"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

sábado, 28 de enero de 2012

HOSPITAL CIVIL “CECILIO ESPINOZA PERALTA”, EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo

17 de Enero de 2012.

“Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento; cuidemos nuestras tradiciones”

Cecilio Espinoza Peralta, fue el sexto varón de los “Espinoza” nacido en Baja California, en El Rosario, salvo su bisabuelo Carlos Espinoza Castro, que nació en Loreto; y el padre de Carlos, Juan Nepomuceno Espinoza nacido en España, hacia 1730; antes que Cecilio en Baja California sólo habían nacido por la línea de Carlos Espinoza Castro: El propio Carlos, su hijo José del Carmen Espinoza Salgado, su nieto Policarpo Espinoza Marrón, que fueron, su bisabuelo, abuelo y padre de Cecilio respectivamente; y dos de sus hermanos mayores, que fueron: Juventino y Santiago Espinoza Peralta; nacidos todos en la península de Baja California, en: 1778, 1838, 1857, 1877, 1878, y 1880 respectivamente, desde Carlos hasta Cecilio en línea directa; existiendo una diferencia entre los nacimientos del bisabuelo Carlos de Cecilio de 102 años; y aunque Cecilio no conoció a Carlos, él si conoció a Cecilio, pues falleció en 1883 a los 105 años de edad, y aunque muchos no lo creerán, Carlos, nuestro patriarca fundador falleció porque un caballo lo tumbó y le quebró la cadera.

Habían nacido también solo dos mujeres en cada una de las generaciones; Maria del Carmen, y Perfecta Escolástica en la generación de Carlos; Maria Rita, e Ildefonsa en la de José del Carmen; María de Jesús, y Gertrudis en la de Policarpo, y ninguna antes que Cecilio en su generación.

Fue el entorno familiar en el que crio Cecilio y todos los demás antes y después que él, enfocado en la cordialidad, al compromiso por el apoyo a la familia, y más allá de esta el apoyo comunitario; eran compromisos, valores y una cultura de servicio que no tenía paralelo, valores y cultura que en la actualidad han desparecido casi hasta sus cimientos.

Con esas buenas costumbres y la excelente educación que poseían, en 1955 Cecilio se entregó a la tarea de construir un hospital, que en los 181 años de existencia de El Rosario, jamás había contado ni siquiera con un cuartito en remedo de primeros auxilios; y cuando Cecilio contaba con 75 años de edad, se echó a cuestas la ardua labor de ver edificada su aportación a su muy querido pueblo; al que con justa razón le correspondieron sus habitantes denominando al nuevo nosocomio con el nombre de “Hospital Cecilio Espinoza Peralta’, retirándole el que él le había puesto: “Hospital Civil de El Rosario”.

Antes que aquel modesto edificio de adobe crudo existiera, según algunos documentos históricos, y el habla popular en mi tierra, a muchos de los fallecidos se les asentaban en su acta para describir los motivos de la muerte, frases como las siguientes:

“No cantando con asistencia medica, por no existir ningún facultativo en el lugar…”; en otros casos, por desconocimiento de “Los Escribanos”, se asentó:

“La causa del fallecimiento fue por diarrea intestinal”; en otro “Por Alferecía”, en otro mas “Devorado por un león”; “Falleció en su casa habitación por un dolor en el costado”, “Falleció a causa del cáncer que le produjo la herida”, “Murió por un dolor repentino en los ijares”, “murió por embriaguez tóxica”, “Murió por mal de intuerto”, “Murió de la Próspeta”…”Falleció por senil”; “Falleció por hidrópito”; “Falleció por un dolor en las corvas”, “Falleció por estar tapiado”, “Falleció por fiebre calurosa”; “Falleció de calor y sin sestiar”; “Falleció a causa de golpes al caer de la bestia en una cagalbata”; “Falleció espirituado”; “Falleció con el cuerpo desfaratado”; “Falleció por golpe en los entresijos”; “Falleció de tuberculosis pulmonar”; Falleció por pesadez en el pecho”; y la de mayor incidencia: “Falleció al dar a Luz”, o “Falleció en la Raspa”…(No existe error en la escritura, así es el habla popular).

Se hablaba y escribía según como las costumbres y los usos enseñaban, ya que casi en ningún lugar se contaba con el auxilio de un “Dotor”, mucho menos de una clínica, o cuartucho de adobe, o de ramas que sirviera para que un profesional de la medicina diera auxilio a nuestros viejitos.

HISTORIA DE LOS INICIOS DEL HOSPITAL.

Afligido porque la vida ya casi se le iba, Cecilio Espinoza Peralta decidió en 1955, organizarse él, y organizar al pueblo para que se construyera un modesto hospital y traer a un médico de planta, o al menos a “Residentes”.

Sus primeros aliados fueron sus hijos y su esposa Eloísa Peralta Murillo; y luego se dio a la tarea de apoyarse en las mujeres del pueblo, sobretodo en las madres que contaban con hijas en edad de bailar; y luego que habló con aquellas madres e hijas, consiguió un viejo camioncito que le prestó su hermano Santiago Espinoza Peralta, mi bisabuelo.

Cuando estuvo todo aquello bajo control, se dispuso a construir el “Salón” para los bailes, que no era otra cosa que un corral con paredes de varas y hierba verde del monte con altura de dos metros o poco mas, con piso de tierra bien regado, y por techo el alto cielo estrellado del desierto rosareño; y por “Orquesta” la guitarra y el violín de Enrique Meza Echeverría, y José “Pepe Garrucha” Valladolid Ortiz, y un “Bajo” construido con un pedazo de tambo de lámina de 200 litros, que con nervios de venado por cuerdas amenamente tocaba Doña Dorotea “Tea” Ortiz Aguilar, y Juana su hermana al acordeón, de quien en broma los jóvenes de entonces se decían entre sí, que para donde iba el acordeón, iban las muecas en la cara de Juana.

Se había conseguido quien cobrara y colocara los distintivos a los bailadores que pagaban un peso por entrada al baile, y para que nadie se escapara del pago las bailadoras contaban con alfileres y distintivos que colocaban a cualquiera que las sacara a bailar, y no mostrara su listoncito, y luego le entregaban los dividendos a Cecilio el organizador de tales encuentros.

Se llevaron a cabo carreras parejeras de caballos, “Rayadas a caballo”, venta de barbacoa, menudo, café, cerveza, sodas, machaca seca, burritos, carne asada, y los bailes que en conjunto dejaban algunas ganancias para el pago de los trabajadores de la construcción del hospital, que era la principal preocupación de Cecilio.

Para la construcción, no se contaba con un predio que sirviera a la comunidad en cuanto a la distancia entre los de arriba y los de abajo, así que Don José “Pepe Garrucha” Valladolid Ortiz, donó el área donde por muchos años él, y su padre el chihuahuense Manuel Valladolid antes que él, habían tenido el corral de la ordeña; y en ese preciso lugar, en medio del corral, se levantó el edificio.

Las muchachas que apoyaron en el baile a Don Cecilio fueron las que actualmente se encuentran por encima de los setenta años de edad, entre ellas, mi madre.

Antes del Hospital “Cecilio Espinoza Peralta”, no existían ni doctores, ni enfermeras; pero siempre han existido Las Parteras, y por supuesto el panteón; mientras que las primeras recibían a los nuevos rosareños, el panteón recibía sin distinción de edades, sexo, color, estado civil, a cualquiera, incluso aun existiendo médico de por medio.

El primer enfermero y que yo sepa el único en El Rosario, ha sido Pedro Garcia, quien atendía a sus pacientes, y “curaba” con amplio conocimiento, aunque siempre, siempre faltaron las medicinas, los análisis, y equipo adecuado.

En una ocasión mientras sepultaban a un parroquiano, Pedro García le dijo a su compañero que se encontraba de pie a su lado:

A todos éstos que vez sepultados aquí, los atendí, siempre fueron mis pacientes; mientras que el otro le contestó:

¡Con razón, se encuentran bajo tierra!.

Bueno, la verdad es que para las parteras y el enfermero, lo único con los que contaban a su alcance, era con sus conocimientos, su experiencia, su arrojo; y con agua caliente, hierbas del campo, y uno que otro “Linimento”, y nada mas; se puede afirmar que muchas vidas se les deben a ellos, aunque a la fecha la mayoría de aquellos también han partido.

El Hospital abrió sus puertas a principios de 1960, había iniciado su construcción poco después de 1955; contaba con dos camas, sala de espera, y un cuarto para el médico. Fue demolido en el otoño de 1980, así que solo se mantuvo en operación solo veinte años; dando paso a la actual clínica de la Secretaria de salud, la que se construyó gracias al ejemplo que Cecilio Espinoza Peralta le dio al gobierno, al edificar lo que al gobierno le correspondía, y como finalmente así lo hizo.

Considero que personalidades con el talento, el compromiso, y el arrojo de Don Cecilio, no las deben cobijar los polvos del olvido, la ingratitud, o simplemente que el paso del tiempo los borre de nuestras memorias y de nuestra gratitud, ya que personas como él, no nacen todos los días, ni todos los pueblos tienen la suerte de contarlos entre sus hijos.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

17 de Enero de 2012.

El presente es trabajo intelectual del autor, quien lo tiene protegido bajo patente número 1660383, se permite su uso, siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y su uso no sea con fines comerciales, ni de lucro.

NOTAS RELEVANTES:

Cecilio Espinoza Peralta, nacido en El Rosario, en 1880, y fallecido poco después de la inauguración del hospital, fue casado en primeras nupcias con Cecilia Romo, procreando a: Alfonso “Rey Espinoza”; Isabel “Chavelita de Quitito Peralta” quien fue una destacada partera; Alberto, Norberto “Yoti Espinoza”, quien por mucho tiempo fue uno de los gasolineros a lata y barril en El Rosario.

Al fallecimiento de Cecilia Romo; Cecilio se casa con Eloísa Peralta Murillo, procreando a: Carlos, María, Anna, Francisca “Jirto”, y Zacarías.

El primer Espinoza en Baja California, fue el español JUAN NEPOMUCENO ESPINOZA, tatarabuelo de Cecilio.

Juan Nepomuceno Espinoza fue casado con la nativa de familias prehispánicas LORETO CASTRO, procreando a diez hijos, siendo Carlos (1778-1883) el mayor, además Zacarías, Maria del Carmen (Madre fundadora de la familia Ortiz en El Rosario); Perfecta Escolástica (Madre fundadora de la familia Ames en Baja California); Juan Nepomuceno, Joaquín, Loreto (Mujer), Juan José, Cosme, y José Luciano.

En El Rosario, el patriarca fundador fue Carlos, a donde llegó con su madre y hermanos menores en 1800, procedentes del paraje de San Juan de Dios, en la misma comarca; casado en 1832 con Maria Dolores Salgado Camacho.

La actual Biblioteca “Alfonso Espinoza Romo”, obtiene su nombre por su benefactor, quien fuera el hijo mayor de Cecilio, nacido en El Rosario, en 1908, y fallecido en Ensenada en febrero de 1992. El campo de Beisbol “LOS JAIBOS DE EL ROSARIO”, lleva también el nombre de Alfonso Espinoza Romo, al ser su benefactor; en ambos casos les donó los predios donde se encuentran, así como a la Delegación de El Rosario, y a la Escuela Secundaria número 41, “Prof. Heraclio Manuel Espinoza Grosso”.

La biblioteca es atendida desde su creación oficial, en 2000, por Susana Espinoza Valladolid, nieta de Cecilio Espinoza Peralta, e hija de Zacarías Espinoza Peralta y de Francisca Valladolid Duarte.

Los médicos o pasantes de medico que estuvieron en El Rosario, fueron: Miguel Valdez, en la década de 1950, Benjamín Gómez, y Aroldo Diez Angulo, en la década de 1960; en las décadas de 1970 y 1980 Josefina Vega Montiel, y otras personas enviadas por la Secretaria de Salud, así también los particulares Rutilio Galván, y Eulogio. En la actualidad que yo sepa la única rosareña que ha estudiado medicina es Enedina Meza Tambo, nieta de Ramón Meza Pellejeros, e hija de Dionisio Meza Valladolid; así como un amplio grupo de estudiantes de enfermería, y varias personas con esa profesión. Vive en la parte de El Rosario llamada Ejido “Nuevo Uruapan” la Doctora Armida Romo, desde hace varios años.

Los “SAMARITANOS DEL AIRE”, una agrupación medica estadounidense ha prestado valioso apoyo en atención y medicinas a comunidades en distintas partes de Baja California; y en El Rosario, desde hace décadas han asistido a la comunidad. En los tiempos de hospital civil “Cecilio Espinoza Peralta” utilizaron el recinto para tal fin. Fue la señora Ana Grosso Peña quien los recibió desde que iniciaron con su valioso apoyo en mi tierra.

Parteras en El Rosario han sido muchas personas, mismas que se pueden consultar en mi segundo libro “LINAJE ESPINOZA”, Así sobrevivieron nuestros pioneros en El Rosario, Baja California”: 2007.

Y para quien no lo tenga las puedo citar a continuación:

Maria del Carmen Espinoza Castro de Ortiz: Entre 1809 y 1840

Perfecta Escolástica Espinoza Castro de Ames: Entre 1815 y 1860

Columba Savin de Aguilar: Entre 1809 y 1845

Columba Sevilla de Pellejeros: Entre 1830 y 1872

Maria Dolores Salgado Camacho de Espinoza: Entre: 1836 y 1888

Petra Pellejeros Sevilla de Marrón: Entre 1857 y 1895

Maria Rita Espinoza Salgado: Entre 1855 y 1905

Ildefonsa Espinoza Salgado de Montes: Entre 1857 y 198

Maria de Jesús Espinoza Marrón de Loya: Entre 1880 y 1900

Gertrudis Espinoza Marrón de Duarte: Entre 1182 y 1927

Catalina Montes Espinoza de Ortega: Entre 1880 y 1922

Pilar Meza de Collins: Entre 1877 y 1902

Encarnación Ortiz Aguilar de Valladolid: Entre 1900 y 1914

Andalecia Ortega de Orduño: Entre 1920 y 1930

Encarnación Ortega Espinoza de Ortiz: Entre 1909 y 1929

Teresa Grosso Peña: Entre 1932 y 1960

Faustina Valladolid Ortiz: Entre 1939 y 1965

Isabel Espinoza Romo: Entre 1947 y 1968

Sara Orduño Ortega: Entre 1950 y 1967

Amelia Marquez Cervera: Entre 1960 y 2004.


“Hospital Civil de El Rosario”, se lee en la fachada, sin embargo el pueblo le cambió de nombre a: “Hospital Civil Cecilio Espinoza Peralta”.

Foto tomada por Howard E. Gulick, el 8 de Septiembre de 1963.

Colección UCSD, San Diego, California, EUA; Colección Especial de Baja California.

Al fondo se observa el taller mecánico fundado por Ramón Meza Pellejeros, y que en la actualidad maneja su hijo Dionisio “Chichoy” Meza Valladolid; en tierras que pertenecieron a la familia Valladolid, siendo el suegro de Ramón Meza Pellejeros, Don José Valladolid Ortiz, mejor conocido como; “Don Pepe Garrucha”.

Me parece una pena que no se haya conservado el edificio, y construido la nueva clínica en otro predio.

“Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento; cuidemos nuestras tradiciones”

jueves, 12 de enero de 2012

CONCURSO PARA “EL REY DEL MARIACHI”: PARTICIPANTE MIGUEL ALCAZAR SANCHEZ: “CANTOR ALCAZAR”.



CONCURSANTE NUMERO 4: MI VOTO ES PARA EL.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo


12 de Enero de 2012.

“Nuestras tradiciones son Cultura y Conocimiento; Valoremos nuestras tradiciones

Los viejitos en mi tierra El Rosario, Baja California, tenían un dicho muy eficaz para cuando de apoyar a alguien se trataba:

“Una mano lava a la otra, y entre las dos manos, lavan la cara”.

Y esto viene a cuento porque Miguel Alcázar quien además de Arquitecto de profesión, es CANTANTE DE RANCHERO; a LOS ROSAREÑOS no ha prestado un apoyo incondicional desde el año 2007; que aunque en primer plano me lo presta a mi, hace extensivo su gran servicio a todos nosotros, ya que sin su valioso apoyo mis trabajos no verían la luz con la oportunidad que llega a las computadoras de mis lectores.


Por principio de cuentas fue Miguel Alcázar quien tuvo la idea para que formara mi página www.elrosariobc.blogspot.com, en la cual se dan a conocer las historias, las tradiciones, los orígenes de nuestras familias, y tantas narrativas mas; y que aunque son todas investigaciones mías, es él quien las lleva de manera amable a Internet, y las pone al alcance de quien las lee.

Por esa razón es que ahora les pido a todos los que lean estas letras brindarle su voto para que sea EL REY DEL MARIACHI, ya que participa en un concurso promovido por PEPE AGUILAR, quien es hijo del ícono de la música mexicana, el zacatecano DON ANTONIO AGUILAR.


El concurso se llevará a cabo a fines de febrero de 2012; y cada quien puede emitir un voto cada día:


Estimado amigo Arq. Miguel Alcázar Sánchez, “CANTOR ALCAZAR”, para mí, creo que para nosotros “Los Rosareños”, Usted es una mano, nosotros somos la otra; y nuestra historia, y el que Usted gane el Concurso es: La Cara. Mucho éxito ahora y siempre.


AUTOR DEL ARTÍCULO:


ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO

12 DE ENERO DE 2012.


El presente es un trabajo intelectual del autor, quien lo protege bajo patente 1660383, se permite su uso, siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y no se utilice con fines de lucro, ni de comercialización:

NOTAS RELEVANTES: A futuro mi amigo MIGUEL ALCAZAR, nos hará el favor de grabar los corrido rosareños: “CORRIDO DE LAS ESPINOZA”, Y “LOS PESCADORES DEL CAMPITO”.


PARA IMPRIMIR Y ANUNCIAR:



Estoy participando para ser “El Rey del Mariachi”:

Concurso organizado por Pepe Aguilar

y se puede votar, y correr la voz!

1era semana en 4 to. lugar!

2da semana en 3ero.

3er semana en 3ero.

4ta. semana en 3ero.

5ta. semana mantuvimos el 3ero.

Vamos por el primero!


Un voto al dia, de aquí a finales de Febrero!
MIGUEL ALCAZAR participante #4

VOTA AQUI

Y SI DESEAS TAMBIEN PUEDES:




Quedo a sus órdenes,
Mi Agradecimiento y Amistad
Desde San Antonio de las Minas
"La Ruta del Vino"
Ensenada, Baja California, México
Miguel Alcázar


martes, 10 de enero de 2012

ORIGENES DE LA FAMILIA “RESECK” EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo:

10 de Enero de 2012.

¡“Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento; cuidemos nuestras tradiciones”!

Un día de 1990, como muchas otras veces fui a visitar a Benjamín Reseck Núñez, en su casa en El Rosario de Abajo, localizada frente al panteón misionero del pueblo. Reseck quien fuera mejor conocido a lo largo de toda su vida como; “Benny Viejo Reseck”, o “Benny Viejo”, a secas, me narró infinidad de historias, y como no iba a saber tantas de aquellas vivencias, si le tocó criarse con su abuela materna Dorotea Ortiz Aguilar, quien era descendiente directa de los “Aguilar Savin” de los últimos cochimies que habitaron la zona de El Rosario, aquel pueblo autóctono cochimi que durante milenios vago por gran parte de la península hasta la llegada del azote español a mi tierra, en 1774.

Cuando mi buen amigo “Benny Viejo” iniciaba una charla diciendo: “Fíjate Valecito que…”, ya sabía muy bien que serían nutridos los apuntes que lograría rescatar, siempre era así, siempre eran tan importantes, tan valiosos.

La primera platica con respecto a su origen, me dijo:

“Me llamo Benjamín Reseck Núñez; y agregó: Fíjate Valecito que mi padre fue el ingeniero mestizo de alemán Eduardo Reseck, y mi madre la guapa Enriqueta Núñez Ortiz, quien falleció casi al nacer yo, así que no tengo ningún hermano, ni hermana,…”: Hasta aquí las palabras del “Benny Viejo”.

En este artículo traeré narrativas sin distinción ni orden como las fuimos comentando “Benny Viejo” y yo.

Decía que en los tiempos en que Eduardo Reseck pretendía ser novio de la rosareña Enriqueta Núñez Ortiz, no le había resultado muy fácil que digamos, ya que mientras que Eduardo vivía en San Diego, Enriqueta radicaba en El Rosario, lugares que se encuentran separados entre sí por unos cuatrocientos kilómetros, que hoy en día se recorren en unas siete horas, pero en 1914, no.

Un buen día salió Eduardo desde San Diego con rumbo al sur, en un carrito de gasolina, de aquellos que casi nadie conocía, porque toda la rancherada se movía en caballos, mulas, burros, y carros tirados por bestias, o a pie, en nada mas; y como los caminos nomas no existían, aquellos caminos eran solo grandes polvaredas, o lodazales; pero el ánimo de congraciarse con Enriqueta era tan grande que los contratiempos no le importaban. El carrito que Reseck conducía, tenía a decir del “Benny Viejo”: ¡Muy delgaditas las llantas, con rines de rayos de madera, Fíjate vale Alejandro”!

Las delgaditas llantas hacían que en cualquier lodito se atascara o patinara demasiado, lo que causaba que la gasolina se fuera acabando sin remedio, y como la gasolina era tan desconocida como los carros en esta tierra, pronto lo enfadó tanta modernidad, así que a su paso por la Colonia Vicente Guerrero, unos noventa kilómetros antes de llegar a El Rosario, fue Reseck a ver al rosareño Salvador “Cuatito” Duarte Espinoza, que en ese lugar vivía, y pelo a pelo cambiaron el carro a gasolina por uno de dos mulas, en el que continuó su viaje Reseck sin ningún contratiempo.

Cuando llegó a la casa de su amada Enriqueta, que por cierto lo esperaban hasta dentro de un año, y no en ese tiempo que llegó; salió la familia a recibirlo y para el recuerdo, y para la historia se tomaron fotos a bordo de aquel carromato, de las cuales “Benny Viejo” conservaba una, que por cierto gentilmente me la obsequió, mientras me dijo:

En mi larga vida, he visto de todo, pero jamás había visto que alguien se interesara en “juntar” las historias de mi tierra, por eso a nadie conozco que la merezca y la valore como tú valecito”.

Unas tres semanas después de haber llegado a El Rosario, en 1914, Eduardo Reseck inició el viaje de regreso a San Diego, y al pasar por la Colonia Vicente Guerrero, el “Cuatito Duarte Espinoza” le dijo que si por favor le devolvía su carro de mulas porque nomás no sabía como “manijar” el carro de gasolina; Contestándole Reseck que lo acompañara a San Diego, y se trajera de regreso su carro incluidas las mulas, y que el de gasolina lo usara para gallinero, como así lo hicieron.

Cuando el “Cuatito Duarte Espinoza” y todos los viejos de todos los pueblos empezaron a “manijar” carros de gasolina, cuando los querían “manear” les gritaban Ohh, Ohh,Ohh, como lo hacían con los carros de mulas, al querer detener a las bestias; así que para mis viejitos los carros no frenaban, maneaban, tampoco se conducían, se “manijaban” a velocidades que no rebasaban si acaso el trote de un caballo, o igualaban el correr de un hombre, jamás mayor velocidad, pues mas allá de aquellas velocidades, era una exageración, y riesgos desmedidos.

“Cuando yo era chico valecito y escuchaba algún ruido de carro, corría hasta el camino para verlo pasar, y luego me iba corriendo detrás del carro, lo alcanzaba, me subía a la defensa, y me volvía a bajar, y lo seguía correteando hasta que el cansancio ya no me lo permitía; me dijeron casi en coro “Benny Viejo” e Isidoro Aguilar, que eran mas o menos de la misma edad”. Mientras ellos comentaban esto, viajé en mis recuerdos a los tiempos en que fui chico en El Rosario, y hacía lo mismo que dijeron, pero los que yo correteaba eran los troqueros del sur.

¡Me imagino los desfiguros que ahora haríamos si correteáramos a un auto!

Con el paso de tantos viajes a El Rosario, Eduardo Reseck se convirtió en el novio de Enriqueta y se casaron, procreando solamente un hijo, como lo dijera el buen amigo “Benjamín Reseck Núñez: no tuve ningún hermano, ni hermana.

Enriqueta a poco de nacer su único hijo, Benjamín” en los días de la cuarentena del parto, comió nieve a causa del inclemente calor del valle de Mexicali e Imperial, que hacen frontera en Calexico, California, Estados Unidos de América, con Mexicali, Baja California, México. En Calexico falleció Enriqueta a la corta edad de unos veintitrés años; en ese lugar fue sepultada, y por lo que tocó a Reseck padre, se fue hacia el norte de Estados Unidos, no sin antes entregar a su recién nacido a su abuela materna Dorotea Ortiz Aguilar, quien había viajado de El Rosario a San Diego en barco, y de San Diego a Calexico en tren, y en carretela; aun así no alcanzó a ver a su fallecida hija, salvo ir a brindarle su bendición en el camposanto donde ya descansaba la bella Enriqueta.

Cuando “Benny Viejo” contaba con mediana edad, unos doce años, se escapó a San Diego, para ver si podía encontrar y reconocer a su padre, pero no fue así; en una fría noche después de mucho buscarlo sin saber en donde, unos policías lo llevaron a un orfanatorio, pues no pudo demostrar familia, domicilio, ocupación, ni hablaba inglés. En ese orfanatorio estuvo mucho tiempo, mismo que su abuela no supo de él, me confió que en ese lugar sufrió mucho, de todo le pasó en aquel encierro, mayormente hambre; y que por fortuna aprendió inglés, a hablarlo, leerlo, y escribirlo, pues en español ya lo había aprendido en la escuela “Padre Salvatierra”, en El Rosario.

Cuando ya andaba por los veinte o mas años se fue de San Diego, El Rosario, a casa de su abuela, quien con una severa regañada lo recibió, y le tenía su cuarto sin alterar desde que se había ido, y que aunque lo hacía tal vez muerto, nunca perdió la esperanza que algún día regresaría; de la misma manera su abuela conservó por varias décadas la habitación de su hija Enriqueta, a quien ya sabía fallecida, sin permitir a nadie que se alojara en aquel lugar, salvo al entonces joven “Benny Viejo”.

Benjamín Reseck Núñez, se casó con la rosareña Bertha Duarte Valladolid, mejor conocida como “Güera del Benny”; procrearon a: Enriqueta, Concepción, Catalina, Benjamín, Octavio, Rodolfo, Ramona, y Santiago.

El “Benny Viejo” fue pescador por varias décadas, trabajó en muchísimos equipos en esas labores, tanto en la langosta, abulón, pescado, y sargazo; sobretodo durante mucho tiempo fue una de las poquísimas personas que hablaban inglés en El Rosario. Para referirse a algún rosareño fallecido, en el pueblo siempre se dice:

¡Se cambió de lugar, ahora se encuentra enfrente de la casa del “Benny Viejo”!, o lo que es lo mismo: Ya falleció la persona que se busca, pues por mucho tiempo fue la casa “Reseck” la única que tenía como vecino al camposanto.

“Benny Viejo” Falleció al parecer el 17 de marzo de 2005, mas o menos; siendo sus descendientes en la actualidad, personas que han destacado dada su afición al trabajo y al progreso, son una destacada familia, que sin duda han puesto en marcha muchos de los conocimientos y entrega del “Viejo”, y los genes que heredaron de Enriqueta, de la bisabuela Dorotea, de sus padres, y sus propios esfuerzos que han brindado resultados tangibles, que cualquiera puede ver y reconocer.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO

A 10 DE ENERO DE 2012.

¡“Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento; cuidemos nuestras tradiciones”!

El Presente trabajo en propiedad intelectual del autor, quien lo tiene protegido bajo patente número 1660383; se permite su uso, siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y no sea con fines de lucro, ni comerciales.

NOTAS Y FOTOS RELEVANTES:

En mi primer libro “LOS ROSAREÑOS” que publiqué en 1992, se encuentran varias entrevistas que le hice a Benjamín Reseck Núñez; así también en mi segundo libro “LINAJE ESPINOZA” que publiqué en 2007.

Cuando fui niño en El Rosario, existían infinidad de carritos modelo “A”, “T”, y otros de los años de mil novecientos veinte, treinta y cuarenta, que se usaban como gallineros, así como el carrito de Eduardo Reseck- Cuatito Duarte Espinoza.



De pie de izquierda a derecha se encuentran Eduardo Reseck,

Enriqueta Núñez Ortiz, José del Carmen “Tambo” Espinoza Peralta,

Señor Larralde; sentada se encuentra Doña Dorotea Ortiz Aguilar, y Salvador “Chip” Meling Olsen.

Foto en la casa de la familia Ortiz Aguilar, El Rosario, Baja California, 1920.

Me la explicó Doña Faustina Valladolid Ortiz, y me la obsequió “Benny Viejo”, en 1990.

Colección Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.




Este es el carro de mulas que Eduardo Reseck le cambió en la Colonia

Vicente Guerrero, Baja California, al rosareño allá radicado, Salvador “Cuatito” Duarte Espinoza.

Foto en casa de la familia Ortiz Aguilar, en El Rosario, Baja California: 1914.

Me la explicó y obsequió “Benny Viejo”, en 1990. La utilice para la portada de mi primer libro “LOS ROSAREÑOS” Nacimiento y Vida de un Pueblo Bajacaliforniano, 1774-1992: 1992.

Colección: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.



Enriqueta Núñez Ortiz, en El Rosario, Baja California, en 1921.

Ya esperaba a su único hijo.

La foto me la obsequió su hijo “Benny Viejo” en 1991.

Colección Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.




A mi izquierda se encuentra Rosario “Chayo Juit” Duarte Valladolid, al centro este autor, y a mi derecha Benjamín Reseck Núñez:

Foto: Museo Comunitario “El Rosario”, el día de su inauguración, el 09 de octubre de 1994, a la que los “Viejitos” asistieron de invitados de honor, por haber sido los primeros alumnos que asistieron a ese recinto antes llamado” Escuela “Padre Salvatierra”.

Foto: C.P. Lourdes Pérez Corral. Colección: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.

Mientras posábamos para la foto “Benny Viejo”, dijo: Aquí aprendí las pocas letras que sé, gracias por rescatar el viejo edificio y darnos este museo Alejandro”:

“Chayo Juit” agregó: “Ya no va a existir otro Alejandro, espero que lo cuiden lo nuevos, porque nosotros ya nos vamos.

Y ya se fueron efectivamente, solo falta que el cuidado al edificio, y al museo se dé por las nuevas generaciones…

CUATRO PANTEONES EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo

06 de Enero de 2012.

¡Nuestras tradiciones son cultura; Cuidemos nuestras tradiciones!

Cuando la población en el cañón de lo que hoy se conoce como el pueblo de El Rosario, Baja California, era la nativa prehispánica, no contaban con panteones como los que se utilizaban en otras partes del mundo, por lo regular sus muertos eran incinerados, o medio sepultados.

Sin embargo a la llegada de los europeos a la península de Baja California, y atreves del sistema misional, impusieron como tantas otras costumbres el sepulcro de la manera en que se le conocía desde remotamente en sus lugares de origen, como la península ibérica, y el resto de Europa.

En julio de 1774 con la fundación de la misión de El Rosario, cuyo nombre fue: “Misión del Santísimo Rosario de Viñadaco”, y a raíz del primer fallecimiento, ya en la época misional, y que no sabemos quien fue, se abrió un panteón a lado noreste de la entrada principal del recinto; en la explanada que hace pendiente ascendente hacía una colina que hoy es una rampa de concreto que conduce a la colonia “La Misión”, en el actual El Rosario de Arriba.

Sin embargo bien sabemos que el paso del tiempo, el descuido, la apatía, y el abandono borran cualquier obra, tradición, o vestigios de lo que antes existió; fue esa la manera que muchos de los actuales rosareños ya no saben cual fue el primer panteón en nuestra tierra; la inmensa mayoría creen que el panteón de El Rosario de Abajo fue el primero, pero no es así, y les he tenido que dar antecedentes históricos para ubicarlos en la manera en que fueron apareciendo los cuatro camposantos.

PARTE DE LA HISTORIA.

Al fallecer la primera persona en la nueva misión después del dos de julio de 1774, sin saber la fecha, pero sí el sitio donde fue sepultado, siendo el acontecimiento con el que nacía una nueva costumbre en la disposición final de aquel primer fallecido, además de la fundación del panteón.

El primer panteoncito fue utilizado desde 1774 a 1802, es decir por un período de 28 años, y que al cambiar el sitio misional a su segundo frente, ya en lo que vino a llamarse tiempo después: “El Rosario de Abajo”, se abría paso al segundo panteón misionero, que muchos creen que fue el primero; desconocemos también quien fue el primer huésped para siempre del nuevo camposanto, solo se sabe que nació el panteón en 1802, o poco después.

Fue en 1862, cuando ya había aparecido el registro civil en México, y que la inscripción de manera ordenada y sistemática de los nacimientos, matrimonios y fallecimientos pasaron a depender de las leyes civiles, al igual que los panteones.

Bajo la nueva ley y su reglamentación, y debido a que en 1863 murió Regís Várelas, y que con su muerte nació el tercer panteón en El Rosario, localizado en el cerro al Este del segundo.

Ambos panteones, el misionero, y el del cerro, han sido utilizados para sepultar a varias generaciones de rosareños; mientras que el misionero ha recibido a nuestra gente desde hace 210 años; el del cerro lo ha hecho durante 149.

En el panteón misionero, se encuentran tumba sobre tumba. Por ejemplo cuando fuimos a construir el sepulcro que recibió a mi abuela paterna María Visitación García Marrón, el 14 de diciembre de 1987, nos encontramos con cinco restos de cuerpos: El primero se encontraba orientado de norte a sur, el segundo mas abajo también; el tercero mas abajo aun, orientado de Este a Oeste, otro mas abajo de noreste a sureste, y el último, al fondo de la excavación, se encontraba como formando una “X” con el que descansaba por encima de este. Claramente, al observar la dureza de los restos, se apreciaba que el de mas abajo llevaba sepultado al parecer hasta doscientos años, y el primero, el de mas arriba, al menos unos cien; pues cuando decidimos excavar en tal sitio, no parecía existir ningún sepulcro, ya que era campo abierto, solo lo descubrimos mientras realizamos la fosa.

En el primer intento encontramos a poco mas de un metro de profundidad los restos de alguien, por eso decidimos enterrar la fosa, y abrimos otra a varios metros de distancia de la primera, encontrando los resultados que antes describí; y como el cortejo fúnebre no tardaba en llegar con mi querida abuela, debimos continuar “Profanando” a aquellos cinco que según creerían los que los sepultaron que descansarían en paz, sin saber que hasta un par de siglos después llegarían unos intrusos, entre ellos yo. Tuvimos que hacer la tumba mas honda, hasta que no aparecieron mas restos, y debajo del concreto que sirvió de fondo de la tumba de mi abuela, sepultamos a aquellos cinco restos juntos que no tuvimos ni la mas mínima idea de quien pudieron ser en vida; y casi puedo afirmar que ni entre ellos se conocieron a juzgar por la diferencia del estado de conservación de sus huesos.

Quienes serían los que acompañaron al cementerio aquellos cinco individuos, y de qué murieron, qué edad tendrían, serían buenos o malos, hombres o mujeres, creyentes o no, su color, su estatura…: Esas fueron algunas de las preguntas que en mi mente surgían como empujándose apretujadas una con otra, apresuradas por salir; y luego al ver la belleza de la dentadura en unos de los restos, adiviné que era una joven mujer, o así lo quise creer; como que hubiera querido platicar con ella, sabiendo que eso era por completo imposible; hubiera querido saber cómo era el pueblo en los tiempos de su vida, y tantas cosas mas; pero consciente de la situación, solo atiné en depositarla con todo respeto bajo el lecho que en minutos recibiría a mi querida abuela; y casi le dije al depositarla allá: ¡Por favor guía a mi abuela, que es nueva en esto!.

El pasado 25 de diciembre de 2011 con el fallecimiento de Don Juan Gonzalez Durán, fallecido en El Rosario el día 24, nació en mi tierra su cuarto panteón; que se localiza en una meseta de las estribaciones de la mesa norte del cañón, en El Rosario de Arriba, en la parte que por capricho de políticos se llama “Ejido Nuevo Uruapan”. Al momento de sepultar a Don Juan, se retomó la costumbre de hacerlo, ya que desde hacía 210 años no se sepultaba a nadie en El Rosario de Arriba.

Don Juan Gonzalez Durán, fue oriundo del sur de México, había nacido el 24 de junio, el mero día de San Juan, y llegó a El Rosario por allá en la década de 1960, donde se asentó y procreó a su familia, quien le sobrevive. Se ha ganado la distinción de ser pionero, y que en su honor el cuarto panteón rosareño debe llevar su nombre.

La flora de la meseta donde se asienta el nuevo panteón, se encuentra en estado natural, con sus típicas chollas, agaves, y plantas del desierto central de Baja California; y que al continuar creciendo el camposanto serán destruidas, y que muy bien se haría en que se rescataran las mas posibles, y se construyera un jardín desértico, en los patios de las escuelas tal vez, en el Museo Comunitario “El Rosario”, o en sitios de taludes o barrancas, para que se preserve también nuestra bella naturaleza; ya que con nuestras partidas, seguiremos acrecentando los camposantos en mi tierra.

La primera vez que en la vida tuve conocimiento que los seres humanos somos mortales, fue cuando falleció Ana Arce, joven mujer que por cuidar a su hermano que había caído presa de la tuberculosis, viajó junto con él desde San Borja, a El Rosario, para que lo atendiera el único doctor que se encontraba en cientos de kilómetros: El Doctor Miguel Valdez, sucedía esto, allá por 1962.

El hermano de Ana Arce falleció, no sin antes dejar enferma a su protectora, a quien cuando yo contaba con cinco años de edad, le acarreaba leña hasta una casa vieja de mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, y que le había prestado para que se guarecieran, Ana y su hermano. Recuerdo que le tenía miedo a Ana, y poco antes de llegar a la casa le aventaba la leña, y me retiraba a toda prisa, mientras ella me gritaba: ¡No me tengas miedo mijito!; y luego que murió, supe que los humanos somos mortales…

Don Juan Gonzalez Durán, con su muerte se convirtió en pionero, y con su sepulcro otorgó su nombre al cuarto y más nuevo panteón de El Rosario, Baja California…el panteón “Juan Gonzalez Durán”: Descansen en Paz todos.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO

05 DE ENERO DE 2012.

El presente es un trabajo intelectual del autor quien lo tiene protegido bajo patente numero 1660383, se permite su uso, siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y no sea con fines de lucro o comerciales.

¡Nuestras tradiciones son Cultura; protejamos nuestras tradiciones!





Acceso desde la carretera al nuevo panteón “Juan Gonzalez Durán”

El Rosario, Baja California.

Foto: Alejandro Espinoza Jáuregui: 31 de Diciembre de 2011.





Sepultura de Don Juan Gonzalez Durán:

Foto: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo

El Rosario, Baja California, a 31 de Diciembre de 2011.





Área que algún día serán sólo tumbas; hoy la de Don Juan Gonzalez Durán.

Foto: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo

El Rosario, Baja California, a 31 de Diciembre de 2011.




Los pajarillos deberán buscar otras chollas para anidar.

Foto: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo

El Rosario, Baja California, a 31 de Diciembre de 2011.




En primer plano la tumba de Don Juan Gonzalez Durán, al fondo el pueblo de El Rosario

Y el arroyo escurriendo su agua al mar.

Foto: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo

El Rosario, Baja California, a 31 de Diciembre de 2011.



Con el debido respeto y el permiso de Don Juan Gonzalez Durán posamos mis hijos

Y yo en la cabecera de su tumba, la que da inicio a cuarto y nuevo panteón del pueblo:

Alejandro, Laura Delia, el Autor, y Magda Alejandra Espinoza Jáuregui.

Foto: Ariana Montiel Arzate

El Rosario, Baja California, a 31 de Diciembre de 2011.

viernes, 23 de diciembre de 2011

LOS REYES DE LOS CAMINOS EN BAJA CALIFORNIA.

CARLOS “DON CHALE” ESPINOZA PERALTA: NUESTRO GRAN VAQUERO ROSAREÑO.


. (Foto: Por Harry Crosby: 1967).
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.
20 de Diciembre de 2011.


La herencia en el amplio y profundo conocimiento de la geografía peninsular por parte de las primeras familias, y sus descendientes que habitaron la región bajacaliforniana, data de los tiempos en que nuestros ancestros fueron arrieros, muleros, soldados de cuera, rancheros, leñeros, leñadores, pescadores y vaqueros; es la razón que en El Rosario, y otros pueblos con origen misionero, sus hijos sean tan diestros en esos menesteres.

Los reyes de los caminos, era como Harry Crosby llamaba a Carlos “Don Chale” Espinoza Peralta, Antonio Peralta Gaxiola, y a otros personajes que le sirvieron de guía para los recorridos de exploración que en bastas regiones de la península realizó, que con motivo de estudiar los diversos asentamientos humanos, y rancherías, que se encuentran principalmente sobre la antigua ruta de las misiones.

Aquella ruta misionera, también conocida como “Camino real misionero”, en gran parte son las veredas y senderos que durante miles de años, y por miles y miles de pasos de los pobladores ancestrales que marcaron inclusive las rocas, y que después servirían para que el europeo español extendiera sus dominios hacia el norte continental de América.

Cuando los misioneros debieron seguir explorando todos los rincones de las tierras de los seres mal llamados “Sin razón”, obtenerlas para sí, y someterlos por las buenas o por las malas, a quien fueran encontrando, adoctrinándolo en su religión, y destruyendo todo vestigio de las paganas creencias de los nativos, dio como resultado además de tantos otros, que los soldados, arrieros, y cualquier hombre de campo que apoyaba a la misión como institución, conociera palmo a palmo la región por donde eran buscados tanto los “Aborígenes”, como sus escasos bienes.

El conocimiento primero, los hombres blancos lo obtuvieron aprovechando las enemistades y rivalidades que existían entre los pueblos autóctonos, valiéndose de esos desencuentros para sacar “tajada”, y que los enemigos de tal “nación” les mostrara los escondites de los que eran buscados, así que nada tonto el europeo, utilizó a “indios” contra “indios”; igualito como ahora se dan festín nuestros indescriptibles políticos mexicanos, sacando tajada a cualquier situación anómala, y si no existe, pues ellos mismos la forman, y resuelven nuestros problemas, porque saben cómo hacerlo, y cómo no van a saber, si son ellos los que “hacen” las intrigas.
Bueno, el caso es que nuestros hombres de campo conocieron tan bien cuando rincón existe, y al trasmitirlo a sus descendientes, y recorrerlos juntos llegaron a tener un conocimiento tan basto, como basto era el territorio recorrido.

Y por esa razón, Carlos “Don Chale” Espinoza Peralta y al ser descendiente directo de Juan Nepomuceno Espinoza, Carlos Espinoza Castro, José del Carmen Espinoza Salgado, y de Policarpo Espinoza Marrón; quedando “Don Chale” en quinta generación de “Espinoza” en Baja California, en el orden que los he anotado.

Al pertenecer a la quinta generación en la familia, cuando las cuatro anteriores conocían a la perfección nuestra geografía peninsular; “Don Chale”, a los dos años de edad, ya andaba con su abuelo José del Carmen Espinoza Salgado en las correrías del ganado, y en las campeadas.
Para cuando el investigador norteamericano Harry Crosby conoció a “Don Chale”, era ya un hombre de casi setenta años de edad, así que su asombro por su amplísimo conocimiento peninsular lo dejó prácticamente con la boca abierta; no por nada fue su guía en repetidas ocasiones, y a él junto con otros peninsulares los llamó en su libro publicado en 1974: “Los Reyes de los caminos de Baja California”.

Mi tío bisabuelo Carlos “Don Chale” Espinoza Peralta, conocía como cualquiera de sus contemporáneos, cada cañada, ojo de agua, oasis, arroyo, cueva, vereda, montaña, desierto, valle, árbol, animal, estrellas guías, vientos, nubes, fríos, calores, que con sólo presenciarlos, sabían qué decisión tomar. Para ellos un arroyo era como una carretera, cada montaña como un monumento, cada vereda la veían como cicatriz en la montaña, cada cueva como una habitación, cada animal o planta, como sus desayunos, comidas o cenas; de cada viento, calor o frío, predecían su andar; y de cada lluvia el baño de las bestias y el relajamiento a sus propios cuerpos por el largo tiempo de cabalgar.

Fueron excepcionales hombres, rústicos al parecer, sin embargo no era así, algunos contaban con gran sensibilidad, sencillez, amistad, y humildad; que aun en los “tiempos malos”, eran buenos, y en los “tiempos buenos”, eran mejores. Y sí eran rústicos, si a “letras” nos referimos; sin embargo conozco a muchísimos “letrados”, bastante mas rústicos que mis queridos viejitos, pues ellos aunque no letrados del todo, muy educados que fueron; bien se dice que el ser estudiado, no significa necesariamente: Ser educado.

Aunque bastante breve, estas palabras las escribo a la grata memoria de mi muy apreciado tío bisabuelo “Don Chale Espinoza”, imaginando que ahora las veredas que cabalga, le deben ser tan conocidas como las que en esta península recorrió.

AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.
20 DE DICIEMBRE DE 2011.


El presente trabajo es propiedad intelectual del autor, quien lo tiene protegido bajo patente número 1660383; se puede utilizar siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y no sea con fines de lucro, ni comerciales.



Carlos “Don Chale” Espinoza Peralta (San Juan de Dios 1898- El Rosario 1974); llevó ese nombre en recuerdo a Carlos Espinoza Castro, quien fue su bisabuelo, pero que no conoció.

Juan Nepomuceno Espinoza (España 1730-San Juan de Dios, El Rosario, Baja California1799): Fue de origen español, y el primer Espinoza en Baja California, a donde llegó en 1755. Fue arriero con los misioneros jesuitas hasta 1767; y guía de misioneros franciscanos y dominicos posteriormente.

Carlos Espinoza Castro (Misión de Loreto, Baja California, Sur 1778- Misión de San Fernando Velicatá, El Rosario, Baja California 12 de mayo de 1883); fue el primer Espinoza en El Rosario, a donde llegó en el verano de 1800. Fue soldado misional, o de cuera, al servicio de la misión como institución española, antes que México existiera.

Carlos “Don Chale” Espinoza Peralta, fue el vaquero número uno en todas las fiestas que se realizaron en El Rosario, desde 1910 a 1950; destacó en todas las suertes de las vaquerías; su mayor premio consistió en dos monedas que llamaban “alazanas” de oro que recibió de manos del comisario del pueblo en 1920; de las cuales una la donó a su segundo, y con la otra compró “mucha provisión para la casa”, según me lo platicó una tarde del verano de 1972, en que lo fui a visitar;

Fueron tantos los víveres que compré que tuve que pedirle prestado un “Foringo” a Santiago mi hermano, tu bisabuelo, pues las mulas no lo podían cargar, entonces era un hombre de 22 años de edad, recalcó.

El día de ayer 19 de diciembre de 2011, falleció Cecilio Espinoza Adarga, quien fuera hijo de Carlos “Don Chale” Espinoza Peralta. Fue mi hermano Héctor Espinoza Arroyo quien me avisó.

Para mayores datos familiares consultar: “Familia Espinoza”, y mi primer libro “LOS ROSAREÑOS”: 1992, en esta misma bitácora.


Aquí lo tienen en foto, a Carlos "Don Chale" Espinoza Peralta, tomada por Harry Crosby en 1967, cuando en viaje de investigación de El Rosario al rancho San José de Los Meling, por la alta serranía, "Don Chale" fue el guía; siendo llamado por Crosby como: "El rey de los caminos de Baja California".
Mandeville Special Collection, Library UCSD: San Diego, California, Estados Unidos de Norteamérica.
Steve Coy: University Archivist.