"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

sábado, 24 de septiembre de 2011

PERSONAS QUE HAN DEJADO VALIOSO ACERVO PARA LA HISTORIA DE EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA…

Y QUE AL PASAR DEL TIEMPO SE HAN CONVERTIDO EN PERSONAJES INOLVIDABLES…
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
12 de Septiembre de 2011.

Toda comunidad en cualquier sitio del mundo, deja profundas raíces de todo tipo para la posteridad, o al menos para sus generaciones venideras; tenemos muchos matices en el claroscuro devenir de las generaciones que por milenios han poblado la tierra; algunos de sus hijos son inmortales, desde la cultura Sumeria, China, Hindú, y los pueblos autóctonos de todo el orbe, y tantos más. Muchos han dejado sus vestigios, sin incluir sus nombres, como las anónimas manos de los artistas milenarios de las pinturas rupestres y petrograbados; o la simple aparición de los alimentos, primero desconocidos, y hoy cotidiano, los que hace milenios por su desconocimiento no se ingerían, o que de seguro muchas vidas costaron para poder clasificarlos, descartarlos, o incorporarlos.

No es diferente en el devenir de la sociedad, dentro del marco histórico, desde la antigüedad hasta nuestros días; tenemos de esa manera que en cualquier pueblo, rancho, o cualquier comunidad grande o pequeña, en las que viven, o pasan en tránsito ciertos individuos con una visión adelantada en su tiempo, nos han dejado gran diversidad de conocimientos, y datos que primero parecen irrelevantes, pero que al pasar el tiempo, al desparecer los individuos, es cuando adquieren su gran utilidad.

Por mi tierra natal, El Rosario, Baja California, México, han pasado individuos, algunos de ellos han permanecido solo unas horas en el pueblo, y sin embargo parece que siempre han estado allí, o al menos sus impresiones siguen entre nosotros como parte de nuestra identidad.

Antes, mucho antes que siquiera se supiera en el viejo mundo de la existencia de la península, hará al menos entre ocho y trece mil años, manos artísticas de anónimos seres, sin importar su personalidad, dejaron infinidad de petrograbados, y pinturas rupestres de gran valor arqueológico, e histórico, por medio de las cuales bien podemos interpretar lo que quisieron dejar patente para la posteridad, y con ello prevenir a los que aparecerían miles de años después en esta misma región.

En el “Corral del Medio”, construido hacía 1837 por nuestro patriarca Carlos Espinoza Castro, sitio ubicado en las cercanías del rancho San Juan de Dios, en El Rosario, se encuentran formaciones de rocas ígneas en las laderas de las montañas por cuyo pie corre un arroyo, en cierto grupo de esas rocas se encuentran unos petrograbados, que al observarlos claramente “informan” lo siguiente:

Se aprecian bien delineados, una serpiente de cascabel, la corriente de un arroyo, y un león, así como un sendero que conduce a un recoveco existente en medio de tres filones de las mismas rocas, en el que muy bien se puede guarecer un individuo adulto; y es que:

Al interpretar aquellos petrograbados, claramente se aprecia que hace milenios, alguien dejó manifiesto, que se debe tener cuidado con las serpientes de cascabel que en el lugar abundan; al observar la corriente pluvial, se advierte que se debe tener cuidado, pues repentinamente llegan las broncas aguas, arrastrando cuanto se encuentre a su paso; y es que cuando llueve en las partes altas de la sierra, sin que en las más bajas se note, de repente llegan las turbulentas aguas a velocidad superior con la que se puede desplazar un humano a toda carrera; por lo que hace al león, éste petroglifo claramente señala que los leones americanos, o pumas, atacan y devoran hombres, y que en caso de verse en esos apuros, se debe correr y refugiarse entre las rocas fuera del alcance del peligro que el león representa. Estos “trabajos” plasmados en lienzo rocoso por manos artísticas desde un pasado remoto, hace a esos personajes ser distinguidos en nuestra tierra.

Transcurridos varios milenios de haberse esculpidos aquellos petroglifos, hasta la región norte peninsular, precisamente hasta San Juan de Dios, pasando por el área donde más tarde se construiría el corral del medio, llegó el misionero jesuita Wenceslao Link, siendo el primer europeo que se adentró tan al norte de la entonces tierra de los milenarios californios, por cierto mal llamados “indios”, descendientes de los que dejaron los petrograbados de los que ya hablé; Link, fundó el paraje de San Juan de Dios, el día 8 de marzo de 1766, siendo aquel el primer eslabón de una serie de sucesos que a la postre sería lo que ahora conocemos como la región de El Rosario.

Previo a la fundación de la misión de El Rosario, ocurrida ésta en 1774, llegó hasta el propio arroyo de “Viñatacot” o “Viñadaco”, en viaje de exploración para tal fin un enviado misional de apellido “Morillo”, quien emitió un “informe” de lo que en tal sitio encontró. Fue otro distinguido personaje que exploró estos lares.

En 1774, el día 02 de julio en El Rosario, los misioneros Fray Francisco Galisteo, y Miguel Hidalgo, homónimo del padre de la patria, fundaron la primera misión dominica en Baja California; convirtiéndose en personalidades para nuestra historia local.

La vida transcurrió de manera lenta y casi perezosa, con todo el tiempo a disposición de los pueblerinos, y así fueron pasando distintos individuos, quienes dejaron sus impresiones acerca de los nuestros.

En octubre de 1848, llegó hasta El Rosario, a casa del patriarca Carlos Espinoza Castro, el peruano jurisprudente Manuel Clemente Rojo Zavala, cuando contaba con apenas 25 años de edad, quien a causa de su naufragio en “El Socorro”, viajó hacia el sur hasta llegar a la ex misión.

Los pocos días que Rojo permaneció en El Rosario, en casa de Carlos Espinoza Castro, fueron suficientes para que nos dejara con toda precisión información que nos transporta hasta aquéllos días; describe a la gente, al pueblo, su geografía, datos históricos, y dibujos de distintos personajes peninsulares, siendo Carlos Espinoza Castro el primero en ser dibujado por aquel ilustre peruano; narra también con lujo de detalle el épico viaje del recorrido que a lomo de bestia realizó desde El Rosario, hasta Ensenada, en cuyo trayecto fue llegando a los distintos ranchos y pobladitos, platicando con sus habitantes, y narrando sus experiencias, las que al paso de 163 años se han convertido en magníficos datos de aquel incansable hombre sudamericano; quien en 1900 fallece en Ensenada.

En 1856, Adrián Valadez, en su libro: “Baja California, 1850-1880”, narra lo siguiente:

“Poblamiento de la costa:

Desde San Ignacio hasta El Rosario es poco menos que un desierto, y se hacen diez jornadas cuando no se lleva carga. No se hallan víveres en ninguna parte. En El Rosario, ex misión, habitan cuatro familias, a las cuales he tenido que facilitar cebada para que no murieran de hambre. A 18 leguas está San Quintín, donde habitan los dependientes de la casa extranjera que contrataba la sal; un pequeño destacamento de tropa, y el administrador de la salina. A distancia de seis leguas se encuentra el rancho San Ramon, donde habita una familia; a distancia de una legua el rancho de Santo Domingo, ex misión, donde viven parte de las mismas y seis indios. Los habitantes de ambos ranchos, la mayor parte del tiempo se mantienen de un marisco llamado “Aulón”, por haber quedado en la miseria desde la invasión de Walker”. Hasta aquí Valadez.

En 1872, Manuel Clemente Rojo Zavala, funda la primera escuela en el partido norte de la Baja California, en la ex misión de Santo Tomás de Aquino, en la cual su primer preceptor, como antes se les llamaba a los profesores, fue Eliseo Schieroni, y con ello sienta las bases para la educación formal en nuestro territorio, llegando ésta a El Rosario en 1886, con Sebastián de Aparicio Soriano al frente, siendo el primer preceptor en mi pueblo, quien tiene el honor de ser un pionero.

Hacia el año de 1900, enviado por el gobierno federal desde estado de Jalisco, el muy destacado profesor Felipe Dueñas Palencia, para entonces ya se les nombraba como “profesores”, se asienta en El Rosario, siendo el director de la escuela nacional elemental mixta número IV, primero, de la número VI después. Dueñas además de profesor en mi tierra, fue Juez de Paz, y prosiguió con la labor de Sebastián de Aparicio Soriano, en la enseñanza de las primeras letras de cúmulos de niños de la rancherada de aquel tiempo; se apoyó en la destacada labor de las institutrices empíricas, las hermanas Dorotea y Gertrudis Ortiz Aguilar, y la hija de Dorotea: María de la Luz Echeverría Ortiz, conocida más tarde como “Doña Luz Meza”.

El profesor Felipe Dueñas Palencia, joven a su llegada a El Rosario, encontró a la mujer con quien procreó a su familia, llamada Crescencia Montes Ortiz, siendo la hija mayor de Francisco Montes Espinoza, y de Gregoria “La Tía Yaya” Ortiz Aguilar.

Del entonces nuevo matrimonio, nace entre otros Francisco Dueñas Montes, cuyo nombre fue en honor a su abuelo materno, quien heredó de su padre la vocación de las letras, en su fructífera vida Francisco fue además de profesor, médico, e historiador; y uno de los personajes que firmaron al acta constitutiva del Estado 29 de la República, el nuestro, Baja California, que nace como tal el 16 de Enero de 1952, en cuya “Acta de Nacimiento” se estampó la firma de este gran hombre descendiente de El Rosario. Una vez signada por los diputados constituyentes entregaron la naciente Constitución del Estado de Baja California al Gobernador Provisional Alfonso García Gonzalez, quien fue el último Gobernador del Territorio Norte de la Baja California, y que al nacer el Estado, pasó a ser Provisional, en tanto se celebraban la elecciones para el primer Gobernador del Estado.
Francisco Dueñas Montes fundó en Baja California infinidad de escuelas, fue además Director General del Instituto de Investigaciones Históricas de Baja California; numerosas instituciones educativas llevan su nombre, por la destacada vida de este valioso personaje, solo de manera física recientemente desaparecido.

En 1911, los “revoltosos”, gente de Emilio Guerrero, que viajaban de sur a norte, cuando se dieron aquí los hechos violentos de la invasión filibustera de junio de 1911; asaltando y saqueando las tiendas de los chinos Alfonso Cho, y de Chinchan; dejando una marcada huella en la población rosareña, hechos que informó Francisco A. Meza Arce a Celso Vega; representante de gobierno en El Rosario, y jefe de armas en Baja California, respectivamente. Francisco A. Meza Arce, fue otro de los ilustres rosareños por adopción.

En 1918, se detiene en el pueblo Don David Goldbaum, levantando información variada, parte de la cual publicó en su libro: “Towns of Baja California”; “Pueblos de Baja California”; pequeño libro, pero muy sustancial.

En agosto de 1919, por un día visita El Rosario el entonces gobernador Esteban Cantú Jiménez, quien autorizó la escuela primaria rural “Padre Salvatierra”, y le construyó un edificio estilo victoriano en cien por ciento maderas, en el cual desde el 9 de octubre de 1994 se alberga el “Museo Comunitario El Rosario”, en pueblo viejo; Es en los 237 años de su existencia, Cantú es el único gobernador que ha pernoctado en El Rosario; y eso fue en agosto de 1919, es decir, en los últimos 91 años ninguno más.
En 1920, llegaron un amplio grupo de japoneses, algunos con familia, y nos dejaron la actividad del buceo, que es una de las principales fuentes de ingresos desde entonces.

En 1925, y 1926, realiza fructíferos recorridos Peveril Meigs, quien tocó de puerta en puerta, y tomó fotos a casi todas las familias de El Rosario de entonces, y a las de todos los pueblos norteños, mismas fotos que la actualidad la Universidad de California San Diego, se encuentra trabajando para que sirvan de apoyo a los historiadores e investigadores de la vida de la región. Peveril Meigs, al igual que Manuel Clemente Rojo Zavala, es otro extranjero de grata memoria para mi tierra.

En 1949 pasó por El Rosario con rumbo al sur peninsular Fernando Jordán, quien dejó escrita la siguiente impresión del pueblo, que publicó en su libro: “El Otro México”:

“En El Rosario, el camino abandona el pacifico, por mucho busca su rumbo entre las ondulaciones de la región central y se desliza a lo largo de ella, eludiendo la atracción del mar. Se aparta decidido, dispuesto a cruzar sin el aliento de la brisa todo el desierto del territorio norte, esperanzado más en las posibilidades de la montaña que en los mares. Por más de 600 kilómetros se mantiene entre el golfo y el pacifico, y si una vez vuelve al océano es por corto trecho, durante un obligado y rápido viraje necesario para eludir las ultimas estribaciones de la infranqueable sierra de San Lino.
Y así, El Rosario queda como el último jalón en el viaje sobre la costa.

Es un pueblo de misión dominica, derruida casi hasta los cimientos, de arroyo alegre y perenne, de pastizales, mar prodigo, y gente perezosa.

Siembra hortalizas y pastorea ganado, pero hace ambas labores de tan mala gana, que sus productos, con el mar cercano, apenas alcanza para satisfacer el consumo doméstico. Es un pueblo bonito dividido en dos caseríos que separa el arroyo; pero en él, el tiempo ya no cuenta, y la gente no tiene prisa ni preocupación alguna de industria, de riqueza o de modernismo. Por esto, El Rosario es el primer pueblo que se encuentra en el viaje hacia el pasado”. Hasta aquí Fernando Jordán.

En 1950, Cecilio Espinoza Peralta, hermano de mi bisabuelo Santiago, construye el primer hospital en El Rosario, el cual llevó su nombre: “Hospital Civil Cecilio Espinoza Peralta”, en el predio que antes fue de Don José Valladolid Ortiz, y que donó para tal fin, aquel fue el mismo predio donde Valladolid tenía su corral de ordeña. El Hospital Civil fue demolido en 1980, en cuyo lugar se construyó por el Gobierno Federal la actual clínica perteneciente al Sector Salud.

En la década de 1970 a 1980 el profesor Heraclio Manuel Espinoza Grosso, llegado de regreso a El Rosario desde San Manuel, Tubutama, Sonora, y funda la escuela secundaria en El Rosario; hasta entonces salir del pueblo para estudiar, era harto difícil, tan difícil como viajar a pie, solo a pie de Tijuana a Mérida. Posteriormente, cuando el profesor Heraclio Manuel ya había fallecido, se inicia la construcción del recito para la secundaria, en predio que donó su benefactor Alfonso Espinoza Romo.

En 1972, regresan los japoneses y nos dejan la pesquería del erizo, actividad que tuvo su auge en la década de 1990.

En 1999, se gestiona por el profesor Narciso Antonio Pérez Cortes,; la creación de la escuela Preparatoria del lugar, siendo su primer director; y que hoy en día se encuentra al frente de esa institución el Maestro Leobardo Espinoza Duarte, ya como escuela oficial en funciones con varias generaciones de egresados.

En lo que va del siglo XXI, se han dado múltiples actividades y se han incorporado nuevos horizontes en la vida del pueblo, con la agravante que muchos no los aprovechan, por el contrario, han preferido el camino del vicio, y del robo.

Digno de mencionar es el trabajo realizado por la agrupación que enaltece a El Rosario con motivo del aniversario de su fundación cada año, a partir de 2005, y que es encabezado por entusiasta grupo de rosareños, entre los que destacan: Nícida Patricia Collins Espinoza, Carolina Espinoza Murillo, Guilibaldo Espinoza Valladolid, Leonel Antonio Duarte Higuera, entre otros valiosos rosareños.


AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
MIERCOLES 07 DE SEPTIEMBRE DE 2011.

El presente es un trabajo de orden intelectual, protegido por el autor bajo patente 1660383; se puede utilizar en parte o totalmente la información, siempre y cuando no sea con fines de lucro, o comercial, y se den los créditos correspondientes.

NOTAS RELEVANTES:

Existen por toda la serranía infinidad de sitios con pinturas rupestres y petrograbados, muchos han sido agredidos por gentes sin escrúpulos.

El historiador Carlos Lazcano Sahagún escribió en el 2000 un libro sobre las memorias de Don Manuel Clemente Rojo Zavala, basado en los manuscritos que se encontraban inéditos, y que fueron los primeros apuntes sobre Baja california escribió el peruano, iniciados en El Rosario, en casa de mi tatita Carlos Espinoza Castro, donde se hospedó aquel mes de octubre de 1848, dejando tan importante fuente de datos para la historiografía de Baja california. Rojo siguió visitando a Carlos Espinoza Castro en El Rosario, y desde su casa envió varios correos a distintas partes de la península.
El Corral del medio, existe en la actualidad, con alrededor de 174 años de existencia, es junto con las murallas de roca en San Juan de Dios, Los Mártires, y otros sitios, manifestación palpable del arduo trabajo de nuestras familias; la construcción de todas aquellas obras en roca, se iniciaron al mismo tiempo que el propio corral, en 1837, y muchas otras obras de protección, como barricadas para defenderse de los asaltantes que caían sobre los rancheros y sus bienes.

Cierto es que los asaltos y saqueos por parte de tantísimos bandoleros, tenían en la incertidumbre a los rancheros, que muchas veces los dejaban sin ningún bien, sobre todo a partir de la independencia de México; sin embargo considero que las apreciaciones hechas en los trabajos de Adrián Valadez, cuando se refiere a que: “tuve que dejarle cebada a cuatro familias en El Rosario para que no murieran de hambre”, me parecen muy exageradas, ya que en la costa, y en las cercanas montañas existen infinidad de semillas, plantas, y animales de los que se proveían para la subsistencia en “Los tiempos malos”, que es precisamente como se hace en la actualidad.

Con respecto a lo comentado por Fernando Jordán en su libro “EL OTRO MEXICO”, concuerdo con su apreciación en cuanto a que Baja california es muy distinta al resto del país, de ahí que tomara su nombre el libro que publicó; de acuerdo también estoy cuando dice que en El Rosario, se inicia el viaje hacia el pasado.

Francisco Dueñas Montes fue tataranieto de nuestro patriarca Carlos Espinoza Castro, y bisnieto de María del Carmen Espinoza Castro. Foto de sus abuelos maternos Francisco Montes Espinoza y Gregoria Ortiz Aguilar, en tamaño poster se exhibe en el Museo Comunitario de El Rosario.

Los Diputados Constituyentes de Baja California, además de Francisco Dueñas Montes fueron: Evaristo Bonifaz Gomez, Miguel Calette Anaya, Alejandro Lamadrid Kachok, Celedonio Apodaca Barrera, Aurelio Corrales Cuevas, y Francisco H. Ruiz.
El 25 de octubre de 1953 se llevan a cabo las primeras elecciones ya como Estado de Baja California, para Gobernador y la primera Legislatura; siendo electo Braulio Maldonado Sandez, quien tomó posesión el primero de diciembre de 1953; y por si fuera poco, aquella fue la primera vez en que votaron las mujeres en México; y la L.E. Aurora Jiménez de Palacios fue la primera mujer por Baja California en el Congreso Federal.

El profesor Heraclio Manuel Espinoza Grosso, nació en El Rosario, el 24 de abril de 1944, y falleció en accidente carretero a los 35 años de edad en la Laguna Salada del municipio de Mexicali, Baja California, el 25 de enero de 1980; Descansa en el panteón misionero de El Rosario, en la misma tumba donde lo hace su abuela materna Tecla Peña Duarte, la madre fundadora de la familia “GROSSO” en Baja California.





Edificio estilo inglés Victoriano que construyó el gobierno de Esteban Cantú Jiménez, en cuyo recinto se instaló la escuela “Padre Salvatierra” en diciembre de 1921, cuyo primer alumno fue mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta. Desde el 09 de octubre de 1994, en el edificio por completo rehabilitado y rescatado de la ruina total, alberga al museo comunitario “EL ROSARIO”. Foto: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo: 2007.




Interior del Museo Comunitario “El Rosario”.
Foto: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo: 2007.



Vestigios de la casa en la que vivió Juan Marrón y María Elena Murillo, en San Juan de Dios. Foto: Alejandro Espinoza Jáuregui: Septiembre de 2007.



Vestigios del “Corral del Medio”, construido en 1837.

Foto: Alejandro Espinoza Jáuregui: Septiembre de 2007.


Foto de la familia Garcia Marrón: Izq. a Der. Maria Visitación (mi abuela paterna), Maria del Refugio, (desconocido), Octaviana Marrón Ortega (madre de la familia), desconocido, Natividad, Serapio, Domingo, enfrente niña Aurelia, y Francisco.
Foto tomada en El Mármol, Baja California, en 1924 se cree que por Peveril Meigs.



Foto tomada por Peveril Meigs, en El Rosario, BC en 1926. En la actualidad la Universidad de California Campus San Diego, UCSD por sus siglas, se encuentra clasificando y documentando las fotos que Meigs tomó en 1925 y 1926 en varios pueblos de Baja California. Los archivistas Steve Coy, y Joseph Bray, me solicitaron los nombres de las personas que aquí aparecen, mismas que son:






1. Aurelia García Marrón
2. Francisco García Marrón
3. Octaviana Marrón Ortega (madre de la familia) mi abuela paterna entre ellos.
4. Tomas García Marrón
5. Domingo García Marrón
6. Maria del Refugio García Marrón
7. Silverie “Nena” García Marrón
8. Encarnación Ortega Espinoza (madre de Octaviana la numero 3): Fue mi tatarabuela, fue conocida como “Nanita Chona”; fue hija de María Rita Espinoza Salgado y de Regino Ortega Murillo, nieta de Carlos Espinoza Castro, y de Maria Dolores Salgado Camacho.






Las fotos tomadas en los pueblos de Baja California por Peveril Meigs, y que la USCD trabaja actualmente, son valiosos documentos gráficos, en las que lamentablemente él no asentó los nombres de los fotografiados, sin embargo el esfuerzo de la Universidad, dará los resultados correctos, ya que está apoyándose en historiadores, y conocedores del tema.






Steve Coy, y Joseph Bray, son quienes trabajan el archivo de Peveril Meigs en la UCSD, cuya colección se encuentra en la biblioteca central de esa prestigiosa Universidad de California Campus San Diego, Estados Unidos de América.







En la colección de Meigs, se encuentran fotos de muchos rosareños que ya no existen, y que a la mayoría de ellos los conocí en persona siendo ya muy viejos, y en las fotos me ha tocado reconocerlos cuando fueron niños, o muy jóvenes:






¡Es una sensación bastante extraña, la que he sentido al verlos!; pues muy bien los recuerdo, sus pláticas, y sus afectos hacia mi persona. A muchos otros que no conocí en persona, solo en otras fotos, los volví a encontrar aquí cuando todas sus proles eran niñas y jovencitas.
Por ejemplo en las fotos de Peveril Meigs, reconocí a la familia Peralta Murillo, siendo muy chicos y jóvenes; sin embargo a Victoria, la única vez la vi en persona, fue sin vida, en edad muy avanzada, en su funeral.







A Silverie “Nena” García Marrón, hermana de mi abuela, la conocí en esta foto siendo una bebita de 7 años, sin embargo cuando viví en su casa en El Rosario, era una abuela de bastante edad; poco antes de fallecer en 1991, cuando la visité en su lecho, me dijo:






¡La vida es tan Breve mijito, apenas hace poquito yo era una niñita!
Ya lo creo. Mi tía Nena, nació en El Rosario, en 1919 y falleció en Ensenada en 1991.



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LINKS DE INTERES

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http://libraries.ucsd.edu/locations/mscl/index.html


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