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sábado, 28 de enero de 2012

HOSPITAL CIVIL “CECILIO ESPINOZA PERALTA”, EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo

17 de Enero de 2012.

“Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento; cuidemos nuestras tradiciones”

Cecilio Espinoza Peralta, fue el sexto varón de los “Espinoza” nacido en Baja California, en El Rosario, salvo su bisabuelo Carlos Espinoza Castro, que nació en Loreto; y el padre de Carlos, Juan Nepomuceno Espinoza nacido en España, hacia 1730; antes que Cecilio en Baja California sólo habían nacido por la línea de Carlos Espinoza Castro: El propio Carlos, su hijo José del Carmen Espinoza Salgado, su nieto Policarpo Espinoza Marrón, que fueron, su bisabuelo, abuelo y padre de Cecilio respectivamente; y dos de sus hermanos mayores, que fueron: Juventino y Santiago Espinoza Peralta; nacidos todos en la península de Baja California, en: 1778, 1838, 1857, 1877, 1878, y 1880 respectivamente, desde Carlos hasta Cecilio en línea directa; existiendo una diferencia entre los nacimientos del bisabuelo Carlos de Cecilio de 102 años; y aunque Cecilio no conoció a Carlos, él si conoció a Cecilio, pues falleció en 1883 a los 105 años de edad, y aunque muchos no lo creerán, Carlos, nuestro patriarca fundador falleció porque un caballo lo tumbó y le quebró la cadera.

Habían nacido también solo dos mujeres en cada una de las generaciones; Maria del Carmen, y Perfecta Escolástica en la generación de Carlos; Maria Rita, e Ildefonsa en la de José del Carmen; María de Jesús, y Gertrudis en la de Policarpo, y ninguna antes que Cecilio en su generación.

Fue el entorno familiar en el que crio Cecilio y todos los demás antes y después que él, enfocado en la cordialidad, al compromiso por el apoyo a la familia, y más allá de esta el apoyo comunitario; eran compromisos, valores y una cultura de servicio que no tenía paralelo, valores y cultura que en la actualidad han desparecido casi hasta sus cimientos.

Con esas buenas costumbres y la excelente educación que poseían, en 1955 Cecilio se entregó a la tarea de construir un hospital, que en los 181 años de existencia de El Rosario, jamás había contado ni siquiera con un cuartito en remedo de primeros auxilios; y cuando Cecilio contaba con 75 años de edad, se echó a cuestas la ardua labor de ver edificada su aportación a su muy querido pueblo; al que con justa razón le correspondieron sus habitantes denominando al nuevo nosocomio con el nombre de “Hospital Cecilio Espinoza Peralta’, retirándole el que él le había puesto: “Hospital Civil de El Rosario”.

Antes que aquel modesto edificio de adobe crudo existiera, según algunos documentos históricos, y el habla popular en mi tierra, a muchos de los fallecidos se les asentaban en su acta para describir los motivos de la muerte, frases como las siguientes:

“No cantando con asistencia medica, por no existir ningún facultativo en el lugar…”; en otros casos, por desconocimiento de “Los Escribanos”, se asentó:

“La causa del fallecimiento fue por diarrea intestinal”; en otro “Por Alferecía”, en otro mas “Devorado por un león”; “Falleció en su casa habitación por un dolor en el costado”, “Falleció a causa del cáncer que le produjo la herida”, “Murió por un dolor repentino en los ijares”, “murió por embriaguez tóxica”, “Murió por mal de intuerto”, “Murió de la Próspeta”…”Falleció por senil”; “Falleció por hidrópito”; “Falleció por un dolor en las corvas”, “Falleció por estar tapiado”, “Falleció por fiebre calurosa”; “Falleció de calor y sin sestiar”; “Falleció a causa de golpes al caer de la bestia en una cagalbata”; “Falleció espirituado”; “Falleció con el cuerpo desfaratado”; “Falleció por golpe en los entresijos”; “Falleció de tuberculosis pulmonar”; Falleció por pesadez en el pecho”; y la de mayor incidencia: “Falleció al dar a Luz”, o “Falleció en la Raspa”…(No existe error en la escritura, así es el habla popular).

Se hablaba y escribía según como las costumbres y los usos enseñaban, ya que casi en ningún lugar se contaba con el auxilio de un “Dotor”, mucho menos de una clínica, o cuartucho de adobe, o de ramas que sirviera para que un profesional de la medicina diera auxilio a nuestros viejitos.

HISTORIA DE LOS INICIOS DEL HOSPITAL.

Afligido porque la vida ya casi se le iba, Cecilio Espinoza Peralta decidió en 1955, organizarse él, y organizar al pueblo para que se construyera un modesto hospital y traer a un médico de planta, o al menos a “Residentes”.

Sus primeros aliados fueron sus hijos y su esposa Eloísa Peralta Murillo; y luego se dio a la tarea de apoyarse en las mujeres del pueblo, sobretodo en las madres que contaban con hijas en edad de bailar; y luego que habló con aquellas madres e hijas, consiguió un viejo camioncito que le prestó su hermano Santiago Espinoza Peralta, mi bisabuelo.

Cuando estuvo todo aquello bajo control, se dispuso a construir el “Salón” para los bailes, que no era otra cosa que un corral con paredes de varas y hierba verde del monte con altura de dos metros o poco mas, con piso de tierra bien regado, y por techo el alto cielo estrellado del desierto rosareño; y por “Orquesta” la guitarra y el violín de Enrique Meza Echeverría, y José “Pepe Garrucha” Valladolid Ortiz, y un “Bajo” construido con un pedazo de tambo de lámina de 200 litros, que con nervios de venado por cuerdas amenamente tocaba Doña Dorotea “Tea” Ortiz Aguilar, y Juana su hermana al acordeón, de quien en broma los jóvenes de entonces se decían entre sí, que para donde iba el acordeón, iban las muecas en la cara de Juana.

Se había conseguido quien cobrara y colocara los distintivos a los bailadores que pagaban un peso por entrada al baile, y para que nadie se escapara del pago las bailadoras contaban con alfileres y distintivos que colocaban a cualquiera que las sacara a bailar, y no mostrara su listoncito, y luego le entregaban los dividendos a Cecilio el organizador de tales encuentros.

Se llevaron a cabo carreras parejeras de caballos, “Rayadas a caballo”, venta de barbacoa, menudo, café, cerveza, sodas, machaca seca, burritos, carne asada, y los bailes que en conjunto dejaban algunas ganancias para el pago de los trabajadores de la construcción del hospital, que era la principal preocupación de Cecilio.

Para la construcción, no se contaba con un predio que sirviera a la comunidad en cuanto a la distancia entre los de arriba y los de abajo, así que Don José “Pepe Garrucha” Valladolid Ortiz, donó el área donde por muchos años él, y su padre el chihuahuense Manuel Valladolid antes que él, habían tenido el corral de la ordeña; y en ese preciso lugar, en medio del corral, se levantó el edificio.

Las muchachas que apoyaron en el baile a Don Cecilio fueron las que actualmente se encuentran por encima de los setenta años de edad, entre ellas, mi madre.

Antes del Hospital “Cecilio Espinoza Peralta”, no existían ni doctores, ni enfermeras; pero siempre han existido Las Parteras, y por supuesto el panteón; mientras que las primeras recibían a los nuevos rosareños, el panteón recibía sin distinción de edades, sexo, color, estado civil, a cualquiera, incluso aun existiendo médico de por medio.

El primer enfermero y que yo sepa el único en El Rosario, ha sido Pedro Garcia, quien atendía a sus pacientes, y “curaba” con amplio conocimiento, aunque siempre, siempre faltaron las medicinas, los análisis, y equipo adecuado.

En una ocasión mientras sepultaban a un parroquiano, Pedro García le dijo a su compañero que se encontraba de pie a su lado:

A todos éstos que vez sepultados aquí, los atendí, siempre fueron mis pacientes; mientras que el otro le contestó:

¡Con razón, se encuentran bajo tierra!.

Bueno, la verdad es que para las parteras y el enfermero, lo único con los que contaban a su alcance, era con sus conocimientos, su experiencia, su arrojo; y con agua caliente, hierbas del campo, y uno que otro “Linimento”, y nada mas; se puede afirmar que muchas vidas se les deben a ellos, aunque a la fecha la mayoría de aquellos también han partido.

El Hospital abrió sus puertas a principios de 1960, había iniciado su construcción poco después de 1955; contaba con dos camas, sala de espera, y un cuarto para el médico. Fue demolido en el otoño de 1980, así que solo se mantuvo en operación solo veinte años; dando paso a la actual clínica de la Secretaria de salud, la que se construyó gracias al ejemplo que Cecilio Espinoza Peralta le dio al gobierno, al edificar lo que al gobierno le correspondía, y como finalmente así lo hizo.

Considero que personalidades con el talento, el compromiso, y el arrojo de Don Cecilio, no las deben cobijar los polvos del olvido, la ingratitud, o simplemente que el paso del tiempo los borre de nuestras memorias y de nuestra gratitud, ya que personas como él, no nacen todos los días, ni todos los pueblos tienen la suerte de contarlos entre sus hijos.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

17 de Enero de 2012.

El presente es trabajo intelectual del autor, quien lo tiene protegido bajo patente número 1660383, se permite su uso, siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y su uso no sea con fines comerciales, ni de lucro.

NOTAS RELEVANTES:

Cecilio Espinoza Peralta, nacido en El Rosario, en 1880, y fallecido poco después de la inauguración del hospital, fue casado en primeras nupcias con Cecilia Romo, procreando a: Alfonso “Rey Espinoza”; Isabel “Chavelita de Quitito Peralta” quien fue una destacada partera; Alberto, Norberto “Yoti Espinoza”, quien por mucho tiempo fue uno de los gasolineros a lata y barril en El Rosario.

Al fallecimiento de Cecilia Romo; Cecilio se casa con Eloísa Peralta Murillo, procreando a: Carlos, María, Anna, Francisca “Jirto”, y Zacarías.

El primer Espinoza en Baja California, fue el español JUAN NEPOMUCENO ESPINOZA, tatarabuelo de Cecilio.

Juan Nepomuceno Espinoza fue casado con la nativa de familias prehispánicas LORETO CASTRO, procreando a diez hijos, siendo Carlos (1778-1883) el mayor, además Zacarías, Maria del Carmen (Madre fundadora de la familia Ortiz en El Rosario); Perfecta Escolástica (Madre fundadora de la familia Ames en Baja California); Juan Nepomuceno, Joaquín, Loreto (Mujer), Juan José, Cosme, y José Luciano.

En El Rosario, el patriarca fundador fue Carlos, a donde llegó con su madre y hermanos menores en 1800, procedentes del paraje de San Juan de Dios, en la misma comarca; casado en 1832 con Maria Dolores Salgado Camacho.

La actual Biblioteca “Alfonso Espinoza Romo”, obtiene su nombre por su benefactor, quien fuera el hijo mayor de Cecilio, nacido en El Rosario, en 1908, y fallecido en Ensenada en febrero de 1992. El campo de Beisbol “LOS JAIBOS DE EL ROSARIO”, lleva también el nombre de Alfonso Espinoza Romo, al ser su benefactor; en ambos casos les donó los predios donde se encuentran, así como a la Delegación de El Rosario, y a la Escuela Secundaria número 41, “Prof. Heraclio Manuel Espinoza Grosso”.

La biblioteca es atendida desde su creación oficial, en 2000, por Susana Espinoza Valladolid, nieta de Cecilio Espinoza Peralta, e hija de Zacarías Espinoza Peralta y de Francisca Valladolid Duarte.

Los médicos o pasantes de medico que estuvieron en El Rosario, fueron: Miguel Valdez, en la década de 1950, Benjamín Gómez, y Aroldo Diez Angulo, en la década de 1960; en las décadas de 1970 y 1980 Josefina Vega Montiel, y otras personas enviadas por la Secretaria de Salud, así también los particulares Rutilio Galván, y Eulogio. En la actualidad que yo sepa la única rosareña que ha estudiado medicina es Enedina Meza Tambo, nieta de Ramón Meza Pellejeros, e hija de Dionisio Meza Valladolid; así como un amplio grupo de estudiantes de enfermería, y varias personas con esa profesión. Vive en la parte de El Rosario llamada Ejido “Nuevo Uruapan” la Doctora Armida Romo, desde hace varios años.

Los “SAMARITANOS DEL AIRE”, una agrupación medica estadounidense ha prestado valioso apoyo en atención y medicinas a comunidades en distintas partes de Baja California; y en El Rosario, desde hace décadas han asistido a la comunidad. En los tiempos de hospital civil “Cecilio Espinoza Peralta” utilizaron el recinto para tal fin. Fue la señora Ana Grosso Peña quien los recibió desde que iniciaron con su valioso apoyo en mi tierra.

Parteras en El Rosario han sido muchas personas, mismas que se pueden consultar en mi segundo libro “LINAJE ESPINOZA”, Así sobrevivieron nuestros pioneros en El Rosario, Baja California”: 2007.

Y para quien no lo tenga las puedo citar a continuación:

Maria del Carmen Espinoza Castro de Ortiz: Entre 1809 y 1840

Perfecta Escolástica Espinoza Castro de Ames: Entre 1815 y 1860

Columba Savin de Aguilar: Entre 1809 y 1845

Columba Sevilla de Pellejeros: Entre 1830 y 1872

Maria Dolores Salgado Camacho de Espinoza: Entre: 1836 y 1888

Petra Pellejeros Sevilla de Marrón: Entre 1857 y 1895

Maria Rita Espinoza Salgado: Entre 1855 y 1905

Ildefonsa Espinoza Salgado de Montes: Entre 1857 y 198

Maria de Jesús Espinoza Marrón de Loya: Entre 1880 y 1900

Gertrudis Espinoza Marrón de Duarte: Entre 1182 y 1927

Catalina Montes Espinoza de Ortega: Entre 1880 y 1922

Pilar Meza de Collins: Entre 1877 y 1902

Encarnación Ortiz Aguilar de Valladolid: Entre 1900 y 1914

Andalecia Ortega de Orduño: Entre 1920 y 1930

Encarnación Ortega Espinoza de Ortiz: Entre 1909 y 1929

Teresa Grosso Peña: Entre 1932 y 1960

Faustina Valladolid Ortiz: Entre 1939 y 1965

Isabel Espinoza Romo: Entre 1947 y 1968

Sara Orduño Ortega: Entre 1950 y 1967

Amelia Marquez Cervera: Entre 1960 y 2004.


“Hospital Civil de El Rosario”, se lee en la fachada, sin embargo el pueblo le cambió de nombre a: “Hospital Civil Cecilio Espinoza Peralta”.

Foto tomada por Howard E. Gulick, el 8 de Septiembre de 1963.

Colección UCSD, San Diego, California, EUA; Colección Especial de Baja California.

Al fondo se observa el taller mecánico fundado por Ramón Meza Pellejeros, y que en la actualidad maneja su hijo Dionisio “Chichoy” Meza Valladolid; en tierras que pertenecieron a la familia Valladolid, siendo el suegro de Ramón Meza Pellejeros, Don José Valladolid Ortiz, mejor conocido como; “Don Pepe Garrucha”.

Me parece una pena que no se haya conservado el edificio, y construido la nueva clínica en otro predio.

“Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento; cuidemos nuestras tradiciones”

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