"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

martes, 6 de marzo de 2012

YAQUIS POR TODAS PARTES, Y SU MENTE EN “EL BACATETE”, SONORA, MEXICO.

Seguimiento al artículo: “COMUNIDAD DE LOS CAITIOBOS YAQUIS, EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO”.

Nuestra tierra se llama BAJA CALIFORNIA, no se llama “BAJA”, somos Bajacalifornianos, no “BAJEÑOS”.

“Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, cuidemos nuestros tesoros”.

La presente investigación no obedece lineamientos gubernamentales, ni políticos de ninguna índole.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo

24 de Febrero de 2012.

Gerardo René Romo Quintero, es un sonorense que vive en las cercanías del Valle del Yaqui, muy cerca del corazón de las ancestrales tierras de la milenaria nación YAQUI, aquella nación que por poco exterminan las erráticas, ambiciosas, y crueles decisiones de Porfirio Diaz Mori, el “Dueño” de México, de los mexicanos y de sus almas, que por fortuna fue expulsado de la nación en los postreros años de la primer década del siglo veinte, de no haber sido así, es casi seguro sin exagerar que ni Yaquis, Pápagos, y Opatas existieran en la actualidad; baste decir que entre 1900 y 1908 las tropelías de Porfirio Diaz, sus espías, su ejercito, sus rurales, la acordada, y otros chacales políticos sonorenses y nacionales bajo sus ordenes, casi exterminan a los Yaquis, primero asesinándolos, y después vendiéndolos como esclavos para las haciendas henequeneras de Yucatán, Quinta Roo, y para las cafetaleras del Valle Nacional, Oaxaca.

Viene a la narrativa Gerardo René, ya que es un apasionado de la cultura Yaqui, es tan grande su interés por la comunidad, que al leer un artículo que en 2010 escribí sobre aquella nación, me envió por correo hace días unas muy sentidas palabras que considero deben formar parte de mis investigaciones, lo creo por varias razones, siendo la principal, que no son muchas las personas que se toman parte de su ajetreada vida moderna para dilucidar acerca de nuestra cultura, de nuestras raíces, y tradiciones; máxime si de rescatar valiosos elementos de una sociedad milenaria se trata.

La riqueza histórica, arraigo, tradiciones, y costumbres de la nación Yaqui, para ellos son tan sagradas, como lo es “El Bacatete”, que en su lengua significa “Carrizo Alto”, y es su montaña sagrada, la cual para ellos es un todo, en el más amplio sentido del concepto; su cultura es observada y malentendida desde fuera por la comunidad en general, aunque muchos sabemos de las tradicionales sonorenses tortillas de harina “Sobaqueras”, y la “Danza del Venado”, pero pocos saben que provienen de la cultura de Yaquis y “Mayos”, quienes compartieron territorio desde tiempos inmemorables.

Tan importante para Sonora es la danza del venado, que es parte de su escudo oficial.

Muy generosamente Gerardo René, me envió fotos de la región Yaqui, que se convierten en fieles documentos actuales de los descendientes Yaquis con costumbres intactas en su mayor parte, salvo las impuestas por los españoles, de las cuales el festejo de Semana Santa es la principal; además como Gerardo René comenta, la fiesta del día dos de julio, es de especial culto a la “Virgen del Camino”; la misma fecha, por cierto, en que fue fundado El Rosario, Baja California, pero en 1774.

HISTORIA DE LOS YAQUIS CAITIOBOS EN EL ROSARIO.

Cuando en 1907 los Yaquis Caitiobos llegaron a El Rosario, Baja California en calidad de protegidos por Concepción “Chinito” Duarte Espinoza, era porque huían de la feroz persecución del chacal Porfirio Díaz, quien junto con los políticos sonorenses de la época pretendían adueñarse de las ricas tierras y aguas del Valle y río Yaqui; al arribar a El Rosario, según las apreciaciones que hace Gerardo René, debió ser porque estaba escrito en el cielo, ya que si El Rosario se fundó el dos de julio, día de especial interés para la nación Yaqui, no fue por casualidad, sino porque en mi tierra encontrarían la paz, el consuelo, y el aliento que tanto necesitaban en sus perseguidas almas, como así fue.

Para Concepción “Chinito” Duarte Espinoza recibir al grupo de familias Yaquis, fue colocarse en la mira de las huestes del gobierno de Porfirio Díaz, no fueron nada fácil los tiempos para él y su familia desde 1907, hasta 1911, cuatro años de andar a salto de mata, escondiendo y protegiendo a aquellos desvalidos, por fortuna contó en tal acción, con el apoyo de todos los rosareños, mientras que unos Yaquis se escondían en un túnel, otros eran enviados a la sierra para los mismos fines, y otros más a las playas.

En 1909, llegó a El Rosario un grupo de hombres armados en busca de unos desertores de la leva del ejército de Díaz, y cuando unos niños y jóvenes de aquel entonces, entre ellos José “Pepe” Valladolid Ortiz, Alejandro “Mechudo” Espinoza Peralta, José del Carmen “Tambo” Espinoza Peralta, Carlos “Chale” Espinoza Peralta, y José del Carmen “Nico” Loya Espinoza, vieron que se dirigían hacia ellos los de a caballo para cuestionarles si en el pueblo había gentes que no hablaban español, y que les decían Yaquis; los chicos del pueblo bien adiestrados como estaban contestaron:

A los únicos fuereños que hemos visto en mucho tiempo, son ustedes.

Al día siguiente continuaron su andar con rumbo al sur peninsular, no sin antes hablar con el comisario del pueblo que era Don Francisco A. Meza Arce, quien bajo riesgo de ser pasado por las armas, negó que en El Rosario vivieran Yaquis; luego fueron a ver a mi tatarabuelo Policarpo Espinoza Marrón quien era Juez de Paz, encontrando aquellos furiosos con placa, la misma respuesta.

Ya para salir del pueblo le ordenaron al Chino Chinchan que de su tienda les llenara sus alforjas con víveres, y a mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta, frente a él le mataron a tiros dos de sus reses, cuyas carnes ya saladas cargaron en sus mulas, todo sucedió sin mediar palabras entre ellos, sólo feas y pesadas miradas de los “protectores” de la sociedad…

Fue un día después de que se fueron del pueblo los chacales de Díaz, que la “Nana Antonia”, de aquéllos Yaquis en mi tierra, fue atacada por sus perros, que eran unos diez, matándola a mordidas, sin que fuera auxiliada, pues todos sus paisanos se encontraban escondidos en un túnel, en la Sierrita, en el monte, y en las playas; le sucedió aquella desgracia porque fue la primera en acudir a su casa, al no existir el peligro representado por los del gobierno.

Con el paso de los años, a partir de 1910, ya con la seguridad del estrepitoso, sangriento, y vergonzoso derrumbe de la administración del gobierno de Díaz; Yaquis y millones de otros mexicanos tomaron infinidad de senderos de regreso a sus “Querencias”; porque una de las situaciones mas adversas por las que puede pasar un individuo, es andar a salto de mata, ser perseguido político, o religioso, o vivir en el exilio por cualquier razón, lejos de la tierra que lo vio nacer, eso, insisto es muy doloroso.

Los Yaquis refugiados en El Rosario, Baja California, no iniciaron su regreso a Sonora, a causa de la revolución mexicana, iniciada en 1910, y por temor de ser obligados a enlistarse, ya fuera en las filas del gobierno, o en las de la revolución; por esa razón permanecieron en el pueblo hasta por lo menos 1940; la mayoría se quedaron a vivir en Ensenada, y otros en sus ranchos en la comarca de El Rosario.

Los Yaquis formaron sus colonias en todos los lugares donde se refugiaron del gobierno de Porfirio Díaz, y posteriores a ese amargo episodio tan largo de la vida nacional; tenemos por ejemplos: En La Paz, Baja California, Sur, el barrio “El Esterito”; en El Rosario, “Colonia de los Yaquis Caitiobos”; en Ensenada “La Cuarta y Aldama”; en Hermosillo, Sonora, el barrio Yaqui que lo forman las colonias: “La Matanza”, “El Coloso”, y “El Sarmiento”.

Me comentó Orlando Ramonetti Appel, Bajacaliforniano radicado en Hermosillo, quien fue mi compañero de secundaria en 1970, que en la colonia Independencia de Ensenada, en aquélla década, un grupo de Yaquis realizaban la “Chapayeca” en semana santa, tradición que les fue impuesta por los españoles.

La “Chapayeca” en su lengua significa “Nariz Larga”, en referencia a la mentira, burla, hipocresía, y arrogancia. Con máscaras representan a los fariseos; máscaras como la que todos llevamos en la vida, simulando lo que no somos.

Los yaquis se encuentran relacionados con Mayos, Opatas, Tarahumaras, Pimas, y Pápagos.

Los Yaquis ancestralmente vivían a lo largo del Río Yaqui, pero al ser perseguidos, y a causa de las guerras que libraron para no desaparecer como pueblo, se vieron obligados a dispersarse por bastas regiones de México y Arizona, Estados Unidos; sin embargo como ha quedado dicho en párrafos atrás, miles cayeron en las crueles manos del chacal Porfirio Díaz Mori; que donde quiera que se encuentre, se debe revolcar porque los Yaquis sobrevivieron, y preservan sus ricas costumbres.

Al igual que lo han realizado desde hace centurias, los Yaquis en la actualidad tienen sus autoridades y medicina tradicional; sus parteras, curanderos, y se rigen por las ritos, costumbres, y tradiciones, que quien ha nacido entre éstas y las practica, son autollamados “Yoheme”, lo cual significa que son personas que cumplen con esas tradiciones y costumbres ancestrales, son Yaquis; mientras que quienes no han nacido entre ellos, y que no es un “Yoheme”, es un “Yori”, lo que significa que es de “fuera”; es decir, todos los que no somos Yaquis, somos Yoris.

Al caer en desgracia Porfirio Díaz Mori, y toda su “corte”, los Yaquis que lograron sobrevivir, poco a poco fueron regresando a pie hasta Sonora, y los que no lo lograron, fueron sepultados con la cabeza hacia “El Bacatete”.

Aunque bien podría seguir narrando sobre el asunto, prefiero y deseo dejar espacio para transcribir lo que Gerardo René Romo Quintero, avecindado de esa nación, en el municipio de Cajeme, Sonora, comenta acerca de su apreciación por nuestros homenajeados “LOS YAQUIS DE SONORA”.

Ingeniero Alejandro Espinoza Arroyo,

Muy buenos días, me llamo Gerardo René Romo Quintero y vivo en Cd. Obregón, Municipio de Cajeme, Sonora, en pleno corazón del Valle del Yaqui, y a unos cuántos kilómetros del pueblo de Cocorit, uno de los ancestrales ocho pueblos de la Nación Yaqui. Tengo 37 años de edad, y soy un apasionado de la cultura de la tribu Yaqui, tengo la dicha de vivir prácticamente dentro de territorio Yaqui y puedo visitar las comunidades con relativa frecuencia; déjeme decirle que leí su artículo sobre los “Yaquis Caitiobos en El Rosario, Baja California” y me pareció estupendo, yo sabía que había Yaquis en Baja California, pero no sabía que también había sido a causa de la diáspora que les causó Porfirio Díaz.

Por éstas tierras se cuentan aún muchos relatos acerca de este episodio tan amargo y difícil para la tribu Yaqui; todavía hay gente muy mayor que cuenta lo que les pasó a sus padres y abuelos, aún están muy abiertas las heridas, pero la tribu es muy fuerte, ha sabido sobrellevar y nunca olvidar esa parte de su pasado.

Tengo la dicha de ver todos los días, a lo lejos, la imponente, indómita y sagrada sierra de "El Bacatete", casi ningún “Yori” sabe lo que significa para un Yaqui ese tramo de Sierra, y lo que representa para su subsistencia como pueblo; y mucho menos se imaginan la cantidad de sitios y lugares históricos con los que cuenta; ésta sierra hasta hace muy pocos años era lugar prohibido para la gente "blanca", era inimaginable pensar que un “Yori” pudiera visitar este sitio; hoy las cosas han cambiado un poco, para fortuna nuestra, ya es posible visitar algunos de los sitios históricos y sagrados en compañía de algún muy buen amigo Yaqui.

Cada vez que tengo la oportunidad de visitar algún pueblo, ya sea Vicam, Loma de Guamúchil, Torim, Huirivis, Potam; siempre, indudablemente, me traigo conmigo alguna enseñanza, algo nuevo; la cultura yaqui es riquísima, vasta e inagotable, siempre tiene algo nuevo que contar; hoy que estamos a punto de entrar en la época del año más sagrada para ellos, que es la cuaresma o "Waejma", como ellos la llaman, es importante resaltar que esta época es de unidad y cohesión como grupo en la que se fortalecen los vínculos como comunidad, se reafirman y consolidan los valores impuestos por la "tradición" desde tiempos de los misioneros jesuitas.

Me llamó la atención que en su blog dice que el pueblo de El Rosario, Baja California se fundó el día 2 de Julio, le comento que esa misma fecha la celebran los yaquis de esta parte del Río Yaqui como la fiesta más grande después de la semana Santa; se celebra a la "Virgen del Camino", patrona de la tribu Yaqui, la vienen a visitar Yaquis de todas partes de la República y de Arizona en Estados Unidos.

La imagen de la “Virgen del Camino” permanece todo el año resguardada en una cueva en la sierra de "El Bacatete" y sólo la bajan una vez al año para su fiesta, así que creo que las coincidencias no existen, y los yaquis llegaron a su tierra, El Rosario, por alguna razón escrita en el cielo.

Ingeniero, me dio gusto saludarlo, y estoy a sus órdenes para cualquier cosa que se le ofrezca por éstas tierras Yaquis.

Reciba un fuerte abrazo de mi parte,

Gerardo R. Romo Quintero

20 de Febrero de 2012”.

Gracias a Gerardo René por compartir con nosotros esos agradables comentarios, que más que eso, otorgan a la nación Yaqui el reconocimiento y admiración de un “Yori” Sonorense, y desde luego de otro “Yori” Rosareño, medio Sonorense también.

En la actualidad la lucha del pueblo Yaqui por sus tierras y su autonomía continúa; al menos el gobierno mexicano les ha reconocido cierta región como propia, y también a sus autoridades tradicionales, aunque últimamente ha pretendido borrarlos de un plumazo por asuntos de agua; Pero eso, la historia lo hará llegar hacia el futuro.

En Arizona, Estados Unidos, se reconoce a la comunidad Yaqui.

AUTOR DEL ARTÍCULO.

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

24 DE FEBRERO DE 2012.

El presente es un trabajo intelectual de su autor, quien lo tiene protegido bajo patente número 1660383, se permite su uso, siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y no se use con fines comerciales, ni de lucro.

NOTAS RELEVANTES Y FOTOGRAFIAS.

En Tijuana, Baja California, conocí a Gloria Leyva Domínguez, descendiente de la nación Yaqui, quien desde niña salió de su tierra, lo cual no provoca el olvido de sus ancestrales raíces; y así es con cualquier Yaqui, que por lejos que se encuentren, no olvidan el suelo que los vio nacer, ni de sus tradiciones que les da el ser.

Los ancestrales o tradicionales pueblos Yaquis son: Huirivis: es nombre de un tipo de pájaro; Pótam: significa topos; Cócorit: significa Chiltepines; Bácum: significa Lagunas; Vicam: significa Puntas de flecha; Tórim: significa Ratas; Ráhum: significa Remansos; Lomas de Guamúchil, y Belem.

La bandera Yaqui, y su descripción, así como el escudo del Estado de Sonora, los he tomado de Wikipedia, Enciclopedia libre:

“La bandera Yaqui tiene los siguientes significados:

El azul representa la fortaleza del pueblo Yaqui protegido por el manto azul del cielo, el blanco representa la pureza de raza de la sangre Yaqui, el Sol es el dios padre que ilumina y da vida a la raza, la luna es la diosa madre que los protege de noche y de día, las estrellas son los espíritus que vigilan desde el más allá los cuatro puntos cardinales del territorio Yaqui, la cruz es la nueva religión del Yaqui, y el rojo, la sangre que derramaron nuestros hermanos de raza por la defensa de nuestro territorio y autonomía como nación”.

ESCUDO DEL ESTADO DE SONORA.Descripción: http://t0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQwQ0nuI-xoRvF-h0DRhM9LGys-QdBYAvh4KrortP7tJzkpsuZtDescripción: http://t0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTwdaMlX_MdWfQP7dj0vWUkgsWJA2Tz3QVQzEjcgFL9Y1avdQbDtgDescripción: http://t0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTwdaMlX_MdWfQP7dj0vWUkgsWJA2Tz3QVQzEjcgFL9Y1avdQbDtgDescripción: http://t0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTwdaMlX_MdWfQP7dj0vWUkgsWJA2Tz3QVQzEjcgFL9Y1avdQbDtg

Hasta aquí lo tomado de Wikipedia.

Felícitas Jaime León, curandera Yaqui del pueblo de Huirivis, Sonora

Cocinando quelites y carne con chile colorado; Ella es esposa de un

gobernador tradicional de la tribu; es comadre de Gerardo

René Romo Quintero.

Foto: Cortesía de Gerardo René Romo Quintero. Enero de 2012.

Alberto y Ricardo Romo Alvarez, hijos de Gerardo René Romo Quintero, posan

Frente a la iglesia de San Rafael, en el pueblo Yaqui de Huirivis, Sonora.

Cortesía de Gerardo René Romo Quintero.

Enero de 2012.

Sierra del “BACATETE” en Sonora, montañas sagradas para la nación Yaqui.

Tomada por Gerardo René Romo Quintero:

Año 2012.

Iglesia, y panteón en Vícam, Sonora, Cabecera y primer pueblo Yaqui.

Tomada por Gerardo René Romo Quintero: Año 2012.

Vivienda tradicional Yaqui, en Vícam, Sonora.

Foto: Gerardo René Romo Quintero: Año 2012

Cocina Tradicional de la milenaria nación Yaqui; en esos fogones cosen las

Tradicionales tortillas “Sobaqueras”.

Foto: Gerardo René Romo Quintero: Año 2012.

Cerro del “BOCA ABIERTA”, “TEN JAWEI” en lengua Yaqui; según su

Tradición, este cerro habló y predijo varios acontecimientos.

Foto: Gerardo René Romo Quintero: Año 2012.

Río Yaqui en una crecida, por desfogue de la presa Álvaro Obregón “OVIACHIC”,

En las cercanías de Bataconsiga, Sonora; que en lengua Yaqui significa:

“Lugar entre Agua”.

Foto: Gerardo René Romo Quintero: Año 2012.

Nuestra tierra se llama BAJA CALIFORNIA, no se llama “BAJA”, somos Bajacalifornianos, no “BAJEÑOS”.

“Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, cuidemos nuestros tesoros”.

La presente investigación no obedece lineamientos gubernamentales, ni políticos de ninguna índole.

miércoles, 8 de febrero de 2012

EDUARDO “LALO” ESPINOZA VIDAURRAZAGA.

AUTOR DEL CORRIDO DE “LAS ESPINOZA”: “En el pueblo de El Rosario, una tragedia pasó,… en un avión que se quema…, día 23 de agosto no me quisiera acordar del año ’64, ganas me dan de llorar…”

El presente trabajo se escribe a petición de Reyes Espinoza Osuna, hija de “Lalo Espinoza”.

“NUESTRAS TRADICIONES SON CULTURA Y CONOCIMIENTO, PROTEJAMOS NUESTROS TESOROS,…”: “NUESTRA TIERRA SE LLAMA BAJA CALIFORNIA, NO SE LLAMA”BAJA”…

SOMOS BAJACALIFORNIANOS, NO “BAJEÑOS”…

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo

Domingo 05 de febrero de 2012.

Todas mis investigaciones no obedecen líneas gubernamentales ni políticas de ningún tipo.

Fue un rosareño de la generación de mi abuelo, había nacido en El Rosario en 1925, y también en el pueblo, un día con la bruma el 3 de septiembre de 1969 se fue. Eduardo “Lalo” Espinoza Vidaurrázaga. Fue un hombre de extraordinaria sensibilidad, observador, y de clara inteligencia; compuso infinidad de poemas, y tres corridos rosareños de los cuales sólo se conserva a la fecha el de “Las Espinoza”:1965, un fragmento del “Ciclón Catherine”:1967, y otro a “Víctor Murillo”: 1963; mientras que sus arreglos poéticos desafortunadamente se perdieron tras su partida; y es que la gente en el pueblo acostumbra más cantar que declamar, quizás por eso fue que muy pronto se perdieron aquéllos sus poemas, por lo que hace a los corridos también estuvieron a punto de perderse, por fortuna mi padre quien fue el amigo sobrino de las confianzas de “Lalo”, los cantaba a dueto con él, sin embargo para el año de 1969, en que “Lalo” fallece, los tres corridos cayeron por un tiempo en el olvido, hasta que Fernando “Suriano” Acevedo Espinoza, con su dueto musical rosareño trajo de nuevo a la vida, sólo uno; antes que eso sucediera, la única persona que entonaba el “De Las Espinoza”, era mi padre de manera aislada.

Fue por esa razón que un día de 1988 llegó a casa de mi padre Jesús Loya Villavicencio, visiblemente emocionado, y es que el grupo norteño “Los Buitres del Norte”, deseaban grabar el corrido, el que para entonces sobrevivía, el de “Las Espinoza”; mi padre le dio la letra a Loya, quien la hizo llegar al grupo, siendo grabado por ellos tiempo después; y que para la fecha en que publiqué mi primer libro “LOS ROSAREÑOS”: 1992, rescaté su letra para evitar su pérdida, y que por fortuna sobrevive en su arreglo original.

LA HISTORIA.

Mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta y Bertha Romero Loya fueron los padres de Gloria mejor conocida como “PALOMA”, y de Violanda de Montserrat, “YOLI”, quienes el día 23 de agosto de 1964 realizarían un viaje en avioneta de El Rosario a San Diego, en una avioneta de modelo reciente; el tal viaje era porque “Yoli” era novia que pronto se desposaría, motivo por el cual ambas hermanas iban para comprar el vestido de novia, siendo acompañadas por JULIAN, quien era el piloto aviador, y por una joven estadounidense amiga de las hermanas Espinoza, aquella chica contaba con 16 años de edad, Julián con unos 35, Gloria con 22, y Violanda de Montserrat con 17.

La familia acudió para acompañar a los viajeros a la pista de aterrizaje que se encontraba en la parte trasera de la casa de mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, hermano de las muchachas; se despidieron y para pronto “Lalo” Espinoza primo hermano de ellas, quien se encontraba en el grupo familiar, entonó acompañado de su guitarra y su magnifica voz “Las Golondrinas”. El avión tomó vuelo, y se fueron hasta la casa de mi bisabuelo Santiago, que se localizaba a unos ocho kilómetros del lugar, allá hicieron los ademanes de la despedida: ya de regreso al pasar por encima de donde se encontraba el grupo familiar en la pista, el piloto inclinó el avión para decirles adiós; al momento de nivelarlo, se le desprendió una ala, explotó en llamas, y unos metros adelante, en el traspatio de la casa de Francisca, hermana de ellas, se estrelló en una gran columna de fuego y negro humo; allí quedaron Julián y las hermanas Espinoza, mientras que la jovencita Estadounidense voló por los aires hasta quedar enredada en el cerco que divide las propiedades de Francisca, y Alonso Murillo Adarga.

Podremos imaginarnos el desconsuelo que reinó en todos, que presenciaron aquella tragedia a metros de distancia, el dolor durante el rescate de los cuerpos, y la incredulidad; ante el asombro, debió surgir el deber…

Mientras se llevaban a cabo las maniobras de rescate, así como los servicios fúnebres, todo fue llanto, confusión, y dolor. La sepultura de las hermanas Espinoza se llevó a cabo en el panteón misionero de El Rosario, al lado de la tumba de su padre Santiago Espinoza Peralta, quien había fallecido dos años antes. Mientras los días transcurrieron, y todos volvieron a sus casas, “Lalo” Espinoza ya traía en su mente un hervidero de ideas, que concretó en la composición del corrido.

Eduardo Espinoza Vidaurrázaga, tocaba la guitarra, el acordeón, bajo sesto, y bajo, amenizaba en los campos pesqueros, en las “vaquereadas”, y en los bailes que se organizaban en el pueblo, siempre lo hacía de manera gratuita, y sólo por mantenerse reunidos en torno a un ameno ambiente. Las principales “piezas” que entonaba, eran: Corridos a “Heraclio Bernal”, “Benjamín Argumedo”, “De los Pérez”, “El Sauce y La Palma”, y cuando existieron, entonaba de manera muy sentida sus corridos.

El día de las madres de 1966, o de 1967, cuando contaba con apenas nueve años de edad, no recuerdo porque razón de repente me vi como a las cuatro de la mañana en un pequeño grupo cantando las mañanitas y otras melodías casa por casa en el pueblo; de manera exquisita “Lalo Espinoza”, sus primos “Zacarías Espinoza Peralta”, Jesús “Mono” Peralta Espinoza, y José “Don Pepe” Valladolid Ortiz, alegremente tocaban y cantaban; lo cual me trajo muy animado y gratamente sorprendido por la habilidad de mis tres tíos para tocar: “Lalo” el bajo sesto, “Jesús” el acordeón, y Don José “Pepe” Valladolid Ortiz tocaba la guitarra, mientras que su yerno Zacarías, era la primera y preciosísima voz, en ciertas ocasiones me animé a seguirlos pero desentonaba terriblemente, tal vez yo estaba predestinado para que mejor escribiera, lo cual tampoco he logrado dominar del todo.

Cuando llegamos con “la música” a casa de Eleuteria “Turca” Duarte Peralta, esposa que fue de Norberto “Beto” Valladolid Duarte, tan pronto escuchó a “Don Pepe”, su suegro, le pidió que le cantara “La Palma”, y para no quedarse atrás “Beto” pidió “El Sauce y la Palma” que entonaron de manera casi virtuosa. Ni cuenta me di, en qué momento aparecieron Teófilo Ortiz García y Roberto “Chato” Romero Loya, quienes traían una polvareda por todo el patio, bailando al estilo de “El calabaceado”, mientras lo hacían, los perros los arrebataron a ladridos haciéndolos retroceder, quizás por que ya no los dejaron deleitarse con los cantores, al grado que “Beto Valladolid” tuvo que salir para apaciguarlos.

Por haber acompañado en aquélla ocasión a mis apreciables tíos, en mi primera juventud me di a la tarea de estudiar guitarra, hasta llegar a ser el primer guitarra en la estudiantina de la secundaria, cuando ya vivía en Ensenada; pero a la fecha ya ni recuerdo cómo es una guitarra.

Cuando se nos “acabaron” las casas para las mañanitas y la “tocada”, nos fuimos a casa de mi tío “Lalo”, para entonces ya el grupo era de unos veinte, y entre nosotros ya llevaban dos gallinas en un costalito. Tan pronto llegamos a casa de mi tía “Panchita Osuna”, esposa del tío “Lalo”, nos recibió con chocolate caliente; mientras que los demás encendieron fuego en el patio, otros alistaron las gallinas que mi tía preparó en caldo.

De manera casi discreta, según yo, le pregunté a mi tío Francisco Fuerte Talamantes: ¿De dónde habían salido las gallinas?, con sonora carcajada y casi a gritos contestó:

¡Andaban dando “las mañanitas”, pero amanecieron hechas caldo!

Después, ya en casa, le pregunté a mi abuelo, y me explicó la manera en que los borrachitos piden “prestadas” las gallinas antes de amanecer.

Muchas gallinas duermen en los árboles, y los que requieren del préstamo, se acercan antes del amanecer sigilosamente por debajo de las aves, con dos palos en forma de “X” o de “T”, golpean las patas de aquellas, y cómo las gallinas no ven tratan de caminar y posarse en otra vara, que ahora resulta ser la que le atravesó enfrente el acomedido, luego que ya está posada en la vara, la bajan cuidadosamente, la gallina por la obscuridad, ni un cacareo emite, así que el dueño, ni en cuenta que sus ponedoras van con rumbo a un calientito caldo pa’ la cruda.

Un día en que fuimos mi abuelo y yo a visitar a mi tío Lalo en su casa, se encontraba cantando “Los ejes de mi Carreta”, aquella milonga del gran cantor argentino Don Atahualpa Yupanqui; para mi fue la primera ocasión en que la escuché, jamás supe como llegó a oídos de él, ya que en la estación de radio que escasamente se escuchaba en El Rosario en la década de 1960, no las transmitían, es más, ni a la fecha se escuchan estaciones en mi tierra que transmitan música intelectual; tan luego se saludaron, entonó el corrido a “Heraclio Bernal”.

En otra ocasión acompañé a mi abuelo porque fue a invitarlo a comer acá en la casa, cuando llegamos hasta él, estaba parado viendo fijamente un floreado jardín en el patio de su casa; mientras mi abuelo lo invitaba, él seguía viendo el jardín, y luego si voltear a vernos exclamó:

En este jardín jugaban mis tesoros, mis queridas hijas, y en aquel cerro mi hijo; acto seguido, sin mediar palabra subió a su “picap” color naranja, y nosotros lo seguimos hasta la casa de mi abuelo.

Eduardo Espinoza Vidaurrázaga, fue un hombre especialmente sensible, lleno de afecto para muchos y rechazo para otros, igual como solemos ser todos los seres humanos. Un día en la bruma se fue, falleció al amanecer del tres de septiembre de 1969, a la edad de 44 años, al pie del primer escalón de la antigua escuela “Padre Salvatierra”, hoy “Museo Comunitario El Rosario”, precisamente a lado donde fue el patio de la casa de sus padres, y de su niñez, allí donde tantos juegos realizó, en el lugar donde aprendió sus primeras letras.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA.

05 DE FEBRERO DE 2012.

El presente es un trabajo intelectual del autor, quien lo tiene protegido bajo patente numero 16603083, se permite su uso, siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y que no sea con fines de lucro o comerciales.

NOTAS RELEVANTES:

Eduardo Espinoza Vidaurrázaga, fue hijo de José del Carmen” Tambo” Espinoza Peralta y de Josefa Vidaurrázaga Peralta.

Sus hermanos fueron: Julio, Palmira “Ema”, y Manuel “Niní”, recientemente fallecido.

Su esposa fue Francisca Osuna Carranco, originaria de San José de Gracia, Baja California, Sur.

Sus hijos: Lidia, Juan Antonio, Elizabeth, Beatriz, Reyes Eufrasia, y Carmen Eugenia.

Juan Antonio es conocido en El Rosario como: “Güerito del Lalo”.

Francisca Osuna Carranco falleció el 21 de agosto de 1995, también han fallecido sus hijas Elizabeth y Carmen Eugenia.

Mi hermano Eduardo, lleva ese nombre en honor al tío Eduardo, ya que así lo solicitó personalmente a mis padres.

Letras de los corridos:

“Las Espinoza”:

“En el pueblo de El Rosario, una tragedia pasó

Violanda y Gloria Espinoza

En un avión que se quema, su vida allí terminó

Día veintitrés de agosto, no me quisiera acordar,

Del año sesenta y cuatro, ganas me dan de llorar,

Vinieron Violanda y Gloria a visitar su mamá,

Ellas no se imaginaban, lo que les iba a pasar,

A la hora de despedirse, las golondrinas tocó,

Vámonos querida hermana, la hora ya se llego.

El avión que tripulaban era nueva construcción,

Cuando ya tomaba altura, un ala se le cayo,

Envueltas entre las llamas, pongan su imaginación,

Tres cuerpos carbonizados con el piloto aviador,

Una joven compañera del avión se les salió,

Su cuerpo hecho pedazos a su país regreso.

Su pobre madre lloraba sin consuelo y con dolor,

Adiós mis queridas hijas, el señor me las quitó.

Si les preguntan a ustedes, quién compuso este corrido,

Primo de Violanda y Gloria, y del piloto, un amigo.”

Autor: Eduardo “Lalo” Espinoza Vidaurrázaga”

El Rosario, Baja California, Septiembre de 1965.

Recuerdo que los restos del avión los fueron a tirar para una cañada, directamente arriba del lugar del accidente, me parecía que era muy lejos a donde los depositaron, sin saber que años después al lado de ese lugar, construiría mi casa. Cómo poder olvidar aquellos hechos, si cada que camino por esa parte del terreno de mi propiedad, me asaltan los recuerdos.

Fragmento del Corrido a “Víctor Murillo”.

“Los que lo conocen bien, dan un buen testimonio;

Mientras que otros aseguran que trata con el demonio;

Víctor no es un matón, ni tampoco es un cobarde;

Si tiene cuentas pendientes, a´i las pagará mas tarde”

Autor: Eduardo “Lalo” Espinoza Vidaurrázaga: El Rosario, Baja California: 1966.

Víctor Murillo fue un descendiente de las familia Murillo de Baja California, y fue acusado de un crimen que siempre sostuvo que no cometió, sin embargo los “per-judiciales” de la década de 1960 le propinaron tremendos “interrogatorios”, y lo pasaron preso a la Isla de Cedros, de donde se escapó en una pequeña embarcación de madera, llegando a la costa peninsular, y viajando a pie por toda la orilla con rumbo al norte, hasta llegar a la bahía de El Rosario, donde fue perseguido por hombres a mano armada; nunca se ha sabido si lo recapturaron. Murillo, tenía familiares y muchos amigos en El Rosario, entre ellos, “Lalo Espinoza” desde luego, razón que explica la composición del corrido.

Fragmento del Corrido; “Ciclón Catherine”.

“En el pueblo de El Rosario, el diablo se apareció;

Parecía el día del juicio, por lo que oigo platicar;

Peleaban colonos y ejidatarios;

Pero llego Catherine, y a todos los puso a mano;

En la Baja California, tengo una cuenta pendiente

Ciclón Catherine, si pasas por El Rosario;

Me ahogas a toda la gente”

En 1774, se fundó El Rosario como asiento misional de la corona española, y así de manera ininterrumpida trascendieron los pobladores generación tras generación, y fueron llegando a lo largo de mas de siglo y medio familias principalmente desde el sur peninsular; llegaban, se asentaban; aunque otras se iban, la mayoría siguieron en el lugar; jamás el gobierno metió la mano, y parece que poco o nada se preocupó porque las familias tuvieran o no el modo de sustento, cuidaban mucho la aduana de San Quintín, y cotidianamente se daban vueltas por los pueblos, más para saquear que para apoyar, aunque eso desde luego no se encuentra documentado; la mordida, y el atropello pocas veces se documentan, incluso en la actualidad.

Para 1961, el gobierno Federal y Estatal deciden entregar tierras a un grupo de familias para que conformados en ejido, dispusieran de los elementos básicos para su subsistencia, cosa plausible desde luego, lo arrebatado de aquellas decisiones políticas de inicios de la década de 1960, fue que lanzaron sobre la mayoría de los pueblos de Baja California, a núcleos de familias con similares necesidades que las enviadas a El Rosario; nada de malo habría tenido si en vez de enviarlas sobre tierras vírgenes, no las hubieran lanzado sobre los ranchitos y propiedades que ya se trabajaban durante más de 160 años por los rosareños.

Se armaron tremendos líos entre los de El Rosario, que llamaban “Colonos”, y los recién llegados que llamaban “Ejidatarios”, mientras tanto los “temporales dioses del gobierno” allá en Mexicali, desde lejos miraban los toros; esos enfrentamientos tan crudos entre los dos grupos de hermanos mexicanos: colonos y ejidatarios, inspiraron a “Lalo Espinoza” para componer este corrido, que lamentablemente se perdió en su mayor parte, sólo éstas cuántas letras recordadas por mi padre Julio Espinoza García, una de las personas más allegados a su autor.

Cuando en 1967, el ciclón Catherine azotó en Baja California, fue tal cantidad de agua la que bajó de la sierra a El Rosario, que arrasó con todas las tierras, que se estaban trabajando con un mar de problemas entre ambos grupos.

No quedó en pie milpa o huerta, corral, ni animal, y muchas casas se perdieron en las embravecidas aguas del Catherine, tan embravecidas como los politiquillos que llegaban al pueblo, a echarle gasolina a la discordia que ellos mismos iniciaron entre ambos grupos. Habiendo cumplido con esa labor salían del pueblo, y se iban al siguiente a cumplir órdenes, por no decir que las intrigas de sus superiores, aparte de las que los politiquillos ponían de su cosecha. Esa correntada del ciclón fue la causa que muchos de los que llegaron en el ’61 se fueran de manera definitiva en 1967 a distintos rumbos:

“Pero llegó Catherine, y a todos los puso a mano…”

Los tres arreglos, o lo que de éstos queda fueron publicados en mi libro “LOS ROSAREÑOS”, Memorias del nacimiento y vida de un pueblo Bajacaliforniano 1774-1992”: 1992. Sus poemas se perdieron.

Cuando el 28 de junio de 1993, inicié con la rehabilitación del edificio “Padre Salvatierra”, decidí no demoler la única banquetita que se había construido desde 1921 al pie de la escalinata en la fachada principal, por dos razones: La primera por ser de amplio valor histórico, o al menos de aprecio por los residentes y exalumnos, y la segunda porque en ese preciso sitio falleció mi estimado tío “Lalo Espinoza”, antes al contrario, aún me falta colocar una placa alusiva a su legado, en letras de sus corridos, tarea en la que se sumará mi querida prima Reyes Espinoza Osuna, dado el amor que guarda a su padre.

Eduardo “Lalo” Espinoza Vidaurrázaga, a la edad de 11 años.

El Rosario, Baja California: 1935

Archivo: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo


Eduardo “Lalo” Espinoza Vidaurrázaga, Lázaro Peralta Acevedo, Isabel Espinoza Romo,

Santiaguito Espinoza Peralta, y Trinidad “Yita” Espinoza Arce. El Rosario, Baja California: 1935.

Archivo: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.


Foto de Eduardo “Lalo” Espinoza Vidaurrázaga,

Tomada hacia 1966?, al menos así se veía cuando dimos las mañanitas.

Las fotos de perfil eran utilizadas para tramitar cartillas de mar.

Cortesía de su nieta Karen J. Arteaga Espinoza a petición de Reyes.

(Hija de Carmen Eugenia, la hija menor de “Lalo”).

Aparecen: Eduardo “Lalo” Espinoza Vidaurrázaga,

Con sus hijas Beatriz, y Reyes; así como sus sobrinas Leticia, y Sonia Raquel Sánchez Espinoza.

Año 1960 aproximadamente, Casa de los abuelos Espinoza, en la Colonia Aviación, Ensenada, Baja California.

Por cortesía de Beatriz Espinoza Osuna, y su hija Verito Preciado Espinoza.

Me apoyó a editarla mi hija Magda Alejandra Espinoza Jáuregui.

Aparecen a la entrada de la tienda de los abuelos

José del Carmen “Tambo” Espinoza Peralta, y Josefa

Vidaurrázaga Peralta, ubicada en la Colonia Aviación de Ensenada,

Baja California, hacia el año 1963.

Lidia, Elizabeth, Beatriz, Reyes, Carmen Eugenia Espinoza Osuna;

Leticia, y Sonia Raquel Sánchez Espinoza.

Foto cortesía de Beatriz Espinoza Osuna, y su hija Verito Preciado Espinoza.

Se aprecia en la fachada de la tienda el nombre anterior de una gaseosa.

Me apoyó en editarla mi hija Magda Alejandra Espinoza Jáuregui.

Arriba: Francisca “Panchita” Osuna Carranco, Eduardo “Lalo” Espinoza

Vidaurrázaga; Abajo: sus hijas Lidia y Elizabeth “Prieta”, a distintas

Edades.

Fotos por cortesía de Beatriz Espinoza Osuna, y su hija Verito Preciado

Espinoza.

Me apoyó en editarla mi hija Magda Alejandra Espinoza Jáuregui.

Y los padres de Eduardo: Josefa “Chepita” Vidaurrázaga Peralta y

José del Carmen “Tambo” Espinoza Peralta.

Foto tomada hacia 1980.

Cortesía de Beatriz Espinoza Osuna y su hija Verito Preciado Espinoza

Me apoyó en edición mi hija Magda Alejandra Espinoza Jáuregui.

Madre: Francisca Osuna Carranco, padre: Eduardo “Lalo” Espinoza Vidaurrázaga

Enfrente de izquierda a derecha: Reyes, Carmen Eugenia, Beatriz, Elizabeth, y Juan Antonio “Güero”.

La foto fue tomada posiblemente hacia 1964, cuando aún vivían en una casa que se llevó el arroyo;

al fondo se ve el árbol que de mayor altura que ha crecido en El Rosario, llamado “El Palo Loco”, que fue derribado por uno de los más fuertes vientos que han azotado en el pueblo, y de los que se tenga memoria;

El 18 de Enero de 1988. Foto cortesía de Reyes Espinoza Osuna, y de Karen F. Arteaga Espinoza, hija de Carmen Eugenia.


Foto reciente de los cuatro hermanos Espinoza Osuna que sobreviven:

Juan Antonio “Güerito del Lalo”, Beatriz, Reyes, y Lidia.

Por cortesía de Beatriz Espinoza Osuna y su hija Verito Preciado Espinoza

Me apoyó en editarla mi hija Magda Alejandra Espinoza Jáuregui.

“NUESTRAS TRADICIONES SON CULTURA Y CONOCIMIENTO, PROTEJAMOS NUESTROS TESOROS,…”: “NUESTRA TIERRA SE LLAMA BAJA CALIFORNIA, NO SE LLAMA”BAJA”…

SOMOS BAJACALIFORNIANOS, NO “BAJEÑOS”…

sábado, 28 de enero de 2012

CAMINO REAL BAJACALIFORNIANO, ANTES DE LA CARRETERA TRANSPENINSULAR.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo

20 de Enero de 2012.

“Nuestras tradiciones son cultura, y conocimiento; cuidemos nuestras tradiciones”

La Península de Baja california, estuvo surcada por infinidad de senderos que comunicaban a las montañas, los desiertos, las costas, y con cualquier sitio geográfico que pudiera interesar a los milenarios pobladores desde tal vez los tiempos posteriores a la última glaciación, hará unos catorce mil años, y hasta la extinción de aquellos seres humanos, aplastados que fueron por la voracidad imperial española desde la aparición de aquellos poderosos hombres, ante la presencia de los casi indefensos nativos.

Ya para 1697, año en que se asentó de manera definitiva el imperio español en nuestra península; y cuando de avanzar en la conquista se trató, no dudaron en utilizar los milenarios senderos, viajando por toda la soledad que por medio de aquellos angostos caminos llegaban a cualquier sitio, por inhóspito que fuera.

Baste decir que aquellas veredas por las que viajaban nuestros antepasados los primeros pobladores peninsulares, mal llamados “indios”, se conservan en las montañas, como cicatrices sobretodo en la roca, y en suelos de alta dureza; los mismos por los que viajaron los conquistadores, misioneros, arrieros, rancheros, ganaderos; y que actualmente en las “campeadas” se siguen utilizando, cuando los vaqueros buscan sus hatos ganaderos.

En la sierra de San Miguel, que es la estribación sur de la de San Pedro Mártir, en la zona de El Rosario, existen kilómetros y kilómetros de aquellas veredas, que suben y bajan las montañas, y que muchos al recorrerlas en la actualidad creen que son de reciente creación, pero no es así; esas veredas, sobretodo las que aclaran los mantos rocosos han sido testigos de los miles y miles de pies que las han caminado, durante muchos miles de años, y hasta nuestros días.

Cuando en la actualidad se abre algún camino vecinal que une a las rancherías, y que para su formación, destruyen, sin saber, tal vez, que están borrando de la faz de la serranía, aquel legado milenario, que tuvimos el privilegio de heredar; pero entiendo que estamos tan acostumbrados a ver las veredas de manera superficial, que no les prestamos la atención que deberíamos; nos sucede igual que cuando los árboles no nos dejan ver el bosque.

Entiendo también que abrir un nuevo camino, trae consigo una inversión económica limitada, y que seguir por los “caminos viejos” o veredas, resulta mas fácil, además que es poca la vegetación que se destruye; lo mas conveniente para nuestros legados, y para nuestra flora, considero que sería, no abrir un camino mas, y rehabilitar continuamente los existentes.

Por fortuna los senderos de las altas montañas aun están a salvo, no es fácil que sobre ellos pase maquinaria, solo hombres, bestias, y ganado.

Cuando los automóviles llegaron al mundo hace poco mas de cien años, a nuestro entorno peninsular, llegaron primero los carros de mulas; y de manera muy lenta, los automotores.

Cuando los automóviles empezaron a recorrer los senderos de Baja California, lo hacían a mayor velocidad que los carros de mulas, y por ende, requerían ser algo mas anchos, con menos pendientes, que en mi tierra llamamos: “cuestas”; y como fue aumentando el parque vehicular, mas bien de extranjeros que recorrían la península en busca de la naturaleza, tesoros, y solo ellos saben qué cosas mas; mientras tanto nuestros abuelos, bisabuelos, y tatarabuelos, seguían utilizando las mulas y sus carromatos a muy bajas velocidades, pocos paisanos nuestros podían adquirir los carros a gasolina.

Para la apertura de los caminos, en ciertos tramos el gobierno de México contrataba a ciertos rancheros de la región a desarrollar, porque eran ellos los que conocían como las palmas de sus manos los milenarios senderos, cañadas, arroyos, cuevas, oasis, montañas, costas, y desiertos, lo que los hacía indispensables para que el progreso llegara a todos los rincones, no obstante la paulatina destrucción del milenario legado: Las veredas ancestrales.

Cuando se trató de entrar y salir de El Rosario, ya no a pie, o en caballos, sino en carros de mulas y a gasolina después, se hubo de abrir la cuesta que se encuentra en la parte que se le llama “Ejido Nuevo Uruapan”, siendo su constructor mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta, quien con cuadrillas de rosareños, a pico, pala, marro, y carretilla, construyeron la “Cuesta Vieja”, allá por 1900; y que contaba con “cuestas livianas”, para que las bestias pudieran subir y bajar tirando de sus carros de madera, con grandes llantas de fierro, y rin de madera; y luego que llegaron los automotores, se construyó la “Cuesta Nueva”, que bajaba y subía la mesa norte de El Rosario; por ésta los primeros en transitar eran lentos vehículos a gasolina, que solo tenían “avante”, y “reversa”. Y para bajar la mesa hacía el Norte, se encontraba la cuesta “La Calera”, que aun muestra sus líneas.

Antes que las “Cuestas vieja, nueva y La Calera”, se entraba y salía al pueblo, si era hacia el norte por la bocana, hacia “El Gallo”, con rumbo a “El Desfondadero”, hoy mas conocido como “La Lobera”, de ese lugar a “El Campito”, lugares todos éstos localizados en la costa del océano pacífico, y proseguía el camino hasta alcanzar la estribación sur del valle de San Quintín, con rumbo a “El Socorro”.

Si de viajar al sur se trataba, la única manera era hacerlo por la cañada de San Fernando, precisamente siguiendo un milenario sendero.

Cuando los “troques” de carga hicieron su aparición en nuestros caminos de tierra, hacía 1919, acabaron con aquellos caminitos, se debió construirlos mas anchos, pero como no había con qué, el doble rodado destruyó por completo cuando antiquísimo sendero rodaron a lo largo y ancho de toda la península.

Cuando recorro las veredas aun intactas, hasta me sorprendo que aun existan, digo esto porque sé muy bien lo destructivos que podemos ser los humanos; por ejemplo cuando se trata de escalar la mesa de San Carlos, todas sus veredas cuentan con al menos unos ocho mil años, y aunque muy difícil de recorrerlas, casi todas ellas conducen a petrograbados, y a la costa donde los nativos sacaban abulón, y otros mariscos; y luego me pregunto:

¿Por qué las abrieron por lugares tan difíciles?

Y creo, por lo que he observado, que debe haber sido para guarecerse de sus enemigos, otras tribus, pues al llegar a la parte alta de la mesa, se cuenta con extensa zona de descanso; pero en caso que alguien pretendiera atacarlos, primero debían subir, no sin antes recibir una cascada de rocas rodando a gran velocidad cuesta abajo.

Y llegó el día en que debieron comunicarse a la mayoría de los pueblos peninsulares, así que el gobierno de México a principios de la década de 1970, dispuso que se construyera la carretera transpeninsular.

Cuando contaba con quince años de edad, fui peón en la construcción de alcantarillas, para la transpeninsular; fue donde me pude percatar de la destrucción a gran escala de nuestras ancestrales veredas, del camino real que utilizaron las carretas de bestias, y los primeros carros a gasolina; se abandonaron en mi tierra las cuestas vieja, nueva, y de la calera, la cañada de San Fernando, el camino de “La India Flaca”, la cañada y cuesta de “El Aguajito”, la cuesta de “La Turquesa”, “San Jorge”, “Jaraguay” y tantas más.

No solo el viejo camino a tierra y ciertos tramos de veredas se destruyeron, también infinidad de especímenes de Flora y Fauna, que por no sacarles la vuelta, las maquinas los arrollaban si piedad; además de la cantidad de rocas con petrograbados y pinturas milenarias fueron destruidas; y todo por el bien del progreso, como si progreso y protección de lo nuestro no fueran compatibles.

Debo comentar también que cuando se construyó una línea de fibra óptica desde Ensenada hasta Guerrero Negro, hará unos diez años, se excavó una zanja como de dos metros de profundidad; con gran aprecio observé que muy por enfrente del avance de la obra, iba un grupo de ambientalistas trasplantando toda cholla, y planta que se encontrara en los sitios por los que habría de construirse la obra, y no solo eso, sino que en las partes de donde había “chóllales”, es decir bosquecillos de esas plantas, la obra simplemente le sacaba la vuelta sin tocar para nada a ninguna planta, con el riesgo que el propio gobierno mexicano suspendiera la obra; y a toda cachora, serpiente, ratón, “correcaminos”, o lo que fuera, fue protegido si reparar en gastos, ni en otros recursos; y luego me congratulé por tales acciones: ¡Qué nos cuesta pues!

Debo agregar que, cuando de plano la vegetación impedía los trabajos, y como no se permitió por ningún motivo su alteración, entonces los trabajos se continuaron por la cuneta que drena la carretera en épocas de lluvias, así que se demolía la cuneta, se instalaba la línea óptica, y se construía de nuevo la demolida cuneta.

Solo falta que nuestras autoridades también preserven y protejan, edificios antiguos, sitios naturales como, oasis, formaciones rocosas de interés, y todo lo que un buen juicio nos dicte, qué se puede sacrificar, y qué no. Por supuesto que nuestra población oriunda, y los visitantes en mucho debemos y estamos obligados a contribuir, por ejemplo diré que:

No debemos tirar basura en lugares naturales, no contaminar las aguas de corrientes naturales al lavar nuestros aceitosos y tóxicos vehículos, ni debemos “machetear” cardones, chollas, biznagas, no defecar a ras de suelo y al aire libre, sino que enterrarla, y lo peor de todo, no provocar incendios.

Un cardón que destruyamos, no volverán nuestros ojos a verlo ser adulto, pues les toma hasta 500 años llegar a la adultez, y por lo menos se ocupan seis millones de semillas de éstos organismos, para que sólo una se logre, las demás o se pudren, se las comen las hormigas, los pájaros, o simplemente cuando ya están naciendo, pasa un despistado animal y las pisa; o bien cuando ya tienen arraigo en la tierra, y unos dos o tres metros de altura, pasa otro animal y los “machetea”.

La carretera transpeninsular que en la parte de El Rosario se abrió a la circulación en septiembre de 1973, ha traído progreso en todos los sentidos, y no obstante esa construcción, nuestra bella península sigue siendo una tierra sin igual.

¡A ver que hace cada uno de nosotros porque así continúe, al menos ya di algunas simples ideas para lograrlo!

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO

20 DE ENERO DE 2012.

El presente es trabajo intelectual del autor quien lo tiene protegido bajo patente número 1660383; se puede citar, siempre y cuando se otorguen los créditos correspondientes, y no sea con fines comerciales ni de lucro.

NOTAS Y FOTOS RELEVANTES.

Por el camino real bajacaliforniano, cruzaron primero los nativos, luego misioneros, soldados, arrieros, vaqueros, muleros, fayuqueros, asaltantes, bandas de forajidos, gente que huía de la leva en la revolución mexicana, carretas de mulas, gente a pie, mineros, gambusinos, leñadores, leñeros, pescadores, investigadores, historiadores, migraciones de familias enteras principalmente de sur a norte; siendo los peores de todos, los asesinos, traficantes, invasores, y filibusteros; y más tarde: Laboriosos hombres que conducían troques cargados con mercancías, caguamas, ganado, quesos, carnes, frutas secas, conservas, ónix, oro, granate, tungsteno, cobre; Aquellos troques que en mucho hacían pasar apuros a los carros bajos, peor cuando los caminos eran inmensos lodazales, que cruzarlos tomaba meses; todo eso pasó por aquellos caminos, y mucho, mucho más…En tiempos de lluvia para cruzar de Punta Prieta a La Bachata, distantes entre si unos cuantos kilómetros, se hacían días y días en cruzar las trampas eternas que eran los inmensos lodazales…O bien cruzar en cualquier época del año los médanos de El Socorro, al sur del valle de San Quintín, era un cuento de nunca acabar con los movedizos arenales; en lo personal cuando viajaba con mi abuelo, siendo un niño, me la pasaba tirado de panza jalando arena con los brazos y colocando ramas debajo de las llantas, recuerdo que salía grisáceo de abajo del carro; grisáceo como un coyote…

La carretera transpeninsular también se construyó a los largo de la península sobre ciertos tramos de las veredas ancestrales…

Y hablando de los caminos de la vida, el gran cantor uruguayo ALFREDO ZITARROZA, entonaba:

“No eches en la maleta lo que no vayas a usar, pues son mas largos los caminos pa’l que va cargau de mas…

No te olvides que el camino es pa’l que viene y pa’l que va”…

En el tramo entre San Agustín, hasta el área de la Laguna Seca de Chapala; en la actual Delegación Municipal de El Mármol, Baja California; y desde la laguna seca de Chapala, hasta Punta Prieta, y la Bachata, en la Delegación de Punta Prieta, fue don Arturo Grosso Peña, a quien en 1945, el gobierno federal contrató para abrir los caminos de los que he narrado.

En Bahía de Los Ángeles y su comarca, fue Don Antero Díaz el encargado de tales trabajos.

Don Fidencio Ibarra, Don Gustavo Villavicencio, y “Cheche Fisher” en la zona de San Ignacio, Baja California, Sur; y tantos más laboriosos bajacalifornianos que ya se fueron, como los viejitos decían: ¡Se fueron para el potrero grande!

Camino real milenario, en El Rosario; Sergio Espinoza Grosso, arreando

Las bestias para la campeada del ganado.

Foto: Autor anónimo: Año hacia 1988.

Un auto de los que surcaron los ancestrales caminos.

Foto tomada en casa de mi bisabuelo Ambrosio García Guerrero, en El Rosario.

Hacia el año de 1936, por William James Cochran: Me la obsequió su hija

Elena Esther Cochran García.

Colección Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.


Primeros “Troques de carga” que llegaron a la zona de El Rosario, en 1919,

Sobrantes de la primera guerra mundial.

Foto William James Cochran; Colección Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.

Me la obsequió Elena Esther Cochran García, hija de W.J. Cochran.

Arriba: Margarito Duarte Espinoza, subiendo la cuesta nueva en

Agosto 1919, Con sus mulas jala el carro del gobernador Esteban

Cantú Jiménez. Abajo: Carros de mulas frente a la casa de

Don Anastasio Villavicencio Arce, y auto del gobernado que

Pasa por enfrente de la casa por el camino que fue sendero

Ancestral, y aquí habilitado para carros de mulas y los primeros a gasolina.

Foto: Gobierno de Esteban Cantú.

Camino de El Mármol, a El Volcancito, ambos sitios hoy abandonados.

Este camino se construyó siguiendo un sendero ancestral.

Foto tomada en 1995, por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.

Cabalgata “Eulogio Duarte Peralta” en marzo de 2008, por un camino

que antes fue sendero milenario.

Foto: Alejandro Espinoza Jáuregui.

Colección: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.

Valle de los Cirios, en el extremo sur de la Delegación de El Rosario,

Baja California, México.

Foto: Marzo de 2008 por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.

Camino sobre sendero milenario entre el pueblo Nuevo Rosarito y

La misión de San Francisco

De Borja Adac.

Foto tomada en marzo de 2008:

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.


Foto tomada desde un sendero milenario intacto.

San Francisco de la Sierra, Baja California, Sur.

Foto tomada por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo

Marzo de 2008.

Sendero milenario en la roca cruda, se encuentra intacto; la mano

Del hombre actual construyó una cortina para proteger y almacenar

Agua en mayor capacidad en una tinaja que utilizaron por milenios

Los primeros pobladores.

San Francisco de la Sierra, Baja California, Sur.

Foto tomada por Alejandro Espinoza Jáuregui, en marzo de 2008.

Cicatriz milenaria en la roca madre: San Francisco de la Sierra,

Baja California, Sur.

Foto tomada por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo, en marzo de 2008.


El autor Ing. Alejandro Espinoza Arroyo, recorriendo milenaria vereda.

San Francisco de la Sierra, Baja California, Sur.

Foto tomada por Alejandro Espinoza Jáuregui: Marzo 2008.

Otra vista de milenario sendero intacto: San Francisco de la Sierra,

Baja California, Sur.

Foto tomada por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo: Marzo de 2008.

“Qué hermosa es la cruda belleza de Baja California”

“Nuestras tradiciones son cultura, y conocimiento; cuidemos nuestras tradiciones”