"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

martes, 26 de marzo de 2013

HABILITACION DE UN REFUGIO PESQUERO EN PUNTA SAN ANTONIO, EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA.


Por el Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
El Rosario, Baja California
Artículo número 110
Patente 1660383
Viérnes 22 de Marzo de 2013.
“Somos de la Baja California, no de Baja'

Nuestras tradiciones son Cultura y conocimiento, valorémos y conservemos nuestro legado.


      Fue en 1988, en una ida desde la Escuela Superior de Ingeniería Civil en Obras Portuarias, perteneciente a la Universidad Autónoma de Baja California, Campus Ensenada, al centro de Ensenada, cuando el Ingeniero Marco Antonio Uribe Rojo, siendo  Director de la Escuela, y por haberse quedado 'a pie', me pidió llevarlo en mi carro a su casa, ubicada precisamente en el centro de la ciudad de Ensenada. En el trayecto, el ingeniero Uribe Rojo, quien  para entonces, y después de varios años de convivencia ya éramos amigos; me preguntó, que si de qué manera pensaba titularme de Ingeniero Civil en Obras Portuarias, a lo que contesté, que me gustaría realizar algún proyecto de tesis profesional en alguna materia que al realizarla, además de servirme para mi tesis profesional, fuera de utilidad para los pescadores de mi tierra, ya que ese es nuestro orígen, además del orígen vaquero de mi gente en El Rosario, a quienes deseaba aportarles aunque fuera 'algo' que proviniera de mis estudios.
    Tengo, dijo el ingeniero Uribe Rojo, una idea de proyecto que hace mucho tiempo, cuando fui Director del Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada, Baja California: 'CICESE', quise realizar, pero por no conocer a nadie de mi confianza en la pesca  ribereña, y que además le pudiera interesar ese proyecto, guardé la idea en medio borrador, así que si gustas, te la puedo 'dar' para que la desarrolles en el lugar que gustes, donde te parezca mejor, puede ser en el litoral del Golfo de California, o en el  Pacífico, dentro del Estado de Baja California; pero, agregó el ingeniero, conociéndote, sé muy bien que lo 'jalarás' para tu pueblo.
   Ya te imaginarás que es un trabajo 'de locos', es muchísima la investigación que deberás realizar, pues no existe información de campo, será un trabajo caro, laborioso, complejo, y desgastante.
   Dejé en su casa al Ingeniero, quedando de pasar por él al día siguiente por la mañana; y cuando eso sucedió, me entregó un puñado de viejos papeles, algunos escritos a mano y otros en máquina, que aún conservo en mi archivo histórico.
Aquí te traje lo que ayer platicamos, me dijo, de toda la gente que conozco creo que eres el indicado para realizarlo.
  Estudié aquéllos planteamientos de la idea del ingeniero, pasé a visitarlo en varias ocasiones, según las dudas que me fueron surgiendo. Me fuí documentando sobre el proyecto durante el resto de 1988, y durante todo el año de 1989, incluso en un viaje de la escuela, en noviembre de 1989, fuí al puerto de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, y a Petacalco, Guerrero, donde el ingeniero Uribe había trabajado por muchos años.
     En enero de 1990, cuando ya había terminado la carrera profesional, llegué a la oficina del ingeniero Uribe Rojo, en la Dirección de la escuela, y sín más preámbulo, le dije:
Ingeniero, llevo casi dos años estudiando para realizar su idea del 'Refugio Pesquero', y creo que es la hora que me acompañe a campo, porque he decidido que sea en Punta de San Antonio, extremo sur de la bahía de El Rosario, donde realizaré los trabajos, además ya tengo 32 años de edad, y no quiero que pase 1990, sín obtener mi titulo. -Me andaba titulando de ingeniero a los treinta y dos años de edad, mientras que el ingeniero tenía entonces, cuarenta y cinco años  de titulado, y más de setenta de edad.-
Y por qué, haz decidido que sea en ese lugar?, me cuestionó.
     En éste  par de años, le contesté, he recorrido casi todos los sitios tanto en el Golfo de California, como en el litoral del Pacífico, y por condiciones naturales cualquier lugar puede ser ideal, sín embargo he observado que los pescadores no creen en lo que les he planteado, y han sido los pescadores que se encuentran en Punta de San Antonio, los únicos que muestran  interés, aunque se les nota cierta incredulidad, pero su resistencia es menor que en los de otros sitios.
Bueno, la desición es tuya, adelante, contestó el ingeniero, sin ningún enfado.
   Para enfrentar el vasto trabajo de la investigación, invité a dos compañeros graduados en mi generación, los hermanos Daniel y David Couttolenc Suárez, para que formaran equipo de tesis conmigo, y como aceptaron, estuvimos viajando a campo durante la mayor parte de aquél año.
   Los días uno y dos de agosto de 1990, el Ingeniero Uribe nos acompañó a San Antonio, para 'su' reconocimiento de campo, y darnos las directrices del proyecto que deberíamos realizar.     
      En El Rosario, nos hospedamos el primer día en mi casa, luego pasamos a ver a mi hermano Héctor, quien nos dotó con bastantes víveres para la ida a Punta de San Antonio, nos prestó su troque, y le pidió a Federico Aguilar Aguilar para que al día siguiente nos llevara a San Antonio, fuimos además en un carrito de mi propiedad, en el que después realizamos otros diez viajes de Ensenada a Punta de San Antonio.
     Ya en San Antonio, acompañados por el Ingeniero Uribe, recorrimos a pie varios kilómetros de costa, analizamos el oleaje, la morfología costera, las corrientes litorales, la granulometría costera, y cuantos datos se deberían estudiar a fondo. Regresamos el mísmo día a El Rosario, y al siguiente a Ensenada, allá dejé al ingeniero, y regresamos los tres tesistas a El Rosario, y luego a San Antonio.
     Durante el período de los estudios acampamos a la orilla de la playa en dos pequeñas tiendas de campaña, pasamos frío, hambre, y escacés al por mayor, sobretodo para sufragar los gastos de los largos traslados, que realizamos en el carrito de mi propiedad, al que llamaba 'el chevrolet rojinegro',  que rodó las polvorientas brechas del valle de San Vicentito. 
     Realizamos los estudios de ingeniería de costas, niveles del mar, oleaje distante, oleaje local, vientos, morfología costera, análisis de granulometría de playa, hidrología, y mucha más información de campo. En campo nos poníamos de pie a  partir de las tres o cuatro de la mañana, y parábamos por allá de la siete de la tarde.
       La topografía de la línea costera la realizamos sin contratiempos, y para el estudio de batimetría, es decir, medir  la 'topografía' del fondo marino, la levantamos el 14 de octubre de 1990, contamos con el apoyo de una lancha prestada del grupo de pescadores del lugar encabezados por el rosareño Santiago Reseck Duarte; el lanchero fue el tambien rosareño Jesús Duarte Espinoza, el ecosondísta Daniel Couttolenc Suárez, banderero Elías Arroyo Castro, en tierra, en un teodolito David Couttolenc Suárez, y yo en otro para realizar las triangulaciones. El equipo para los trabajos de batimetría fue trasladado de El Rosario a San Antonio, en un camioncito facilitado por mi hermano Eduardo.
         Con la información levantada en campo, trabajamos en laboratorio de mecánica de suelos, y de oleaje en la escuela de igeniería en Ensenada; en gabinete las jornadas fueron agotadoras, de hasta veinte horas diarias. Total, que para noviembre de 1990, habíamos concluído  todos los trabajos de campo, gabinete, y la presentación final; siendo asesorados por el propio ingeniero Uribe Rojo, y como Director de Tesis el ingeniero Antonio García Yáñez, ambos con vasta experiencia en ingeniería de costas, oceánica, y obras marítimas.
       El examen profesional fue concertado para el día 14 de Diciembre de 1990, encontrándose entre los jueces los ingenieros Marco Antonio Uribe Rojo, y Antonio García Yáñez, siendo la primera tesis presentada en la historia de la Escuela Superior de Ingeniería, de la Universidad Autónoma de Baja California; y dentro el público asistente, entre familiares y amigos; se encontraba muy complacido mi abuelo Alejandro Espinoza Peralta, quien unos meses después falleció, en agosto de 1991, pues dijo que después de presenciar mi examen profesional, era muy poco lo que le quedaba por ver y hacer en la vida...
     Fue así como llegó a El Rosario el proyecto para la habilitación del refugio pesquero que les comento. De aquél ardúo trabajo, de cuyos resultados, le otorgué una copia de planos a Santiago Reseck Duarte, en agradecimiento por habernos prestado la lancha para realizar la batimetría; el proyecto oríginal completo se encuentra en mi archivo histórico.
En la actualidad,  es ya una obra casi por concluír, en los mísmos términos del proyecto original, según me lo comentó Martín García Reseck, el pasado domingo 17 de marzo, a quien me encontré por casualidad, mientras me encontraba tomando algunas desiciones para la fachada de acceso al panteón misionero de El Rosario, proyecto que en donación  llevaremos a cabo un grupo de rosareños éste año, y del cual narraré los pormenores en otra ocasión.
      Desconozco el orígen del capital con el que se construye 'El Refugio Pesquero',  la última vez que tuve contacto con tal proyecto fue en abril de 2009, cuando Santiago Reseck Duarte, quien gestionó la realización de la obra,  me buscó hasta 'debajo de la piedras', y me invitó para que me hiciera cargo de los trabajos de su construcción; por tal motivo fuí a San Antonio en Abril  de 2009 en su compañía, y le orienté sobre el particular.
       Por razones que no conozco, no participé en la ejecución de la obra, tal vez sería por las reglas de operación que los propios financiamientos suelen traer consigo, o por alguna otra que nunca supe, pero ya no fui llamado después de abril de 2009; entiendo que en la ingeniería las cosas son así, o aceptan los presupuestos de honorarios, o no.
      El ingeniero Marco Antonio Uribe Rojo, quien me distinguió con su amistad, y con  conocimientos de la ingeriería, fue un destacado mexicano, hombre de fino trato, que estudió en el colegio militar para ingenieros.  En Londres, Inglaterra, realizó estudios de especialidad marítima. Fue asesor de varios presidentes de la República, Director del Cicese; publicó algunos libros a los que llamó: 'Apuntes de Ingeniería”, en los cuales colaboré en la elaboración de los dibujos, obsequiándome dos ejemplares autografiados por él; participó ampliamente para la construcción de varios puertos mexicanos, como el 'Lázaro Cárdenas', en el Estado de Michoacán;  Trabajó por décadas en los Estados de Tamaulipas, Veracrúz,  Yucatán, y Baja California. He comentado ésto, sólo por citar brevemente algo de su amplia experiencia en la ingeniería, adquirida  a lo largo de  50 años de su vida profesional.
    Falleció hacia 1995, sín que me pudiera enterar, ya que ante tal acontecimiento, me encontraba trabajando fuera del país.
     Por lo que hace al ingeniero Antonio García Yáñez, hombre de gran calidad humana, fue durante muchos años ingeniero de la paraestatal Puertos Mexicanos; nos seguimos trantando hasta su fallecimiento, ocurrido el 11 de noviembre de 2011, cuando contaba con 58 años de edad, había nacido en  Tres Marías, Morelos, México.
A los hermanos Couttolenc Suárez escasamente los he vuelto a ver desde 1990.
      Fue así, como lo he narrado, y a las personas que he citado, que se dio la oportunidad a El Rosario de contar con un 'Refugio Pesquero', y que el grupo  'Reseck', le dio mediante diversas gestiones, y trabajo de construcción el toque final a la idea del Ingeniero Marco Antonio Uribe Rojo, y a la labor que, en 1990, con tántas carencias llevamos a cabo tres 'estudi-hambres',  para desarrollar el proyecto; hoy ya una realidad en El Rosario, Baja California, de la que quizás alguna vez tenga la oportunidad de narrar los pormenores de cómo fue que se construyó, y con el apoyo financiero que qué instancias.
    Agradezco profundamente a la vida por haberme permitido alternar con  los ingenieros Marco Antonio Uribe Rojo, y Antonio García Yáñez, dos amigos de ley, expertos ingenieros, y valiosos seres humanos, que ya se fueron para el 'potrero grande', como dirían  los vaqueros de mi tierra.


AUTOR DEL ARTICULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
VIERNES  22 DE MARZO DE 2013.

El presente trabajo es propiedad  intelectual del autor quien lo protege bajo patente número 1660383, se permite su uso siempre y cuando se otorguen las menciones y créditos correspondientes, y no sea utilizado con fines políticos, comerciales, ni de lucro.

NOTAS RELEVANTES: Los sitios costeros del Estado de Baja California en los que se podría haber desarrollado el proyecto, y que visité uno a uno entre los años de1988 y el '89, fueron:
           Por el Golfo de California de norte a sur: Campo San José, Campo Unión, Campo Pee Wee, Campo La Perlita, Puertecitos, Bahía San Luís Gonzaga, Bahía de Los Angeles, La Animas, y Bahía de San Francisquito.
           Por el Oceano Pacífico de norte a sur: Puerto Santo Tomás,  Ejido Eréndira, Punta Cabras, Cabo Colonet, Punta Camalú, Campo San Ramón, Campo Costa Rica, La Lobera, Punta Baja, Agua Blanca, Punta San Antonio, Campo Nuevo, Campo San Carlos, Santa Catarina, Punta Canoas, Punta Blanca, Punta María, Santa Rosaliíta, Ejido Morelos, y El Tomatal.

De izquierda a derecha: El autor de ésta narrativa, Ing. Marco Antonio Uribe Rojo, David Couttolenc   
           Suárez. El Rosario, Baja California, a 01 de agosto de 1990.
Recién arribando al baradero que existía en Punta de San Antonio.

                                     01 de Agosto de 1990. Foto: Archivo Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.
Recibimos las directrices del proyecto de parte del Ing. Uribe


Foto: Federico Aguilar Aguilar: 1 Agosto 1990: Archivo Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.




martes, 26 de febrero de 2013

EL SABROSO CAFE DE CAMPO DE LOS VAQUEROS.

Les comparto una tradición campirana, una anécdota, y un mensaje que varias personas me solicitan hacerlo.

Autor: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
El Rosario, Baja California
26 de Febrero de 2013
“Somos de Baja California, no de Baja; bajacalifornianos, no bajeños”.
Artículo número 109.
Patente: 1660383.

“Nuestras tradiciones son conocimiento y cultura, valoremos nuestro legado”.

       Ya en repetidas ocasiones hemos citado el trabajo campirano de los vaqueros, también hemos dicho que en Baja California, las vaquerías es una de las primeras actividades ancestrales.
Nuestros antepasados bajacalifornianos sustentaron el desarrollo de sus ranchos, principalmente en el manejo de ganado vacuno, primero el llamado 'chinampo  o chinapo', que es una especie 'corriente', no es de raza; sin embargo para los crudos y ásperos ambientes de la península, por su resistencia física,  ese ganado 'corriente', es el que mejor se adapta a la agreste tierra peninsular.
Los primeros vaqueros se 'hicieron', atendiendo los hatos ganaderos de la misión, ya que esos animales, fueron introducidos a la península durante la época misional a cargo de la orden religiosa de los Jesuítas. Fue en los primeros años de los 1700, cuando aparecieron los vaqueros primigenios peninsulares,  muchos de ellos fueron individuos de la población autóctona milenaria, y soldados misionales, de quienes descendemos  gruesos troncos familiares actuales.
   Cuando las misión dejó de existir, se abrieron parajes  y  corrales de manejo improvisados por los primeros rancheros, muchos de los primeros vaqueros, con el paso del tiempo se convirtieron en ganaderos, pero la mayoría siguieron siendo sólo vaqueros.
     Como en la Baja California, el clima es árido, el suelo es rocoso, arenoso, y agreste, la vegetación la conforman grandes chollales, cactus de varias especies y tamaños, aunque se dan infinidad de plantas comestibles por los rumiantes, sino no hay lluvias, no hay pasto, por lo que el agua y el pasto, son bastante escasos, fue la razón por la que los primeros vaqueros tuvieron que soltar sus animales para que pastaran en la serranía, y que abrevaran en las tinajas, oasis, o pozas temporales que se forman en temporadas de  lluvias.
     Y luego que al ganado lo soltaron al monte, éstos siguieron las veredas que por milenios habían utilizado los primeros pobladores, y también por los senderos que desde tiempos inmemorables recorren los borregos cimarrones, venados, coyotes, pumas, y todo clase de animales salvajes en ruta a los lugares con  mejor sustento.
      Los vaqueros sólo tuvieron que seguir los  caminos que el instinto de sus animales los hizo caminar, que con el tiempo muchos ejemplares se volvieron salvajes, y que al ir los vaqueros en  búsqueda  del ganado que vaga suelto en las serranías, dio orígen al nacimiento de 'Las campeadas'.
     Las campeadas, no es otra cosa más que salir a buscar por montes, valles, y cañones a los animales que durante meses recorren grandes distancias ramoneando las pocas hiervas que en su andar encuentran. Normalmente las campeadas son en los meses de mayo y junio de cada año.
     Se alistan los vaqueros con grandes ajuares y bastimentos para larga travesía entre las montañas; llevan a su cargo grandes recueas de mulas, manadas de burros, y caballería, alimentación de todo tipo, salen en cabalgata a 'campear' a sus animales, es decir a buscarlos.
     Conforme los van encontrando,  aparecen becerros lepes, orejanos, enteros, vacas paridas, y toros viejos aun orejanos. Sus faenas consisten en  lazarlos,  señalarlos, castralos, bañarlos, separarlos, vacunarlos, y bajar algunos ejemplares para la venta.
      Durante las faenas los separan por tamaños y por edades, castran a los toretes que quieren que no se reproduzcan, sino que son para la carne, señalan y marcan con fierro de herrar a los orejanos, es decir, a los que no tienen ninguna señal. A los becerros lepes, es decir,  huerfanos, también los alistan;  los toros orejanos viejos, si son muy bravos, los sacrifican para la carne seca, lo mismo que a las vacas viejas.
     Para realizar esas vaquerías, los vaqueros cabalgan durante al menos dos meses, en un trabajo rudo, ardúo, y muy 'sacrificoso' como  lo dicen en su argot.
     Siempre van en el grupo, vaqueros, cocineros, caporales,  por lo regular también va el ganadero, y por supuesto siempre son acompañados por ' jóvenes aprendices';  antes íbamos los niños de muy corta edad.
   En tiempos secos y de 'muncha resolana', el ganado aún siendo chinampo, pasaba hambre, y moría por esa causa, por tal razón, de la época de mis abuelos hacia atrás, se quemaban uno por uno, los brotos de las chollas, para que el ganado la pudiera comer al no tener espinas, así mantenían a su ganado al filo del hambre, o mejor dicho, 'entre azul y buenas noches'.

LOS TIEMPOS SECOS Y DE MUCHA RESOLANA. 
     Muchos vaqueros trabajaban en las 'quematas' de los chollales pa'que el ganado no muriera de hambre, aunque era un trabajo 'muy-sacrificoso', recorrían 'toitito aquéllo',  los llanos y los valles, por los caminos de los 'indianos', buscando principalmente cholla de 'achón', y la quemaban con los 'chisguetes de lumbre' que lanzaban con arcaicos quemadores de gasolina blanca, o con 'cachimbas', que éran lámparas de carburo, aunque resultaba muy difícil conseguir los combustibles, éran los mineros quienes a escondidas los proveían; y 'ya de plano',  los quemaban con leños ardiendo, o con  cualquier improvisada antorcha.

LA COCINA DEL CAMPO VAQUERO.
      El cocinero y los aprendices son los que se levantan primero, y  se acuestan al final, son los  que atienden a cuerpo de rey a todos los demás, cualquiera le puede pedir atención, ya sea café, agua, o comida; los vaqueros dejan tirados los trastes donde comieron, y los aprendices andan de sitio en sitio recogiendo 'la cocina', los lavan, los acomodan en las alforjas o cajones, porque la siguiente comida será en distinto paraje;  mientras el desayuno se toma en algún sitio, la comida en otro, y la cena más allá.
     El primer café se toma en la madrugada, el desayuno al amanecer, la comida a la hora que se pueda,  la cena igual; por lo regular, cuando los embravecidos animales lo permiten.
     Los vaqueros, al ser los que más duro trabajan, son los que más duro exijen atenciones, al igual que los buzos en la pesca. Les gusta comer tortillas de harina hechas a mano, les fascina el sabroso café vaquero, los frijoles refritos con mucho queso, carne asada,  machaca, burritos de frijol, galletas pilotas, pan de lonche, y cuando se puede, exijen postre.
    El cocinero, muchas veces no sabe ni qué hacer con los voraces apetitos de los rudos vaqueros, así que sus 'impaciencias' las descargan en los aprendices, porque sino lo hace, le da 'la luna', que quiere decir que se pone de 'mal pelo', se pone entre 'mírame y no me toques'.
       Mientras cenan, o después de cenar, todos entran en aménas charlas, lo hacen alrededor de una fogata, a la que se le llama: 'El mentirero de los vaqueros', porque es en esos momentos, y en ese preciso lugar, donde cada quién cuenta sus aventuras de campaña, que no en pocas ocasiones resultan ser exageraciones, y otras veces, una 'zarta de mentiras', retumbando el silencio de la monataña por las sonoras carcajadas.

PREPARACION DEL CAFE VAQUERO, UNA ESPECIALIDAD.
    El café vaquero:  Se pone en una olla con agua sobre tres piedras, se le prende fuego, y se le agrega el café molido directo sobre el agua aún fría, sin ningún tipo de filtro. Cuando suelta el primer 'hervor', se le deja caer un chorro de agua fría en círculo espiral, desde el centro hasta la orilla de la olla, de manera que al caer sobre el café hirviendo y hacer contacto con el agua fría, los asientos se van al fondo de la holla, se separa del fuego, y luego se sirve.
    Los vaqueros toman su primer café en horas de la madrugada, todos duermen a ras de suelo, tirados en el llano, a campo abierto, lejos uno de otro, razón por la que el cocinero debe caminar en la obscuridad para acercarle su café a uno por uno; muchos lo toman muy pronto, y gritan pidiendo más, el problema inicia cuando la olla se ha vaciado, y con el tiempo que dura en estar la siguiente, muchos se 'enojan', aunque muy poco les dura el enfado, pues sueltan de nuevo el estruendo de los ronquidos.

UNA ANECDOTA SOBRE EL CAFE VAQUERO.
    Fue en alguna campeada, o algo parecido, cuando fui muy pequeño, los vaqueros me despertaban por la madrugada para que les alistara el café; y como  era muy pequeño,  no podía la olla, tardaba en prender el fuego,  en servirlo, y llevarlo a cada quien, algunos me apuraban, otros se volvían a dormir, y a otros, para cuando lllegaba con el café, ya no se acordaban que me habían levantado.
   El mayor problema  que yo tenía, es que para 'bajar los asientos', no le rociaba bien el agua fría, y los gabazos quedaban flotando;  nomás escuchaba la renegadera de los viejos, y cuando escandalosamente los escupían.
    Recuerdo  una ocasión de cierto día, tendría yo unos cinco o seis años de edad, en que no pude sacar agua de un 'tanqui de quince galones', luego empezó a hervir el café, y como no dejé agua fría para 'bajarlo', y tenía muchas ganas de orinar, me paré frente a la olla, y sin que nadie se diera cuenta, oriné en redondo dentro del café, no quedaron asientos flotando, y luego que los viejos, cuando tomaban su 'café vaquero' por mí preparado, decían:
 !Haaa, qué buen café prepara éste amigo!.
     A la fecha ya no existe ninguno de aquéllos que les gustó mucho mi café, y es que en la inocencia de un niño, muchas cosas pueden pasar.
    Cuando le invito  café a algunos que les he platicado esa historia, contestan, que si  el café es vaquero, mejor no; y supongo que ahora que lo hago público, ya nadie quedrá tomar café por mí preparado, aunque no sea 'café vaquero'.
      Fue mucho lo que aprendí de los viejos vaqueros, cocineros, caporales y ganaderos, son muchas las memorias que podría seguir compartiendo, y que en mi tierra se han llevado por más de dos siglos, como si fueran rituales. Nunca he sabido que alguien aparte de mí, haya preparado el café de la manera que les comento.
      Y porque existen quienes se confunden, les diré que un vaquero, es quien maneja el ganado, que un caporal, es quien manda a los vaqueros,  que un ganadero es el dueño del rancho y del ganado, por lo tanto, es el mero patrón; y que ranchero, es cualquier persona, independientemente de su actividad,  que viva en un rancho. Los rosareños nativos, somos rancheros desde hace más de dos siglos y medio, por lo que nos hemos ganado a pulso el sentido de pertenecia a la Baja California campirana.

EL PARRAFO SIGUIENTE SE ESCRIBE A PETICION DE  VARIAS PERSONAS.
     El mejor homenaje que les podemos brindar a nuestros antepasados, es compartir sus memorias, y no dejarlas desaparecer, porque fueron muy grandes los esfuerzos por ellos realizados, mucho sudor, sangre, y angustias que pasaron para poder 'amansar' a la ruda Baja California, y que sin lugar a dudas, aquéllos sus grandes esfuerzos, son ahora , nuestra identidad, aunque como siempre no faltan los 'sabios' políticos que nos quieren endilgar una identidad, porque creen que son dueños de la verdad absoluta, y  creen que en ésta tierra nadie ha realizado más esfuerzos que ellos, y por eso, torpemente quieren que les creámos que somos bajeños, y no se han dado cuenta que somos Bajacalifornianos de cepa pura, y que para abrir el surco, para criar ganado, para generar todo tipo de riquezas, contamos con  amplio  legado de verdaderos forjadores.
      Nosotros no olvidamos, que nuestras tradiciones y costumbres nos dan identidad, que la identidad nos da arraigo, y que el arraigo nos da patria,  que Baja California, y México en general, para nosotros, es lo máximo.
     Por eso, en nombre de quienes solicitaron éstas palabras,  del mío propio, y a la memoria de nuestros antepasados que derramaron su sangre y sudor en ésta tierra, afirmamos que somos de Baja California, no de Baja,  que somos Bajacalifornianos, y que jamás le aceptaremos a nadie, que nos pretenda llamar Baja, o Bajeños, porque nuestra identidad, nuestro arrigo, nuestro sentido de pertenencia, y el nombre de nuestra tierra, no se vende, no se denigra, ni se politiza a cambio de un puñado de votos.

AUTOR DEL ARTICULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
24 DE FEBRERO DE 2013.

El presente trabajo es propiedad del autor quien lo protege bajo patente 1660383, se permite su uso, siempre y cuando se otorguen los créditos y menciones correspondientes, y no sea con fines comerciales, políticos, ni de lucro.

NOTAS RELEVANTES: Les comparto dos poemas que 'arreglé' el 05 de Agosto de 2008; a los que intitulé: 'LOS VAQUEROS DE MI TIERRA', Y 'EL MINTIRERO DE LOS VAQUEROS'. El primero, tuve el honor que Don David Acosta Montoya lo publicara en su importante libro: 'HISTORIA DE LA GANADERIA EN BAJA CALIFORNIA”, Editorial 'VOCES DE LA PENINSULA”, TIJUANA, BC 2009.


“LOS VAQUEROS DE MI TIERRA”:

Los vaqueros de mi tierra, se han logrado convencer;
Que los días siempre son largos,
Y  empiezan, mucho antes del amanecer.

Vaqueros, caballos, monturas, y mulas;
Con sus tareas tan rudas, siempre viajando en campo abierto;
En la montaña, y el desierto; de  rocas, chollas, víboras, y de peligros cubiertos;
Ven como la vida se va, sin nunca perder el aliento.

Cuando el ganado se busca, entonces se le campea;
Hallando toros muy viejos, vacas, vaquillas, y lepes;
Con sus reatas bien trensadas, pronto al corral las arrean;
Si por la fuerza la reata truena, un botón se le palmea.

OH vaqueros de mi tierra, que a lo rudo se han hecho;
  El desierto no los deja, siempre están bajo su acecho;
Qué sería de nuestra tierra, si dejaran de existir,
¡Lo que no se entendería, pues aquí, así se empezó a vivir!.

OH vaqueros de mi tierra, sus monturas son su hogar;
Las montañas su familia, las veredas son sus guías;
Y por éstas de tanto andar, con sus vidas han de terminar;
Y entonces desde lo alto, a los nuevos han de guiar.

Vaqueros de mi tierra, nunca se puede ignorar;
Que ustedes son la raíz, con la que mi tierra empezó a florear;
Más de doscientos años de campear, y más campear,
Será muy fácil decirlo, pero no se puede olvidar.

Los vaqueros de mi tierra, saben mucho valorar;
Al alto cielo estrellado, al desierto, montañas, y al mar;
El agua su mejor aliado, que siempre han de llevar;
Su tesoro más preciado, el agua no tiene igual.

!AH que veredas tan hondas, las que han dejado al campear;
En la montaña son cicatrices, para el vaquero son mucho más;
No sólo en su rostro las lleva, es su alma sin cicatrizar;
Los vaqueros de mi tierra, nunca se habrán de olvidar!

  “EL MENTIRERO DE LOS VAQUEROS”

Cuéntame una de vaqueros, suele decirse,
Cuando algo exagerado ha de presumirse;
Nuestras ricas tradiciones, nos otorgan fábulas de a montones,
Y desde tiempos de las misiones,

Los vaqueros en los llanos, cuentan mentiras, y fábulas;
Sin a nadie dañar , son sólo eso, exageraciones de a montón,
Día tras día, campear y cabalgar, lanzando la reata,
Por las noches, alrededor de agradable fogata;
Saboreando su café, y haber quién empieza primero,
Para luego continuar, platicando un mentirero.

OH fogatas tan amigas, consideradas que siempre han sido,
Cuántas mentiras les haz oído, y nunca de ellos te haz reído;
Y los chistes tan aménos, las fábulas, los cuentos;
Todos por vaqueros socorridos.

Decía un viejo vaquero, sus mentiras resaltando,
Cómo estarán aquellas  hermosas chicas, que  me han estado esperando;
¡Aquellas flaquitas cuerpo de álambre!,
¡Qué bonito se estremecen, de pura pasión y de hambre!

Las cenizas de la fogata del mentirero;
Muy pronto reciben a otro grupo de vaqueros;
Que al anochecer encienden las fábulas, los recuerdos,
En la que todos los vaqueros, cuando la noche cae;
Cae también, su tradición de fabuleros.




Sergio Espinoza Grosso, en la campeada de 1987: El Rosario, Baja California: Foto de su colección.

El autor, preparando 'café vaquero' en el 'Paraje Espinoza', San Jorge,   El Rosario, Baja  California: Foto: Alejandro Espinoza Jáuregui: 2005.

miércoles, 6 de febrero de 2013

LAS COSAS CAMBIAN, CUANDO LAS FACILIDADES LLEGAN.



Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
El Rosario, Baja California
07 de febrero de 2013.
Artículo 108
Patente 1660383.
“Nuestra tierra se llama Baja California, no se llama Baja; somos Bajcalifornianos, no Bajeños”
Nuestras tradiciones, son cultura y conocimientos, valoremos y conservemos nuestro legado.

Publicado  24.04.2013

en el Periodico Regional "El Vigia" 
http://www.elvigia.net/noticia/cuando-las-facilidades-llegan



       El día 29 de Enero pasado, mi amigo el Doctor ortopedista Daniel Santana Osorio, en Ensenada, mientras auscultaba un problema en mis pies, exclamó:
!Si te hubieran atendido de chico, no tendrías éstos problemas ahora!.
Con esas breves palabras, que no contesté,  me hizo viajar en la mente hasta los años de mi niñéz en El Rosario.
Si me hubieran atendido cuando chico?, me pregunté. Pero quién me habría de atender en aquel olvidado y remoto pueblito de doscientos habitantes, que era mi tierra cuando fui niño, si no tuvimos a la mano a un médico, cuando más llegaba de tiempo en tiempo algún pasante de medicina, que  enviaban para realizar sus prácticas profesionales a los remotos pueblitos, en los que vivíamos como si estuvieramos en los años de los 1700, y cuando bien nos iba, en los de 1800. En la década de los 1960, llegaron Aroldo Diez Angúlo, y Benjamín 'N”, y en la de los 1980, Josefina Vega Montiel, entre algunos otros, aunque en la década de los 1950, estuvo por un tiempo Miguel Valdéz.
   Hasta antes de 1973, en El Rosario, no existían estufas de gas, ni electricidad, agua entubada, televisión, y los pocos radios que existían, cuando les daba la gana agarraban alguna estación de Sonora, y muy raras veces de Ensenada, pero luego se agotaban las baterías, y ni dónde comprar, pues en las escasas tienditas sólo existían, y pocas, latas de leche del clavel y pet, café molido, manteca de lata, azúcar, arroz, piloncillo, dulces para los pilones de los niños, petróleo para las lámparas, y eso era todo. Los barquitos “El Resolute”, y “El Titán” propiedad de la cooperativa pesquera de los rosareños, éran los medios regulares de transportes de mercancías desde Ensenada, todo a cuenta de la producción pesquera de los socios, que éran nuestros padres y abuelos; pero antes de eso, las mercancías llegaban a El Rosario, vía el Chino Don Rafael Chan, desde Ensenada, por barco al puerto de 'Los Chinos', en la bahía de El Rosario, y de ese 'puerto', llegaban los víveres a la rancherada.
      Pero siempre había en los pueblitos, un comisario de policía, al que no pocas veces le pegaban los del pueblo cuando se emborrachaban; también había fayuqueros de paso, que viajaban por los pueblos con sus mercancías a lomo de mula, o de burros, y otros en viejos carros de mula, y muy pocos en carros de gasolina.
    Había en El Rosario dos peluqueros, Juan 'Cachirri' Duarte Peralta, y su primo Genaro Murillo Peralta, quienes nos cortaban el pelo con máquina de mano, y a los pelos quietos y lacios como el mío, nos tenían tírria, raras veces nos querían atender por lo cansado y difícil de cortar que era nuestro pelo, además que les dejábamos sus máquinitas sin filo.
     Las 'estaciones de gasolina', eran unos cuartitos en el que se guardaban cuatro o cinco tambos de 200 litros, y se despachaban en cubetas de 20 litros, siempre se llenaban los tanques de los carros con una manguera a 'chupón de boca', y como la cubeta se colocaba en lo alto del capacete del carro, no faltaban los baños de gasolina directo a la cara, y a veces amargos y quemadores tragos. Aunque existían dos gasolineras con tanque de vidro elevado, una con Doña Ana Grosso Peña, y la otra con Doña Luz  Meza.
    Ninguna casa o establecimiento contaba con candado, las puetras se cerraban con un clavo doblado, o con un  tenedor, pues nadie se robaba nada; no existían, ni se conocían los ociosos 'malandros', que por cierto ahora pululan, como un mal de la sociedad moderna, robando a diestra y siniestra, dándo al traste con  nuestras buenas costumbres y confianza que como sociedad sentíamos. Aunque creo, que la de ellos, es una vida sumamente difícil de sobrellevar.
   Las parturientas, siempre eran atendidas por parteras, y por las mujeres mayores de la familia, para lo cual, corrían a todo hombre, niño, o viejo, que anduviera en las cercanías, por lo regular  mandaban a todo la bola a que fueramos a ver si ya había puesto la cochi, y no debíamos volver hasta que el recién nacido estuviera ya bañado,  la madre peinada, y toda la cosa, para que no las viéramos 'fellas'. No se permitía la prescencia de hombres durante los partos, de igual manera que no se permitían hombres en las cocinas por ninguna causa, salvo niños de brazos y de mano.
   A los recién nacidos,  los pegaban a la madre, pero si no 'tenía lechi', de inmediato le daban lechi de vaca, directa del balde.
   Los huevos 'de granja', ni los conocíamos. En los 'tiempos malos', siempre andábamos detrás de las gallinas, esperando a que pusieran, y cuando nos llegábamos a encontrar un nido en el monte, que era de las gallinas vagas, armábamos fiesta en grande.
    Para tomar agua, en todas las casas se contaba con un pozo excavado a pico y pala, la mayoría de las veces por las madres y sus niños; al lado del pozo a veces se encontraba un destartalado 'tanqui galvanizado', y a veces una 'barrica de las del vino', que a pulso llenábamos diariamente, de esa agua tomábamos, se utilizaba en la cocina, para lavar las escasas ropitas que poseíamos; para bañar a las niñas,  las mujeres en general, y a los mayores, porque los niños nos bañábamos en las pozas del arroyo, también la usábamos para darle de beber a los animales de corral.
    Las curaciones se realizaban con lo que había, y sólo cuando  se veía a alguien realmente enfermo, sino, ni caso le hacían. Cuando alguno tenía problemas del estómago, le preparaban un té de hierbas, como malva, zacate grama, o de estafiate; si el problema era por alguna herida, le aventaban un chorro de petróleo de las lámparas, o lo frotaban sobre alguna dolencia.
    Cuando de fiebre se trataba, se le colocaban unas hojas de árbol de 'San Juan' sobre el pecho y la espalda; pero sí de fuertes reumas era el problema, entonces se le sobaba con manteca de coyote, o con alcohol y romero; para el dolor de oído se utilizaba  aceite tivio de olivo , con ajo y ruda.
   En todas las casas siempre se tenían a la mano, un montón de leña para las estufas, zacate para los animales, el pozo para el agua, gallinero,  árboles frutales, y la huerta familiar, donde se cocechaban pepinos, zanahorias, lechugas, rábanos, cilantro, repollos, melones, y sandías. Se contaba con un terreno de mayor tamaño, siempre al pie, o dentro del arroyo, en el que se sembraba maíz, calabazas, y frijol, y que en repetidas ocasiones las correntadas del arroyo se llebava todo al mar, incluyendo vacas, caballo, burros, y cerdos que pastaban en el cauce.
   Todas las casas, o casi todas contaban con corral de ordeña, al menos una vaca, un zarzo  para las asaderas o panelas, y un escurridero para el requezón, y a la par un área para secar carnes y pescado.
Cuando los tiempos malos, 'diatiro' se prolongaban, nos acercábamos a la playa a recolectar choros, almejas, y sacar peces de las pozas cuando bajaba el agua, aquellos peces los sacábamos con un trozo de choya de pitaya machacada, como la hacían los primeros pobladores milenarios.
    Las liebres y los conejos, así como las codornices y palomas pagaban el 'pato', cuando de plano escaseaban los alimentos, pues todos subíamos las lomas en busca de esos animalitos del desierto que tántas hambres nos quitaron, a costa de su vida, desde luego.
    Siempre se contaba con un 'cochi' a la mano, desde principios de año se le alimentaba con las 'lavaduras', que consistían en pasar por agua los sartenes y platos de cada comida, y  esa agua con restos de alimentos, para los cochis era todo un festín, aunque tambien se alimentaban con hiervas y maíz. De igual manera, los cochis se convertían en festín todas las navidades, y cuando iniciaba un nuevo año, a otro cochi se le ponía en engorda, para que la siguiente navidad estuviera listo.
   De los cochis, se sacaban hasta dos latas de manteca, si era grande, y cientos de tamales, tocino, y 'manitas de cochi' para el pozole, chicharrones, y 'asientos' para los frijoles refritos.
     Los coyotes, tambien pagaban su cuota al pueblo, por su afición a comer gallinas eran muy mal vistos, y cuando se les lograba echar guante, se les aprovechaba la piel, para adornar alguna pared, y a veces para tapete,  su grasa se preparaba para frotaciones en las molestas y dolorosas reumas.
    Los burros se utilizaban para la carga, pero si alguno se volvía armón, matrero o flojo, de inmediato pasaba a ser carne seca para la machaca con ajo.
Las vacas, al ser aprovechadas por lecheras y vientres, eran las que más lograban vivir entre nosotros, pues se sacrificaban sólo cuando ya no daban leche, ni crías, y decían los viejitos:
!Vaca que no da leche, ni crías, que no se zurre en el corral!
   Todos los chamacos andábamos descalzos, salíamos patinando entre los pedregales sin la menor molestia en los pies, traíamos siempre sólo pantalón y camisa, y muy raras veces chamarra, pero ropa interior, jamás. Andábamos con una resortera al cuello, las bolsas del pantalón llenas de piedras, o de canicas,  las rodillas de fuera, un trompo en una bolsa trasera, y un trozo de pan o tortilla, a 'rin pelón', en la otra.
Las niñas siempre fueron muy bien cuidadas, dormían dentro de las casas con los padres o abuelos, mientras que los niños dormíamos afuera de la casa, por lo regular en algún cuartito, entre las monturas, o en las pacas de zacate,  y algas marinas secas llamadas, sargazo; porque nuestros padres eran vaqueros y también eran pescadores, por lo tanto siempre había en las casas,  enseres de pesca y de  vaquerías.
   Todos los hombrecitos, desde los cinco años ya sabíamos montar caballos 'en pelo', éramos jinetes de becerros y vaquillas. Nuestros padres nos mandaban a los cerros a pastorear las vacas y los becerros, y luego en las tardes a encerralos en el corral, o amarrarlos para que no se fueran a hacer daños a las huertas y milpas.
      Nosotros en repetidas ocasiones arreábamos las vacas a pie a fuerza de carrera desde El Rosario hasta el Cardonal, unos veinte kilómetros de distancia, las encerrábamos allá, y nos regresábamos ya noche al pueblo. Muchas veces las mentadas vacas amanecían con una panzota entre las huertas, y con ello con ganábamos unos buenos azotes, por no cerrar bien el corral en El Cardonal, que era un rancho de mi abuelo. Los daños de las vacas se debían pagar al dueño de la huerta, en caso contrario, no entregaba a los comelones animales, pues le destruían su gran esfuerzo realizado en la huerta.
     Y cómo no  iban a tirar a las huertas, si las pobres vacas se la pasaban ramoneando las diminutas y secas plantas, debiendo caminar todo el día a fin de medio comer, pudiendo entrar a las suculentas huertas que olían a hierva fresca. Cuando se metían a comer alfalfa sin ningún control, amanecían empajadas, en ocasiones tiradas en el suelo con las patas abiertas, y una exagerada panza, que los dueños debían picarlas para que expulsaran el gas; aunque en ocasiones para el amanecer ya estaba muertas por comer sin control alguno.
     Y cuando las corrientes del arroyo convertían las milpas en grandes arenales, las vacas pasaban hambre hasta morir, siendo común verlas apoyadas en cuatro palos, como si fueran muletas, para que no tocaran el suelo y se 'tuyeran', ya que con tal entumecimiento morían.
    Nuestros parientes, que vivían en 'los ranchos', éran rancheros según nosotros, como si  los del pueblito viviéramos en una urbe, ellos pasaban mayores necesidades y escacés que los del pueblo, por eso cuando enfermaban llegaban a refugiarse a nuestras casas.
     Las 'encomiendas', era el gran apoyo que nos daban los 'troqueros del sur', o 'Los sureños', como los llamábamos, pues aquéllas encomiendas, éran los encargos que todo mundo les hacían, pues los sureños, tenían la oportunidad de viajar de pueblo en pueblo desde Tijuana, Baja California, hasta los Cabos, Baja California Sur, y llevaban de norte a sur, y de sur a norte, todo tipo de mercancías, cartas, y personas de raite, por esa razón fueron muy respetados y queridos, por sus altos servicios que prestaban, aunque algunos de ellos, o los 'raiteros' que llevaban, abrían las cajas de las encomiendas, y cuando éstas llegaban a su destino, iban ya bastante mermadas, y a veces ni llegaban.
    Cuando nos ibamos con nuestros padres y abuelos ya sea a la sierra o a la playa, dormíamos en el llano, nuestro techo, era el cielo lleno de estrellas, nuestras camas, un montón de ramas, y sobre ellas unas cobijas de cuadros que les llaman 'vaqueras', nuestras estufas, éran tres piedras y algunos desaliñados trastes viejos, allí, en el llano sentados en el suelo, o sobre algún tronco disfrutábamos aquellos 'frijolones' con café de talega, carne seca, y tortillas de harina, y por la tarde café de talega con quesadillas,  con pan de lonche, o con galleta pilota, de las  que nos hacían sacos, nuestras madres, hermanas, y abuelas.
     Antes en la casa, !Vámonos a trabajar!, nos decían nuestros mayores, y nada de enfermarse o empezar de coyones, ni de echar de menos la casa, ni de quejarse por algún dolorcillo,  vamos puros hombres, porque allá no queremos a ningún faldillero llorón. Y eso que teníamos escasos cinco, seis, o siete años de edad, cuando ya andábamos en aquéllos menesteres, por lo regular durábamos un mes fuera.
    Por eso, cuando mi amigo, el Doctor Daniel Santana Osorio, comentó, que si me hubieran atendido cuando fuí niño, no tendría ahora de grande esos problemas en mis pies, recordé muchísimas situaciones que vivimos en mi tierra, de las cuales, sólo les he compartido unas cuantas. Ni tampoco le comenté al doctor Santana, que sus palabras me habían transportado a aquel lejano tiempo, y mucho menos que escribiría al respecto.
   Las cosas en el pueblo han cambiado bastante, aunque seguimos siendo un pequeño pueblito que muy pocos de fuera saben de su existencia, y otros tántos, creen que los rancheros somos, sino tontos, sí uraños, ásperos, e incultos, sobre todo los politícos y muchísimos gobernantes, pues bien que nos damos cuenta que nos miran con desdén, y sólo lo hacen con 'gusto' cuando ocupan de nuestro voto; creo que no deberían hacer juicios tan a la ligera, porque donde quiera sopla el viento,  donde quiera se cuecen habas, y porque  también las mulas de mi compadre, tienen conocimientos.

AUTOR DEL ARTICULO
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
07 DE FEBRERO DE 2013.

NOTAS RELEVANTES.
La carretera pavimentada llegó a El Rosario en Septiembre de 1973
La eléctricidad  1978.
   La televisión en 1978, el pueblo se reunía en la vieja estación de gasolina 'Espinoza', pues era el único lugar donde existía un televisor, que recibía la señal de una inmensa antena parabólica que instalaron en el cerro de la entrada del pueblo, y que manejaban Héctor  “Pila' De la Toba Duarte, y Dionisio  “Chichoy' Meza Valladolid. Con el paso de algún tiempo se vendieron aparatos para que llegara la señal a las casas, pudiendo ver sólo el canal que la antena del cerro recibía, y que cuando no le gustaba el programa a Héctor  o   Dionisio, le cambiaban a alguno de su gusto, mientras tanto acá abajo en el pueblo, se les lanzaban infinidad de 'malas razones'.
  El agua entubada llegó a principios de los 1980, gracias a varios comités que en el pueblo se formaron.
   El teléfono se estrenó hacia 1993, aunque en la década de 1930 ya existía una línea con aparato receptor y trasmisor en la delegación municipal.
   La Escuela secundaria llegó a mediados de la década de 1970, siendo su promotor el Profesor Heraclio Manuel Espinoza Grosso, desaparecido en enero de 1980.
     El primer hospital fue un modesto edificio construído con adobe crudo por Don Cecilio Espinoza Peralta entre 1955 y 1958, y estrenado hacía 1961, cuando Don Cecilio ya había fallecido, y en cuyo honor llevó su nombre. El gobierno federal demolió el 'Hospital civil Cecilio Espinoza Peralta' en 1980, y en su lugar construyó una clínica, misma que funciona hasta la fecha.
   El seguro social IMSS, llegó en la década de 1980, alojándose en un pequeño edificio construído por la Cooperativa de pescadores, posteriormente el gobierno construyó las instalaciones actuales.
   La escuela preparatoria llegó hacia finales de la década de los 1990, que en la actualidad no cuenta con instalaciones propias, operando en las de la escuela secundaria “Profesor Heraclio Manuel Espinoza Grosso”.
   El Museo Comunitario 'El Rosario se inauguró el 09 de Octubre de 1994, en un antiguo edificio  de la escuela 'Padre Salvatierra' en 1921, y rescatado de la ruína total entre Junio de 1993 y Octubre de 1994.
  La primer biblioteca 'Alfonso Espinoza Romo” de El Rosario, llegó el año 2000, construyéndose su edificio en terreno donado por Alfonso Espinoza Romo, quien ya había fallecido para cuando se concretó la biblioteca. Alfonso Espinoza Romo, donó además, los terrenos que ocupan la escuela secundaria, el campo de besibol 'Los Jaibos', la Delegación Municipal, y el parque público del centro del poblado.
   Los dos asientos misionales de El Rosario, se encuentran custodiados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, desde al menos 1999.
   El 24 de Diciembre de 2011, se abrió el cuarto panteón en El Rosario, en la parte llamada 'Ejido Nuevo Uruápan”, siendo su primer sepultado el señor Juan González Durán.
   En El Rosario, jamás ha existido ninguna cantina o  bar, pero sí, infinidad de borrachitos.
Existen varias iglesias que siguen ditíntos credos, como católica, nazarena, y testigos de Jehová.
   Existimos infínidad de rosareños que contamos con estudios profesionales, aunque la mayoría nos encontramos fuera del pueblo, pues las oportunidades laborales son mínimas, ya que las actividades predominantes pertenecen a la industria del sector primario.
   En el poblado de El Rosario, según el censo de 2010, realizado por el INEGI, cuenta con una población de 1705 habitantes, y en toda la Delegación, cuando mucho unos 2,500.

El presente tarbajo es propiedad del autor, quien lo protege bajo patente número 1660383, permitiendo su uso, siempre y cuando se otorgue el crédito correspondiente, y no sea utilizado con fines de lucro, políticos, ni comerciales.
“Somos de Baja California, no de Baja; Bajacalifornianos, no Bajeños”.

domingo, 16 de diciembre de 2012

EL DIVISADERO.


Histórico cerro ubicado en la márgen derecha del arroyo de El Rosario.


Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
El Rosario, Baja California
15 de Diciembre de 2012
Artículo número 106
Patente 1660383.
“Somos de Baja California, no de Baja”.
Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, valoremos nuestro legado.

       Su formación es de arenisca altamente consolidada, pertenece a la formación geológica que predomina en la margen derecha del arroyo, en las estribaciones de la “mesa norte” en las cercanías de la bocana. Se ubica en la misma márgen del arroyo, en que se encuentra “El Cantil”, a unos quince kilómetros aguas abajo.
Pero desde el punto de vista histórico, 'El Divisadero', como tal, data desde los tiempos de la fundación del pueblo misión  El Rosario, en 1774, y es que se encuentra frente a la cañada de Santo Tomás, hoy conocida como 'Cañada de la Agua Blanca', que era de las principales “rancherías” donde vivían los nativos catequisados por los misioneros, siendo los 'nativos indigenas' de esa zona, vigilados desde “El Divisadero”. Aunque ese lugar era utilizado para 'espionaje misionero',  mayormente a partir de 1802, año en que se instaló el segundo sitio misional en el actual El Rosario de Abajo. Los otros sitios de las 'rancherías' fueron: Macopá, Santa Rosa, El Rosario, Socorro, Cava, Fiel, Domingo, y Agustín; todos se localizaban en las áreas donde se asienta el actual poblado, salvo Macopá que era lo que hoy se conoce como: 'La India Flaca', o 'Cañada del Aguajito'; a todos esos sitios, en los tiempos misioneros se les llamaba: 'Visitas' de la misión del Santísimo Rosario de Viñadaco.
     Y pasados los años, cuando la misión dejó de funcionar como tal, en 1832, aunque se encontraba abandonada desde 1828; llegó a vivir al pie de El Divisadero, el antiguo soldado misional o de cuera, Don Eduardo Acevedo y su esposa Germana Ceseña, quienes procrearon a su prole en tal lugar, que le fue cedido por los servicios prestados al sistema misionero.
Cabe desrtacar que 'El Divisadero', que es como hoy se le conoce, en los tiempos de la misión se le llamaba: 'El Divisadero de los indios', y después: 'El Divisadero de los Acevedo'.
     Durante la época de la misión,  en su segundo sitio, es decir, entre 1802 y 1828, enfrente de El Divisadero fueron plantados variados árboles frutales, entre los que se encontraban, higueras, membrillos, granadas, olivos, vid; y se criaron burros, mulas, cerdos, cabras,  ganado caballar y vacuno, de igual manera se cosecharon suertes de tierra principalmente con maíz, frijol, calabaza, y garbanzo, ya que esas tierras tienen el agua al pie. Los árboles frutales misioneros de ese rancho sobrevivieron hasta más o menos hará unos cuarenta años, pues por los 1970, se los llevó una correntada del arroyo.
     Fue la familia 'Acevedo',  la que primeramente  vivió en tal lugar, siendo en su casa, al pie del cerro, donde en 1827, les nació su primer hijo de nombre Loreto Acevedo Ceseña, fallecido a la edad de 39 años, siendo la causa  que lo tumbó un caballo en el arroyo,  en las inmediaciones de su casa, dejando  viuda a María Rita Espinoza Salgado, y en la orfandad a sus cinco pequeños y jóvenes hijos, Zenón, Hilario, María Vicenta Teresa, Martina, y Eulalia Acevedo Espinoza; habiendo ocurrido tal accidente en enero de 1866; entonces Eulalia era de 17 años de edad, e Hilario el menor de tres. Todos  los Acevedo vivieron en El Divisadero, donde nacieron por muchas generaciones, la mayoría de esa familia; y de la misma manera en que lo hicieron los misioneros, cultivaron la tierra, criaron animales, y cosecharon los frutos de su huerta.
    Don Eduardo Acevedo, con su familia vivió en ese lugar hasta que le llegó la muerte, ocurrida a principios de la década de los 1870, cuando contaba con edad alrededor de 100 años, vendiendo la familia el rancho a  Manuel Camacho Villegas y su esposa Isidra Redona Sáiz, oriundos de San Ignacio, Baja California Sur; por cierto que uno de sus hijos, Timoteo Camacho Redona, se casó con María Ignacia Ortega Espinoza, media hermana de los Acevedo Espinoza.
    Doña Isidra Redona Sáiz y su esposo Manuel Camacho Villegas, llegaron jóvenes a El Rosario, a principios de la década de los 1870, naciéndoles varios de sus hijos en el antiguo rancho de los Acevedo, que, como ha quedado relatado,  antes fue propiedad de la misión.  
     Los hijos  menores de los Camacho Redona,  también nacidos en El Divisadero, fueron los gemelos, Hilario y Ursulo, ambos eran 'trigueños', pero Hilario, que nació primero,  tenía los ojos más grandes, y era más trigueño que Ursulo, aunque el color de los ojos de ambos, era 'perfectamente igual', esto, según su registro de nacimiento de fecha 2 de noviembre de 1891, aunque habían nacido el 21 de octubre del mismo año. Ningún descendiente Camacho Redona existe en el pueblo en la actualidad, sólo algunos sepultados.
   Anécdota de Doña Isidra:
    Recordaban los viejos, que Doña Isidra gustaba realizar bailes en su casa de El Divisadero, y cuando todos se encontraban, más y mejor, bailando en la salita de la casa, como a las nueve de la noche, salía Doña Isidra de uno de los cuartos con  un tercio de cobijas, las lanzaba a los pies de los bailadores, diciéndoles:
!Ya váyense, váyense, que se váyen les digo, porque ya tienen sueño los Cuaaaates!
   El Divisadero,  que para los 1870, ya se encontraba en manos de los Camacho Redona, prosiguió con su centenaria tradición de cultivos, y crianzas de animales de corral, pero como todo pasa en la vida, los Camacho Redona le 'regresaron en venta', pero conservaron para ellos una parte de la propiedad, el resto la entregaron a Don Zenón Acevedo Espinoza, quien casado con María del Carmen Marrón Pellejeros, procrearon vasta prole, todos nacidos en 'El Divisadero', siendo nietos de María Rita Espinoza Salgado, y de Loreto Acevedo Ceseña, siendo los de los siguientes nombres, y fecha de nacimiento:
 Gregoria, nacida en ese lugar el 28 de noviembre de 1875; Anastasio, el 15 de Abril de 1877; Román, el 8 de Febrero de 1879; Andrés, el 4 de febrero de 1881; Salomé (varón), el 22 de Octubre de 1884; Eugenio 'Chito', el 15 de Noviembre de 1886; Petra, en 1882; y Bonifacio.   
   Cabe destacar que Gregoria, la hija mayor, casada con José María Collins Meza, falleció, en 1897, a los 22 años de edad, cuando calentaba agua en el llano, que a causa del viento se le prendió su largo vestido, pues trataba de bañarse, y bañar  a sus dos pequeñas hijas: Francisca y Carmelita. Gregoria falleció, en El Divisadero, bajo los cuidados de su madre.
   De todos los Acevedo de la cuarta generación, que son los que acabo de citar, vivieron su niñez y juventud, al lado de sus padres, y luego que se fueron casando, se 'desparramaron' a tal grado que a Andrés Acevedo Marrón, le quedó el rancho, quien casado con Paula Ruíz Peralta, procrearon a sus hijos, pertenecientes a la quinta generación, siendo: Pablo 'Perico', Jesús 'Chuco', Máximo, Agueda, Francisca, entre varios otros; el mayor de este matrimonio nació hacia 1917.
    Don Andrés Acevedo Marrón, quien fue bisnieto de Eduardo Acevedo, y de Carlos Espinoza Castro, heredó el rancho, y alternaba su economía con lo que producía en la huerta, y con su trabajo en el transporte de mármol en 'carro de mulas', desde El Mármol, al puerto de San Carlos; fue por cierto, en aquél pueblo minero donde conoció a la que fue su esposa, y madre de sus hijos: Paula Ruíz Peralta.
De éste matrimonio, nació en la quinta generación Jesús 'Chuco' Acevedo Ruíz, quien heredó el antiquísimo rancho, y junto con su esposa la rosareña  Esperanza 'Toto” Espinoza Vidaurrázaga, procreaon allí mismo a sus hijos, nacidos ya en la sexta generación, siguiendo con la tradición misionera del cultivo, y la huerta de los frutales.
Pedro Acevedo Espinoza, hijo del matrimonio anterior, se casó con  la rosareña Esperanza Loya Villavicencio, procreando sus hijos en el propio rancho, entre ellos a Lidia Yesenia, siendo ésta la última generación de los Acevedo, que vivió en el rancho, pues la correntada de los 1970, los dejó a la 'deriva', por lo que tanto,  el 'Viejo Chuco Acevedo',   y todos los que aún vivían en tal lugar, en 1984, tuvieron que cambiar su residencia al poblado de El Rosario, unos kilómetros aguas arriba.

OTRAS FAMILIAS QUE VIVIERON EN LA ZONA DEL DIVISADERO.
      El Sonorense Francisco García, mejor conocido en El Rosario como: 'Pancho Gamboa', llegó a la zona de El Divisadero en 1960, aunque en 1955, había llegado al pueblito de San Simón, al norte de El Rosario, procedente de la colonia Anáhuac de Mexicali, Baja California, y es que ya para  aquél tiempo, vivían en El Divisadero, gentes llegadas de distíntas partes del país, todo a raíz de las políticas del reparto agrario, implementadas en todo México por Lázaro Cárdenas, aunque 'Pancho Gamboa' no llegó por esos motivos, sino por andar en su juventud en 'busqueda de aventuras', según sus propias palabras, por eso dejó su tierra natal: Magdalena de Kino, Sonora, lugar donde nació el 2 de octubre de 1942, hijo de Genoveva García Sánchez, oriunda de Cananea.
      Recuerda 'Pancho Gamboa', que él vivía 'arrimado' en casa del jalisciense Don Anatolio Gamboa Galicia, entonces de 70 años de edad, y su esposa la duranguense  María Castillo, a quienes conoció en San Simón, y es que en aquél lugar conoció a Gamboa en el Restaurante del 'camino real bajacaliforniano', que después rentaron a José Pinto, y pasaron a vivir a El Rosario, donde los rosareños prefirieron, por facilidad llamarlo 'Pancho Gamboa'.
     Vivía en la zona del Divisadero, en 1960, el duranguense Don Valentín Gómez, recién llegado al pueblo,  de 70 año de edad, y como vivía completamente solo, sus hijos vinieron por él, había sido recibido por la familia Collins. Don Margarito Gómez, tam,bién vivió en la zona del Divisadero, pero en los 1970.
Don Miguel Tirado Aranguré, también vivía solo en El Rosario, y fue muy apreciado por muchos rosareños, pues fue dueño en Ensenada de la cantina 'La política Alegre', y del restaurante 'La Copa de Leche', lugar donde acudían a emborracharse, y a comer, muchas de las veces sólo con un: 'anótenmelo en la cuenta'.
 'Montelongo', fue otra de las personas que en aquélla década de 1960, vivió en El Divisadero, junto con él su pareja, y la hija de ésta, a quien un 'andarín' que Montelongo recibió como protegido, y como 'trabajador', pero le mordió la mano, y abusó, o trató de abusar de la hija de su mujer, aprovechando la soledad del lugar, y que el patrón se encontraba fuera. Y luego de su fechoría, le disparó un tiro, y otro a la madre, y se fue con rumbo a El Divisadero, donde se quedó dormido, sin contar que por la obscuridad, sus inciertos disparos, aunque con mala fé, no fueron de muerte para sus víctimas. La madre, se fue tras su rastro, lo encontró dormido con la pistola a un lado, la tomó, y aquél 'chacal', no vió la luz del día nunca más. La caridad pública lo sepultó en el panetón misionero, en una tumba sin nombre, pues nadie supo cómo se llamó; éstos hechos sucedieron a principios de la década 1960.
En 1961, con la llegada del Ejido 'Nuevo Uruápan' a El Rosario, enviado por los  'sabios' políticos de aquélla época radicados en Mexicali, y en México capital, arribaron a la zona de El Divisadero, siendo Juan y Julián Torres, conocidos popularmente como 'Los Palillos', dada su delgadez física. Después llegaron su mamá, y Ricardo, hermano de los primeros.
 En la parte protegida del acantilado cercano a El Divisadero, vivió Don Jesús González Ayala, y su familia; Pedro Fonseca; y la familia  Peña Tortoledo, todos llegados a raíz del Ejido Nuevo Uruápan.
Poco antes que ellos, habían llegado, pero no en el Ejido, los michoacanos Encarnación ' Don Chon' Servín, su esposa Camila Jiménez González, y sus hijos.
Es curioso, como un simple cerro, que al verlo hoy, solo y olvidado, que si pudiera hablar, nos contaría infinidad de narraciones, muchísimas más, de las que brevemente he narrado.
    Por último, fue al pie de El Divisadero, donde Fernando 'Suriano' Acevedo Espinoza, nacido en 1956, aprendió a tocar la guitarra y el acordeón, y el sitio donde nació el único 'Dueto norteño' llamado: 'Los Coyotes de la Bocana”, hoy extínto, a raíz del fallecimiento de Suriano.
El Divisadero, como zona habitacional, existió desde al menos 1820 hasta 1984.


AUTOR DEL ARTICULO.
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
15 DE DICIEMBRE DE 2012.

El presente trabajo es propiedad de su autor, quien lo tiene protegido bajo patente número 1660383, permitiendo su uso, siempre y cuando no sea con fines plíticos, comerciales, ni de lucro, y que en todo momento se otorguen los créditos correspondientes.



Andrés Acevedo Marrón, (Hijo de Zenón Acevedo Espinoza), conduciendo un 'carro de mulas', cargado de mármol, dese la mina de El Mármol, al puerto de San Carlos, ubicado a 60 kilómetros de El Rosario, Baja California.
Año 1900 aproximadamente. Archivo familia Acevedo, facilitada por su hija, la Sra. Francisca Acevedo Ruíz, y publicada por su nieto Andrés Acevedo García.



Don Zenón Acevedo Espinoza, (Hijo de Loreto Acevedo Ceseña), perteneciente a la tercera generación 'Acevedo' en El Rosario, posa con dos de sus descendientes: Foto archivo familia Acevedo, facilitada por Andrés Acevedo García. La foto es de aproximadamente 1920


Fernado 'Suriano' Acevedo Espinoza, (Sexta generación) y su padre Jesús 'Chuco' Acevedo Ruíz (Hijo de Andrés Acevedo Marrón).
                  Foto: Archivo de la familia Acevedo Espinoza, tomada hacía 1990



Publicado en el Periódico Regional El Vigía
http://www.elvigia.net/noticia/el-divisadero