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SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

lunes, 29 de agosto de 2011

ORIGENES DE LA FAMILIA PERALTA EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
24 de Agosto de 2011.

Cuando en 1861 dio inicio el registro civil en Comondú, Baja California, Sur, esto a instancias del gobierno de Benito Juárez, como parte de las leyes que en todo el país dieron al poder civil la supremacía en los quehaceres que aglutinaron desde entonces a la sociedad mexicana, la que antes era conducida por la iglesia, es entonces cuando también en Baja California se recibe la instrucción de registrar de manera sistemática los nacimientos, bodas, defunciones, entre otros ordenamientos que dieron origen al registro civil, vigente en todas las tareas cotidianas de la vida nacional desde entonces, y hasta la época actual.

Según los registros el día 3 de julio de 1861, fue registrado en Comondú José Luciano Peralta Véliz, quien había nacido en ese lugar el 19 de noviembre de 1860, siendo hijo de los Loretanos Inocencio Peralta Aguiar, y de Francisca Veliz Osuna, y nieto de Cenobio Peralta y de Josefa Aguiar, así como de José María Véliz, y de Rosario Osuna. Habían procreado para ese entonces además de José Luciano, a Balbina, la mayor de todos, y a José Demetrio.

Este matrimonio formado por Inocencio Peralta Aguiar y Francisca Véliz Osuna, fueron los primeros Peralta en arribar a El Rosario en 1873, para ese entonces traían a varios hijos pequeños y jóvenes, entre los que se encontraban: Balbina, Bruno, Epigmenio, Victoriana, Gilberto, Cenobio, Jaime, y por último Francisca, nacida en El Mármol, quien fue hija de Inocencio Peralta Aguiar, y madre de nombre desconocido.

Epigmenio Peralta Véliz, es de quien la mayoría en línea directa de los actuales Peralta de El Rosario descienden, cuando llegaron a El Rosario en 1873, él contaba con apenas cinco años de edad; fue en ese mismo lugar donde se casó con la rosareña Petra Acevedo Marrón, el 2 de julio de 1895, cuando El Rosario festejaba el aniversario 121 de su fundación, Epigmenio contaba con 27 años de edad, mientras que la novia Petrita contaba con apenas 13. Sólo El Rosario sobrevive, ya festejó el pasado mes de julio, el día 2, su aniversario 237, mientras que todos los Peralta que llegaron en 1873, sus hijos, nietos, y muchos de sus bisnietos ya han desaparecido, desde hace mucho tiempo.

En 1873, cuando los Peralta arribaron a El Rosario, venían desde Comondú, todos en caravana con recua de mulas, algunos burros, y sus pertenecías en sus lomos; mientras que la familia caminó todo el trayecto a pie, es decir, cruzaron unos 900 kilómetros de agrestes veredas antes utilizadas por los misioneros, sus tropas, y sus arrieros; las mismas rocosas, polvorosas, choyosas, e inmisericordes veredas que durante milenios caminaron una y otra vez los primeros pobladores, y que son las mismas que algo fragmentadas siguen cruzando en la actualidad el desierto peninsular.

Son las mismas veredas o parte de éstas las que desde hace unos 44 años los corredores de las carreras fuera de camino se vanaglorian por lograr la gran odisea de cruzarlas a bordo de sus ensordecedores vehículos “todo terreno”: Por eso me pregunto: ¿Qué alarde harían éstos modernos viajeros, si las cruzaran a pie, como antes lo hicieron calladamente nuestras gentes?

Bueno, los tiempos son otros, pero la grandeza de aquellas abnegadas familias es incalificable, gracias a su enorme esfuerzo poblaron la península, dando a ésta tierra una bastedad de costumbres y raíces únicas, muy distintas a las del resto de México, no por eso de menor ni de mayor importancia, pero sí de inaudita resistencia.

Abandonadas como estuvieron las familias peninsulares por los gobiernos mexicanos de todos los tiempos, desde la época colonial, el México Independiente, el Juarismo, Porfiriato, y hasta por lo menos 1973, tiempo en que se construye para unir a los bajacalifornianos la carretera transpeninsular.

Durante todo el lapso colonial y después de la independencia, en la península las familias se vieron aturdidas por las ingratas influencias de bandoleros que operaban dentro y fuera de las filas del gobierno; algunos llegaban en barcos, otros en sus cabalgaduras, y no pocos a pie; salvo el lapso comprendido entre 1697 y 1767, aquellos setenta años en que gobernaron aquí los misioneros jesuitas, fueron los menos rígidos, aunque no fáciles para los californios milenarios, y para nuestras familias pioneras; pero lo que es de 1768 en adelante, hasta por lo menos 1973, o sea por más de 200 años, los peninsulares fuimos otros mexicanos, como nos llamó Fernando Jordán en 1949; lo que por herencia sin duda alguna seguimos siendo una raza distinta, aunque ya muy acompañada del resto de hermanos de la república.

Por principios de cuentas, los misioneros franciscanos estuvieron aquí sólo de paso, fundaron en 1769 la única misión de esa orden en San Fernando Velicatá, hoy territorio de El Rosario, y luego le dejaron en 1773 a los dominicos el gobierno misional de la península alternada con un gobierno militar; y cuyos métodos de gobierno y sometimiento dejaron mucho que desear, sólo basta con recordar la temible “Picota”.

Cuando los Peralta salieron de Comondú era la primavera de 1871, arribando a El Rosario en 1873, lo que bien cabe analizar: ¿Cuántos días soleados, lluvias, fríos, hambres, miedos, ansiedades, y tantas más difíciles situaciones pasaron?: No sé.

Lo que sí sé es que llegaron a El Rosario, por las mismas veredas desde el sur peninsular por las que antes habían llegado los Espinoza, Ortiz, Marrón, Verdugo, Aguilar, Acevedo, Montes, Ortega, Collins, Meza, Arce, Sandez, y Duarte; los primeros de éstas familias en 1800, mientras que el último en llegar entonces, era Domingo Duarte Cossío, quien había llegado en 1872, y después de él, sólo un año después, los Peralta.

Cuando los Peralta llegaron, conocían a varias familias sureñas ya asentadas en El Rosario, y como antes todo mundo se conocía o estaba emparentado entre sí, muy pronto los Rosareños acomodaron a los nuevos habitantes del pueblo, entregándoles la cañada de Santo Tomás, que se encuentra en la margen izquierda del arroyo en una amplia extensión de tierra ubicada muy cerca del arroyo, que antes había pertenecido a Carlos Espinoza Castro, heredada por él a su hermana Perfecta Escolástica Espinoza Castro, quien casada con Julián Jesse Ames, dio origen a ese linaje en Baja California; después de los Ames la propiedad pasó a manos de Rita casada con Loreto Acevedo Ceseña; y desde 1873 hasta nuestros días pertenece a los Peralta.

La propiedad de la que venimos tratando, el primer Peralta en ocuparla fue Inocencio Peralta Aguiar, después su hijo Epigmenio Peralta Véliz, más tarde su nieto Lázaro Peralta Acevedo, luego su bisnieto Silvestre Peralta Duarte, y hoy los hijos de Silvestre de apellido Peralta Grosso; en otras palabras la propiedad ha pasado de generación en generación, desde Inocencio, hasta los hijos y nietos de sus tataranietos, quienes la ocupan en la actualidad.

En tal propiedad nacieron varios de los Peralta primigenios de El Rosario, después de ellos sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, y dos generaciones más.

Todas las familias peninsulares se hicieron vivir mayormente de las cosechas que de sus tierritas de labor obtenían, así como de la recolección de frutos y semillas silvestres, de los animales de caza, y de la pesca en el mar cercano. Todas las familias vivieron de la misma manera, todos trabajaban las tierras, cazaban, pescaban, recolectaban, y criaban ganado y aves de corral. Sus ropas las confeccionaban e intercambiaban entre los pueblerinos, y practicaban el contrabando de mercancías con los escasos viajeros que pasaban por el camino real, o con los navegantes que se fondeaban en la costa rosareña, como en las de toda la geografía peninsular; el contrabando de mercancías y el trueque de bienes fue, y sigue siendo de alguna manera una actividad muy arraigada entre los bajacalifornianos, nació en los tiempos misioneros; su desarrollo fue debido principalmente al aislamiento y lo arrinconada en que se ha encontrado la península en todos los tiempos, antaño comerciando principalmente con San Diego, California, en vez que con el resto del país debido a la lejanía, y a lo olvidada que siempre se encontró la sociedad de aquí, por parte del resto de la república, y al eterno abandono en que siempre la tuvo el centro, principalmente hasta antes de 1973.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
MIERCOLES 24 DE AGOSTO DE 2011.

El presente es un trabajo de orden intelectual, que se encuentra protegido por el autor bajo patente 1660383; se permite su reproducción parcial o total, siempre y cuando se brinden los créditos correspondientes, y no sea con fines de lucro, ni se altere el contenido en ninguna de sus partes.

NOTAS RELEVANTES:
La genealogía de la familia Peralta en El Rosario, es como a continuación se presenta:

Inocencio Peralta Aguiar, y Francisca Véliz Osuna, los fundadores de ese linaje en El Rosario, fueron padres de:

Balbina la mayor (1856-1908) nació en Comondú, Baja California, Sur, en 1856, fue esposa del rosareño Policarpo Espinoza Marrón: fueron mis tatarabuelos paternos.
José Luciano: Se quedó a vivir en la zona de San Ignacio, Baja California, Sur, donde tuvo familia, y de quien descienden los Peralta de esa zona.
José Demetrio: Se quedó a vivir en la zona de Santa Rosalía, y Santa Águeda, Baja California, Sur, y es de quien descienden algunos de los Peralta de esos sitios.
Bruno: Fue casado con la rosareña Francisca Ortiz Pellejeros; fundaron el rancho “Santa Úrsula”, en las cercanías de El Rosario.
Bruno: Fue casado con la rosareña Francisca Ortiz Pellejeros; fundaron el rancho “Santa Úrsula”, en las cercanías de El Rosario.
Gilberto (el menor de la familia) fue casado con Otilia Solorio, rehabilitaron el viejo paraje de Santa Catarina, y lo convirtieron en lo que hoy se conoce como: “Rancho Santa Catarina”, en las cercanías de El Guayaquil, y El Mármol.
Victoriana fue casada con Tomás Vidaurrázaga Murillo.
Cenobio, fue casado con Matea Murillo Smith.
Jaime, se radicó en la zona de Arroyo Seco, en Colonet, fue el fundador de los Peralta de esa región.

Balbina Peralta Veliz la mayor, fue casada con Policarpo Espinoza Marrón, procrearon a: Juventino, Santiago, Cecilio, María Josefa, María Guadalupe, Adalberto “Caracol”, Policarpo “Polo hijo”, José del Carmen “Tambo”, Carlos “Don Chale”, Alejandro “Mechudo”, y Julio.

Juventino se fue a vivir a San Vicente Ferrer, en 1905, donde se casó con Josefa Aráuz Aguiar.

Santiago (1878-1962) fue casado con Josefa Peralta Ramirez, sus hijos fueron: María Fe, Emilia “Balbina”, Sofía, Heraclio, Alejandro (mi abuelo), Manuel “Tehua”, Santiago, Heriberto, José de Jesús, Amanda, María Magdalena, Josefina, y Antonio Leobardo “Quirino”.

Santiago fue casado en segundas nupcias con Bertha Romero Loya, fueron los padres de:
Herminio, Gloria, Francisca, Alicia, Blanca, Violanda de Montserrat, y Elsa.

Cecilio (1880-¿?) fue casado con Cecilia Romo, fueron los padres de: Alfonso “Rey”, Alberto, Norberto “Yoti”, y María Isabel, quien fue la esposa de Amadeo “Quitito” Peralta Murillo.

Cecilio casado en segundas nupcias con Eloísa Peralta Murillo fueron los padres de: Carlos, Zacarías, Francisca “Jirto”, María (madre fundadora de los Arauz de El Rosario), Anita (madre fundadora de los Viera de El Rosario).

José del Carmen (1891-1985) “Tambo” fue casado con Juana Romo, (hermana de Cecilia) quien falleció junto a su hijo al nacer, en su primer parto en el rancho San Juan de Dios.

José del Carmen “Tambo” fue casado en segundas nupcias con Josefa Vidaurrázaga Peralta, fueron los padres de: Eduardo “Lalo”, Julio “El Tambo”, Palmira “Ema”, y Manuel “Niní” quien falleció apenas el pasado 13 de agosto de 2011.

Adalberto “Caracol” (1890-1980) fue casado con María Isabel Vidaurrázaga Peralta, fueron los padres de: Esperanza “Toto”, Alejandrina “Jarino”, Dolores, Angelina (madre fundadora de los Fuerte de El Rosario); Francisco “Raile”, Rosario “Chayulín”, Rafael, y el mayor de todos: Adalberto quien falleció niño en el rancho de San Juan de Dios.

Policarpo (hijo) (1887-1948?) fue casado con Amparo Arce, sus hijos fueron: Fidel “Güero”, Trinidad “Yita”, Ruperto “Rupe” Teresa, Carmen, Francisco, Heraclio “Pleis”, David “Bill”, Lucía, y Jesús “Tío Chuy”.

Carlos “Don Chale”, (1899-1974) fue casado en primeras nupcias con Pilar Adarga Acevedo sus hijos fueron: María Dolores, Cecilio, Demetria “Chuma”, Romualdo, Cipriano, y Ramón.

Carlos “Don Chale” fue casado en segundas nupcias con Dionisia Bañaga de origen Kiliwa del aguaje de León; tuvieron a un hijo llamado Alejandro Espinoza Bañaga, fallecido en El Rosario a los 30 años de edad en 1988.

Alejandro “Mechudo” (1895?-1945) fue casado en primeras nupcias con Ángela Loya Espinoza, sus hijos fueron: Gustavo, Emilio, Arnulfo “Chuti”, Maura, y María Guadalupe.

Alejandro “Mechudo” fue casado en segundas nupcias con Francisca Aguilar Acevedo, sus hijos fueron: Berta, Angelita, Balbina, Cruz (mujer), Policarpo, Ricardo, “Tardo”, y Ángel Zacarías.

María Guadalupe (1896-¿?) fue casada con Gabriel García López “Chimicuíl”, originario de La Grulla, Baja California; lugar ubicado en las cercanías de Ensenada; no tuvieron descendientes.

María Josefa (1897?-¿?) fue casada con José Loya Murillo, ver sus descendientes, en el artículo: “José Loya Murillo y María Josefa Espinoza Peralta”.

Siguiendo con los primeros Peralta de El Rosario:

Bruno Peralta Véliz: Fue casado con la rosareña Francisca Ortiz Pellejeros; fundaron el rancho “Santa Úrsula”, en las cercanías de El Rosario; sus hijos fueron: Rosa quien a su vez fue casada con Francisco Loya Espinoza; y Ángela quien fue casada con José del Carmen Loya Espinoza, quien fue conocido como “Nico Loya”, único Loya Espinoza nacido en el rancho El Rosarito en 1889, y fallecido en Ensenada hacia 1986.

Gilberto Peralta Véliz fue casado con Otilia Solorio, como ya ha quedado dicho rehabilitaron el viejo paraje de Santa Catarina, y lo convirtieron en lo que hoy se conoce como: “Rancho Santa Catarina”, en las cercanías de El Guayaquil, y El Mármol; sus hijos fueron: Elías, “Beto Peralta”, “Güero Peralta”, Etelvina (esposa de Marcelino Cajeme García).

Victoriana Peralta Véliz fue casada con Tomás Vidaurrázaga Murillo, fueron los padres de: Alberto, María Isabel, Ricardo “Pilayo”, María Josefa, Fidencio, y Francisca “Pachita de Lapo”.

Cenobio Peralta Véliz, fue casado con la también Comundeña Matea Murillo Smith, fueron los padres de: Rosendo, María, Eloísa, Bartola, Victoria, Jacinta, Elvira, y Amadeo “Quitito”.

El árbol genealógico de la familia Peralta en El Rosario continúa de manera muy amplia; por ejemplo tenemos que de los hijos de Epigmenio Peralta Véliz y Petra Acevedo Marrón, viven en El Rosario los descendientes de: Inocencio casado con Sara Orduño Ortega; Lázaro (1908-1992) casado con María Gertrudis “Tulita” Duarte Valladolid; Francisco casado con Teresa Espinoza Arce; y muchísimos más.

De los descendientes de Balbina Peralta Véliz, tenemos entre los que ya describí, a mi bisabuelo Santiago, padre de mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, padre de Julio Espinoza García: mi padre, luego quien esto escribe, después mis hijos Alejandro, Laura Delia, y Magda Alejandra; y aún después de ellos mi nieto Isaac Alexander Espinoza Montiel.

Tomás Vidaurrázaga Murillo casado con Victoriana Peralta Véliz, fue hijo del ultramarino (extranjero) Tomás Vidaurrázaga y de la bajacaliforniana María Josefa Murillo; quienes se casaron en Loreto, Baja California, Sur, el 7 de enero de 1841; siendo este matrimonio los que fundaron ese linaje en Baja California.

A petición de Demetrio Zamora Ramos, bisnieto de Alejandro “Mechudo” Espinoza Peralta, ampliaré más de nuestra tatarabuela Balbina:

Balbina Peralta Véliz tatarabuela de Demetrio y mía, falleció en el rancho San Juan de Dios el 14 de octubre de 1908 a la edad de 52 años; según se puede leer en el acta que se levantó por motivo de su deceso el 16 de octubre de 1908, la cual se redactó de la siguiente manera:

“En El Rosario, Cabecera de la sección del mismo nombre del Distrito Norte de la Baja California, a las tres de la tarde del día 16 de octubre de 1908m ante mí Teófilo P. Echeverría, Juez de Paz de ésta sección en funciones de Juez del Estado Civil, por ministerio de la Ley compareció el ciudadano Cecilio Espinoza (Peralta) natural y vecino de ésta sección de 28 años de edad, casado, criador, y manifestó que a las cuatro y media de la tarde del día 14 de del corriente mes, falleció de gastritis en el rancho de San Juan de Dios, de ésta sección su señora madre BALBINA PERALTA (Véliz). El referido ciudadano Cecilio Espinoza expuso que la finada era natural de Comondú, de éste territorio de 52 años de edad, casada con el señor Policarpo Espinoza (Marrón) e hija de Inocencio Peralta (Aguiar), y Francisca Véliz (Osuna) de Peralta, presentando por testigos del fallecimiento que se trata a los ciudadanos Francisco A. Meza (Arce), y Arturo Sotelo, naturales de éste territorio, mayores de edad, solteros, comerciantes y vecinos de éste lugar, manifestando que no eran parientes de la finada, cuya inhumación se verificó en el panteón del rancho San Juan de Dios, Leía la presente acta al compareciente y testigos manifestaron su conformidad, ratificándola en todas sus partes y firmaron”.

Publicada en mi libro: LOS ROSAREÑOS”, Memorias del Nacimiento y Vida de un Pueblo Bajacaliforniano”: 1992.






Palmira “Ema” Espinoza Vidaurrázaga, Bertoldo Peralta Acevedo,
Angelina Espinoza Vidaurrázaga, Enrique delgadillo Dávalos:
El Rosario, BC, 1949.



Julio Espinoza García, Francisco Peralta Duarte, Héctor Espinoza Arroyo.
El Rosario, BC, 1999
Foto Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.







Eduardo “Lalo” Espinoza Vidaurrázaga, Lázaro Peralta Acevedo,
Maria Isabel Espinoza Romo, Santiaguito Espinoza Peralta,
y Trinidad “Yita” Espinoza Arce.
El Rosario, BC. 1935.

Los Peralta que aparecen en éstas fotos son nietos y bisnietos de los primeros que llegaron a El Rosario, en 1873.





“Los Rosareños”



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"Ing. Alejandro Espinoza Arroyo, quisiera felicitarlo por su destacado trabajo, y por permitirme conocer mís orígenes, y también entender el poder entender por qué mi padre me puso el nombre de "Inocencio", soy hijo de Inocencio Peralta Solorio del rancho Santa Catarina, Baja California, y radico en Guerrero Negro, Baja California, Sur.
Quisiera comentarle que en la lista de los hijos de mi abuelo Gilberto Peralta Véliz, le faltaron algunos nombres de sus hijos, además de los que menciona, y se los envío por si gusta agregarlos; faltaron:
LUZ, ADAN, EVA, AURORA, ANGELITA, INOCENCIO (Mi padre), Y RAFAEL. Los que menciona usted en al artículo son: "Guero Peralta", "Beto Peralta", Etelvina, y Elías.
Muchas gracias por la distinción que nos hace en relatar nuestros orígenes"
Atentamente;
Inocencio Adriel Peralta Arce."

1 comentario:

Anónimo dijo...

ke tal soy INOCENCIO ADRIEL PERALTA ARCE, hijo de inocencio peralta salorio, a la vez hijo de gilberto peralta veliz del rancho sta. catarina. soy originario de gro. negro me da mucho gusto saber mis origenes y felicitarlo por tan buen trabajo, lo unico ke kisiera comentarle ke le faltaron anotar a varios hijos de mi abuelo,y se lo mando por si kisira complementar su escrito, LUZ,ADAN.EVA,AURORA,ANGELITA,MI PAPA INOCENCIO,Y RAFAEL,