"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

martes, 17 de julio de 2012

ANECDOTAS Y PREMIOS EN LAS FESTIVIDADES DE ANTAÑO EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA.

Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, valoremos y preservemos nuestro pasado.
Si utiliza esta investigación, completa o en partes, favor citar la fuente; no al plagio, no a la piratería, no al robo del trabajo intelectual.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
12 de Julio de 2012
Patente 1660383.
Artículo número 97.
Somos de la Baja California, no de ‘Baja’.

        La celebración de la fundación de El Rosario, Baja California, hasta hace unos años se empezó a festejar; fue en 2005, en que un grupo de personas se unieron, y a base del esfuerzo más de unos que de otros dentro del mismo grupo, dio inicio a los festejos de la fundación de este pueblo acontecida el 02 de julio de 1774, por la orden misionera de los dominicos, siendo su presidente en la península Fray Vicente Mora.
   Antes que esos festejos de la fundación de  El Rosario, se festejaba sólo a la virgen de El Rosario, el día siete de octubre de cada año, a partir de 1774, como aun se sigue haciendo.

NARRATIVAS DE LOS HERMANOS ADALBERTO ‘CARACOL’, JOSE DEL CARMEN ‘TAMBO’, Y CARLOS ‘DON CHALE’ ESPINOZA PERALTA.
     Los tres fueron hermanos menores que mi bisabuelo Santiago; de aquéllos tres, el mayor fue Adalberto ‘Caracol’ Espinoza Peralta, quien nació en el rancho antiguo ‘Espinoza’, llamado San Juan de Dios, el 30 de junio de 1890, es decir que nació hace 122 años.  Fueron tataranietos del primer vaquero  californio, el español Juan Nepomuceno Espinoza, quien llegó a Baja California en 1755; y desde aquel entonces la gran mayoría de sus descendientes hemos aprendido el oficio misional de las vaquerías, entre muchas otras actividades campiranas.
    En 1969, parte de los meses de junio, y julio, cuando mi tío ‘Caracol Espinoza’ contaba con 79 años de edad, y yo con sólo 11, me tocó andar en las campeadas de compañero vaquero con él, campeamos por la sierra de San Juan de Dios, El Metate, el Corral del medio, y muchos otros antiguos parajes de El Rosario; en esos días me narró sobre las fiestas  ‘de la virgen’, y los premios que recibían los ganadores, y muchas otras anécdotas de sus tiempos, y de los tiempos de sus padres, abuelos, y bisabuelos.
      En este breve relato les contaré casi en sus propias palabras, y en el habla popular original que desde la época misional todos los vaqueros y rancheros californios usan, aunque en la actualidad muchos vocablos se han perdido, o los utilizan los rancheros que viven en la alta serranía.


Algunas pláticas que tuve con el tío ‘Caracol Espinoza’:

Por qué le dicen Caracol, le pregunté un día que subíamos una empinada montaña, por una milenaria vereda de los primeros pobladores.
A mi tatita José del Carmen Espinoza Salgado le gustaba mucho tomar café de un grano chiquito que se  llama ‘caracolillo’, y como tengo los ojos tan chiquitos, decía: Mira el niño tiene los ojitos como café caracolillo, y por eso me dicen ‘Caracol’.

Otra de mis preguntas para él: ¿Desde cuando aprendió a ser vaquero?
Puuchi, ni me acuerdo, porque desde que  empezábamos a andar, ya nuestros tatitas nos traiban a caballo, ya para los 8 o 10 años éramos hombres de trabajo duro, aunque algunos eran muy matreros para aprender, y otros de plano eran muy espesos, y ordinarios.
       Fíjate cuando mi papá Policarpo ‘Polo’ Espinoza Marrón era joven por 1870, era regueno pa’ montar los caballos que iban a juerz’e carrera,  les armaba volido, y caiba montado en la bestia, en puro pelo, a luego se bajaba también a juerza de carrera; y cuando nosotros éramos chicuelones, nos ponía en ringlera a todos, y nos enseñó a hacer lo mismo, pero como él era zurdo, batallábamos muncho pa’garrarle la maña, y luego que también éramos mesteños, aunque él lueguito nos pillaba, sabía cuando coyoteábamos para no estar en la ringlera.
Recuerdo que en una ocasión yo traiba unas matadas en las corvas, pero a mi papá no le importó, y me dijo: Ande chivato muchacho, le estoy ordenado que corretelle y monte a ese torete; n’ommbre, le monté y por allá jui a dar y calli de puro zalate, me dolían tanto las corvas, y  la cayda me sacó el aire, y me dolían mucho los hijares.
En otra ocasión, yo tenía unos 17 años de edad, el ‘Tambo’ unos 14, y el ‘Chale’ unos 8, jue como en mil nuevecientos siete, mi tatita (abuelo) José del Carmen Espinoza Salgado, nos mandó llamar, quesque jueramos a traer unas bestias que habían armado carrera pa’lado del camino de ‘los abajeños’, y no pue’nosotros nos juimos cortando las huellas de las bestias, y a luego que la columbramos, pensamos que las íbamos a lazar, y que fácil las traibamos cabrestiando pa’l rancho, pero ni cuando que las alcanzamos, si eran bronquísimas, andábamos muy acongojados todos, porque las órdenes de mi tatita las teníamos que cumplir, sino ni dios padre nos podía salvar. Cuando llegamos al rancho sin las bestias, nos preguntó mi tatita:
¿En dónde están las bestias muchachos chivatos espesos?, nosotros jalamos pa’tras con la misma, luego, luego, ni siquiera nos apiamos de los caballos, juimos y cuando volvimos a columbrar a las bestias, durante toitito el día las arriamos hasta una rinconada, y jue cuando los lazamos, y los tuvimos que trair maniadas, y con tap’ojos puestos, porque eran rebroncos, pero era mas el miedito que le teníamos a mi tatita, y a luego que nos vio llegar con las bestias sorteadas, nos dijo:
 ¡No que no, no que muy broncas!, y alístense pa’que las lleven pa’l Rosario pa’ las fiestas de la virgen.
Uno de esos caballos, en las fiestas unos días después por poco y mata al ‘Tambo’ mi hermano, le pegó un revolquiza, le pisó las manos, y lo mió; y cuando le dije, qué collón eres, entonces me dijo, no juera siendo que tú te les quedes encima a ese caballo, le constesté:
Pueeguro que le monto y me le quedo; salta y súbete a las trancas del corral y mira cómo se jinetella, y le monté. Y qué pasó tío le pregunté.
N’ommmbre el arrebatado animal armó volido conmigo arriba, y tan presto que ya me sentía armado, no me va tumbando, quedé con la cara en el puritito polvo, y luego vino el Tambo pa’levantarme, y me dijo, ya vi cómo se debe montar Caracol, me dieron ganas de pegarle una ganatadas, pero andaba muy jodido, y capaz que me las pegara él a mi, pero después calli en cuenta que no me hubiera ganado, porque era muy ordinario pa’peliar el sencillo, y se luriaba porque creiba que era gueno para los puñetazos.
A figúrate, que tan malo no sería pa’peliar, que una vez, cuando tenía como unos veinte años de edad se pelió con gringo, el gringo era una porquerilla de hombrecito, y luego la palomilla le preguntaba al Tambo:
 ¿Y cómo te jue en el pleito con el gringo Tambo?, y mi hermano contestaba: ¡Pues me jue bien, tan presssto estaaba él arriba de mi, tan presssto estaaba yo abajo d’él!; y la parientada le decía:
 ¡Como quien dice, te pegó una revolcada el gringo loco!

       Cuando recién aparecieron los carros en El Rosario, creo que jue como en mil nuevecientos trece, eran puros gringos locos, como el que ganatió al Tambo, iban y venían, nosotros ni cuando que supiéramos como manijar uno d’esos carros; mi hermano Santiago, tu bisabuelo, jue de todos el que primero compró un carro, era un picapito con trasmisión de uña, y lo trajo pa’l Rosario. Una vez íbamos bajando él y yo la cuesta blanca en aquel picapito, Santiago iba manijando, pero no creas que sabíamos manijar muy bien, y luego empezó a agarrar velocida el mentado picapito, y Santiago le jalaba la palanca pa’meterle cambio bajo, y a luego que no pudo me dijo: ¡Préndete Caracol!, y que me le voy prendiendo también a la palanca, una rechinadera que llevaba el cambio, y entre mas rechinaba más juerte le jalábamos entre los dos, y el picapito brinco y brinco cuesta abajo, y más juerte le jalamos, y base’saliendo la palanca, se quebró la trasmisión, y es que Santiago nunca piso el clochi, por eso no entró el cambio; ¡puueguro!, cómo iba entrar si el clochi para eso era, pero con los apuros se nos olvidó que debía pisarlo; y luego que logramos maniarlo, dijo Santiago:
¡Pero si nos sirven para nada Caracol, qué no vez que está apolillada la mentada trasmisión!
       Cuando andábamos aprendiendo a manijar aquellos carritos, y si los queríamos maniar, les gritábamos ¡Oh, Oh, Oh!, como si jueramos en los carros de mulas, hasta que por fin los empezamos a maniar con las manellas del mismo carro,  después ya no se escuchaban los gritos para que maniara, a menos que anduviéramos en copas.
Noo, si munchos ni aprendieron a manijar nunca,  y menos en la nochi, munchos siguieron andando a caballo, a pie, o en carros de mulas; ya ves m’ijo ‘Raile’ siempre anda a pie, y m’ijo ‘Chayo’ también, y son reguenos para andar, van y vienen a la playa a pura pata, y cuando se suben a un carro es de raite.



Algunas charlas que tuve con el tío ‘Tambo Espinoza’.

¿Y por qué le dicen Tambo tío?, le pregunté en una ocasión, cuando ya él contaba como más de ochenta años de edad:
Pues a figúrate que cuando yo estaba chiquito mi mamá para hacerme cariños me decía: Tan Bonito m’ijito.
Y a luego mis hermanos mayores me dejaron el cariño muy corto ‘Tambo’, y por eso me dicen: ‘Tambo’.
Cuando mi mamá murió, en mil nuevecientos ocho, yo tenía como 22 años, ya era hombre, y mi papá murió en mil nuevecientos veintiocho.
¿Y usted fue un buen vaquero, como sus hermanos?, porque he escuchado que usted era el caporal.
Sí, eso le decía yo a Chepita mi vieja, cuando me iba pa’la sierra, pero la verdad es que era el cocinero, porque siempre fui muy ordinario y collón para montar las bestias broncas, no, y si las montaba siempre, pero cuando ya eran mansitas, ya el ‘Caracol’, o el ‘Chale’ las habían dominado, mientras yo me hacía el perdido pa’que no me estuvieran recriminando, era muy matrero pa’ la montada.
¿Y Tomaba Usted?
Sí, si tomaaba, pero a mi’ja Emma no le gustaaba verme tomar, y me acuerdo que en una ocasión en la casa estaaba medio borraacho, y a luego que pillé que venía Emma, me lancé de clavado a la cama pa’hacerme el dormido, pero por las premuuras me lancé al espejo donde se veía la cama, y que vooy cayeendo con toititas las cosas y con el espejo al suelo, y Emma, que ni sabía que yo estaaba allí, vino y me puso una regañiza, que hasta lo borracho se me quitó.
    Y una vez que andaba en San Diego, miré en una vidriera muy limpia a un julano,  que venía de frente hacia mí, a luego pensé:
Eese que viene allí, se paareece y no se paareece a mi, y luego disimulaba no verlo, y seguí andando, y resulta que era yo mismo que me reflejaba en la vidriera.
¿Es cierto que una vez se peleó con un gringo?
Sí, yo estaba muy a gusto recostado en un poste tomando sol en El Rosario, y pasó un gringo loco, y me miró muy fello; ¿Queé, le dije?; ¿What? Me contestó, y yo le entendí que me había dicho ‘gato’, y que lo pepeno a puñetazos, bueno, le hice unos ademanes, le tiré un gancho al hígado, y un yap de izquierda, pero se los capió, le tiré un patadón, y a luego que me arrebató a ganatadas, me daban ganas de gritarle a mi hermano ‘Mechudo’ para que me prestara el chaquetón con el que le había pegado a otros, pero no tuve chanza, pero nos dimos buen tiro el gringuillo y yo. Tan preessto estaba él arriba de mí, tan preessto estaba yo debajo de él; en el primer descuido del gringo salí de juida, y ya nunca lo volví a ver.
Mi hermano ‘Mechudo’ tenía un chaquetón, con ese les pegaba a sus contrincantes, y apenas aguantaban un chaquetonazo, a luego caiban naquiados, y es que el ‘Mechudo’ le poonía piedras, o paalos gruesos en las bolsas. A luego, munchos que se queerían peeliar con él le deecían: Pero no pilles el chaquetón, que el pleito sella a mano limpia.
¿Por qué dejaron sus casas en San Juan de Dios, usted y mi tío Cecilio su hermano?
Sí, hicimos unas casas regrandes, estaban muy cerca las dos, pero la primera esposa del Cecilio, que se llamaba Cecilia Romo, murió muy joven; y se jue pa’l Rosario con sus hijos chicuelones; y al poco tiempo también se murió mi vieja que era hermana de Cecilia, y se llamaba Juana Romo; entonces me jui pa’l Rosario, pero no tuvimos hijos. Luego Cecilio se casó con Eloísa Peralta Murillo, y yo con Josefa Vidaurrázaga Peralta, jueron nuestras segundas viejas, y ni modo, qué le vamos a hacer, ellas eran nuestras primas por parte de Peralta.
Cuando hicimos las casonas, teníamos de toitito lo que se usaba en aquéllos tiempos, zarzo pa’ las asaderas, corredor, horno pa’la cal pa’ pintar las casas, y para limpiar los menudos, y a veces pa’cocer el mayz; las conchas de la playa las cocíamos en el horno a luego la molíamos hasta que quedara puro polvo, esa era la cal.
Mi tatita, y nosotros también hacíamos licor de mezcal pardito, él nos enseño, en San Juan de Dios toavía existe el pozo donde cocíamos la cabeza del mezcal.

Algunas charlas que tuve con el tío ‘Don Chale Espinoza’.

¿Por qué le dicen ‘Don Chale’?, le pregunté un buen día,  fue eso como en 1972, en casa de mi padre a donde iba a tomar café casi todas las tardes; ocurrente  y buenazo que era me contestó.
Por viejarro que estoy, porque antes nomás me decían ‘Chale’, quesque porque a los gringos que se llaman Carlos les dicen Charly, por eso me dicen Chale, parecidon, parecidon.
¿Que usted fue muy buen vaquero dicen todos en el pueblo?
Quien sabe porque dirán eso, si toavía soy buen vaquero, desde que me acuerdo siempre he andado a caballo y mulas, ahora últimamente empecé a manijar un picapito chevrol, ese que’sta ajuera, aunque tuve primero una canonata (camioneta) que me daba muncha lata una llanta, porque el tigote no servía, y se acabó mi canonata porque el Salcido (Alcides), unos ajelerones le pegaba; lo primero que se le descompuso jueron las manellas por tanto pompiarle, y es que Santiago me dijo: Cuando no quiera maniar la canonata pedalellale para que pompelle el líquido pa’ las llantas.
¿Cuál líquido?
¡El de las manellas!
¿Tío Don Chale, me han platicado que una vez quemó a su primo Pino Acevedo Saiz?
Sí, pero jue sin querer; y es que Santiago mi hermano nos mandó a comprar lonchi pa’l Rosario, estábamos en San Juan de Dios, y nos juimos de madrugada en un carrito cehevrol que no hacia muncho había comprado en ‘Pino’, era un carrito muy bonito, y lo cuidaba mejor que lo que él se cuidaba.
Juimos pa’l Rosario, surtimos el lonchi que nos encargó Santiago que le mandaban de Ensenada de la tienda del chino Rafael Chan,  a luego que recibimos aquel lonchi, le entregamos otra lista pa’que la enviara el chino un mes después.
Cargamos el carrito, pero eran tantas cosas, por costales de harina, azúcar, arroz, frijol, manteca, café, y munchisimas cosas, que se llenó el carrito, hasta en el vidrio de atrás, y en el asiento hasta el techo, en medio de nosotros, y en los pies, yo casi ni miraba al ‘Pino’, nos paramos con en El Arenoso, y juimos hasta El Progreso a tomarnos un vinito con Marcelino Cajeme García.
   Ya pardeando la tarde, cuando se había quitado la resolana, nos juimos pa’ San Juan de Dios, llegamos de nochi, y ajuera estaban todos en el patio del rancho, en una lumbrada.
Ya pa’ llegar está un arroyito con arena y piedras, el ‘Pino’ pasó el vadito, pegó muy juerte la panza del carro, nos bajamos, y me dijo el pino, se desfarató el tanqui de la gasolina, ya le puse un dedo en el ahujero, ve y traite un jabón de pan pa’ tapar el tanqui.
Yo me jui por el jabón, y cuando ya venia de regreso me traje un tizón ardiendo pa’ lumbrame porque estaba muy oscura la nochi.
¡Aquí está el jabón le dije al ‘Pino’, y se lo di!
Está muy oscuro, no veo nada dijo el ‘Pino’, entonces para alumbrarlo, meti el tizon ardiendo pa’bajo del carro, y que va explotando, lueguito llegaron munchos de la casa, y sacamos al ‘Pino’ de abajo del carro, lo apagamos con arena, y a cobijazos, no le quedó nada de cejas, pestañas, ni pelo; y el carrito se quemó toitito junto con todo el lonchi, nada pudimos rescatar.
Toavía está donde mismo el carrito, luego que pasaron las semanas el ‘Pino’ lloraba más por el carrito que por las quemaduras.

Las fiestas y los premios de aquéllos tiempos.
Tomado de las pláticas que tuve con Tío Caracol Espinoza.
      Bueno, y en la fiestas que hacíamos el día de la virgen, durábamos munchísimos días de fiesta, tomábamos cola de burro, comíamos barbacoa, carne asada, machaca, asaderas secas y frescas, miel de abeja, menudo, tortillas de harina, cabezas de res tatemadas en pozo; bailábamos, hacíamos jaripellos, jugábamos al ‘palo encebado’, ‘al cochi encebado’, carreras en costales, carreras parejeras de caballos, le dábamos unos tragos de cola de burro a algún julano, y a luego corrilla a juerza de carrera, y llegaba a una estaca bajita que estaba clavada en medio del campo, y le tenilla que dar diez vueltas, agachado y agarrando la estaca; noommbre caiba redondito al suelo como a la quinta vuelta, a veces duraban hasta l’otro día pa’poder estar buenos otra vez, luego de tanta tarahuila en la estaca, se la pasaban gomitando toitita la nochi, por lo regular los curábamos con lechi bronca y con pancha de gajo.
En las fiestas siempre el premio mayor era una alazana, qu’era una moneda de oro, y a veces cuando estábamos muy rieles en la economía, era una moneda de plata, además al ganador absoluto se le obsequiaba un ajuar de vaquero, chamarra de mezclilla, pantalón de mezclilla también, camisa de cuadros, un par de botas vaqueras, un par de espuelas, herraduras para su caballo, todo eso y hasta una montura, y una carabina 30-30 se ganó el Chale mi hermano, que a él nadie le ganaba, fue el mejor de toda la vaquerada.
Aunque de breve manera he narrado algunas anécdotas de mis tíos bisabuelos, a quienes tuve el gusto de conocer y convivir con ellos, pero sobre todo aprender de sus muy ricas tradiciones, que al vivirlas, para ellos, como para nosotros son simplemente la vida cotidiana. En las actuales fiestas a celebrarse a fines de la presente semana del 20 al 22 de julio de 2012, al festejar el 238 aniversario de la fundación de El Rosario, sin que mucho lo sepan, van a salir a relucir tantas situaciones, igual como pasaron en los tiempos de los tatarabuelos de nuestros bisabuelos; lo mejor de todo, será, que ahora seamos nosotros los que debemos trasmitirlas a los chicos.
Porque cómo dirían nuestros viejitos:
Puuchi Semos munchos, por eso trabajamos tanto, para que a los ñetos no se les olvide el porvenir, ni lo que pasó.


AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
17 DE JULIO DE 2012

La presente investigación se encuentra protegida por los derechos de autor según patente 1660383, se permite su uso, siempre y cuando no sea con fines políticos, de lucro, comerciales, y se otorguen los créditos correspondientes.

NOTAS RELEVANTES:
Adalberto ‘Caracol’ Espinoza Peralta, falleció en 1980,  a los 90 años de edad, fue sepultado en El Rosario, Baja California.
José del Carmen ‘Tambo’ Espinoza Peralta, falleció en Ensenada a los 96 años de edad, había nacido en el rancho San Juan de Dios, en 1893.
Carlos ‘Don Chale’ Espinoza Peralta, falleció en El Rosario,  como en abril de 1974, a la edad de 75 años, había nacido en San Juan de Dios, en 1899.
El mayor de los hermanos Espinoza Peralta, fue Juventino, nacido en San Juan de Dios, en 1877, seguía Santiago en 1878, Cecilio en 1880…

Significado de algunos vocablos utilizados en la narrativa.
Cabrestear: Jalar a un animal con una rienda.
Capió: Esquivar un golpe
Corvas: Parte alta de la pierna
Canonata: Camioneta
Chevrol: Chevroloet
Hijares: Costado del cuerpo, zona de las costillas.
Maneas: Frenos
Ñetos: Nietos
Pompellale: Bombeale
Pedalellale: Pedaléale
Tarahuila: Dar vueltas, hasta marearse
Tatita: Abuelo, incluso bisabuelo, o tatarabuelo.
Tigote: Pivote de la llanta.
Volido: Vuelo

Ala izquierda Adalberto ‘Caracol’ Espinoza Peralta, a la derecha su sobrino Francisco Espinoza Arce, hijo de Policarpo ‘Hijo’ Espinoza Peralta: El Rosario, Baja California, 1940.


 Carlos ‘Don Chale’ Espinoza Peralta, en viaje de El Rosario a la sierra de San Pedro Mártir, siendo guía de Harry Crosby, para los trabajos de investigación en Baja California. Foto: Harry Crosby 1967, me fue facilitada en 2011  por la Universidad de California, Campus San Diego: UCSD, biblioteca central.


Tatita Policarpo ‘Polo’ Espinoza Marrón, El Rosario, BC 1927. Colección: Archivo Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.Jose del Carmen ‘Tambo’ Espinoza Peralta


Y su Josefa Peralta Vidaurrázaga: Boda 1923.
Colección: Archivo Ing. Alejandro Espinoza Arroyo



Carro de Agripino ‘Pino’ Acevedo Saiz, que se quemó con las
Mercancías al llegar al rancho de San Juan de Dios.
Foto: Alejandro Espinoza Jáuregui: 17 Septiembre de 2007.
Colección: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.

miércoles, 11 de julio de 2012

238 ANIVERSARIO DE EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA.


Son casi más los años de existencia, que los habitantes que tiene el pueblo.
Se festejará el 20, 21, y 22 de Julio de 2012: Habrá jaripeos, baile, cochi encebado, antojitos mexicanos, y mucho más…
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
Lunes 09 de Julio de 2012
Patente 1660393.
Si toma datos de este trabajo o de cualquiera otro, por favor cite la fuente, no a la piratería, no al plagio, no al robo del trabajo intelectual.

       En julio de 1774, el día dos, se fundó la misión de Nuestra Señora del santísimo Rosario de Viñadaco, por los misioneros dominicos Fray Francisco Galisteo y Miguel Hidalgo, pero no el cura de Dolores, sino otro que llevó el mismo nombre. El contingente que acudió a la fundación, según nuestra tradición oral familiar Espinoza, Juan Nepomuceno Espinoza, el primer Espinoza en la península, se encontraba presente en la fundación de El Rosario.
El sitio donde decidieron los misioneros asentar la misión para someter a los pobladores que durante milenios habían vagado por esos lugares, era llamado Viñatacot por aquellos nativos cochimies, quienes hablaban el dialecto Borgeño del tronco lingüístico yumano peninsular.
España, que era la que mandaba a diestra y siniestra en ésta y en muchos otros   millones que kilómetros cuadrados de tierra, ordenaba que sus soldados y misioneros, además de apropiarse de los territorios, debía también someter a los “gentiles” a la religión católica, debían llevar nombres que la iglesia aprobara, y trabajar para la misión, catequizando a chicos y a grandes, y a los que no aceptaban, eran castigados en el patio trasero de la misión, donde se encontraba un poste clavado al suelo, llamado “Picota”, donde eran azotados los “necios”, es decir los que no aceptaban la religión, y también los que no trabajaban de acuerdo a las obligaciones que les imponían los europeos.
¿Y cuando iban a entender de trabajo, si durante cientos de generaciones, solo vagaron en busca de su sustento?
Total que a principios de la décadas de los 1770 llegaron a Viñatacot, un grupo de exploradores españoles, y al ver que el agua se mantenía en corriente permanente, que se podrían cultivar tierras, la disposición de leña, y sobre todo que podrían adueñarse de la fuerza de trabajo que los ‘indios’ podrían suministrar, por las buenas o por las malas, al servicio del misionero, so pena de ponerles una paliza en la futura picota, en caso que se resistieran a realizar todas las tareas que les encomendaran.

Narraciones de Dorotea Ortiz Aguilar:
Doña Dorotea Ortiz Aguilar, rosareña nacida en la década de los 1860, fue hija de Rosario Ortiz Espinoza y Josefa Aguilar Savin, y nieta de Domingo Aguilar y Columba Savin, Los dos últimos fueron cochimies de raza pura, que habían vivido en El Rosario (Viñatacot), durante milenios.
Según las narraciones de Doña Dorotea a su nieto Benjamín ‘El viejo Benny” Reseck Núñez, sus abuelos Domingo Aguilar y todos los de su raza cochimi, fueron salvajemente azotados por ordenes de los misioneros, no por ellos, sino por otros ‘indios’ de otras razas que por temor a ser azotados también se convertían en verdugos de los nuestros de Viñatacot.
Decía Doña Dorotea: Que si al cura de la misión de San Fernando Velicatá, le daban ganas de comer pescado fresco, le mandaba decir mediante una fila india al cura de El Rosario, y este mandaba formar otra fila hasta Punta Baja, sacaban el pescado, y lo traían a fuerza de carrera a pie, y daba vuelta por El Rosario, con rumbo a San Fernando, pasando por la cañada de San  Fernando en la sierrita, y que a medio camino se encontraban la fila de ambas misiones, donde intercambiaban pescado y pan. El de El Rosario enviaba pescado fresco, y el de San Fernando Velicatá: Pan.
En aquellos tiempos en que conservar los alimentos era difícil, se valían de la sal, para eso mandaban ‘indios’ de El Rosario a las salinas de San Quintín, y desde allá traían a lomo la cantidad de sal que se ocupara, caminando con la sal a cuestas los sesenta kilómetros que distan entre San Quintín y El Rosario. Claro que nos podemos imaginar las destrozadas espaldas de nuestros ‘inditos’, lo que para los misioneros era irrelevante, y que si se les morían unos cuantos, era cuestión de traer otros y reponerlos: Y como se dice en el argot vaquero: ‘Las bestias de la carga, y los de la remuda’. Con el debido respeto porque en este caso se  trata de seres humanos.
En los tiempos malos en El Rosario, siempre han escaseado los alimentos: Los misioneros mandaban a toda la ‘indiada’, a que fueran al campo a traer toda clase de frutos y animales silvestres, los apilaban en el patio central de la misión, y el misionero lo repartía entre la comunidad. A quien no trajera suficiente alimentos, o que los desviara para regresar por ellos después, para llevarlos a su casa, pasaba irremediablemente a la picota.
Las tierras de El Rosario de Abajo son mas altas que la corriente del arroyo, se tuvo la necesidad de construir una acequia que iniciaba desde las cercanías del cantil, hasta mas o menos donde se encuentra el panteón misionero de El Rosario de Abajo. La tal acequia era tan alta en algunos tramos, que se rompían los bordos, que eran reparados con ramas, varas, y lodo: Todas las tardes de reparaciones, se formaba una larga fila de ‘indios’ a la picota, por sus descuidos y permitir que se rompiera el canal.
Y cuando llegaron los primeros rancheros, ya para el año de 1800, las cosas ya estaban muy dañadas para nuestros antepasados milenarios, ya habían sucumbido, por las enfermedades que trajeron los europeos, aunque mayormente perecieron debido a tanto trabajo pesado que los obligaron a hacer, y a la paupérrima alimentación, que por lo regular consistía en atole de maíz con sal.
Atole de maíz con sal, durísimo trabajo, indefensos ante las enfermedades del viejo mundo, y los latigazos en la picota: ¿Quién desearía vivir en tales condiciones?: El hombre esclavizado por el hombre.
Durante el tiempo transcurrido desde 1800 a 1950 aproximadamente El Rosario, era un lugar de seminómadas, porque los rancheros que aquí vivían, nuestros familiares pasados, viajaban de un lugar a otro, y en muchas ocasiones ya no volvieron.
Muchos se fueron para California, otros mas a Ensenada, no se diga a Tijuana, Rosarito, y cuando se trató de formar Mexicali, en 1903, y poco antes, fueron muchos los rosareños que se trasladaron viajando por la sierra hasta  aquel valle, donde actualmente viven muchos de sus descendientes, como son Loya, Villavicencio, Arce, Valladolid, Ortiz, Espinoza, Peralta, Garcia, Marrón, y muchos más.
Cuando fui chico en El Rosario, en la década de los 1960, la población se componía por poco menos de doscientos habitantes, y en el censo de 2010, éramos sólo 1705, en toda la demarcación.
Para que nuestra tierra exista como la conocemos, ha corrido mucho sudor, muchos azotes, lágrimas, sinsabores, pero también alegrías, esperanza, y buena fe, que han abonado nuestra tierra y nuestro espíritu para que luchemos sin descanso por ver en El Rosario, Baja California, un digno pueblo plagado de buenas vibras, porque todos nosotros, estamos aquí, sólo de paso; donde ya nadie nos azota para que hagamos lo que debemos dejar para la posteridad.
Un entusiasta grupo de jóvenes se encuentran realizando actividades para festejar el 238 aniversario de la fundación de nuestro pueblo, en otro trabajo dejaré asentado los pormenores tanto como sea posible.


AUTOR DEL ARTÍCULO

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
09 DE JULIO DE 2012.
Patente 1660383.

El presente es trabajo intelectual del autor, quien lo tiene protegido bajo patente número 1660383, si se toman datos favor citar la fuente: No a la piratería, no al robo de investigación.

NOTAS RELEVANTES. En la demarcación de El Rosario, Baja California, existen infinidad de sitios con arte milenario en pinturas rupestres y petrograbados.
Solo en los descendientes de la familia Ortiz, quedan genes de la sangre milenaria de El Rosario.
Información sobre las culturas milenarias de Baja california, se pueden consultar en cualquier libro de Historia de Baja California.
En el museo del Centro Cultural Tijuana, ‘CECUT’ se pueden apreciar ampliamente sobre la vida indígena de Baja California, al igual que en los Centros del INAH,  museos universitarios, y comunitarios de la Entidad.
El símbolo del Seminario de Historia de Baja California, hace alusión a una de la majestuosas pinturas rupestres de San Francisco de la Sierra, Baja California Sur.

sábado, 9 de junio de 2012

IMPORTANCIA DE LAS “DOÑAS” EN BAJA CALIFORNIA.


Pilares centrales del devenir histórico, y de la formación de la sociedad.
Dedicado  de manera especial a Doña Rufina Arroyo Castro de Espinoza, por  ser este el día de su cumpleaños, y por ser un gran ‘Doña’.
Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, valoremos nuestro legado.
La presente investigación no sigue lineamientos gubernamentales, ni políticos de ninguna índole.
Somos Bajacalifornianos, no “Bajeños’.
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
Viernes 08 de Junio de 2012
Patente 1660383.

      Y cómo ya he logrado entender que nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, les traigo en ésta narrativa algunos datos de la valiosa intervención de “Las Doñas” para la formación y consolidación de nuestras tradiciones, que con el paso del tiempo forman parte muy arraigada de nuestra identidad, incluso de nuestra más profunda esencia.
Las “Doñas”, mujeres así llamadas por ser personas entradas en edad, pero principalmente por ser emprendedoras, valientes, abnegadas, entregadas, y pilares centrales de nuestra sociedad desde la rural, hasta la citadina.
     En los parajes, ranchos,  pueblos, y ciudades de la península de Baja California, y no sólo aquí,  “Las Doñas”, han jugado desde siempre un papel sumamente variado, conociendo y desempeñando  todas las actividades propias de ellas, y más, mucho más que eso. Espero que los lectores no se cansen, pues es mucha la información, y son muchos los nombres.
      Las parturientas y sus parteras, los enfermos y sus enfermeras, los ancianitos y sus damas de compañía, los desvalidos y sus protectoras, los moribundos y sus ángeles, los descarriados y sus consejeras, los viajeros y sus anfitrionas, los niños huérfanos o ‘prestados’ por ellas criados; y cuántas más actividades por  las “Doñas” realizadas.
  Quién no recuerda, la mano amiga, el tibio aliento, la generosidad, o  bien la determinación de nuestras mujeres mayores, que desde su juventud hicieron notar la “Doña” que llevaban dentro.
A lo largo de la historia, poco, muy poco en realidad se ha tratado sobre sus contribuciones, y para no ir tan lejos les narraré algunas peripecias de algunas de nuestras “Doñas” de Baja California”.
1.- Para muchas familias de Baja California, nuestra primera “Doña” fue Loreto Castro de Espinoza: Originaria de Loreto, Baja California Sur, en donde nació hacia 1758, perteneciente a la nación cochimi, ancestral pueblo que habitó la mayor parte de la península, hasta antes de la llegada del ambicioso azote español. Fue la esposa del solitario español  Juan Nepomuceno Espinoza, con quien procreó a una decena de vástagos, quienes generosamente poblaron las vasta geografía peninsular, de cuyo hijo mayor, Carlos, descendemos los ‘Espinoza’ de El Rosario, Baja California.
Fue Loreto Castro conocida como “Mamá Espinoza”, apodo que según la tradición oral, le impusieron de manera cariñosa los misioneros, aunque cuando fue abuela, la familia la llamó “Nanita Loreto”. Debido a su origen prehispánico, conocía de manera amplia las costumbres de su pueblo, siendo ella quien trasmitió a sus descendientes costumbres,  conocimientos de herbolaria y cocina, que hasta nuestros días se acostumbran en nuestra familia. En su juventud, podía correr al trote grandes distancias, y soportar la sed y el hambre de manera insospechada. Utilizaba la honda, y trampas para atrapar codornices, conejos, y otros animales silvestres; para la pesca utilizaba brazos de pitaya que machacados en las pozas en la playa, causaba que los peces flotaran vivos, donde ella los atrapaba a mano limpia. Valoraba el agua,  los alimentos y la naturaleza de manera frenética, lo cual enseñó a sus descendientes, aunque en mucho se ha perdido aquella enseñanza.
Fue partera de sus hijas, y de muchas nuevas madres durante toda su vida. Tenía la enseñanza para elaborar cestería a base de ramas de árboles, sandalias con cuero crudo de conejo, liebre, venado, o borrego, a las que llamaba “Teguas”.
Al enviudar Loreto en 1799, su hijo mayor Carlos, de veintiún años de edad quien fue soldado de cuera de la corona española, y nutriero mexicano, se hizo cargo de la familia, siendo  el menor José Luciano de un par de añitos.
Loreto se dio a la tarea de sacar su familia adelante, que nada fácil debió ser, sobretodo sabiendo que vivían en la más abrupta soledad del desierto rosareño, siendo ella la que decidió que la familia debía asentarse en El Rosario, cosa que hicieron en el verano del año de 1800.
La “Mamá Espinoza, o Nanita Loreto”, fue la madre fundadora de la familia ‘Espinoza” en Baja California, su hija María del Carmen  de la familia ‘Ortiz’ en El Rosario, así como su hija Perfecta Escolástica, la fundadora de la familia ‘Ames’ en Baja California.
Las tatemas de cabeza de res en pozo, ha pasado de generación en generación desde que ella la instituyó, al antiquísimo estilo de la tatema de los agaves, por la comunidad prehispánica peninsular; de igual manera la costumbre de tomar los tés de las hiervas del desierto y las montañas que aun en la actualidad utilizamos: Hierva del venado, guata, canutillo, del manso, de la gangrena, entre muchas otras.
Y hablando de ordeñas, quesos, mantequilla, requesón, y todos los demás derivados de la leche, así como el huerto familiar, la ‘quiebra’ de leña, los fogatas, los fogones, las hornillas, el pan, la excavación de pozos para el agua, la costura, el fabricar  jabón, son sólo algunas de la infinidad de actividades de nuestras ‘Doñas’.
La matriarca, Doña Loreto Castro de Espinoza, fue quien decidió que los ‘Espinoza’ se asentarían en El Rosario, falleció a la edad de 80 años, en la casa de su hijo Carlos y su nuera Maria Dolores Salgado Camacho, en 1838, justo cuando nació su nieto José del Carmen Espinoza Salgado, quien fuera el padre de mi tatarabuelo Policarpo Espinoza Marrón, fallecido en 1928, a la edad de 70 años, en la misma casa donde murió Loreto, y nació José del Carmen, en el propio pueblo de El Rosario, Baja California. Fue abuela materna de los primeros Ortiz, y Ames, de Baja California.
        A continuación asentaré los nombres de algunas de nuestras ‘Doñas’, todas ellas con similares peculiaridades que las descritas con anterioridad, salvo las costumbres prehispánicas de Loreto, y sabiendo que son muchísimas más Doñas que existieron por toda la península,  la mayoría quedarán sin anotar, pues desconozco sus nombres, y tal vez alguna vez, poco a poco se pueda mejorar esta parte del tema. –Tema: Actual palabra favorita adoptada,  de la que abusan, y con la que creen que se adornan los políticos en México-
   Doña Columba Savin de Aguilar, madre fundadora de la familia ‘Savin’ en El Rosario,  casada con Domingo Aguilar; ambos provenían de las milenarias familias cochimi de “Viñatacot”, -como antes de la llegada de los españoles se llamaba El Rosario-.
  2.-    Doña Maria del Carmen Espinoza Castro, esposa que fue del español José Rito Ortiz, soldado de cuera de la corona española, fue otra de las muy importantes “Doñas” de El Rosario. Para empezar fue la madre fundadora de la familia Ortiz, en El Rosario, fueron ellos los que construyeron la primera casa habitación en ese lugar hacia 1808; única construcción existente en el cañón, sólo después de los dos asientos de la misión.
  3.- Doña Perfecta Escolástica Espinoza Castro, madre fundadora de la familia ‘Ames’, en Baja California, fue la esposa del norteamericano Julián Jesse Ames, quienes habiendo vivido algunos años en El Rosario, donde se casaron, pasaron a vivir  a La Grulla, y posteriormente al Rosarito del Norte, más tarde a su rancho “Los Coches” en el área de San Diego, California.
   4.-  Doña Germana Ceseña, madre fundadora de la familia ‘Acevedo’ en El Rosario, fue casada con el soldado de cuera, sonorense de origen Eduardo Acevedo, fueron consuegros de Carlos Espinoza Castro y Maria Dolores Salgado Camacho. Los Acevedo iniciaron en El Rosario, en 1827, año en nace su hijo Loreto Acevedo Ceseña, quien casado con Maria Rita Espinoza Salgado, dispersaron, a través de sus hijos el apellido por toda la región al norte y sur de El Rosario.
 5.-   Doña Columba Sevilla, originaria de San Borja, fue la madre fundadora, en la década de 1820  de la familia ‘Pellejeros’ en El Rosario, quien casada con José Pellejero, de Santo Tomás, cuyo apellido era ‘Verdugo’ en realidad. Además de muchas de las actividades descritas en Loreto Castro de Espinoza, trabajaron además la peletería, por esa razón al paso del tiempo perdieron su apellido ‘Verdugo’, y se quedaron con el apodo ‘Pellejeros’.
Ildefonsa Espinoza Salgado, rosareña, madre fundadora, en la década de 1850 de la familia ‘Montes’ en El Rosario, fue casada con José Montes, originario de San Ignacio, Baja California Sur; vivieron alternadamente en El Rosario, y la misión de San Fernando Velicatá, donde ambos fallecieron y descansan.
  6.-    Doña Josefa Murillo de Vidaurrázaga, sudcaliforniana,  madre fundadora de la familia ‘Vidaurrázaga’ en la península, fue casada en 1841, en Baja California Sur con el euskera o vasco Tomás Vidaurrázaga. Esta familia trabajó también la minería y la exploración, ya que Vidaurrázaga llegó a la península para buscar la misión perdida, que según decían las leyendas se encuentra en el desierto central de Baja California.
  7.-  Petra  “Doña Petrita’ Pellejeros Sevilla, fue la madre fundadora hacia 1850 de la familia “Marrón’ en El Rosario, fue casada con Ignacio Marrón Murillo, aunque en ocasiones aparece como ‘Carrillo’. Algunos de los primeros hijos de la familia Marrón de El Rosario prestaron servicio nada más, ni nada menos que al gobierno del tirano y chacal Porfirio Diaz.
 8.-   Francisca “Doña Chica’ Véliz Osuna, madre fundadora,  de la familia ‘Peralta’ en El Rosario, fue casada con Inocencio Peralta Aguiar, originarios de Comondú, llegaron al pueblo a principios de la década de 1870.
 9.-   Pilar Meza de Collins, madre fundadora de la familia ‘Collins’ en El Rosario, a donde llegaron a principios de la década de 1870, fue casada con Luis Collins Marrón. Esta familia se distinguió por su alta productividad, pues además de todas las tareas ya citadas, elaboraban azúcar de caña, en molino por ellos construido a base de madera de mezquite, y palo fierro.
  10.- Natalia ‘Doña Naty’ Collins Meza, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Arce’ en El Rosario, fue casada con Crisóstomo Arce Higuera, hacia 1890, originario de Mulegé, Baja California Sur. Fueron los primeros que sembraron cacahuate en mi tierra, aunque a la fecha ya nadie sabe eso, ni siembran. Se fueron de El Rosario a  San Vicente Ferrer, cuando ya habían nacido la mayoría de sus hijos. En San Vicente Ferrer descansan la mayoría de los ‘Arce’ de la primera generación.
11.- Gertrudis ‘Doña Tula’ Espinoza Marrón,  Rosareña madre fundadora de la familia ‘Duarte’ en El Rosario, fue casada, a principios de la década de 1870, con el sudcaliforniano Domingo Duarte Cossío, vivieron en El Rosario, y en el rancho ‘Los Mártires’, que hoy es propiedad de su bisnieto José Antonio ‘Birolgo’ Duarte Duarte.
13.-   Doña Encarnación Ortiz Aguilar, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Valladolid’ en El Rosario, fue casada a principios de  la década de 1880 con el chihuahuense Manuel Valladolid Apodaca; fueron padres de José Valladolid Ortiz, quien fue casado hacia 1920 con Dominga Duarte Espinoza, y cómo si no tuvieran tantas actividades en su vida cotidiana, cada diciembre preparaban hasta tres mil tamales para invitar a comer a la parientada, y amigos en su casa, su casa que aún existe.
 14.-   Maria de Jesús “Doña Chuy’ Espinoza Marrón, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Loya’, fue casada en 1869 con el chihuahuense Angel Loya Moreno, vivieron en El Rosario, y en El rancho ‘El Rosarito de los Loya Espinoza’, hoy en ruinas, lugar donde descansan Angel Loya Moreno, su hijo mayor Jesús, nacido en 1870, y varios otros de la familia.
15.- Doña Maria Rita Espinoza Salgado, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Ortega’ en El Rosario, fue casada en terceras nupcias con Regino Ortega Murillo, originario de San Ignacio, Baja California Sur. En la actualidad la única descendiente de ellos que habita en El Rosario es, Mabel Ortega, casada con Salvador Eugenio Meling Espinoza.
  16.- Doña Tecla Peña Duarte de Grosso, sudcaliforniana de El Triunfo, madre fundadora a principios de la década de 1890 de la familia ‘Grosso’ en Baja California, fue casada con el italiano, originario de Génova, Eduardo Eugenio Grosso Boittard, aunque en ocasiones lo pronuncian como “Guatare”.
Los Grosso Peña, aunque casados en Santa Rosalía, Baja California Sur, radicaron en distintos puntos de Baja California, y finalmente en El Rosario, donde vivían en el rancho ‘Buena Vista’, del que aún existen algunas de sus originales construcciones, con uso bastante distinto al de antaño, pues desde hace algunos años se utiliza como ‘Centro de Rehabilitación de adictos’, esa terrible plaga existencial que afecta a chicos y grandes, a pobres y a ricos, sin ninguna distinción, enfermedad tan común en nuestra actual sociedad.
Maria del Cruz Duarte Espinoza, rosareña, madre cofundadora de la familia ‘Villavicencio’ en El Rosario, fue casada, en 1893 con Anastasio Villavicencio Arce; les nació su primera hija ‘María Severiana’, en su rancho ‘El Portezuelo’, el día el 25 de mayo de 1894, vivieron en El Rosario, en la parte que se llevó el arroyo a mediados de la década de 1970. Abraham Villavicencio Arce, hermano menor de Anastasio, fue casado con su pariente cercana Simona Arce, también fundaron  familia, les nació en El Rosario, su hija ‘Jesús’ el 15 de septiembre de 1896. Los hermanos Villavicencio Arce fueron originarios de San Ignacio, Baja California Sur, al igual que Simona Arce.
17.- Doña Manuelita Arce, sudcaliforniana, una de las madres fundadoras de la familia ‘Murillo’ en El Rosario, fue casada a fines del siglo XIX con ‘N’ Murillo, padres de Don Marcelino Murillo Arce, quien a su vez fue casado, hacia 1936, con Doña Bartola Peralta Murillo. Los ‘Murillo’ eran originarios de San Ignacio, Baja California Sur. Doña Manuelita Arce tuvo una hermana llamada Rosario, quien falleció  no hace mucho a los 110 diez años de edad, en El Rosario, vivía en casa de su hijo Marcelino, en su rancho ‘El Descanso’.
Doña Jesús Acevedo Marrón, rosareña, madre fundadora de una de las familias ‘Aguilar’, fue casada con el sudcaliforniano Ruperto Aguilar, a principios del siglo XX.
18.- Maria de la Luz ‘Doña Luz’ Echeverría Ortiz, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Meza; en El Rosario, fue casada, a principios de la segunda década del siglo XX con el Juez de origen sudcaliforniano Francisco A. Meza Arce. ‘Doña Luz’ fue también profesora en El Rosario, y comerciante, contaba con un restaurante, tienda, y gasolinera que se llamaba ‘La Luz del día’, se encontraba en la entrada norte del pueblo, en el preciso sitio donde ahora se localiza la única gasolinera de El Rosario, descendiente de la original.
19.- Doña Leonor Loya Espinoza, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Romero” en El Rosario, fue casada, hacia 1909 con el sudcaliforniano Alberto Romero. A ella le tocó criar a la familia, ya que su esposo se ausentó por décadas, y para cuando se volvieron a ver, ya eran abuelos, y vivían en El Sauzal, cerca de la cuidad de Ensenada.
20.- Doña Octaviana Marrón Ortega, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Garcia’ en El Rosario, fue casada a principios de 1908, con Ambrosio Garcia Guerrero, originario de Mulegé, Baja California Sur. Fueron los padres de mi abuela paterna Maria Visitación Garcia Marrón. Los descendientes  ‘Garcia’  en línea directa actuales, viven en Ensenada.
 21.-  Doña Catalina Ortiz Aguilar, rosareña,  madre fundadora de la familia ‘Meling’ en El Rosario, fue casada a principios de la década de 1910 con el noruego, originario de  Fylke de Troms, Salvador ‘Chip’ Meling Olsen. Esta familia incorporó en las costumbres de la región algunas recetas noruegas; aunque creo que son más bien utilizadas en la actualidad por los Meling de Colonet, ya que los de El Rosario, están inmersos en las costumbres alimenticias de mi tierra.
22.- Enriqueta Núñez Ortiz, rosareña que no llegó a ser ‘Doña’ pues falleció alrededor de los 22 años de edad, pero sí fundó un linaje; fue casada en El Rosario, en 1922, con el mestizo de alemán Eduardo Reseck, fundadores de la familia ‘Reseck’ en El Rosario; procrearon sólo un hijo, quien se llamó Benjamín, y fue conocido como ‘El viejo Benny’. ‘El viejo Benny’, fue casado con Doña Bertha ‘Güera’ Duarte Valladolid, quien en edad avanzada vive en El Rosario.
 23.-   Doña Sofía Espinoza Peralta, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Salizzoni’ en Baja California, fue casada a principios de la década de 1930 con el italiano Piero Domingo Salizzoni Rigotti. Desde luego ésta familia incorporó al igual que la ‘Grosso’ infinidad de recetas de la cocina italiana en nuestras familias, principalmente el espagueti y el queso parmesano.
24.- Doña Matea Duarte Peralta, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Martinez’ en El Rosario, se casó en 1933 con el colimense José Martinez Radillo, quien trajo la carpintería a El Rosario, dedicado por décadas a elaborar los ataúdes para los que se fueron primero que él. Esta familia no es muy numerosa en miembros. De Doña Matea,  admiro mucho la fortaleza que tuvo, pues antes de fallecer, en 1999, sepultó  en 1975 a su esposo, y en los siguientes veinte años, a cinco de sus seis hijos, situación sumamente difícil para cualquier persona.
  25.-    Victoria Castillo, bajacaliforniana, madre fundadora de la familia ‘Villalobos’ en El Rosario, fue casada, hacia 1937, con Eustaquio Villalobos Meléndrez, originario de Calmalli, Baja California, descendiente de la familia fundada en Baja California, por Doña Susana Ceseña  y Guadalupe Aniceto Meléndrez Orantes, radicados en La Grulla. Según datos existentes Doña Susana Ceseña falleció en Ensenada en 1900, a la edad de 125 años; lo cual significa que nació en 1775, esa es una laaarga vida; y fue madre del héroe  bajacaliforniano: Antonio Maria Meléndrez Ceseña, quien en 1854, expulsó de aquí al filibustero roba vacas, asesino y saqueador William Walker, quien pretendía separar a Baja California, y Sonora de México, y fundar la república independiente de ‘Sonora - ‘Baja California’, la que contaría con bandera de ‘Dos Estrellas’.
26.- Doña Guadalupe “Lupe la de Toba’ Duarte Valladolid, rosareña casada en la década de los 1930, con el sudcaliforniano Angel de la Toba Fuentes.
27.- Doña María Espinoza Peralta, rosareña, madre fundadora de la familia ‘Arauz’ en El Rosario, fue casada hacia 1940 con Ricardo ‘Chino’ Arauz Armenta. En segundas nupcias de Ricardo Arauz Armenta con Amelia Marquez Cervera son cofundadores de los ‘Arauz’ de El Rosario. Los Arauz en Baja california, provienen del Chileno Francisco Arauz.
28.- Josefa de los Reyes ‘Tiqui’ Espinoza Peralta, rosareña fundadora de la familia ‘Delgadillo’ en El Rosario, casada en la década de los 1940 con el jalisciense Enrique Delgadillo Dávalos.
29.- Francisca ‘Jirto’ Espinoza Peralta, rosareña fundadora de la familia ‘Covarrubias’, casada en la década de los 1940 con Roberto Covarrubias.

Otras ‘Doñas’ que aunque no son cabeza de linajes, son de alta importancia para todos nosotros.
30.- Gertrudis, Juana, y Dorotea, Ortiz Aguilar, trabajaron al igual que todas las ‘Doñas’, pero además ellas por herencia de su abuela Maria del Carmen Espinoza Castro, y su madre Josefa Aguilar Savin, cuidaban los dos sitios de la misión, y la cuidaban a fuego, si era necesario, pues bien sabemos que siempre han existido los ‘busca tesoros’, que llegan excavan, destruyen y la mayor de las veces no encuentran mas que tierra debajo de la tierra, y por lo mermado de su inteligencia a causa de la codicia por el ‘tesoro’, no alcanzan a distinguir que el tesoro, es lo que están destruyendo. Las hermanas Ortiz, fueron además institutrices, ellas apoyaron durante décadas a los ‘preceptores’ en la enseñanza de los niños en las escuelas rosareñas, Elemental Mixta numero IV, y VI.
31.- Doña María Visitación Garcia Marrón, rosareña, mi abuela, fue una muy trabajadora mujer, elaboraba de manera exquisita todas las recetas que conocía; en todas sus actividades era esmerada como pocas persona de las que he conocido. Sus quesos no tenían igual. Fue casada con Alejandro ‘Negro’ Espinoza Peralta, en El Rosario, en 1933.
32.- Isabel ‘Doña Chavelita’ Espinoza Romo, rosareña, una de las mas reconocidas parteras en El Rosario, fue casada, hacia 1932, con Amadeo ‘Quitito’ Peralta Murillo, uno de los mejores vinateros que han existido en mi tierra.
Anna ‘Doña Anita’ Grosso Peña, rosareña, casada con, hacia 1932 con Heraclio Espinoza Peralta, es una destacada ‘Doña’ en El Rosario.
33- Doña Anita, se quedó a vivir con su familia en la casa que heredó de su suegro Santiago Espinoza Peralta (mi bisabuelo), cuya propiedad había sido comprada por mi bisabuelo a la familia del profesor Dosal. En ese lugar mi bisabuelo tenia una gasolinera, que después ‘Doña Anita’ atendió junto con un restaurante, que en la actualidad existe y era conocido como ‘Casa Espinoza’, y hoy ‘Mamá Espinoza’, es reconocido internacionalmente, donde han pernoctado todo tipo de personajes, entre ellos, investigadores del National Geographic, científicos, historiadores, , corredores de carreras ‘Fuera de Caminos’, mal llamadas ‘Carreras Baja’; y cómo habrían de faltar, los políticos, que también se dan cita en la casa de Doña Anita.
‘Doña Anita’ fue quien llevó a El Rosario a los doctores ‘Samaritanos del Aire’,  en la actualidad se encuentra una clínica construida por norteamericanos, en su honor lleva su nombre. El trabajo que Doña Anita ha entregado a nuestra tierra es muy amplio, por tal razón ha sido reconocida en infinidad de ocasiones, con distinciones como: ‘Forjadora de Baja California’. Doña Anna Grosso Peña, fue la hija menor de Eduardo Eugenio Grosso Boittard y Tecla Peña Duarte, nació en El Rosario el 16 de Octubre de 1908, o de 1910. En Una entrevista que me concedió en 1992, me dijo que en 1908, y que la registraron en 1910, junto con Elena Meza Echeverría. Vive en El Rosario a más de 100 años de edad, con lo que ha ganado otra distinción, la de sobrevivir a todos los de su generación, no se diga a la de sus padres y abuelos.
34.- Doña Sara Orduño Ortega, originaria de San Regis, de la región de San Borjas, fue otra de las más reconocidas parteras, falleció en la década de 1980.
35.- Doña Amelia Márquez Cervera, partera que actualmente vive en El Rosario, aunque esa actividad ya casi no es socorrida a causa de la llegada de los hospitales del sector salud.
36.- Francisca ‘Doña Pachita’ Vidaurrázaga Peralta, rosareña, casada hacia 1932 con Serapio Garcia marrón.
37.- Silverie Garcia Marrón, rosareña, casada hacia 1940 con Bárbaro ‘Tabaco’ Duarte Peralta.
38.- Gertrudis Duarte Valladolid, rosareña, casada en la década de los 1930 con Lázaro Peralta Acevedo; nos deleitaron a todos en el pueblo todas las navidades con las tamaladas, barbacoa, y otras ricas comidas de aquélla tradición rosareña, de reunir al pueblo bajo la hospitalidad de alguna familia.
39.- Celestina ‘Doña Cuti’ Duarte Valladolid, rosareña casada en la década de los 1930 con Norberto ‘Yoti’ Espinoza Romo. Doña Cuti, atendía su restaurante, mientras que ‘Yoti’ despachaba gasolina a los escasos carros que circulaban por el pueblo. Su gasolinera era un pequeño cuarto de bloque en el que guardaba unos seis tambos de 200 litros cada uno, cuando llegaba un cliente, sacaba gasolina en latas, o en galones y en remolino a gravedad la vaciaba al tanque del auto. Existían otras ‘Gasolineras’ como aquella, que pertenecían a su hermano Alfonso ‘Rey’ Espinoza Romo, de Alejandro ‘Negro’ Espinoza Peralta (mi abuelo), Salvador ‘Cuatito’ Duarte Valladolid. Todas aquellas gasolineras eran abastecidas desde un depósito ubicado en san Quintín, propiedad de David Ojeda Ochoa y socios.
40.- Filipina ‘Doña Fili’ Duarte Valladolid, rosareña casada en la década de los 1940 con Alfonso ‘Rey’ Espinoza Romo, atendía su tienda que se encontraba cerca de lo que hoy es la Delegación Municipal.


Otras muy importantes Doñas de El Rosario.
Balbina Peralta Véliz, sudcaliforniana casada en 1875 en El Rosario con Policarpo Espinoza Peralta (mis tatarabuelos).
Matea Murillo Smith casada con en la década de los 1880 con Cenobio Peralta Véliz; sus hijas: Jacinta, Elvira, Bartola, Victoria, Francisca, Maria, y Eloísa.
Victoriana Peralta Véliz, casada a principios del siglo XX con Tomás Vidaurrázaga Murillo. Sus hijas Isabel ‘Chabela del Caracol Espinoza’, Josefa ‘Chepita del Tambo Espinoza’, Francisca ‘Pachita de Lapo García’, y Artemisa, Hilaria Gonzalez Espinoza casada con Cruz Sandez Aguilar; Cruz Sandez, esposa que fue del sudcaliforniano, de San José del Cabo, Gilberto Salgado Cota, Francisca Osuna Carranco, sudcaliforniana, esposa que fue de Eduardo ‘Lalo’ Espinoza Vidaurrázaga.
Lucía Espinoza Arce, rosareña, casada en la década de los 1940, con Cristóbal Gilbert López, del valle de Las Palmas, Baja California, quienes procrearon a su familia, en un paraje conocido como ‘Cerrito Blanco’ en la zona del desierto central, cerca de la laguna seca de Chapala,  vivieron también en El Rosario. Según dato de su hija Elizabeth, su madre Lucía Falleció en la Colonia Vicente Guerrero, en junio del 2000. Otra rama de ‘Gilbert’ en El Rosario viene de Aurora Peralta Espinoza, rosareña, casada hacia 1950, con Cristóbal Gilbert (hijo). Camila ‘Doña Camilita’ Jiménez de Servín, quien hace poco falleció con cerca de 100 años de edad, llegó con su familia a El Rosario, en 1954, en el grupo de San Vicentito, entre los que se encontraban mi abuelo, mi madre y sus hermanos; al igual que la señora María Ortega, esposa de Don Natividad Gómez Camacho. Anna Espinoza Peralta, rosareña, casada en la década de los 1940 con el Defeño Jesús Viera Arista, fundaron ese linaje en El Rosario.

  Sé de otras valiosas ‘Doñas’
“Nela Villavicencio” de Bahía de Los Ángeles (abuela de mi amigo Miguel ‘Cantor Alcázar), quien aprendió del chino Liumindó sobre la cocina china. Doña Maria Lomelí de Jiménez de San Quintín; y del ejido Nuevo Uruapan de El Rosario, a Maria Jiménez de Vera, Juanita de Zacarías, Francisca ‘Panchita’ Garcia de Carreras, Gregoria Carranza de Lara, Catalina Chávez, Cemerina Lara de Beltrán, Maria Amezcua de Gonzalez, Maria Luisa ‘Doña Licha’ de Gonzalez, la señora ‘Mares’, esposa de Prisciliano Mares.

Las ‘Doñas’ de los viejos caminos peninsulares.
Ramona Valladolid Duarte, esposa de Elías Meza Echeverría, en El Consuelo restaurant, Francisca Acevedo Ruiz casada con Onofre Collins Sandez, en distinto tiempo del consuelo restaurant, Genoveva Acevedo Saiz, esposa del viejo vaquero Isidoro Aguilar Amador, en el rancho ‘El Arenoso’, Etelvina Peralta Solorio, esposa de Marcelino Cajeme García, en el rancho “El Progreso’, la Yaqui Francisca Tena Garcia de Romero, del ‘Sonora Café’; Adela Peralta Acevedo, esposa de Arturo Grosso Peña, en el rancho ‘Laguna Seca de Chapala’; Artemisa Quiñonez, casada con Felix Cota, en el rancho ‘La Bachata’, en Punta Prieta…

Con las que más de cerca conviví, fue con mi abuela María Visitación, sus hermanas Natividad y Silverie García Marrón; en Sonora Petrita Gaxiola, esposa de David Dicochea, Artemisa Núñez, esposa de José Castañeda, Arminda Bernal, casada con Ruperto Celaya; en Mexicali Doña Alicia Duarte Tanori, esposa del sonorense Jesús Téllez García, Sara Sánchez Santillán, esposa de Raúl Torres; y en Tijuana con Isabel ‘Doña Chavelita’ García Paredes.

 A todas quienes aquí aparecen, y a las que no, les brindo mis respetos, reconociendo que sin ellas, otra sería nuestra sociedad, otros serían nuestros valores, otros seríamos en lo más recóndito de nuestro ser.

AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
A 08 DE JUNIO DE 2012.

El presente  es trabajo intelectual de su autor, quien lo tiene protegido bajo patente 1660383, se permite su uso, siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y no se utilice con fines de lucro, comerciales, ni políticos.

NOTA: Doña Rufina Arroyo Castro, (mi madre), nació en Numarán, Michoacán, México el 08 de Junio de 1940, llegó a El Rosario, en 1954, casándose con Julio Espinoza García el 17 de Abril de 1957.

Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, valoremos nuestro legado.
La presente investigación no sigue lineamientos gubernamentales, ni políticos de ninguna índole.
Somos Bajacalifornianos, no “Bajeños’.