"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

sábado, 9 de junio de 2012

IMPORTANCIA DE LAS “DOÑAS” EN BAJA CALIFORNIA.


Pilares centrales del devenir histórico, y de la formación de la sociedad.
Dedicado  de manera especial a Doña Rufina Arroyo Castro de Espinoza, por  ser este el día de su cumpleaños, y por ser un gran ‘Doña’.
Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, valoremos nuestro legado.
La presente investigación no sigue lineamientos gubernamentales, ni políticos de ninguna índole.
Somos Bajacalifornianos, no “Bajeños’.
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
Viernes 08 de Junio de 2012
Patente 1660383.

      Y cómo ya he logrado entender que nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, les traigo en ésta narrativa algunos datos de la valiosa intervención de “Las Doñas” para la formación y consolidación de nuestras tradiciones, que con el paso del tiempo forman parte muy arraigada de nuestra identidad, incluso de nuestra más profunda esencia.
Las “Doñas”, mujeres así llamadas por ser personas entradas en edad, pero principalmente por ser emprendedoras, valientes, abnegadas, entregadas, y pilares centrales de nuestra sociedad desde la rural, hasta la citadina.
     En los parajes, ranchos,  pueblos, y ciudades de la península de Baja California, y no sólo aquí,  “Las Doñas”, han jugado desde siempre un papel sumamente variado, conociendo y desempeñando  todas las actividades propias de ellas, y más, mucho más que eso. Espero que los lectores no se cansen, pues es mucha la información, y son muchos los nombres.
      Las parturientas y sus parteras, los enfermos y sus enfermeras, los ancianitos y sus damas de compañía, los desvalidos y sus protectoras, los moribundos y sus ángeles, los descarriados y sus consejeras, los viajeros y sus anfitrionas, los niños huérfanos o ‘prestados’ por ellas criados; y cuántas más actividades por  las “Doñas” realizadas.
  Quién no recuerda, la mano amiga, el tibio aliento, la generosidad, o  bien la determinación de nuestras mujeres mayores, que desde su juventud hicieron notar la “Doña” que llevaban dentro.
A lo largo de la historia, poco, muy poco en realidad se ha tratado sobre sus contribuciones, y para no ir tan lejos les narraré algunas peripecias de algunas de nuestras “Doñas” de Baja California”.
1.- Para muchas familias de Baja California, nuestra primera “Doña” fue Loreto Castro de Espinoza: Originaria de Loreto, Baja California Sur, en donde nació hacia 1758, perteneciente a la nación cochimi, ancestral pueblo que habitó la mayor parte de la península, hasta antes de la llegada del ambicioso azote español. Fue la esposa del solitario español  Juan Nepomuceno Espinoza, con quien procreó a una decena de vástagos, quienes generosamente poblaron las vasta geografía peninsular, de cuyo hijo mayor, Carlos, descendemos los ‘Espinoza’ de El Rosario, Baja California.
Fue Loreto Castro conocida como “Mamá Espinoza”, apodo que según la tradición oral, le impusieron de manera cariñosa los misioneros, aunque cuando fue abuela, la familia la llamó “Nanita Loreto”. Debido a su origen prehispánico, conocía de manera amplia las costumbres de su pueblo, siendo ella quien trasmitió a sus descendientes costumbres,  conocimientos de herbolaria y cocina, que hasta nuestros días se acostumbran en nuestra familia. En su juventud, podía correr al trote grandes distancias, y soportar la sed y el hambre de manera insospechada. Utilizaba la honda, y trampas para atrapar codornices, conejos, y otros animales silvestres; para la pesca utilizaba brazos de pitaya que machacados en las pozas en la playa, causaba que los peces flotaran vivos, donde ella los atrapaba a mano limpia. Valoraba el agua,  los alimentos y la naturaleza de manera frenética, lo cual enseñó a sus descendientes, aunque en mucho se ha perdido aquella enseñanza.
Fue partera de sus hijas, y de muchas nuevas madres durante toda su vida. Tenía la enseñanza para elaborar cestería a base de ramas de árboles, sandalias con cuero crudo de conejo, liebre, venado, o borrego, a las que llamaba “Teguas”.
Al enviudar Loreto en 1799, su hijo mayor Carlos, de veintiún años de edad quien fue soldado de cuera de la corona española, y nutriero mexicano, se hizo cargo de la familia, siendo  el menor José Luciano de un par de añitos.
Loreto se dio a la tarea de sacar su familia adelante, que nada fácil debió ser, sobretodo sabiendo que vivían en la más abrupta soledad del desierto rosareño, siendo ella la que decidió que la familia debía asentarse en El Rosario, cosa que hicieron en el verano del año de 1800.
La “Mamá Espinoza, o Nanita Loreto”, fue la madre fundadora de la familia ‘Espinoza” en Baja California, su hija María del Carmen  de la familia ‘Ortiz’ en El Rosario, así como su hija Perfecta Escolástica, la fundadora de la familia ‘Ames’ en Baja California.
Las tatemas de cabeza de res en pozo, ha pasado de generación en generación desde que ella la instituyó, al antiquísimo estilo de la tatema de los agaves, por la comunidad prehispánica peninsular; de igual manera la costumbre de tomar los tés de las hiervas del desierto y las montañas que aun en la actualidad utilizamos: Hierva del venado, guata, canutillo, del manso, de la gangrena, entre muchas otras.
Y hablando de ordeñas, quesos, mantequilla, requesón, y todos los demás derivados de la leche, así como el huerto familiar, la ‘quiebra’ de leña, los fogatas, los fogones, las hornillas, el pan, la excavación de pozos para el agua, la costura, el fabricar  jabón, son sólo algunas de la infinidad de actividades de nuestras ‘Doñas’.
La matriarca, Doña Loreto Castro de Espinoza, fue quien decidió que los ‘Espinoza’ se asentarían en El Rosario, falleció a la edad de 80 años, en la casa de su hijo Carlos y su nuera Maria Dolores Salgado Camacho, en 1838, justo cuando nació su nieto José del Carmen Espinoza Salgado, quien fuera el padre de mi tatarabuelo Policarpo Espinoza Marrón, fallecido en 1928, a la edad de 70 años, en la misma casa donde murió Loreto, y nació José del Carmen, en el propio pueblo de El Rosario, Baja California. Fue abuela materna de los primeros Ortiz, y Ames, de Baja California.
        A continuación asentaré los nombres de algunas de nuestras ‘Doñas’, todas ellas con similares peculiaridades que las descritas con anterioridad, salvo las costumbres prehispánicas de Loreto, y sabiendo que son muchísimas más Doñas que existieron por toda la península,  la mayoría quedarán sin anotar, pues desconozco sus nombres, y tal vez alguna vez, poco a poco se pueda mejorar esta parte del tema. –Tema: Actual palabra favorita adoptada,  de la que abusan, y con la que creen que se adornan los políticos en México-
   Doña Columba Savin de Aguilar, madre fundadora de la familia ‘Savin’ en El Rosario,  casada con Domingo Aguilar; ambos provenían de las milenarias familias cochimi de “Viñatacot”, -como antes de la llegada de los españoles se llamaba El Rosario-.
  2.-    Doña Maria del Carmen Espinoza Castro, esposa que fue del español José Rito Ortiz, soldado de cuera de la corona española, fue otra de las muy importantes “Doñas” de El Rosario. Para empezar fue la madre fundadora de la familia Ortiz, en El Rosario, fueron ellos los que construyeron la primera casa habitación en ese lugar hacia 1808; única construcción existente en el cañón, sólo después de los dos asientos de la misión.
  3.- Doña Perfecta Escolástica Espinoza Castro, madre fundadora de la familia ‘Ames’, en Baja California, fue la esposa del norteamericano Julián Jesse Ames, quienes habiendo vivido algunos años en El Rosario, donde se casaron, pasaron a vivir  a La Grulla, y posteriormente al Rosarito del Norte, más tarde a su rancho “Los Coches” en el área de San Diego, California.
   4.-  Doña Germana Ceseña, madre fundadora de la familia ‘Acevedo’ en El Rosario, fue casada con el soldado de cuera, sonorense de origen Eduardo Acevedo, fueron consuegros de Carlos Espinoza Castro y Maria Dolores Salgado Camacho. Los Acevedo iniciaron en El Rosario, en 1827, año en nace su hijo Loreto Acevedo Ceseña, quien casado con Maria Rita Espinoza Salgado, dispersaron, a través de sus hijos el apellido por toda la región al norte y sur de El Rosario.
 5.-   Doña Columba Sevilla, originaria de San Borja, fue la madre fundadora, en la década de 1820  de la familia ‘Pellejeros’ en El Rosario, quien casada con José Pellejero, de Santo Tomás, cuyo apellido era ‘Verdugo’ en realidad. Además de muchas de las actividades descritas en Loreto Castro de Espinoza, trabajaron además la peletería, por esa razón al paso del tiempo perdieron su apellido ‘Verdugo’, y se quedaron con el apodo ‘Pellejeros’.
Ildefonsa Espinoza Salgado, rosareña, madre fundadora, en la década de 1850 de la familia ‘Montes’ en El Rosario, fue casada con José Montes, originario de San Ignacio, Baja California Sur; vivieron alternadamente en El Rosario, y la misión de San Fernando Velicatá, donde ambos fallecieron y descansan.
  6.-    Doña Josefa Murillo de Vidaurrázaga, sudcaliforniana,  madre fundadora de la familia ‘Vidaurrázaga’ en la península, fue casada en 1841, en Baja California Sur con el euskera o vasco Tomás Vidaurrázaga. Esta familia trabajó también la minería y la exploración, ya que Vidaurrázaga llegó a la península para buscar la misión perdida, que según decían las leyendas se encuentra en el desierto central de Baja California.
  7.-  Petra  “Doña Petrita’ Pellejeros Sevilla, fue la madre fundadora hacia 1850 de la familia “Marrón’ en El Rosario, fue casada con Ignacio Marrón Murillo, aunque en ocasiones aparece como ‘Carrillo’. Algunos de los primeros hijos de la familia Marrón de El Rosario prestaron servicio nada más, ni nada menos que al gobierno del tirano y chacal Porfirio Diaz.
 8.-   Francisca “Doña Chica’ Véliz Osuna, madre fundadora,  de la familia ‘Peralta’ en El Rosario, fue casada con Inocencio Peralta Aguiar, originarios de Comondú, llegaron al pueblo a principios de la década de 1870.
 9.-   Pilar Meza de Collins, madre fundadora de la familia ‘Collins’ en El Rosario, a donde llegaron a principios de la década de 1870, fue casada con Luis Collins Marrón. Esta familia se distinguió por su alta productividad, pues además de todas las tareas ya citadas, elaboraban azúcar de caña, en molino por ellos construido a base de madera de mezquite, y palo fierro.
  10.- Natalia ‘Doña Naty’ Collins Meza, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Arce’ en El Rosario, fue casada con Crisóstomo Arce Higuera, hacia 1890, originario de Mulegé, Baja California Sur. Fueron los primeros que sembraron cacahuate en mi tierra, aunque a la fecha ya nadie sabe eso, ni siembran. Se fueron de El Rosario a  San Vicente Ferrer, cuando ya habían nacido la mayoría de sus hijos. En San Vicente Ferrer descansan la mayoría de los ‘Arce’ de la primera generación.
11.- Gertrudis ‘Doña Tula’ Espinoza Marrón,  Rosareña madre fundadora de la familia ‘Duarte’ en El Rosario, fue casada, a principios de la década de 1870, con el sudcaliforniano Domingo Duarte Cossío, vivieron en El Rosario, y en el rancho ‘Los Mártires’, que hoy es propiedad de su bisnieto José Antonio ‘Birolgo’ Duarte Duarte.
13.-   Doña Encarnación Ortiz Aguilar, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Valladolid’ en El Rosario, fue casada a principios de  la década de 1880 con el chihuahuense Manuel Valladolid Apodaca; fueron padres de José Valladolid Ortiz, quien fue casado hacia 1920 con Dominga Duarte Espinoza, y cómo si no tuvieran tantas actividades en su vida cotidiana, cada diciembre preparaban hasta tres mil tamales para invitar a comer a la parientada, y amigos en su casa, su casa que aún existe.
 14.-   Maria de Jesús “Doña Chuy’ Espinoza Marrón, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Loya’, fue casada en 1869 con el chihuahuense Angel Loya Moreno, vivieron en El Rosario, y en El rancho ‘El Rosarito de los Loya Espinoza’, hoy en ruinas, lugar donde descansan Angel Loya Moreno, su hijo mayor Jesús, nacido en 1870, y varios otros de la familia.
15.- Doña Maria Rita Espinoza Salgado, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Ortega’ en El Rosario, fue casada en terceras nupcias con Regino Ortega Murillo, originario de San Ignacio, Baja California Sur. En la actualidad la única descendiente de ellos que habita en El Rosario es, Mabel Ortega, casada con Salvador Eugenio Meling Espinoza.
  16.- Doña Tecla Peña Duarte de Grosso, sudcaliforniana de El Triunfo, madre fundadora a principios de la década de 1890 de la familia ‘Grosso’ en Baja California, fue casada con el italiano, originario de Génova, Eduardo Eugenio Grosso Boittard, aunque en ocasiones lo pronuncian como “Guatare”.
Los Grosso Peña, aunque casados en Santa Rosalía, Baja California Sur, radicaron en distintos puntos de Baja California, y finalmente en El Rosario, donde vivían en el rancho ‘Buena Vista’, del que aún existen algunas de sus originales construcciones, con uso bastante distinto al de antaño, pues desde hace algunos años se utiliza como ‘Centro de Rehabilitación de adictos’, esa terrible plaga existencial que afecta a chicos y grandes, a pobres y a ricos, sin ninguna distinción, enfermedad tan común en nuestra actual sociedad.
Maria del Cruz Duarte Espinoza, rosareña, madre cofundadora de la familia ‘Villavicencio’ en El Rosario, fue casada, en 1893 con Anastasio Villavicencio Arce; les nació su primera hija ‘María Severiana’, en su rancho ‘El Portezuelo’, el día el 25 de mayo de 1894, vivieron en El Rosario, en la parte que se llevó el arroyo a mediados de la década de 1970. Abraham Villavicencio Arce, hermano menor de Anastasio, fue casado con su pariente cercana Simona Arce, también fundaron  familia, les nació en El Rosario, su hija ‘Jesús’ el 15 de septiembre de 1896. Los hermanos Villavicencio Arce fueron originarios de San Ignacio, Baja California Sur, al igual que Simona Arce.
17.- Doña Manuelita Arce, sudcaliforniana, una de las madres fundadoras de la familia ‘Murillo’ en El Rosario, fue casada a fines del siglo XIX con ‘N’ Murillo, padres de Don Marcelino Murillo Arce, quien a su vez fue casado, hacia 1936, con Doña Bartola Peralta Murillo. Los ‘Murillo’ eran originarios de San Ignacio, Baja California Sur. Doña Manuelita Arce tuvo una hermana llamada Rosario, quien falleció  no hace mucho a los 110 diez años de edad, en El Rosario, vivía en casa de su hijo Marcelino, en su rancho ‘El Descanso’.
Doña Jesús Acevedo Marrón, rosareña, madre fundadora de una de las familias ‘Aguilar’, fue casada con el sudcaliforniano Ruperto Aguilar, a principios del siglo XX.
18.- Maria de la Luz ‘Doña Luz’ Echeverría Ortiz, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Meza; en El Rosario, fue casada, a principios de la segunda década del siglo XX con el Juez de origen sudcaliforniano Francisco A. Meza Arce. ‘Doña Luz’ fue también profesora en El Rosario, y comerciante, contaba con un restaurante, tienda, y gasolinera que se llamaba ‘La Luz del día’, se encontraba en la entrada norte del pueblo, en el preciso sitio donde ahora se localiza la única gasolinera de El Rosario, descendiente de la original.
19.- Doña Leonor Loya Espinoza, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Romero” en El Rosario, fue casada, hacia 1909 con el sudcaliforniano Alberto Romero. A ella le tocó criar a la familia, ya que su esposo se ausentó por décadas, y para cuando se volvieron a ver, ya eran abuelos, y vivían en El Sauzal, cerca de la cuidad de Ensenada.
20.- Doña Octaviana Marrón Ortega, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Garcia’ en El Rosario, fue casada a principios de 1908, con Ambrosio Garcia Guerrero, originario de Mulegé, Baja California Sur. Fueron los padres de mi abuela paterna Maria Visitación Garcia Marrón. Los descendientes  ‘Garcia’  en línea directa actuales, viven en Ensenada.
 21.-  Doña Catalina Ortiz Aguilar, rosareña,  madre fundadora de la familia ‘Meling’ en El Rosario, fue casada a principios de la década de 1910 con el noruego, originario de  Fylke de Troms, Salvador ‘Chip’ Meling Olsen. Esta familia incorporó en las costumbres de la región algunas recetas noruegas; aunque creo que son más bien utilizadas en la actualidad por los Meling de Colonet, ya que los de El Rosario, están inmersos en las costumbres alimenticias de mi tierra.
22.- Enriqueta Núñez Ortiz, rosareña que no llegó a ser ‘Doña’ pues falleció alrededor de los 22 años de edad, pero sí fundó un linaje; fue casada en El Rosario, en 1922, con el mestizo de alemán Eduardo Reseck, fundadores de la familia ‘Reseck’ en El Rosario; procrearon sólo un hijo, quien se llamó Benjamín, y fue conocido como ‘El viejo Benny’. ‘El viejo Benny’, fue casado con Doña Bertha ‘Güera’ Duarte Valladolid, quien en edad avanzada vive en El Rosario.
 23.-   Doña Sofía Espinoza Peralta, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Salizzoni’ en Baja California, fue casada a principios de la década de 1930 con el italiano Piero Domingo Salizzoni Rigotti. Desde luego ésta familia incorporó al igual que la ‘Grosso’ infinidad de recetas de la cocina italiana en nuestras familias, principalmente el espagueti y el queso parmesano.
24.- Doña Matea Duarte Peralta, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Martinez’ en El Rosario, se casó en 1933 con el colimense José Martinez Radillo, quien trajo la carpintería a El Rosario, dedicado por décadas a elaborar los ataúdes para los que se fueron primero que él. Esta familia no es muy numerosa en miembros. De Doña Matea,  admiro mucho la fortaleza que tuvo, pues antes de fallecer, en 1999, sepultó  en 1975 a su esposo, y en los siguientes veinte años, a cinco de sus seis hijos, situación sumamente difícil para cualquier persona.
  25.-    Victoria Castillo, bajacaliforniana, madre fundadora de la familia ‘Villalobos’ en El Rosario, fue casada, hacia 1937, con Eustaquio Villalobos Meléndrez, originario de Calmalli, Baja California, descendiente de la familia fundada en Baja California, por Doña Susana Ceseña  y Guadalupe Aniceto Meléndrez Orantes, radicados en La Grulla. Según datos existentes Doña Susana Ceseña falleció en Ensenada en 1900, a la edad de 125 años; lo cual significa que nació en 1775, esa es una laaarga vida; y fue madre del héroe  bajacaliforniano: Antonio Maria Meléndrez Ceseña, quien en 1854, expulsó de aquí al filibustero roba vacas, asesino y saqueador William Walker, quien pretendía separar a Baja California, y Sonora de México, y fundar la república independiente de ‘Sonora - ‘Baja California’, la que contaría con bandera de ‘Dos Estrellas’.
26.- Doña Guadalupe “Lupe la de Toba’ Duarte Valladolid, rosareña casada en la década de los 1930, con el sudcaliforniano Angel de la Toba Fuentes.
27.- Doña María Espinoza Peralta, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Arauz’ en El Rosario, fue casada hacia 1940 con Ricardo ‘Chino’ Arauz Armenta. En segundas nupcias de Ricardo Arauz Armenta con Amelia Marquez Cervera son cofundadores de los ‘Arauz’ de El Rosario. Los Arauz en Baja california, provienen del Chileno Francisco Arauz.
28.- Josefa de los Reyes ‘Tiqui’ Espinoza Peralta, rosareña fundadora de la familia ‘Delgadillo’ en El Rosario, casada en la década de los 1940 con el jalisciense Enrique Delgadillo Dávalos.
29.- Francisca ‘Jirto’ Espinoza Peralta, rosareña fundadora de la familia ‘Covarrubias’, casada en la década de los 1940 con Roberto Covarrubias.

Otras ‘Doñas’ que aunque no son cabeza de linajes, son de alta importancia para todos nosotros.
30.- Gertrudis, Juana, y Dorotea, Ortiz Aguilar, trabajaron al igual que todas las ‘Doñas’, pero además ellas por herencia de su abuela Maria del Carmen Espinoza Castro, y su madre Josefa Aguilar Savin, cuidaban los dos sitios de la misión, y la cuidaban a fuego, si era necesario, pues bien sabemos que siempre han existido los ‘busca tesoros’, que llegan excavan, destruyen y la mayor de las veces no encuentran mas que tierra debajo de la tierra, y por lo mermado de su inteligencia a causa de la codicia por el ‘tesoro’, no alcanzan a distinguir que el tesoro, es lo que están destruyendo. Las hermanas Ortiz, fueron además institutrices, ellas apoyaron durante décadas a los ‘preceptores’ en la enseñanza de los niños en las escuelas rosareñas, Elemental Mixta numero IV, y VI.
31.- Doña María Visitación Garcia Marrón, rosareña, mi abuela, fue una muy trabajadora mujer, elaboraba de manera exquisita todas las recetas que conocía; en todas sus actividades era esmerada como pocas persona de las que he conocido. Sus quesos no tenían igual. Fue casada con Alejandro ‘Negro’ Espinoza Peralta, en El Rosario, en 1933.
32.- Isabel ‘Doña Chavelita’ Espinoza Romo, rosareña, una de las mas reconocidas parteras en El Rosario, fue casada, hacia 1932, con Amadeo ‘Quitito’ Peralta Murillo, uno de los mejores vinateros que han existido en mi tierra.
Anna ‘Doña Anita’ Grosso Peña, rosareña, casada con, hacia 1932 con Heraclio Espinoza Peralta, es una destacada ‘Doña’ en El Rosario.
33- Doña Anita, se quedó a vivir con su familia en la casa que heredó de su suegro Santiago Espinoza Peralta (mi bisabuelo), cuya propiedad había sido comprada por mi bisabuelo a la familia del profesor Dosal. En ese lugar mi bisabuelo tenia una gasolinera, que después ‘Doña Anita’ atendió junto con un restaurante, que en la actualidad existe y era conocido como ‘Casa Espinoza’, y hoy ‘Mamá Espinoza’, es reconocido internacionalmente, donde han pernoctado todo tipo de personajes, entre ellos, investigadores del National Geographic, científicos, historiadores, , corredores de carreras ‘Fuera de Caminos’, mal llamadas ‘Carreras Baja’; y cómo habrían de faltar, los políticos, que también se dan cita en la casa de Doña Anita.
‘Doña Anita’ fue quien llevó a El Rosario a los doctores ‘Samaritanos del Aire’,  en la actualidad se encuentra una clínica construida por norteamericanos, en su honor lleva su nombre. El trabajo que Doña Anita ha entregado a nuestra tierra es muy amplio, por tal razón ha sido reconocida en infinidad de ocasiones, con distinciones como: ‘Forjadora de Baja California’. Doña Anna Grosso Peña, fue la hija menor de Eduardo Eugenio Grosso Boittard y Tecla Peña Duarte, nació en El Rosario el 16 de Octubre de 1908, o de 1910. En Una entrevista que me concedió en 1992, me dijo que en 1908, y que la registraron en 1910, junto con Elena Meza Echeverría. Vive en El Rosario a más de 100 años de edad, con lo que ha ganado otra distinción, la de sobrevivir a todos los de su generación, no se diga a la de sus padres y abuelos.
34.- Doña Sara Orduño Ortega, originaria de San Regis, de la región de San Borjas, fue otra de las más reconocidas parteras, falleció en la década de 1980.
35.- Doña Amelia Márquez Cervera, partera que actualmente vive en El Rosario, aunque esa actividad ya casi no es socorrida a causa de la llegada de los hospitales del sector salud.
36.- Francisca ‘Doña Pachita’ Vidaurrázaga Peralta, rosareña, casada hacia 1932 con Serapio Garcia marrón.
37.- Silverie Garcia Marrón, rosareña, casada hacia 1940 con Bárbaro ‘Tabaco’ Duarte Peralta.
38.- Gertrudis Duarte Valladolid, rosareña, casada en la década de los 1930 con Lázaro Peralta Acevedo; nos deleitaron a todos en el pueblo todas las navidades con las tamaladas, barbacoa, y otras ricas comidas de aquélla tradición rosareña, de reunir al pueblo bajo la hospitalidad de alguna familia.
39.- Celestina ‘Doña Cuti’ Duarte Valladolid, rosareña casada en la década de los 1930 con Norberto ‘Yoti’ Espinoza Romo. Doña Cuti, atendía su restaurante, mientras que ‘Yoti’ despachaba gasolina a los escasos carros que circulaban por el pueblo. Su gasolinera era un pequeño cuarto de bloque en el que guardaba unos seis tambos de 200 litros cada uno, cuando llegaba un cliente, sacaba gasolina en latas, o en galones y en remolino a gravedad la vaciaba al tanque del auto. Existían otras ‘Gasolineras’ como aquella, que pertenecían a su hermano Alfonso ‘Rey’ Espinoza Romo, de Alejandro ‘Negro’ Espinoza Peralta (mi abuelo), Salvador ‘Cuatito’ Duarte Valladolid. Todas aquellas gasolineras eran abastecidas desde un depósito ubicado en san Quintín, propiedad de David Ojeda Ochoa y socios.
40.- Filipina ‘Doña Fili’ Duarte Valladolid, rosareña casada en la década de los 1940 con Alfonso ‘Rey’ Espinoza Romo, atendía su tienda que se encontraba cerca de lo que hoy es la Delegación Municipal.


Otras muy importantes Doñas de El Rosario.
Balbina Peralta Véliz, sudcaliforniana casada en 1875 en El Rosario con Policarpo Espinoza Peralta (mis tatarabuelos).
Matea Murillo Smith casada con en la década de los 1880 con Cenobio Peralta Véliz; sus hijas: Jacinta, Elvira, Bartola, Victoria, Francisca, Maria, y Eloísa.
Victoriana Peralta Véliz, casada a principios del siglo XX con Tomás Vidaurrázaga Murillo. Sus hijas Isabel ‘Chabela del Caracol Espinoza’, Josefa ‘Chepita del Tambo Espinoza’, Francisca ‘Pachita de Lapo García’, y Artemisa, Hilaria Gonzalez Espinoza casada con Cruz Sandez Aguilar; Cruz Sandez, esposa que fue del sudcaliforniano, de San José del Cabo, Gilberto Salgado Cota, Francisca Osuna Carranco, sudcaliforniana, esposa que fue de Eduardo ‘Lalo’ Espinoza Vidaurrázaga.
Lucía Espinoza Arce, rosareña, casada en la década de los 1940, con Cristóbal Gilbert López, del valle de Las Palmas, Baja California, quienes procrearon a su familia, en un paraje conocido como ‘Cerrito Blanco’ en la zona del desierto central, cerca de la laguna seca de Chapala,  vivieron también en El Rosario. Según dato de su hija Elizabeth, su madre Lucía Falleció en la Colonia Vicente Guerrero, en junio del 2000. Otra rama de ‘Gilbert’ en El Rosario viene de Aurora Peralta Espinoza, rosareña, casada hacia 1950, con Cristóbal Gilbert (hijo). Camila ‘Doña Camilita’ Jiménez de Servín, quien hace poco falleció con cerca de 100 años de edad, llegó con su familia a El Rosario, en 1954, en el grupo de San Vicentito, entre los que se encontraban mi abuelo, mi madre y sus hermanos; al igual que la señora María Ortega, esposa de Don Natividad Gómez Camacho. Anna Espinoza Peralta, rosareña, casada en la década de los 1940 con el Defeño Jesús Viera Arista, fundaron ese linaje en El Rosario.

  Sé de otras valiosas ‘Doñas’
“Nela Villavicencio” de Bahía de Los Ángeles (abuela de mi amigo Miguel ‘Cantor Alcázar), quien aprendió del chino Liumindó sobre la cocina china. Doña Maria Lomelí de Jiménez de San Quintín; y del ejido Nuevo Uruapan de El Rosario, a Maria Jiménez de Vera, Juanita de Zacarías, Francisca ‘Panchita’ Garcia de Carreras, Gregoria Carranza de Lara, Catalina Chávez, Cemerina Lara de Beltrán, Maria Amezcua de Gonzalez, Maria Luisa ‘Doña Licha’ de Gonzalez, la señora ‘Mares’, esposa de Prisciliano Mares.

Las ‘Doñas’ de los viejos caminos peninsulares.
Ramona Valladolid Duarte, esposa de Elías Meza Echeverría, en El Consuelo restaurant, Francisca Acevedo Ruiz casada con Onofre Collins Sandez, en distinto tiempo del consuelo restaurant, Genoveva Acevedo Saiz, esposa del viejo vaquero Isidoro Aguilar Amador, en el rancho ‘El Arenoso’, Etelvina Peralta Solorio, esposa de Marcelino Cajeme García, en el rancho “El Progreso’, la Yaqui Francisca Tena Garcia de Romero, del ‘Sonora Café’; Adela Peralta Acevedo, esposa de Arturo Grosso Peña, en el rancho ‘Laguna Seca de Chapala’; Artemisa Quiñonez, casada con Felix Cota, en el rancho ‘La Bachata’, en Punta Prieta…

Con las que más de cerca conviví, fue con mi abuela María Visitación, sus hermanas Natividad y Silverie García Marrón; en Sonora Petrita Gaxiola, esposa de David Dicochea, Artemisa Núñez, esposa de José Castañeda, Arminda Bernal, casada con Ruperto Celaya; en Mexicali Doña Alicia Duarte Tanori, esposa del sonorense Jesús Téllez García, Sara Sánchez Santillán, esposa de Raúl Torres; y en Tijuana con Isabel ‘Doña Chavelita’ García Paredes.

 A todas quienes aquí aparecen, y a las que no, les brindo mis respetos, reconociendo que sin ellas, otra sería nuestra sociedad, otros serían nuestros valores, otros seríamos en lo más recóndito de nuestro ser.

AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
A 08 DE JUNIO DE 2012.

El presente  es trabajo intelectual de su autor, quien lo tiene protegido bajo patente 1660383, se permite su uso, siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y no se utilice con fines de lucro, comerciales, ni políticos.

NOTA: Doña Rufina Arroyo Castro, (mi madre), nació en Numarán, Michoacán, México el 08 de Junio de 1940, llegó a El Rosario, en 1954, casándose con Julio Espinoza García el 17 de Abril de 1957.

Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, valoremos nuestro legado.
La presente investigación no sigue lineamientos gubernamentales, ni políticos de ninguna índole.
Somos Bajacalifornianos, no “Bajeños’.

jueves, 17 de mayo de 2012

CALIFORNIA: DESDE ISLA LEGENDARIA A PENINSULA, DE CALIFORNIA, A ANTIGUA CALIFORNIA, A BAJA CALIFORNIA, HASTA LLEGAR AL DEPRIMENTE: “BAJA”.


California: Es una palabra muy agradable de escuchar; es rítmica,  armoniosa,  elegante, melodiosa, y fácil de pronunciar.

En memoria de Julio Espinoza García, de profundas raíces Bajacalifornianas, quien el próximo 22 de mayo cumpliría 74 años de edad; perteneció a la séptima generación “Espinoza” en Baja california.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
A 16 de Mayo de 2012.
Patente 1660383.

La presente investigación no sigue líneas gubernamentales, ni políticas de ninguna índole.
Somos Bajacalifornianos, no ‘BAJEÑOS”

¿Por qué el Instituto para el deporte y la cultura física de Baja California: INDE-BC: Nos llama “BAJA”?

      De manera breve, concisa, y llana trataré sobre lo que significa para nosotros California, algunos orígenes del vocablo, y las implicaciones que en la actualidad la merman.

Cuando los europeos, hace más de quinientos años se adueñaron más por las malas que por las buenas de la mayor parte del continente americano,  fueron los españoles quienes atesoraron la mayor parte de la geografía americana, pasando con sus botas, caballos, lanzas, intrigas, y por la desmedida sed de metales preciosos. Con aquella ambición de mente medieval cayeron sobre los pueblos milenarios de la bastedad de lo que hoy es América, y por si acaso alguien ha olvidado las fechorías españolas, sólo como ejemplo recordemos que a Cuauhtémoc le quemaron los pies, para obligarlo a confesar el lugar donde se encontraban los tesoros aztecas; recordemos también que para lograr el sometimiento de los pueblos “indios”, contaron en el actual territorio mexicano, con el apoyo de “La Malinche”.

Los viajes desde la Nueva España a la península dieron inicio en 1533, y el uso de la palabra “California”, para el año de 1540 era común.

Cuando de extenderse al occidente de la Nueva España se trató, España, llegó muy al norte del continente, valiéndose primero del sometimiento de la California, nuestra península, que durante centurias fue considerada isla, y gobernada por Calafia, la reina de las amazonas, tierra habitada por solo mujeres, y casi bañada en oro, según el libro de caballerías, “Las Sergas del Esplendián”, escrito por  Garci Rodriguez de Montalvo, y publicada en Sevilla, España en julio de 1510.

En tal libro se escribió que: “Sabed que a la diestra mano de las indias muy cerca de aquella parte del paraíso terrenal hubo una isla llamada California, la cual poblada de mujeres negras, sin que ningún hombre entre ellas hubiese…sus armas eran todas de oro… que en toda la isla no había otro metal alguno…”

Con la anterior descripción de la California, imaginemos cómo les brillarían los ojos a los medievales españoles; cómo se les despertaría la codicia, la ambición, y los mermaría como seres pensantes.

El origen de la palabra “California”, se pierde en el tiempo, pero aparece en la canción de Rolando, y se tiene relación que en la novela de la Bretaña francesa en el siglo VIII, cuando la retaguardia del ejercito de Carlomagno sufre una derrota a manos de los vascos, en el desfiladero de Roncesvalles, en los montes pirineos; que dividen a Francia de España.  En una parte del poema aparece la palabra “CALIFERNE”, habiendo sucedido tal situación hace más de mil doscientos años.

Hay quienes sitúan el nombre California, con origen en el vocablo “KHILIFATH”, que significa: “Dominio de Califa”.

Por otra parte, según Clavijero, tenemos que el origen de la palabra California, se atribuye a la expresión “Cálida Fornax”, que en latín significa “horno caliente”, aduciendo que Hernán Cortés al llegar a la península, a la bahía por él llamada “Santa Cruz”, hoy ciudad de La Paz,  donde desembarcó el 3 de mayo de 1535, sintió mucho calor, y que de ahí se deriva el nombre de California, situación poco probable.

Cristóbal Colón creía que California se encontraba entre las islas del caribe.

En carta que Hernán Cortés envió  al Rey de España Carlos I, desde México el 15 de octubre de 1524, le refiere que tiene noticias de una isla legendaria, toda poblada de mujeres, sin ningún varón, y que es muy rica en perlas y oro, en clara alusión a la CALIFORNIA; La “isla” a la que la leyenda de Las Sergas del Esplendián”, hacia alusión.

Y como no fue así, sino todo lo contrario, en son de burlas de un contemporáneo de Cortés, a la “Isla” se le llamó”: California, siendo un basto y abandonado territorio; aunque se tiene la idea que se le llamaba “California”, solo a la costa península donde primero llegaron los españoles, y que se fue extendiendo conforme se apoderaron del resto del territorio.

Como quiera que se hayan dado las cosas, de donde venga el nombre, aunque importante, lo relevante es que la primer tierra llamada específicamente “california”, es la península, en su parte sur, ya desde el año de 1533; siglos después la parte norte peninsular, y más tarde la California, hoy perteneciente a Estados Unidos de América.

       Ahora bien: El viejo México, el completo, el que fue mutilado a consecuencias de la injusta guerra que Estados Unidos de América, le declaró en 1846, y ganó insisto, al viejo  México en 1848, aquel que era de los países mas grandes del mundo. Baste mencionar que la frontera actual (Tijuana) de la península de Baja California se encontraba unos dos mil quinientos kilómetros al sur de la antigua frontera norte del viejo México, y que al pasar la Alta California, Nuevo México,  y Texas a manos de Estados Unidos, el nuevo y diminuto país mexicanos se redujo a menos de la mitad de lo que antes fue.

Durante la guerra entre Estados Unidos de América y México, los soldados estadunidenses que ocuparon la península, en sus envíos de información a su país, llamaban a los defensores bajacalifornianos, en son de burla como “BAJEÑOS”; diciendo que “Los Bajeños”, -bajacalifornianos, de los cuales muchos derramaron su sangre-, oponían resistencia a la intervención, pero que serían derrotados por ellos, dada su superioridad en cualquier sentido; en esas o en sus propias palabras, el echo histórico es que nosotros para ellos, éramos, y somos  solo “Bajeños”, de segunda categoría, de quinta silla, solo “BAJA”.

Y cuando al fin  en 1848, le ganaron la guerra a México, en un diario estadounidense, se publicó una caricatura del águila nacional mexicana, la de la bandera, toda desplumada, asustada, maltrecha, desorientada, y cómo preguntándose: ¿Qué más me van a hacer?
En la actualidad los medios masivos de comunicación de Estados Unidos, y su población, incluidos muchos mexicanos residentes allá, para referirse a Baja California, dicen:

Península de Baja; para citar al golfo de California, dicen: Mar de Cortez; para citar a Baja California, sólo dicen: Baja, y para Baja California Sur, sólo lo hacen diciendo: Baja Sur.

    Lo más lamentable de todo esto es que muchas de nuestras autoridades de Baja California, se hacen llamar, por ejemplo:

El INDE-BC, en toda su publicidad, camiones, camisetas, etc., ellos son sólo “BAJA”; la Secretaría de Turismo de Baja California, también tiene lo suyo.

    Cuando les he preguntado el por qué, simplemente me han ignorado; y con el contenido de este artículo, pasará al menos una de dos situaciones: Me ignorarán, o se harán los dignos, los muy patriotas, los muy esforzados por el bien de Baja California; y no faltará a quien me echen encima con todo, y hasta me ridiculicen; aunque desde luego que me gustaría equivocarme, y antes al contrario me gustaría dedicarles alguna narrativa, en caso de que se interesaran por lo que es muy  superior a ellos: BAJA CALIFORNIA. Sin dejar de valorar por ningún motivo sus grandes esfuerzos y logros en sus respectivas actividades, muy valiosas que son para todos nosotros como sociedad Bajacaliforniana, pero al menos han descuidado lo aquí tratado.

    Ni qué decir de la infinidad de abusos en el uso del vocablo “BAJA” por tantísimos negocios que viendo hacia los extranjeros, y siguiendo “sus” subliminales instrucciones de usar: Baja, Baja, Baja, para donde volteemos, nos bombardean con “Baja”; sólo falta que lo pronuncien como allá, del otro lado de la frontera norte: Baha, Baha, Baha.

En una reunión del congreso de Baja California, de la actual XX legislatura escuché al menos a tres diputados decir: Cuando fui a la “Baja Sur”, entre ellos a una profesora. ¿Qué podemos esperar?

Muchos periodistas en medios masivos mexicanos impresos y electrónicos usan el pésimo vocablo a diestra y siniestra; y en una red social que formamos para concientizar, alguien nos tildó de “payasos”, porque le preguntamos al INDE-BC, el por qué nos llama “BAJA”. La persona que nos “payasea” reaccionó, o tal vez quiso manipular el asunto como si atacáramos a los deportistas, a quienes ampliamente respetamos por sus grandes logros y esfuerzos, como el de mi sobrino Rodrigo Alejandro Orozco, quien recién ganó medalla de plata, en la olimpiada nacional que Baja california organiza a través del INDE-BC; Rodrigo Alejandro es originario del ancestral, y uno de los primeros pueblos Bajacalifornianos, La Grulla, ubicado al sur de Ensenada; él proviene de nuestra ancestral familia “Espinoza”.

Las carreras fuera de camino llamadas subliminalmente “BAJA” desde 1967, han obtenido sus frutos, pues como campaña por quitarnos el melodioso nombre de California, y dejarnos sólo como “Baja”, ha penetrado bastante hondo en las mentes de infinidad de despistados mexicanos,  lo más triste es la negligencia de autoridades, como ya ha quedado escrito líneas arriba, y que aunque se hagan los ofendidos algunos políticos, muy seguros estamos que en esos puestos están sólo de paso, y que nosotros los Bajacalifornianos seguiremos picando piedra, y con el tiempo habremos de retomar nuestras históricas raíces, con o sin ellos; aunque bien se ha entendido ya, que será sin ellos, al menos sin los que están ahora en el poder, a menos que dieran una muestra de cordialidad, y presten aunque sea un momento oídos a este legítimo reclamo.

Aquí vivimos en América, “éramos” pues americanos, sin embargo ya no, desde hace mucho tiempo todo decimos, los americanos en referencia a los estadunidenses, nosotros somos hispanos, latinos, o cuando mejor nos va, somos: latinoamericanos, aunque se dice con cierto desprecio; el similar desprecio y sorna que los españoles muestran a los sudamericanos, a quienes llaman: Sudacas.

          Por mi parte no conozco ninguna campaña para cambiarle el nombre a Estados Unidos; aunque les dicen gringos, gabachos, güeros, y quien sabe cuantos motes más, sin embargo por mi parte respeto a esa nación, principalmente por sus grandes contribuciones a la humanidad, y aunque de colonia inglesa pasó ha formarse en imperio, nosotros no hemos dejado de ser colonia; y si no, sólo por preguntar lo menos: ¿En dónde están los inventos mexicanos que nos dan proyección mundial?; somos pues, mayormente manufactureros de los grades inventores, el grueso de nuestro esfuerzo es físico, predomina sobre el uso de nuestro cerebro, poco utilizado para la invención, y para la intelectualidad, por falta de medios, no por falta de capacidad; y nuestros recursos naturales se van al extranjero, donde los convierten en bienes industrializados.  Nos engañaron los españoles cambiándonos sus espejitos por nuestro oro; al igual que el imperio estadounidense ahora nos manipula quitándonos “California”, y dejándonos “Baja”, para lo cual cuentan con un sinnúmero de modernas “Malinches” en nuestra propia tierra: ¿A cambio de qué?

         La península de Baja California, política e históricamente se ha reconocido y subdividido primero grandes extensiones que ocuparon los primeros y milenarios pobladores, cochimies, guaycuras, y pericués; después en misiones por el imperio español, luego en Partidos, Distritos, Municipalidades, Territorios, y finalmente como Estados de Baja California, y Baja California Sur; esperando que así siga, y no después seamos “Baja”.

    Tuvimos a un gobernador estadounidense cuando ya se daba a Baja California como parte de aquél país, durante la guerra entre las dos naciones de 1846 a 1848, con resultados ampliamente conocidos por todos.

California: Se utiliza en la actualidad para nombrar formalmente a: Baja California, Baja California Sur, Península de Baja California, Golfo de California, y California, Estados Unidos de América.

El golfo de California, es también conocido como mar de Cortés, y mar bermejo; pertenece en su totalidad territorial a México.

Tal vez algún día nuestra tierra recupere su original nombre: California, México; y por último recordar que el nombre de la península es uno de los de mayor antigüedad en México, ya que data de 1539.

Fue el misionero jesuita Francisco Eusebio Kino, quien en viaje desde Sonora con rumbo a la California, descubrió que no era isla, sino península; también se dice que por la unión de la península con el continente, desde hace miles de años la caminaban los primeros pobladores, cosa que los europeos no sabían, cuando apresuradamente se apoderaban de América.

Una pregunta sigue sin respuesta:
 ¿Por qué el INDE-BC nos llama: BAJA”?, explicación que tal vez jamás llegue a mi conciencia, ni mis ojos alcancen a ver.


AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
16 DE MAYO DE 2012

La presente es una investigación del autor quien la tiene protegida bajo patente 1660383, se permite su uso siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y no sea con fines comerciales, políticos, ni de lucro.


NOTAS RELEVANTES:
Los estudiosos que han profundizado en el origen del vocablo ‘CALIFORNIA’, son: El clérigo y escritor norteamericano Eduard Everett Hale, graduado en Harvard en 1839.
Pablo L. Martinez, escribió en su obra “Historia de Baja California”, que la tierra “California”, que muchas riquezas había prometido según la novela de caballerías, sólo dio sinsabores, hambre y muerte, la tropa la nombró “California”, en señal de chascarrillo.

Mi familia Espinoza se encuentra en Baja California desde 1755, y en El Rosario, desde 1800. Hemos contado dentro de nuestros antepasados con jueces, comisarios, Jefe político de la península (Gobernador), y con un alcalde auxiliar de la frontera: (Territorio comprendido desde San Fernando Velicatá, al sur, hasta la actual frontera norte; el mismo territorio que actualmente ocupan los municipios de Tijuana, Playas de Rosarito, Tecate, Mexicali, y la mayor parte del de Ensenada).

Julio Espinoza García, a quien dedico este artículo de manera especial, amó profundamente a Baja California, fue mi padre, y nació en El Rosario, Baja California, el 22 de mayo de 1938,  falleció en Ensenada, el lunes 02 de abril de 2012, siendo sepultado en El Rosario, al lado de sus antepasados. El próximo 22 de mayo cumpliría 74 años de edad.
La presente investigación no sigue líneas gubernamentales, ni políticas de ninguna índole.
Somos Bajacalifornianos, no ‘BAJEÑOS”

sábado, 14 de abril de 2012

JULIO ESPINOZA GARCIA: EL AMIGO DE TODOS.

VAQUERO, BUZO, BAJAMARERO, TORTILLERO, DIRECTIVO COOPERATIVISTA, FUNCIONARIO PÚBLICO, EXPORTADOR, COMERCIANTE, Y MINERO DE EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, APOYADO SIEMPRE POR SU ESPOSA RUFINA ARROYO CASTRO, Y POR SUS HIJOS.


Foto reciente de Julio Espinoza García y su esposa
Rufina Arroyo Castro. El Rosario, B.C. 2012.
Nuestras tradiciones, son cultura y conocimiento, conservemos y valoremos nuestro legado.
La presente investigación no sigue líneas gubernamentales, ni de orden político de ninguna índole.
Somos Bajacalifornianos, no “BAJEÑOS”.
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
A 10 de Abril de 2012.
Patente: 1660383.
Julio Espinoza García, también conocido como: “Julio el del Negro” nació en El Rosario, Baja California, el 22 de mayo de 1938, en la casa de su abuelo Santiago Espinoza Peralta, cruzando la callejuela, en El Rosario de Abajo, “Pueblo Viejo”, enfrente de la primera casa “Espinoza”, construida en 1836, por el patriarca Carlos Espinoza Castro, padre del tatarabuelo de Julio: José del Carmen Espinoza Salgado, quien en esa precisa casa naciera en 1838, y también en la que aquel mismo año falleciera a la edad de 80 años Loreto Castro de Espinoza, mejor conocida como “Mamá Espinoza”, quien fuera la fundadora del linaje “Espinoza” en Baja California; ambos acontecimientos ocurridos 100 años antes del nacimiento de Julio. Frente a aquella primera Casa Espinoza, a unos cuantos metros de distancia, es donde nació 100 años después que su tatarabuelo, Julio Espinoza García, y 10 años después que un potro bronco matara a su bisabuelo Policarpo Espinoza Marrón, en 1928, cuando contaba con 71 años de edad, suceso ocurrido en la puerta principal de la misma primera casa “Espinoza” de El Rosario.
Fue Julio el hijo menor de Alejandro “Negro” Espinoza Peralta y de María Visitación García Marrón, criado dentro de las antiquísimas costumbres de las misiones y de los primeros rancheros peninsulares de la Baja California; con bastos conocimientos tanto de las vaquerías, de la vida campirana, herbolaria bajacaliforniana, de la pesca, del buceo, del cooperativismo pesquero, y de la agreste geografía peninsular, en los que se desenvolvió con toda soltura, y maestría.
Conoció, convivió, y conversó ampliamente con su abuelo Santiago Espinoza Peralta, y con muchos personajes de la generación de su bisabuelo Policarpo Espinoza Marrón, razón por la que el conocimiento de lo nuestro le fue permanentemente consolidado, y que después junto con sus antecesores nos los transmitieron a los que seguimos naciendo, y engrosando las filas de “Los Rosareños”, que no hace tanto tiempo, todos nos conocíamos, pues en las décadas de 1960, y ’70, en el pueblo vivíamos unos doscientos habitantes, y aunque en la actualidad muchos afirman que somos unos cinco mil, la realidad es que en el censo del 2010, éramos sólo 1705, en toda la demarcación, y qué bueno que así siga siendo, que seamos pocos.
LAS VAQUERIAS, Y LOS VAQUEROS: UNA LABOR ANCESTRAL EN EL ROSARIO.
Julio Espinoza García, junto a su padre, a su abuelo, con sus primos Mario, y Eugenio Espinoza Grosso; Vicente Salizzoni Espinoza; y sus tíos abuelos, los hermanos Carlos “Don Chale”, Adalberto “Caracol”, Jose del Carmen “Tambo”, Cecilio, y Policarpo Espinoza Peralta, y sus tíos Manuel, “Tehua”, y Santiaguito Espinoza Peralta, y Herminio Espinoza Romero; así como sus tíos segundos Alberto, Norberto “Yoti”, Alfonso “Rey” Espinoza Romo, Zacarías y Carlos Espinoza Peralta; y los hermanos Fidel, Francisco, Heraclio, y Jesus Espinoza Arce; los hermanos Gustavo, Emilio, y Arnulfo “Chuty” Espinoza Loya; el inseparable amigo y pariente de Julio: El indiano de los montes y los llanos, Roberto “Chato” Romero Loya; el viejo Alonso Murillo Adarga, y el fiel Heriberto “Chapo Murillo” Loya, al igual que los hermanos Santos “Chapule”, Pablo “Gaby”, y Anastasio “Ticho” Duarte Valladolid; y el inolvidable viejo vaquero Isidoro Aguilar “El de San Fernando Velicatá”; sin olvidar a los hermanos Bárbaro “Tabaco”, Bibiano, y Eulogio “Binchura” Duarte Peralta, y junto con muchos otros vaqueros rosareños, fueron con los que Julio recorrió grandes distancias entre montañas y desiertos; todos ellos arrearon miles de cabezas de ganado; haciéndolo entre todos como si fueran uno solo; todos se cuidaban entre sí, valiéndose de los amplísimos conocimientos de toda índole que del quehacer, y de la vida campirana poseían; y de las que no por casualidad me han llegado como legado histórico, de vida, y en forma de ricas tradiciones, y que ahora, para no dejarlas morir, y en sincero homenaje, profundo respeto y admiración por todos ellos, las comparto con mis lectores. Fue de éstos conocimientos que me heredaron de donde obtuve la inspiración para escribir un poema al que intitulé: “LOS VAQUEROS DE MI TIERRA”.
Los antiguos ranchos de San Juan de Dios, La Suerte, El Rosarito de los Loya, San Antonio de los Duarte, Los Mártires, El Salto, El Cartabón, Las Codornices, El Sauce de Carter, El Cardón de Cañedo, El Cerro Pelón, El Roñoso, El Aguajito, El Arenoso, Julio César, San Fernando Velicatá (misión), El Progreso, Rancho de Peña, La Escondida, El Sauzalito (mina), Santa Úrsula, San Vicentito; y los parajes de La Víbora, Cantarrana, El Cardonal, Matomi, Corral del Medio, Corral del Chino, Los Abajeños, La india Flaca, Los Mezquititos, Llanos de San Jorge, Paraje Espinoza (En San Jorge), El Malvar, Cajiloa; y el camino largo de la arreada de partidas de ganado desde El Rosario hasta Mexicali, pasando por las “Caydas” del desierto, rumbo al golfo de California; fueron los sitios por los que mayormente se movía la vaquerada, en los arreos, campeadas, y pastoreo del ganado.
El campo, antes como ahora, es el sitio donde se pasa la noche, cuando se anda en la “Campeada”, es montado en algún recoveco con protección natural, se enciende una lumbrada en medio del contingente, que lo rodea tomando sus alimentos, rasurándose, cenando, o jugando algún juego de mesa, aunque sea improvisado a ras de suelo.
Cuando la vaquerada se va a dormir, al filo de las nueve de la noche, estando el campo en silencio, y que sólo la roncadera se escucha, es cuando llegan los “coyotes mantequeros” a trastear lo que haya quedado a la mano; tienen tanta hambre, que no les importa el tiradero de vaqueros a campo abierto.
En la madrugada, ya para las dos o tres de la mañana levantan al más incauto para que prepare el café vaquero, actividad que me tocó realizar en muchísimas ocasiones, y que tan a gusto saboreaban aquéllos vaqueros de mi tierra, mi parientada.
Todos los vaqueros de los que hablo, eran expertos en lazar a cualquier animal bronco, y orejano, fuera, vaca, toro, caballo, mula, macho, o burro; no importaba el tamaño de la bestia; el mejor de todos fue sin lugar a dudas: Carlos “Don Chale” Espinoza Peralta.
En una ocasión Julio lazó a fuerza de carrera, entre los chóllales, a un borrego cimarrón, al borde de una cantilería, no muy lejos de Matomi; montaba una mulita parda, que no pudo con el tremendo jalón que el cimarrón le dio, le soltó todo el “descuello” que pudo a la reata, la dejó correr sobre la cabeza de la silla, hasta que se le acabó; mientras que el borrego saltó por los rocosos cantiles cuesta abajo; Julio y su tío Herminio Espinoza Romero, rodearon la cantilería para ver si lograban rescatar la muy preciada reata, llevándose la sorpresa de encontrar al borrego con el cuello roto entre los chaparrales; ahí mismo con mucho trabajo lo levantaron, y lo llevaron al campo que se encontraba a unos kilómetros del lugar; allá lo convirtieron en pulpas de carne salada para secar.
UNA FAENA DIARIA DE LOS VAQUEROS:
Al amanecer se separa al ganado que el día anterior se haya “Campeado”, lo vacunan, lo bañan, lo erran, señalan a los orejanos, y separan a los “Lepes”, y a los toros muy viejos los llevan para la venta, o los sacrifican; Y si aparece algún animalito ajeno y desconocido, pasa a formar parte de los víveres en las alforjas de cuero crudo, convirtiéndolo en machaca seca, y cecina, que acompañadas con asaderas, o quesos frescos y secos, y con panocha o piloncillo, arroz, frijol, harina, café, sal entera, aceite de oliva, manteca de res, tallarines, pan de lonche, y galleta pilota, entre otros, son los bastimentos alimenticios que los vaqueros llevan consigo.
Cuando se le ha atendido, se suelta el ganado señalado, errado, vacunado, y se comienza una nueva campeada, actividades que se realizan en los meses de mayo y junio de cada año, ya que de diciembre a mayo son los “tiempos malos” en el mar, porque nuestros vaqueros, también son pescadores.
Se campea el ganado que pasta libre por la alta serranía, mientras que el de corral o de rancho vuelve diario a sus querencias en los corrales donde por lo regular nacen.
En éstas actividades de las vaquerías se inició Julio desde los cuatro o cinco años de edad, al igual que sus antepasados, y sus descendientes.
LA PESCA Y EL BUCEO, SON OTRAS DE LAS LABORES ANCESTRALES EN EL ROSARIO.
Y cuando se terminan los tiempos de las vaquerías en las montañas y el desierto, ya entrado el mes de junio, que es cuando inician los “tiempos buenos” en el mar, los vaqueros se vuelven pescadores, le dan la espalda a la sierra y se enfrentan al bravío océano pacifico, al que le arrancan parte del sustento familiar, por las actividades pesqueras, en las que son tan buenos como en las de campo, sierra, y desierto.
Acá en los campos pesqueros, el “Equipo” se compone por tres individuos, si es de buceo, y por dos, si es de pesca de langosta, pescado, o de jaiba.
En las actividades del buceo, el jefe y autoridad máxima es el buzo, que fue la actividad de Julio; el buzo es por lo regular dueño de todas las artes de pesca, es decir de los equipos, y gana hasta el cincuenta por ciento de la producción, mientras que el cabo de vida, que es quien cuida al buzo, lo sube, lo baja, sube la producción desde el fondo a bordo, cuida el compresor del aire, la manguera, los cabos, y atiende al buzo a cuerpo de rey, incluso lo ayuda a vestirse y desvestirse.
ACERCA DE LA SARGACEADA.
En el buceo de sargazo, también llamadas “algas marinas”, que son plantas que habitan entre la zona de intermareas en la costa, hasta una profundidad de unos diez a quince metros cuando mucho, es decir, entre cinco y ocho “brazas”. El buzo “cae”, llevando consigo una jaba de red, que el “cabo de vida” sube tantas hasta completar “la marea”, es decir, la jornada del día.
El otro compañero a bordo, es el “Bombero”, hombre que lleva los remos, y el motor fuera de borda, su actividad principal es salir de tierra al mar, y regresar del mar a tierra “Varar” a salvo, pues debe correr la ola ideal que los ayude a llegar a tierra, si la rebasa, el motor queda con la propela fuera del agua, y se va a pique de proa; pero en caso contrario si la embarcación rebasa la ola en que va, entonces la ola de atrás le quiebra en la popa, arriba del motor, lo llena de agua, y se va la embarcación al fondo.
Y continuando con la labor de los sargaceros, tenemos que, al concluir la marea y al llegar a tierra, el buzo se encarga de cuidar que las olas no atraviesen la embarcación, y se llene de agua por los costados, mientras que los otros dos hombres bajan la carga, la depositan en tierra a buen resguardo, y luego suben la embarcación al lugar tan alejado del mar que las olas no le lleguen; entonces el buzo se desviste, descansa, y los compañeros tienden el sargazo al sol; luego van a preparar la comida en la media cocina del campo pesquero; esto en caso que no tengan un cocinero, que por lo regular cuando lo tienen, es un “pavo”, es decir un chamaco con edad entre los diez y quince años de edad, quien en ocasiones cuenta con un ayudante de entre cinco y ocho años de edad; por cierto fueron esas dos actividades las que atendí en la playa, antes de aprender a ser pescador.
Los compañeros inseparables de Julio Espinoza García, en la sargaceada, fueron: su primo Pedro García Espinoza, y Humberto “Chachito” Peralta Espinoza, su primo segundo, sacaron cientos, y hasta miles de toneladas de sargazo ya seco de primera calidad, que es muy duro de cortar, y otras miles de segunda calidad, y de tercera, cientos de toneladas más; siendo exportado al oriente, principalmente a Japón, donde se utiliza en la industria alimenticia.
Tanto el cabo de vida, como el bombero ganan por su trabajo hasta el veinticinco por ciento sobre producción cada uno, mientras que el patrón, o sea el buzo gana el cincuenta por ciento, debiendo pagar además del equipo, todos los gastos de combustibles, lubricantes, traslados, y alimentación de los tres.
Esta distribución del porcentaje de ganancias para cada trabajador, que ancestralmente había sido del quince por ciento para cada uno de los de a bordo, y el setenta para el buzo, fue modificada por Julio, ya que fue el primero que les entregó a sus compañeros, el veinte por ciento a cada uno primero, y más tarde el veinticinco; razón por la que todos querían trabajar con él; siendo la manera en que los demás buzos rosareños se vieron obligados a pagar en igualdad de condiciones como en el equipo de Julio Espinoza García; al grado que en toda la costa del pacífico peninsular bajacaliforniano, los buzos de todas las cooperativas pesqueras debieron hacer lo mismo que en El Rosario, a instancias del reconocido buzo de primer lugar en la sargaceada.
Por cierto, el mejor buzo de todos los tiempos en el sargazo fue: Julio Espinoza García, llegando a sacar en una marea: mil ciento veintisiete kilos de sargazo de primera, ya seco, y que mojado representa como tres toneladas y media; y es durísimo de cortar, y como se corta a mano limpia; por eso la extremada fuerza física de los brazos, manos, muñecas, y en general de Julio.
En 1964, debido a la alta producción sargacera de Julio, la compañía “GEL-MEX, radicada en Ensenada, le obsequió una camioneta Ford modelo 1960, por haber obtenido el primer lugar en toda la costa del pacífico; siendo su segundo lugar el también rosareño Catarino López Acevedo.
Para el siguiente año, en 1965, también Julio obtuvo el primer lugar, siendo el premio un troquesito Ford último modelo, pero como los directivos de la cooperativa “Ensenada”, a la que pertenecía Julio, y los de “GEL-MEX”, salieron de pleito, retuvieron el premio, y jamás llegó a manos de su ganador.
Por lo que hace a la camioneta Ford 1960, la utilizó por un corto tiempo, después de eso se la obsequió a su padre Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, y pasados algunos años de durísimo trabajo, la camioneta que era de color verdecito, terminó siendo el gallinero del rancho “El Porvenir” en el Cardonal, propiedad que fue del “Negro Espinoza”.
TRATANDOSE DE ABULON.
En el buceo de abulón, la actividad es parecida a la del sargazo, con la diferencia que se bucea a mayor profundidad, dependiendo del tipo de abulón; el negro y azul habitan las aguas de intermareas, en la zona de rompiente, y se pueden “cortar” en los bajamares; mientras que el abulón chino, rojo, y amarillo, son de profundidades desde las cinco “brazas”, hasta las treinta, y más, a donde los buzos no pueden caer, por el riesgo de descompresión, o de reumas a causa del nitrógeno acumulado en la sangre por el aire comprimido que respiran, lo que ha ocasionado infinidad de muertes.
Cuando varan con el abulón, y después de subir la embarcación a sitio elevado, y amarrada, el cabo de vida, y el bombero, se encargan de desconchar el abulón, y ensacarlo para enviarlo a la planta procesadora, que en este caso se ubica en El Rosario.
Y SOBRE EL ERIZO.
En el buceo del Erizo rojo, son tres los compañeros a bordo, con idéntica ocupación que en los casos de sargazo y abulón: El buzo “cae”, “corta” con un gancho los erizos que dan la medida de ocho centímetros de diámetro, los deposita en una jaba de alambre galvanizado de forma redonda, cuando se llena, le hace señas por el cabo al “cabo de vida”, quien le lanza otra vacía, y sube la llena.
Cuando varan, el buzo se va a descansar, mientras que los otros dos hombres, suben los “chinguíos” de erizo al troque, y lo llevan a la planta procesadora correspondiente.
Los primeros ericeros en 1972, en El Rosario, sólo después de Santo Tomás, Baja California, fueron precisamente el buzo Julio Espinoza García, su hijo de catorce años de edad, Héctor Espinoza Arroyo, de cabo de vida, y Francisco Peralta Duarte, de Bombero; fueron equipo de trabajo por largos años, sacaron miles, y miles de piezas de erizos “calabazones”, y de ahí para abajo. Los calabazones son los de mayor diámetro.
Otros compañeros en la ericeada de Julio, fueron: su tío Francisco García Marrón, Esteban Villalobos Castillo, sus hijos Eduardo, Adalberto, Julio, Julio César Espinoza Arroyo, Francisco Peralta Duarte, y el autor de estas letras, por supuesto, al igual que lo fui en la langosta, abulón, y sargazo.
CAPTURA DE LANGOSTA.
En la pesca de langosta, son dos los compañeros que forman el campo, uno va en el motor, y el otro va recogiendo las “boyas” de las trampas, para subirlas, sacar la langosta capturada, encarnarlas, repararlas, lastrarlas, y volverlas a lanzar al fondo.
Cuando se han levantado todas las trampas, se dirigen a tierra, y poco antes de llegar a la zona de rompiente de las olas, los pescadores tienen un “Muerto”, que es una gran cuerda fondeada, en ocasiones con anclas, otras con motores enteros de auto, y en otras con pesadas piezas metálicas; en ese lugar flotando se encuentran los “recibones”, y recibas de madera, donde se deposita la langosta capturada día tras día, hasta a completar un embarque, que puede durar varios días, dependiendo de las piezas capturadas en cada marea.
Los compañeros inseparables de Julio en la langosteada fueron: Alberto Villalobos Castillo, Pablo “Perico” Acevedo Ruíz, Benjamín “El Viejo Benny” Reseck Núñez, Juan Antonio “Güerito de Lalo” Espinoza Osuna, Esteban Villalobos Castillo, Santos Montes Loya; sus tíos segundos Carlos y Zacarías Espinoza Peralta, así como su hermano Roberto Espinoza García, su muy querido primo Ricardo “Calilo” Vidaurrázaga García, y su inseparable tío segundo Gustavo Espinoza Loya.
Su primer compañero en la langosteada fue Alberto Villalobos Castillo, sucedió esto cuando ambos contaban con apenas casi veinte años de edad, en enero de 1958, y cuando de “salir” de tierra a mar se trató, una gran ola de los “Tiempos malos”, los volteó, ahogándose Alberto “Beto Villalobos”, y Julio varó a nado, más muerto que vivo, tras horas de luchar por su vida en aquéllas embravecidas y heladas aguas en el campo “Agua Blanca”, en la bahía de El Rosario. De nuevo fue de tragedias como ésta de donde me inspiré para escribir un poema al que intitulé: “PERDIDOS PESCADORES”.
LOS BAJAMARES, Y LOS BAJAMAREROS.
Y cuando de plano no se podía salir a hacer “marea”, jornada de trabajo en mar abierto, entonces Julio trabajaba en los “bajamares”, es decir, en las horas en que el mar baja y descubre rocas con plantas que llaman: “Pelo de Cochi”, que es también un alga marina, como lo es la lechuguilla, que se recolectaban en grandes cantidades, pero con precios en el mercado mucho menor que el sargazo “bueno” el de buceo, llamado “gelidium”, y el “pelo de cochi” es conocido como “gigartina”.
Hubo tiempos en que los “bajamareros” se consideraban “pescadores de segunda”, que aunque fueran “Buzos de cabeza”, o cabeceros, se les consideraba, y se consideraban entre ellos mismos, de menor categoría que los “buzos de lo hondo”.
“Los buzos de cabeza”, son aquéllos que trabajan “cabeceando” a pulmón, y es que cuando el agua baja, el sargazo “bueno”, queda a menor profundidad, siendo fácilmente alcanzado por un “cabecero”, que en repetidas ocasiones
se “clava” hasta el fondo, corta las plantas de sargazo que pueda, según su capacidad pulmonar, y su “marea”, si es buena, llega a ser de unos cincuenta kilos mojado, si es buen cabecero; mientras que un “buzo con equipo”, logra “sacar” hasta media tonelada.
Los campos pesqueros en los que Julio trabajó fueron: Punta Baja, Agua Blanca, San Carlos, Cajiloa, Campo Nuevo, Penca Quemada, Isla San Gerónimo, El Campito, La Lobera, Los Morros Colorados, Punta Canoas, Puerto Santa Catarina, Punta Blanca, San Jose de los Gerardo, y el Bajo de Cortés, que se encuentra mar afuera en la línea divisoria de México con Estados Unidos, y que finalmente aquél país, ya no los dejó bucear, colocando boyas, como pasándolo a su propiedad, siendo que se encuentra del lado mexicano. En Baja California Sur, trabajó almeja voladora en Isla Margarita y Bahía Magdalena, en el pacífico.
OTRAS ACTIVIDADES DE JULIO ESPINOZA GARCIA:
Existieron tiempos muy difíciles, ya que cuando los años eran secos en las montañas, y en el mar los “tiempos malos” se prolongaban, las obligaciones familiares continuaban, así que Julio, Rufina (su esposa), y sus hijos se dedicaban a hacer tortillas de maíz a mano, que eran entregadas en las fondas del pueblo del Rosario, cuando toda la gente estaba acostumbrada desde siglos atrás a utilizar solo las de harina, y como Rufina provenía del interior del país, impuso esa costumbre de comer las de maíz en el pueblo, así como las salsas picantes, que antes ni siquiera se conocían en mi tierra.
Las tortillas de maíz de la familia “Espinoza Arroyo” dieron origen a la primera tortillería en El Rosario, que aunque artesanal, fue la primera, en mas de doscientos años, elaboradas a prensa de mano y cocidas en un fogón al estilo del interior del país, que aquí llamamos “hornilla”, por ser un remedo de horno.
Fueron miles las docenas de tortillas de maíz que se consumieron por los viajeros que paraban en las fondas rosareñas para saciar su hambre. Esto ocurrió principalmente a principios de la década de 1970.
Cuando de elaborar las tortillas se trataba, Julio cocía el nixtamal, entre sus hijos mayores lo molían con molino de mano, otros acarreaban leña; mientras que Rufina y sus dos hijas menores a prensa de madera las extendían, cocían, y apilaban. A Eduardo el tercer hijo le tocaba la entrega, que hacía en una bicicletita vieja, con canasta enfrente y atrás.
Por el camino entre la casa y las fondas, había infinidad de perros, a los que debía enfrentar; cuando al fin llegaba a la primera fonda, se escuchaba a la dueña que le preguntaba:
-¿Ya me trayes las tortiiillas?
Cuando se estaba construyendo en El Rosario el bordo para la carretera transpeninsular, en 1972, un tanque pipa le abrió al agua, al mirar al chico de la bicicleta a medio andar, dejando a Eduardo completamente mojado junto con varias docenas de tortillas recién hechas. El chofer, era un Rosareño, que por jugar con Eduardo, le dio tremendo regada, dejando tras del baño echadas a perder las tortillas producto de 12 horas de pesado trabajo.
JULIO EN LA MECANICA:
Los autos y troquesitos que se usaban en El Rosario, en las décadas de 1940’s, 50’s, y 60’s, que aunque muy pocos eran los que se usaban, databan de los años de 1920, y treintas; tenían muelles frontales, que se quebraban de maso completo en cualquier brinco de los rústicos y polvorientos o lodosos caminos, así que Julio se la pasaba junto con sus hijos debajo de los autos ya reparando o cambiando las famosas y latosas muelles. Era con su tío Serapio García Marrón, con Don José “El tapa agujeros”, y con Ramón Meza Pellejeros, en quienes se apoyaba para que le prestaran las fraguas, y allá a golpe de marro y punzón, reparaba aquellos armatostes; y más tarde se apoyaba para la mecánica en Don Luis “El cara Sucia”, y finalmente con sus también amigos: Andrés “Maromas” Villalobos Castillo, y Dionisio “Chichoy” Meza Valladolid.
Y cuando de generadores eléctricos, arrancadores “marchas” y mofles se trataba, era un dolor de cabeza, pues era casi imposible conseguir cualquier refacción para los veteranos autos.
Casi todos los carros andaban de “puchón”, o “dormían” en lo alto de una colina para darles colgado y encender sus motores cuesta abajo; pero si de mofles se trataba, casi a todos los autos, al paso de un corto tiempo de llegar al pueblo les quedaba un trocito del tubo del escape; grandes llamaradas lanzaban, alumbrando las obscuras noches, y no en pocas ocasiones encendiendo el seco pasto por donde rodaban, dejando tras de sí un ensordecedor ruido que se “encañonaba” espantando a cuanto animal se encontrara cerca.
Cuando un auto “desmoflado”, operado por un borrachito se atascaba en los grandes lodazales, su fuerte rugir se escuchaba en todo el pueblo, y como todo mundo sabía del carro que se trataba, aun sin verlo, comentaban: Fulano de tal andaba borracho, porque unos “ajelerones” se escuchaban muy fuertes.
JULIO COOPERATIVISTA PESQUERO.
Fue en 1939, cuando se abrió la primera y única cooperativa que ha existido en El Rosario, sucediendo esto por políticas del gobierno de Lázaro Cárdenas, implementadas en todo el país; entonces Julio apenas contaba con un año de edad, siendo su padre el primer cooperativista rosareño.
Cuando Julio se iniciaba ya como independiente en la buceada del sargazo, y bajo la tutela de su muy apreciado tío José Jesús “Joselío” Espinoza Peralta, con quien trabajaba en esa actividad. Por ahí de los 16 años, Julio trabajaba de sol a sol con su padre, con su abuelo, y con sus tíos Espinoza, tanto en la pesca como en la vaquerada.
En 1960, ya independiente de la tutela de sus mayores, inició como buzo en el sargazo, actividad del buceo que se extendió al abulón, erizo, pepino de mar, caracol burro, concha lapa, caracol tornillo, almeja voladora, y caracol panocha; por otra parte langosta, pesca de escama, y jaiba. Fue pescador desde 1950 como “pavo”, hasta el año 2000, es decir, durante cincuenta años; y buzo durante 38.
JULIO COMO DIRECTIVO COOPERATIVISTA PESQUERO.
En 1977 fue votado por asamblea de socios cooperativistas pescadores para servir de tesorero en el consejo de administración, cargo que junto con el de secretario después, atendió hasta 1983. Alternó con los dirigentes de todas las cooperativas pertenecientes a la Federación de Cooperativas pesqueras de Baja California, y con los de ésta misma institución, razón por la que se hizo de amigos de todos los pueblos pesqueros ubicados en la costa del pacífico peninsular, desde Tijuana, en la frontera Norte de México, y hasta las inmediaciones de la laguna de San Ignacio, en Baja California, Sur.
Sus principales aliados y compañeros durante las gestiones de Julio al frente de la cooperativa “Ensenada”, con empacadora en El Rosario, y oficinas en Ensenada, fueron: Su primo Mario Espinoza Grosso, su tío segundo Rafael Espinoza Vidaurrázaga, Aurelio Ruíz Muñoz, Jesús Lucero Romero, Inocencio Villavicencio Alvarado, Jacobo Castro Rangel, Florencio Cholico Angel, José Luis Castro Verduzco, el contador Jorge Sánchez Gutiérrez, Evaristo Morales, Mario Mora, Santiago Espinoza Márquez, Sigifredo Burgoín Peralta, Genaro Murillo Peralta, Pilar Gerardo Davis; y muchos más, siendo su principal consejero, su tío, el experto que fue en esos menesteres: Antonio Leobardo “Quirino” Espinoza Peralta.
DELEGADO MUNICIPAL JULIO ESPINOZA GARCIA.
Cuando en 1983, la asamblea votó por otras alternativas para la administración de la cooperativa, entonces Julio regresó de Ensenada a El Rosario, volviendo a la pesca, entregado en cuerpo y alma a la actividad, pero el mismo año de 1983, la Federación de Cooperativas lo propuso para Delegado Municipal de El Rosario, ante la administración de David Ojeda Ochoa, siendo Norberto “Nene” Eaton Aguilar, quien le dio la bienvenida a esa labor, que desempeño hasta 1986.
JULIO DE REGRESO A LA PESCA:
Cuando en 1986, regresó Julio a la pesca, ya no fue a la cooperativa, sino a formar junto con sus familiares más cercanos, una empresa dentro del Ejido “Reforma Agraria Integral”, con asiento en El Rosario, dentro del cual los rosareños trabajaban sus actividades de vaquerías, y en la cooperativa la de pesca.
Las políticas y las intrigas, así como los intereses mezquinos de los perecederos grupos de poder dentro de los partidos políticos, levantaron tal escándalo, tal ruido, pues en medios informativos, y prensa escrita, con reporteros afines, por no decir que vendidos al más fuerte; anunciaban que los campesinos y vaqueros, en El Rosario, estaban invadiendo el mar de los pescadores, cuando eran las mismas personas socios de las dos organizaciones: De la cooperativa y del ejido.
Desde luego que la manipulación venía desde México capital, desde los escritorios, o desde los cafés donde se reunían el secretario de pesca en turno, y sus achichincles que dividieron al cooperativismo nacional, y a muchos auténticos pescadores, los sustituyeron con “mapaches” que llevaron a los pueblos desde todas partes, y que de pesca sabían, lo que un hombre de parir un hijo sabe.
Pero si supieron aquéllos nefastos mapaches, como enfrentar a los pescadores contra los ejidatarios, que al fin eran padres y hermanos. -Esa fue la causa por la que dejé de salir a pescar el día 22 de enero de 1990-.
JULIO EN LA EXPORTACION DE PRODUCTOS PESQUEROS.
Después de 1990, Julio se dedicó a trabajar el erizo como dirigente de la empresa ejidal que junto con familiares y amigos formó, exportando sus productos a Japón, al gran mercado de abastos ubicado en el sur de Japón, en la ciudad de Fukuoka, trayendo por esa actividad a México, cientos de miles de dólares al año, y que quedaron esparcidos en la economía de infinidad de familias.
En 1998, se retiró de la planta procesadora y exportadora de erizo al Japón, principalmente por la caída de los precios internacionales de gónada de erizo de mar, debido a la entrada al mercado del erizo ruso, extraído de la isla Sajalín, y del mar de Ojotsk, ambos del territorio perteneciente a Rusia; y además por la fuerte competencia de otros ocho países exportadores de ese producto, además de México, teniendo al Japón como único consumidor de ese alimento.
JULIO EN LA MINERIA:
El mismo año de 1998, se dedicó a extraer “piedra laja”, a pico y pala, a marro y cincel, de un terreno de su propiedad, ubicado en San Jorge, en la comarca rosareña, actividad que le dejó algunos dividendos, aunque no los deseados, razón por la cual junto con su esposa Rufina, instaló una tienda en su casa de El Rosario, de la que se apoyaron para la manutención durante varios años.
JULIO ESPINOZA GARCIA: MI PADRE, SE FUE…
Bien podría escribir muchas páginas más sobre la incansable vida productiva de mi padre, quien el pasado día lunes dos de abril de 2012, a las 9:15 de la mañana en Ensenada, a la edad de 73 años, dejó de existir, se fue de este mundo estando de pie, sin dejar de trabajar…El próximo 22 de mayo cumpliría 74 años de edad, pero ya no fue posible.
Ahora, entre mis pensamientos encontrados me pregunto:
¿Y qué pasa con tantísimas actividades que realiza una persona en la vida?
Se entrega, casi sin voltear a ver al de enseguida, dale, y dale, y de repente: Se acabó, así, sin más, ni más.
La tranquilidad que me acompaña es que mi padre, vivió una vida plena, como a él le gustaba, con infinidad de errores, pero con múltiples virtudes, vivió como quiso vivir, y se fue de repente, sin estar enfermo, o al menos sin queja alguna, se fue como todo un caballero, así como nos enseñaron nuestros viejitos, sin una queja, sin un lamento, contento por haberle cumplido a la vida, y ahora ya se encuentra entre los que lo vieron nacer, entre nuestros viejitos, allá con sus padres, abuelos, bisabuelos, descansa en el mismo panteón donde yacen nuestros antepasados, y esperando que algún día con los brazos abiertos nos habrán de recibir.
A su velorio en Ensenada, el mismo día dos de abril concurrió una bastedad de amigos, y familiares, le llevamos un conjunto norteño, pues era su música querida, y luego le cantaron su corrido: “Julio Espinoza Garcia”, que en La Paz, Baja California, Sur, le compusieron hace unos quince años, así fue de apreciado mi padre.
Y en su velorio en su casa en El Rosario, se repitió la bastedad de acompañantes, fueron desde muchos pueblos, y en su cortejo desde la iglesia al panteón, unos ocho kilómetros de distancia, la música lo acompañó, recordando la alegría con que vivió.
El próximo 15 de abril cumplirían mis padres 55 años de casados, unieron su vida sólo un año antes de mi nacimiento, pero por desgracia o porque la vida nos lleva por los caminos menos imaginados, no tuve la oportunidad de vivir entre mis padres y hermanos, más que un breve lapso de mi vida.
Y en corto les comparto que, mi padre era muy formal en sus tratos; se sentía muy orgulloso de ser de El Rosario, y quería tanto a su pueblo y su gente, que cuando se presentaba con alguien decía, con el brazo estirado y la mano tendida: “Julio Espinoza García, es mi nombre, y soy de El Rosario, Baja California.
Y si cuando se presentaba había sólo hombres, no mayores que él, agregaba:
Un pueblo donde la mujeres mejor mal paren, que parir cabrones”…
Y si había mujeres, sólo pronunciaba la primera parte de su presentación; lo mismo que si estaba en presencia de hombres mayores que él, a quienes se le había enseñado a respetar, dada su mayor experiencia en la vida.
Esto ha sido una mínima parte de lo mucho que de mi padre puedo escribir.
Algún día nos volveremos a ver padre y yo…
AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
14 DE ABRIL DE 2012.
El presente es trabajo intelectual de su autor, quien lo tiene protegido bajo patente 1660383, se permite su uso, siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y no sea con fines de lucro, políticos, ni comerciales.
NOTAS RELEVANTES:
Julio Espinoza García y Rufina Arroyo Castro: Mis padres, se casaron el 17 de abril de 1957, en El Rosario, Baja California, siendo el Juez Don Enrique Carmona. Julio de 19 años de edad, y Rufina de 17.
Julio Espinoza Garcia (22 mayo de 1938- 02 de abril 2012), fue descendiente directo del español Juan Nepomuceno Espinoza, el primero de los Espinoza que llegó a Baja California, en 1755.
En el siguiente orden de aparición de los Espinoza hasta llegar a la tataranieta de Julio Espinoza García y Rufina Arroyo Castro, asentando en cada generación a la esposa de cada uno de los Espinoza de quienes descendemos en forma directa.
Primera Generación: Juan Nepomuceno Espinoza (1730-1799) y Loreto Castro (1758-1838): Nativa peninsular de la frontera Guaycura-Cochimi.
Segunda Generación: Carlos Espinoza Castro (Primer Espinoza nacido en Baja California, en la misión de Loreto: 1778-1883) y Maria Dolores Salgado Camacho (San Vicente Ferrer, 1809- El Rosario, 06 octubre de 1892).
Tercera Generación: José del Carmen Espinoza Salgado (El Rosario 1838, San Juan de Dios 1913), Maria de la Cruz Marrón Carrillo o Murillo (Loreto, BCS, 1839- San Juan de Dios 1914).
Cuarta Generación: Policarpo Espinoza Marrón (El Rosario 1857-1928), y Balbina Peralta Véliz (Comondú, Baja California, Sur 1859- San Juan de Dios 14 de octubre de 1908).
Quinta Generación: Santiago Espinoza Peralta (El Rosario 1878- 20 de mayo de 1962), y Josefa Peralta Ramirez (El Rosario 1887-1932).
Sexta Generación: Alejandro Espinoza Peralta (San Juan de Dios 01 de octubre de 1912- Ensenada 21 de agosto de 1991), y María Visitación García Marrón (El Mármol, Baja California 02 de julio de 1914, San Quintín, B.C. 13 de diciembre de 1987).
Séptima Generación: Julio Espinoza García (El Rosario 22 de mayo de 1938- Ensenada, B.C. 02 de abril de 2012), y Rufina Arroyo Castro: (Numarán, Michoacán 08 de junio de 1940).
Octava Generación: El autor de este trabajo: Alejandro Espinoza Arroyo (El Rosario, B.C. 01 de diciembre de 1957), y María Magdalena Jáuregui López: (Estación Victoria, Valle de Mexicali, B.C. 01 de mayo de 1965).
Novena Generación: Alejandro Espinoza Jáuregui (San Quintín, B.C. 05 agosto de 1987), y Ariana Montiel Arzate (Querétaro, Querétaro 1993)
Decima Generación: Isaac Alexander Espinoza Montiel (mi nieto): (Ensenada, B.C. 26 de septiembre de 2010)
Onceava Generación: Mya Natalí Soto Monge: (El Rosario, B.C. 2011), es tataranieta de Julio Espinoza García y Rufina Arroyo Castro, por linea de Héctor Espinoza Arroyo y Rosa Emérita Verdugo Peralta, su hija Yulma Inés Espinoza Verdugo, y su nieta Yulma Angelica Monge Espinoza: Madre de Mya Natalí.
SUS ONCE HIJOS Y DEMAS DESCENDIENTES FUIMOS, DE MAYOR A MENOR:
1.- Alejandro Espinoza Arroyo (El Rosario, Baja California, 01 Diciembre de 1957), casado con Maria Magdalena Jáuregui López (Estación Victoria, Valle de Mexicali, baja California, 01 de Mayo de 1965): Nuestros hijos: William (El Rosario, Baja California, Enero de 1983, El Rosario, Enero de 1983); Alejandro (San Quintín, Baja California, 05 de Agosto de 1987);Laura Delia (Ensenada, Baja California, 31 de Octubre de 1989), y Magda Alejandra (Ensenada, Baja california, 16 de Mayo de 1997). Isaac Alexander Espinoza Montiel (Ensenada, Baja california, 26 de Septiembre de 2010; hijo de Alejandro y Ariana Montiel Arzate.
2.- Héctor Espinoza Arroyo (El Rosario, Baja California, 17 de Diciembre de 1958), casado con Rosa Emérita Verdugo Peralta (Ensenada, 09 de Junio de 1956); Sus hijos: Yulma Inés, Héctor, y Angelica. Hijos de Yulma Inés, y Rafael Monge Real: Yulma Angelica, y Hector Rafael; hija de Yulma Angelica: Mya Natalí Soto Monge.
3.- Eduardo Espinoza Arroyo (El Rosario, Baja California, 30 de Mayo de 1960), casado con Ana Mosqueda Camacho: Su hija Dulce María, que a su vez procreó a dos hijos Beatriz, y Luis, cuyo padre es Luis (¿?).
Eduardo Espinoza Arroyo, casado en segundas nupcias con Lourdes Liera Mayoral, de San Ignacio, Baja California, Sur, procrearon a: Rufina, y Lourdes: Mientras que Rufina casada con Francisco Hernández, padres Eduardo, y una niña.
4.- Delia Espinoza Arroyo (El Rosario, Baja California 19 de Mayo de 1961), casada con Jesus Villarreal Meza, padres de: Jesus Antoni, Adriana, y Nieves Maria; a sus vez: Jesus casado con Damaris Duarte Quijada procrearon a Cassandra Suzet; Jesus Antoni casada en segundas nupcias con Lizbeth Garcia Arauz procrearon a: Kenya Alondra; Jesus Antonio y Laura Rosely Maldonado procrearon a: Kevin Jesus, Katherine Lee, y Kob (niño).
Adriana casada con Roberto Cholico Muñoz procrearon a: Roberto, Martha Delia, y Karen; mientras que Nieves María casada con Efraín García procrearon a: Ashley Leonor.
5.- Piedad Olivia Espinoza Arroyo: (El Rosario, Baja California 13 de Enero de 1963): Madre de José Andrés Acevedo Espinoza, y casada con Andrés Villa Pico, procreó a Javier, y Andrea Olivia.
6.- Adalberto Espinoza Arroyo (El Rosario, Baja California, 10 de Marzo de 1964), casado con Yanin Cortés Pereza, procrearon a Sair Adalberto, y Julissia Yanin: A su vez Sair Adalberto y Rebeca Crisóstomo, son padres del niño Sahir Adalberto.
7.- Carlos Espinoza Arroyo: Nació y falleció en El Rosario, Baja California, en Enero de 1965.
8.- Julio Espinoza Arroyo (Ensenada, Baja California 23 de Diciembre de 1965), casado con Esther Rubio procrearon a: Elsa Annel, madre a su vez de Valeria Gaxiola Espinoza, y Diego: Elsa Annel es casada con Carlos ¿?, de origen Guatemalteco.
Julio Espinoza Arroyo, casado en segundas nupcias con Carmen Meza Valladolid, procrearon a: Leonardo, y Julio.
Julio Espinoza Arroyo, casado en terceras nupcias con Maricela Gallegos Navarro, procrearon a: Yiomara Lissette, y Jesus Julián.
9.- Librado Espinoza Arroyo: Nació y falleció en El Rosario, en marzo de 1966.
10.- Armando Espinoza Arroyo (El Rosario, Baja California, 15 de Junio de 1968), casado con Lourdes Pérez Corral, procrearon a: Jorge Armando, y José Alberto.
11.- Julio César Espinoza Arroyo (San Quintín, Baja California, 09 de Junio de 1972), casado con Siomara Lourdes Espinoza Figueroa, procrearon a: César Antonio, Pablo Fernando, y Oscar David.
Julio César Espinoza Arroyo casado en segundas nupcias con Noemí Gonzalez Fuerte, procrearon a: Dayana, y Julio César.
COMPADRES DE JULIO ESPINOZA GARCIA:
El primero de todos fue su primo: Arnulfo García Vidaurrázaga, y Paulina De la Tova Duarte; y su también primo: Eugenio Espinoza Grosso y Victoria Peralta Duarte: (mis padrinos).
Leobardo Martinez Duarte: “Su compadre Lagarto aventurero”, Juan “Cachirri” Duarte Peralta, Benjamín “El Viejo Benny” Reseck Núñez, y Bertha Duarte Valladolid; Pablo “Perico” Acevedo Ruiz; Juan Gonzalez Durán, y María Luisa de Gonzalez; Saturnino Díaz, y Agripina de Díaz; Federico Aguilar Aguilar, y Carolina García Vidaurrázaga; Isabel Espinoza Romo, y Amadeo “Quitito” Peralta Murillo, Herminio Espinoza Romero, y Evangelina Murillo Peralta, y tantísimos más.
CORRIDO “JULIO ESPINOZA GARCIA”.
“Les cantaré éste corrido,
amigos con entusiasmo,
es pa’ Don Julio Espinoza,
muy buen buzo de El Rosario,
La gente de aquél pueblito,
lo quiere y con razón,
pues sus productos marinos,
llegaron hasta el Japón.
Es un hombre muy alegre,
honesto y trabajador,
pues grandes cooperativas
con orgullo les formó
Siempre tuvo la entereza,
que su pueblo progresara,
él por eso trabajaba,
porque era hombre de honor.
Hablado: (Vaya un saludo del viejón Espinoza, para todos los buzos,
De El Rosario, y de la Baja California, los que están, y los que se fueron).
Mucho le gustaba el baile,
allá por aquéllas fechas,
Y a caballo se tendía,
por esos montes y brechas.
Bonito San Vicentito, donde Julio se paseaba,
Visitaba a Rufinita,
a la que él enamoraba,
Y la gente le aplaudía,
porque bailaba bonito
La canción de los siete mares,
que era la que le gustaba
Contento llegaba a El Rosario,
pues él era mucha alegría,
Se despide de sus cuates:
Julio Espinoza García”.
Este corrido fue compuesto en La Paz, Baja California, hará unos 15 años, allá por 1997, es de autor desconocido, pero con la participación de mi primo Victor Manuel Rojo Arroyo, y con datos tomados de mi primer libro: ‘LOS ROSAREÑOS”: 1992.
A manera de dar una idea de cómo mi padre percibía su entorno, les compartiré algunos arreglos, que según yo, son poemas, y los compuse en 2008, y que ahora los dedico a su memoria, y a su entereza como Bajacaliforniano, y no como ‘BAJEÑO”, que es la manera en que los gringos, y algunos mexicanos “picados de gringo”, o por ignorancia histórica, nos quieren hacer llamar…
POEMA:
“LOS VAQUEROS DE MI TIERRA”
“Los vaqueros de mi tierra, se han logrado convencer;
Que los días siempre son largos,
¡Y empiezan, mucho antes del amanecer!
Vaqueros, caballos, monturas, y mulas;
Con sus tareas tan rudas,
Siempre viajando en campo abierto;
En la montaña, y el desierto; de rocas, chollas, víboras,
Y de peligros cubiertos;
Ven como la vida se va, sin nunca perder el aliento.
Cuando el ganado se busca, entonces se le campea;
Hallando toros muy viejos, vacas, vaquillas, y lepes;
Con sus reatas bien trenzadas, pronto al corral las arrean;
Si por la fuerza la reata truena, un botón se le palmea.
OH vaqueros de mi tierra, que a lo rudo se han hecho;
El desierto no los deja, siempre están bajo su acecho;
Que seria de nuestra tierra, si dejaran de existir,
¡Lo que no se entendería, pues aquí, así se empezó a vivir!.
OH vaqueros de mi tierra, sus monturas son su hogar;
Las montañas su familia, las veredas son sus guías;
Y por estas de tanto andar, con sus vidas han de terminar;
Y entonces desde lo alto, a los nuevos han de guiar.
Vaqueros de mi tierra, nunca se puede ignorar;
Que ustedes son la raíz, con la que mi tierra empezó a florear;
Más de doscientos años de campear, y más campear,
Será muy fácil decirlo, pero no se puede olvidar.
Los vaqueros de mi tierra, saben mucho valorar;
Al alto cielo estrellado, al desierto, montañas, y al mar;
El agua su mejor aliado, que siempre han de llevar;
Su tesoro mas preciado, el agua no tiene igual.
AH que veredas tan hondas, las que han dejado al campear;
En la montaña son cicatrices, para el vaquero son mucho más;
No solo en su rostro las lleva, es su alma sin cicatrizar;
¡Los vaqueros de mi tierra, nunca se habrán de olvidar!”
Autor: ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO: 05 de Agosto de 2008, PATENTE: 1660383.
Mi poema: ‘LOS VAQUEROS DE MI TIERRA” se lo facilité a mi estimado amigo Don David Acosta Montoya, para que con este arreglo dé inicio su libro: “HISTORIA DE LA GANADERIA EN BAJA CALIFORNIA”, que publicó en abril de 2009.
POEMA:
“DESAPRECIDOS PESCADORES”
“Desaparecidos los pescadores, que salían de madrugada;
Con la esperanza muy fija, en busca de su sustento,
Que al océano le arrancaban.
Dejando tras de si a sus familias queridas;
Que muchos no volvieron a ver,
Pues sus vidas pasaron al océano a pertenecer.
Ya nunca los volveremos a ver, el océano tan inmenso;
Los hizo desaparecer,
Sin dejar ningún rastro;
La tristeza invade todo mi ser
Por eso en las islas han nacido,
Esto siempre se nota;
Sus almas que vuelan, como si fueran gaviotas.
Fría corriente marina, ¿Para qué te los llevaste?
¡Tú para que los querías!;
De cualquier manera, ni te conformaste.
Y sus familias desde la orilla te miran;
Con la nostalgia, la tristeza, y la ira,
Sin poder siquiera reclamarte.
Inmenso y bravío océano; ¿Tú para qué los querías?,
¿Que no sabes lo que les quitaste?;
¡Nada menos, que la vida!”
Autor: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo, Patente: 1660383.2008.
POEMA:
“BAJA CALIFORNIA: MI TIERRA.
“Baja California, península tan querida
Que tanto te debemos; tierra, montañas, mar, y desiertos,
A los que arrancamos la vida, sin nunca negarnos nada;
Nos proteges sin medida.
Haz sido tierra tan codiciada, tierra tan generosa
No obstante ser tan agreste,
Gracias a ti nos formamos, con una templanza fuerte.
California, península, Calafia; casa y Reyna de las amazonas,
Cubierta de riquezas, desde entonces las codicias despertaste
Aún sin saber que con el tiempo, ¡a nosotros te regalaste!
En tus desiertos tan rudos, bellos paisajes atesoras,
Siendo tan variados y únicos;
De ti todo mundo se enamora.
Cómo un dedo en el mar, en el que escribes tu historia;
Y en las pinturas rupestres,
Arte y pasión atesoras.
De misiones plagadas estás; de rancheros y ranchos con sus ganados;
Desde antaño lo pregonabas, que todo el que a ti llegara,
En tu regazo lo abrazabas.
Ya tus pueblos norteños son ciudades; típicos peninsulares muy pronto las invaden;
Y los que de otras partes llegan,
Es porque tus encantos, y muy pronto todos lo saben.
Los ranchos y pueblitos del desierto y la montaña,
Son como antaño; francos, directos, y a nadie engañan;
Eso sí, amigos hospitalarios, sin recovecos;
Pues en tu suelo, esto es como un eco.
Hermosa península, en la que tuve el gusto de nacer;
Espero que no muy tarde, a tu tierra he de volver;
Y ya pasado algún tiempo, en tu regazo;
Por siempre he de permanecer.
¡Que sólo te llamas BAJA, dicen algunos por a´i!
Déjalos, no lo saben, es cómo plaga rapaz;
¡Como Baja California, eternamente seguirás!”
Autor: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo: 2008, Patente: 1660383.
POEMA:
“PUEBLO VIEJO”
“Allá en la lejana montaña, enclavado en arroyo con verde sauzal,
Se encuentra un antiguo pueblo, flanqueado por desérticos cerros, y por un bravo mar;
Su origen es misionero, histórico como otros que hay;
Asiento de muchos pioneros, que a la península vida trajeron.
Pueblo viejo con tres direcciones;
Arriba, abajo, y el otro lado;
Muchas familias aquí se asentaron, labrando y cultivando la tierra,
También a su mar se adentraron; reclamando la sierra,
En sus ranchos, sus ganados pastaron.
Viejo pueblo de la ruta misionera, de costumbres;
De costumbres tan añejas: tus cabalgatas, tus vaquerías, tus jaripeos, tu vida sana;
En el campo sus fogatas, mantienen la llama viva de tu gente campirana.
Puerta al gran desierto central de la Baja California;
Cardones, cirios, y chollas;
Los venados, águilas, y pumas, con borrego cimarrón;
Sin contar a tantos otros, que te han dado distinción.
Tus formaciones paleontológicas, sin olvidar a la geología,
Son atracciones majestuosas para la ciencia y la sabiduría;
Viejo y querido pueblo, El Rosario, del territorio el primero;
Tú bien que lo haz de saber, muchos de la Baja California,
En tu regazo, es donde empezaron a nacer;
Partiendo desde tu suelo a distintos rumbos para hacerla florecer,
Por eso pueblo de El Rosario, siempre ese orgullo habrás de tener.”
Autor: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo: 2008; Patente: 1660383.
Nuestras tradiciones, son cultura y conocimiento, conservemos y valoremos nuestro legado.
La presente investigación no sigue líneas gubernamentales, ni de orden político de ninguna índole.
Somos de la Baja California, no de la ‘BAJA’, somos pues, Bajacalifornianos, no “BAJEÑOS”.