"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

sábado, 23 de julio de 2011

MENSAJE ENVIADO AL LICENCIADO JOSE GUADALUPE OSUNA MILLAN: GOBERNADOR DE L ESTADO DE BAJA CALIFORNIA, (2007-2013).

CON MOTIVO INCORRECTO USO CADA VEZ MAYOR DEL NOMBRE DE BAJA CALIFORNIA.
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
23 de Julio de 2011.

El día de ayer viernes 22 de julio del presente año, le envié una solicitud a nuestro gobernador, aprovechando un portal en internet, por él utilizado para mantener contacto ciudadano; le envié mis comentarios con motivo del cada vez mayor número de personas que mal hacen en llamar “BAJA”, a nuestra querida y bella tierra: BAJA CALIFORNIA.

Y es que no es cualquier cosa, la Baja California, existe con ese nombre desde hace ya muchas décadas, que aunque antes se le conocía solo como CALIFORNIA, en la época en que éramos un patio trasero de España; sin embargo no hace mucho en que en Estados Unidos de Norteamérica, por la costumbre que ellos tienen en sintetizar, o abreviar las palabras, les dio por llamar a ésta tierra con el solo nombre de ‘BAJA”, lo que al paso de algún tiempo cientos de personas de éste lado de la frontera, consciente o inconscientemente lo han aceptado, y divulgado entre sus jóvenes y niños, como si costara tanto pronunciar las dos palabras: BAJA CALIFORNIA.

Le pedí de la manera más atenta al Gobernador José Guadalupe Osuna Millán, el que él como primera autoridad del Ejecutivo Estatal, nos apoye a los bajacalifornianos, en al menos intervenir para que en la publicidad y promoción que se hace desde su gobierno, no se utilice la palabra “BAJA”, para referirse a nuestra entidad.

Y es que por ejemplo, en el Instituto para el Deporte y la Cultura Física, conocido como INDE, por sus siglas, hace en todas sus promociones en masivos medios de comunicación, el inadecuado uso de la palabra “BAJA”; en sus autobuses, en sus cartelones, en las camisetas de los deportistas que muy dignamente nos representan dentro y fuera del Estado, se proyecta al Estado de “BAJA”.

Por otra parte, este año he asistido en dos ocasiones al congreso del Estado de BAJA CALIFORNIA, y con pena escuché en voz de algunos legisladores, comentarios, como:

Cuando llegué a la “BAJA”
Cuando fui a la “BAJA SUR”

Por si fuera poco, los medios de comunicación, haciendo su labor de difundir masivamente lo que se dice, y lo que se hace en las fuentes que investigan, dan como buena la palabra “BAJA”, así que a niños, jóvenes, y adultos nos llega subliminalmente ese mensaje, ya sea leído, o escuchado, lo que de seguro en algún tiempo futuro, la sociedad aceptará, sin darse cuenta tal vez, la pérdida paulatina del uso adecuado de nuestro nombre como región, pues será una “Cultura” heredada, por quienes deberían protegerla, con su actuar en los espacios públicos donde los ha colocado la sociedad.

Por esa razón le he solicitado a nuestro gobernador, que nos haga el bien a los que ahora vivimos aquí, para los chicos, y jóvenes que se encargarán de llevar hacia el futuro lo que ahora les hagamos saber y entender.

Por mi parte jamás aceptaré que soy “BAJEÑO”, pues nací en Baja California, México.
Para el caso del INDE, no se puede más que aplaudir los grandes logros que nuestros jóvenes deportistas han dado a BAJA CALIFORNIA, gracias al gran esfuerzo que el propio INDE, sus instructores, y los muchachos dedican a la tarea que llevan a cuestas; entonces, les pregunto a sus directivos, a los que allí toman las decisiones:

¿Por qué no proyectar a nuestra tierra de manera debida?

El presente mes de julio, el día dos, mi tierra EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, cumplió su aniversario, 237 de su fundación; y siempre se ha llamado así, desde aquel lejano día, en el que por cierto Juan Nepomuceno Espinoza, fundador de nuestro linaje en Baja California, estuvo presente.

No ha faltado, desde luego, que en mi tierra algunos bárbaros han escrito en la fachada del negocio: EL ROSARIO, BAJA, MEXICO. ¡Qué Horror!, no cabe duda que seguimos en muchos aspectos siendo Colonia, no cabe duda que nos seguimos deslumbrando con espejitos, como lo hicieron los nuestros cuando se inició la conquista de México, hace ya casi cinco siglos; ahora nos deslumbran palabras bonitas, dulces, o cortas: “BAJA” por ejemplo.

La primera vez en que me acerqué a un Gobernador, fue en 1979, cuando contaba con 22 años de edad, fue con Don Roberto de la Madrid Romandía, a quien le solicité de favor que no permitiera los bailes en el antiguo edificio estilo inglés que existe en el Rosario desde 1921; así lo hizo, envió la orden, y a la fecha es el único de ese tipo que existe en Baja California, de más de cincuenta que construyó el Gobernador Esteban Cantú Jiménez. En 1992, encabecé la rehabilitación del inmueble, fundando en 1994, el Museo Comunitario “EL ROSARIO”, con apoyo de la comunidad, empresas privadas, y el Instituto Nacional de Antropología e Historia: INAH.

Reconociendo que la petición que me atrevo a hacerle al gobernador Osuna Millán, es mucho mayor, guardadas las debidas proporciones, y que la historia le dará el valor merecido.

En mi tercer libro, que estoy haciendo público en ésta página de internet, lo he llamado:

“MEMORIAS BAJACALIFORNIANAS”: NUESTRA TIERRA SE LLAMA BAJA CALIFORNIA, NO SE LLAMA “BAJA”; SOMOS BAJACALIFORNIANOS, NO SOMOS “BAJEÑOS”.


Todos estaremos agradecidos creo, cuando comprendamos esta situación, y con lo que nuestras autoridades hagan en la defensa de nuestro legado.

AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
SABADO 23 DE JULIO DE 2011.

NOTA: En “TU BICENTENARIO”, MEXICO 1810-2010, se publicó un artículo de mi autoría, en el cual hablo de la historia de la palabra CALIFORNIA, y en cómo nos llegó el nombre.

Antes se le llamaba California, después Antigua California, y más tarde: Baja California: ¿Permitiremos que en el futuro se llame solo: “BAJA”?; Esa es la tarea que tenemos, esa es creo la postura que debemos defender.

lunes, 11 de julio de 2011

“NO SOY DE AQUI, NI SOY DE ALLA”, y “HOY EMPIEZA UN NUEVO DIA”… PERO SIN FACUNDO CABRAL.






¿En mi juventud, cuándo me iba a imaginar, que escribiría sobre este gran ser humano, y mucho menos, sobre un fatal desenlace?

Por: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo.

No importa quien sea, no importa lo valioso que resulte ser una persona, sin importar su limpia y esmerada trayectoria; contando con todo eso y con mucho más, no falta a quien le estorbe, y decida ponerle fin a la existencia ajena, como si aquella vida les perteneciera.

El ser humano, de los animales el de mayor cerebro, el pensante, el sensible; dentro de los cuales existen algunos rapaces que arrebatan vidas y destinos, como si esos viles seres fueran eternos, como si no fueran a concluir sus días en esta vida, se creen que todo lo pueden, que todo lo merecen. La condición humana, en muchas ocasiones desbordada, en cualquier sitio del mundo sacrifican a valiosos individuos, como han sido los casos de: Abraham Lincoln, John F. Kennedy, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Jorge Cafrune, “Ferrusquilla Espinoza”, Facundo Cabral, y tantísimas valiosas almas.

Bien lo cantaba Cabral: “Por temprano que te levantes, a donde quiera que vayas, ya está lleno de pendejos”: Como si lo hubiera presentido, temprano se levantó el pasado sábado 9 de julio del 2011, ya en la calle lo esperaban unos pendejos, que sin más ni más silenciaron y segaron la vida del intelectual, cantor, y poeta argentino, que en realidad no era de ninguna parte, y era de todas…

Nunca alcanzaré a entender las mezquinas razones que llevan a seres de vil estampa, que se cruzan en los valiosos caminos recorridos por distinguidas personas, que los hacen marcharse de este mundo de manera repentina, por acciones de cobardes que nos dejan a los demás, un dejo de tristeza, de impotencia y de dolor, por la partida de seres tan queridos y admirados por nosotros los simples mortales.

Nuestros hermanos de Guatemala, lugar donde el pasado sábado fue arteramente asesinado Facundo Cabral, se encuentran por mucho, más dolidos que nosotros por haber ocurrido el magnicidio en su tierra; que aunque ellos nada tienen que ver, y sí mucho que lamentar, nos unimos, al menos yo, en ese desasosiego que deben sentir por lo sucedido en su territorio, a un ser tan querido, admirado, y respetado por millones de personas en el mundo. Lo que por cierto, no debió ocurrir en ninguna parte del planeta.

Parafraseando a Facundo Cabral: Buscando amistad, encontró cariño y afecto; pero murió asesinado:

¡Qué incongruentes, somos los humanos, cuando queremos serlo!, característica prueba está en desmanes como el que nos ocupa.

Desde mi más temprana juventud, he admirado al igual que millones, a éste gran hombre, ahora martirizado; nos dio con sus poemas, y su canto un sentido de pertenencia, nos enseñó a viajar a través de la mente, nos unió, y nos hizo un gran bien al engrandecer nuestras almas, al mostrar la libertad, y la verdad en sus arreglos.

Ahora nuestro querido Facundo, ha pasado a ser leyenda, que aunque ya lo era desde antes, se ha convertido en inmortal.

Ya debes estar con Atahualpa Yupanqui, con Alfredo Zitarroza, con Violeta Parra, con Agustín Lara, con Tata Nacho, quienes como tú, y muchos otros, fueron grandes pensadores, que nos hicieron, y nos siguen haciendo tanto bien.

Y como lo cantaba Jorge Cafrune:

“A donde vaya a parar el canto de ese cristiano, no ha de faltar el paisano que lo haga resucitar”…

Y también cantaba:

“Ando cantándole al viento, y no solo por cantar, del mismo modo que el viento, no anda por andar nomas”…

O cómo nostálgicamente lo cantaba Atahualpa Yupanqui:

“Si a mí me gusta que suenen, pa’ que los quiero engrasaos”…

Y Alfredo Zitarroza, interrogando cantaba:

“? El niño que fui, que responda?”…

Y Violeta Parra, agradecida con la vida decía:

“Que cuando los abro, clarito distingo, lo negro del blanco”…

Y Piero José:

“Es un buen tipo mi viejo, que anda solo y esperando”,…

Y Nuestro Agustín Lara:

“Farolito que alumbras la calle”…

Y Facundo Cabral se preguntaba:

¿A dónde irán las palomas, cuando ya no son hermosas”,…


Qué gran pena siento…

¡Adiós amigo Cabral, te fuiste, pero te quedas; haz perdido la batalla, pero más bien, haz ganado; haz nacido como inmenso ser!…

AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
LUNES 11 DE JULIO DE 2011.

NOTA:
Me enteré de éstos tristes hechos, por llamada que el mismo día en que ocurrió esta cobardía, me lo hizo saber mi hijo Alejandro; quien aturdido y triste por el suceso, no pudo explicárselo; y cómo él supo desde su más tierna edad, de la existencia de Cabral, desde niño fue su gran admirador. Y Luego mi hija Laura, me envió sus propias condolencias: y todos los que nos hemos visto en éste inicio de semana, hemos comentado consternados la lamentable pérdida, todos nos hemos dado condolencias, pues con su partida, todos hemos perdido algo…











COMENTARIOS SOBRE LA NOTA:

Mi siempre estimado amigo Alejandro Espinoza Arroyo.


Cuando supe de este artero y cobarde asesinato, tuve dos indignaciones:
La primera fue por supuesto, el asesinato de Facundo Cabral.
La segunda, la casi nula cobertura de este hecho, por parte de los medios de comunicacón.
Mira, cuando murió Michael Jackson, nos tuvieron dos meses escuchando su música, sus anécdotas, y su vida. Muchos miles de gentes se volcaron a llorar en público, quizá para obterer su cachito de fama. Y te aseguro que muchos de los que hipócritamente virtieron sus lágrimas en público, en su repajolera vida lo conocieron, o por lo menos hacía añales que les importaba un bledo si vivía o moría.


Tú hiciste lo que los medios de comunicación (hasta donde yo sé) no han hecho. Tú no escribiste un artículo acerca de esto, escribiste un poema.


Recuerdo que no hace mucho, en una entrevista en television que le hizo Jorge Ramos, Facundo Cabral, contaba que su abuelo (el militar), le temía solo a una cosa en el mundo: A los pendejos. Pues decía que eran muchísimos.Y para muestra bastan los que lo ultimaron, pues aparte de cobardes, eran tan pendejos, que ni siquiera supieron a quien estaban matado.
La tristeza que esto ocaciona, no es solo por la gran perdida de este hombre, también es por que se da uno cuenta hasta donde han caído lo valores morales, el respeto a la vida y a los semejantes. También se da uno cuenta que hay otros valores, que se han extinguido casi por completo, ¿Ejemplo?: El honor.
Porque en este tipo de actos: Ni hay hombría, ni hay honor, ni cordura, ni nada de eso.


A mi me tocó ir a un par de recitales de Facundo, en los tiempos de prepa, y me tocó platicar con él; era todo un señorón, un tipazo pues.
Y como dijo Silvio Rodríguez, "Facundo es uno de los seres que le han puesto cerco a la muerte". Pues aunque ha dejado de existir físicamente, forma ya parte de los que han trascendido al nivel de los inmortales, de lo elegidos.


Facundo Cabral, profundo creyente en las enseñanzas del gran maestro de maestros: Jesús de Nazareth.


Era, como dice Alberto Cortés en su canción, "Callejero": "Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño que condicionara su razón de ser".
Y era un hombre que hablaba como argentino, pero que pertenecía a todas las naciones y a ninguna. Era pues, ciudadano del mundo.


En fin, mi antiguo amigo Alejandro, te felicito por este magnífico artículo.



Recibe un abrazo, y un fraternal saludo.
Tu amigo:
Antonio Chaidez Chaidez.

viernes, 8 de julio de 2011

ORIGENES DE LA FAMILIA ACEVEDO, EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

POR: ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
DERECHOS RESERVADOS BAJO PATENTE 1660383.

Eduardo Acevedo, soldado misional o de cuera, compañero de armas de Carlos Espinoza Castro, fue el primero de los Acevedo que hizo su aparición en El Rosario. Fue casado con Germana Ceseña, con quien procreó a Loreto, que en realidad fue el primero de esa estirpe que se asentó de manera definitiva en ese lugar.

Eduardo Acevedo, al igual que Carlos Espinoza Castro, y Jose Rito Ortiz, fundadores de esas familias en El Rosario, recorrieron las vastas distancias peninsulares por largos años a lomo de mulas, y caballos, todos los caminos reales que unían a las misiones, ya que en su trabajo de soldados de “Cuera”, en formación militar se movían de manera permanente siguiendo a los misioneros, a quienes cuidaban, haciéndolo bajo las órdenes del sargento José Manuel Ruiz, desde principios del siglo diecinueve, hasta la independencia de México.

Corría el año de 1827, cuando en viaje de sur a norte de Eduardo Acevedo y su esposa Germana Ceseña, -para entonces ya no era soldado de cuera-, les nació en El Rosario, su primer hijo varón, nombrado “Loreto”, por cuya razón se quedaron algún tiempo a vivir allí, que aunque fue corto, fue suficiente para que su hijo Loreto regresará en su juventud, donde se casa con la hija mayor de Carlos Espinoza Castro, llamada: Maria Rita Espinoza Salgado.

Fue el matrimonio Acevedo Espinoza, formado por Loreto Acevedo Ceseña y Maria Rita Espinoza Salgado, quienes se pueden tomar como los primeros “Acevedo” que radicaron en forma definitiva en El Rosario, ya que en 1848, les nació su primera hija llamada: Eulalia Acevedo Espinoza.

Los Acevedo Espinoza vivieron en su propiedad que se encontraba en la parte que vivió su nieto don Salomé Acevedo Marrón, en tierras que se llevó el arroyo hacia el año de 1977, en El Rosario de Abajo.

Además de Eulalia, procrearon a: Maria Vicenta Teresa, Martina, Zenón, e Hilario; habiendo nacido todos en El Rosario, la primera en 1848, y el último el 1863.

El día 13 de enero de 1866, Loreto Acevedo Ceseña, falleció a los 39 años de edad, dejando en la orfandad a sus hijos, y en la viudez a Maria Rita.

A la muerte de Loreto, la familia pasó a vivir a casa del abuelo Carlos Espinoza Castro, quienes al llegar a la adultez, se fueron casando, así lo hizo Eulalia quien se casó en primeras nupcias con Liberato Gastelúm con quien procreó a un hijo llamado Loreto Gastelúm Acevedo quien murió joven el 27 de noviembre de 1893, cuando ella contaba con 44 años de edad. Eulalia se casó en segundas nupcias con Hesiquio “Pellejeros” Sevilla.

Por su parte Maria Teresa Vicenta nació el 5 de abril de 1862, en El Rosario, y fue registrada en San Vicente Ferrer el 12 de octubre del mismo año.

Hilario nació el 4 de enero de 1863, y registrado en San Vicente Ferrer el 28 de agosto del mismo año, era el menor de la familia, quien perdió a su padre cuando contaba con apenas tres años de edad. Fue casado con Francisca Martinez originaria de “La Posta” de Los Algodones, quien nació en ese lugar mucho antes que Mexicali existiera. Hilario Acevedo Espinoza y Francisca Martinez, fueron padres de las bellas gemelas Clotilde y Matilde; ellos vivieron en su casa de El Rosario de Abajo, que se encontraba justo donde ahora se encuentran unos juegos infantiles en el patio frontal de la iglesia del “Nazareno”, frente al “parque”, muy cerca de la casa que fue de su primo hermano José del Carmen Espinoza Salgado, construida en 1863, lo que la hace una de las de mayor antigüedad que subsiste, y que hoy es propiedad de la familia Ceseña Amador. Otra de las antiguas casas en pie es la vecina de la anterior, que fue la casa de Policarpo Espinoza Peralta, y Amparo Arce, y que en la actualidad se conoce como la casa “Del tío Chuy Espinoza”, o casa de “Los Pleis”; la que data de la misma época que la casa que antes he descrito; o sea que estamos hablando de dos construcciones que a la fecha cuentan con 148 años de dar cobijo a varias generaciones de rosareños.

Martina fue casada con un hombre de apellido “Castillo”, y criaron a una muchacha invidente.
Maria Teresa Vicenta fue casada con Aniceto Duarte Salgado en San Telmo, Baja California, siendo él originario de San Diego, Alta California; procrearon a Domingo, Pío, y Altagracia Duarte Acevedo.

Zenón Acevedo Espinoza, nacido en El Rosario en 1855, fue casado con María del Carmen Marrón “Pellejeros”, siendo sus descendientes los actuales “Acevedo” en El Rosario, ya que los demás se fueron del pueblo a distintas regiones, en distintos tiempos; Los hijos “Acevedo Marrón” fueron:

Gregoria, nacida el 28 de noviembre de 1875.

Anastasio nacido el 15 de abril de 1877.

Román nacido el 8 de febrero de 1879

Andrés nacido el 4 de febrero de 1881.

Salomé (varón) nacido el 22 de octubre de 1884.

Eugenio nacido el 15 de noviembre de 1886.

Petra nacida hacia 1882. (Llamada así en honor a su abuela Petra “Pellejeros” Sevilla)
Bonifacio.

Y otra hija, la esposa que fue de Don Ruperto Aguilar. (Abuelos maternos de Ángel Zacarías Espinoza Aguilar).

Gregoria, la hija mayor de Zenón y Maria del Carmen, fue casada con José María Collins Meza, tuvieron a dos hijas. Gregoria falleció en El Rosario a los 22 años de edad en vísperas de los mil novecientos, la razón de su lamentable fallecimiento fue que al llevar vestido largo un frio día de diciembre, al acercarse al fuego en el que tenía una cubeta con agua calentando para bañar a las niñas, se le prendió el vestido, sin que nadie pudiera brindarle el auxilio tan requerido en aquellos momentos; sus quemaduras la llevaron a la muerte a los pocos días del suceso. Las niñas Carmelita Collins Acevedo y su hermanita, se acercaban al lecho de su madre para pedirle alimentos, sin que ella pudiera atenderlas como hubiera querido.

Román fue casado con Victoriana Saiz; mientras que Andrés fue casado con Paula Ruiz Peralta; Petra con Epigmenio Peralta Véliz. Paula y Epigmenio eran primos hermanos.

Los descendientes de Román, de Andrés, y de Salomé Acevedo Marrón, son los que actualmente habitan El Rosario; eventualmente lo visitan los descendientes de los demás hermanos Acevedo Marrón.

La familia Acevedo en El Rosario, se ha desempeñado en las labores propias que el resto de la población lo ha hecho, pasando por soldado de cuera, nutrieros, pescadores, vaqueros, arrieros, y gambusinos.

El presente trabajo es un breve panorama de los orígenes y la vida de ésta familia, que se encuentra íntimamente relacionada desde hace más de 180 años, con la Espinoza, Loya, Duarte, Peralta, Marrón, entre otras.

Román Acevedo Marrón, cuando entendió que su paso por la vida llegaba a su fin, en 1945, le pidió a sus hijos que lo sepultaran al lado de su muy querido bisabuelo Don Carlos Espinoza Castro, quien había fallecido el 12 de mayo de 1883, cuando Román contaba con escasos 4 años de edad, y su bisabuelo con 105, y que en su lejana memoria recordaba a Carlos con amplio cariño; así que fue sepultado a lado de él en el panteoncito de San Fernando Velicatá. El hijo de Don Román de nombre Candelario Acevedo Saiz, mejor conocido como el “Tío Calayo”, ha cuidado su tumba al igual que la de su madre, desde hace muchos años, convirtiéndose en el único habitante en la ex misión.

En mayo del 2008, última vez en que visité al “Tío Calayo”, me comentó que ya a sus 83 años de edad, poco le faltaba para irse para “El Potrero Grande”, allá donde se encuentran sus padres, y su tatarabuelo:

Ya no falta mucho para que me llegue el día en que debo “Amarrar los burros” me dijo animosamente.

Esas dos frases las escuché por primera vez en voz de Don Francisco “Panchito” Núñez Cota, amigo que fue de mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, Don Panchito había nacido en el mineral del Álamo, Baja California, en octubre de 1910. Al comentarle esto al “Tío Calayo” contestó:

Esa era la frase que mi abuelo Zenón Acevedo Espinoza usaba, y que la había aprendido del abuelo de él, Carlos Espinoza Castro. Fue entonces que comprendí la antigüedad de esas expresiones; frases que adopté, y con las que me refiero al día en que también me habré de ir de ésta vida, el día en que deberé “Amarrar los burros”, e irme para “El potrero Grande”.
A mis parientes los Acevedo, y a quien esto lean habrán de disculpar lo breve de la narración. La genealogía de ésta familia de manera más amplia la publiqué en mi libro “LOS ROSAREÑOS”, en 1992.

AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
08 DE JULIO DE 2011.


NOTAS RELEVANTES:
Loreto Acevedo Ceseña, falleció a causa de las heridas que causadas cuando lo tumbó un potro bronco al que amansaba en El Rosario.
Los Acevedo de mayor edad en la actualidad en El Rosario, son: Epifanio Acevedo Valtierra, y Pablo Acevedo Ruiz; mientras que otros de los “Viejos” viven en Santo Tomas, El Sauzal, y en el “Valle de los Cirios”, Baja California.

Se Puede utilizar ésta información, siempre y cuando no sea con fines lucrativos, debiendo siempre mencionar claramente la fuente, y al autor.


Candelario “Tío Calayo” Acevedo Saiz, y el autor Arriba: a lado de la tumba de Don Román Acevedo Marrón, y Carlos Espinoza Castro, y Abajo en las casas que subsisten en la ex misión de San Fernando Velicatá, Delegación de El Rosario, Baja California: Fotos tomadas por Alejandro Espinoza Jáuregui.


Publicado 24 / 11 / 03 en Periodico Regional, El Vigia:
http://www.elvigia.net/el-valle/2013/11/24/origenes-familia-acevedo-142126.html

jueves, 30 de junio de 2011

FAMILIA “ESPINOZA” EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

Orígenes de la familia “Espinoza” en El Rosario, Baja California: Año de 1800.

POR ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO: PATENTADO BAJO NUMERO 1660383.


Cuando en el año de 1774 se fundó la misión de Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Viñadaco, solo las familias “Espinoza”, y los ancestros de la “Ortiz”, estuvieron presentes en la fundación de El Rosario, se encontraban los pioneros Juan Nepomuceno Espinoza, en ese sitio antes llamado por los antiquísimos pobladores cochimies como: Viñatacot; dentro de esa raza cochimi se encontraban las familias que al castellanizar su nombre vinieron a ser las familias “Aguilar”, y “Savin”, quienes fueron consanguíneos de la familia “Ortiz”, por emparentar con ellos poco después de la fundación de la misión.

El español Juan Nepomuceno Espinoza, quien había llegado a la misión de San José del cabo, Baja California en diciembre de 1755, a bordo del galeón de Manila conocido como “Santísima Trinidad”, quedándose en ese lugar de manera definitiva, en el extremo sur de la península, desde donde realizó infinidad de exploraciones al norte de la península, hasta las confluencias del paraje de San Juan de Dios, en las inmediaciones de El Rosario, cuyo paraje había sido fundado el 8 de marzo de 1766 por el padre misionero jesuita Wenceslao Link, quien reconoció la geografía peninsular hasta el extremo sur de la sierra de San Pedro Mártir, que para ellos como europeos venía siendo la región peninsular más norteña a la que se habían adentrado hasta esa fecha de 1766, en los tiempos de la fundación de San Juan de Dios, sitio al que también Juan Nepomuceno Espinoza había llegado en calidad de mulero primero, y como arriero después, al servicio de los jesuitas.

A la expulsión de los Jesuitas de los territorios del imperio español, habiendo sucedido esto en 1767 en todo el reino, menos en la península de Baja California, a donde la noticia llegó más tarde debido a la lejanía, siendo esta tierra abandonada por aquella expulsada orden misionera en 1768.

Fue en 1768, cuando al ser desterrados los jesuitas de esta tierra, para Juan Nepomuceno Espinoza, quien había llegado aquí a la edad de treinta años, se vio de repente solo en la inmensa bastedad peninsular, sin el apoyo de sus protectores a los que había servido desde 1755, y que con su expulsión quedaba él en el más profundo desamparo.

Cuando los Franciscanos encabezados por Fray Junípero Serra, viajaron desde Loreto, Baja California Sur con rumbo al norte peninsular, con miras de llegar hasta los territorios ocupados por los San Dieguitos, y ante el imparable avance de los rusos de norte a sur, quienes habían llegado hasta el fuerte Ross. El imperio español con los franciscanos como punta de lanza, y con el ánimo de hacerse de esos territorios para el dominio español, avanzaron apresuradamente en 1769 hasta la bahía de San Diego, en la actual California Estados Unidos de Norteamérica. En el tal contingente viajaba en calidad de arriero Juan Nepomuceno Espinoza, quien conocía la geografía peninsular hasta el pie sur de la sierra de San Pedro Mártir, hasta donde había llegado con el misionero Wenceslao Link.

A su paso por este territorio el padre Serra fundó el 14 de mayo de 1769 la misión de San Fernando Velicatá, convirtiéndose en la única misión franciscana en toda la península, ubicada en la delegación de El Rosario.

El propio padre Serra acampó por unos días en el paraje de San Juan de Dios, a causa de una molestia que le causaba hinchazón en una pierna, siendo atendió en ese sitio por su arriero de apellido Coronel, aplicándoles algún brebaje del que usaba en sus mulas. Mejorado en su salud Serra ordenó continuar con la exploración rumbo a San Diego, a donde llegaron el primero de julio de 1769, es decir habían transcurrido cuarenta y seis días desde que salieron de San Fernando Velicatá.

Pasado algún tiempo Espinoza regresa a Loreto, lugar en el que se enrola en 1773 con la tercer orden misionera a la que sirvió, siendo esta ultima la Dominica, sirviéndoles de guía y arriero, ya que para entonces contaba con dieciocho años recorriendo a lomo de mula por todo el territorio, de misión en misión.

El 12 de agosto de 1768, el visitador Jose de Gálvez, enviado que había sido por las autoridades virreinales del centro de la Nueva España, hoy México, expidió un decreto en el que otorgaba “suertes de tierra”, y “solares” a españoles, hijos de éstos, o a hombres de bien, para que en esas tierras fundaran sus ranchos, formaran pueblos, y se asentaran con sus familias. Entendemos a ese decreto como un primer intento del gobierno español por colonizar la península. El tal decreto indicaba los pormenores a los que debían atenerse los nuevos moradores, o “dueños” de las tierras; se les indicaba cómo debían construir sus casa, cuántos animales debían tener, que debían servir a su familia, a su tierra, y debían poseer armas para defender este suelo en caso de invasión de extranjeros, o enemigos de la España; y que si algún morador excavaba un pozo, podía hacerse de otra suerte de tierra, y que se rancho podría crecer en extensión según los pozos, y el agua que se encontrara, siendo la primer superficie de tierra, la que resultara de multiplicar ochenta por ciento sesenta varas, tomando en cuenta que una vara eran ochenta y tres centímetros aproximadamente. Ordenaba el decreto que las propiedades serian indivisibles, y no se podrían enajenar por ningún medio, y que solo se podrían heredar al hijo más apto y respetuoso de cada familia.

Fue a éste decreto al que se ciñó Juan Nepomuceno Espinoza; fue esta la causa por la que en un viaje que inició en Loreto con rumbo al norte en 1778, ya con esposa y su primer hijo de nombre Carlos Espinoza Castro, viajó en busca de aquella tierra que lo convenciera para formar su rancho.

Desde Loreto, viajaron hasta la parte más o menos central de la Alta California, de donde se regresaron por los intensos fríos que no soportó la esposa Loreto Castro, habiendo sucedido esto hacia 1798, casi veinte años después que salieran de Loreto, años en los que solo viajaron de misión en misión, donde fueron naciendo sus hijos, que al principio era solo uno, y al final de aquel épico viaje, eran ya diez.

A su paso de regreso al sur por el paraje de San Juan de Dios, en 1799 le sobrevino la muerte a Espinoza, allí fue sepultado por la familia, y allí se quedaron, cuidando su tumba, y esperando el regreso de Carlos y Zacarías.

Y es que Carlos y Zacarías, que eran los hijos mayores Espinoza Castro, habían proseguido su viaje de la parte central de California hasta Oregón para cazar nutrias, mientras que sus padres y hermanos menores regresaban a Baja california.

Varios meses después cuando ya se encontraba sepultado el padre, y los hijos ya cazaban nutrias en Oregón, recibieron un correo de parte de su madre, avisándoles de la muerte de Juan Nepomuceno; y que se encontraban en San Juan de Dios, viéndose los hijos obligados a tomar el primer vapor, un ballenero que los dejó meses después de iniciado el viaje en Punta Baja, al norte de la bahía de El Rosario, desde donde viajaron a pie a la misión, y de ahí en caballos prestados hasta San Juan de Dios.

Habiendo reconfortado su ánimo, construyeron una pequeña casa, como la que se indicaba en el decreto de José de Gálvez.

Para el verano del año de 1800, viajó toda la familia hasta El Rosario, en donde se asentaron, desde entonces y por largos años con Carlos como hermano mayor a la cabeza de la familia.
Así que con aquel arribó en el verano de 1800, se asentó, y nació la “Familia Espinoza de El Rosario”…Cuando crecieron los hijos salieron a poblar una bastedad de la península, de Sonora, y de Sinaloa.

Carlos es el patriarca de los “Espinoza” de El Rosario, Maria del Carmen, su hermana, la fundadora de la familia “Ortiz”; Perfecta Escolástica, otra de las hermanas, fue la madre fundadora de la familia “Ames”, Zacarías se fue de El Rosario a Sonora en 1802, de donde jamás regresó, solo algunos de sus descendientes que vinieron a conocer a su familia en El Rosario, esto, cuando habían pasado más de ciento veinte años de que él se había ido…

AUTOR DEL ARTÍCULO:
INGENIERO ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
JUEVES 30 DE JUNIO DE 2011.

NOTAS: Las familias Acevedo, Loya, Marrón, Ortiz, Ames, Machado, Duarte, Peralta, Aguilar, “Pellejeros”, y muchas otras se encuentran íntimamente ligadas entre sí, y con la “Espinoza”.
Para este año de 2011, situando a Juan Nepomuceno Espinoza y a Loreto Castro como la primer generación “Espinoza’, en Baja California, y la actual con menor edad que vive, han transcurrido diez generaciones; es decir, desde 1755 al año 2011, han transcurrido 256 años, y hemos aparecido diez generaciones.

En El Rosario, tenemos los “Espinoza” radicando desde 1800 a la fecha, o lo que es lo mismo, llevamos en ese pueblo 211 años de manera ininterrumpida, más los que faltarán…
En lo sucesivo escribiré en ésta bitácora los orígenes de cada una de las familias de El Rosario, al menos las de mayor antigüedad, las primeras cuarenta tal vez…

Por cierto, este día 30 de junio de 2011, si viviera Adalberto “Caracol” Espinoza Peralta, cumpliría 121 años, ya que nació en San Juan de Dios el 30 de junio de 1890; fue hermano de mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta; pertenecieron a la quinta generación “Espinoza” en Baja California. Mi bisabuelo Santiago había nacido en San Juan de Dios en 1878, es decir 100 años después que su bisabuelo Carlos Espinoza Castro naciera en 1778.

Al igual yo nací en 1957, 100 años después que lo hiciera mi tatarabuelo Policarpo Espinoza Marrón, en 1857; y mi padre nació en mayo de 1938, 100 años después que lo hiciera su tatarabuelo Jose del Carmen Espinoza Salgado, en 1838.

¿A quién de mis descendientes le tocará nacer 100 años después que yo, en 2057?





Esto es lo que quedaba en 1936 de la primera casa “Espinoza” construida en San Juan de Dios, a principios del año de 1800. La cocina de la casa se levantó en el preciso sitio donde se encontraba sepultado Juan Nepomuceno Espinoza, al estilo de las misiones que dentro de los templos sepultaban a los misioneros principales. En los primeros ranchos se adoptó la costumbre de sepultar en la casa grande a los padres fundadores de familias, por esa razón fue sepultado el primer Espinoza en su casa. Aunque esa costumbre no fue de gran auge.




A la izquierda Adalberto “Caracol” Espinoza Peralta, acompañado por su sobrino Francisco “Panchito” Espinoza Arce, en El Rosario, Baja California, el año de 1940.
Foto publicada en mi libro “LINAJE ESPINOZA” 2007.
Foto del archivo de: Eva Vázquez Collins.

miércoles, 22 de junio de 2011

EL ERMITAÑO: “CHUYITO DE LA BOCANA”.

Era un hombre de complexión delgada, de espesa barba, de larga y risada cabellera negra, la que con el paso de los años se fue tornando entrecana; si se le veía de perfil por el lado derecho mostraba una blanca dentadura en su amplia sonrisa, pero si se le veía reír desde el perfil izquierdo, mostraba la ausencia total de dentadura, la razón era que contaba con solo la mitad de su dentadura, tanto arriba, como abajo; cuando se le cuestionaba al respecto, decía que la otra parte se la había entregado a su “media naranja”, y que desconocía el rumbo que ella había tomado, habiéndola perdido de vista por completo desde hacía varias décadas.

Llegó solo, y a pie a El Rosario, por allá en los principios de mil novecientos sesenta, o antes tal vez, de repente apareció en una pequeña e improvisada cueva-choza en la parte de mayor pendiente de la montaña que hace la margen izquierda de la desembocadura del arroyo de El Rosario, en la costa pacífica.

Jesús el Ermitaño, era conocido como: “Chuyito de la Bocana”, “Chuy Trenzas”, y “Chuy Mentiras”; era un personaje silencioso pero amable, era amigable, en extremo mentiroso y exagerado, parecía que al entablar platica con él, se hablaba con un pirata, con un corsario, y hasta con un extraterrestre. Su principal afición era las pláticas sobre sirenas, y cosas por el estilo.

Como vivía a la orilla de la laguna en la bocana del arroyo, en la parte más difícil de llegar, la que siempre es golpeada por el viento del noroeste, que es el reinante en el lugar, y por las diarias neblinas que esconden aún más aquel apartado lugar, se convertía con todo eso, en un lugar mítico, un lugar misterioso, habitado por un misterioso pero agradable individuo.

¡Aquí en la orilla de la laguna, frente a mi casa me he entrevistado en varias ocasiones con sirenas que salen del mar, a las que ayudo a llegar hasta acá!, decía.

¡Todas ellas, llegan por lo regular del norte, yo las peino, y les hago platica, aunque algunas no les entiendo porque no hablan español!

Entre sus múltiples exageraciones contaba que en su lugar de origen; -jamás dijo dónde era tal sitio-.

Que en su lugar de origen, en una ocasión fue contratado por largo tiempo en un colegio de señoritas por la madre superiora, nada más y nada menos, que como semental del colegio.

Decía que había llegado hasta la península, por haber sido lanzado al mar por órdenes del capitán del navío corsario en el que era tripulante; y después de nadar por casi un mes arribó hasta la bocana de El Rosario, y que con maderas que encontró por toda la orilla construyó su cueva, como llamaba a su jacalito.

Dentro de sus escasas pertenencias se encontraba una pequeña embarcación de madera, y un par de remos, con los que hacía recorridos de “paseo” por “toooda” la laguna, decía; que si acaso serán unos quinientos metros de larga por unos cien de ancho, y que en esa “basta” navegación sacaba a pasear y a asolear a sus amigas las sirenas, que con frecuencia recibía en su “aposento” según sus propias palabras.

Contaba con una tarima, en la que según él las sirenas se tiraban al sol en medio de la laguna; aquella tarima siempre la remolcaba con dos o tres sirenas encima de ésta, y otras cinco o diez a bordo con él en la panguita; y que la tarima cuando no la estaba usando para pasear a las sirenas, la usaba como defensa de los ataques de los bucaneros hostiles a él, que hasta su cueva llegaban, merodeando en busca de tesoros que Chuyito celosamente guardaba.

Yo lo visitaba con la frecuencia en que visitaba mi tierra en época de vacaciones escolares, aunque en ocasiones aquellas visitas de cortesía se prolongaban hasta en tres o cuatro años, entre una y otra. Siempre que llegaba al frente de su choza, me recibía con tremenda sonrisa, en ocasiones le veía dientes, y en otras no, dependiendo donde me encontrara parado.

¿Amigo, por qué no habías vuelto?, nomás vieras cuantas visitas he recibido, decía:
Aunque del pueblo no, sino más bien algunos amigos corsarios que no me guardan mala fe; pero las sirenitas nunca me olvidan, ellas siempre me dan vueltas, pero vieras que algunas son muy celosas, por eso cuando veo llegar a varias, mejor me escondo, o me voy en mi pollino pa’l monte, y vuelvo cuando ya se han ido.

“Mi pollino”, le decía a un burro que era su medio de transporte, y el que fue su última comida.

¿Cómo has estado mi amigo Chuyito?, le preguntaba al llegar:
Así como te digo, así como te digo, repetía.

¿Y por qué nunca me ha tocado ver jamás a ninguna de tus amigas las sirenas? lo cuestionaba cada vez que iba a visitarlo.

Lo que pasa es que al escuchar tus pasos, como les son desconocidos, se sumergen en la laguna, y no salen hasta que te ven alejarte, entonces vienen y me preguntan, que ¿Por qué quieres verlas?

Chuyito se alimentaba de mejillones, de peces de la laguna, de patos, de gallinetas, y como visitaba el pueblo al menos una vez al año, la gente que todos lo conocíamos, le regalábamos desde verduras, carnes, ropas de uso, herramientas, cigarros; los cargaba sobre su resistente “pollino”, se retiraba a su cueva, y volvía un año, o dos después, apareciendo cada vez más viejo, cada vez más mentiroso.

En una ocasión, poco antes de 1990, más o menos, ya algo entrado en décadas de edad, al igual que su pollino, pues llegaron a la vejez casi al mismo tiempo; y como era de esperarse, al no salir Chuyito por el cansancio acumulado sobre su viejo cuerpo, su “pollino” se daba sus vueltas al monte para comer algo de la hierba que en las cercanías de la choza no existían, o nacía muy poca. En cierta ocasión su pollino no regresó, así que “Chuyito Mentiras”, se fue a buscarlo, encontrándolo que había muerto tal vez un día antes, así que para no perder la carne de su inseparable amigo, lo destazó, secó sus carnes y las comió en machaca seca; al menos tres comidas de aquella machaca alcanzó a saborear. Si Chuyito hubiera sabido que su pollino murió envenenado, no habría muerto él por la misma causa al comer las “sabrosas machacas” de su burro.

En los tiempos de la muerte del burro, siendo ya éste alimento en la alacena de Chuyito, fue a visitarlo Miguel Ángel Jáuregui López, encontrando a “Chuy Trenzas” en deplorable estado de salud. Lo sacó en brazos, lo llevó al hospital general de El Rosario, donde murió; según la necropsia: por envenenamiento en alimentos.

Su cuerpo fue sepultado en el panteón misionero de El Rosario, sin que jamás nadie en las décadas que vivió en el pueblo, ni después de muerto lo haya reclamado, o pasado a buscar, como lo digo, nadie lo buscó, ni vivo, ni muerto.

Seguramente “Chuyito Trenzas”, “Chuyito el de La Bocana”, “Chuy Mentiras”, “El Semental del colegio de señoritas”, ahora debe estar en otro alejado sitio como ermitaño, recibiendo a corsarios, sirenas, y tal vez con la compañía de lo que quedó de su burro; y también, por qué no, enterándose que he escrito algo sobre su extraña y solitaria vida.

Bien se dice: Que entre la cordura y la locura, existe solo un transparente velo, existe solo un pequeño paso, que para darlo, es solo cuestión de tiempo…

AUTOR DEL ARTÍCULO.

INGENIERO ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
MIERCOLES 22 DE JUNIO DE 2011.


Ahí lo tienen: Aquí posa “Chuyito Mentiras” frente a su cueva, porque era una cueva que acondicionó con la madera que encontró en la costa.
Foto tomada por autor anónimo hacia 1975.







NOTA:
Aunque no tiene nada que ver con el artículo anterior, deseo comentar que hoy día miércoles 22 de junio de 2011, se cumplen cien años de los hechos de armas en la parte norte de Baja California, de la llamada “Invasión Filibustera de 1911”, en la que muchos murieron en defensa de nuestra tierra…
Hoy pasé frente al predio donde se dieron aquellos hechos, aquel enfrentamiento armado, en la actual complejo escolar Preparatoria “Lázaro Cárdenas”; y también pasé por el sitio donde fueron sepultados aquellos héroes, esto en la ciudad de Tijuana, Baja California.


***************************


Raul Villarino Ruiz dijo...
Mi estimado Amigo, bien por el relato de El Ermitaño, te felicito por ese rescate de nuestra memoria histórica, te invito a que pases al Museo de Historia de Tijuana, exhibimos una cronología de los Sucesos de 1911 en Baja California en nuestra sala de exposiciones temporales, se que te va a interesar y mostramos la Bandera Original del Cuerpo de Auxiliares que participó en la Batalla del 22 de junio de 1911, que conservó Don Faraón Sarabia Espinoza y otros objetos y documentos originales, así como gran número de fotografías y facsimilares del Periódico Semanal Regeneración, partes oficiales de guerra y otros más. Invitados a visitarnos al Museo, se abre de martes a domingo de 10 a 18 horas, te esperamos, Tu amigo Arq. Raúl Villarino Ruiz.

25 de junio de 2011 08:20



TITULO: "El prisionero"
AUTOR: ARQ. JORGE BERNAL RAYA: 2011.

lunes, 20 de junio de 2011

¡PREGUNTALE SI NO TIENE OTRO…!

SANTA ANNA PERALTA ORDUÑO: 1993.

Cuando el arroyo de El Rosario, discurre frente a los caseríos, lo hace la mayoría de las veces con una fuerza tal que destruye la comunicación entre el pueblo de Arriba, y el de Abajo; el de Arriba se encuentra en las estribaciones de la mesa norte, en la margen derecha del arroyo, mientras que el de “Abajo”, se encuentra en las estribaciones de la Sierrita, o y de la mesa de “La Corcho lata”. Las avenidas del arroyo se vuelven “Máximas” cuando al unir sus caudales el arroyo de “Los Manzanos”, el de “La Víbora”, y el de “San Juan de Dios”, este último conocido también como “El Cardonal”; todas estas afluentes a su vez se alimentan “Aguas Arriba”, en la sierra de San Miguel, estribación sur de la de San Pedro Mártir, por otras corrientes, como son los arroyos de “Los Mártires”, “El Cartabón”, “Rancho de Peña”, y otros aguas abajo, como “El Aguajito” o “La India Flaca”, e infinidad de corrientes menores de cañadas y mesetas que escurren sus aguas hacia la corriente principal, que tiene una longitud de unos veinte kilómetros, desde “El Cardonal”, o de la “Cuesta de la Víbora”, hasta el estero, o bocana en su desemboque en el océano pacifico.

Estas fuertes avenidas han sido la causa de muchos éxodos de rosareños en busca de otros sitios para vivir, ya que desde 1802, año en que se da el primer éxodo, aunque aquel primero fue a corta distancia, pues fue el año en que la misión cambió su sitio de El Rosario de Arriba, a El Rosario de Abajo, a causa de las corrientes pluviales.

Poco antes de que México perdiera el norte nacional que antes fue, y que desde 1848 es el suroeste de Estados Unidos de América, bajó el arroyo, en 1847, con saña inaudita, llevándose la mayor parte de las tierras que entonces se cultivaban, y ahogando a muchos rosareños, de los que algunos jamás aparecieron, mientras que otros aparecieron sus cuerpos en los rebalses de ramajes, espinas, y raíces dejados por las broncas corrientes.

Así han bajado las corrientes pluviales del arroyo de El Rosario, así han transcurrido las generaciones de rosareños, y en todos los tiempos hemos sido apacibles y desconcertados testigos de la magnificencia de la naturaleza, la que siempre da la última palabra, la que siempre manda, y gana.

Las avenidas de los años de 1847, de 1886, de 1905, de 1914, de 1931, de 1967, de 1978, de 1992, y de 2010, han sido igual de destructoras, igual han arrasado con tierras, que con árboles, con personas, que con caseríos del pueblo.

Por si fuera poco, en 1973, año en que se abrió la carretera transpeninsular, no se construyó puente en el arroyo, ya que según “los estudios técnicos” de México, dictaban que no se requería, pues en la zona el agua nunca llega, palabras más, palabras menos, se había calculado por aquellos ingenieros hidráulicos, que la máxima elevación del tirante del arroyo, sería cuando mucho de un metro, razón por la cual no se justificaba la inversión en la construcción de un puente.

La naturaleza “calculó” que no era así, dando su primera demostración hacia 1978, año en que “bajó” tal cantidad de agua que alcanzó niveles, nunca antes vistos por los residentes que entonces vivíamos en el pueblo, desde luego tampoco se contaba con registros escritos de los niveles que alcanzaban las aguas, todo lo que sabíamos había sido transmitido de generación en generación.

Hacia 1982, el gobierno federal mandó construir, ahora sí, un puente que diera a basto con las “forajidas aguas”, solo que se cometió un garrafal error, o tal vez omisión en la ingeniería hidráulica, ya que se construyeron dos tramos de puente, sobre las márgenes del arroyo, dejando al centro de “la caja” por donde escurre el caudal, un tapón, es decir un bordo, que al oponerse a la corriente, esta era desviada a las márgenes, así que se le dio “permiso” a las aguas para que “barrieran” las tierras de las dos márgenes, razón por la que casi desaparecen los dos caseríos, después de arrastrar al mar todas las tierras blandas, formadas por aluvión, llegado de las dos mesas que flanquean al pueblo.

En el lluvioso 1992, año en que falleció, a los 92 años de edad la fina dama: Doña Faustina Valladolid Ortiz, esposa que fue de Francisco Duarte Espinoza; como ella vivía en El Rosario de Arriba, y el panteón se encuentra desde 1802, en El Rosario de Abajo, se tuvo que transportar por familiares y amigos su ataúd en lancha al panteón, pues el arroyo se encontraba muy crecido. Esas eran precisamente las narraciones de Doña Faustina:

¡Espero que cuando me muera, sea en tiempos de secas!; ¿Si no, en dónde me van a sepultar?, me dijo en una entrevista, como si hubiera sabido, como si lo hubiera presentido, pues no murió en tiempos de secas.

Poco después, en 1993, bajó tal cantidad de agua, y como siempre el pueblo de Abajo quedó totalmente aislado, razón por la que sus moradores acabaron con los víveres que se encontraban en la única tienda entonces, llamada “Los Panchos”, habiendo sucedido esto, yo me encontraba en Ensenada, y era entonces uno de los enlaces entre la gente de El Rosario en general, con los rosareños que vivían en otros lugares, como Ensenada casualmente.

En ese entonces en El Rosario no existían líneas telefónicas de ningún tipo, la única comunicación era desde muchos años antes, solo vía radio de onda corta, mediante repetidoras que se encontraban en “La Bufadora” y en San Quintín.

Una mañana, de aquel lluvioso año de 1993, escuché un llamado por el radio, de manera muy insistente:

¡Haber Alejandro, Alejandro, Alejandro, si me escuchas Alejandrooo, para Santana, adelanteee!

Ya que logré contestarle, saludé a Santa Anna Peralta Orduño, quien se encontraba “varado” al igual; que un grueso contingente en El Rosario de Abajo, sin asistencia, ya con escases hasta de lo más elemental.

¡Adelante, Santana, adelante, buenos días!: le contesté.

¡Buenas nochis, buenos días, que diga: Mira Alejandro busca gente de El Rosario, allí en Ensenada, para ver con que nos pueden aventar, ya no tenemos nada de lonchi desde anochi, ni podemos manijar los carros, porque no tenemos gasolina!

Luego le pedí a mi amigo Santa Anna, que me diera un tiempo para realizar algunas llamadas por teléfono en la ciudad, en búsqueda de apoyo para mis paisanos.
Cuando ya tuve una respuesta, lo volví a llamar:

¡Santana, dice Pancho Aráuz Espinoza, que tiene un torete en su rancho, que lo pueden agarrar!

Luego Santa me contestó:

¡Haber Alejandro, pregúntale si no tiene otro, porque ese que dice ya nos lo comimos!
En 2010, el gobierno federal después de los destrozos causados por el arroyo, unió los dos puentes marginales con el centro de las corrientes, y ha encauzado las aguas en ciertos tramos, todo con la finalidad de no ver al pueblo de El Rosario, y a sus tierras formar parte del transporte litoral del océano pacifico.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
LUNES 20 DE JUNIO DE 2011.

NOTAS REELEVANTES: La cuenca del arroyo de El Rosario, al igual que la de Tijuana, son las de mayor área, en la península de Baja California, aunque solo la de El Rosario desemboca en el pacifico mexicano, mientras que el de Tijuana desemboca en el pacifico estadounidense.
Aunque mis artículos los escribo en Tijuana, Baja California, ciudad donde vivo y trabajo, se los anoto a El Rosario, con la idea de dar realce a mi tierra, aunque amplia gratitud le tengo, y le tendré siempre a Tijuana.

Santa Anna Peralta Orduño, es casado con Floriza Aceves, quienes procrearon a tres hijos, y a tres hijas. El torete que sirvió de alimento a la comunidad, nunca se supo que haya sido pagado a su dueño.

miércoles, 8 de junio de 2011

CERRO “EL RAYADO”, MAGNIFICA FORMACION GEOLOGICA.

ANTES GUIA DE LOS PRIMEROS POBLADORES, HOY DE PESCADORES.




Foto del Cerro “El Rayado” tomada por: Andrés Acevedo García.





Poco antes de llegar a la bahía de El Rosario, muy cerca del campo pesquero “Agua Blanca”, se encuentra sobre una cañada un cerro distintivo, el mismo que cuando se navega de sur a norte, se alcanza a ver desde la distancia desde la bahía, lo mismo que cuando se sobrevuela.



Y es que las formaciones geológicas en la península son tan variadas, como bastas, simplemente en la región de El Rosario, contamos con las formaciones de “El Rosario”, “Punta Baja”, “El Gallo”, “Agua Blanca”, las distintivas mesas de “La Sepultura”, y la de “San Carlos”, sin dejar de mencionar los muy secos valles de “San Vicentito”, y el de “El Malvar”, cuyas escasísimas corrientes pluviales desembocan ya en la bahía de El Rosario, en “Cajiloa”, o en la laguna salobre de “Agua Amarga”; la escases de lluvias en esa zona es tal que sus corrientes, cuando se llegan a formar, apenas si llegan tímidamente al mar, aunque existen periodos de retorno muy largos en los que aguas embravecidas arrastran con todo lo que a su paso encuentran, arrojándolo al mar como con saña.




El Cerro de “El Rayado”, así llamado por contar con un estrato aparentemente de rocas calcáreas, calizas, que se depositaron sobre la costa que alguna vez fue la hoy parte alta de la montaña, y que al retroceder el nivel del mar, o emerger la montaña, o ambas situaciones a la vez, dejaron para la posteridad esa magnífica, única y distintiva formación.




Ha sido fotografiado por innumerables visitantes, escalado por muy pocos, admirado desde siempre, y aunque a simple vista se aprecia como un cerro más, no lo es, ya que forma parte de la algo lejana mesa de El Rosario, donde se encuentra una aterrizaje terminada en concreto, y en las inmediaciones de “El Rayado”, existió otra en terracería, en la que bajaban algunos aviones chicos, en los tiempos en que se pirateaba abulón seco y langosta, en ocasiones en emergencias.
Cuando se excava en la mesa de El Rosario, a unos cuantos metros de profundidad se encuentra el mismo estrato que en “El Rayado”, lo que geológicamente puede significar que alguna vez millones de años atrás, fueron una misma formación, a la que la erosión de aguas, vientos, y sol desquebrajaron, transportando los suelos finos a las partes bajas, moldeando paulatinamente el paisaje que ahora vemos, y que seguirá similar por miles y miles de años después de nuestra partida.




En aquellos años de mi niñez cuando al pasar frente al cerro, llamaba de manera especial mi atención, ya que en ningún otro lugar había apreciado tal línea blanca, como si alguien a propósito la hubiera pintado allí, pero no, los mayores escasa información daban para calmar mis dudas, solo atinaban a decir: “Es Caliche”.




Para donde quiera que volteemos, encontramos tantas bellezas, que al estar tan en contacto con ellas, ya no las vemos, sucede exactamente igual que, cuando los árboles, no nos permiten ver el bosque.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

INGENIERO ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO
08 DE JUNIO DE 2011.





NOTA:
La Universidad Autónoma de Baja California, a través de la Facultad de Ciencias Marinas, han realizado desde hace unos veinte años, una gran cantidad de estudios en la zona de El Rosario, y en muchas otras, por lo que sí existe interés en alguien que haya leído este artículo, podrá ampliar de seguro la información desde el punto de vista científico, en esa fuente; ya que por mi parte, solo trato de destacar los aspectos para un público sin formación científica.
La foto del inicio del artículo fue tomada por Andrés Acevedo Garcia, quien es al igual que yo, bisnieto de Santiago Espinoza Peralta. Es mi estimado pariente Andrés, uno de los que orgullosamente lleva nuestra ancestral tradición de las vaquerías en El Rosario.