqueras, frenos, riendas, alforjas, reatas; y de cuando en cuando confeccionaba un mandil para el único herrero que había en el pueblo: Tomás Federico Ortiz Espinoza, quien era su yerno, pues fue casado con María Luisa Pellejeros Sevilla, de quien su hijo Santiago Ortiz Pellejeros heredaría la herrería y su labor .

Elaboraba José Pellejeros también los cayucos que los rosareños encabezados por Carlos Espinoza Castro, utilizaban para la cacería de nutrias en la bahía de El Rosario; Los cayucos de forma redonda eran antes elaborados por los propios nutrieros mediante el cuero crudo de una res; pero al llegar José Verdugo al pueblo, la manufactura de los cayucos tuvo gran avance al elaborase con piel curtida, mejorando con esto su navegación, su manejo, y su duración, ya que de esa manera los hambrientos coyotes no se los comían; primero por el fuerte olor que despedían por la curtiduría, y porque los nutrieros los colgaban en los acantilados verticales de Punta Baja, y puerto de “Los Chinos”, en la costa rosareña.

José Verdugo ya iba a un rancho a recoger o a encargar los cueros, ya iba a otro lugar, o de caería para hacerse de la materia prima, incluso de lobos marinos de uno y de dos pelos, como los llamaban; tantas vueltas dio, tantas veredas recorrió en busca de su “tesoro”, que llamó la atención de un “Indito”, decían los viejitos; y mientras que los rosareños decían:
¡Allá viene José Verdugo en busca de cueros!

“El indito”, que era originario de San Francisco de la Sierra, Baja California, Sur, y radicado por décadas en El Rosario, decía algo igual, pero muy distinto:
¡Allá viene José Verdugo, en busca de Pellejos!

Y tanto se llevó y se trajo la frasecita, de que José buscaba pieles, cueros, luego pellejos, y que trabajaba con ellos, se le fue cambiando de piel a cuero, luego a pellejo; después todos decían: Los Pellejeros.

Para el año de 1861, ya don José Verdugo Alvarado, se llamaba José Pellejeros Alvarado, y sus hijos eran, Pellejeros Sevilla; pues fue en ese año cuando se iniciaron las constancias de inscripción ante el recién nacido registro civil en México, y en nuestra región se inscribían en Santo Tomás de Aquino, y en La Grulla; lugar donde un despistado “escribano”, anotó por primera vez en la familia el apellido “PELLEJEROS”; fue así que mi tatarabuelo se llamó: Tomás Marrón Pellejeros; y sus hermanos de la misma manera.

Mi abuela María Visitación Garcia Marrón de Espinoza, que fue tataranieta de José Pellejeros, recordaba que sus antepasados se ofendían de sobremanera, porque los llamaban “Pellejeros”; aunque no les quedó de otra, más que aceptarlo.

Hacía 1857, año en que nace mi tatarabuelo Policarpo Espinoza Marrón, primo hermano de los hijos de Ignacio Marrón Murillo y de Petra “Pellejeros” Sevilla, el taller de “La Fragua”, se llamaba: “El Pellejero”; y los que allí laboraban: “Los Pellejeros”; y se oficializó en 1861, con el proceder del escribano en La Grulla.

Cuando se levantó el acta de defunción de Columba Sevilla, en El Rosario, el 31 de marzo de 1893, cuando contaba con la edad de 81 años, José aceptó que su nombre se asentara en el acta de defunción de su esposa, como: “José Pellejero”.

A la única persona que he conocido en la vida y que llevó ese apellido fue a Ramón Meza Pellejeros, mecánico que fue en El Rosario, quien falleció hacía la década de 1990 al 2000, más o menos.

En la actualidad no existe ni siquiera una sola persona que represente a ese linaje en El Rosario, el apellido se encuentra extinto aquí, sin embargo la relación consanguínea es basta con las familias tempranas de mi tierra.

Lo único tangible que se puede encontrar en El Rosario hoy en día, es una “cuera”, chamarra de piel elaborada hace unos ciento cincuenta años por Don José Pellejeros, la cual se exhibe en el museo comunitario “El Rosario”, gracias a Francisco Gerardo, quien la heredó de su abuelo Anastasio Gerardo Espinoza, quien a su vez la había heredado de su familia Espinoza.

Las presentes letras son solo una leve aproximación de lo que fue la laboriosa vida de los “Pellejeros” en mi tierra, y sabiendo que el apellido existe como tal en España, y en otras partes del mundo de influencia española, no se encuentra relacionado en nada con los orígenes de los de El Rosario; y que aunque ya había escrito algo relacionado con esta familia en esta misma página, he deseado ampliar la información para su divulgación de manera mas apropiada.


AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
SABADO 03 DE SEPTIEMBRE DE 2011.

El presente es trabajo intelectual del autor, se permite su uso parcial o total, siempre y cuando no sea con fines de lucro, ni comercial, y otorgando los créditos correspondientes.


Notas relevantes.

Los (Verdugo) Pellejeros Sevilla, fueron los primeros en construir casa en El Rosario de Arriba, vivieron en la zona que hoy se conoce como “El Palo Loco”, actual propiedad de Aurora Duarte Peralta de Espinoza y familia, heredada a ella por su esposo Antonio Leobardo “Quirino” Espinoza Peralta, (El Rosario: 17 de enero1931- 03 de febrero de2009).
Sólo la misión le antecedió en construcción en El Rosario de Arriba a la casa de José Pellejeros.
“Palo Loco” fue un árbol eucalipto que en 1850 plantó Petra Pellejeros Sevilla, cuando ya era casada con Ignacio Marrón Murillo (El Rosario: 1823-1922); siendo derribado por un fuerte viento el día 17 de enero de 1988, cuando contaba con 138 años de edad.

Los hijos de José Pellejeros y de Columba Sevilla fueron: Petra, Hesiquio, María Luisa, y otros más; mientras que sus nietos fueron: los Ortiz Pellejeros, Marrón Pellejeros, y Pellejeros ¿?.
Ramón Meza Pellejeros, al parecer descendía de Hesiquio, según me lo comentó.

A continuación transcribo el acta de defunción de Columba Sevilla de Pellejeros, misma que publiqué en mi libro ‘LOS ROSAREÑOS”, en 1992:

“ACTA NUMERO 25: DEFUNCION DE LA SEÑORA COLUMBA SEVILLA DE PELLEJERO:

En la Ex misión de El Rosario, de la Municipalidad de la Ensenada de Todos Santos, Distrito Norte de la Baja California, a las diez de la mañana del día 31 de marzo de 1893, ante mí José Montes, Juez de Paz tercero suplente de esta sección en ejercicio por ausencia del propietario y primer suplente y en funciones de Juez Civil por ministerio de Ley, compareció el ciudadano JOSE PELLEJERO, de 78 años de edad, natural y vecino de este lugar, de oficio labrador, manifestó que el día de ayer 30 del mes de marzo falleció en su propia casa habitación la señora su esposa Doña COLUMBA SEVILLA, casada con el exponente, natural de San Borja, de este distrito y vecina de este lugar desde hace muchos años, hija legitima de José Sevilla, y de la señora N.N. a quien no conoció, y no recuerda como se llama, ambos difuntos: Que la finada murió de fiebre el día expresado a las cuatro de la tarde y de 81 años de edad. Los testigos de esta manifestación lo fueron los ciudadanos Daniel Montes (Espinoza), y Bruno Peralta (Veliz), ambos labradores, mayores de edad, y vecinos de este lugar, con domicilio el segundo en el rancho San Antonio de esta sección; el primero viudo, y el segundo casado y natural de Comondú Distrito Sur de este Territorio, y el primero natural de este lugar con su domicilio en el mismo. El primero de estos testigos manifestó ser pariente de la finada y el segundo por afinidad. La inhumación se verificará en el cementerio de este lugar, hoy a las cinco de la tarde. Leída la presente acta al interesado y testigos manifestaron todos su conformidad, firmándola con el suscrito para constancia, no haciéndolo el manifestante por no saber.”

En el acta se lee que Bruno Peralta veliz, era pariente por “Afinidad” de Columba, lo cual así fue, ya que su esposa era Francisca Ortiz Pellejeros, nieta de la finada, e hija del herrero Tomás Federico Ortiz Espinoza y de Maria Luisa Pellejeros Sevilla.

Daniel Montes Espinoza (hijo de José Montes (El Juez que levantó el acta, y de Ildefonsa Espinoza Salgado), fue el otro testigo, y según se asienta era familiar, creo que eran parientes por parte de José Montes con José Verdugo “Pellejeros”.

El Juez primero que se encontraba ausente al momento de levantar el acta, era mi tatarabuelo Policarpo Espinoza Marrón; quien fue sobrino político del Juez Suplente José Montes, ya que la esposa de este Ildefonsa, fue hermana de José del Carmen Espinoza Salgado, e hijos del patriarca Carlos Espinoza Castro.



La persona de mayor edad es Petra Pellejeros Sevilla de Marrón,
en El Rosario, en 1924; mi abuela María Visitación García Marrón,
es la niña de collar, cuando contaba con apenas 10 años de edad.
Foto que me facilitó Elena Esther Cochran García sobrina de
mi abuela, y tataranieta de Petra.


Esto es lo que queda en la actualidad de lo que fue la herrería de Tomás Federico Ortiz Espinoza, que en realidad fue la casa de su primo José del Carmen Espinoza Salgado. En la actualidad es la casa de José Ceseña y familia; siendo la más antigua que se conserva en pie, y que fue construida en 1863.
Foto por tomada el autor: El Rosario, BC. 1980.





Mi tatarabuelo, Policarpo Espinoza Marrón, quien era el Juez Ausente, se encuentra en esta foto a la extrema derecha., en El Rosario, en 1927. Mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, es el joven de sombrero de la extrema izquierda; el resto son hermanos de mi abuelo.
Foto: Colección del autor.




A la derecha se encuentra Don Rosario Meza Arce,
quien fue padre de Ramón Meza Pellejeros,
le sigue al centro su consuegro don José
“Pepe Garrucha” Valladolid Ortiz, a la izquierda
el delegado de gobierno en El Rosario, BC., en 1955.
Foto: Colecciona del autor.




Misión de San Francisco de Borja Adac, lugar donde nacieron José Pellejero, en 1815, y Columba Sevilla, en 1812.
Foto tomada por el autor en marzo de 2008.



Bruno Peralta Veliz, uno de los testigos
de la muerte de Columba Sevilla de Pellejeros.
Foto colección del autor: El Rosario, BC 1876.

lunes, 29 de agosto de 2011

ORIGENES DE LA FAMILIA PERALTA EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
24 de Agosto de 2011.

Cuando en 1861 dio inicio el registro civil en Comondú, Baja California, Sur, esto a instancias del gobierno de Benito Juárez, como parte de las leyes que en todo el país dieron al poder civil la supremacía en los quehaceres que aglutinaron desde entonces a la sociedad mexicana, la que antes era conducida por la iglesia, es entonces cuando también en Baja California se recibe la instrucción de registrar de manera sistemática los nacimientos, bodas, defunciones, entre otros ordenamientos que dieron origen al registro civil, vigente en todas las tareas cotidianas de la vida nacional desde entonces, y hasta la época actual.

Según los registros el día 3 de julio de 1861, fue registrado en Comondú José Luciano Peralta Véliz, quien había nacido en ese lugar el 19 de noviembre de 1860, siendo hijo de los Loretanos Inocencio Peralta Aguiar, y de Francisca Veliz Osuna, y nieto de Cenobio Peralta y de Josefa Aguiar, así como de José María Véliz, y de Rosario Osuna. Habían procreado para ese entonces además de José Luciano, a Balbina, la mayor de todos, y a José Demetrio.

Este matrimonio formado por Inocencio Peralta Aguiar y Francisca Véliz Osuna, fueron los primeros Peralta en arribar a El Rosario en 1873, para ese entonces traían a varios hijos pequeños y jóvenes, entre los que se encontraban: Balbina, Bruno, Epigmenio, Victoriana, Gilberto, Cenobio, Jaime, y por último Francisca, nacida en El Mármol, quien fue hija de Inocencio Peralta Aguiar, y madre de nombre desconocido.

Epigmenio Peralta Véliz, es de quien la mayoría en línea directa de los actuales Peralta de El Rosario descienden, cuando llegaron a El Rosario en 1873, él contaba con apenas cinco años de edad; fue en ese mismo lugar donde se casó con la rosareña Petra Acevedo Marrón, el 2 de julio de 1895, cuando El Rosario festejaba el aniversario 121 de su fundación, Epigmenio contaba con 27 años de edad, mientras que la novia Petrita contaba con apenas 13. Sólo El Rosario sobrevive, ya festejó el pasado mes de julio, el día 2, su aniversario 237, mientras que todos los Peralta que llegaron en 1873, sus hijos, nietos, y muchos de sus bisnietos ya han desaparecido, desde hace mucho tiempo.

En 1873, cuando los Peralta arribaron a El Rosario, venían desde Comondú, todos en caravana con recua de mulas, algunos burros, y sus pertenecías en sus lomos; mientras que la familia caminó todo el trayecto a pie, es decir, cruzaron unos 900 kilómetros de agrestes veredas antes utilizadas por los misioneros, sus tropas, y sus arrieros; las mismas rocosas, polvorosas, choyosas, e inmisericordes veredas que durante milenios caminaron una y otra vez los primeros pobladores, y que son las mismas que algo fragmentadas siguen cruzando en la actualidad el desierto peninsular.

Son las mismas veredas o parte de éstas las que desde hace unos 44 años los corredores de las carreras fuera de camino se vanaglorian por lograr la gran odisea de cruzarlas a bordo de sus ensordecedores vehículos “todo terreno”: Por eso me pregunto: ¿Qué alarde harían éstos modernos viajeros, si las cruzaran a pie, como antes lo hicieron calladamente nuestras gentes?

Bueno, los tiempos son otros, pero la grandeza de aquellas abnegadas familias es incalificable, gracias a su enorme esfuerzo poblaron la península, dando a ésta tierra una bastedad de costumbres y raíces únicas, muy distintas a las del resto de México, no por eso de menor ni de mayor importancia, pero sí de inaudita resistencia.

Abandonadas como estuvieron las familias peninsulares por los gobiernos mexicanos de todos los tiempos, desde la época colonial, el México Independiente, el Juarismo, Porfiriato, y hasta por lo menos 1973, tiempo en que se construye para unir a los bajacalifornianos la carretera transpeninsular.

Durante todo el lapso colonial y después de la independencia, en la península las familias se vieron aturdidas por las ingratas influencias de bandoleros que operaban dentro y fuera de las filas del gobierno; algunos llegaban en barcos, otros en sus cabalgaduras, y no pocos a pie; salvo el lapso comprendido entre 1697 y 1767, aquellos setenta años en que gobernaron aquí los misioneros jesuitas, fueron los menos rígidos, aunque no fáciles para los californios milenarios, y para nuestras familias pioneras; pero lo que es de 1768 en adelante, hasta por lo menos 1973, o sea por más de 200 años, los peninsulares fuimos otros mexicanos, como nos llamó Fernando Jordán en 1949; lo que por herencia sin duda alguna seguimos siendo una raza distinta, aunque ya muy acompañada del resto de hermanos de la república.

Por principios de cuentas, los misioneros franciscanos estuvieron aquí sólo de paso, fundaron en 1769 la única misión de esa orden en San Fernando Velicatá, hoy territorio de El Rosario, y luego le dejaron en 1773 a los dominicos el gobierno misional de la península alternada con un gobierno militar; y cuyos métodos de gobierno y sometimiento dejaron mucho que desear, sólo basta con recordar la temible “Picota”.

Cuando los Peralta salieron de Comondú era la primavera de 1871, arribando a El Rosario en 1873, lo que bien cabe analizar: ¿Cuántos días soleados, lluvias, fríos, hambres, miedos, ansiedades, y tantas más difíciles situaciones pasaron?: No sé.

Lo que sí sé es que llegaron a El Rosario, por las mismas veredas desde el sur peninsular por las que antes habían llegado los Espinoza, Ortiz, Marrón, Verdugo, Aguilar, Acevedo, Montes, Ortega, Collins, Meza, Arce, Sandez, y Duarte; los primeros de éstas familias en 1800, mientras que el último en llegar entonces, era Domingo Duarte Cossío, quien había llegado en 1872, y después de él, sólo un año después, los Peralta.

Cuando los Peralta llegaron, conocían a varias familias sureñas ya asentadas en El Rosario, y como antes todo mundo se conocía o estaba emparentado entre sí, muy pronto los Rosareños acomodaron a los nuevos habitantes del pueblo, entregándoles la cañada de Santo Tomás, que se encuentra en la margen izquierda del arroyo en una amplia extensión de tierra ubicada muy cerca del arroyo, que antes había pertenecido a Carlos Espinoza Castro, heredada por él a su hermana Perfecta Escolástica Espinoza Castro, quien casada con Julián Jesse Ames, dio origen a ese linaje en Baja California; después de los Ames la propiedad pasó a manos de Rita casada con Loreto Acevedo Ceseña; y desde 1873 hasta nuestros días pertenece a los Peralta.

La propiedad de la que venimos tratando, el primer Peralta en ocuparla fue Inocencio Peralta Aguiar, después su hijo Epigmenio Peralta Véliz, más tarde su nieto Lázaro Peralta Acevedo, luego su bisnieto Silvestre Peralta Duarte, y hoy los hijos de Silvestre de apellido Peralta Grosso; en otras palabras la propiedad ha pasado de generación en generación, desde Inocencio, hasta los hijos y nietos de sus tataranietos, quienes la ocupan en la actualidad.

En tal propiedad nacieron varios de los Peralta primigenios de El Rosario, después de ellos sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, y dos generaciones más.

Todas las familias peninsulares se hicieron vivir mayormente de las cosechas que de sus tierritas de labor obtenían, así como de la recolección de frutos y semillas silvestres, de los animales de caza, y de la pesca en el mar cercano. Todas las familias vivieron de la misma manera, todos trabajaban las tierras, cazaban, pescaban, recolectaban, y criaban ganado y aves de corral. Sus ropas las confeccionaban e intercambiaban entre los pueblerinos, y practicaban el contrabando de mercancías con los escasos viajeros que pasaban por el camino real, o con los navegantes que se fondeaban en la costa rosareña, como en las de toda la geografía peninsular; el contrabando de mercancías y el trueque de bienes fue, y sigue siendo de alguna manera una actividad muy arraigada entre los bajacalifornianos, nació en los tiempos misioneros; su desarrollo fue debido principalmente al aislamiento y lo arrinconada en que se ha encontrado la península en todos los tiempos, antaño comerciando principalmente con San Diego, California, en vez que con el resto del país debido a la lejanía, y a lo olvidada que siempre se encontró la sociedad de aquí, por parte del resto de la república, y al eterno abandono en que siempre la tuvo el centro, principalmente hasta antes de 1973.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
MIERCOLES 24 DE AGOSTO DE 2011.

El presente es un trabajo de orden intelectual, que se encuentra protegido por el autor bajo patente 1660383; se permite su reproducción parcial o total, siempre y cuando se brinden los créditos correspondientes, y no sea con fines de lucro, ni se altere el contenido en ninguna de sus partes.

NOTAS RELEVANTES:
La genealogía de la familia Peralta en El Rosario, es como a continuación se presenta:

Inocencio Peralta Aguiar, y Francisca Véliz Osuna, los fundadores de ese linaje en El Rosario, fueron padres de:

Balbina la mayor (1856-1908) nació en Comondú, Baja California, Sur, en 1856, fue esposa del rosareño Policarpo Espinoza Marrón: fueron mis tatarabuelos paternos.
José Luciano: Se quedó a vivir en la zona de San Ignacio, Baja California, Sur, donde tuvo familia, y de quien descienden los Peralta de esa zona.
José Demetrio: Se quedó a vivir en la zona de Santa Rosalía, y Santa Águeda, Baja California, Sur, y es de quien descienden algunos de los Peralta de esos sitios.
Bruno: Fue casado con la rosareña Francisca Ortiz Pellejeros; fundaron el rancho “Santa Úrsula”, en las cercanías de El Rosario.
Bruno: Fue casado con la rosareña Francisca Ortiz Pellejeros; fundaron el rancho “Santa Úrsula”, en las cercanías de El Rosario.
Gilberto (el menor de la familia) fue casado con Otilia Solorio, rehabilitaron el viejo paraje de Santa Catarina, y lo convirtieron en lo que hoy se conoce como: “Rancho Santa Catarina”, en las cercanías de El Guayaquil, y El Mármol.
Victoriana fue casada con Tomás Vidaurrázaga Murillo.
Cenobio, fue casado con Matea Murillo Smith.
Jaime, se radicó en la zona de Arroyo Seco, en Colonet, fue el fundador de los Peralta de esa región.

Balbina Peralta Veliz la mayor, fue casada con Policarpo Espinoza Marrón, procrearon a: Juventino, Santiago, Cecilio, María Josefa, María Guadalupe, Adalberto “Caracol”, Policarpo “Polo hijo”, José del Carmen “Tambo”, Carlos “Don Chale”, Alejandro “Mechudo”, y Julio.

Juventino se fue a vivir a San Vicente Ferrer, en 1905, donde se casó con Josefa Aráuz Aguiar.

Santiago (1878-1962) fue casado con Josefa Peralta Ramirez, sus hijos fueron: María Fe, Emilia “Balbina”, Sofía, Heraclio, Alejandro (mi abuelo), Manuel “Tehua”, Santiago, Heriberto, José de Jesús, Amanda, María Magdalena, Josefina, y Antonio Leobardo “Quirino”.

Santiago fue casado en segundas nupcias con Bertha Romero Loya, fueron los padres de:
Herminio, Gloria, Francisca, Alicia, Blanca, Violanda de Montserrat, y Elsa.

Cecilio (1880-¿?) fue casado con Cecilia Romo, fueron los padres de: Alfonso “Rey”, Alberto, Norberto “Yoti”, y María Isabel, quien fue la esposa de Amadeo “Quitito” Peralta Murillo.

Cecilio casado en segundas nupcias con Eloísa Peralta Murillo fueron los padres de: Carlos, Zacarías, Francisca “Jirto”, María (madre fundadora de los Arauz de El Rosario), Anita (madre fundadora de los Viera de El Rosario).

José del Carmen (1891-1985) “Tambo” fue casado con Juana Romo, (hermana de Cecilia) quien falleció junto a su hijo al nacer, en su primer parto en el rancho San Juan de Dios.

José del Carmen “Tambo” fue casado en segundas nupcias con Josefa Vidaurrázaga Peralta, fueron los padres de: Eduardo “Lalo”, Julio “El Tambo”, Palmira “Ema”, y Manuel “Niní” quien falleció apenas el pasado 13 de agosto de 2011.

Adalberto “Caracol” (1890-1980) fue casado con María Isabel Vidaurrázaga Peralta, fueron los padres de: Esperanza “Toto”, Alejandrina “Jarino”, Dolores, Angelina (madre fundadora de los Fuerte de El Rosario); Francisco “Raile”, Rosario “Chayulín”, Rafael, y el mayor de todos: Adalberto quien falleció niño en el rancho de San Juan de Dios.

Policarpo (hijo) (1887-1948?) fue casado con Amparo Arce, sus hijos fueron: Fidel “Güero”, Trinidad “Yita”, Ruperto “Rupe” Teresa, Carmen, Francisco, Heraclio “Pleis”, David “Bill”, Lucía, y Jesús “Tío Chuy”.

Carlos “Don Chale”, (1899-1974) fue casado en primeras nupcias con Pilar Adarga Acevedo sus hijos fueron: María Dolores, Cecilio, Demetria “Chuma”, Romualdo, Cipriano, y Ramón.

Carlos “Don Chale” fue casado en segundas nupcias con Dionisia Bañaga de origen Kiliwa del aguaje de León; tuvieron a un hijo llamado Alejandro Espinoza Bañaga, fallecido en El Rosario a los 30 años de edad en 1988.

Alejandro “Mechudo” (1895?-1945) fue casado en primeras nupcias con Ángela Loya Espinoza, sus hijos fueron: Gustavo, Emilio, Arnulfo “Chuti”, Maura, y María Guadalupe.

Alejandro “Mechudo” fue casado en segundas nupcias con Francisca Aguilar Acevedo, sus hijos fueron: Berta, Angelita, Balbina, Cruz (mujer), Policarpo, Ricardo, “Tardo”, y Ángel Zacarías.

María Guadalupe (1896-¿?) fue casada con Gabriel García López “Chimicuíl”, originario de La Grulla, Baja California; lugar ubicado en las cercanías de Ensenada; no tuvieron descendientes.

María Josefa (1897?-¿?) fue casada con José Loya Murillo, ver sus descendientes, en el artículo: “José Loya Murillo y María Josefa Espinoza Peralta”.

Siguiendo con los primeros Peralta de El Rosario:

Bruno Peralta Véliz: Fue casado con la rosareña Francisca Ortiz Pellejeros; fundaron el rancho “Santa Úrsula”, en las cercanías de El Rosario; sus hijos fueron: Rosa quien a su vez fue casada con Francisco Loya Espinoza; y Ángela quien fue casada con José del Carmen Loya Espinoza, quien fue conocido como “Nico Loya”, único Loya Espinoza nacido en el rancho El Rosarito en 1889, y fallecido en Ensenada hacia 1986.

Gilberto Peralta Véliz fue casado con Otilia Solorio, como ya ha quedado dicho rehabilitaron el viejo paraje de Santa Catarina, y lo convirtieron en lo que hoy se conoce como: “Rancho Santa Catarina”, en las cercanías de El Guayaquil, y El Mármol; sus hijos fueron: Elías, “Beto Peralta”, “Güero Peralta”, Etelvina (esposa de Marcelino Cajeme García).

Victoriana Peralta Véliz fue casada con Tomás Vidaurrázaga Murillo, fueron los padres de: Alberto, María Isabel, Ricardo “Pilayo”, María Josefa, Fidencio, y Francisca “Pachita de Lapo”.

Cenobio Peralta Véliz, fue casado con la también Comundeña Matea Murillo Smith, fueron los padres de: Rosendo, María, Eloísa, Bartola, Victoria, Jacinta, Elvira, y Amadeo “Quitito”.

El árbol genealógico de la familia Peralta en El Rosario continúa de manera muy amplia; por ejemplo tenemos que de los hijos de Epigmenio Peralta Véliz y Petra Acevedo Marrón, viven en El Rosario los descendientes de: Inocencio casado con Sara Orduño Ortega; Lázaro (1908-1992) casado con María Gertrudis “Tulita” Duarte Valladolid; Francisco casado con Teresa Espinoza Arce; y muchísimos más.

De los descendientes de Balbina Peralta Véliz, tenemos entre los que ya describí, a mi bisabuelo Santiago, padre de mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, padre de Julio Espinoza García: mi padre, luego quien esto escribe, después mis hijos Alejandro, Laura Delia, y Magda Alejandra; y aún después de ellos mi nieto Isaac Alexander Espinoza Montiel.

Tomás Vidaurrázaga Murillo casado con Victoriana Peralta Véliz, fue hijo del ultramarino (extranjero) Tomás Vidaurrázaga y de la bajacaliforniana María Josefa Murillo; quienes se casaron en Loreto, Baja California, Sur, el 7 de enero de 1841; siendo este matrimonio los que fundaron ese linaje en Baja California.

A petición de Demetrio Zamora Ramos, bisnieto de Alejandro “Mechudo” Espinoza Peralta, ampliaré más de nuestra tatarabuela Balbina:

Balbina Peralta Véliz tatarabuela de Demetrio y mía, falleció en el rancho San Juan de Dios el 14 de octubre de 1908 a la edad de 52 años; según se puede leer en el acta que se levantó por motivo de su deceso el 16 de octubre de 1908, la cual se redactó de la siguiente manera:

“En El Rosario, Cabecera de la sección del mismo nombre del Distrito Norte de la Baja California, a las tres de la tarde del día 16 de octubre de 1908m ante mí Teófilo P. Echeverría, Juez de Paz de ésta sección en funciones de Juez del Estado Civil, por ministerio de la Ley compareció el ciudadano Cecilio Espinoza (Peralta) natural y vecino de ésta sección de 28 años de edad, casado, criador, y manifestó que a las cuatro y media de la tarde del día 14 de del corriente mes, falleció de gastritis en el rancho de San Juan de Dios, de ésta sección su señora madre BALBINA PERALTA (Véliz). El referido ciudadano Cecilio Espinoza expuso que la finada era natural de Comondú, de éste territorio de 52 años de edad, casada con el señor Policarpo Espinoza (Marrón) e hija de Inocencio Peralta (Aguiar), y Francisca Véliz (Osuna) de Peralta, presentando por testigos del fallecimiento que se trata a los ciudadanos Francisco A. Meza (Arce), y Arturo Sotelo, naturales de éste territorio, mayores de edad, solteros, comerciantes y vecinos de éste lugar, manifestando que no eran parientes de la finada, cuya inhumación se verificó en el panteón del rancho San Juan de Dios, Leía la presente acta al compareciente y testigos manifestaron su conformidad, ratificándola en todas sus partes y firmaron”.

Publicada en mi libro: LOS ROSAREÑOS”, Memorias del Nacimiento y Vida de un Pueblo Bajacaliforniano”: 1992.






Palmira “Ema” Espinoza Vidaurrázaga, Bertoldo Peralta Acevedo,
Angelina Espinoza Vidaurrázaga, Enrique delgadillo Dávalos:
El Rosario, BC, 1949.



Julio Espinoza García, Francisco Peralta Duarte, Héctor Espinoza Arroyo.
El Rosario, BC, 1999
Foto Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.







Eduardo “Lalo” Espinoza Vidaurrázaga, Lázaro Peralta Acevedo,
Maria Isabel Espinoza Romo, Santiaguito Espinoza Peralta,
y Trinidad “Yita” Espinoza Arce.
El Rosario, BC. 1935.

Los Peralta que aparecen en éstas fotos son nietos y bisnietos de los primeros que llegaron a El Rosario, en 1873.





“Los Rosareños”



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"Ing. Alejandro Espinoza Arroyo, quisiera felicitarlo por su destacado trabajo, y por permitirme conocer mís orígenes, y también entender el poder entender por qué mi padre me puso el nombre de "Inocencio", soy hijo de Inocencio Peralta Solorio del rancho Santa Catarina, Baja California, y radico en Guerrero Negro, Baja California, Sur.
Quisiera comentarle que en la lista de los hijos de mi abuelo Gilberto Peralta Véliz, le faltaron algunos nombres de sus hijos, además de los que menciona, y se los envío por si gusta agregarlos; faltaron:
LUZ, ADAN, EVA, AURORA, ANGELITA, INOCENCIO (Mi padre), Y RAFAEL. Los que menciona usted en al artículo son: "Guero Peralta", "Beto Peralta", Etelvina, y Elías.
Muchas gracias por la distinción que nos hace en relatar nuestros orígenes"
Atentamente;
Inocencio Adriel Peralta Arce."

jueves, 11 de agosto de 2011

ORIGENES DE LA FAMILIA GROSSO EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

Este artículo lo escribo a petición de IRMA GROSSO ARAMBULA:
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
10 de Agosto de 2011.

Eduardo Eugenio Boittard Grosso, fue un italiano que en su juventud llegó de su natal Italia, a Buenos Aires, Argentina, en el cono sur.

Nacido en San Bartolomé, Génova, Italia, el año de 1859; fue hijo de Juan Arturo Grosso y de Teresa Boittard, quienes nacieron, vivieron, y murieron en Italia.

Eduardo Eugenio, llegó como miles de italianos a Buenos Aires, Argentina, que era el país y la ciudad que parecía que tenía imán para “jalar” a los italianos; contando aquel país con fuerte ascendencia de Italia, y por lo tanto gruesos troncos y ramificaciones familiares de ese origen.

Después de algún corto tiempo en que se avecindó en Argentina, Eduardo Eugenio tuvo la oportunidad de viajar a México, y estando en este país, a Baja California; haciéndolo a la compañía minera de “El Boleo”, asentada en Santa Rosalía, Baja California, Sur, de donde se extrajeron grandes cantidades de cobre, cuya mina era de capital, y técnicos de origen francés; mientras que el cobre, y los labriegos eran mexicanos; y las ganancias quedaban en Francia:
¡Qué raro!

Fue en Santa Rosalía, lugar donde Eduardo Eugenio conoció a la bella Tecla Peña Duarte, hija única de Don Natividad Peña, y de la descendiente de sonorenses Úrsula Duarte; con Tecla se casó en ese mismo pueblo entonces minero, en 1885.

No pasaron muchos años en que el matrimonio Grosso Peña decide viajar al norte de la península, para entonces viajaron a lomo de bestias, cuando ya habían nacido en el mineral Arturo, Ángel, y Juan Eduardo, los tres hijos mayores, quienes viajaron al norte siendo pequeños niños de mano.

El primer sitio al que llegaron, fue un paraje en lo más agreste del desierto central, muy cerca del pueblo minero “El Mármol, Baja California”, cuyo primer ranchito llamaron “Buenos Aires”, en recuerdo del primer lugar al que Grosso había arribado en América. En ese rancho la familia duró muchos años, poco después Grosso compró el rancho “El Águila”, que después vendió a Don Reyes Quiñonez Castellanos; fundando también otro rancho llamado “Santa Teresa”, en recuerdo de su madre que había quedado en Italia.

El ranchero en Buenos Aires, era Don Anastasio Valtierra Villegas, quien sería el suegro de Don Salomé Acevedo Marrón.

La mala suerte, el destino, o un simple accidente acabaron con ese rancho, ya que se prendió una estufa de leña, se quemó la casa con todos sus menesteres; así que Buenos Aires fue abandonado. La estufa de leña había llegado en un barco a vapor llamado “Grainer” con el que acarreaban el ónix de El Mármol, desde el puerto de Santa Catarina, hasta San Francisco, California, Estados Unidos; y de allá para acá, traía toda clase de bienes gringos para todo mundo, que a muy altos precios les vendían; mientras que el ónix mexicano aquí tenía un precio pagado a México, de bajo a malo, y del otro lado de la frontera, altísimo valor comercial, o sea que no por nada los inversionistas formaron el pueblo de El Mármol, con trabajadores y peones mexicanos, y con técnicos y administrativos gringos. Qué vivos son, no cabe duda, los de primer mundo; como los franceses y estadounidenses.

No había pasado mucho tiempo del suceso del rancho, cuando llegó desde el sur peninsular Alberto Romero, quien se entendió con la rosareña Leonor Loya Espinoza, quien ayudaba en las tareas del rancho a Tecla Peña Duarte. Ya entendidos Romero y Loya, solicitaron la presencia en el rancho del padre Francisco Cota, quien llegó a bordo de una “Calesa”, carreta tirada por un solo caballo; los casó, y se fue del lugar; así en 1906, nace en la región la familia Romero Loya. De igual manera sucedió con los novios de aquellos lejanos ayeres Ruperto Aguilar quién también llegó del sur peninsular, conoció en casa de los Grosso a la rosareña María de Jesús Acevedo Marrón, y se casaron de la propia manera en que lo hicieron Romero y Loya; naciendo en ésta región, en 1907 la familia Aguilar Acevedo.

La aventura que siempre acompañó a Grosso fue la causante que un buen día se acercara hasta la casa de Don José Montes y su esposa Ildefonsa Espinoza Salgado, quienes vivían entonces en la misión de San Fernando Velicatá, para ver si Montes aceptaba venderle el rancho “Buena Vista”, que se ubicaba en pleno pueblo de El Rosario, no muy lejos del segundo sitio de la misión en el “Pueblo Viejo”, El Rosario de Abajo, o “El Otro lado”, como se le ha conocido desde siempre. El rancho hasta la fecha existe, la última de la familia Grosso que vivió allí, fue Teresita del niño Jesús Grosso Peña.

No duró mucho la familia Grosso Peña en el rancho que sí les vendió José Montes, el “Buena Vista”, pues en 1913 Eduardo Eugenio Grosso Boittard llevando de guía por las montañas y el desierto a los hermanos Francisco y José Guadalupe Loya Espinoza, cruzaron la península con rumbo al recién nacido pueblito de Mexicali, cruzaron la frontera para California, en pleno desierto, luego cabalgaron hacia el oeste subiendo la sierra “Jacumba”, que es la contraparte estadounidense de la Rumorosa mexicana, en la alta montaña reconocieron un sitio llamado “Coyote Wells”, a donde Grosso trajo a su familia un año después, y donde vivieron hasta 1923.
El viaje de El Rosario a “Coyote Wells” en 1914, lo hizo la familia en dos carretas tiradas por caballos, una iba al mando del rosareño Modesto Valladolid Ortiz, hombre entonces de 31 años de edad; la otra carreta era conducida por el también rosareño José María Collins Meza; en esta viajaba doña Úrsula Duarte, y su hija Tecla con los niños Amalia, Emilio, y la menor Anna.
En la otra carreta, la de Modesto Valladolid Ortiz, viajaban los hijos grandes, jóvenes de hasta veintitrés años de edad que eran Arturo, y otros poco menores Ángel, Juan Eduardo, Eugenio, Adelaida, y Teresita del Niño Jesús.

Las carretas donde viajaba la familia contaban con toldo de lona; mientras que a caballo cabalgaba el aventurero padre de familia Eugenio Eduardo. El tal viaje duró veinte días desde El Rosario, hasta Coyote Wells, lugares distantes entre sí, unos cuatrocientos kilómetros, que ahora muy fácil es decirlo, pero recorrerlo a lomo de bestias y a su velocidad, no es para nada cosa fácil de lograr.

Para el viaje se habían avituallado de agua, víveres, ropas, herraduras, algo de zacate seco para las bestias, y toda clase de bastimentos para una travesía de tal magnitud.

¿Cuándo puede un aventurero estarse quieto? De Coyote Wells, la familia se fue a vivir en 1923 a un sitio no muy lejano propiedad de italianos, y llamado “Encanto”, en donde todos se dedicaron a criar conejos, trabajo por el que recibían un sueldo, el del padre, y trabajaban todos. En ese sitio y con tan raquítico sueldo pagado a Grosso por sus coterráneos italianos, la familia estuvo de “capa caída”, es decir en la más terrible pobreza.

En 1927 se retiran de tal lugar con rumbo a El Rosario lugar de donde no volvieron a salir, de hecho allí fallecieron casi todos: Tecla Peña Duarte murió de tuberculosis en El Rosario, el 28 de septiembre de 1941, había nacido en El Triunfo, Baja California, Sur en 1870, mientras que su madre también fallecida en El Rosario hacia 1935, había nacido en El Triunfo, Baja California, Sur en 1856; y su madre Úrsula Duarte, había nacido en Santiago, Baja California, Sur; y su abuela de origen India Pima de nombre Pilar Duarte había nacido en Sonora en 1810, y se había avecindado en Miraflores, Baja California, Sur.

Don Eduardo Eugenio Grosso Boittard padre fundador de esa estirpe en Baja California, descansa en tierra bajacaliforniana, jamás, ni por equivocación volvió a Italia, allá quedaron sus hermanos, Maria Eugenia –su cuata-, María Ninni, y Víctor; sus padres, y el resto de toda la familia grande.
Y así es como se van tejiendo los hilos de las familias, así es como hemos llegado a esta tierra, la que ahora custodiamos, y que en un abrir y cerrar de ojos, habremos de entregar a los que nos sucederán; porque el inexorable paso del tiempo, se nos viene encima con rapidez inaudita, y sin piedad alguna.



AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
JUEVES 10 DE AGOSTO DE 2011.

El presente es un trabajo de orden intelectual protegido por al autor bajo patente 1660383; se puede citar total o parcialmente sin fines de lucro, otorgando el crédito correspondiente.

NOTAS RELEVANTES:
Desconozco la fecha del fallecimiento de Eduardo Eugenio Grosso Boittard, que aunque es muy probable que haya sido en El Rosario, por lo pronto no estoy en posición de afirmarlo.
De los hijos del matrimonio Grosso Peña, tenemos que formaron a las siguientes familias.

Arturo, el mayor, nacido hacia 1890 en Santa Rosalía, Baja California, Sur, se casó en primeras nupcias con la rosareña Juana Duarte Ortiz, con quien procreó a: Eduardo “Watare”, y María, quien fue la madre de los Cousiño de San Vicente Ferrer, Baja California. Arturo Grosso Peña “El Cura del desierto” vivió muchas décadas en la “Laguna Seca de Chapala, Baja California”.

Al enviudar de Juana, Arturo de casó con la rosareña Adela Peralta Acevedo, con quien procreó a: Amalia, Rosa, Lidia, Natividad, y Eugenio.

Ángel se casó en 1913 con la profesora Flora Castro, adscrita a la escuela elemental mixta número VI, en El Rosario; sus hijos fueron: Esther, Maria de Los Ángeles, Maria de Carmen, y Cesar Federico; Todos ellos viven con sus descendientes en Mexicali, Baja California.
Teresita del Niño Jesús, fue madre de su único hijo Luís Meléndez Grosso, fallecido hará un par de décadas.

Amalia, nunca se casó.

Anna se casó con Heraclio Espinoza Peralta; sus hijos fueron: Socorro, Mario, Maria del Rosario, Eugenio, Elvia, Heraclio Manuel, Santiago, Sergio, Marco Antonio; Lucio y Amalia que murieron niños.

Juan Eduardo se casó con María Fe Espinoza Peralta, siendo los padres de César Grosso Espinoza, quien a su vez fue padre de IRMA GROSSO ARAMBULA, quien solicitó que le escribiera sobre los orígenes de su familia Grosso.

Maria Fe Espinoza Peralta, fue la hija mayor de mis bisabuelos Santiago Espinoza Peralta, y Josefa Peralta Ramirez. Mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, fue el quinto hijo de mis bisabuelos.

César Grosso Espinoza falleció en 1986, en México capital.

Anna Grosso Peña, la menor de la familia continúa viviendo desde 1927, a sus 103 años de edad, en El Rosario, lugar donde nació el 16 de octubre de 1908. Solo los descendientes Grosso de Anna, viven actualmente en El Rosario.






En la foto aparece en El Rosario, hacia 1910 el italiano
Eduardo Eugenio Grosso Boittard.
De momento no cuento con la foto de Tecla Peña Duarte.
Foto que su hija Anna Grosso Peña, donó al museo comunitario “El Rosario”.












Aparece en El Rosario, Francisco Loya Espinoza,
hermano de José Guadalupe, quienes en 1913 sirvieron
de guía desde El Rosario a Mexicali
a Eduardo Eugenio Grosso Boittard.
Al fondo se ve a su sobrina María Loya Peralta,
quien fue hija de José del Carmen Loya Espinoza “Nico Loya”
Foto que me facilitó en 1988: María Loya Peralta: Hija de “Nico Loya” y Ángela Peralta Ortiz.

José Guadalupe Loya Espinoza en los arreos de ganado desde El Rosario, hasta Mexicali, localizó un sitio con aguas termales en la vertiente Este de la sierra de la Rumorosa, en tal lugar su hijo José Loya Murillo junto con su familia fundaron el balneario actualmente conocido como” “Rincón de Guadalupe” al que se llega por una brecha de buen camino desde la carretera, bajándose en la Laguna Salada, ubicada al pie de La Rumorosa, en los límites de los municipios de Mexicali, y Tecate, Baja California.




El nombre de “Rincón de Guadalupe” es en honor al rosareño José Guadalupe Loya Espinoza, quien en un viaje del durísimo arreo de ganado de El Rosario a Mexicali; llegando de regreso a El Rosario fue arteramente asesinado a corta edad, por “Los Indeseables” para asaltarlo, dejando en la orfandad a sus hijos.




Francisco Loya Espinoza, quien aparece en la foto de arriba, tomada en El Rosario en los tiempos de la artera muerte de su hermano José Guadalupe, quien lucía muy parecido a como se ve aquí Francisco.



Francisco fue casado con Rosa Peralta Ortiz, quien en su soltería vivía en el rancho Santa Úrsula, con sus padres Don Bruno Peralta Veliz y Francisca Ortiz Pellejeros.




Mas sobre los orígenes de la familia LOYA, se puede leer en: “José Loya Murillo y Maria Josefa Espinoza Peralta”, de ésta misma bitácora.

Maria Fe Espinoza Peralta, abuela paterna de Irma Grosso Arámbula, fue sobrina de Maria Josefa Espinoza Peralta, quien fue la esposa de José Loya Murillo.


miércoles, 3 de agosto de 2011

ORIGENES DE LA FAMILIA ORTIZ EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA:

Por su ascendencia con los nativos Cochimies, se considera la de mayor antigüedad en el pueblo.
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
02 de Agosto de 2011.

El soldado misional José Rito Ortiz, de origen español, y María del Carmen Espinoza Castro, -hermana del patriarca Rosareño Carlos Espinoza Castro-, fueron los fundadores del linaje ORTIZ, en El Rosario. Fue en 1809, cuando nació la primera Ortiz en este lugar, llamada Juana Ortiz Espinoza, después de ella nacieron varios hermanos y hermanas, entre los que se encontraba ROSARIO; cabe destacar que Juana murió joven, sin dejar descendencia, y que hacia 1835, nació otra hermana que en su memoria, le pusieron su nombre, ésta segunda Juana sí dejó familia.


Fue hasta cuando se casó Rosario Ortiz Espinoza con Josefa Aguilar Savin, hacia 1865, que en El Rosario se empezó a decir, que la familia Ortiz estaba en éstas tierras desde tiempos muy antiguos, cientos de años antes de la fundación de El Rosario como misión, en 1774. Pero no fue así, no fueron los Ortiz, sino que los que sí estaban desde hacía varios siglos eran los ancestros de Domingo Aguilar, y de Columba Savin, los padres de Josefa Aguilar Savin.


A cualquier persona de El Rosario, siempre y cuando conozca la historia de las familias antiguas, dirá: La familia más antigua es la Ortiz; se encuentran aquí desde los tiempos indianos.


Sin embargo, como ya ha quedado dicho, no son los Ortiz, sino los Aguilar y los Savin que se cruzaron por medio de Josefa con Rosario, hijo de padre Español, y nieto también de español por parte de madre.


Como quiera que sean las cosas, los actuales Ortiz, por parte de los Aguilar y los Savin, sí representan sangre milenaria en El Rosario. En la actualidad no existen en este lugar, ni Aguilar, ni Savin de los que hablamos, quienes recibieron sus apellidos castellanizados de sus padrinos, abandonando con esto su nombre ancestral; ya que según Doña Juana Ortiz Aguilar, y su sobrino Teófilo Ortiz García: Los “Aguilar” eran “Wagalá”, y los “Savin” eran “Amagamá”, ambos eran Cocomaque, es decir de la misma familia Cochimi, del tronco lingüístico yumano peninsular y dialecto Borgeño.


El primer Ortiz, Don José Rito, fue al igual que su cuñado Carlos Espinoza Castro soldado misional, o de cuera, de aquellas milicias que protegieron a los misioneros mientras fundaban misiones en la península bajacaliforniana; se retiraron de la milicia en 1827 de manera temporal, y entre 1833, y 1836 de manera definitiva debido principalmente a dos situaciones:


La primera que México era ya independiente de España; la segunda, que la misión como institución había sido extinguida por el gobierno del presidente de México Valentín Gómez Farías en 1833, además que ambos cuñados, José Rito y Carlos, eran entonces hombres de cerca de sesenta años de edad.


Los hijos Ortiz Espinoza, y otras familias primigenias de El Rosario, en su adultez se casaron, tuvieron a sus vástagos, y así poblaron “bastamente” toda la región, lo que hizo que gran parte de la rancherada para 1850, fueran familias la mayoría con origen en el sur peninsular, como las Espinoza, Ortiz, Acevedo, Marrón, Pellejeros, Machado, Arce, Montes, Murillo, Sevilla; y muy pocos representantes de otras familias, así como algunos hombres solos, algunos de bien, como Julián Jesse Ames, quien hacia 1808 se casó en El Rosario con Perfecta Escolástica Espinoza Castro; y muchísimos indeseables que merodeaban los ranchos y sus bienes, que cotidianamente hurtaban aquellos ladrones, asesinos y holgazanes.

Fue después de 1850, en que además del sur peninsular y de otras regiones, Sonora, y Sinaloa mayormente, fueron llegando paulatinamente más familias, sobre todo a fines de la década de 1860, con los descubrimientos de placeres de oro en Real del Castillo, hacia 1870.

Los placeres de oro, y otras actividades de importancia fueron el foco que atrajo en inmenso número a algunos hombres solos desde lejanos rumbos, principalmente de Estados Unidos de Norteamérica, la mayoría funestos y sombríos personajes que sembraron la desolación y la muerte entre los rancheros, algunos de estos rufianes emparentaron con mujeres descendientes de los pioneros dando origen a nuevas familias, que aún existen, desde luego, y que por respeto omitiré sus nombres.

Otro grupo de individuos solos, de buenas costumbres, laboriosos y ordenados hicieron su aparición en la formación de las estirpes bajacalifornianas, tales son los casos de Loya, Duarte, Valladolid, Arce, Villavicencio, Murillo, Collins, Sandez, Echeverría, Meza, y antes que éstos, hacía 1850 Montes. A principios del siglo veinte: Garcia, Meling, Romero, Salizzoni, Reseck, Arauz, Gerardo, y De la Tova.


Las familias que llegaron a El Rosario, hacia 1870, viajaron a pie desde sus lugares de origen, siempre sitios muy distantes y distintos. Tenemos como claros ejemplos a las familias Peralta, Camacho, Sotelo, Benson, y Grosso, quienes traían hijas consigo, siendo después las esposas de los hijos, de los nietos, de los bisnietos, y de los tataranietos de los pioneros.


Jamás llegó una mujer sola, y se casó con alguno de los rancheros, ellas siempre llegaron bajo la protección de sus familias; hombres solos sí, como los fundadores de familias que antes mencioné.


Regresando con los Ortiz, entre los hijos del primer matrimonio Ortiz en El Rosario, uno de ellos, Tomás Federico, fue el que dio continuidad a los trabajos de herrería que su tío Carlos Espinoza Castro, había traído al pueblo, y a la península actividad introducida por los misioneros. Tomás Federico Ortiz Espinoza, fue entonces el primer herrero de El Rosario, entendiéndolo como fuente principal de ingresos, aunque jamás, según sabemos, cobró una sola moneda por sus trabajos, porque aparte de que el dinero no existía en la península, o era sumamente escaso, la costumbre era intercambiar, bienes por bienes; así Santiago, sus pagos los recibía en trueque.


El primer talabartero fue José Pellejeros, por emparentar con su familia, trasmitió a Federico Ortiz Espinoza, su yerno, casado Josefa Pellejeros Sevilla; siendo uno de los primeros Ortiz con aquel oficio. El resto de los miembros de esta familia Ortiz fueron también nutrieros, vaqueros, agricultores, y vinateros, todos ellos aprendieron esos oficios de igual manera que la herrería de su tío Carlos, una de las personas más laboriosas, y útiles que ha dado mi tierra, desde que se tiene memoria.


El 21 de abril de 1859, nació en El Rosario, Anselmo Ortiz Aguilar, perteneciente a la tercera generación de su familia en El Rosario, fue hijo de Rosario y de Josefa. Anselmo fue quien viajó a sus 50 años de edad a remo desde la Isla de Guadalupe, Baja California, hasta la Playa de El Socorro, en 1909.


Fue la familia Ortiz la que después de 1833, se encargó de cuidar la misión, o lo que de ésta quedaba, no dejaban que nadie se acercara a la misión, apuntaban sus rifles cuando era necesario contra cualquier intruso que tratara de prospectar en busca de tesoros enterrados.


En la actualidad son los descendientes de Rosario y Columba, quienes habitan en El Rosario, los demás se encuentran dispersos por una gran extensión geográfica que abarca estados de México y de Estados Unidos de Norteamérica.


La familia Ortiz en El Rosario, compró una casa de madera de dos niveles que había sido construida por el noruego casado con Catalina Ortiz Aguilar, Salvador “Chip” Meling Olsen. Aquella casa fue por muchos años la única de dos niveles, y en madera, originalmente construida cerca de las casa de Don Salomé Acevedo Marrón, y de Don Anastasio Villavicencio Arce. Meling Olsen se las vendió a sus cuñados Ortiz Aguilar, quienes la desmontaron de su lugar original, y la levantaron de nuevo a lado Este del panteón misionero, frente a la entrada principal de la misión, camino de por medio; en el preciso lugar donde antes de la llegada de los españoles a El Rosario, por milenios vivieron en sus “WA” sus ancestros Wagalá, y Amagamá.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
MARTES 02 DE AGOSTO DE 2011.

Este trabajo de investigación se encuentra protegido por el autor bajo patente 1660383; se puede citar en parte, o completo sin fines de lucro, otorgando el crédito al autor.

NOTAS RELEVANTES:
“WA”,
eran las “chozas”, parecidas a los quepí de los nativos del norte; los de aquí las construían con ramas y varas, y las reparaban a diario, eran “permanentes”; también los nuestros vivían en cuevas; mientras que los del norte hacían sus quepís con cueros crudos y varas secas, y como eran nómadas las desmontaban y se las llevaban a otros lugares.

Primera generación en El Rosario, Baja California:

José Rito Ortiz y María del Carmen Espinoza Castro, casados en 1807.
Sus hijos:
Juana (1809), Federico casado con Josefa Pellejeros Sevilla, Vicente murió soltero; Tomas Federico casado con María Luisa Pellejeros Sevilla; Rosario casado con Josefa Aguilar Savin; Juana (la segunda) casada con Nabor Arce de San Telmo, Baja California; y Santiago.



Extrema izquierda: Darío Rábago, de sobrero en la mano Teófilo Ortiz García, siguen Benjamín Reseck Núñez, Rosario Duarte Valladolid, Jesus Espinoza Arce, al fondo de frente Rhode Dicochea Gaxiola, Concepción Reseck Duarte, y Manuel “Tehua” Espinoza Peralta: En la inauguración del Museo Comunitario “El Rosario”, el 09 de octubre de 1994. Solo sobrevive Teófilo Ortiz García: Foto: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.




Izquierda: Catalina Ortiz Aguilar y su hija Cotín Meling Ortiz: El Rosario, año de 1914.
Derecha: Última foto de Juana Ortiz Aguilar, hacia 1970: Falleció a los 100 años de edad.
Ambas hermanas fueron hijas de Rosario Ortiz Espinoza, y Josefa Aguilar Savin.



Izquierda: Sentada aparece Úrsula Duarte de Peña, y Dorotea Ortiz Aguilar, en El Rosario, en 1934.

Derecha: Anselmo Ortiz Aguilar, en El Rosario en 1917, al fondo en la puerta aparece su hermana Juana, la misma de la foto de arriba a los 100 años de edad, de perfil se ve a Juanita Duarte Ortiz.




Familia Ortiz frente a su primera casa, cuando reciben al alemán Eduardo Reseck, quien llega de San Diego, California a bordo de ese carro de mulas: El Rosario, Baja California: 1915.





Familia Espinoza Peralta: Mis bisabuelos que fueron padrinos de casi todos los niños Ortiz, nacidos entre 1905, y hasta 1931.
De Izquierda a derecha: Heraclio, Santiago (padre), Santiaguito, Josefa (mamá), Manuel “Tehua” niño sentados de pelo largo.
Atrás: Sofía, Emilia “Balbina”, y Maria Fe.
En los brazos de mi bisabuela Josefa: José de Jesús “Joselío Espinoza”.
Sentado en el piso: Mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta.
Todos ya han fallecido.
Foto en El Rosario, Baja California: 1915.

jueves, 28 de julio de 2011

ORIGENES DE LA FAMILIA “DUARTE” EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA:

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo:

Joven desde Sonora llegó Luis Duarte al extremo sur de la península, acompañado por su hermana Pilar, y otros hermanos; sucedió esto cuando corrían los años entre 1835 y 1840; llegando al pueblo de Miraflores, Baja California Sur, entonces conocida como partido Sur de la Baja California.



Luís se casó en ese lugar con Ambrosia Cossío, procreando amplia prole, entre los que se encontraba Domingo, Aniceto, y varios otros; mientras que Pilar procreó a Úrsula Duarte, siendo los nuevos jóvenes peninsulares: Úrsula y Domingo, primos hermanos.

Domingo Duarte Cossío, fue el padre fundador de los “Duarte” de El Rosario, mientras que Úrsula, fue la madre de Tecla Peña Duarte, madre fundadora de la familia “Grosso” en la península. Tanto Domingo, como Úrsula, y Tecla descansan en el panteón misionero de El Rosario.


La historia se desarrolla de la siguiente manera: El Sonorense Luís Duarte llegó acompañado de su hermana Pilar a la península en busca de trabajo, él como operario de minas, labor que realizó en el extremo sur, principalmente San Antonio, Santa Anna, y El Triunfo; cuando sus hijos fueron naciendo y creciendo, se dedicaron al igual que su padre, a las labores propias del campo y minas, como casi toda la población lo hacía en aquellos lejanos ayeres, pero al encontrarse los trabajos y las relaciones laborales tan politizadas, deshumanizadas, y perseguidos por infinidad de ladrones, los mismos ladrones que en todos los tiempos caminan detrás de los que trabajan, esto causó que en su juventud Domingo, Aniceto, y otros de sus hermanos, la prima Úrsula, y la hija de ésta, Tecla, emigraran al norte.

El primero que llegó en su andar a lomo de bestia al rancho grande de los Espinoza, San Juan de Dios, en El Rosario, fue Domingo, donde conoció a la que sería su esposa y madre fundadora del linaje “Duarte” en El Rosario; Gertrudis Espinoza Marrón, nacida en 1855, la segunda hija del dueño por herencia del rancho, José del Carmen Espinoza Salgado, y María de la Cruz Marrón Murillo, quienes eran los patrones de Domingo, y que al paso de un tiempo otorgaron su consentimiento para que contrajera matrimonio con su hija Gertrudis, lo que sucedió en el propio rancho en 1872, armándose una fiesta en grande que tuvo por duración, varios días; como en 1869, había sucedido lo propio con la hija mayor de los Espinoza, María de Jesús, quien aquel año del ‘69, se casó con el chihuahuense Ángel Loya Moreno, vaquero que fue también, al igual que su ahora concuño Domingo Duarte Cossío, del rancho grande Espinoza.

Por su parte, Úrsula y su hija la bella Tecla Peña Duarte se habían quedado en Santa Rosalía, lugar donde Tecla conoció y se casó hacia 1890, con el italiano Eduardo Boittard Grosso; mientras que Aniceto continuó su viaje más allá de El Rosario, hacia el norte, hasta el “Arroyo Seco” donde dejó basta familia “Duarte” desde la región de San Telmo hacia el norte; mientras que otros hermanos de Domingo continuaron viajando hasta la Alta California, donde también dejaron grueso linaje “Duarte”. El Viaje de los “Duarte” de sur a norte sucedió hacia 1871.


Para la naciente familia “Duarte Espinoza” en El Rosario, les fue concedido por la familia Espinoza, los ranchos “San Antonio”, y “Los Mártires”, no muy lejanos de San Juan de Dios, en cuyos territorios se desenvolvió la nueva familia; aunque todos los críos nacieron en San Juan de Dios, en casa de los abuelos Espinoza. Mientras tanto, como ya ha quedado asentado, otros hermanos de Domingo hicieron lo propio en San Telmo de Arriba, y en Arroyo Seco, sitios ubicados a poco más de ciento veinte, y ciento cuarenta kilómetros al norte de El Rosario; con lo que tenemos que los Duarte de esos parajes son de la mismísima raíz ancestral; emparentados en esa región con los Arce, Espinoza de las Rosas, Warner, Acevedo, Ormart, Legazpi, y con muchos otros linajes; no por nada son tan parecidos en sus facciones, no se diga en sus costumbres.

Domingo Duarte Cossío y Gertrudis Espinoza Marrón pasaron a vivir de la sierra al pueblo de El Rosario, esto como para el año de 1895, en los tiempos en que les nació su hija Dominga. En el pueblo Don Domingo se hacía cargo de tierras labrantías que alistó en la zona del arroyo, que a puro “pulmón” desmontó, y destronconó, de las cuales obtenía maíz, frijol, garbanzo, cacahuate, melón, sandía, zacate para las bestias; y en el corral, aves, puercos para la manteca, borregos, algunas vacas lecheras, burros, mulas, machos, caballos de labor, y de montar.


En el pueblo, sus hijos ya adultos, como Fernando “Tilico”, Margarito, Catarino “Catano”, Concepción” “Chinito”, Salvador “Cuatito”, Francisco “Chiculares”,y su hija Cruz, se habían casado la mayoría en la primera, y segunda década del siglo veinte, así que para esa época ya contaban con varios nietos, entre los que se contaban: Bárbaro “Tabaco”, Domingo, Matea, Severiana, Placido, Eulogio “Binchura”, Diega, Leobardo “Valo”, Guadalupe “Lupe la de Tova”, y muchísimos otros.
En la actualidad se encuentran viviendo en El Rosario, los descendientes de todos los hijos de Domingo Duarte Cossío, y Gertrudis Espinoza Marrón.


Los Duarte Espinoza, los primeros, perdieron a un hijo llamado José del Carmen Duarte Espinoza, quien falleció por insolación a la edad de dos años; y es que el niño sin que su madre se diera cuenta, un buen día siguió a su padre desde la casa hasta la milpa, sin poderlo alcanzar, se quedó dormido en la vereda bajo el rayo del sol, lo que causó su muerte, por fiebre, que en realidad fue insolación y deshidratación.

Los “Duarte” en El Rosario, son muchos, ya se han ido en gran número, pero se encuentran representados en gran cantidad, entre ellos en la actualidad hay profesionistas de toda índole, vaqueros, pescadores, y comerciantes principalmente. Conservan las propiedades primigenias de sus antepasados. Los viejos árboles higueras que se encuentran en las inmediaciones de las tierras que fueron de Norberto “Beto Valladolid” Duarte, son las que plantaron Domingo y Gertrudis a su arribo a El Rosario, hace ya más de ciento diez años.



Es de mencionar que los originales ranchos de “Los Mártires”, y “San Antonio”, existen solo vestigios de los corrales de piedra que allí se construyeron por Carlos Espinoza Castro hacia 1837, que en realidad no eran corrales para manejo de ganado, sino que eran sitios defensivos en contra de los salteadores, y saqueadores de ranchos que pululaban como moscas en contra de los rancheros, de sus propiedades, y de sus vidas; aquellos chacales que los rancheros, nuestros familiares antepasados llamaban: “Los Indeseables”.


AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
MIERCOLES 27 DE JULIO DE 2011.
El presente, como todos y cada uno de los artículos, son trabajo de orden intelectual, se encuentran protegidos por el autor bajo patente: 1660383: Se pueden citar, sin fines de lucro, otorgando el crédito al autor.

NOTAS: En la actualidad, el rancho de “Los Mártires” se encuentra bajo la propiedad de José Antonio “Birolgo” Duarte Duarte, hijo de Eulogio “Binchura” Duarte Peralta, y de María Duarte Arce. Maria era de los Duarte de El Rosario, y de los Arce de San Telmo, Baja California.
Para mayores datos sobre la genealogía de la familia DUARTE, se puede consultar los artículos de ésta misma bitácora:





Arriba: Margarito Duarte Espinoza, jalando con sus mulas el carro del Gobernador Esteban Cantú Jiménez, hacia la mesa norte de El Rosario, en 1919.

Abajo: Casa y carros de mulas de Don Anastasio Villavicencio Arce, quien fue casado con Cruz Duarte Espinoza, (ancestros de Josué Espinoza Villavicencio): El Rosario, Baja California: 1919. Por enfrente pasa de largo el carro del gobernador Esteban Cantú Jiménez. Estas tierras y casa se las llevó el arroyo, hacia 1978.

Al Fondo: Se aprecia en parte la casa que fue de José María Collins Meza, quien fue casado con Gregoria Acevedo Marrón, joven mujer que falleció a consecuencias de las quemaduras que sufrió cuando calentaba agua para el baño: (Para más datos ver el artículo: Orígenes de la familia Acevedo en El Rosario).




Ruinas en San Juan de Dios: En ésta casa nacieron algunos “Duarte” de la tercera generación. En lo que fue esta casa vivió José del Carmen Espinoza Peralta y su primera esposa Juana Romo, quien falleció en ese lugar, era partera, y fue sepultada en un panteoncito, muy cerca de este sitio. Foto: Alejandro Espinoza Jáuregui: Septiembre de 2007.





En este panteoncito, en San Juan de Dios, es donde descansa la partera Juana Romo, quien ayudó a llegar a este mundo a varios “Duarte” de la tercera generación.
Aquí descansan algunos miembros de la familia Espinoza. En este panteón, la primera en ser sepultada fue Maria Fe Espinoza Peralta, hermana de mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta, quien falleció recién nacida el 18 de Enero de 1894; también descansa aquí Balbina Peralta Veliz, madre de Maria Fe, de mi bisabuelo Santiago, de José del Carmen, y de muchos otros.

Foto: Alejandro Espinoza Jáuregui: Septiembre de 2007.