"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

sábado, 14 de abril de 2012

JULIO ESPINOZA GARCIA: EL AMIGO DE TODOS.

VAQUERO, BUZO, BAJAMARERO, TORTILLERO, DIRECTIVO COOPERATIVISTA, FUNCIONARIO PÚBLICO, EXPORTADOR, COMERCIANTE, Y MINERO DE EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, APOYADO SIEMPRE POR SU ESPOSA RUFINA ARROYO CASTRO, Y POR SUS HIJOS.


Foto reciente de Julio Espinoza García y su esposa
Rufina Arroyo Castro. El Rosario, B.C. 2012.
Nuestras tradiciones, son cultura y conocimiento, conservemos y valoremos nuestro legado.
La presente investigación no sigue líneas gubernamentales, ni de orden político de ninguna índole.
Somos Bajacalifornianos, no “BAJEÑOS”.
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
A 10 de Abril de 2012.
Patente: 1660383.
Julio Espinoza García, también conocido como: “Julio el del Negro” nació en El Rosario, Baja California, el 22 de mayo de 1938, en la casa de su abuelo Santiago Espinoza Peralta, cruzando la callejuela, en El Rosario de Abajo, “Pueblo Viejo”, enfrente de la primera casa “Espinoza”, construida en 1836, por el patriarca Carlos Espinoza Castro, padre del tatarabuelo de Julio: José del Carmen Espinoza Salgado, quien en esa precisa casa naciera en 1838, y también en la que aquel mismo año falleciera a la edad de 80 años Loreto Castro de Espinoza, mejor conocida como “Mamá Espinoza”, quien fuera la fundadora del linaje “Espinoza” en Baja California; ambos acontecimientos ocurridos 100 años antes del nacimiento de Julio. Frente a aquella primera Casa Espinoza, a unos cuantos metros de distancia, es donde nació 100 años después que su tatarabuelo, Julio Espinoza García, y 10 años después que un potro bronco matara a su bisabuelo Policarpo Espinoza Marrón, en 1928, cuando contaba con 71 años de edad, suceso ocurrido en la puerta principal de la misma primera casa “Espinoza” de El Rosario.
Fue Julio el hijo menor de Alejandro “Negro” Espinoza Peralta y de María Visitación García Marrón, criado dentro de las antiquísimas costumbres de las misiones y de los primeros rancheros peninsulares de la Baja California; con bastos conocimientos tanto de las vaquerías, de la vida campirana, herbolaria bajacaliforniana, de la pesca, del buceo, del cooperativismo pesquero, y de la agreste geografía peninsular, en los que se desenvolvió con toda soltura, y maestría.
Conoció, convivió, y conversó ampliamente con su abuelo Santiago Espinoza Peralta, y con muchos personajes de la generación de su bisabuelo Policarpo Espinoza Marrón, razón por la que el conocimiento de lo nuestro le fue permanentemente consolidado, y que después junto con sus antecesores nos los transmitieron a los que seguimos naciendo, y engrosando las filas de “Los Rosareños”, que no hace tanto tiempo, todos nos conocíamos, pues en las décadas de 1960, y ’70, en el pueblo vivíamos unos doscientos habitantes, y aunque en la actualidad muchos afirman que somos unos cinco mil, la realidad es que en el censo del 2010, éramos sólo 1705, en toda la demarcación, y qué bueno que así siga siendo, que seamos pocos.
LAS VAQUERIAS, Y LOS VAQUEROS: UNA LABOR ANCESTRAL EN EL ROSARIO.
Julio Espinoza García, junto a su padre, a su abuelo, con sus primos Mario, y Eugenio Espinoza Grosso; Vicente Salizzoni Espinoza; y sus tíos abuelos, los hermanos Carlos “Don Chale”, Adalberto “Caracol”, Jose del Carmen “Tambo”, Cecilio, y Policarpo Espinoza Peralta, y sus tíos Manuel, “Tehua”, y Santiaguito Espinoza Peralta, y Herminio Espinoza Romero; así como sus tíos segundos Alberto, Norberto “Yoti”, Alfonso “Rey” Espinoza Romo, Zacarías y Carlos Espinoza Peralta; y los hermanos Fidel, Francisco, Heraclio, y Jesus Espinoza Arce; los hermanos Gustavo, Emilio, y Arnulfo “Chuty” Espinoza Loya; el inseparable amigo y pariente de Julio: El indiano de los montes y los llanos, Roberto “Chato” Romero Loya; el viejo Alonso Murillo Adarga, y el fiel Heriberto “Chapo Murillo” Loya, al igual que los hermanos Santos “Chapule”, Pablo “Gaby”, y Anastasio “Ticho” Duarte Valladolid; y el inolvidable viejo vaquero Isidoro Aguilar “El de San Fernando Velicatá”; sin olvidar a los hermanos Bárbaro “Tabaco”, Bibiano, y Eulogio “Binchura” Duarte Peralta, y junto con muchos otros vaqueros rosareños, fueron con los que Julio recorrió grandes distancias entre montañas y desiertos; todos ellos arrearon miles de cabezas de ganado; haciéndolo entre todos como si fueran uno solo; todos se cuidaban entre sí, valiéndose de los amplísimos conocimientos de toda índole que del quehacer, y de la vida campirana poseían; y de las que no por casualidad me han llegado como legado histórico, de vida, y en forma de ricas tradiciones, y que ahora, para no dejarlas morir, y en sincero homenaje, profundo respeto y admiración por todos ellos, las comparto con mis lectores. Fue de éstos conocimientos que me heredaron de donde obtuve la inspiración para escribir un poema al que intitulé: “LOS VAQUEROS DE MI TIERRA”.
Los antiguos ranchos de San Juan de Dios, La Suerte, El Rosarito de los Loya, San Antonio de los Duarte, Los Mártires, El Salto, El Cartabón, Las Codornices, El Sauce de Carter, El Cardón de Cañedo, El Cerro Pelón, El Roñoso, El Aguajito, El Arenoso, Julio César, San Fernando Velicatá (misión), El Progreso, Rancho de Peña, La Escondida, El Sauzalito (mina), Santa Úrsula, San Vicentito; y los parajes de La Víbora, Cantarrana, El Cardonal, Matomi, Corral del Medio, Corral del Chino, Los Abajeños, La india Flaca, Los Mezquititos, Llanos de San Jorge, Paraje Espinoza (En San Jorge), El Malvar, Cajiloa; y el camino largo de la arreada de partidas de ganado desde El Rosario hasta Mexicali, pasando por las “Caydas” del desierto, rumbo al golfo de California; fueron los sitios por los que mayormente se movía la vaquerada, en los arreos, campeadas, y pastoreo del ganado.
El campo, antes como ahora, es el sitio donde se pasa la noche, cuando se anda en la “Campeada”, es montado en algún recoveco con protección natural, se enciende una lumbrada en medio del contingente, que lo rodea tomando sus alimentos, rasurándose, cenando, o jugando algún juego de mesa, aunque sea improvisado a ras de suelo.
Cuando la vaquerada se va a dormir, al filo de las nueve de la noche, estando el campo en silencio, y que sólo la roncadera se escucha, es cuando llegan los “coyotes mantequeros” a trastear lo que haya quedado a la mano; tienen tanta hambre, que no les importa el tiradero de vaqueros a campo abierto.
En la madrugada, ya para las dos o tres de la mañana levantan al más incauto para que prepare el café vaquero, actividad que me tocó realizar en muchísimas ocasiones, y que tan a gusto saboreaban aquéllos vaqueros de mi tierra, mi parientada.
Todos los vaqueros de los que hablo, eran expertos en lazar a cualquier animal bronco, y orejano, fuera, vaca, toro, caballo, mula, macho, o burro; no importaba el tamaño de la bestia; el mejor de todos fue sin lugar a dudas: Carlos “Don Chale” Espinoza Peralta.
En una ocasión Julio lazó a fuerza de carrera, entre los chóllales, a un borrego cimarrón, al borde de una cantilería, no muy lejos de Matomi; montaba una mulita parda, que no pudo con el tremendo jalón que el cimarrón le dio, le soltó todo el “descuello” que pudo a la reata, la dejó correr sobre la cabeza de la silla, hasta que se le acabó; mientras que el borrego saltó por los rocosos cantiles cuesta abajo; Julio y su tío Herminio Espinoza Romero, rodearon la cantilería para ver si lograban rescatar la muy preciada reata, llevándose la sorpresa de encontrar al borrego con el cuello roto entre los chaparrales; ahí mismo con mucho trabajo lo levantaron, y lo llevaron al campo que se encontraba a unos kilómetros del lugar; allá lo convirtieron en pulpas de carne salada para secar.
UNA FAENA DIARIA DE LOS VAQUEROS:
Al amanecer se separa al ganado que el día anterior se haya “Campeado”, lo vacunan, lo bañan, lo erran, señalan a los orejanos, y separan a los “Lepes”, y a los toros muy viejos los llevan para la venta, o los sacrifican; Y si aparece algún animalito ajeno y desconocido, pasa a formar parte de los víveres en las alforjas de cuero crudo, convirtiéndolo en machaca seca, y cecina, que acompañadas con asaderas, o quesos frescos y secos, y con panocha o piloncillo, arroz, frijol, harina, café, sal entera, aceite de oliva, manteca de res, tallarines, pan de lonche, y galleta pilota, entre otros, son los bastimentos alimenticios que los vaqueros llevan consigo.
Cuando se le ha atendido, se suelta el ganado señalado, errado, vacunado, y se comienza una nueva campeada, actividades que se realizan en los meses de mayo y junio de cada año, ya que de diciembre a mayo son los “tiempos malos” en el mar, porque nuestros vaqueros, también son pescadores.
Se campea el ganado que pasta libre por la alta serranía, mientras que el de corral o de rancho vuelve diario a sus querencias en los corrales donde por lo regular nacen.
En éstas actividades de las vaquerías se inició Julio desde los cuatro o cinco años de edad, al igual que sus antepasados, y sus descendientes.
LA PESCA Y EL BUCEO, SON OTRAS DE LAS LABORES ANCESTRALES EN EL ROSARIO.
Y cuando se terminan los tiempos de las vaquerías en las montañas y el desierto, ya entrado el mes de junio, que es cuando inician los “tiempos buenos” en el mar, los vaqueros se vuelven pescadores, le dan la espalda a la sierra y se enfrentan al bravío océano pacifico, al que le arrancan parte del sustento familiar, por las actividades pesqueras, en las que son tan buenos como en las de campo, sierra, y desierto.
Acá en los campos pesqueros, el “Equipo” se compone por tres individuos, si es de buceo, y por dos, si es de pesca de langosta, pescado, o de jaiba.
En las actividades del buceo, el jefe y autoridad máxima es el buzo, que fue la actividad de Julio; el buzo es por lo regular dueño de todas las artes de pesca, es decir de los equipos, y gana hasta el cincuenta por ciento de la producción, mientras que el cabo de vida, que es quien cuida al buzo, lo sube, lo baja, sube la producción desde el fondo a bordo, cuida el compresor del aire, la manguera, los cabos, y atiende al buzo a cuerpo de rey, incluso lo ayuda a vestirse y desvestirse.
ACERCA DE LA SARGACEADA.
En el buceo de sargazo, también llamadas “algas marinas”, que son plantas que habitan entre la zona de intermareas en la costa, hasta una profundidad de unos diez a quince metros cuando mucho, es decir, entre cinco y ocho “brazas”. El buzo “cae”, llevando consigo una jaba de red, que el “cabo de vida” sube tantas hasta completar “la marea”, es decir, la jornada del día.
El otro compañero a bordo, es el “Bombero”, hombre que lleva los remos, y el motor fuera de borda, su actividad principal es salir de tierra al mar, y regresar del mar a tierra “Varar” a salvo, pues debe correr la ola ideal que los ayude a llegar a tierra, si la rebasa, el motor queda con la propela fuera del agua, y se va a pique de proa; pero en caso contrario si la embarcación rebasa la ola en que va, entonces la ola de atrás le quiebra en la popa, arriba del motor, lo llena de agua, y se va la embarcación al fondo.
Y continuando con la labor de los sargaceros, tenemos que, al concluir la marea y al llegar a tierra, el buzo se encarga de cuidar que las olas no atraviesen la embarcación, y se llene de agua por los costados, mientras que los otros dos hombres bajan la carga, la depositan en tierra a buen resguardo, y luego suben la embarcación al lugar tan alejado del mar que las olas no le lleguen; entonces el buzo se desviste, descansa, y los compañeros tienden el sargazo al sol; luego van a preparar la comida en la media cocina del campo pesquero; esto en caso que no tengan un cocinero, que por lo regular cuando lo tienen, es un “pavo”, es decir un chamaco con edad entre los diez y quince años de edad, quien en ocasiones cuenta con un ayudante de entre cinco y ocho años de edad; por cierto fueron esas dos actividades las que atendí en la playa, antes de aprender a ser pescador.
Los compañeros inseparables de Julio Espinoza García, en la sargaceada, fueron: su primo Pedro García Espinoza, y Humberto “Chachito” Peralta Espinoza, su primo segundo, sacaron cientos, y hasta miles de toneladas de sargazo ya seco de primera calidad, que es muy duro de cortar, y otras miles de segunda calidad, y de tercera, cientos de toneladas más; siendo exportado al oriente, principalmente a Japón, donde se utiliza en la industria alimenticia.
Tanto el cabo de vida, como el bombero ganan por su trabajo hasta el veinticinco por ciento sobre producción cada uno, mientras que el patrón, o sea el buzo gana el cincuenta por ciento, debiendo pagar además del equipo, todos los gastos de combustibles, lubricantes, traslados, y alimentación de los tres.
Esta distribución del porcentaje de ganancias para cada trabajador, que ancestralmente había sido del quince por ciento para cada uno de los de a bordo, y el setenta para el buzo, fue modificada por Julio, ya que fue el primero que les entregó a sus compañeros, el veinte por ciento a cada uno primero, y más tarde el veinticinco; razón por la que todos querían trabajar con él; siendo la manera en que los demás buzos rosareños se vieron obligados a pagar en igualdad de condiciones como en el equipo de Julio Espinoza García; al grado que en toda la costa del pacífico peninsular bajacaliforniano, los buzos de todas las cooperativas pesqueras debieron hacer lo mismo que en El Rosario, a instancias del reconocido buzo de primer lugar en la sargaceada.
Por cierto, el mejor buzo de todos los tiempos en el sargazo fue: Julio Espinoza García, llegando a sacar en una marea: mil ciento veintisiete kilos de sargazo de primera, ya seco, y que mojado representa como tres toneladas y media; y es durísimo de cortar, y como se corta a mano limpia; por eso la extremada fuerza física de los brazos, manos, muñecas, y en general de Julio.
En 1964, debido a la alta producción sargacera de Julio, la compañía “GEL-MEX, radicada en Ensenada, le obsequió una camioneta Ford modelo 1960, por haber obtenido el primer lugar en toda la costa del pacífico; siendo su segundo lugar el también rosareño Catarino López Acevedo.
Para el siguiente año, en 1965, también Julio obtuvo el primer lugar, siendo el premio un troquesito Ford último modelo, pero como los directivos de la cooperativa “Ensenada”, a la que pertenecía Julio, y los de “GEL-MEX”, salieron de pleito, retuvieron el premio, y jamás llegó a manos de su ganador.
Por lo que hace a la camioneta Ford 1960, la utilizó por un corto tiempo, después de eso se la obsequió a su padre Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, y pasados algunos años de durísimo trabajo, la camioneta que era de color verdecito, terminó siendo el gallinero del rancho “El Porvenir” en el Cardonal, propiedad que fue del “Negro Espinoza”.
TRATANDOSE DE ABULON.
En el buceo de abulón, la actividad es parecida a la del sargazo, con la diferencia que se bucea a mayor profundidad, dependiendo del tipo de abulón; el negro y azul habitan las aguas de intermareas, en la zona de rompiente, y se pueden “cortar” en los bajamares; mientras que el abulón chino, rojo, y amarillo, son de profundidades desde las cinco “brazas”, hasta las treinta, y más, a donde los buzos no pueden caer, por el riesgo de descompresión, o de reumas a causa del nitrógeno acumulado en la sangre por el aire comprimido que respiran, lo que ha ocasionado infinidad de muertes.
Cuando varan con el abulón, y después de subir la embarcación a sitio elevado, y amarrada, el cabo de vida, y el bombero, se encargan de desconchar el abulón, y ensacarlo para enviarlo a la planta procesadora, que en este caso se ubica en El Rosario.
Y SOBRE EL ERIZO.
En el buceo del Erizo rojo, son tres los compañeros a bordo, con idéntica ocupación que en los casos de sargazo y abulón: El buzo “cae”, “corta” con un gancho los erizos que dan la medida de ocho centímetros de diámetro, los deposita en una jaba de alambre galvanizado de forma redonda, cuando se llena, le hace señas por el cabo al “cabo de vida”, quien le lanza otra vacía, y sube la llena.
Cuando varan, el buzo se va a descansar, mientras que los otros dos hombres, suben los “chinguíos” de erizo al troque, y lo llevan a la planta procesadora correspondiente.
Los primeros ericeros en 1972, en El Rosario, sólo después de Santo Tomás, Baja California, fueron precisamente el buzo Julio Espinoza García, su hijo de catorce años de edad, Héctor Espinoza Arroyo, de cabo de vida, y Francisco Peralta Duarte, de Bombero; fueron equipo de trabajo por largos años, sacaron miles, y miles de piezas de erizos “calabazones”, y de ahí para abajo. Los calabazones son los de mayor diámetro.
Otros compañeros en la ericeada de Julio, fueron: su tío Francisco García Marrón, Esteban Villalobos Castillo, sus hijos Eduardo, Adalberto, Julio, Julio César Espinoza Arroyo, Francisco Peralta Duarte, y el autor de estas letras, por supuesto, al igual que lo fui en la langosta, abulón, y sargazo.
CAPTURA DE LANGOSTA.
En la pesca de langosta, son dos los compañeros que forman el campo, uno va en el motor, y el otro va recogiendo las “boyas” de las trampas, para subirlas, sacar la langosta capturada, encarnarlas, repararlas, lastrarlas, y volverlas a lanzar al fondo.
Cuando se han levantado todas las trampas, se dirigen a tierra, y poco antes de llegar a la zona de rompiente de las olas, los pescadores tienen un “Muerto”, que es una gran cuerda fondeada, en ocasiones con anclas, otras con motores enteros de auto, y en otras con pesadas piezas metálicas; en ese lugar flotando se encuentran los “recibones”, y recibas de madera, donde se deposita la langosta capturada día tras día, hasta a completar un embarque, que puede durar varios días, dependiendo de las piezas capturadas en cada marea.
Los compañeros inseparables de Julio en la langosteada fueron: Alberto Villalobos Castillo, Pablo “Perico” Acevedo Ruíz, Benjamín “El Viejo Benny” Reseck Núñez, Juan Antonio “Güerito de Lalo” Espinoza Osuna, Esteban Villalobos Castillo, Santos Montes Loya; sus tíos segundos Carlos y Zacarías Espinoza Peralta, así como su hermano Roberto Espinoza García, su muy querido primo Ricardo “Calilo” Vidaurrázaga García, y su inseparable tío segundo Gustavo Espinoza Loya.
Su primer compañero en la langosteada fue Alberto Villalobos Castillo, sucedió esto cuando ambos contaban con apenas casi veinte años de edad, en enero de 1958, y cuando de “salir” de tierra a mar se trató, una gran ola de los “Tiempos malos”, los volteó, ahogándose Alberto “Beto Villalobos”, y Julio varó a nado, más muerto que vivo, tras horas de luchar por su vida en aquéllas embravecidas y heladas aguas en el campo “Agua Blanca”, en la bahía de El Rosario. De nuevo fue de tragedias como ésta de donde me inspiré para escribir un poema al que intitulé: “PERDIDOS PESCADORES”.
LOS BAJAMARES, Y LOS BAJAMAREROS.
Y cuando de plano no se podía salir a hacer “marea”, jornada de trabajo en mar abierto, entonces Julio trabajaba en los “bajamares”, es decir, en las horas en que el mar baja y descubre rocas con plantas que llaman: “Pelo de Cochi”, que es también un alga marina, como lo es la lechuguilla, que se recolectaban en grandes cantidades, pero con precios en el mercado mucho menor que el sargazo “bueno” el de buceo, llamado “gelidium”, y el “pelo de cochi” es conocido como “gigartina”.
Hubo tiempos en que los “bajamareros” se consideraban “pescadores de segunda”, que aunque fueran “Buzos de cabeza”, o cabeceros, se les consideraba, y se consideraban entre ellos mismos, de menor categoría que los “buzos de lo hondo”.
“Los buzos de cabeza”, son aquéllos que trabajan “cabeceando” a pulmón, y es que cuando el agua baja, el sargazo “bueno”, queda a menor profundidad, siendo fácilmente alcanzado por un “cabecero”, que en repetidas ocasiones
se “clava” hasta el fondo, corta las plantas de sargazo que pueda, según su capacidad pulmonar, y su “marea”, si es buena, llega a ser de unos cincuenta kilos mojado, si es buen cabecero; mientras que un “buzo con equipo”, logra “sacar” hasta media tonelada.
Los campos pesqueros en los que Julio trabajó fueron: Punta Baja, Agua Blanca, San Carlos, Cajiloa, Campo Nuevo, Penca Quemada, Isla San Gerónimo, El Campito, La Lobera, Los Morros Colorados, Punta Canoas, Puerto Santa Catarina, Punta Blanca, San Jose de los Gerardo, y el Bajo de Cortés, que se encuentra mar afuera en la línea divisoria de México con Estados Unidos, y que finalmente aquél país, ya no los dejó bucear, colocando boyas, como pasándolo a su propiedad, siendo que se encuentra del lado mexicano. En Baja California Sur, trabajó almeja voladora en Isla Margarita y Bahía Magdalena, en el pacífico.
OTRAS ACTIVIDADES DE JULIO ESPINOZA GARCIA:
Existieron tiempos muy difíciles, ya que cuando los años eran secos en las montañas, y en el mar los “tiempos malos” se prolongaban, las obligaciones familiares continuaban, así que Julio, Rufina (su esposa), y sus hijos se dedicaban a hacer tortillas de maíz a mano, que eran entregadas en las fondas del pueblo del Rosario, cuando toda la gente estaba acostumbrada desde siglos atrás a utilizar solo las de harina, y como Rufina provenía del interior del país, impuso esa costumbre de comer las de maíz en el pueblo, así como las salsas picantes, que antes ni siquiera se conocían en mi tierra.
Las tortillas de maíz de la familia “Espinoza Arroyo” dieron origen a la primera tortillería en El Rosario, que aunque artesanal, fue la primera, en mas de doscientos años, elaboradas a prensa de mano y cocidas en un fogón al estilo del interior del país, que aquí llamamos “hornilla”, por ser un remedo de horno.
Fueron miles las docenas de tortillas de maíz que se consumieron por los viajeros que paraban en las fondas rosareñas para saciar su hambre. Esto ocurrió principalmente a principios de la década de 1970.
Cuando de elaborar las tortillas se trataba, Julio cocía el nixtamal, entre sus hijos mayores lo molían con molino de mano, otros acarreaban leña; mientras que Rufina y sus dos hijas menores a prensa de madera las extendían, cocían, y apilaban. A Eduardo el tercer hijo le tocaba la entrega, que hacía en una bicicletita vieja, con canasta enfrente y atrás.
Por el camino entre la casa y las fondas, había infinidad de perros, a los que debía enfrentar; cuando al fin llegaba a la primera fonda, se escuchaba a la dueña que le preguntaba:
-¿Ya me trayes las tortiiillas?
Cuando se estaba construyendo en El Rosario el bordo para la carretera transpeninsular, en 1972, un tanque pipa le abrió al agua, al mirar al chico de la bicicleta a medio andar, dejando a Eduardo completamente mojado junto con varias docenas de tortillas recién hechas. El chofer, era un Rosareño, que por jugar con Eduardo, le dio tremendo regada, dejando tras del baño echadas a perder las tortillas producto de 12 horas de pesado trabajo.
JULIO EN LA MECANICA:
Los autos y troquesitos que se usaban en El Rosario, en las décadas de 1940’s, 50’s, y 60’s, que aunque muy pocos eran los que se usaban, databan de los años de 1920, y treintas; tenían muelles frontales, que se quebraban de maso completo en cualquier brinco de los rústicos y polvorientos o lodosos caminos, así que Julio se la pasaba junto con sus hijos debajo de los autos ya reparando o cambiando las famosas y latosas muelles. Era con su tío Serapio García Marrón, con Don José “El tapa agujeros”, y con Ramón Meza Pellejeros, en quienes se apoyaba para que le prestaran las fraguas, y allá a golpe de marro y punzón, reparaba aquellos armatostes; y más tarde se apoyaba para la mecánica en Don Luis “El cara Sucia”, y finalmente con sus también amigos: Andrés “Maromas” Villalobos Castillo, y Dionisio “Chichoy” Meza Valladolid.
Y cuando de generadores eléctricos, arrancadores “marchas” y mofles se trataba, era un dolor de cabeza, pues era casi imposible conseguir cualquier refacción para los veteranos autos.
Casi todos los carros andaban de “puchón”, o “dormían” en lo alto de una colina para darles colgado y encender sus motores cuesta abajo; pero si de mofles se trataba, casi a todos los autos, al paso de un corto tiempo de llegar al pueblo les quedaba un trocito del tubo del escape; grandes llamaradas lanzaban, alumbrando las obscuras noches, y no en pocas ocasiones encendiendo el seco pasto por donde rodaban, dejando tras de sí un ensordecedor ruido que se “encañonaba” espantando a cuanto animal se encontrara cerca.
Cuando un auto “desmoflado”, operado por un borrachito se atascaba en los grandes lodazales, su fuerte rugir se escuchaba en todo el pueblo, y como todo mundo sabía del carro que se trataba, aun sin verlo, comentaban: Fulano de tal andaba borracho, porque unos “ajelerones” se escuchaban muy fuertes.
JULIO COOPERATIVISTA PESQUERO.
Fue en 1939, cuando se abrió la primera y única cooperativa que ha existido en El Rosario, sucediendo esto por políticas del gobierno de Lázaro Cárdenas, implementadas en todo el país; entonces Julio apenas contaba con un año de edad, siendo su padre el primer cooperativista rosareño.
Cuando Julio se iniciaba ya como independiente en la buceada del sargazo, y bajo la tutela de su muy apreciado tío José Jesús “Joselío” Espinoza Peralta, con quien trabajaba en esa actividad. Por ahí de los 16 años, Julio trabajaba de sol a sol con su padre, con su abuelo, y con sus tíos Espinoza, tanto en la pesca como en la vaquerada.
En 1960, ya independiente de la tutela de sus mayores, inició como buzo en el sargazo, actividad del buceo que se extendió al abulón, erizo, pepino de mar, caracol burro, concha lapa, caracol tornillo, almeja voladora, y caracol panocha; por otra parte langosta, pesca de escama, y jaiba. Fue pescador desde 1950 como “pavo”, hasta el año 2000, es decir, durante cincuenta años; y buzo durante 38.
JULIO COMO DIRECTIVO COOPERATIVISTA PESQUERO.
En 1977 fue votado por asamblea de socios cooperativistas pescadores para servir de tesorero en el consejo de administración, cargo que junto con el de secretario después, atendió hasta 1983. Alternó con los dirigentes de todas las cooperativas pertenecientes a la Federación de Cooperativas pesqueras de Baja California, y con los de ésta misma institución, razón por la que se hizo de amigos de todos los pueblos pesqueros ubicados en la costa del pacífico peninsular, desde Tijuana, en la frontera Norte de México, y hasta las inmediaciones de la laguna de San Ignacio, en Baja California, Sur.
Sus principales aliados y compañeros durante las gestiones de Julio al frente de la cooperativa “Ensenada”, con empacadora en El Rosario, y oficinas en Ensenada, fueron: Su primo Mario Espinoza Grosso, su tío segundo Rafael Espinoza Vidaurrázaga, Aurelio Ruíz Muñoz, Jesús Lucero Romero, Inocencio Villavicencio Alvarado, Jacobo Castro Rangel, Florencio Cholico Angel, José Luis Castro Verduzco, el contador Jorge Sánchez Gutiérrez, Evaristo Morales, Mario Mora, Santiago Espinoza Márquez, Sigifredo Burgoín Peralta, Genaro Murillo Peralta, Pilar Gerardo Davis; y muchos más, siendo su principal consejero, su tío, el experto que fue en esos menesteres: Antonio Leobardo “Quirino” Espinoza Peralta.
DELEGADO MUNICIPAL JULIO ESPINOZA GARCIA.
Cuando en 1983, la asamblea votó por otras alternativas para la administración de la cooperativa, entonces Julio regresó de Ensenada a El Rosario, volviendo a la pesca, entregado en cuerpo y alma a la actividad, pero el mismo año de 1983, la Federación de Cooperativas lo propuso para Delegado Municipal de El Rosario, ante la administración de David Ojeda Ochoa, siendo Norberto “Nene” Eaton Aguilar, quien le dio la bienvenida a esa labor, que desempeño hasta 1986.
JULIO DE REGRESO A LA PESCA:
Cuando en 1986, regresó Julio a la pesca, ya no fue a la cooperativa, sino a formar junto con sus familiares más cercanos, una empresa dentro del Ejido “Reforma Agraria Integral”, con asiento en El Rosario, dentro del cual los rosareños trabajaban sus actividades de vaquerías, y en la cooperativa la de pesca.
Las políticas y las intrigas, así como los intereses mezquinos de los perecederos grupos de poder dentro de los partidos políticos, levantaron tal escándalo, tal ruido, pues en medios informativos, y prensa escrita, con reporteros afines, por no decir que vendidos al más fuerte; anunciaban que los campesinos y vaqueros, en El Rosario, estaban invadiendo el mar de los pescadores, cuando eran las mismas personas socios de las dos organizaciones: De la cooperativa y del ejido.
Desde luego que la manipulación venía desde México capital, desde los escritorios, o desde los cafés donde se reunían el secretario de pesca en turno, y sus achichincles que dividieron al cooperativismo nacional, y a muchos auténticos pescadores, los sustituyeron con “mapaches” que llevaron a los pueblos desde todas partes, y que de pesca sabían, lo que un hombre de parir un hijo sabe.
Pero si supieron aquéllos nefastos mapaches, como enfrentar a los pescadores contra los ejidatarios, que al fin eran padres y hermanos. -Esa fue la causa por la que dejé de salir a pescar el día 22 de enero de 1990-.
JULIO EN LA EXPORTACION DE PRODUCTOS PESQUEROS.
Después de 1990, Julio se dedicó a trabajar el erizo como dirigente de la empresa ejidal que junto con familiares y amigos formó, exportando sus productos a Japón, al gran mercado de abastos ubicado en el sur de Japón, en la ciudad de Fukuoka, trayendo por esa actividad a México, cientos de miles de dólares al año, y que quedaron esparcidos en la economía de infinidad de familias.
En 1998, se retiró de la planta procesadora y exportadora de erizo al Japón, principalmente por la caída de los precios internacionales de gónada de erizo de mar, debido a la entrada al mercado del erizo ruso, extraído de la isla Sajalín, y del mar de Ojotsk, ambos del territorio perteneciente a Rusia; y además por la fuerte competencia de otros ocho países exportadores de ese producto, además de México, teniendo al Japón como único consumidor de ese alimento.
JULIO EN LA MINERIA:
El mismo año de 1998, se dedicó a extraer “piedra laja”, a pico y pala, a marro y cincel, de un terreno de su propiedad, ubicado en San Jorge, en la comarca rosareña, actividad que le dejó algunos dividendos, aunque no los deseados, razón por la cual junto con su esposa Rufina, instaló una tienda en su casa de El Rosario, de la que se apoyaron para la manutención durante varios años.
JULIO ESPINOZA GARCIA: MI PADRE, SE FUE…
Bien podría escribir muchas páginas más sobre la incansable vida productiva de mi padre, quien el pasado día lunes dos de abril de 2012, a las 9:15 de la mañana en Ensenada, a la edad de 73 años, dejó de existir, se fue de este mundo estando de pie, sin dejar de trabajar…El próximo 22 de mayo cumpliría 74 años de edad, pero ya no fue posible.
Ahora, entre mis pensamientos encontrados me pregunto:
¿Y qué pasa con tantísimas actividades que realiza una persona en la vida?
Se entrega, casi sin voltear a ver al de enseguida, dale, y dale, y de repente: Se acabó, así, sin más, ni más.
La tranquilidad que me acompaña es que mi padre, vivió una vida plena, como a él le gustaba, con infinidad de errores, pero con múltiples virtudes, vivió como quiso vivir, y se fue de repente, sin estar enfermo, o al menos sin queja alguna, se fue como todo un caballero, así como nos enseñaron nuestros viejitos, sin una queja, sin un lamento, contento por haberle cumplido a la vida, y ahora ya se encuentra entre los que lo vieron nacer, entre nuestros viejitos, allá con sus padres, abuelos, bisabuelos, descansa en el mismo panteón donde yacen nuestros antepasados, y esperando que algún día con los brazos abiertos nos habrán de recibir.
A su velorio en Ensenada, el mismo día dos de abril concurrió una bastedad de amigos, y familiares, le llevamos un conjunto norteño, pues era su música querida, y luego le cantaron su corrido: “Julio Espinoza Garcia”, que en La Paz, Baja California, Sur, le compusieron hace unos quince años, así fue de apreciado mi padre.
Y en su velorio en su casa en El Rosario, se repitió la bastedad de acompañantes, fueron desde muchos pueblos, y en su cortejo desde la iglesia al panteón, unos ocho kilómetros de distancia, la música lo acompañó, recordando la alegría con que vivió.
El próximo 15 de abril cumplirían mis padres 55 años de casados, unieron su vida sólo un año antes de mi nacimiento, pero por desgracia o porque la vida nos lleva por los caminos menos imaginados, no tuve la oportunidad de vivir entre mis padres y hermanos, más que un breve lapso de mi vida.
Y en corto les comparto que, mi padre era muy formal en sus tratos; se sentía muy orgulloso de ser de El Rosario, y quería tanto a su pueblo y su gente, que cuando se presentaba con alguien decía, con el brazo estirado y la mano tendida: “Julio Espinoza García, es mi nombre, y soy de El Rosario, Baja California.
Y si cuando se presentaba había sólo hombres, no mayores que él, agregaba:
Un pueblo donde la mujeres mejor mal paren, que parir cabrones”…
Y si había mujeres, sólo pronunciaba la primera parte de su presentación; lo mismo que si estaba en presencia de hombres mayores que él, a quienes se le había enseñado a respetar, dada su mayor experiencia en la vida.
Esto ha sido una mínima parte de lo mucho que de mi padre puedo escribir.
Algún día nos volveremos a ver padre y yo…
AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
14 DE ABRIL DE 2012.
El presente es trabajo intelectual de su autor, quien lo tiene protegido bajo patente 1660383, se permite su uso, siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y no sea con fines de lucro, políticos, ni comerciales.
NOTAS RELEVANTES:
Julio Espinoza García y Rufina Arroyo Castro: Mis padres, se casaron el 17 de abril de 1957, en El Rosario, Baja California, siendo el Juez Don Enrique Carmona. Julio de 19 años de edad, y Rufina de 17.
Julio Espinoza Garcia (22 mayo de 1938- 02 de abril 2012), fue descendiente directo del español Juan Nepomuceno Espinoza, el primero de los Espinoza que llegó a Baja California, en 1755.
En el siguiente orden de aparición de los Espinoza hasta llegar a la tataranieta de Julio Espinoza García y Rufina Arroyo Castro, asentando en cada generación a la esposa de cada uno de los Espinoza de quienes descendemos en forma directa.
Primera Generación: Juan Nepomuceno Espinoza (1730-1799) y Loreto Castro (1758-1838): Nativa peninsular de la frontera Guaycura-Cochimi.
Segunda Generación: Carlos Espinoza Castro (Primer Espinoza nacido en Baja California, en la misión de Loreto: 1778-1883) y Maria Dolores Salgado Camacho (San Vicente Ferrer, 1809- El Rosario, 06 octubre de 1892).
Tercera Generación: José del Carmen Espinoza Salgado (El Rosario 1838, San Juan de Dios 1913), Maria de la Cruz Marrón Carrillo o Murillo (Loreto, BCS, 1839- San Juan de Dios 1914).
Cuarta Generación: Policarpo Espinoza Marrón (El Rosario 1857-1928), y Balbina Peralta Véliz (Comondú, Baja California, Sur 1859- San Juan de Dios 14 de octubre de 1908).
Quinta Generación: Santiago Espinoza Peralta (El Rosario 1878- 20 de mayo de 1962), y Josefa Peralta Ramirez (El Rosario 1887-1932).
Sexta Generación: Alejandro Espinoza Peralta (San Juan de Dios 01 de octubre de 1912- Ensenada 21 de agosto de 1991), y María Visitación García Marrón (El Mármol, Baja California 02 de julio de 1914, San Quintín, B.C. 13 de diciembre de 1987).
Séptima Generación: Julio Espinoza García (El Rosario 22 de mayo de 1938- Ensenada, B.C. 02 de abril de 2012), y Rufina Arroyo Castro: (Numarán, Michoacán 08 de junio de 1940).
Octava Generación: El autor de este trabajo: Alejandro Espinoza Arroyo (El Rosario, B.C. 01 de diciembre de 1957), y María Magdalena Jáuregui López: (Estación Victoria, Valle de Mexicali, B.C. 01 de mayo de 1965).
Novena Generación: Alejandro Espinoza Jáuregui (San Quintín, B.C. 05 agosto de 1987), y Ariana Montiel Arzate (Querétaro, Querétaro 1993)
Decima Generación: Isaac Alexander Espinoza Montiel (mi nieto): (Ensenada, B.C. 26 de septiembre de 2010)
Onceava Generación: Mya Natalí Soto Monge: (El Rosario, B.C. 2011), es tataranieta de Julio Espinoza García y Rufina Arroyo Castro, por linea de Héctor Espinoza Arroyo y Rosa Emérita Verdugo Peralta, su hija Yulma Inés Espinoza Verdugo, y su nieta Yulma Angelica Monge Espinoza: Madre de Mya Natalí.
SUS ONCE HIJOS Y DEMAS DESCENDIENTES FUIMOS, DE MAYOR A MENOR:
1.- Alejandro Espinoza Arroyo (El Rosario, Baja California, 01 Diciembre de 1957), casado con Maria Magdalena Jáuregui López (Estación Victoria, Valle de Mexicali, baja California, 01 de Mayo de 1965): Nuestros hijos: William (El Rosario, Baja California, Enero de 1983, El Rosario, Enero de 1983); Alejandro (San Quintín, Baja California, 05 de Agosto de 1987);Laura Delia (Ensenada, Baja California, 31 de Octubre de 1989), y Magda Alejandra (Ensenada, Baja california, 16 de Mayo de 1997). Isaac Alexander Espinoza Montiel (Ensenada, Baja california, 26 de Septiembre de 2010; hijo de Alejandro y Ariana Montiel Arzate.
2.- Héctor Espinoza Arroyo (El Rosario, Baja California, 17 de Diciembre de 1958), casado con Rosa Emérita Verdugo Peralta (Ensenada, 09 de Junio de 1956); Sus hijos: Yulma Inés, Héctor, y Angelica. Hijos de Yulma Inés, y Rafael Monge Real: Yulma Angelica, y Hector Rafael; hija de Yulma Angelica: Mya Natalí Soto Monge.
3.- Eduardo Espinoza Arroyo (El Rosario, Baja California, 30 de Mayo de 1960), casado con Ana Mosqueda Camacho: Su hija Dulce María, que a su vez procreó a dos hijos Beatriz, y Luis, cuyo padre es Luis (¿?).
Eduardo Espinoza Arroyo, casado en segundas nupcias con Lourdes Liera Mayoral, de San Ignacio, Baja California, Sur, procrearon a: Rufina, y Lourdes: Mientras que Rufina casada con Francisco Hernández, padres Eduardo, y una niña.
4.- Delia Espinoza Arroyo (El Rosario, Baja California 19 de Mayo de 1961), casada con Jesus Villarreal Meza, padres de: Jesus Antoni, Adriana, y Nieves Maria; a sus vez: Jesus casado con Damaris Duarte Quijada procrearon a Cassandra Suzet; Jesus Antoni casada en segundas nupcias con Lizbeth Garcia Arauz procrearon a: Kenya Alondra; Jesus Antonio y Laura Rosely Maldonado procrearon a: Kevin Jesus, Katherine Lee, y Kob (niño).
Adriana casada con Roberto Cholico Muñoz procrearon a: Roberto, Martha Delia, y Karen; mientras que Nieves María casada con Efraín García procrearon a: Ashley Leonor.
5.- Piedad Olivia Espinoza Arroyo: (El Rosario, Baja California 13 de Enero de 1963): Madre de José Andrés Acevedo Espinoza, y casada con Andrés Villa Pico, procreó a Javier, y Andrea Olivia.
6.- Adalberto Espinoza Arroyo (El Rosario, Baja California, 10 de Marzo de 1964), casado con Yanin Cortés Pereza, procrearon a Sair Adalberto, y Julissia Yanin: A su vez Sair Adalberto y Rebeca Crisóstomo, son padres del niño Sahir Adalberto.
7.- Carlos Espinoza Arroyo: Nació y falleció en El Rosario, Baja California, en Enero de 1965.
8.- Julio Espinoza Arroyo (Ensenada, Baja California 23 de Diciembre de 1965), casado con Esther Rubio procrearon a: Elsa Annel, madre a su vez de Valeria Gaxiola Espinoza, y Diego: Elsa Annel es casada con Carlos ¿?, de origen Guatemalteco.
Julio Espinoza Arroyo, casado en segundas nupcias con Carmen Meza Valladolid, procrearon a: Leonardo, y Julio.
Julio Espinoza Arroyo, casado en terceras nupcias con Maricela Gallegos Navarro, procrearon a: Yiomara Lissette, y Jesus Julián.
9.- Librado Espinoza Arroyo: Nació y falleció en El Rosario, en marzo de 1966.
10.- Armando Espinoza Arroyo (El Rosario, Baja California, 15 de Junio de 1968), casado con Lourdes Pérez Corral, procrearon a: Jorge Armando, y José Alberto.
11.- Julio César Espinoza Arroyo (San Quintín, Baja California, 09 de Junio de 1972), casado con Siomara Lourdes Espinoza Figueroa, procrearon a: César Antonio, Pablo Fernando, y Oscar David.
Julio César Espinoza Arroyo casado en segundas nupcias con Noemí Gonzalez Fuerte, procrearon a: Dayana, y Julio César.
COMPADRES DE JULIO ESPINOZA GARCIA:
El primero de todos fue su primo: Arnulfo García Vidaurrázaga, y Paulina De la Tova Duarte; y su también primo: Eugenio Espinoza Grosso y Victoria Peralta Duarte: (mis padrinos).
Leobardo Martinez Duarte: “Su compadre Lagarto aventurero”, Juan “Cachirri” Duarte Peralta, Benjamín “El Viejo Benny” Reseck Núñez, y Bertha Duarte Valladolid; Pablo “Perico” Acevedo Ruiz; Juan Gonzalez Durán, y María Luisa de Gonzalez; Saturnino Díaz, y Agripina de Díaz; Federico Aguilar Aguilar, y Carolina García Vidaurrázaga; Isabel Espinoza Romo, y Amadeo “Quitito” Peralta Murillo, Herminio Espinoza Romero, y Evangelina Murillo Peralta, y tantísimos más.
CORRIDO “JULIO ESPINOZA GARCIA”.
“Les cantaré éste corrido,
amigos con entusiasmo,
es pa’ Don Julio Espinoza,
muy buen buzo de El Rosario,
La gente de aquél pueblito,
lo quiere y con razón,
pues sus productos marinos,
llegaron hasta el Japón.
Es un hombre muy alegre,
honesto y trabajador,
pues grandes cooperativas
con orgullo les formó
Siempre tuvo la entereza,
que su pueblo progresara,
él por eso trabajaba,
porque era hombre de honor.
Hablado: (Vaya un saludo del viejón Espinoza, para todos los buzos,
De El Rosario, y de la Baja California, los que están, y los que se fueron).
Mucho le gustaba el baile,
allá por aquéllas fechas,
Y a caballo se tendía,
por esos montes y brechas.
Bonito San Vicentito, donde Julio se paseaba,
Visitaba a Rufinita,
a la que él enamoraba,
Y la gente le aplaudía,
porque bailaba bonito
La canción de los siete mares,
que era la que le gustaba
Contento llegaba a El Rosario,
pues él era mucha alegría,
Se despide de sus cuates:
Julio Espinoza García”.
Este corrido fue compuesto en La Paz, Baja California, hará unos 15 años, allá por 1997, es de autor desconocido, pero con la participación de mi primo Victor Manuel Rojo Arroyo, y con datos tomados de mi primer libro: ‘LOS ROSAREÑOS”: 1992.
A manera de dar una idea de cómo mi padre percibía su entorno, les compartiré algunos arreglos, que según yo, son poemas, y los compuse en 2008, y que ahora los dedico a su memoria, y a su entereza como Bajacaliforniano, y no como ‘BAJEÑO”, que es la manera en que los gringos, y algunos mexicanos “picados de gringo”, o por ignorancia histórica, nos quieren hacer llamar…
POEMA:
“LOS VAQUEROS DE MI TIERRA”
“Los vaqueros de mi tierra, se han logrado convencer;
Que los días siempre son largos,
¡Y empiezan, mucho antes del amanecer!
Vaqueros, caballos, monturas, y mulas;
Con sus tareas tan rudas,
Siempre viajando en campo abierto;
En la montaña, y el desierto; de rocas, chollas, víboras,
Y de peligros cubiertos;
Ven como la vida se va, sin nunca perder el aliento.
Cuando el ganado se busca, entonces se le campea;
Hallando toros muy viejos, vacas, vaquillas, y lepes;
Con sus reatas bien trenzadas, pronto al corral las arrean;
Si por la fuerza la reata truena, un botón se le palmea.
OH vaqueros de mi tierra, que a lo rudo se han hecho;
El desierto no los deja, siempre están bajo su acecho;
Que seria de nuestra tierra, si dejaran de existir,
¡Lo que no se entendería, pues aquí, así se empezó a vivir!.
OH vaqueros de mi tierra, sus monturas son su hogar;
Las montañas su familia, las veredas son sus guías;
Y por estas de tanto andar, con sus vidas han de terminar;
Y entonces desde lo alto, a los nuevos han de guiar.
Vaqueros de mi tierra, nunca se puede ignorar;
Que ustedes son la raíz, con la que mi tierra empezó a florear;
Más de doscientos años de campear, y más campear,
Será muy fácil decirlo, pero no se puede olvidar.
Los vaqueros de mi tierra, saben mucho valorar;
Al alto cielo estrellado, al desierto, montañas, y al mar;
El agua su mejor aliado, que siempre han de llevar;
Su tesoro mas preciado, el agua no tiene igual.
AH que veredas tan hondas, las que han dejado al campear;
En la montaña son cicatrices, para el vaquero son mucho más;
No solo en su rostro las lleva, es su alma sin cicatrizar;
¡Los vaqueros de mi tierra, nunca se habrán de olvidar!”
Autor: ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO: 05 de Agosto de 2008, PATENTE: 1660383.
Mi poema: ‘LOS VAQUEROS DE MI TIERRA” se lo facilité a mi estimado amigo Don David Acosta Montoya, para que con este arreglo dé inicio su libro: “HISTORIA DE LA GANADERIA EN BAJA CALIFORNIA”, que publicó en abril de 2009.
POEMA:
“DESAPRECIDOS PESCADORES”
“Desaparecidos los pescadores, que salían de madrugada;
Con la esperanza muy fija, en busca de su sustento,
Que al océano le arrancaban.
Dejando tras de si a sus familias queridas;
Que muchos no volvieron a ver,
Pues sus vidas pasaron al océano a pertenecer.
Ya nunca los volveremos a ver, el océano tan inmenso;
Los hizo desaparecer,
Sin dejar ningún rastro;
La tristeza invade todo mi ser
Por eso en las islas han nacido,
Esto siempre se nota;
Sus almas que vuelan, como si fueran gaviotas.
Fría corriente marina, ¿Para qué te los llevaste?
¡Tú para que los querías!;
De cualquier manera, ni te conformaste.
Y sus familias desde la orilla te miran;
Con la nostalgia, la tristeza, y la ira,
Sin poder siquiera reclamarte.
Inmenso y bravío océano; ¿Tú para qué los querías?,
¿Que no sabes lo que les quitaste?;
¡Nada menos, que la vida!”
Autor: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo, Patente: 1660383.2008.
POEMA:
“BAJA CALIFORNIA: MI TIERRA.
“Baja California, península tan querida
Que tanto te debemos; tierra, montañas, mar, y desiertos,
A los que arrancamos la vida, sin nunca negarnos nada;
Nos proteges sin medida.
Haz sido tierra tan codiciada, tierra tan generosa
No obstante ser tan agreste,
Gracias a ti nos formamos, con una templanza fuerte.
California, península, Calafia; casa y Reyna de las amazonas,
Cubierta de riquezas, desde entonces las codicias despertaste
Aún sin saber que con el tiempo, ¡a nosotros te regalaste!
En tus desiertos tan rudos, bellos paisajes atesoras,
Siendo tan variados y únicos;
De ti todo mundo se enamora.
Cómo un dedo en el mar, en el que escribes tu historia;
Y en las pinturas rupestres,
Arte y pasión atesoras.
De misiones plagadas estás; de rancheros y ranchos con sus ganados;
Desde antaño lo pregonabas, que todo el que a ti llegara,
En tu regazo lo abrazabas.
Ya tus pueblos norteños son ciudades; típicos peninsulares muy pronto las invaden;
Y los que de otras partes llegan,
Es porque tus encantos, y muy pronto todos lo saben.
Los ranchos y pueblitos del desierto y la montaña,
Son como antaño; francos, directos, y a nadie engañan;
Eso sí, amigos hospitalarios, sin recovecos;
Pues en tu suelo, esto es como un eco.
Hermosa península, en la que tuve el gusto de nacer;
Espero que no muy tarde, a tu tierra he de volver;
Y ya pasado algún tiempo, en tu regazo;
Por siempre he de permanecer.
¡Que sólo te llamas BAJA, dicen algunos por a´i!
Déjalos, no lo saben, es cómo plaga rapaz;
¡Como Baja California, eternamente seguirás!”
Autor: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo: 2008, Patente: 1660383.
POEMA:
“PUEBLO VIEJO”
“Allá en la lejana montaña, enclavado en arroyo con verde sauzal,
Se encuentra un antiguo pueblo, flanqueado por desérticos cerros, y por un bravo mar;
Su origen es misionero, histórico como otros que hay;
Asiento de muchos pioneros, que a la península vida trajeron.
Pueblo viejo con tres direcciones;
Arriba, abajo, y el otro lado;
Muchas familias aquí se asentaron, labrando y cultivando la tierra,
También a su mar se adentraron; reclamando la sierra,
En sus ranchos, sus ganados pastaron.
Viejo pueblo de la ruta misionera, de costumbres;
De costumbres tan añejas: tus cabalgatas, tus vaquerías, tus jaripeos, tu vida sana;
En el campo sus fogatas, mantienen la llama viva de tu gente campirana.
Puerta al gran desierto central de la Baja California;
Cardones, cirios, y chollas;
Los venados, águilas, y pumas, con borrego cimarrón;
Sin contar a tantos otros, que te han dado distinción.
Tus formaciones paleontológicas, sin olvidar a la geología,
Son atracciones majestuosas para la ciencia y la sabiduría;
Viejo y querido pueblo, El Rosario, del territorio el primero;
Tú bien que lo haz de saber, muchos de la Baja California,
En tu regazo, es donde empezaron a nacer;
Partiendo desde tu suelo a distintos rumbos para hacerla florecer,
Por eso pueblo de El Rosario, siempre ese orgullo habrás de tener.”
Autor: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo: 2008; Patente: 1660383.
Nuestras tradiciones, son cultura y conocimiento, conservemos y valoremos nuestro legado.
La presente investigación no sigue líneas gubernamentales, ni de orden político de ninguna índole.
Somos de la Baja California, no de la ‘BAJA’, somos pues, Bajacalifornianos, no “BAJEÑOS”.

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