"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

jueves, 9 de diciembre de 2010

FRANCISCO RODRIGUEZ DUARTE.

DESCENDIENTE DE EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO: JOCKY DE ALTO NIVEL EN HIPODROMOS DE MEXICO, ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMERICA, Y DE CANADA.

Francisco “Pancho” Rodríguez Duarte, nacido en San Telmo, Baja California, México, el día 28 de junio de 1924, hijo de la rosareña Gertrudis Duarte Espinoza, quien había nacido en el entonces rancho de sus padres, llamado “Santo Domingo”, en la sierra de El Rosario. El padre de Francisco “Pancho” Rodríguez Duarte, fue Francisco Rodríguez Vejar.

Su madre fue casada en San Telmo con Simón Arce, de quien al enviudar en el propio pueblo de San Telmo, pasó en 1924 a vivir a Ensenada, ya que enfermó gravemente de pulmonía; falleciendo en Ensenada su hijo Domingo. De ese lugar pasó a Tijuana, en 1928.

Al llegar a Tijuana, aquel año, su madre se dio a la tarea de recibir abonados en las cercanías de uno de los accesos del hipódromo “Agua Caliente”, en las caballerizas, que entonces se iniciaba su construcción; además se radicaron en las inmediaciones de tal sitio, razón por la que Francisco, entonces un niño de los cuatro años en adelante, se vio de repente entre los caballos, y las gentes que manejaban caballos desde el amanecer hasta bien entrada la noche; escuchaba solo platicas de los abonados, siendo todo un mundo de caballos, caballerizas, jinetes, domadores, entre otras tantas gentes que hablaban en aquel argot; y después en casa su madre y sus hermanos entablaban amplias platicas en torno a las actividades de la caballada del hipódromo de Tijuana, y que algunos “Jockeys” venían a montar a este lugar, procediendo de lejanos rincones, desconocidos para “Pancho Rodríguez”, o jamás escuchados por él.

LA PRIMERA VEZ QUE ESCUCHE EL NOMBRE DE FRANCISCO “PANCHITO” RODRIGUEZ DUARTE.

En el verano de 1964, cuando tenía apenas seis años de edad, poco antes de entrar a la primaria, en El Rosario, me encontraba un día platicando con mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, cuando de repente me pidió que fuera y trajera del corral a un caballo, que según él, era de pura sangre, y muy bueno para las carreras.

Mientras fui por el caballo, mi abuelo entró a la casa trayendo consigo un reloj, de aquellos despertadores, muy toscos, que solo usábamos para ver la hora, nunca como despertador.

Me dijo mi abuelo:

¡Vete hasta el fondo de la pista de aviones, y cuando te haga una seña, te dejas venir a todo lo que dé el caballo; lo haces derechito a esta marca blanca que puse en el suelo!: Decía esto, mientras le daba cuerda al primitivo reloj.

Así lo hice, previa media hora que anduve “tasteando” el caballo, para que entrara en calor. Aquel calentamiento era en pelo, cuando ya iba a ser la “carrera”, mi abuelo y mi padre le pusieron un pretal, me aseguraron de tal suerte que quedara solo tocando con la parte interior de las rodillas el lomo y las paletas del caballo.

Me fui hasta el final de la pista, y a la señal convenida, arranqué a todo lo que daba el caballito, siempre viendo por encimita, y por un lado de sus orejas, de manera que rompiera el viento, y que la carrera fuera lo mas aerodinámica posible.

Mi abuelo me había puesto sus lentes obscuros, muy grandes para mi, para que no me “cegara el viento”, según sus propias palabras; los famosos lentes los largué a medio taste, y que bueno, pues no me dejaban ver bien la pista.

Mi abuelo al otro extremo, miraba el tosco reloj, y volteaba a ver la loca carrera que traía el caballo, y yo en su lomo; cuando pasé frente a ellos, mi abuelo gritó:

¡Casi doos minuuutos, este caballo cab…, apenas está bueno para el arado!:

-Y así fue, dónde se le iba a escapar a mi abuelo, después de unas cuantas pruebas, la sentencia fue cumplida, aquel pobre animal trabajaba en la rastra, en el arado, y en la cultivadora; la pretensión de las carreras parejeras pasó a la historia-.

Al final de aquella carrera fui a dar la vuelta por allá a lo lejos, y cuando regresé, mi abuelo miraba el reloj, mientras sacaba cuentas, luego nos dijo:

¡Este caballo, si lo meto a las carreras parejeras, es capaz de dejarme en l’hambre!

¡Eso si, que tu motas como “Panchito Rodríguez”!, dijo dirigiéndose a mi

Aquella fue la primera vez que escuché el nombre de “Panchito Rodríguez”, a la vez que le pregunté a mí abuelo, de quién se trataba, luego agregó:

¡OH, “Panchito Rodríguez”, es hermano de Roberto Arce Duarte; vive en Tijuana, es uno de los mejores jinetes mexicanos de todos los tiempos, es hijo de mi tía “Tula Duarte Espinoza”, prima hermana de mi papá!:

A Roberto desde niño lo conocí, cuando lo miraba de inmediato lo relacionaba con “Panchito”, a quien por supuesto nunca había visto; es mas, ni mi abuelo y Panchito se vieron jamás en la vida, no se conocieron en persona; mientras que mi abuelo lo conocía de “oídas”, Panchito no supo de la existencia de su seguidor.

Pasaron largos años que en repetidas ocasiones escuchaba casi a cualquier rosareño recordar a “Panchito Rodríguez”, lo hacían todos con mucha admiración y respeto; así que cuando me tocaba montar, en el primer trote, o galope, ya me sentía “Panchito Rodríguez”, pues así lo había dicho mi abuelo, en mi primera infancia, así lo creía, y así actuaba.

Hará como un año, en 2009, mientras andábamos en recorrido de trabajo mi amigo el arquitecto tijuanense José Luis León Romero, en Valle Redondo, en Tijuana, nos encontramos con Roberto “Bobby” Magaña, y tan pronto nos presentó el arquitecto León, me dijo “Bobby”:

¡Así que eres de El Rosario, Baja California!

¿De la tierra de Roberto Arce Duarte y de “Pancho Rodríguez Duarte?

¿Si, los conoce?

Claro que si, eran hijos de doña Gertrudis Duarte Espinoza.

¿Y sabe en dónde están?:

Roberto hace poco que murió, pero “Pancho”, por aquí está en Tijuana.

Luego le dijo el arquitecto León, a Bobby:

¡Alejandro es investigador, así que ya no te va a dejar!

Pero supe que “Bobby” enfermó, por esa razón ya no quise molestarlo.

Cuando nos conocimos Rigoberto Martín del Campo Marrón, quien es mi pariente, en nuestra primer plática salió a relucir “Bobby Magaña”, fue la razón por la que lo cuestioné sobre Roberto Arce Duarte, y “Panchito Rodríguez Duarte”, diciéndome que los conocía desde mucho tiempo antes, y que incluso fueron compañeros de trabajo en el hipódromo “Agua Caliente” de Tijuana, donde Rigoberto trabajó durante treinta años.

Fue así que el propio Rigoberto concertó una cita, y me llevó a casa de “Panchito Rodríguez”, quien nos recibió en su casa el día lunes 29 de noviembre de este año, donde ampliamente platicamos.

Por cierto que Luciana Crosthwaite Breitnvash, esposa de “Panchito Rodríguez”, es familiar de Rigoberto; ya que es prima hermana de Enedina Marcolfa Marrón Crosthwaite, la madre de él. En su casa Luciana nos recibió de una manera tan amable, tan cálida, como lo hacían mis abuelos, y las gentes de esas bonitas costumbres.

Pasamos a la sala de la casa, lo hicimos, “Panchito”, Luciana, Rigoberto, y yo; tan pronto como “Rigo” nos presentó, dio inicio una amena y extensa charla, en la que se habló de infinidad de vivencias y anécdotas, tanto de “Panchito”, y de su muy fina esposa Luciana, a quien por cariño, llaman “Chana”.

¿En dónde nació “Panchito”? le pregunté.

En San Telmo, Baja California.

¿Y cómo fue que entró a eso de las carreras?, fue mi primer pregunta sobre el tema de los caballos.

Ya no estaba con nosotros Luciana.

Panchito inició su narración: “Mi mamá no me dejaba, le daba “pendiente” que me fuera a lastimar, pero después de tanto insistirle, me dio su permiso, ya para entonces tendría unos ocho años, o menos tal vez.

Ahí en la cocina con los abonados me fui metiendo en los asuntos del hipódromo, para poder llegar a ser jinete, uno debía “granjearse” el puesto, pues no era, así como así.

Primero fui limpiador de caballos, mensajero, y como mi mamá tenía su restaurante en la entrada de las caballerizas, cuando recién las estaban construyendo, también de ayudante de la cocina la hacía; les ayudaba en el hipódromo a darle sácate a los caballos, comida a los perros de carreras, a limpiarlos, apoyaba a que estuviera “de verse” el sitio por donde pasaba la clientela, y…”

¿De repente regresó Luciana, gustan un café, o un té?, le acepté un té; se fue a prepararlo.

Panchito, continuó con sus relatos: Después de tanto tiempo de “granjearme”; me dieron los jinetes la oportunidad de “galopear” caballos, y así me fui metiendo, para entonces mi madre ya no tenía desconfianza, mientras que en el hipódromo ya me conocía medio mundo, ya tenía unos doce o trece años de edad, ya había trabajado en casi todo…

Regresó Luciana, con el té, diciendo al entrar:

¡Noo, si a Pancho, lo único que le faltó, fue ser dueño del hipódromo, de ahí en fuera, de todo la hizo!: Fue arrancador, entrenador, agente de jockeys, ensillador, o valet, fue jockey, juez, y tantas cosas mas.

La primera vez que monté, -continuó Panchito-, ya como “Jockey” fue el día 7 de diciembre de 1941, el preciso día en que Japón bombardeó a los gringos en “Pearl Harbor”; ese día dice “Panchito” que montó a tres caballos.

El día 6 de marzo de 1943, en que se inauguró el hipódromo de “Las Américas” de la ciudad de México, “Panchito” estuvo montando durante los tres meses que duró la temporada, la que cerró el 6 de junio de aquel año; regresó a Tijuana, al Hipódromo “Agua Caliente”, donde siguió montando.

En la segunda temporada en el hipódromo de “Las Américas”, en México Capital, iniciada el 12 de octubre de 1943, gané los 51 hándicaps que hubo aquella temporada; es decir; gané todas las carreras, las que se realizaron domingo a domingo, durante 15 semanas.

¡Gané 51 carreras al hilo!, pero eran tan bajos los sueldos entonces; fíjense pagaban 25 pesos al jinete ganador, y 10 a los que no ganaban; de ese sueldo pagábamos, ensillador, comida, y otras cosas, así que, qué nos quedaba. Aunque en 1946, en Canadá, ganábamos de 35 a 40 pesos los de primer lugar; mientras que los de segundo en adelante ganaban entre 15 y 18 pesos por carrera; no como ahora, que un jockey de nivel mundial, como lo fui yo, gana cientos de miles de dólares por temporada. ¡Qué tiempos aquellos, y qué tiempos estos!

Se va de nuevo, Luciana.

“Panchito” continúa con sus relatos:

Cuando gané aquellas 51 carreras al hilo, entré al salón de la fama, y en la premiación que me hicieron, fue a María Félix, “La Doña”, a quien le tocó coronarme de campeón, por eso esa foto con ella la tengo en la sala, mírenla verán que bonita era nuestra artista, nuestra diva: María Félix.

Bajé la foto, la vimos, mientras tanto regresó Luciana, diciendo mientras llegaba, y nosotros mirábamos la foto:

¡Fíjense, que suerte la mía!

¡María Félix, dejó a su esposo el compositor y artista Agustín Lara, por Pancho; y Pancho la dejó a ella por mí; no cualquier mujer puede decir eso!: ¿Apoco no es suerte la mía?

Y continúo comentando: Tan bonito que componía y cantaba Agustín Lara, mucho me gusta cantar sus canciones: “Farolito”, “María Bonita”: ¡Qué bonita música, cómo me gusta cantarla!:

Luego “Panchito” agregó:

¡“Chana” todo el día canta, ni escucha lo que uno le dice por andar cantando!

Pues claro, si yo me crié entre pura gente alegre; toda mi familia de La Misión Vieja, y de El Descanso, somos muy alegres.

Y siquiera le dieron un reconocimiento oficial a Pancho por aquellas victorias; se lo entregó el gobierno mexicano, solo que veinte años después: dijo Luciana.

¡Si, me lo entregaron mucho tiempo después que ya me había retirado, siempre creí, que a nuestro gobierno mexicano no le interesaban nuestros triunfos!

En 1946, lo contrataron para montar en Vancouver, Canadá, en el hipódromo “Lens Down”, de donde pasó contratado al hipódromo “Long Acres”, del Estado de Washington, Estados Unidos de Norteamérica.

En 1946 y 1947 regresó a Tijuana, donde en una carrera se cayeron ocho jinetes, ya que en la carrera se quebró el caballo de enfrente, solo llegaron al final de aquella carrera cuatro caballos; dentro de los jinetes accidentados estaba “Panchito”, quien estuvo en observación ocho días, y según los doctores solo se le había estrellado el cráneo, así que no pasó a mayores, y continuó su trabajo de jockey.

Panchito se retiró de jockey en 1950, pero siguió trabajando en el hipódromo de Tijuana, hasta 1985, año en que se retira definitivamente de aquel su trabajo que lo mantuvo ocupado por varias décadas.

Como ya lo dijo Luciana, a Panchito, solo le faltó ser dueño del hipódromo, ya que de todos los trabajos que allí se dieron, los realizó, pasando sus últimos 17 años de juez de partida, es decir, era él quien les daba el visto bueno a los jinetes, y a los caballos, para que pudieran arrancar.

Recuerda que en 1943, se suspendieron las carreras en Estados Unidos a causa de la segunda guerra mundial, razón por la que se realizaban en México, cuando entonces había a nivel mundial solo dos “jockeys” mexicanos: Francisco “Pancho” Rodríguez Duarte, y José Martín del Campo Rodríguez, tío de Rigoberto.

De los hijos de Francisco Rodríguez Duarte y Luciana Crosthwaite Breitnvash; Fernando José, y Fausto Javier, fueron jockeys en hipódromos de San Francisco, y de Santa Anita, en Estados Unidos. Fernando José, sigue aun en las actividades de los caballos; vive en San Francisco, California, EUA.

En otra parte de la charla, le pregunté a “Panchito”:

¿Cómo era la Tijuana que usted conoció cuando era niño, y joven?

“Aquí, donde estamos, atrás del hipódromo, se le llamaba “La Coyotera”, aquí un hermano de Chana, se ganaba la vida matando los coyotes, por ese trabajo le pagaban; mi cuñado Adolfo Crosthwaite Breitnvash, era muy buen coyotero.

Por aquí, por atrás, en los años treintas del siglo veinte, había un cerco con postes de fierro, y alambre de púas, de color rojo, hasta allí llegaba la zona libre, hasta El Rancho Alegre”, o sea que era una franja desde la línea fronteriza, hasta aquí atrás, donde ahora está el bulevar “Alba Roja”, de allí para el sur, cualquier cosa debía pagar impuestos, si es que se quería cruzar, pero entre la línea fronteriza y el cerco rojo, no.

En lo que ahora se llama Colonia 20 de noviembre, antes se le llamaba: “El Bajío”; vivían allí en 1929, “Chema Márquez”, Don Macario; muchos años después llegó don José León Ramos con su familia, y muchas otras, así se empezó a poblar, la zona que ahora llaman: “20 de noviembre”.

Tijuana, no era mas que una orillita, por la margen izquierda del río, para los cerros, nada, en la mesa de Otay, nada, en Playas, nada, solo Tijuana, el pueblito de “La Presa”, Rosarito, El Descanso, La misión Vieja, y muchísimos ranchos por todas partes, desde aquí, hasta Tecate, desde Cueros de Venado, hasta Valle de Las Palmas, y hasta Ensenada; bueno toda la península eran solo ranchos, y casi todos nos conocíamos, y los que no, nos tratábamos con mucha familiaridad y respeto, nada se nos perdía, no le robábamos a nadie. Cuando alguien moría, casi moríamos todos juntos con aquella persona; a todos les decíamos “tíos” por respeto, nuestros padres con una mirada nos decían mil cosas,…”

Bueno, hasta aquí dejo por esta ocasión la entrevista a “Panchito Rodríguez”, aquel hombre a quien en mi niñez alguna vez emulé, dejo también mi agradecimiento a Rigoberto Martín del Campo Marrón, y por supuesto acobijo la entrañable generosidad y suave personalidad de Luciana, a quien en algún momento pregunté por su fecha de nacimiento, contestándome:

¡Nací en la Misión Vieja, Baja California, el día 7 de enero, y el año,….ese lo tendrán que suponer ustedes…bueno pues, de 1930!, agregó al fin.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

INGENIERO ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO

MARTES 07 DE DICIEMBRE DEL 2010.

NOTAS RELEVANTES:

Cuando en el texto aparece “La Misión Vieja”, es en referencia a la misión dominica: “San Miguel Arcángel de la Frontera”, fundada el 12 de marzo de 1787, por Fray Luis de Sales; aunque un año mas tarde se cambió 7 kilómetros al norte del sitio original. La misión se encuentra localizada en el valle de San Miguel, el es cruzado por el arroyo del mismo nombre, a 55 kilómetros al sur de Playas de Rosarito, y 35 al norte de Ensenada, Baja California. Es esta la misión dominica la más norteña de esa orden en la península, y la más sureña es El Rosario.

Gertrudis Duarte Espinoza, madre de “Panchito Rodríguez”, fue hija del sudcaliforniano Domingo Duarte Cossio, y de la rosareña Gertrudis Espinoza Marrón.

Los hermanos de Francisco Rodríguez Duarte fueron:

Simon Arce Duarte (nacido en San Telmo, Baja California en 1909), vivió en Tecate, trabajó en la construcción del camino de Tijuana a Mexicali, y en la Cervecería Tecate, en Tecate, Baja California.

José Gabriel Arce Duarte, Elisa Arce Duarte, Secundina Arce Duarte, falleció por tristeza de llorara a Simón su hermanos quien estaba enfermo, pero falleció primero ella que él.

Roberto Arce Duarte, al único que conocí, ahora también a “Panchito”.

Francisco Rodríguez Duarte

Amado Ojeda Duarte, el menor de todos.

Francisco Rodríguez Duarte y Luciana Crosthwaite Breitnvash, se casaron en Tijuana el 6 de diciembre de 1947, o sea que ayer cumplieron 63 años compartiendo toda una vida; sus hijos son:

Los tres “FJ”: Francisco Jesús, Fausto Javier, Fernando José, y las hijas María de Lourdes, Analina, y Alicia.

Los padres de Luciana fueron: Francisco Javier Crosthwaite Gilbert, y Amelia Confianza Breitnvash López, quien nació en la pura línea entre México y Estados Unidos. Por lo que Luciana es descendiente por padre de irlandés, y por madre de alemán. De sus hijos Francisco Jesús vive en san Francisco, California; Analina en Bakersfield, California, Estados Unidos; Alicia en Morelia, Michoacán, México; mientras que los demás viven en Tijuana.

La rosareña Lucia Cota Fernández fue casada con Alfredo Crosthwaite McAleer, quienes vivieron en El Descanso. Como dato para el rescate histórico, dejo asentado que Lucia fue hija de Fermín Cota Amador, quien falleció a los 46 años de edad en El Rosario, el día 20 de noviembre de 1909, y que entonces la madre de Lucía, Carmen Fernández contaba con 32 años de edad. Fermín falleció de congestión cerebral. Sus hijas Lucía, y Beatriz constantemente visitaban su tumba en el panteón misionero de El Rosario.

Francisco Rodríguez Duarte, es descendiente por parte de “Espinoza” de El Rosario, desde Juan Nepomuceno llegado a Baja California en 1755. Para mayores detalles se puede consultar el articulo: “José Loya Murillo, y María Josefa Espinoza Peralta”; ya que para las familias “Loya, Duarte, y Espinoza”, es la misma línea ancestral, hasta 1755, en que he logrado investigar.

Y por no dejar, para los descendientes de Panchito y Luciana dejo asentados quienes fueros los hermanos de su abuela Gertrudis Duarte Espinoza, dejo asentados sus nombres y con quienes se casaron:

Fernando “Tilico” fue casado con María Peralta Murillo

Francisco “Chicurales” fue casado con Faustina Valladolid Ortiz

Salvador “Cuatito” fue casado con Anita Valladolid Ortiz

Concepción “Chinito” o “Rey de los Yaquis” fue casado con Josefa Valladolid Ortiz

Margarito tuvo una hija con Juana Ortiz Aguilar, llamada Juana Duarte Ortiz

Margarito fue casado con Elvira Peralta Murillo

Catarino fue casado con Josefa Arce de San Telmo, Baja California.

Dominga fue casada con José Valladolid Ortiz

Cruz fue casada con Anastacio Villavicencio Arce.

Gertrudis ( madre de Francisco” Panchito” Rodríguez Duarte, fue casada con Simon Arce de San Telmo, Baja California. Gertrudis falleció en Tijuana, en 1959.

En casa de los Rodríguez Crosthwaite vivieron mientras estudiaban su escuela elemental, las rosareñas: Marina Duarte Bejarano, y Azucena “Chena” Duarte Espinoza. Azucena vive en Estados Unidos en la actualidad, mientras que Marina vive en las cercanías del Cerro Colorado, en Tijuana.

Para documentar el origen de la familia ARCE, de Simón Arce, el esposo de Gertrudis Duarte Espinoza, madre de Francisco “Panchito” Rodríguez Duarte, le solicité apoyo a mi pariente el Ing. Francisco Arturo Arce Zepeda, quien es nativo de San Telmo, Baja California, quien amablemente envió el acta de nacimiento colectiva donde aparecen SIMON ARCE ESPINOZA, y sus hermanos, siendo todos ellos nietos de José Luciano Espinoza Castro, hermano de mi tatita Carlos Espinoza Castro, por lo que se puede asentar que:

Simón Arce Espinoza, fue tío abuelo de Francisco Arturo Arce Zepeda, ya que él fue nieto de FRANCISCO ARCE ESPINOZA, a su vez Francisco Arce Espinoza, fue nieto de José Luciano Espinoza Castro.

La genealogía de la familia es de la siguiente manera, según lo que se lee en el Acta de nacimiento, amablemente facilitada para este trabajo por Francisco Arturo Arce Zepeda.

“En el pueblo de San Telmo, a las once de la mañana del día primero de julio de 1888, habiendo sido trasladado el juzgado de mi cargo a éste lugar con objeto de inscribir las criaturas que hasta hoy no hayan sido inscritas en ningún registro civil, ante mi, FEDERICO PALACIO, juez del estado civil de este Distrito, compareció el ciudadano Rufino Arce, natural, y vecino de este lugar, de 52 años de edad, labrador y presento a 7 hijos, nacidos todos en esta sección:

FRANCISCO: nació el 29 de enero de 1873

ANTONIO: nació 29 de enero de 1875

RUFINO: nació el 11 de abril de 1877

SIMON: nació 11 de agosto de 1878

ZEFERINA: nació el 15 de diciembre de 1880

ANTONIO MARIA: nació el 20 de diciembre de 1882

JUANA: nació 17 de febrero de 1888”.

Nombre de los padres: RUFINO ARCE (SALGADO), y BARBARA ESPINOZA DE LAS ROSAS.

Abuelos paternos: GABRIEL ARCE y JOSEFA SALGADO (CAMACHO)

Abuelos maternos: JOSÉ LUCIANO ESPINOZA CASTRO, y MARIA FELIPA DEL ROSARIO DE LAS ROSAS ALMENARES.

Por lo que tenemos SIMON ARCE ESPINOZA, fue nieto de José Luciano Espinoza Castro, y GERTRUDIS DUARTE ESPINOZA, fue bisnieta de su hermano CARLOS ESPINOZA CASTRO.

Y Josefa Salgado (Camacho), abuela paterna de Simón, fue hermana de María Dolores Salgado Camacho, la esposa de Carlos Espinoza Castro, y bisabuela de Gertrudis Duarte Espinoza:

¡Qué pequeño es el mundo!

viernes, 3 de diciembre de 2010

PIONEROS JOSÉ LOYA MURILLO Y MARIA ESPINOZA PERALTA.

Este artículo se formó con la colaboración de Jesús Abel Loya Gaona, nieto de José y María.

Se fueron de El Rosario, y ya muy poco o nada se había sabido de ellos, mientras que unos decían que se fueron a vivir al valle de Mexicali,-Mecsicali, como los viejitos decían- al paraje de “La Mariana”, otros simplemente ignoraban su paradero, y la suerte que la vida les deparaba.

Nacidos ambos en la sierra de El Rosario, mientras que José naciera en el rancho Rosarito de los Loya Espinoza, María había nacido en el antiquísimo rancho “Espinoza”, llamado San Juan de Dios, ambos nacidos en el siglo diecinueve.

Hijo de Guadalupe Loya Espinoza, José vio la inesperada y triste partida de su padre, ya que al igual que su tío, el hermano Mayor Jesús Loya Espinoza, Guadalupe fue un incansable hombre de lucha y de trabajo; tanto lo fue, que unos rufianes, que eran mejor conocidos como “Los Indeseables”, en un asalto lo asesinaron en El Rosario, para robarle el producto de su esfuerzo diario, y disfrutar de la buena administración y el tesón de un hombre de bien, sin importar ver su sangre derramada.

Y por la parte de María, ella fue hija de Policarpo Espinoza Marrón, y de Balbina Peralta Vélis, quienes vivían entonces en el rancho de San Juan de Dios, en la sierra de El Rosario, en los días en que el juez en ese sitio era el abuelo de María, José del Carmen Espinoza Salgado; Policarpo era su hijo, y auxiliar en el juzgado, mismo que se encontraba instalado en la propia “Casa Espinoza” de aquel rancho.

Y cuando en el pueblo todos nos conocíamos, y escuchábamos a los mayores recordar a los parientes que salieron del terruño en busca de otros aires, de otros horizontes, entre ellos a José y María; luego los que no los conocimos nos preguntábamos:

¿Por qué se habrán ido del pueblo, si aquí ellos todo tenían?

Y con el paso de los años, llegamos los nuevos, perdimos de vista en los polvos del olvido, o del desconocimiento a aquellos familiares que se fueron; sin embargo ellos, los que se fueron, jamás olvidaron, ellos añoraron el regreso, el regreso que nunca llegó al hogar perdido.

Tanto fue el deseo de volver de algunos, que ese sentir lo transmitieron a sus hijos, nietos, y a veces mas allá; tal y como habrá sucedido con los descendientes de José Loya Murillo, y su esposa María Espinoza Peralta, hermana de mi bisabuelo Santiago.

Y así fue, cuando se salieron del pueblo, se fueron con rumbo a Mexicali, en donde nacieron muchos de sus hijos, nietos, y bisnietos.

En los años de la niñez y juventud de José, cuando se acostumbraba arrear ganado desde El Rosario, hasta Mexicali, para venderlo a los chinos de Pascualitos, donde lo engordaban para exportarlo a Estados Unidos.

Sobre el camino de arreo del ganado se encontraba una zona con aguas termales, en las que muchos años después, José y su familia fundarían el balneario “Cañón de Guadalupe”, que se localiza al pie de las montañas de la Rumorosa, en la zona geográfica de la laguna salada, del municipio de Mexicali.

Sin embargo antes, mucho antes de establecer ese paraíso turístico, se afanaron de manera ruda en el campo mexicalense, donde trabajaban de sol a sol, tanto José como María, sus ocho hijos, sus dos hijas, y después también algunos de sus nietos.

Acostumbrados y criados en el rigor campirano, no era el desierto de Mexicali, el que los abría de derrotar, y así se hicieron vivir, sacando sus familias adelante de manera próspera.

Mientras tanto en El Rosario, muchísimos años después de su partida, recuerdo que los mayores siempre los tenían presentes, pero sin verlos, fueron tantas las veces que de ellos escuché hablar, que cuando pude fui al pueblo de La Mariana, ya para la década de mil novecientos ochenta, fui en su búsqueda, con la mala suerte, que cuando llegué hacía un mes que había fallecido mi tía bisabuela María.

Aun así, llegué a casa de Claudio “Mi Cayo” Lara Gastelúm, hermano de Rubén, quien me dio amplias referencias de la tía María, a quien nunca conocí.

A raíz de estos sencillos trabajos que ocupan mi interés, mi pasatiempos preferido, Abel Loya Gaona, nieto de José y María, me contactó en Tijuana, lo cual fue de enorme satisfacción ya que por primera vez, y de primera mano he tenido la oportunidad de saber, escribir, y rescatar para estas memorias, en parte, algunas reseñas de la vida de nuestros familiares, que ya habíamos perdido en el tiempo, y en las prisas que la vorágine actual nos lleva, y que lo permitimos como si fuéramos a estar para siempre en este valle de las ilusiones.

Y como la sangre llama, sin lugar a dudas, el día miércoles 24 de noviembre del 2010, en que nos conocimos Abel, su hijo Osvaldo, y yo, charlamos ampliamente con frases idénticas a las que usamos en El Rosario, y eso que jamás nos habíamos visto; fuimos acompañados por Rigoberto Martín del Campo Marrón, descendiente de Perfecta Escolástica Espinoza Castro, es decir, también nuestro pariente, a quien recién conocí en Tijuana, al igual que ahora nos conocimos Abel, su hijo Osvaldo, y yo, y que también ellos no conocían a Rigoberto, ni Rigoberto a ellos, siendo que los cuatro descendemos de la misma raíz Espinoza.

Y no sólo la sangre llama, como venimos de las mismas costumbres y tradiciones, aun sin conocernos hablamos de las mismas cosas, de las mismas personas, nuestros antepasados, todos llenando vacíos existenciales que se formaron por la distancia, por el largo tiempo transcurrido, y que ahora trataremos de “llenar” aunque sea en trozos.

Y es que la mayor parte de nuestras familias tienen un origen común: La llegada de un hombre solo desde remotas tierras, se encuentra una compañera, funda una familia, y cuando el tiempo se les vino encima; la nostalgia y las añoranzas de sus terruños perdidos, su sangre, sus familias, y sus querencias los llevaban a un éxtasis, que queramos o no, a todos de una manera u otra nos involucraron, a pesar del tiempo transcurrido.

Así tenemos que, en 1755, llega a Baja California el español Juan Nepomuceno Espinoza, proveniente de Manila Filipinas, aquí en la península se encuentra con Loreto Castro, forma su familia, sin jamás regresar a España, transmitiendo a sus vástagos el éxtasis del que antes hablé. Juan Nepomuceno siempre volteaba a ver hacia el Este, lugar donde a enorme distancia se encontraba el suelo que jamás volvió a pisar.

En 1869, a lomo de caballo llega a El Rosario, proveniente de Chihuahua Ángel Loya Moreno, se hace de su compañera María de Jesús Espinoza Marrón, bisnieta de Juan Nepomuceno y de Loreto Espinoza. Ángel Loya Moreno, jamás regresa a su tierra, no vuelve a saber mas de nadie de los de su casa, y para cuando la edad lo arrincona transmite a sus descendientes el mismo éxtasis del bien nunca mas recuperado.

¡Detrás de esas montañas existe un mar, después otras tierras y luego Chihuahua!: Decía Ángel Loya a sus hijos, en ocasiones enrojecían sus ojos, y se iba con paso largo, recordaba “Nico Loya”: Su hijo.

Para 1872, igual a lomo de bestia, desde el extremo sur de la península llega a El Rosario, Domingo Duarte Cossio, se casa con Gertrudis Espinoza Marrón, hermana de María de Jesús; y de igual manera Domingo jamás regresa al lugar de su niñez, al seno materno; transmite los mismos a sus descendientes los sentimientos de ser hijo prodigo.

La mirada de Domingo Duarte Cossio se perdía en el horizonte, el horizonte del sur, lo que muy claro recordaba doña Faustina Valladolid Ortiz, su hija menor, nacida en 1901, a quien en repetidas ocasiones entrevisté.

Por ahí de 1880, llega desde Villa de la Concepción, Chihuahua, Manuel Valladolid Apodaca, quien se queda para siempre en El Rosario, donde vio nacer a sus primeros descendientes a partir de 1882, siendo su compañera la rosareña Encarnación Ortiz Aguilar.

Muchas otras familias antes y después de las citadas tienen su origen similar, por ahora nos ocupamos tanto los Espinoza, los Loya, y los Duarte, que al final de cuentas somos los mismos, estamos curtidos con las mismas añoranzas, y no solo en estas nuestras familias, el horizonte es bastante amplio, casi en cualquier familia existen carencias del calor aquel, el calor que se recibe en el lugar donde se nace, o se pasa la niñez, aquel calor que en realidad sabe, el que en realidad da paz interior: por algo existe el dicho:

¡Al desterrado, no le hables de su casa, a menos que lo quieras ver llorar!

Para el que sale de su casa tiene mil razones para haberlo hecho, incluso muy a su pesar, y no porque haya salido expulsado, que en ese caso la difícil situación crece de manera extraordinaria.

Y si a todo esto le agregamos, que los homenajeados José Loya Murillo y María Espinoza Peralta, se ven de repente en el camino sin regreso, cuando la distancia los separó de sus aires nativos, que aunque fue en la misma península, la situación de no regreso fue la misma que para sus antepasados.

Afirma Jesús Abel Loya Gaona: nieto de ellos, que sus abuelos, y ellos mismos miraban, y miraban las montañas en dirección a donde se encuentra El Rosario:

¿Qué significaba para los abuelos eso?;

¿Qué les transmitieron a sus hijos, y nietos con el fondo y contenido de esas miradas?

Sin temor a equivocarme puedo entender que les transmitieron el profundo deseo y amor por aquella entrañable tierra a la que pertenecían, y a la que jamás volvieron, eso ni duda cabe.

LA INFORMACION QUE SE ENCUENTRA A CONTINUACION, PROVIENE DE JESUS ABEL LOYA GAONA, NIETO DE JOSÉ LOYA MURILLO Y MARIA ESPINOZA PERALTA; TOMADA DE SUS PROPIAS PALABRAS, Y ESCRITAS POR EL MISMO.

“A TODOS LOS HIJOS DE MIS ABUELOS LOS CONOCI EN EL RANCHO “LA MARIANA”, CADA UNO TENIA 50 ACRES Y SEMBRABAN ALGHODÓN, TRIGO, Y MAIZ.

MI TIO EVERARDO SEMBRABA LA PARCELA A MI ABUELITA MARIA, ELLA SEMBRABA MELON, SANDIA, PEPINO, TOMATE, Y MAIZ, PARA SUS NIETOS.

RECUERDO COMO MIS TIAS JULIA Y GUADALUPE LE AYUDABAN A MI NANA EN LA COCINA, Y MIS TIOS CORTABAN LA LEÑA, RECOGIAN LOS HUEVOS DEL GALLINERO, RECUERDO A LOS GUAJOLOTES, LAS COQUENAS, EL CACARAQUEAR DE LAS GALLINAS, Y EL ALEGRE CANTO DE LOS GALLOS.

JUNTO CON MIS PRIMOS JUGABAMOS A LAS ESCONDIDAS, A LA ROÑA, Y A “LA TRAES”, AL CINTO ESCONDIDO; NOS IBAMOS A BAÑAR A LOS CANALES DE RIEGO.

RECUERDO A MI NANITA MARIA EN SU MAQUINA DE COCER HACIENDO LA ROPA PARA LAS MUCHACHAS Y REMENDANDO LAS CAMISAS Y LOS PANTALONES

MI ABUELITA MARIA ESPINOZA PERALTA TENIA UN VERDADERO HOGAR, DONDE NO SOLO EL CALOR DE LA CHIMENEA, Y LA ESTUFA DE LEÑA CALENTABAN LA CASA, TAMBIEN MANTENIAN UNA UNIDAD EN LA FAMILIA. LA VENTAJA DE LA ESTUFA DE LEÑA ERA QUE TODOS COMIAMOS A LA MISMA HORA, CENABAMOS A LA MISMA HORA, QUE ERA LA QUE MAS ME GUSTABA, YA QUE DESPUES SEGUIAN LOS CUENTOS Y LAS HISTORIAS DE LOS ABUELITOS, Y EN SEGUIDA TODOS LOS PRIMOS NOS SUBIAMOS AL TECHO DE LA CASA A DORMIR EN EL VERANO PARA VER LAS ESTRELLAS.

RECUERDO LA COCINA Y LA ESTUFA DE LEÑA, LA MESA DONDE TODOS COMIAMOS ERA LARGA EN CUYO CENTRO PONIAN LOS SARTENES LLENOS DE FRIJOLES, ARROZ, POLLO EN MOLE, LOS GUAJOLOTES, Y LA SALSA DE MOLCAJETE, LAS TOTILLAS HECHAS MANO, Y TODOS COOPERABAN UNOS COCIENDO EL MAIZ, OTROS MOLIENDO LA MAZA; CADA UNO SABIA SU RESPONSABILIDAD.

COMO OLVIDAR LOS CUENTOS DE ESPANTOS Y LOS DUENDES QUE VENIAN EN LA NOCHE, Y QUE TUMBABAN LOS TRASTES DEL ARMARIO, Y RECUERDO COMO MI NANITA NOS DEFENDIA CUANDO MIS TIOS NOS REGAÑABAN PORQUE CORTABAMOS LOS TOMATES VERDES, Y LOS MELONES.

COMO ME ALEGRABA CUANDO MI PAPA NOS DECIA PREPARENSE PORQUE NOS VAMOS AL RANCHO, ESO FUE DESPUES CUANDO MIS PADRES SE FUERON DEL VALLE DE MEXICALI A VIVIR A LA CIUDAD, EN LA COLONIA SANTA CLARA, POR LA AV. INTERNACIONAL 2383, AHÍ ESTA TODAVIA LA CASA.

HASTA HACE POCO ALLI VIVIO MI PRIMA BALBINA, HIJA DE MI TIO EVERARDO, ADOPTADA POR MI NANITA DESDE QUE NACIÓ, ELLA LE PUSO POR NOMBRE BALBINA EN MEMORIA DE MI BISABUELA BALBINA PERALTA VELIS, MAMITA DE MI NANITA MARIA. EL DIA DE HOY NUESTRA CASA ESTA SOLA Y LA CUIDA MI HERMANO ADOLFO LOYA GAONA.

CUANDO MI NANA MARIA NOS HABLABA DE SUS PAPAS Y SUS HERMANOS QUE VIVIAN EN EL ROSARIO, NOSOTROS MIRABAMOS PARA LAS MONTAÑAS QUE SE MIRAN DEL RANCHO Y NOS IMAGINABAMOS Y PENSABAMOS:

¿DONDE SERA, O ESTARA EL ROSARIO?: SIN DUDA CREO EN LOS GENES QUE HEREDAMOS DE NUESTROS ABUELOS Y TATARABUELOS.

SIEMPRE TUVE EL INTERES DE CONOCER LA TIERRA DE MIS ABUELITOS Y TODA MI QUERIDA FAMILIA, RECUERDO CUANDO MI TATA JOSE LOYA MURILLO ME PLATICABA QUE SU PAPA GUADALUPE LOYA ESPINOZA, CADA AÑO JUNTABA MUCHAS CABEZAS DE GANADO Y LAS ARREABA DESDE EL ROSARIO HASTA CALEXICO PARA VENDERLAS, QUE EL VIAJE DURABA DOS MESES; QUE DESDE EL ROSARIO A ENSENADA HACIAN 30 DIAS Y DE ENSENADA A CALEXICO OTROS 30 DIAS, QUE LES PAGABA UN PESO POR DIA A LOS VAQUEROS; QUE EL PRIMER PAGO SE LOS DABA EN ENSENADA, Y QUE ALLI LOS VAQUEROS COMPRABAN PANTALONES, BOTAS, Y TODAVIA LES SOBRABA; LLEGANDO A CALEXICO LES PAGABA LOS OTROS 30 PESOS.

LA PRIMERA VEZ QUE ACOMPAÑO MI TATA JOSE A SU PAPA, GUADALUPE, FUE CUANDO TENIA NUEVE AÑOS DE EDAD; ESO FUE POR 1907, YA QUE MI ABUELITO NACIO EN 1898, EN EL ROSARIO.

FUE EN ESAS GIRAS QUE MI ABUELITO JOSE LOYA MURILLO, SIENDO UN NIÑO CONOCIO “EL CAÑON DE GUADALUPE”, QUE NUNCA OLVIDO EL LUGAR.

ME PLATICABA QUE CUANDO SE CASO SE VINO DE EL ROSARIO CON MI ABUELITA MARIA ESPINOZA PERALTA Y QUE ELLA VENIA EMBARZADA CON MI TIO JESUS EN SU PANCITA Y QUE ESTUVIERON UNA SEMANA DESCANZANDO EN EL CAÑON DE GUADALUPE PORQUE ALLI HABIA SOMBRA, AGUA, Y DATILES.

FUE HASTA QUE CRECIERON TODOS SUS HIJOS YA PARA EL AÑO DE 1948, UN DIA PREPARARON LOS CABALLOS, MONTURAS, ENSERES, Y TODO LO NECESARIO, CRUZARON DESDE SU RANCHO EN “LA MARIANA” EL DESIERTO DE LA LAGUNA SALADA, QUE SE ENCUENTRA AL PIE DE LAS MONTAÑAS DE LA RUMOROSA, ESE VIAJE DE TODOS FUE PARA BUSCAR AQUEL OASIS DEL QUE TANTO LES HABLABA MI TATA, Y DESPUES DE VARIOS DIAS DE CABALGAR, CASI SIN AGUA PARA TOMAR, AL FIN LO ENCONTRARON, Y YA DE ALLI EMPIEZA OTRA HISTORIA.

MI ABUELITO HIZO EL DENUNCIO DEL LUGAR Y APARTIR DE ENTONCES COMENZO A GASTAR MUCHO DINERO, PARA VER LEGALIZADA AQUELLA SU NUEVA PROPIEDAD; AL PUNTO DE TENER QUE VENDER SUS TIERRAS EN “LA MARIANA”, PARA HACERSE DE FONDOS PARA CUBRIR TANTOS GASTOS.

MI TIO JOSE TAMBIEN LAS VENDIO, VENDIERON ADEMAS SUS PERMISOS DE RIEGO, LOS TRAMITES LES LLEVO MUCHOS Y DESGASTANTES AÑOS.

ALGUNOS DE MIS TIOS CUANDO MI TATA ESTABA EN EL RANCHO LA MARIANA, SE VENIAN A CUIDAR Y CRIAR CHIVAS.

ME TOCO TRABAJAR MUY DURO CON MI TATA Y CON MI TIO JOSE PARA ABRIR CAMINO HACIA “EL CAÑON DE GUADALUPE”, QUITAR PIEDRAS A PULMON, MUCHAS VECES ME QUEDE POR MESES CON MI PRIMO ERNESTO A TRABAJAR Y CUIDAR EL LUGAR.

“EL CAÑON DE GUADALUPE” FUE DESCUBIERTO POR MI TATITA GUADALUPE, Y DESPUES POR MI TATA JOSÉ SU HIJO. ESE ERA UN LUGAR DE DESCANSO FAMILIAR, AL MISMO TIEMPO DE TRABAJO, UNA JOYA NATURAL QUE MEJORAMOS EN MUCHO GRACIAS AL DURO TRABAJO DE TANTOS AÑOS; ESPERO QUE MI PRIMO ERNESTO LA CUIDE, LA CONSERVE Y QUE SIGA EXISTIENDO POR LARGO TIEMPO.

-ERNESTO Y YO SOMOS DE LA MISMA EDAD NACIMOS EN EL MES DE JULIO DEL AÑO 1949-

CONOCI A MIS TIOS ABUELOS RUPERTO LOYA MURILLO, CRUCITO LOYA MURILLO, REFUGIO ACEVEDO MURILLO EL MENOR, Y MEDIO HERMANO DE MI TATA JOSE LOYA MURILLO, PORQUE MI ABUELITA LEONOR MURILLO SE VOLVIO A CASAR DESPUES DE LA MUERTE DE MI BISABUELO GUADALUPE LOYA ESPINOZA, QUIEN FUE ASALTADO Y MUERTO EN UNA EMBOSCADA EN EL ROSARIO PARA ROBARLO, ASI ME DECIA MI ABUELITO JOSE LOYA MURILO.

EN EL AÑO 1985 FUI CON MIS HIJOS FELIX ABEL, ESTEBAN Y OSVALDO A EL ROSARIO PARA CONOCER A MIS PARIENTES, Y RECUERDO AHI ME HOSPEDE CON MI TIA BALBINA HERMANA DE MI TIO ALEJANDRO “EL “NEGRO” ESPINOZA PERALTA, Y HERACLIO, QUE ERAN PRIMOS HERMANOS DE MI PAPA EDUARDO LOYA ESPINOZA, TAMBIEN A MI TIO HERMINIO ESPINOZA ROMERO, CON QUIEN DESAYUNE UN DIA EN COMPAÑIA DE MIS HIJOS, TAMBIEN CONOCI Y CENAMOS CON MI PRIMO SERGIO “SANI” ESPINOZA GROSSO, HIJO DE MI TIO HERACLIO.

TAMBIEN SALUDE A MI TIO MANUEL “TEHUA” ESPINOZA PERALTA, Y A SU ESPOSA, MI TIA AUDA VALLADOLID LOYA, Y A UNA DE SUS HIJAS NO RECUERDO SI ERA ZOLIA, O MINERVA.

ESTUVE EN UNA FIESTA DE CUMPLEAÑOS EN MEDIO DE UNA HUERTA RECUERDO UNA MESA GRANDE, UNA PIERNA DE RES COLGADA DE UN ARBOL, Y UN ASADOR A UN LADO.

ANTES DE VENIRME RECUERDO LOS PESCADOS FRITOS EN LA DISCA PREPARADOS POR MI TIO MANUEL “TEHUA” ESPINOZA PERALTA.

RECUERDO A MI TIO ARNULFO “CHUTY” ESPINOZA LOYA, PRIMO HERMANO DE MI PAPA, POR LAS DOS PUNTAS; ERA UN HOMBRE BLANCO DELGADO, YA MUY GRANDE CASI DE 80 AÑOS, ME DIJO:

¡NECESITAS QUEDARTE DOS MESES PARA QUE CONOZCAS A TODA LA PARIENTADA!

TAMBIEN ME COMENTO:

“YO FUI A “LA MARIANA” CUANDO ERA MUY JOVEN Y MI TIA MARIA TENIA MUCHOS MUCHACHOS. PORQUE AQUÍ EN EL ROSARIO ESCUCHABAMOS QUE MI TIA MARIA TENIA MUCHOS MUCHACHOS’.

ESTA HISTORIA SE LAS PLATICO AHORA A MIS HIJOS, Y ELLOS ME PIDEN QUE SE LAS CUENTE A MIS NIETOS, Y ESO HAGO NO VAN A CREER, ELLOS SE SIENTAN Y LAS ESCUCHAN CON MUCHA ATENCION.

TODOS MIS HIJOS Y MIS HIJAS SIENTEN UN CARIÑO AFECTUOSO POR SUS FAMILIARES Y NO DUDEN QUE CUANDO SE VEAN SE DEN UN ABRAZO AFECTUOSO.

YA MI HIJA DULCE MARIA, Y NANCY “TAVITA LOYA” ME DICEN: PADRE HAY QUE PROGRAMAR UNA IDA PARA EL ROSARIO, Y CONOCER A TODOS NUESTROS TIOS Y PRIMOS’; Y LES CONTESTO:

¡MUY PRONTO HIJOS, MUY PRONTO!

SOLO CONSERVO UNA FOTO DE MI NANITA QUE LE TOME EN EL AÑO DE 1978 CON FELIX Y ESTEBAN, MIS DOS HIJOS MAYORES.

MI TATA JOSE ERA BLANCO CON OJOS DE COLOR VERDE, Y MI NANA MARIA, ERA MORENITA, MI PADRE FUE EL QUE MAS SE PARECIA A MI NANA, NADIE DE MIS TIOS TUVO LOS OJOS DE COLOR VERDE.

NO ME TOCO CONVIVIR CON LOS HIJOS DE MI TIO ARTURO, NI CON LOS DE MI TIA JULIA, Y MI TIA LUPE, NI CON LOS DE MI TIO JUAN, Y MI TIO CARLOS, Y MI TIO ANGEL, PORQUE ELLOS ERAN MUY NIÑOS EN ESE TIEMPO, O TODAVIA NO NACIAN.

MI NIÑEZ FUE EN LA EPOCA DE LOS CINCUENTAS. MI HERMANO ADOLFO SE QUEDO EN MEXICALI, EL PUDO CONVIVIR MAS CON MI TIA LUPE, MI TIA JULIA Y CON LOS HIJOS DE ELLAS.

MI TATA JOSE SIEMPRE FUE MUY MANDON Y NOS HABLABA CON MUCHA AUTORIDAD, RECUERDO QUE ME DECIA DE NIÑO ‘

¡OIGA SEÑOR USTED VALLA Y ENCIERRE LAS GALLINAS EN EL GALLINERO!

MI ABUELITA PASO SUS ULTIMOS DIAS EN LA CASA DE MIS PADRES ALLI LA ATENDIO MI MADRE Y MI PADRE, HOY DESCANSAN LOS DOS EN LA MISMA TUMBA, MI ABUELITA, Y SU HIJO EDUARDO, QUIEN ES MI PADRE, EN EL PANTEON QUE ESTA SALIENDO DE MEXICALI A SAN FELIPE. ALLI MISMO ESTA MI TATA JOSE LOYA MURILLO QUE EN PAZ DESCANSEN”. ESCRITO DE : JESUS ABEL LOYA GAONA.

Puedo dejar constancia de manera honesta que a Jesús Abel recién lo conocí el pasado miércoles 24 de noviembre en Tijuana, y que jamás había escuchado que él existiera como persona, ni él había escuchado que como tal yo existía; y que lo que escribí antes que él me enviara sus memorias, no tienen en lo mas mínimo influencia para el parecer y entender que tengo de las personas que añoran su tierra. Por eso, párrafos atrás escribí: sin temor a equivocarme…”

Al igual que Jesús Abel, también creo en los genes que de nuestros antepasados todos los humanos heredamos, sean estos buenos o no.

Solo espero que con nuestras diarias acciones, al menos nos otorguen un “Está bien”, y que logremos al menos dejar una pequeña huella en este mundo a veces tan complicado, a veces tan agradable, y en otras en las que no se sabe ni para dónde voltear, sabiendo que esto es solo la vida, y nada mas, habremos de vivirla con la mejor de las calidades posibles, buscando honrar la memoria de nuestros seres queridos que algún día nos recibirán allá donde se encuentren, y entonces nos presentaran con los viejitos que nunca vimos, pero que sabemos que existieron, y gracias a eso, ahora nosotros caminamos estos caminos antes por ellos andado, que heredaremos a los que ya llegaron y a los que están por llegar…

AUTOR DEL ARTÍCULO:

INGENIERO ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA

A PRIMERO DE DICIEMBRE DEL 2010

NOTAS RELEVANTES:

Aunque durante las narraciones a nuestra homenajeada se le llama solo con el nombre de “MARIA”, en realidad su nombre completo fue: “MARIA JOSEFA”, en memoria a una de sus hermanitas que nació y murió poco antes que ella, así que en lo sucesivo la llamaré por su nombre completo.

Los hijos de José Loya Murillo (1898-1997) y María Josefa Espinoza Peralta(1896-1980) fueron: Jesús (h), ya fallecido; Virginia (ya fallecida, fue madre de Adela, Antonio, y Angel Beltrán Loya); Eduardo (padre de Jesús Abel), José (vive en El Centro, California, EUA, cuenta con 88 años de edad); Everardo (vive en Tijuana); Arturo (vive en El Centinela, y Cañón de Guadalupe, en Mexicali, cuenta con 80 años de edad); Juan (vive en el Ejido Emiliano Zapata, de la Colonia Vicente Guerrero, Zona de San Quintin, Municipio de Ensenada, Baja California); Julia (ya fallecida, dejo varios hijos), Carlos (tiene varios hijos e hijas), Guadalupe (Mujer, vive en Mexicali, tiene un hijo y dos hijas), y Ángel (vive en Mexicali, tiene un hjio). – todos ellos primos hermanos de mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta.

Por la parte de José Loya Murillo, tenemos que:

Los padres de José fueron: Guadalupe Loya Espinoza, y Leonor Murillo.

Algunos hermanos de José: Ruperto, Cruz (h), Loya Murillo, y Refugio Acevedo Murillo.

Los abuelos paternos de José fueron: Ángel Loya Moreno, y María de Jesús Espinoza Marrón; por parte de los Murillo se desconocen de momento.

Los bisabuelos de José fueron: Juan Loya, y Laura Moreno, de Parral, Chihuahua; y José del Carmen Espinoza Salgado (1838-1913), y María de la Cruz Marrón Murillo (Loreto 1839-E Rosario, San Juan de Dios, hacia 1920). Son los datos que se encuentran en mis investigaciones.

Los tatarabuelos de José fueron: Solo se tienen datos de la parte Espinoza: Carlos Espinoza Salgado, y María Dolores Salgado Camacho.

Padres de los tatarabuelos de José: Juan Nepomuceno Espinoza, y Loreto Castro; de la ex misión de El Rosario: y Estanislao Salgado y María Camacho, radicados en la ex misión de San Vicente Ferrer, Baja California.

Y por la parte de María Josefa Espinoza Peralta tenemos que:

Padres de María Josefa: Policarpo Espinoza Marrón (San Juan de Dios, El Rosario 1857, El Rosario 1928), y Balbina Peralta Vélis, (Comondú, Distrito sur de Baja California 1856, San Juan de Dios, El Rosario, 14 de octubre de 1908).

Los hermanos de María Josefa fueron: Juventino (San Juan de Dios, El Rosario 1877, San Vicente Ferrer ¿?); Santiago, mi bisabuelo (San Juan de Dios El Rosario Mayo de 1878, San Diego California mayo 1962), Cecilio (San Juan de Dios 1880, El Rosario ¿?); Policarpo (San Juan de Dios, El Rosario, 1883, El Rosario ¿?); Adalberto (San Juan de Dios El Rosario 30 junio 1890, El Rosario 1980), José del Carmen (San Juan de Dios 1893, Ensenada 198?); María Guadalupe (San Juan de Dios, El Rosario, hacia 1885, La Grulla ¿?), Carlos (San Juan de Dios 1899, El Rosario marzo 1974), Alejandro (San Juan de Dios 1895, Ensenada 1945), Julio (San Juan de Dios, El Rosario ¿?, Mexicali ¿? Edad de 21 años); y María Josefa quien nació y murió el 18 de enero de 1894, en San Juan de Dios, El Rosario, por cuya pérdida, a la siguiente hija que les nació le repitieron el mismo nombre: María Josefa: Nuestra Homenajeada.

Abuelos paternos de María Josefa: José del Carmen Espinoza Salgado (El Rosario: 1838-1913), y María de la Cruz Marrón Murillo (Loreto, Distrito BCS 1839, El Rosario hacia 1920).

Abuelos maternos de María Josefa: Inocencio Peralta Aguiar (Comondú, Distrito BCS hacia 1838, El Rosario hacia 1900), Francisca Vélis Osuna (Comondú, Distrito BCS hacia 1840, El Rosario, hacia 1923).

Bisabuelos paternos de María Josefa: Carlos Espinoza Castro (Misión de Loreto 1778, misión San Fernando Velicatá, El Rosario 12 de mayo de 1883), y María Dolores Salgado Camacho (misión San Vicente Ferrer 1809, El Rosario 6 de octubre de 1892).

Tatarabuelos paternos de María Josefa: Juan Nepomuceno Espinoza (España hacia 1730, San Juan de Dios, El Rosario, 1799; Loreto Castro: (Misión de Loreto hacia 1758, El Rosario 1838).

Tatarabuelos Maternos de María Josefa: Estanislao Salgado, y María Camacho.

José Loya Murillo, nació en El Rosario, en 1898, y falleció en 1997, a la edad de 99 años en Mexicali, donde fue sepultado.

María Josefa Espinoza peralta, nació en El Rosario 1896, y falleció en 1980, a la edad de 86 años, en Mexicali, donde fue sepultada.

Con respecto a Jesús Abel Loya Gaona:

Nació en Mexicali, Baja California, México, el día 23 de julio de 1949

Sus padres fueron: Eduardo Loya Espinoza (04 de septiembre de 1917-21 de enero del 2002), y Sra. María Gaona Vázquez (20 de diciembre de 1920-09 de diciembre de 2005).

Sus hermanos: Bertha, Adolfo, Eduardo, Magdalena, David, Hector, y Sara Yolanda.

Su esposa: Señora María Jesús Sánchez.

Sus hijos: Félix Abel: Ingeniero Industrial, radicado en Los Angeles, California, EUA

Enoc Emmanuel: Arquitecto por la Universidad de San Diego, California, EUA

Osvaldo: Abogado, radicado en Tijuana, Baja California, México.

Dulce Maria: Psicologa.

Nancy Tabita: Maestría en Educacion Bilingue; Radicada en Chicago, Ill., EUA

Jesús Esteban: Negociante

Abraham: Certificado en Mantenimiento Industrial; radica en Sheboygan, Wisconsin, EUA.

Sus nietos: Isaac, Miríam, Kendra, Amabel, Osvaldo, Jacob, Roberto, Ana Victoria, Angela, Lizbeth, América, Abel Matsuo, y Abraham.

Cabe destacar que los nietos de Jesús Abel Loya Gaona, son nietos del tataranieto Jesús Abel, de Angel Loya Moreno, y María de Jesús Espinoza Marrón; los fundadores de este apellido en la región norte peninsular de Baja California; Es decir: Angel y Maria de Jes`s fueron la primer Generación, y los nietos de Jesús Abel, son la séptima; y por la linea “Espinoza”, son la décima; de la siguiente manera:

“LOYA”: (Siete generaciones).

1.- Angel Loya Moreno y María de Jesús Espinoza Marrón.

2-- Guadalupe Loya Espinoza y Leonor Murillo

3.- José Loya Murillo y María Josefa Espinoza Peralta

4.- Eduardo Loya Espinoza y Maria Gaona Vázquez

5.- Jesús Abel Loya Gaona y María Jesús Sánchez

6.- Osvaldo Loya Sánchez

7.- Osvaldo Loya

Y por los “ESPINOZA”: (diez generaciones), de la siguiente manera:

1.- Juan Nepomuceno Espinoza y Loreto Castro: “Mamá Espinoza”

2.- Carlos Espinoza Castro y María Dolores Salgado Camacho

3.- José del Carmen Espinoza Salgado y María de la Cruz Marrón Murillo

4.- Maria de Jesús Espinoza Marrón y Angel Loya Moreno

5.- Guadalupe Loya Espinoza y Leonor Murillo

6.- José Loya Murillo y María Josefa Espinoza Peralta

7.- Eduardo Loya Espinoza y Maria Gaona Vázquez

8.- Jesús Abel Loya Gaona y María Jesús Sánchez

9.- Osvaldo Loya Sánchez

10.- Osvaldo Loya

El rancho “Cañón de Guadalupe”, debe su nombre a la memoria del padre de José Loya Murillo: Guadalupe Loya Espinoza, en la actualidad se encuentra en funciones, se puede llegar por la entrada que se encuentra en la Laguna Salada, debajo de la sierra la Rumorosa, sobre la carretera de Tijuana a Mexicali, recorriendo un tramo de unos kilómetros de terracería, la que se encuentra en buen estado.

TAN PRONTO SE OBTENGA MAYOR INFORMACION DE LA FAMILIA LOYA ESPINOZA, DESCENDIENTES DE JOSE Y MARIA JOSEFA, SERA AGREGADA A ESTE ARTICULO.