Pueblo mas antiguo de Baja California, fundado el 02 de julio de 1774
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"
martes, 7 de junio de 2011
LAGUNA SECA DE CHAPALA, BAJA CALIFORNIA.
Si por alguna razón en pláticas sale el nombre de la Laguna Seca de Chapala, Baja California, ubicada en el desierto central, de inmediato viene a la memoria Don Arturo Grosso Peña, el muy famoso “Cura del Desierto”, y no por nada sus nombres se encuentran íntimamente relacionados entre sí, pues tanto Don Arturo le dio fama a la laguna seca, como este recodo peninsular se la dio a él.
Y en el antiguo sendero que era el camino real, que unía a todos los pueblitos, ranchos, parajes, aguajes, minas, y campos de nuestra geografía, dio fama a un sinnúmero de personajes que se antojan como de cuento; todos legendarios, eran al mismo tiempo tanto criadores de ganado, restauranteros, herreros, mecánicos, poliglotas, geógrafos, narradores, historiadores, naturalistas, pescadores, mineros, cocineros, vaqueros, gambusinos; leñadores, y leñeros; pero nadie como Don Arturo Grosso Peña: “Cura”. De ahí que se le recuerdo como: “El Cura del Desierto”.
Fue Don Arturo el hijo mayor del italiano Eduardo Eugenio Boittard Grosso, y de la Pima Tecla Peña Duarte, quienes se casaron en Santa Rosalía, Baja California Sur, en la década de 1890, a principios, llegando a la zona de El Rosario, en 1895, a un sitio al que llamaron rancho “Buenos Aires”, en recuerdo a la primer ciudad en América a la que Grosso había llegado años antes de pasar de Argentina a México. Habiendo vivido por varios años en el rancho “Buenos Aires”, el que geográficamente no se encuentra muy alejado de la Laguna Seca de Chapala, Don Arturo en sus años mozos fue un vaquero, y minero que exploró junto con su buen amigo William James Cochran Flores, toda la región media de la península, prospectando las vetas de oro, granate, plata, cobre, y lo que pudieran encontrar con tal de hacerse vivir de manera que aunque bastante ruda, ganarse la vida de manera decente.
Cuando algún tiempo pasó fueron naciendo sus hermanos en el propio rancho, pero en la época de inicios de la revolución mexicana al encontrarse las familias de capa caída en la situación económica, Don Eduardo decide viajar al norte en busca de mejores aires, que aunque ya estaba en “Buenos Aires”, eran otros mejores los que necesitaba; cruzó la frontera de México con Estados Unidos por Mexicali, luego que se acomodó en un trabajito cuidando conejos, regresó por la familia, abandonando el rancho, e instalándose en “Coyote Wells”, un poco al norte de la sierra de Jacumba, California del lado gringo, que del lado mexicano se conoce como sierra “La rumorosa”, en el actual municipio de Tecate, Baja California. Aquel viaje que fue hacia 1911, se realizó a bordo de carretas tiradas por caballos; regresando a El Rosario, muchos años después, ya para 1927, época en que Grosso compró el rancho “Buena Vista”, en El Rosario de Abajo, rancho del que aún existe la casa.
Por su parte Don Arturo Grosso Peña se casó con Juanita Duarte Ortiz, procreando a dos hijos, pero en breve tiempo su esposa falleció, por lo que años después se casa con Adela Peralta Acevedo con quien procreó a varias hijas y a un hijo.
Don Arturo y su esposa Adela se asentaron de manera definitiva en su rancho de la laguna seca de Chapala, donde vieron crecer tanto a sus hijos, como el inmenso número de amistades que lograron formar durante las décadas que vivieron en el desierto central.
Tenían un restaurante que se llamaba “Chapala”, cuya especialidad era como en todos los demás restaurantes del camino real: Machaca seca de res, de pescado, de langosta, de venado, o de burro.
¡Pásenle a la machaca de burrego! Decía animosamente don Arturo.
Las mujeres atendían la cocina, y todas las tareas dentro de la casa, mientras que los hombres todas las de patio, las de sierra, las de playa, teniendo prohibido por ellos mismos y por las mujeres entrar a la casa, solo que fuera para comer y para dormir, de lo contrario, si los hombres entraban mucho los llamaban “faldilleros”; así que don Arturo era hombre de “afuera”, jamás un “faldillero”; afuera atendía al ganado, la herrería, el taller mecánico, la llantera, y a los viajeros hombres que detenían su andar brevemente en Chapala, las mujeres viajeras entraban al comedor, es decir con las demás mujeres.
EL CURA DEL DESIERTO:
Los hermanos Ceseña Smith, de Bahía de Los Ángeles, entre ellos Arturo, bautizaron a Don Arturo con este apodo, por la gran facilidad con la que “bautizaba” a cuanta persona se parara o pasara frente a él, cualquiera era de inmediato bautizado por el cura del desierto.
En cierta ocasión, llegaron al restaurante en troque tres hombres, dos se bajaron, mientras que el tercero se negó a hacerlo aduciendo que no, pues sabía que en ese lugar le ponían sobrenombre a las personas; cuando los dos entraron saludaron a don Arturo, quien no les hizo caso por estar viendo hacia el troque, intrigado porque uno se había quedado a bordo, luego les preguntó a los dos que entraban:
¿Po, po, po, por qué no se bajó aquel cabeza de tasa?
Luego los compañeros del viajero, le hicieron una seña al del troque, diciéndole:
¡Vente, ya te jodieron, ya tienes nombre!
Y es que el que no se bajó, tenía solo una oreja.
“El Perro Buldogui”, “El Boca de Sapo”, “El sol”, “La Tintorera”, “El siete de copas”, “La Barra de Oro”, “El Recién Castrado”, “El Boca chula”, “”El Tres Tientes”, “El Sufridito”, “La Saltarina”, “La Golondrina”, “El Güero Nailon”, “El Copa de Nieve”, “El Siete Suelas”, “El Pico Chulo”, “El Hueso de Mango”, “El Tiburón”, “La Tenebrosa”, “El Bolsa de Fierro”, y “Los Cola Blanca”, fueron algunos de los cientos de sobrenombres con los que “bautizó” a diversos personajes, los había desde chicos, a viejos, y de hombres a mujeres, pues afirmaba que un cura no tenía por qué hacer distinciones con nadie.
Cuando los víveres se escaseaban en el rancho, y siendo Don Arturo ya un hombre de avanzada edad, pedía que le dieran raite del rancho a El Rosario; en cierta ocasión cuando ya había comprado lo que requería en su rancho, se dio a la tarea de buscar a alguien para que lo llevara de regreso a el rancho, así anduvo casi todo un día, sin encontrar a alguien que estuviera disponible para que lo acercara al rancho, con todo y sus provisiones que había dejado encargadas por ahí con alguna amistad; al fin de tanto andar en búsqueda de raite, encontró a Francisco Peralta Duarte, sobrino de su esposa; Francisco acordó con Don Arturo cierta cantidad de paga para los gastos del viaje; y luego se fueron. Caminaron varias horas, mientras Francisco conducía, Don Arturo agarrado del tablero del vehículo, muy seguido volteaba a ver al chofer, pero sin mediar palabra; cuando al fin dieron la vuelta en un cerro, y que ya Don Arturo vio el rancho, fue entonces cuando le dijo a Francisco:
¡Po, po, po lo que vengo viendo, es que eres muuu pend…pa’ manijar!
Luego Francisco, que también era muy ocurrente, le contestó:
¡Es que, que, que, que, cómo no me dijo eso antes, para dejarlo tirado!
¡Po, po, po, es que el pend… eres tú, no yo!
Era Don Arturo un hombre blanco nórdico, tostado por el sol peninsular, de mirada profunda y perspicaz, travieso, y juguetón.
Hacia 1977, en sus últimos días de vida se la pasaba sentado tomando el sol, viendo pasar los carros:
¿Qué hace Don Arturo?, le pregunté un día en que fui a saludarlo a casa de su hija Rosa en El Rosario:
¡Po, po, po, contando los carros que pasan por la carretera!
¡P’aca han pasado catorce, y p’allá, trece, van parejones!
Siete de color claro, dos muy cochis, uno sin mofle, uno con un caballo arriba, y otro con un toro; los demás no los columbré muy bien, porque pasaron muuu recio.
En los tiempos anteriores a la segunda guerra mundial, por allí del año de 1935, Don Arturo firmó un contrato con el gobierno federal para abrir caminos “modernos”, en la península, decía que el día que firmó el primer contrato, viajo la descomunal distancia de Ensenada, hasta El Rosario, el mismo día, proeza desde luego, ya que en aquellos tiempos el viaje duraba hasta tres días con buen tiempo.
Las Cuestas de “El Aguajito”, “La Turquesa”, y de “Jaraguay”, fueron las primeras que acondicionó a cincel y marro con su brigada de trabajadores, bajo aquel contrato, hace ya unos setenta y cinco años.
Fue en ese tiempo, según sus pláticas, cuando se hizo de un perico, que llamaba a su dueño, a gritos, diciéndole: ¡Arthur, Arthur!, porque se lo había dejado encargado un gringo, y el perico español no hablaba.
AUTOR DEL ARTÍCULO:
INGENIERO ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
07 DE JUNIO DE 2011.
NOTAS RELEVANTES:
Don Arturo Grosso Peña, junto con Juanita Duarte Ortiz procreó a: Eduardo apodado “Watare”, derivación de “Boittard”, y Maria, quien fue la madre de la familia Coussiño, en la ex misión de San Vicente Ferrer, Baja California.
Con Adela Peralta Acevedo: Procreó a: Amalia, Rosa, Lidia, Natividad, y Eugenio; y crió a su nieta Clementina, hija de Amalia.
Fue padre también de Elena Grosso, quien nació en la mina de El Mármol, siendo ella la mayor de todos sus hijos e hijas. La madre de Elena, llamada Eduviges falleció al nacer ella, quedando sepultada en el panteón de El Mármol.
Los hermanos de Don Arturo fueron: Eduardo, Ángel, Emilio, Juan, Teresita del Niño Jesús, Amalia, y Anna.
Su padre llegó de Italia, lugar al que jamás regresó.
sábado, 4 de junio de 2011
RANCHO SANTA CATARINA, BAJA CALIFORNIA.
Fue en ese rancho fundado hace ya unos ciento veinte años, en un paraje que era utilizado por los “vaqueros” del sistema misionero, en cuyo lugar pastaban algunos animales de la caballada, y vacunos con los que las misiones se ayudaban tanto en la alimentación, como en las labores propias de la campiña de la misión de San Fernando Velicatá, ubicada un poco al noroeste de Santa Catarina, siendo este sitio parte de la demarcación de aquella misión.
Don Gilberto Peralta Veliz, y Doña Otilia Solorio, se dedicaron como todos los rancheros de aquella época, a la cría de aves de corral, su hato ganadero, bestias para la carga, algunas siembritas, ordeña, y en la elaboración de varios derivados de la leche, principalmente queso, mantequillas, requesón, asaderas, y cuajada. Por el rancho pasaba la ruta hacia el puerto donde embarcaban los bloques de mármol, y se desembarcaban desde carros de mulas, estufas, ropas, provisiones, caballos, vacas, zacate, y todos los elementos que daban apoyo a la vida cotidiana de hace al menos un siglo.
Los “operadores” de los carros de mulas, en los que se transportaba el mármol a la costa, llegaban a comer y dormir luego de todo un día de andar desde la mina al rancho. Luego de pernoctar en ese lugar, cambiaban de caballos, prosiguiendo el viaje con rumbo al barco, llegando después de otro día de arduo trayecto al rancho “La Ciénega de San Carlos”, propiedad que era de Don Tomas Vidaurrázaga Murillo; hacían lo propio que antes habían hecho en el rancho Santa Catarina, y viajaban durante el tercer día, hasta llegar al mar, descargar el mármol, descansar un día, para al siguiente cargar y regresar con rumbo a las montañas, donde los esperaban ansiosamente con los exquisiteces que a bordo de los carromatos transportaban. El trayecto para llegar del puerto a la mina, es tan largo como cruzar la península del pacifico al golfo, un poquito menos, por esa razón el viaje en esos toscos aparatos duraba tres días.
En el rancho de Santa Catarina, lugar en el que nacieron los hijos Peralta Solorio, lo hicieron con el apoyo de parteras, entre ellas la señora Maria Garcia de Cajeme, esposa que fue de Pascual Cajeme, ambos originarios de la nación yaqui del valle del yaqui, en Sonora, quienes habían llegado a estas tierras peninsulares, huyendo del terrible azote del gobierno del dictador y nefasto Porfirio Díaz Mori.
Fue una de las hijas Peralta Solorio, llamada Etelvina, y uno de los hijos Cajeme Garcia, quienes en su adultez, y ya casados formaron la familia Cajeme Peralta, fundando el rancho “El Progreso”, que se ubica a la entrada del camino a la misión de San Fernando Velicatá, sobre la actual carretera transpeninsular. Ese sitio el que además de rancho fue un restaurante en el que los troqueros “sureños”, los de la diligencia de la ruta postal ambulante, los vaqueros, los “gringos locos”, y algunos otros viajeros disfrutaban de la machaca seca con ajo, tortillas de harina, frijol y queso, que forman uno de los tradicionales platillos de la península, sobretodo en la zona aislada, la antes muy poco visitada, la que comprende desde El Rosario, al norte hasta los Cabos en el extremo sur; zona que incluso en nuestros días es poco frecuentada, y en la que sigue como antaño ofreciéndose el tradicional platillo; aunque me ha tocado escuchar a algunos gringos ordenar hamburguesa con papas.
“Gringos locos” se les llama aquí en México a cualquier individuo con aspecto de andar dando vueltas sin rumbo aparente, con una cámara fotográfica al cuello, pantalón corto, y lentes obscuros; algunos de ellos se hospedaban por días en el rancho Santa Catarina.
En la actualidad ya no existe en el rancho la actividad con la que se desenvolvió durante décadas, ya sus fundadores y muchos de sus hijos desaparecieron, quedaron nietos, y bisnietos que se marcharon al pueblo del Guayaquil, no muy distante del rancho, cercano al antiguo rancho “El Águila” de Don Reyes Quiñonez Castellanos, quien fuera directivo de la mina, y propietario de la tienda general. Con el éxodo de los habitantes de varios ranchos se formó poco a poco el pueblo del Guayaquil, sin embargo el desierto siempre vence, siempre tiene la última palabra. Si Guayaquil se originó con los habitantes de ranchos y del pueblo del Mármol, cuando la mina se dejó de explotar, no logro sobrevivir ni siquiera un siglo, pues en la actualidad es también un pueblo fantasma, el que a orillas de la carretera transpeninsular, no tuvo la suficiente fuerza para resistir el inexorable paso del tiempo, y lo agreste de la tierra, la casi nula existencia de agua, lo que se puede considerar un triunfo de sus moradores al poder resistir casi cien años en ese paramo, que aunque bello no deja de ser una inmensa soledad.
Los pobladores o descendientes de El Guayaquil, del pueblo de El Mármol, y de infinidad de ranchos viven en la actualidad ya en Cataviñá, Punta Prieta, Guerrero Negro, Nuevo Rosarito, Ensenada, y principalmente en El Rosario; por lo que toda la región geográficamente localizada entre El Rosario, y el paralelo 28 grados, es decir unos quinientos kilómetros de península se encuentra prácticamente deshabitada, de no ser por los pueblos de: El Rosario, Cataviñá, Punta Prieta, Nuevo Rosarito, Santa Rosaliita, Bahía de los Ángeles, Villa Jesús Maria, y El Costeño, que en suma tendrán si acaso unos diez mil habitantes, lo que nos da una perspectiva de la soledad de la región; pero si lo vemos en retrospectiva, cuando fui niño en El Rosario vivíamos si acaso unos doscientos habitantes, todos emparentados entre sí. No queda ninguna duda en la razón por la que casi todos los habitantes desde El Rosario, hasta el paralelo veintiocho nos conocemos, pues además de ser pocos individuos, tenemos aquí las familias hasta doscientos cincuenta años de sobrevivir en este desierto.
Espinoza, Cajeme, Peralta, Garcia, Maclis, Smith, Ceseña, Quiñonez, Cota, Agúndez, Arce, Mouett, Marrón, Duarte, Loya, Murillo, Valdez, Gonzalez, Díaz, Solorio, Sandez, Collins, Aguilar, Acevedo, Vidaurrázaga, Romero, Tena, Grosso, Meléndrez, Ibarra, Villavicencio, Fuerte, son algunas de las familias representativas en la región de la que hablo.
Y sobre sus ranchos desde los lejanos ayeres se encuentran: San Juan de Dios, Santa Úrsula, Santa Catarina, Ciénega de San Carlos, El Progreso, El Águila, El Roñoso, El Cartabón, cerro Pelón, San Antonio, Los Mártires, El Arenoso, El Aguajito, El Porvenir, Santa Teresa, Sonora, Santo Dominguito, Jaraguay, Chapala, Las Arrastras, El Pedregoso, Santa Cecilia, Los Torotes, y Las Codornices principalmente, siendo la misión de San Fernando Velicatá primero, y después la mina del mármol la que principalmente les dio vida a todos esos ranchos, aunque muchos fueron criaderos de grandes hatos de ganado que expendían a los chinos en Mexicali, principalmente el de San Juan de Dios de los Espinoza.
Al viajar en tiempos actuales se pueden ver las ruinas de muchos de estos sitios, y otros nuevos, que en mucho, son los menos. EL Progreso es un rancho y restaurante que sobrevivió a sus fundadores el matrimonio Cajeme Peralta, ya que su hijo Guillermo y su esposa Dominga atienden a los comensales que detienen su andar allí.
En El Arenoso, se encuentran solo las ruinas, y en muy buen estado de conservación un pozo artesiano ademado en madera, la que dejó un recoveco donde unos pajarillos llaneros instalaron su nido, un poco arriba del espejo de agua, que a juzgar por el paisaje se antoja pensar que no existe este líquido, sino muy por debajo de la tierra, al menos si en sitios muy lejano; pero no, no es así, el agua se encuentra muy fresca apenas a unos cuantos metros de excavar la tierra; de no ser por ello, nunca hubiéramos sobrevivido durante dos siglos y medio bajo las típicas inclemencias.
En las notas dejaré asentada una carta que Rosendo Peralta Murillo envió a su madre Matea Murillo Smith desde Santa Catarina a El Rosario, en 1911, solo con la idea de poner en retrospectiva el rapidísimo paso del tiempo, el que a pesar de ser así, mucho humanos viven como si fueran eternos, sabiendo que somos como una lechuga expuesta al ardiente sol.
AUTOR DEL ARTÍCULO:
INGENIERO ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
03 DE JUNIO DE 2011.
ALGUNAS NOTAS RELEVANTES:
Don Gilberto Peralta Veliz, fue hijo de Inocencio Peralta Aguiar, y de Francisca Veliz Osuna, quienes con hijos chicos llegaron a El Rosario, en 1873, provenientes de Comondú, Baja California Sur. Cuando Gilberto llegó a la adultez y casado con Otilia Solorio reutilizaron el viejo paraje de Santa Catarina, conociéndose desde entonces como rancho.
Sus hijos fueron entre otros: Elías, Güero Peralta, Etelvina, y Beto Peralta Solorio.
Los hermanos de Don Gilberto Peralta Veliz fueron: Bruno (fundador del rancho Santa Úrsula); Epigmenio casado con Petra Acevedo Marrón); Balbina (casada con Policarpo Espinoza Marrón: mis tatarabuelos paternos); Victoriana (casada con Tomas Vidaurrázaga Murillo); Cenobio (casado con Matea Murillo Smith: padres de Rosendo); Jaime ( de los Peralta de Arroyo Seco, Santo Tomas, y Colonet).
CARTA DE ROSENDO PERALTA MURILLO A SU MADRE MATEA MURILLO SMITH:
“Santa Catarina, Julio 26 de 1911.
Mi muy estimada mamá a quien le deseo una gran felicidad, en toda la compañía de toda la familia, y tendré mucho gusto que cuando reciban esta carta en sus manos, se encuentren todos buenos, y gozando una buena salud, y yo también estoy bueno ahora, ya tengo tres días aquí en Catarina, yo también iba de auxiliar si acaso estaba Margarito aquí en Catarina, como no estaba, no fui, pero se llevaron mi montura, también no fui porque supe que mi papá venia para acá en estos días y ahora estoy dando tiempo a ver si viene; pero ahora me voy para atrás, contésteme y pregúntele si puedo ir a la guerra, también no fui porque mis tíos no me dejaron que fuera; dígale a Eloísa que si tiene ganas que vaya a pelear con los revoltosos que me mande decir para ir yo. Para allá iba ahora (para El Rosario), pero al último no fui porque iba muy arrancado, no llevaba ni cinco centavos, pero si viene el barco tengo seguros noventa y tantos pesos, por eso no fui para allá por falta de dinero, se me hace muy triste ir sin ni un centavo en la bolsa.
Yo les aseguro ir muy pronto para allá, voy a trabajar otra vez, pero puede que no dure mucho; si acaso no trae dinero el vapor, ya hace mucho tiempo que lo aguardan desde el día 18 lo están esperando, y no viene. No tengo más que notificarles salúdeme a toda la familia de doña Tula, y dígale al Cuate D. que mate a todos los pronunciados que pueda; y ustedes reciban un fino recuerdo que hago para ustedes y demás familia. Su hijo que verla desea más que escribirle.
ROSENDO PERALTA”
En la carta claramente se aprecia la dependencia económica que de los dineros producto de la venta del ónix se tenía en la región, que era casi la única actividad que generaba dinero en efectivo, ya que el resto de las actividades y de obtención de bienes era a través del trueque.
Pedia permiso para ir a “la guerra”, se refería a enlistarse en los movimientos revolucionarios de los Flores Magón de 1911, en el norte peninsular. Aunque no fue cuando solicitaba el permiso a la familia, si se enlistó tiempo después, muriendo en Mexicali antes hacia 1913, en los hechos de armas del lado de la revolución, del lado del pueblo.
“Eloisa”, a quien se refiere, fue su hermana, quien casó con Cecilio Espinoza Peralta.
También menciona a “Margarito” Duarte Espinoza, quien no llegó a Catarina, él era también su cuñado casado con su hermana Elvira Peralta Murillo.
“Cuate D”.: Se refiere a Salvador “Cuatito” Duarte Espinoza, quien fue casado con Anna Valladolid Ortiz.
“Doña Tula”: Fue Gertrudis Espinoza Marrón: madre del Cuate Duarte, de Margarito, y de muchos más. Fue la madre fundadora del apellido Duarte en El Rosario, cuyo esposo fue el primer Duarte en el lugar, llamado Domingo Duarte Cossío.
“Los pronunciados”: les llamaban a los que estaban en contra de ellos y de sus ideales
El vapor al que se refiere era uno de los barcos que llevaban el mármol a Estados Unidos, y desde allá, y desde Ensenada, traían los bienes que al principio del articulo cité.
Es una gracia que Rosendo supiera leer y escribir, y más aún su madre, ya que hace cien años el analfabetismo en nuestro país, era galopante.
La carta que se inserta en este artículo, al morir Rosendo un par de años después de escribirla, su madre la guardó hasta su muerte, heredándosela a su otro hijo Amadeo “Quitito” Peralta Murillo, quien la conservó hasta su muerte, poco antes de ocurrida se la entregó a su hijo Jesús Peralta Espinoza, quien en 1989, me facilitó la original, misma que publiqué en mi primer libro: “LOS ROSAREÑOS” en 1992. La carta la conserva aún a cien años de escribirse en custodia de Jesús Peralta Espinoza en El Rosario, quien de seguro la encargara por tercera ocasión a otro de los descendientes Peralta.
Los hermanos de Rosendo Peralta Murillo fueron: Bartola, casada con Jose Maria Murillo Arce; Eloísa, casada con Cecilio Espinoza Peralta;, Elvira, casada con Margarito Duarte Espinoza; Maria, casada con Fernando Duarte Espinoza; Jacinta, Victoria, casada con un Castillo; y Amadeo, casado con Isabel Espinoza Romo. Por su parte Rosendo Murió soltero, en la guerra a la que la familia no lo dejaba ir soltero, quedo sepultado en algún lugar de la campiña del valle de Mexicali, Baja California.
Existe otro sitio llamado ‘SANTA CATARINA”, que se encuentra en la Sierra de Juárez, al Este de la ciudad de Ensenada, sitio habitado desde hace milenios por los californios nativos: Pai pai.
AL CENTRO: “BETO PERALTA SOLORIO” EN GUAYAQUIL, BAJA CALIFORNIA: HIJO DE DON GILBERTO PERALTA VELIZ Y DE OTILIA SOLORIO. LO ACOMPAÑAN SU ESPOSA, SU HIJA, NIETAS, SANTA ANNA PERALTA ORDUÑO, Y JULIO ESPINOZA GARCIA: Foto: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo: 1995.
POBLADORES DE EL MARMOL, Y RANCHOS VECINOS, EN EL VELORIO DE FRANCISCA PERALTA, MEDIA HERMANA DEL PADRE DE ROSENDO: AÑO 1924. ARCHIVO: WILLIAM JAMES COCHRAN FLORES: ELENA ESTHER COCHRAN GARCIA.
JULIO ESPINOZA GARCIA; TILONGO SMITH, Y LORENZO “YAQUI": Foto: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo: 1995.
EL AUTOR: ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO, EN UN RANCHO EN CATAVIÑA, BAJA CALIFORNIA: FOTO: SANTA ANNA PERALTA ORDUÑO: 1995.
NIDO EN EL POZO DE AGUA EN LAS RUINAS DEL RANCHO “EL ARENOSO’: FOTO: ing. Alejandro Espinoza Arroyo: Marzo de 2008.
sábado, 28 de mayo de 2011
EL MARMOL, BAJA CALIFORNIA, MEXICO: PUEBLO EXTINTO.
Es el extinto pueblo de EL MARMOL, BAJA CALIFORNIA, localizado en el corazón del gran desierto central de Baja California, enclavado también en El Valle de los Cirios, ejemplo palpable del comentario del párrafo anterior.
El Mármol, Baja California, fue un pujante pueblo, durante al menos unos setenta años, desde finales de la década de mil ochocientos ochenta, hasta por lo menos, la década de mil novecientos cincuenta. Fue la mina de ónix la que dio origen y vida a este ahora pueblo fantasma, al que en la actualidad solo le quedan en pie, las ruinas de la única escuela construida en mármol en la península de Baja California, y el panteón donde descansan para siempre muchos de los que acabaron sus días en este mundo, y que bajo la tierra se convirtieron en mudos testigos de la existencia antaño de un pueblo minero; aquel panteón que se abre paso en un vallecito por sus montículos de trozos de ónix, que señalan el sitio exacto donde muchos fueron recibidos por esta tierra.
De la mina fueron extraídas grandes cantidades de ónix, las que en grandes cubos eran transportados, una por una, primero a bordo de rudas carretas tiradas por caballos percherones, que los mineros y rancheros también llamaban “matalotes”, por lo corpulento y la fortaleza de aquellos ejemplares. En los “carros de mulas”, como eran conocidos, aunque no fueran mulas, sino caballos percherones los que las tiraban, se transportaban los bloques en su primer etapa de explotación, desde la mina hasta San Carlos, puerto natural ubicado por lo menos a unos cien kilómetros de distancia, eran caminos de terracería, con altas cuestas, y con polvorosos caminos formados en el lento andar de los carromatos de carga. De la costa de San Carlos, con miles de batallas, y con singular ingenio, las pesadas piezas eran acercadas, a través de las olas hasta el “vapor”, que eran los barcos que en su borda las transportaban al norte, a Estados Unidos, país que compró a México, cientos y cientos de aquellos enormes bloques, los que reducidos y transformados en miles de piezas de ornato quedaron diseminadas por el mundo.
Con el paso de los años los ingenieros de la mina se dieron a la tarea de buscar una ruta menos fatigosa que la de San Carlos, encontrando la travesía al puerto de Santa Catarina, pasando por el rancho Santa Catarina propiedad que fue de Don Gilberto Peralta Velis, después a la ciénaga de San Carlos, y en el último jalón llegaban al puerto; en cuya costa William James Cochran Flores, construyó un puerto y muelle de madera, muy similar al que también él construyó en la isla de Cedros, y que en la actualidad existe aún, aunque bastante deteriorado por los largos casi noventa años de uso. Con el muelle en Santa Catrina, las cosas se facilitaron grandemente, ya los carros de mulas, llegaban hasta la falca del vapor, de este con “malacates”, llamados también “winchis”, transbordaban aquellos bloques, los que apilados con todo orden, hundían bastante a los “vapores”. En aquellos vapores se transportaban desde Estados Unidos a la mina toda clase de bienes, tanto para la construcción, maquinaria, ropa, alimentación, caballos, zacate, mas carros de mulas y sus refacciones; podremos imaginarnos el vaivén de todo aquel mundo de cosas y situaciones antes cotidianas, y ahora por completo ignoradas.
La ruta del mármol, por así llamarla, desde la mina, hasta las fábricas en Estados Unidos, hicieron nuevos ricos, y a muchos otros los mandó a la ruina; los ricos los puso Estados Unidos, y a los arruinados, los puso México, qué raro.
En 1914, tiempos en que los vientos de la primera guerra mundial soplaban, nace en la mina de El Mármol, mi abuela paterna Maria Visitación Garcia Marrón, entonces era un pueblo de cientos de trabajadores, quienes con sus familias vivían en el lugar en casas que lograron construir; unos años después, por ahí de mil novecientos veinte, o poco después, los carros de mulas fueron sustituidos por camioncitos a motor de gasolina que sobraron de la primera guerra mundial, llegando aquellos “foringos”, aunque no todos eran Ford; cuyo principal problema en la mina era que nadie los sabia manejar, así que los capataces norteamericanos, enseñaron a manejarlos a decenas de mineros, que desde entonces pasaban a ser mineros-choferes, lo que les daba alta distinción entre la rancherada, y los mineros de a pie.
Cuando la segunda guerra mundial concluyó, también le sobraron camiones, aunque entonces ya habían aparecido la doble tracción, entre ellos comandos, jeeps, ambulancias, y otros rudos vehículos que vinieron a favorecer a la ruta del mármol, ya que poco antes de mil novecientos cincuenta, aquellos pesados camines transportaban los bloques de ónix, desde la mina hasta Ensenada, al puerto, uniendo con ello, a los ranchos y pequeñas comunidades diseminadas a los largo del camino real, que desde la mina a Ensenada, es una distancia de unos cuatrocientos kilómetros, de los cuales solo unos ciento diez, eran de pavimento; el resto inmensos lodazales, y enormes nubes de polvo; inmersos en un vaivén también, que lo mismo servían para transportar las cargas de la mina, que como correo, como transporte de personas, y todo tipo de bienes que los rancheros ocupaban; incluso fueron en ocasiones el medio por el cual algunos se “robaban” a la novia.
En el pueblo de El Mármol, existió “de todo”, como tienda general, juzgado, policía rural para mantener el orden, escuela, panteón, caserío de los trabajadores, oficinas y casas de los jefes gringos, talleres mecánicos, maquinaria de vapor, tanques elevados para el agua, correo, caballerizas; parteras, pero no doctor, ni cura; los asesores morales de los mexicanos eran los profesores, quienes gozaban de altísima reputación y honor; aunque no tanto como muchos de los profesores de estos tiempos…
Los trabajadores, eran operarios de maquinarias, y choferes, picadores, que eran los que moldeaban a cincel y marro los bloques para su mejor acomodo en camiones y barcos, barrenadores, peones labrantíos, capataces, también cocineras, lavanderas, planchadoras, leñadores, y leñeros, existía también un sepulturero, que un buen día, el pueblo lo sepultó.
A continuación deseo dejar manifiesto un arreglo que a ese pueblo le compuse, hará un par de años cuando mas.
“EL MARMOL”
Pueblo y mina del diecinueve,
De los mil ochocientos, y de los mil novecientos,
Donde tantas familias, encontraron sustento,
Sacando inmensos bloques de óni, en pleno desierto.
El Mármol con su mina, dio vida a Santa Catarina,
Y a San Carlos, los puertos,
A donde movían sus cargas, en carros de mulas, o en troques muy viejos;
Por brechas de lodo, de polvo suelto el trayecto.
Las compañías mineras, tres fueron las aventureras,
Rindiendo los mejores frutos a una tierra extranjera;
Dejando a los nuestros duros y penosos trabajos,
Y sin riqueza en la tierra.
Por principios de mil novecientos,
A finales de mil ochocientos;
En tu suelo nacieron, tantos descendientes,
En este emporio de agua sediento.
Hoy solo quedan los huecos, las tecatas, la derruida escuela,
El panteón con los trabajadores de antaño;
Descansando en tu lecho, bajo cielo estrellado por techo;
El Mármol, pueblo fantasma, historia pasada sin olvidar;
¡Eres un mudo ejemplo de la vida,
En el desierto peninsular!
AUTOR DEL ARTÍCULO
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
SABADO 28 DE MAYO DE 2011.
NOTAS RELEVATES:
Tomás Vidaurrázaga Arce, y Gilberto Peralta Velis, fueron dos de los jueces de El Mármol, en su época minera; el ingeniero en construcción pesada y geólogo William James “Willy Cochran” Flores, fue uno de sus mejores hombres; Don Reyes Quiñonez Castellanos, fue uno de sus gerentes generales, cuyo jefe era el señor Kenneth Brown.
En el museo comunitario de “El Rosario”, alojé los restos de uno de los “Malacates” de El Mármol, de los de principio del siglo XX, que me donara el seños Pedro Maclis, quien hace poco falleció.
Elena Esther Cochran Garcia, quien me facilitara las antiguas fotos aquí señaladas, nació en El Mármol, Baja California, el día 29 de mayo de 1929, por lo que mañana será su cumpleaños, que con este sencillo artículo, a mi manera le celebro.
La región peninsular que colinda al norte con El Rosario, es la Delegación de El Mármol, que es lo que queda de aquel viejo pueblo, colinda también con la de Punta Prieta, al sur.

ALGUNAS FOTOS DE EL MARMOL, EN 1926, DE LA COLECCIÓN DE “WILLY COCHRAN”, AHORA PROPIEDAD DE SU HIJA ELENA ESTHER COCHRAN GARCIA.

SE APRECIA EL PUERTO DE SANTA CATARINA; FOTO MISMO ORIGEN QUE LA ANTERIOR.

FOTO ACTUAL DEL MUELLE DE MADERA DE ISLA DE CEDROS, BAJA CALIFORNIA, CONSTRUIDO HACE UNOS NOVENTA AÑOS POR “WILLY COCHRAN”.
TOMADA POR EL AUTOR EL 17 DE MAYO DE 2011.
lunes, 23 de mayo de 2011
ALGUNOS ARREGLOS A BAJA CALIFORNIA:
Solo por el aprecio que a esta tierra le tengo y he tenido desde siempre, es que le dedico estas muy sencillas palabras, que ni siquiera han de tener la cuadratura y la armonía de un buen arreglo, sin embargo las escribo con especial aprecio; siendo este aprecio que por la península tengo, que me da el apoyo moral para atreverme a hacerlas públicas:
“GOLFO DE CALIFORNIA”:Golfo de California, El Mar Bermejo, Golfo de Cortés,
Cuyas ricas, y tibias aguas;
Bañan las costas peninsulares, sonorenses y sinaloenses,
Por muchos codiciado, y por México conservado.
Laboratorio marino, de importancia mundial,
La cuna de tantos seres, como muy pocos que hay;
A su infinidad de islas,
Aves de tierras remotas vienen a anidar,
Gallitos del sur de América, gaviotas del Canadá.
Las tortugas tan viajeras, que se pasean por tu mar,
Hasta el lejano oriente, les gusta ir a viajar;
Siguiendo las corrientes desde el macizo continental,
Yendo y viniendo hasta el Japón, nadando sin igual.
Alto golfo muy afamado, por ser reserva de la biosfera,
Delfines, vaquitas, tortugas, y totoabas, siempre tus aguas espera;
Las aguas del colorado, por millones de años haz colectado;
Y con tus pueblos costeros, a muchos haz cautivado,
Hermoso golfo, que tanto te has adentrado,
A la tierra continental;
De Sonora, y Sinaloa, a la península haz separado.
“TIJUANA”:La primera casa de México, la casa de mexicanos,
Noble, altiva, enclavada, en cerros y montañas;
La tierra del amplio regazo, madre protectora,
Así es Tijuana, que a todos nos abre los brazos,
La Tijuana luchadora, cosmopolita, y acogedora.
Prodiga de gente noble y buena, esquina de México,
Donde principia la otra tierra, donde hasta el más pobre,
De bendiciones se colma.
La tierra de la Tía Juana, la de Cueros de venado,
La tierra del Mata nuco, la del Cerro Colorado, la tierra de la frontera;
Donde por cientos de años, ha refugiado a cualquiera,
Paisanos, chinos, japoneses, y amen de tantos,
Que la hemos hecho nuestra querida tierra.
La tierra por donde Meléndrez expulsó, en 1854;
A Walker, el cobarde invasor;
La tierra de los héroes, la heroica de mil novecientos once;
Tijuana de Zaragoza, la de Arguello, la tierra de hoy, y la de entonces.
Enclavada en la porción, de California recuperada;
La tierra de cruce de millones, la casa del Cecut;
La más lejana ciudad de México, la siempre visitada;
A donde tantos llegamos, Tijuana la ciudad más encantada.
“TECATE”:Tecate el pueblo del Cuchumá, el de las Juntas de Nejí,
Tecate, el de la rumorosa, la gran montaña rocosa,
La que saluda a Mexicali, la de forma caprichosa;
La que se levanta altiva y orgullosa.
Tecate: por unos botes rojos fama mundial te hacen apreciar,
Que tu nombre lleva, que en el mundo todos saben pronunciar,
Que tu pan no tiene igual,
Por tus calles tan coquetas, su aroma nos invita a llegar.
Tecate, el que no tiene mar, pero si tiene frontera;
Frontera de amistad, y con tus pronunciadas montañas,
La vista levantas, hasta el techo peninsular;
Parece que como pueblo, siempre te habrás de quedar.
Pueblo que nunca has sabido olvidar,
Su origen kumiai, del yumano peninsular,
Guarda en sus nombres, aquella herencia,
Que le dan gracia y pertenencia.
Tecate, no olvides tu cerro sagrado: El Cuchumá; cuida tu rumorosa;
A tus Juntas de Nejí, las encineras de los Kumiai,
Recuerda que ese es tu origen, no lo vayas a olvidar,
Siempre amable, risueño, y coqueto serás;
Por mucho que crezcas, no dejes de ser un pueblo,
Pues ese es tu encanto especial.
“MEXICALI”:Ardiente llanura, polvorosa cual más,
Antigua tierra de los indios alchendomas, yumas, dieguinos, cucapah, y areneros;
Del río colorado todos estos pueblos vivieron;
Desierto de los cucapah, descanso en el chinero.
Las nieves eternas del norte continental, derretidas forman del rio colorado caudal;
Las aguas del colorado, a las tierras del gran cañón han transportado,
Y con estas, en valle te han formado,
Ardiente llanura, bañada de sol, y bañada por el colorado.
La imponente rumorosa, desde allá te saluda,
Enviando a su hijo, el centinela, para que sea tu guarura;
Y a la laguna salada, cual dama de compañía,
El alto golfo, el río Hardí, el colorado;
Que desde remotos confines, llegaron a ti: ¡OH valle tan agraciado!
Pueblo de los Algodones, por su posta señalado,
Desde mil ochocientos veintisiete, ya tu suelo era entregado;
Para fines de mil ochocientos sesenta y uno, otras tierras se entregaron,
Siendo sus primeros dueños; Valdirra, Rivera, Castro, Terán, Montenegro;
Y con Martínez Sotelo, el vaquero sonorense;
Que a Guillermo Andrade, viniera hacer fuerte,
Pioneros, que en la ribera del colorado a este pueblo formaron.
Luego vendría el algodón para darte distinción,
Como el rancho más grande de todita la nación;
Y de todos los rincones del México continental, y la región peninsular;
Haz recibido a su gente, la que ama trabajar,
Con las casas de cachanilla, otro nombre lograste forjar.
Mexicali, la tierra de los pioneros; los de antes y los del ’37;
Mexicali de la Baja California, su capital,
El catorce de marzo de mil novecientos tres,
Ha nacido en esta tierra, un pueblo convertido en ciudad;
A la que en el corazón habremos de llevar:
¡Mexicali, tierra de oportunidad!
“ENSENADA”:La PA Tai de los primeros pobladores,
Bahía de San Mateo, de Todos los Santos,
La bahía de exploradores tantos,
La Ensenada de Todos Santos.
La bella cenicienta, la novia del pacifico,
Del distrito norte por años su capital;
La más poblada, cuando sus pueblos mineros,
La bahía de pescadores y la tierra de los vaqueros.
La Ensenada de la bufadora milenaria,
La que tiene bosques, mares, desiertos, y montañas;
La tierra que de todo tiene en sus aras;
La tierra a la que Meléndrez su vida ofrendara,
Haciendo correr a Walker, cuando su suelo pisara.
En sus islas gran esperanza guarda,
Su cerro el vigía, que al puerto y escollera gran parte de piedra entregara;
La tierra de Ruiz, la de Gastelúm;
La que por el peruano historiador, Manuel Clemente Rojo,
Se conociera mejor.
Ensenada la del gran territorio,
Donde conviven, pescadores, mineros, agricultores, vaqueros,
Científicos, y muchos, como en un gran emporio.
La del Riviera, el que en otra época fuera,
Centro de gran atracción, el que hoy cuenta,
Con histórica distinción.
“PLAYAS DE ROSARITO”:Tierra bañada por el arroyo de wawatay,
Para el indígena sagrado, suelo de la Alta California recuperado,
Ranchería de la misión de San Miguel Arcángel de la Frontera,
Como ranchería indígena de El Rosario, en tiempos misioneros te conocieran.
Ranchería del Rosarito, la de la mesa redonda,
El amigo de la Tía Juana, desde antes que existiera Tijuana;
El proveedor de misiones,
De sus playas los mejillones, los peces, las langostas, y los abulones.
Rosarito, antes como rancho llamado, en los límites de las californias;
El misionero Palóu en tu suelo ha señalado, al que hoy es región del centro Calafia,
Por miles de turistas visitado.
Playas de Rosarito, de los municipios el quinto;
El más joven, el ya desarrollado; el de artesanías recinto;
Abasteciendo de combustibles, y electricidad,
Con lo que se mueve a toda la entidad.
Playas de Rosarito, no vendas tus tierras, no vendas tus montes,
No vendas tus playas;
Por altos edificios, que progreso te traerán;
Deja lo más para tus hijos, que no te olvidarán.
Playas de Rosarito, en ti siempre hemos de creer,
Con tus vecinas, Tijuana, y Ensenada,
Siempre te haz de proteger;
No olvides que te queremos, Rosarito prometedor;
Tierra con gentes, que siempre nos muestran su calor.
AUTOR DE ESTOS ARREGLOS:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
23 DE MAYO DE 2011.
NOTA: Pasado algún tiempo, que será breve, les compartiré otros arreglos que tengo para algunos pueblos peninsulares.
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COMENTRARIO 25 MAYO 2011, SOBRE ESTE ARTICULO:
> Mi estimado amigo de tantas decadas.
>
> Una vez platicaba yo con un especialista en vinos, quien ofrecio una platica acerca de esas bebidas.
> Cuando este erudito de la enologia termino su platica, yo me acerque a el, obviamente porque mi atolondrado cerebro no habia alcanzado a entender plenamente (o satisfactoriamente) tanto tecnicismo y palabreria. Y todavia no podia yo saber o reconocer cual puede ser considerado un buen vino.
>
> Y ya apartados de todos los demas conocedores, este senor me explicaba:
> Mira, es muy simple. Todo lo que dije alla enfrente de todos, se resume a lo siguiente: Pones un poco de vino en una copa, lo pones en tu boca, lo saboreas... Y si te gusto, bueno, pues ese es un buen vino. Asi de simple.
>
> Yo transporto eso del vino a la poesia.
> Yo creo que la poesia no tiene formato definitivo. Para mi, si la poesia te cala hondo en tu corazon, o "te llega", por cualquier razon que tu gustes, entonces es una buena poesia.
> Si alguien es capaz de palpar todo el sentimiento, todo el amor vertido en esas estrofas, entonces el poeta hizo un buen trabajo.
>
> Yo palpo en tu poesia, mucho amor por tu tierra, amen de muchisimo conocimiento de su historia y sus origenes. Y eso, al menos para mi, es mas que suficiente. Como dijo el enologo aquel: Asi de simple.
>
> De tal manera que, mi estimado amigo, tu sigue escribiendo arreglos, poesias, poemas, prosa, o como canijos quieras llamarle. De todoas modos son bien recibidas y apreciadas.
>
> Saludos fraternos.
ANTONIO CHAIDEZ CHAIDEZ
miércoles, 4 de mayo de 2011
PENINSULA DE BAJA CALIFORNIA.
Pero si les puedo decir, que solo repito las “palabras” que la península me ha susurrado, en los tantos recorridos que sobre su suelo he caminado:; puedo decir sin exagerar, que aunque me ha tocado componer estas viñetas, es la península de Baja California la que me ha inspirado. Inicio estas sencillas letras con:
BAJA CALIFORNIA: MI TIERRA
Baja California, península tan querida
Que tanto te debemos; tierra, montañas, mar, y desiertos;
A los que arrancamos la vida, sin nunca negarnos nada;
Nos proteges sin medida.
Haz sido tierra tan codiciada, tierra tan generosa
No obstante ser tan agreste,
Gracias a ti nos formamos, con una templanza fuerte.
California, península, Calafia; casa y Reyna de las amazonas,
Cubierta de riquezas, desde lejanos ayeres grandes codicias despertaste;
Aún sin saber que con el tiempo, ¡a nosotros te regalaste!
En tus desiertos tan rudos, bellos paisajes atesoras,
Siendo tan variados y únicos;
De ti todo mundo se enamora.
Como un dedo en el mar, en el que escribes tu historia;
Y en las pinturas rupestres,
Arte y pasión atesoras.
De misiones plagadas estás; de rancheros, y ranchos con sus ganados;
Desde antaño lo pregonabas, que todo el que a ti llegara;
En tu regazo lo abrazabas.
Ya tus pueblos norteños son ciudades; tus hijos peninsulares muy pronto las invaden;
Y los que de otras partes te llegan,
Es porque tus encantos, muy pronto, todos lo saben.
Los ranchos y pueblitos del desierto y la montaña,
Son como antaño; francos, directos, y a nadie engañan;
Eso sí, amigos hospitalarios, amigos sin recovecos;
Pues en tu suelo, esto es como un eco.
Hermosa península en la que tuve el gusto de nacer;
Espero que no muy tarde, a tu tierra he de volver;
Y ya pasado algún tiempo, en tu regazo;
Por siempre he de permanecer.
¡Que solo te llamas BAJA, dicen algunos por a´i!
Déjalos, no lo saben, son como plaga rapaz;
¡Como Baja California, eternamente seguirás!
“PRIMEROS POBLADORES BAJACALIFORNIANOS” La tierra peninsular, poblada desde antiquísimos tiempos está,
Milenario callejón sin salida,
Al que llegaron oleadas de antiguos y le entregaron su vida;
Desde el norte continental, durante milenios llegaron,
Sin poderse regresar, senderos, pedernales, metates, y concheros nos heredaron.
Un grupo empujando a otro grupo, siempre con rumbo al sur caminar,
En viaje sin retorno, del extremo peninsular;
Por tantos grupos llegar, a los anteriores empujar,
Llenaron cientos de nómadas la tierra peninsular.
Más tarde sus artistas brotaron, legando sus emociones,
Cientos de rocas pintaron, los míticos petrograbados,
Que por milenios grabaron, dejando un sin fin de cuevas,
Que como lienzos de arte rupestre colmaron;
En ocre y negro sus ilusiones plasmaron.
Después llegarían, cochimies, guaycuras, y pericués,
En esta tierra existieron, la que por hogar eligieron,
Teniendo por su cubierta, al alto cielo estrellado;
Y por límites a sus dos mares, a los que siempre bajaron;
Y de ellos se alimentaron.
Los europeos por su ambición, los lanzaron a la extinción,
Cuando ya habían sobrevivido por unos diez mil años, por todita la región;
La fortuna sonrió, a kiliwas, paipai, cucapah, y kumiai;
Los auténticos californios, que resisten aun en esta su tierra,
En esta su milenaria tierra peninsular.
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA: “PUEBLO VIEJO”Allá en la lejana montaña, enclavado en arroyo con verde sauzal,
Se encuentra un antiguo pueblo, flanqueado por desérticos cerros, también flanqueado por un bravo mar;
Su origen es misionero, histórico como otros que hay;
Asiento de muchos pioneros, que a la península vida trajeron.
Pueblo viejo con tres direcciones;
Arriba, abajo, y el otro lado;
Muchas familias aquí se asentaron, labrando y cultivando la tierra,
También a su mar se adentraron;
Reclamando la sierra,
En sus ranchos, sus ganados pastaron.
Viejo pueblo de la ruta misionera, de costumbres;
De costumbres tan añejas: tus cabalgatas, tus vaquerías, tus jaripeos, tu vida sana;
En el campo sus fogatas, mantienen la llama viva de tu gente campirana.
Puerta al gran desierto central de la baja california;
Cardones, cirios, y chollas;
Los venados, águilas, y pumas, con borrego cimarrón;
Sin contar a tantos otros, que te han dado distinción.
Tus formaciones paleontológicas, sin olvidar a la geología,
Son atracciones majestuosas para la ciencia y la sabiduría;
Viejo y querido pueblo, El Rosario, del territorio el primero;
Tu bien que lo has de saber, muchos de la baja california,
En tu regazo, es donde empezaron a nacer;
Partiendo desde tu suelo a distintos rumbos para hacerla florecer,
Por eso pueblo de El Rosario, siempre ese orgullo, habrás de tener.
“LOS PIONEROS BAJACALIFORNIANOS”Baja California, como tierra prometida; donde nuestros pioneros sacaron la vida,
Formando un sinfín de ranchos; sembrando profundas raíces,
Raíces de fuerte estirpe, que han llegado a nuestros días.
Soldados de cuera, muleros, arrieros, herreros, mineros, vaqueros, músicos;
Fayuqueros, parteras, peluqueros, cocineros, comerciantes, pescadores, leñeros,
Leñadores, ganaderos, y cazadores; todos ellos después de misioneros y exploradores,
En esta tierra dejaron la vida, con esfuerzos sin medida;
La vida también de albañiles, carpinteros, maestros, alumnos, labriegos, agricultores,
Talabarteros, nutrieros, y vinateros.
Allá en los ranchitos serranos,
Las teguas, las prendas de cuera, los quesos,
La fruta, la carne seca, las asaderas;
Siguen igual que antaño, dando vida donde quiera;
Y sus rancheros tan rudos;
Rudos para evitar, que nuestras antiguas costumbres mueran.
En la Baja California, los que de pioneros nacimos;
Viajamos de tramo en tramo, por la ruta misionera;
Saliendo de nuestro diario devenir; llegando hasta el origen, En que en un rancho se empezó a vivir.
¿A dónde habrán ido nuestros pioneros?;
¿A dónde nuestros héroes, los que nos defendieron?,
Los que pelearon, los que expulsaron a filibusteros;
Esta agradecida tierra, sus restos y sus memorias;
Los guarda cual único tesoro, ¡cómo se habría de olvidar!:
Que con su sangre, a este suelo supieron regar.
Luego vendrían los troqueros, mecánicos, y científicos;
Que con su nuevo saber, también serían pioneros;
Y nuestra tierra, tan sabía que ha sido,
A un sinfín de quehaceres les ha dado la bienvenida;
Así, conocimiento, y grupos de todo tipo, han encontrado guarida;
Desde aquellos los lejanos, hasta estos los nuevos tiempos;
Han llegado para quedarse, y fructificar sin medida.
Así seguirá por siempre, como lo habría de dudar,
La tierra peninsular de pioneros plagada está,
Que no quepa ninguna duda; nuestra identidad, nuestras añejas costumbres,
Por buenas, por buenas han otorgado la vida;
Siempre habrán de perdurar.
Amistades, tradiciones y buenas costumbres,
Como inquebrantables hemos sabido forjar,
¡Aquí seguimos queridos pioneros!,
¡Donde quiera que ustedes puedan estar!;
¡Véanos, y sepan, que no los hemos de defraudar!.
“DESIERTO BAJACALIFORNIANO”Cuántos viajaron, y viajan;
Por los caminos del desierto peninsular,
Ignorando su gran belleza singular,
Atropellando su flora, atropellando su fauna,
Con grandísima crueldad.
El desierto cubierto de bellos cactus,
Bellas flores ofrece, de espinas cubiertos sus tallos;
Con majestuoso esplendor, el desierto se entrega agreste
Se entrega sin temor, arrinconado entre dos mares, con sus paisajes naturales, que nunca han encontrado pares.
A los cactus centenarios, altivos y de bello color,
Algunos humanos lo atacan, como si no tuvieran valor;
Ya sean balas, hachas, o machetes;
Los marcan, o destrozan, sin el más mínimo pudor.
Qué triste ignorancia reviste,
A estos seres que no aprecian, y creen que no causan dolor;
Quizás es por ello que los cactus,
Crecen, crecen entre más lejos mejor.
Es la Baja California, desnudo brazo con ardor,
Donde el sol ilumina la vida, y lo hace con fulgor;
Las montañas, llanos, y llanuras, junto con las chollas;
Y exóticos seres silvestres, han marcado, y otorgado distinción;
¡A este bello paraíso terrestre, al que queremos con harta pasión!
AUTOR DE ESTOS CINCO ARREGLOS:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
A 03 DE MAYO DEL 2011.
NOTA: Estos arreglos los he compuesto en junio del 2008; y forman parte de un total de cincuenta que logre “componer” aquel año.
jueves, 14 de abril de 2011
¡CUIDATE DE TUS BAISANOS HARBANO!:
Corría el mes de septiembre de año de 1970, cuando en esos precisos días recién llegué desde la querida Sonora, a Ensenada para estudiar la secundaria; ya que ni en El Rosario, ni en el Ejido “La Sangre” del Municipio de Tubutama, en Sonora, que eran los lugares donde estudié la primaria, existían escuelas de ese nivel, el que para aquellos tiempos y para nosotros los rancheros, estudiar secundaria, era como andar en la nubes, era un alto nivel.
Cuando mis abuelos Alejandro Espinoza Peralta y María Visitación Garcia Marrón, me dejaron en las buenas manos de mis muy queridos tíos abuelos William James Cochran Flores y Natividad Garcia Marrón, en Ensenada; siendo ellos entonces mis cuatro protectores; y también mis abuelos me dejaron inscrito en el Colegio “Luis Mejía Velasco”, donde debía yo estudiar “Secundaria y Comercio”:
Para que seas “Tenedor de Libros” mijito: Me dijeron en coro mis cuatro protectores.
Esa era la manera en que antes se les llamaba a los “Contadores Privados”; yo con la intención de estudiar muy poco me importaba que las decisiones de lo que debía hacer, las tomaran ellos por mí; aunque con el tiempo decidí lo que era de mi agrado; por eso llegué a ser ingeniero, estudios bastante distanciados de los de “Tenedor de Libros”.
Bueno, así se dieron las cosas en aquel ya lejano año del ’70 del siglo veinte; el caso es que mis abuelos se regresaron para El Rosario, dejándome de “huésped honorario”, en casa de mis tíos Cochran Garcia.
Cuando el mes de octubre se acercaba, también se acercaba el pago de la colegiatura; y ¡con qué ojos, divino tuerto!; conforme los días pasaban, se acentuaba mi preocupación por el pago del colegio, ya que se nos tenía muy bien dicho que:
¡El que no pague a más tardar en día cinco de cada mes: Para afuera!
¡Para afuera!, significaba para mí, el regreso a El Rosario, el abandono de la oportunidad de estudiar, significaba continuar trabajando para apoyar el sustento familiar, o por lo menos tirar las basuras, sacar agua del pozo, ordeñar las vacas, traer leña, pastorear, cuidar a los más chicos, recibir cascadas de órdenes para realizar también cascadas de labores; así que no me quedaba de otra, contaba con unos cuántos días para conseguir trabajo; ¿Pero en dónde?, a la corta edad de doce años.
Don Roberto Cordero, oriundo el pueblo y ex misión de San Ignacio, Baja California, Sur, era un hombre fornido, blanco, de largo bigote, muy risueño, y era también quien a bordo de una bicicleta entregaba el periódico en el barrio donde con mis tíos vivía.
Un día como a las seis de la mañana en que llegó con el periódico, sin más ni más, lo abordé:
¿Don Roberto, me puede dar trabajo vendiendo periódicos?
No muchacho, no va a querer Doña Naty, ni Don Willy lo va a permitir: contestó.
Pero yo les voy a pedir permiso, digo si usted me pudiera dar trabajo: le contesté.
Bueno, diles pero que ni sepan que yo estoy enterado del asunto.
Así lo hice, solo les pedí permiso; a lo que de inmediato contestó mi tía Naty:
¡Cómo me da gusto cuando un muchachito es derechito, y que además no sea flojo: el otro día vino un hombre, me pidió dinero, y le pedí que barriera la banqueta; dio media vuelta y se retiró; fíjate nomás el hombre!
Si mijito, como no, voy a hablar con el señor Cordero, para ver si te acepta: concluyó.
Habiendo obtenido la respuesta afirmativa, el permiso pues, de mi tía, volteé a ver a mi tío Willy, quien no requirió que de mi parte pronunciara palabra alguna; de inmediato me dijo:
¡Claro que si compañero!
Cuando por fin Don Roberto Cordero dijo que si, insistió:
Te daré solo quince periódicos diarios, pero debes pagarlos por adelantado; además deberás presentarte a las tres de la mañana en la curva de la calle diez, y veinte de noviembre; pero con un día que llegues tarde, no te daré trabajo, un día más:
¿Estás de acuerdo con las muy simples reglas del trabajo?
Sí; y no llegaré tarde.
El primer día en que me presenté para recoger el periódico, sería como el 26 de septiembre de aquel año del setenta; no había llegado nadie, serian como la una de la mañana, así que debí esperar a que llegara el camión desde Tijuana con la carga de periódicos que debíamos armar, ya que las secciones llegaban separadas.
La fila de vendedores con las estibas de secciones del diario, abarrotaban casi toda la banqueta de la cuadra.
Aquel mi primer día, le pague a Don Roberto, no con dinero mío, sino con el que le pedí prestado a mi tío Willy; una vez que recibí los bultos de los quince ejemplares, me puse a armarlos ante las rudas y agrias miradas de los demás voceadores, aquellos que eran según ellos los “dueños de la plaza”; y unidos todos ellos en mi contra, no permitirían la intromisión del chamaco nuevo, en sus negocios; continué con el armado de los ejemplares; y tan luego me dispuse a buscar un rumbo para ofrecer mi mercancía; eran ya como las cuatro de aquella estrellada madrugada:
Caminé unas cuantas cuadras, cuando de repente escuche unas pedradas que velozmente se acercaba a mi espalda; y luego las vi pasar y caer delante de mí, un par de ellas hicieron blanco en mi espalda.
Me alcanzaron aquellos terribles y desconsiderados “Compañeros de trabajo”, me quitaron los periódicos, me dieron tremendas patadas, y me dejaron tirado.
Vague un par de horas sin rumbo por las calles, todas nuevas para mí; poco después de las seis de la mañana llegué a la casa, entre por la cocina donde mi tío Willy tenía como una hora tomando café, y platicando con el “Bochito Hernández Hussong”, con José Domínguez Valdez, con su inseparable amigo Francisco “Pancho” Núñez Cota, y con Aristeo Poblano.
Luego que llegué maltrecho, me dieron café, y me cuestionaron todos aquellos gentiles viejos sobre lo sucedido.
En la noche de ese mismo día, serían como las nueve, me acerqué a mi tio Willy, le pedí de nuevo dinero prestado para comprar quince ejemplares del periódico “El Mexicano”, que era el único que se vendía en Ensenada entonces.
¿Vas a volver?: me cuestionó:
Si, necesito volver, debo juntar dinero para pagar mis estudios.
Me los prestó, con la debida reprimenda de mi tía Naty, quien nos dijo:
¡Nada de volver, si lo haces le diré a María mi hermana, que venga por ti!
Sabiendo mi tío Willy lo que eso significaba para mí, supo cómo convencerla de lo contrario, así que me prestó los dineros que ocupaba.
Segundo día de trabajo, misma suerte que el primero, el tercer día misma situación que los dos anteriores; con la diferencia que los recibimientos que me propinaron mis compañeros de trabajo cada día eran más, y más crueles.
Al cuarto día, o tal vez al quinto, la situación en casa era insostenible, mientras que mi tía se oponía férreamente a que siguiera insistiendo, el mes de octubre se acercaba cada vez más, y “mis deudas”, se acrecentaban más y más; para entonces además de la colegiatura debía pagar los préstamos de mi tío Willy.
Una mañana, la más dura, fue cuando aquellos chacales de “mi trabajo”, en el que para entonces no había trabajado nunca, me golpearon hasta dejarme casi sin sentido, además me lanzaron por encima de una cerca al patio de una escuela que se encuentra en la calle diez y Ruíz; tan pronto busqué la salida, un guardia que me vio dentro y en lo obscuro, se dejó venir hacia mí, creyéndome un ladrón, llamo a un guardia que lo acompañaba; llegaron hasta mí, diciéndome que me enviarían a la correccional por “rata”.
Luego les pude decir que no había llegado a ese lugar por mi gusto, sino que había sido lanzado por aquellos malditos; al verme todo destartalado y maltrecho, indicándome la salida me retiré de aquel sitio, al que jamás he vuelto a entrar, ni por las buenas, ni por las malas.
Vagué durante unas tres horas, sin ningún rumbo, cuando al pasar por el Hospital General, que se encontraba en la calle Ruiz y Catorce, mire dentro de un tanque de basura, unas mangueras muy elásticas con las que en aquéllos tiempos aplicaban el suero a los pacientes; tomé unas cuantas, las llevé a las casa, y de un árbol olivo corte una “Y”, y de la “lengua” de un zapato viejo alisté una “Honda”, con esos implemento confeccioné una “resortera”, corté muchas aceitunas verdes de aquel árbol; me dirigí a la cocina ya como para las siete de la mañana; al entrar hasta mi tío Willy se apenó, siendo que era un hombre de fuerte carácter y decisiones:
¡Pues te irán a matar de seguro compañero!, me dijo, al tiempo que me ofreció un rico café.
Platicamos un rato, pero cuando mi tía hizo su arribó a la cocina, se consternó por mi triste estado:
¡No puede ser mijito!,
Willy, debemos hablar duramente con el señor Cordero.
Aquella situación me apuró a pedirles que por favor no lo hicieran, que solo me dieran la oportunidad de insistir para ver si podía acomodarme en ese “muy duro trabajo”; como les insistí durante toda la mañana, me lo permitieron, con muchas recomendaciones:
¡Mejor nosotros te pagamos tus estudios, no te expongas tanto mijito!: Dijo mi tía mientras me abrazo, y junto conmigo lloró; mientras mi tío se alejó, volviendo a darme un abrazo sin mediar palabra entre nosotros.
Me permitieron volver una vez más, yo estaba seguro, que aquella era mi última oportunidad de trabajo, de lo contrario:
Estudios adiós, fuera, viaje de regreso para El Rosario: oportunidades extintas.
Lo mismo, me persiguieron, solo que en esa ocasión puse los periódicos debajo de mi rodilla, saqué la resortera, la “cargué” con aceitunas, una por una, e inicié las hostilidades contra aquellos indeseables; al primero le pegué un “aceitunazo” en la frente, aunque pronto recapacité que debía pegarles en las piernas, y en los brazos y manos, no en la cara, por el riesgo de pegarles en un ojo.
Llevaba “parque” suficiente para “tumbar” a varios enemigos en el frente de batalla durante toda la mañana, como así fue: aquel día pude vender mis quince periódicos, al siguiente igual; un mes después vendía 50, y para fin de año hasta 150. Mis enemigos aunque me perseguían, lo hacían de lejos, pues sabían que mi artillería era pesada, y mis estrategias muy bien estudiadas.
Bueno, así pagué todo el año del colegio, compré útiles, y proseguí con aquel mi primer trabajo en Ensenada, como todos los demás que tuve en aquella ciudad durante muchos años, con diferentes gentes, y en diferentes escenarios, pero con muy similares actitudes ante la “competencia”:
¡Qué lástima, que siga siendo así, casi en cualquier campo laboral de esa ciudad!
Para mayo del ’71, la angustia me invadió de nuevo, ya que fui expulsado del colegio, antes de terminar mi primer año de secundaria; por fortuna convencí al entonces Director Eugenio Mejía Velasco, que me permitiera continuar solo un mes más, y poder recibir mi boleta de calificaciones, a cambio me iría para siempre de ahí, y nunca más me volverían a ver, ni siquiera por equivocación; como así fue, la siguiente ocasión que pise esa escuela fue unos 25 años después; cuando volví a ver a algunas de mis compañeras del salón ya eran abuelas. Las razones por las que fui expulsado del colegio, fue por un reporte que sobre mi pusieron en la dirección dos niñas, por una travesura que no hice, pero que ellas dijeron que si, y pues ni modo asa fueron las cosas…
DON WADI SAAD ANDRES.
Después de recorrer la muy pequeña Ensenada de aquellos años, pasaba con la venta de mis periódicos a diario por la tienda de Don Wadi, quien me compraba el diario, y me los pagaba el sábado religiosamente. Don Wadi era un árabe quien había fundado y atendido desde muchos años antes su tienda de ropa de clase “LA PERLA DEL PACIFICO”, en su aparador tenía unas botas que en especial llamaban mi atención, y como él se daba cuenta que las observaba de manera especial, un día se acercó a mí, y me preguntó:
¿Gustan botas, harbano?
Fíjese que sí Don Wadi, ya estoy ahorrando para comprarle un par
¡Qué buenos, cuestan ciento cinco dólares!
Durante largos ocho meses ahorré el dinero para adquirir aquellas botas “Volga”, hechas en Rusia, que eran de excelente calidad, y muy bonitas que me parecían.
Una tarde que no tuve clases, fui con Don Wadi, después de saludarlo, puse sobre el mostrador de la tienda, una bolsa llena de pesos “Morelos”, eran mil trescientos doce de ellos, y una moneda de cincuenta centavos de aquellas llamadas “Cuauhtémoc”; todas esas monedas las había ahorrado con la venta de 5,250 ejemplares del periódico “El Mexicano”.
Al ver tal situación en un niño de trece años, Don Wadi abrió desmesuradamente sus ojos, cuestionándome si los había ahorrado todos, o si mi familia me había apoyado para completar la cantidad.
No, los ahorré, tal y como se lo dije:
Muy contento me acompañó, hasta el área del calzado, me ayudó hasta que me quedó el par que de ahora en adelante y mientras duraran serían mis “Botas Volga”.
Cuando después de cerrar el negocio, me disponía a retirarme de la tienda, Don Wadi amablemente me acompañó hasta la banqueta frente a su tienda; al despedirme, me cuestionó:
¿Tú ahorraste dinero, o recibiste ayuda de familia?
Sorprendido le respondí de nuevo:
¡Lo ahorré!
¿Lo ahorraste?
Vas a llegar muy lejos en vida, solo voy a dar consejo, consejo de hombre viejo, a niño, consejo de amigo:
Vas a llegar lejos en vida, pero solo cuídate de tus baisanos.
Bueno, gracias, si me cuidaré.
No olvides nunca: Cuídate de tus baisanos:
Si, gracias, le decía mientras me retiraba; al llegar a la esquina de la cuadra como a unos cuarenta metros, voltee para atrás, y ahí estaba Don Wadi parado viéndome mientras me alejaba.
¡Cuídate de tus baisanos, no lo olvides!: me gritó.
Crucé la calle tercera, con rumbo a la casa, y cuando iba ya cerca de la calle cuarta, volteé de nuevo para atrás, y allá se miraba Don Wadi, y mientras lo vi, me hizo unas señas, que luego adiviné:
¡Cuídate de tus baisanos!
Sí, le hice señas también:
Al subir la banqueta cuando cruce la calle cuarta, volví la vista atrás, y allá muy lejos seguía Don Wadi parado, solo que ya era en la calle, me volvió hacer de señas:
Sí, le volví a contestar a señas.
No volví a voltear para atrás, así que no supe hasta cuando estuvo ahí mi buen amigo Don Wadi Saad Andrés.
Mientras tanto llegué a la casa en la calle nueve, y luego fui con mis zapatos nuevos que me las había puesto en la tienda, y se los mostrando a mi tío Willy, como a mi tía Naty, quienes muy contentos me felicitaron por mis logros; les mostré también mis zapatos viejos, agujerados de la suela de tanto cargarme sobre ellos por las calles de Ensenada, mientras buscaba a mis posibles clientes lectores del diario; mis zapatos viejos los llevaba en la caja de mis “Botas Volga”.
Para las nueve de la noche hora en que nos fuimos a acostar, deje mis zapatos al pie de la cama, y como estaba tan contento no podía dormir, de cuando en cuando los volteaba a ver, como queriendo decirles:
¡Qué gusto tengo que ahora sean ustedes los que me carguen desde ahora, y por largo tiempo”; pues eran botas “mata-víboras”, muy fuertes y resistentes.
Al fin me dormí, y cuando a las dos de la mañana quise pararme sobre mis nuevas botas, pise el suelo, en el sitio donde debían estar, moví los pies de lado a lado en lo obscuro del cuarto, y al fin de no encontrarlas de un salto llegué hasta el control de la luz, la prendí, y mis botas no se veían por ningún lugar; fui al closet, las busqué en la caja de zapatos, pero no aparecieron; así que fui corriendo hasta el cuarto de mis tíos, que se encontraba muy lejos del mío; los despearte y les dije que nos encontraba mis botas; mi tía me dijo en la mañana las buscas:
Regresé al cuarto, las busqué por donde quiera, pero mis botas nuevas, las que solo había usado por cinco horas, habían misteriosamente desaparecido; saqué mis viejos zapatos de la caja de las “Volga”, me los puse, y me fui a trabajar, en aquella muy fría madrugada; mientras pensaba qué había pasado con mis botas:
En la mañana siguiente en que fui a entregarle el periódico a Don Wadi, al verme con los zapatos viejos, me cuestionó:
¿Por qué no traes botas nuevas harbano?
Es que…
Es que, se me perdieron.
¿Cómo perdieron?
Si, se me perdieron.
No, No perdieron, las robaron.
Ayer dije: Cuídate de tus baisanos, no cuidaste!
Ahora otra vez digo a usted: ¡Cuídate de tus baisanos; cuídate de tus baisanos!
Mis abuelos vinieron de El Rosario, y les platique la historia de la misteriosa desaparición de las botas. En Diciembre de aquel año del ’71, fui a pasar navidad a El Rosario, como llegué de noche, dormir en un granero que mi abuelo tenía en el traspatio; para las cinco de la mañana en que me levanté fui a la cocina donde ya se encontraba mi abuela tomando café, luego de saludarla le pregunté por mi abuelo, diciéndome que estaba ordeñando en el corral del ganado; fui allá con él, y al llegar pude verle mis botas a una prima mía; de inmediato le dije a mi abuelo:
¡Mire abuelo, esas son las botas que se me perdieron!
De manera inmediata la prima contestó:
¡No es cierto, mi mamá me las compró!
Buenos pues ahí fui a ver de nuevo las “Botas Volga”, las que solo cinco horas usé, y las que miles de periódicos vendí para poderlas comprar.
Resulta que la madrugada de aquella noche en que las compré, salieron con rumbo a El Rosario, esos parientes que yo no escogí, llevaban botas nuevas, ya que estaban de visita en casa de mi tía Naty, y al irse lo hicieron como a la una de la mañana, no sin antes mandar a hurtadillas a “mi prima” para que se llevara “sus botas”, una hora antes que me levantara. En fin, así son algunas personas en esta vida, personas que solo son piedras de tropiezo para las metas que algunos nos trazamos.
AUTOR DEL ARTÍCULO:
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
14 DE ABRIL DEL 2011.
NOTAS RELEVANTES: Jamás mi tío Willy permitió que se le regresaran aquellos préstamos, que me hizo.
Viví en casa de mis tíos durante el tiempo en que estudie secundaria y preparatoria: seis años;
Mi tío Willy falleció el 22 de junio de 1974, a cuatro años de haber llegado so a su casa; fue para mí un gran apoyo en la formación de mi persona, y en el campo profesional; ahora por cierto estoy elaborando un proyecto de ingeniería oceánica, costera, y procesos litorales, para la construcción de un malecón en la isla de Cedros,, Baja California, precisamente al lado donde se encuentra un muelle de madera que él construyó hace unos setenta o más años, el cual sigue en pleno uso, por lo bien construido que se encuentra: Es para mí, desde luego un gran orgullo, el poder construir al lado de mi muy querido tío Willy Cochran, aquel bajacaliforniano de sangre irlandesa u española, quien en mis años mozos me tendiera aquella amigable mano, aquella generosa personalidad que tanto bien me ha hecho desde entonces: Tío en donde quiera que se encuentre Gracias: Igual para usted Tía Naty.
Don Wadi Saad Andrés, árabe radicado en Ensenada, como todos ellos, los de esa nación y cultura, fue un hombre sumamente productivo, hombre capaz, y amable; vivió una larga vida de alta calidad en todos los sentidos: no hace mucho tiempo que se adelantó en el camino sin regreso; su tienda sigue en manos tal vez de sus familiares.
Gracias señor Don Wadi Saad Andrés, no le quisiera decir cómo me ha ido con mis baisanos en la vida, para que no me regañe, y me recuerde de nuevo aquel su consejo… lo que sí le puedo decir, es que por más que me cuido de todas maneras alguno ha de tomarme descuidado…
Don Wadi hablaba perfectamente el español. Solo que en esta narración he querido dejarla como la he escrito, para dar a entender el acento árabe con el que lo hablaba.
Por tantísimas cosas pasa uno en la vida…

Nota de el Lic. Eduardo Saad Kahwage (hijo del SR. WADI SAAD ANDRES.):
Gracias por su cortesía y buena voluntad.
Adjunto encontraras la foto de mi padre SR. WADI SAAD ANDRES.
Una visión de su vida se puede resumir de la siguiente forma:
A la temprana edad de 14 años, siendo el hijo mayor de su familia, dejo de estudiar para ayudar a su padre quien estaba delicado de salud, Sr. Salim H. Saad en su comercio La Perla del Pacifico. Esto permitió a sus cuatro hermanos continuar sus estudios. Su trato cálido y honesto gano la confianza de sus amigos y clientes a lo largo de 73 años como comerciante. Por más de 50 años, participó activamente en el Club de Leones de Ensenada, B.C. El 19 de Junio del 2009 su alma partió de este mundo dejando un grato recuerdo por su calidad humana. Descanse en Paz.
Lic. Eduardo Saad Kahwage
LA PERLA DEL PACIFICO
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> Buen dia mi estimado amigo del siglo XX.
> No se si hayas visto alguna ves la serie de television "Heroes" que es acerca de personas con poderes especiales.
> Pues uno de esos poderes es lo que a ellos llaman "time bender". O sea, alguien que tiene la habilidad de transportarse y transportar a otros al pasado, o al futuro.
> Explicado esto, te dire que cada vez que leo tus articulos, te comparo con uno de esos "time benders". Tu tienes esa habilidad de transportarnos a los que te leemos al pasado, y vivimos de nuevo esos tiempos tan especiales, que jamas volveran.
>
> He disfrutado muchisimo tu articulo acerca de tu estancia con tus tios abuelos, y con el bien recordado senor Wadi Saad.
> Y es que la avenida Ruiz, especialmente el area comprendida entre el Paseo Hidalgo y la calle 10, fueron mis dominios cuando yo tenia 9 o 10 anhos de edad.
> Ahi yo boleaba zapatos, vendia chicles (de la flecha), limpiaba carros, ademas de ayudar a mi padre a vender dulces y chuchulucos en una carretita que poniamos en la Ruiz y 4ta (donde estaba la muebleria La Malinche).
> Por eso yo tuve el gusto de conocer a personalidades como el senor Wadi Saad, Rafael Chan, el senor Feiz, Don Eduardo Maimes, y tantas otras personalidades que hacian de ese transecto su "habitat natural".
>
> Hay muchisimo que platicar acerca de este pedacito de mi querida Ensenada. Pero creo que lo dejamos para proximos tiempos.
> Gracias siempre por regalarnos estos "viajes" hacia nuestras memnorias.
>
> Saludos fraternos mi antiguo amigo.
ANTONIO CHAIDEZ CHAIDEZ
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PARA ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
Mi estimado amigo de tiempos lejanos.
Como te dije anteriormente, aqui te comparto estas anécdotas personales con el buen amigo Wadi Saad.
Como ya te había comentado en el correo anterior, en los tiempos que yo trataba de ganarme algunos pesos, boleando, vendiendo chicles, limpiando carros, etc. Entré a la tienda de ropa La Perla del Pacifico del senor Saad. En parte porque yo andaba en mi "negocio" pero en parte también porque me gustaba mucho esa tienda. Me gustaba aspirar el aroma que ahí había, me gustaba la elegancia de la tienda.
Esa vez yo iba armado con mi cajón de bolear y mi cajita de chicles de la flecha. Entonces una de las empleadas me dijo: "Vete chamaco" aquí no se permite entrar a vender nada.
Entonces el señor Saad llegó en mi auxilio. Le dijo a la empleada: ¿Porqué maltrata muchachito, ha? el está trabajando, ¿ve usted?. Entonces el señor Saad me preguntó: ¿Quiere usted muchachito trabajar y ganar algo de dinero? yo le contesté que sí. Entonces me puso a cepillar como algunos 40 pares de calzado, por los cuales me pagó con un billete de 20 pesos. Para mí en esos mis escasos 10 años, me parecía que de pronto me había vuelto rico.
Así, seguí llendo a hacer trabajitos de ese estilo por algún tiempo.
Pasaron unos pocos de años, y un día mirando los aparadores, mire una chamarra que atrajo mi atención poderosamente, entré y pregunté el precio, el cual por supuesto superaba mis posibilidades. ,
Entonces me propuse a ahorrar el dinero necesario. Cuando por fin pude completar la cantidad, fui y me compré mi flamante chamarra.
La use como por una semana, y entonces comprendí que ya necesitaba una lavadita. Leí la etiqueta y en mi pobre conocimiento del idioma inglés, entendí que se podía lavar en la lavadora. Oh error, toda la borra de a chamarra, después de lavada y exprimida por la maquina, se le fue a la parte de la cintura, y la de las mangas, se le fue completamente a los puños. Amigo, no sabes la tristeza que me dio ver mi flamante chamarra en esas condiciones.
Entonces fui a ver al señor Saad para que viera en lo que se había convertido. Él me aclaró que la chamarra no se debía lavar en lavadora.
Y por supuesto no me podía regresar mi dinero, ni tenia porqué hacerlo. Sin embargo, me dijo: Mira muchacho, de aquellas camisas de franela, escoge alguna que te guste, y también escoge un par de calcetines.
Si él hubiera querido, yo me regreso a casa sin chamarra y sin nada, pero él no era de ese tipo de gente. Esa camisa me salió tan buena, que me duró por muchos años, aunque no la "soltaba" para nada.
Bueno mi estimado amigo de tantos años, te saludo con afecto y quedo pendiente de tus amenos e interesantes artículos
ANTONIO CHAIDEZ CHAIDEZ
domingo, 3 de abril de 2011
ISLA DE CEDROS, BAJA CALIFORNIA, MEXICO. "UNA DE LAS ISLAS MAS GRANDES Y POBLADAS DE MEXICO, Y DE LAS MAS EXTENSAS EN EL PACIFICO MEXICANO"
La isla Natividad, localizada en Baja California Sur, por debajito del paralelo 28 grados, es el asiento de la Cooperativa “Buzos y Pescadores de la Baja California”, S.C.L.; cuenta ésta isla con una superficie de 8.566 kilómetros cuadrados, es decir unas 856 hectáreas; forma parte de la gran reserva de la biosfera de Vizcaíno, siendo de esa comunidad de islas la más cercana a la península, la más próxima a Punta Eugenia. Islas con similitud a las mencionadas son la San Roque, y la Asunción, ambas en Baja California Sur, no muy lejanas geográficamente de la de Cedros. La isla de Cedros, es de origen volcánico, se encuentra a solo veinticuatro kilómetros de la costa de la península de Baja California, cuyo punto más cercano es Punta Eugenia. La isla de Cedros se localiza apenas por encimita de la latitud de 28 grados norte, que es el paralelo que divide a nuestra bella península bajacaliforniana en dos estados, ambos de casi igual tamaño, con origen geológico, e histórico común; y aunque la isla se encuentra más cerca de Baja California Sur, no pertenece a este Estado, sino a Baja California, dentro del municipio de Ensenada, a 425 kilómetros al sur de esa Ciudad, siendo además la isla más grande que México posee en el océano pacifico. La isla de Cedros, fue reconocida por primera vez por el navegante Francisco de Ulloa, quien recorrió el golfo de California, por la costa de Sonora y la península, llegando hasta el “Alto Golfo”, a la desembocadura del rio colorado; en un viaje dobló cabo San Lucas hacia el norte, llegando a la isla de Cedros en 1539, encontrándola habitada por los mal llamados “indígenas”, quienes por cierto fueron todos ellos trasladados por las buenas o por las malas, por los frailes de la orden dominica, dizque para “evangelizarlos”, los que a cambio de ello, fueron peones labriegos y criados del sistema misional. Como España saqueaba los tesoros de las islas Filipinas, en el lejano oriente, debían transportarlos a la Nueva España, hoy México, y de aquí a España, “la madre patria”, utilizaban para ello las embarcaciones llamadas “Galeón de Manila”, “Nao de China”, o “Galeón de Acapulco”. Era la isla de Cedros, paso obligado para los aporreados marinos que después de unos seis meses de zarpar de Manila con rumbo a Acapulco, llegaban a Isla de Cedros, la que se encontraba a su paso, siendo esperados aquellos cargados galeones, por piratas, saqueadores, y malvivientes que robaban todo lo que en la borda de galeones se encontraba; siendo así, que la isla era guarida de aquellos chacales, que robaban, y asaltaban a otros no menos chacales. Hacia fines de 1790 y como hasta 1850, la isla fue ocupada por cazadores de pieles, principalmente de lobo, y nutria marina; a esta ultima la cazaron al extremo de eliminarla de la costa peninsular. Posteriormente, por los tiempos en que México pierde sus territorios del norte, a manos de Estados Unidos de Norteamérica, y por la fiebre de oro en Alta California, llegan a la isla gambusinos en busca de oro; siendo extraído ese precioso metal, y cobre desde aquella época hasta los años de la primera guerra mundial, por lo que se puede deducir que al menos cerca de setenta años se explotó la minería en la punta norte de la isla. Habiendo pasado esta época de minería, hacia 1920 se instaló la “Villa Pesquera”, y la “Enlatadora de Cedros”, siendo los primeros pescadores que abastecían aquella nueva industria entonces: La laboriosa comunidad Japonesa, quienes enseñaron el arte del buceo a los peninsulares; utilizando los pesados y peligrosos trajes “Escafandra”; así que la industria llegó a ese lugar gracias a las políticas del gobierno mexicano, y a la laboriosidad de los buzos y pescadores provenientes de Japón. A mediados de la década de mil novecientos sesenta se construyó en muelle para la descarga, almacenamiento, y carga de sal; de nuevo con capital México-japonés, por cuyo patio han pasado a la fecha millones de toneladas de sal provenientes de las salinas de Guerrero Negro, Baja California Sur, ubicado en la península, justo al sur del paralelo 28 grados de latitud norte. Existen en la isla en la actualidad al inicio de la segunda década del siglo veintiuno, un rompeolas en la parte del “pueblo de Cedros”, con unos pequeños muelles para descarga de productos pesqueros, y otro de madera, que data en algún tramo desde la época de la primera Enlatadora construida aquí hace ya unos noventa años. La Sociedad Cooperativa “Pescadores Nacionales de Abulón”, S.C.L., es la que da junto a los patios salineros, perspectiva y renombre a la isla, la cual cuenta con un aeropuerto acabado en asfalto. Cuenta además la isla con la memorable escuela Técnica Pesquera número 7, cuyo actual Director es Sergio Villavicencio Enríquez; en su origen era internado por el que pasaron muchas generaciones de actuales profesionistas mexicanos, los que se encuentran diseminados por toda la geografía peninsular, y más allá. Existen tres panteones, servicio de telefonía, televisión vía satélite, comercios diversos, restaurantes, hotel, servicio de guardacostas, y comunicación vía barco con Guerrero Negro, y Punta Eugenia, lugares desde donde llegan los suministros vitales para los isleños, quienes viven en dos caseríos: Los trabajadores de la empresa salinera, en uno, y los del pueblo viejo, en otro; con similar distribución en el pueblo de Guerrero Negro. El agua potable es abastecida por acarreos en barcos, y por una línea de conducción que conecta al pueblo con un aguaje en lo alto de la montaña. Según los comentarios que me hizo Héctor Saúl Beltrán Redona, nacido en la isla de Cedros, el 18 de octubre de 1966, existe en la isla una población de perros “salvajes”, al menos así los considera la comunidad, ya que de cuando en cuando algunos pobladores que no quieren algún cachorro lo han “tirado” para los cerros, y éstos animales con el tiempo se vuelven semisalvajes, multiplican su población, al grado de atacar a la fauna silvestre endémica, y a la introducida como son los burros que vagan por las montañas; además las jaurías de “perros salvajes” atacan a los lobos marinos, dada su desesperación ante la hambruna que padecen. AUTOR DEL ARTÍCULO: ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA. SABADO 02 DE ABRIL DEL 2011.
NOTAS. El pasado día 31 de marzo del 2011, viajamos por motivos de trabajo los señores: Arquitectos José Luis León Romero, Cesar Cuevas Ceseña, los ingenieros José Alfredo Salazar Juárez, Tomas Córdova Lira, el licenciado Faustino Silva Galindo, el contador René Villa Martínez, y el autor de este articulo; el tal viaje lo realizamos a bordo de una avioneta a dos motores capitaneada por su propietario, el ensenadense Ernesto Arámbula Brown, quien es además entusiasta corredor de carreras fuera de camino. Cuenta el capitán Arámbula Brown con dos avionetas y un helicóptero dentro de su flotilla de aerotaxis, los que con gran amabilidad atiende, en cuya labor lleva veinte años sirviendo a la comunidad, según sus propias palabras. A Ernesto Arámbula Brown, tengo el gusto de conocerlo desde 1971. Cuanto sobrevolamos de ida y de vuelta por mi pueblo “El Rosario”, el que borrosamente se distinguía a la distancia, sentí algo de tristeza por no poderme quedar allí. Tanto de ida como de vuelta, fui observando la basta geografía costera del pacifico peninsular desde Ensenada hasta la isla de Cedros; claramente distinguí, los cerros “Bola” de Tecate, “Colorado” de Tijuana, la mesa Redonda, el “Cerro de los indios” en Playas de Rosarito; el “Punta Banda” de Ensenada, “El Cantú”, de Ensenada; el “Botella Azul” de la sierra de San Pedro Mártir; “Cerro Kenton”, y Monte “Ceniza”, en San Quintín; el “Matomi”, en dirección de El Rosario, “El Cantil” en El Rosario; las mesas de “San Carlos”, del “Canasto”; “El Guatamote”, los arroyos de “Maneadero”, “Santo Tomas”, “Eréndira”, “San Vicente Ferrer”, “Colonet”, “Santo Domingo”, San Simón, “El Rosario”, “El Venado”, el “Ancho”, “El Venado”, “Cajiloa”, y las Puntas de: “Punta Banda”, “Santo Tomas”, “Punta China”, “Punta Cabras”, “Punta Colonet”, “Punta Baja”, “Punta San Antonio”, Punta “San Carlos”, Punta “Canoas”, Punta “Blanca”, Punta “Cono”, Punta “Rocosa”, “Santa Rosaliita”, Bahía “Mal arrimo”, Punta “Eugenia”; y las islas de Natividad, y las Benito; las de Todos Santos, San Martin, y la isla de “San Gerónimo”, no se podían ver debido a lo denso de la neblina; observé tantos otros distintivos puntos de nuestra geografía, y claramente aprecié el valle de San Vicentito, en lo más crudo del desierto de El Rosario.
Al momento de terminar de escribir este relato, y al verme hacerlo, comenta mi amigo el veracruzano José Luis Celestino Gutiérrez, que espera que lo publique para poder transportarse a la isla, mediante la lectura de estos renglones, ya que no tiene el gusto de conocerla. Coordenadas geográficas de algún punto del pueblo de la Isla de Cedros: 28 grados 05’ 41.82” de Latitud Norte; y 115 grados 11’ 30.42” de Longitud Oeste. 


















