"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

sábado, 30 de octubre de 2010

EXTRANJEROS, Y NACIONALES QUE HAN RADICADO, Y DEJADO COSTUMBRES Y OFICIOS EN EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

Por qué razón una persona sale del seno materno, del seno familiar, de la tierra que lo vio nacer, del ambiente en el que vivió y convivió desde sus primeros días en la vida. ¿Qué razones tan fuertes llevan a personas a retirarse muchas veces para siempre del arraigo de su terruño?

En mi tierra natal, El Rosario, han pasado infinidad de hombres solos, ya sean del país o desde remotas tierras, con abismales diferencias en cuanto a usos, costumbres, credos, filiaciones políticas, y sobre todo, abismales diferencias de los conceptos básicos de vida, y de cultura.

Apoyado en las investigaciones que durante casi cuarenta años he llevado a cabo, dejaré algunos datos de ciertos personajes, algunos distintivos y otros un tanto grises. Consiente estoy que en cualquier pueblo del mundo han existido, existen, y existirán estos personajes.

JUAN MARRON: Antiquísimo soldado misional, quien nació en el sur peninsular hacia 1774, fue junto con María Elena Murillo fundadores de la familia Marrón en la región norte de la península, trabajo tanto en el rancho de San Juan de Dios, desde 1836, hasta 1850, entonces propiedad de nuestro fundador Carlos Espinoza Castro, así como en la ex misión de Santo Domingo al mando de José Luciano Espinoza Castro.

En San Juan de Dios, existen en la actualidad las ruinas de su casa habitación. Fue abuelo materno de mi tatarabuelo Policarpo Espinoza Marrón, ya que fue padre de María de la Cruz Marrón Murillo, madre de Policarpo.

REGIS VARELAS: Mexicano de Alta California, cuando aún era territorio mexicano, nacido en 1767, fallecido en El Rosario, el 29 de agosto de 1862. Regis Várelas fue trabajador de mi tatita Carlos Espinoza Castro, era quien lo apoyaba en el estaqueo y cuereo de las nutrias que cazaban en la bahía de El Rosario, y en el estero.

JUAN PELON: Según las relaciones de mi abuelo y de mi bisabuelo, llegó a El Rosario, en los días en que mi bisabuelo nació, en 1878. Juan era un hombre de pequeña estampa, no tenía pelo, salvo una pequeña franjita casi a ras de la nuca, era de nariz grande, de voz fina, casi imperceptible. Era de nación indígena, sin asegurar de cual; trabajaba de mensajero y asistente en casa de mis bisabuelos y tatarabuelo. Era malo en casi todas las tareas que se le encargaban, salvo en la de leñador. Falleció en 1920, en casa de mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta, a más de 70 años, ya que había nacido antes de 1848.

ADOLFO ZAPATA: Barbero originario de Valparaíso, Republica de Chile.- Fue quien enseñó a principios del siglo veinte a los rosareños el oficio de peluquero, siendo su primer alumno Modesto Valladolid Ortiz, nacido en El Rosario en 1883.

EDUARDO BOITARD GROSSO: Marino originario de Italia. Originalmente llegó a Santa Rosalía, por cuestiones de trabajo con los franceses en “El Boleo”, conoció a Tecla Peña Duarte con quien se casó en septiembre de 1885, en Santa Rosalía, Baja California Sur; pasaron a vivir a las cercanías de El Rosario, y después a El Rosario, a su rancho que llamaron “Buena Vista”, que le quedó a su hija Teresa, y en la actualidad se encuentra en uso aun. Eduardo y Tecla procrearon a: Arturo, Ángel, y Juan Eduardo nacidos en Santa Rosalía; después nacieron en El Rosario: Emilio, Eugenio, Teresita de Jesús, Adelaida, Amalia, y Anna. Sobrevive en El Rosario a más de cien años de edad Anna.

JOSE RAILE: Sin que se sepa de donde llegó a El Rosario, pero si que lo hizo hacia 1897, vivió en su casa ubicada en el mismo lugar donde se encuentra ahora la casa que fue de doña Sara Orduño Ortega, fallecida en 1983. Hace unos veinte años llegaron a El Rosario unas personas de este apellido, en busca de un “Raile”; la gente los mandó a casa de Francisco “Raile” Espinoza Vidaurrázaga, que así le apodaban a un hijo de Adalberto “Caracol” Espinoza Peralta. Muy desconsolados se retiraron aquellas personas que deseaban saber algo del JOSE RAILE, que se asentó en El Rosario, cerca de cien años antes de aquella visita.

CHINO TIO DE MI ABUELO: Llegó de China vía Estados Unidos, lugar a donde había venido a trabajar en la construcción de las vías del ferrocarril, sin embargo por enfrentamiento con unos bandoleros salió huyendo con rumbo al sur, internándose a México, por la frontera de San Diego-Tijuana, de donde paso a El Rosario, hacia 1898, lugar donde se quedó el resto de su vida, ya que se casó con la hermana mayor de mi bisabuela paterna de la familia Peralta Ramírez, con quien procreó familia que eran primos hermanos de mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta.

ALFONSO CHO o CHON: Comerciante, originario de Cantón, China, vivía en El Rosario, desde 1900; lo asesinó en su tienda, en El Rosario de Abajo, en 1921, para robarlo el alemán Santiago Bawser, quien después de asesinar a Cho, lo metió debajo de la cama, y a no salir, ni abrir la tienda, llamó la atención de la población, razón por la que Policarpo Espinoza Peralta, mi tatarabuelo, entonces Comisario de Policía y Juez en El Rosario, ordenó fuera derribada la puerta, encontrando a Cho en lamentable estado, quien gentilmente había recibido a Bawser como huésped en su casa.

LIUMINDO: Cocinero, originario de China, de El Rosario, lugar a donde había llegado joven hacia 1905, fue el cocinero en casa de la familia Espinoza durante largos años. Paso hacia 1930 a vivir a la Bahía de Los Ángeles, lugar donde años más tarde falleció. Liumindo, era de la edad de mi bisabuelo, por lo que debió nacer hacia el año de 1878.

COMUNIDAD DE LOS YAQUIS CAITIOBOS: Basta información se puede encontrar en esta misma bitácora, en un artículo denominado: “Comunidad de los Yaquis Caitiobos, en El Rosario”, quienes llegaron al lugar en 1907.

SALVADOR “CHIP” MELING OLSEN: Carpintero navegante, originario de Oslo, Noruega: Fue casado con la rosareña Catalina Ortiz Aguilar, con quien procreó a: Anne Toneta, Salvador, y Cotín. Llegó a El Rosario hacia 1907, la causa fue porque se quedó dormido en cubierta, y una mosca le contaminó una pequeña herida en la cara, la cual se infectó de tal manera, que lo obligó a desembarcar en el primer lugar posible, que resultó ser Punta Baja, pasando de aquel lugar a El Rosario, donde solicitó del auxilio de la familia Ortiz Aguilar, con quien emparentó como ha quedado relatado. Venía junto con un hermano, quien pasó más tarde a vivir a Colonet, lugar donde dejó familia, siendo el fundador de los Meling de San Telmo, y de Colonet. Salvador “Chip” Meling Olsen descansa en solitaria tumba en la margen izquierda del Arroyo Seco, Delegación de Punta Colonet, en una pequeña ladera de una montaña, al lado de dos tristes cardones.

SANTIAGO BAWSER: Asaltante, originario de Alemania. Este hombre después de darle muerte al Chino Cho, en 1921 huyó de El Rosario con rumbo al norte, siendo perseguido por los hombres a cargo del Comisario de Policía y Juez de El Rosario, mi tatarabuelo Policarpo Espinoza Marrón. Los hombres de Espinoza le dieron alcance antes de llegar a Ensenada, capturándolo y siendo entregado a las autoridades superiores, quienes lo pasaron preso a la cárcel de Tijuana, lugar donde murió sin regresar jamás a Alemania.

CHINCHAN: Comerciante, originario de China, llegó a El Rosario, hacia 1920, tenía su tienda en el mismo lugar donde ahora se encuentra la iglesia católica de El Rosario de Abajo, cerca del actual Museo Comunitario.

JOSE SINK: Albañil, originario de China, ahijado de Cho. Sink, según las relaciones de mi abuelo, al morir s asesinado su padrino: Llorando decía: ¡Matalón palino, matalón palino! Alfonso Cho, fue sepultado en el panteón misionero de El Rosario, en el cerro.

RAFAEL CHAN: Comerciante, originario de China, paso a vivir a Ensenada, donde fundó su tienda general llamada: “Rafael Chan y Compañía”, siendo el lugar de donde mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta abastecía sus ranchos, además era Chan quien le guardaba los dineros a mi bisabuelo a falta de bancos.

EDUARDO RESECK: Marino, originario de Alemania: llegó a El Rosario casi por casualidad, conociendo a la bella rosareña Enriqueta Núñez Ortiz, con quien se casó procreó a su único hijo de nombre Benjamín Reseck Núñez, quien nació en 1923, quedando huérfano de madre a los pocos meses de edad, razón por la cual su padre nunca regreso a El Rosario. El matrimonio Reseck Núñez vivían en Calexico, California, Estados Unidos, cuando sobrevino la muerte de la joven madre y esposa. Benjamín pasó a un orfanato en San Diego, y cuando llegó a la juventud fue a El Rosario en busca de su familia, quedándose a vivir con su abuela materna Dorotea Ortiz Aguilar. Benjamín casado con Bertha Duarte Valladolid, procreó a Catalina, Concepción, Enriqueta, Doroteo Benjamín, Jesús Octavio, Rodolfo, Ramona, y Santiago. Benjamín falleció el 17 de marzo del 2005 en El Rosario, lugar donde descansa, y fue un importante narrador de mis trabajos de investigación.

LUIS ETCHART: Minero, Vasco Francés. Vino de Francia hacia 1927 atraído por la misión perdida, la de los jesuitas, la que según la leyenda se encontraba abarrotada de oro y riquezas, las mismas que a la salida inesperada en 1768, de los padres jesuitas no habían podido llevarse. Etchart pasó décadas en búsqueda de la misión sin encontrarla jamás. Procreó en El Rosario con la señora Sara Orduño Ortega a su única hija a quien llamaron María Etchart Orduño, quien fue la esposa de Domingo Duarte Peralta, y procrearon familia, la que mayormente viven en San Quintín.

ANTONIO DE SOUZA: Marino originario de Portugal. Con de Souza en 1928 mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta a los dieciséis años de edad, y a raíz de la repentina muerte de su abuelo Policarpo Espinoza Marrón, se fue a trabajar en el acarreo de langosta de la costa del pacifico mexicano a San Diego, Estados Unidos, principalmente de El Rosario, a San Diego.

Poseía De Souza un barco de 25 toneladas de capacidad llamado “Américo Vespucio”, en el cual mi abuelo fue marinero y cocinero, pasando primero por “pavo”. Antonio de Souza se casó con la rosareña Elisa Sandez González, tuvieron dos hijos, vivieron en una casona que construyeron al Este del panteón de El Rosario, con madera que trajo desde San Diego en el barco. Los padres de Elisa fueron Don Cruz Sandez Aguilar y doña Hilaria González, quienes fueron los que fundaron el rancho más cercano a la bocana de El Rosario, por la margen izquierda del arroyo, y cuyo último dueño fue el profesor Heraclio Manuel Espinoza Grosso, fallecido el 25 de enero de 1980 a 35 años de edad.

GUILLERMO POIDOMANNI: comerciante, originario de Italia: Llegó a El Rosario hacia el año de 1928, a causa del naufragio que sufrió en Punta Baja, y quien siendo atendido en casa de mi bisabuelo Ambrosio García Guerrero, se enamoró de Refugio Gracia Marrón, hija de mi bisabuelo, y hermana de mi abuela paterna María Visitación: Refugio “Cuca García”, enseño a hablar el español a Poidomanni, con quien se casó y pasaron a vivir en la playa de El Socorro, hoy propiedad de su sobrina Rosalía Vidaurrázaga Gracia y familia.

DOMINGO SALIZZONI RIGOTI: Obrero, originario de Italia. Llegó de Italia, a donde jamás regresó, casándose con la rosareña hacia 1930 con Sofía Espinoza Peralta, hermana de mi abuelo. Procrearon a Miguel, Vicente, Fafa, Estela.

HILARIO SUAREZ IGLESIAS: Agricultor, originario de España. Llegó a El Rosario proveniente de Jalisco, a cuyo lugar había llegado a causa de la guerra española en la década de los 1930, ya que era perseguido por Franco. Vivió en El Rosario con su familia, lugar donde su esposa María del Refugio Novoa era profesora, a quien había conocido en Jalisco, lugar donde Suarez trabajaba de minero. De El Rosario pasó a vivir a Ensenada, lugar donde falleció sin regresar a España. Su esposa falleció hará unos cinco años, hacia 2005.

JESUS VAZQUEZ DEL MERCADO ZAMORA: Comerciante, originario de Nicaragua, llegado a El Rosario, hacia 1933: Fue casado con Carmen Collins Acevedo, quienes procrearon a Eva, Olga, y Jesús mejor conocido como “Canguro Vázquez”.

RICARDO “DICK” DAGUETT: Mecánico, originario de Estados Unidos de Norteamérica, fue uno de los primeros mecánicos automotrices que llegó al desierto central de Baja California, y de quien la mayoría de los mecánicos de antaño de la región aprendieron sus primeros pininos en esa actividad. Según las relaciones de mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta quien fue su patrón, había llegado a El Rosario en los días posteriores a la primera guerra mundial, de la cual era mecánico veterano del ejército de Estados Unidos. Regresaba de El Rosario a Estados Unidos constantemente. Se quedó de manera definitiva en esta tierra en 1945. Paso a vivir a bahía de los Ángeles, lugar donde murió de fiebre.

MIGUEL NASSIF: Comerciante de origen Libanés, paso a vivir a Ensenada.

OTRAS PERSONAS QUE DEJARON SUS VIDAS EN MI TIERRA.

TEOFILO “EL KILO”: Hombre de diminuta estampa, apodado de esa manera por lo pequeño de su fisonomía, era mandadero en El Rosario, a donde había llegado de repente, sin saberse de donde, ni de su nombre, por los años de principios de cincuenta del siglo veinte, vivía principalmente de los mandados que le encargaban, y subiendo el precio a los artículos de la tienda a la casa, si algo costaba un peso, él decía que su costo era de uno diez, y así se ganaba esos diez centavos, que aunque todas sabíamos los precios de las cosas, lo dejábamos ser.

Borrachito como era, un día cuando recién se estrenó la carretera transpeninsular en El Rosario, en 1973, mientras ebrio caminaba según él por la línea blanca de la orilla, lo hacía por la de en medio, así que fue atropellado una obscura noche de neblina, y al igual que a Don Gil Flores, la caridad publica de El Rosario, los sepultó, en el panteón misionero del lugar.

DON GIL FLORES: Fue don Gil un hombre que vivió desde 1956 en adelante, como hasta 1974, en una vieja camioneta cerrada, en el mismo sitio donde ahora se encuentra la casa de Santiago Reseck Duarte. Don Gil Flores era un hombre de complexión gruesa, de barba larga y blanca, con gorra, siempre con una palanca y dos latas de veinte litros cada una, de lámina, en la que acarreaba agua para las casas de los rosareños, quienes le decían “La pipa del agua”, era un hombre un tanto bondadoso, aunque borrachín consuetudinario, prefería que en vez de dinero le pagaran con “Un Farolazo”, que es como le decía a un trago de licor. También quebraba leña, aunque en esta tarea era un tanto mañoso, pues hacia un montón de tierra, y lo cubría de leña, que a la distancia parecía un “gran montón, que merecía doble farolazo”, según sus propias palabras.

Falleció Don Gil un día de los años del setenta, por congestión alcohólica combinada con el intenso frio, fue sepultado por la caridad pública de los rosareños.

“CHUY MENTIRAS”: Conocido también como “Chuyito el de la Bocana”, fue un hombre que vivió por largos años en El Rosario, era ermitaño, vivía desde mediados de 1956 en un pequeño cuarto de madera, en el desfiladero de la margen izquierda del arroyo, en plena bocana de El Rosario. Contaba infinidad de mentiras, entre las que destacaban, las siguientes:

Decía que en su tierra, había sido contratado en un colegio de señoritas por la madre superiora para semental.

Que se encontraba en El Rosario, porque era corsario de los tiempos del pirata Cochrane, quien nunca estuvo en el Rosario, y que dilapidó con sus fechorías en la Republica Chilena en Sud américa.

Contaba que a la Bocana de El Rosario, llegaban seguido varias sirenas a visitarlo, y que él pescaba lisas para invitarlas a comer en su casa, hasta donde las subía en peso, ya que gracias a su gran fuerza podía subir a dos a la vez.

Duraba en ocasiones varios meses sin que se le viera por el pueblo, y de repente aparecía sobre el lomo de su burro, contando nuevas mentiras, las que había “cosechado” en sus largos días de soledad en la cueva, como él decía.

En una de sus tantas ausencias, había enfermado, y sin comida, salió a buscar a su burro hacia lo alto de la montaña, en las cercanías de sus casa, encontrándolo muerto, así que los destazó, secó sus carnes, y las comió en machaca, lo que le causó la muerte, según lo que la autopsia arrojó.

Fue encontrado moribundo por Miguel Ángel Jáuregui López, en la década de los noventa, quien a causa de tan larga ausencia fue a buscarlo, encontrándolo en ese estado, en cama, con escasas fuerzas para articular palabra, sin embargo comentó lo del burro. Lo rescató, lo llevó al médico, donde falleció por los mismos motivos que envenenaron a su burro.

JOSE NAVARRO GONZALEZ “TAPAGUJEROS”: Llegó a El Rosario hacia 1957, ocupando el trabajo de herrero, en el cual era excelente. Un día del año de 1986, en que lo fui a visitar, le pregunte su lugar de origen, y me contestó:

Yo fui un hombre muy malo, muy malo, Salí de mi casa, de Rio Verde, San Luis Potosí, un día de 1912, y jamás regresé, no volví a ver a nadie más. No quiso darme su verdadero nombre, en cambio me pidió que le ayudara a escribir una carta. Cuando me disponía a escribir su dictado: dijo:

“Querida Mamá, le escribo estas letras después de tanto tiempo sin vernos…”

De la manera menos lastimosa posible, le pregunté:

¡Cree usted don José que su mamá viva aún?

Tienes Razón, qué me pasa, como es que quiero escribirle a mi madre, si han pasado 74 años, desde que me vine, ni modo que ahora ella con 122 años de edad este viva aun.

Platiqué en repetidas de ocasiones con Don José, tal vez sus relaciones las escribiré con mayor amplitud en otra ocasión.

Falleció en 1988, cerca de los cien años de edad, fue sepultado en El Rosario, sin que jamás supiera más de nadie de su familia, ni ellos de él.

EL GUAJIRO: Hombre altamente letrado, de espesa y roja barba, de voz sumamente grave, autonombrado “Guajiro”, alcohólico que llegó a El Rosario, sin saberse jamás su lugar de origen, ni su nombre, salvo que en sus pláticas altamente coherentes e ilustradas dejaba ver su alta formación académica. En infinidad de ocasiones en que con él conversé, jamás quiso referir su lugar de origen, ni su nombre, era magnifico poeta. Trabajaba principalmente en las bajamares recolectando sargazo “Pelo de cochi”. Vivió en cualquier lugar de El Rosario, y en los cerros, lo hizo durante unos quince años, desde 1967 hasta 1982 aproximadamente, año en que aparecieron algunos de sus hijos y se lo llevaron, sin que a la fecha hayamos sabido más de él.

EL CUCAPAH NICOLAS TAMBO SALADO: Su origen es de la etnia Cucapah del mayor en Mexicali, Baja California, llegó junto con su familia “Tambo Valenzuela”, hacia 1967; desde entonces se han nacido basta descendencia, ya que sus hijos se casaron con rosareños. Don “Nico Tambo”, fue un hombre de gran vitalidad, trabajaba de pescador con más de ochenta años de edad, siendo más fuerte y vigoroso que muchos jóvenes, falleció hará unos quince años, sin que se supiera su edad, su esposa lo “registro”, en su acta de defunción con la misma fecha de nacimiento de ella, ya que nunca supo cuando había nacido.

“CRESPO”: Hombre solo llegado quien sabe de dónde, hacia el año de 1960, y que trabajo en El Rosario, siempre de baja marero, al igual que “CHABISQUIO”. Crespo falleció hará unos diez años en avanzada edad; de “Chabisquio” nada he vuelto a saber desde hace unos quince años.

PABLO “FLACO” CORRALES CESEÑA: El viejo lobo de mar, dedicado a este inigualable hombre se puede encontrar en esta misma bitácora, algunas amplias relaciones de su vida, que he dejado escritas.

“NEGRO” AGRAMONT”: Ranchero que llegó nadie sabe de dónde, y en una crecida del arroyo, en 1967, con el ciclón Catherine, lo arrastro al mar, siendo encontrado muerto días después. Fue sepultado en El Rosario, hasta donde se sabe es la única persona que se le ha sepultado casi de pie, ya que en la fosa que la caridad publica le excavo en el panteón, esta fue más corta que la caja, así, que quien lo sepulto solo lo aventó con los pies para abajo, cubriendo a medias el ataúd con un promontorio de tierra por encima del ras del suelo.

GARIBAY: Vive desde hace unos cuarenta años, es decir como desde 1970, en lo que fue la casa de Eduardo “Lalo” Espinoza Vidaurrázaga, ha trabajado mayormente en los bajamares, es buen amigo de la comunidad, y muy apreciado en el lugar.

JOSE “BALLESTEROS” REYES TRINIDAD: Llegó hacia 1972, año en que se construía la carretera transpeninsular en el tramo de San Quintín a Punta Prieta, desde entonces vive en El Rosario.

FRANCISCO “OJO TAPADO”: Hombre que vive aún en El Rosario, y Guayaquil, quien tiene amplia experiencia en prospectar corrientes subterráneas de agua. Según algunas relaciones es originario del estado mexicano de Sonora.

Bueno, pues así han sido las cosas, y con estas letras y alguna breves reseñas es como deseo dejar rescatada esa parte de la historia de El Rosario, Baja California; las que tal vez no sean de gran utilidad aparente, sin embargo no podemos pasar por alto que estas personas y algunas otras, que se hayan escapado por lo pronto a mis investigaciones, nos han heredado un cumulo de conocimientos, y costumbres que en ocasiones ni siquiera nos imaginamos. Para todos ellos mi respeto, y mi consideración, ya que vivir lejos del seno familiar, y el no regresar a los lugares donde se ha pasado la niñez, es una situación de lo más difícil de soportar y aceptar, sobre todo cuando se ve cercano el fin; por eso entiendo que varios de ellos ahogaban sus recuerdos en la botella de licor, ocultaban con el apoyo de la embriaguez sus penas, que nunca fueron consoladas, por eso de seguro don Gil Flores prefería “Un Farolazo”, el que dado directo a su cerebro y sistema nervioso central lo aislaba por completo de aquella su terrible, y triste realidad.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA

SABADO 30 DE OCTUBRE DEL 2010.

NOTA. Por lo pronto no tengo a la mano el dato del tío político de mi abuelo, quien fue casado con una de sus tías, tan pronto lo encuentre será agregado al presente artículo.

El Chino tío de mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, se llamó Luis Hy, originario de Cantón, Imperio de China; de oficio comerciante, se casó en El Rosario, a los 27 años de edad con Margarita Peralta Ramírez, de 17 años de edad, la hermana mayor de mi bisabuela Josefa Peralta Ramírez, madre de mi abuelo.

Luis Hy, y Margarita Peralta Ramírez registraron a su hijo ROSARIO Hy PERALTA, quien nació en El Rosario, el día 05 de octubre de 1890, registrado el 25 del mismo mes y año.

Abuelos paternos: Kurumé Hy, y A. Kock ambos finados en el imperio de China

Abuelos maternos: José Peralta originario de San José del cabo, BCS, de 50 años de edad, y Teodosa Ramírez originaria de Playas Coloradas, Sinaloa, de 30 años de edad.

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, AÑO DE 1909: PREVIO A LA REVOLUCION MEXICANA.

VIVENCIA DE ADALBERTO Y JOSE DEL CARMEN ESPINOZA PERALTA.

En las postrimerías de la revolución mexicana, acá en el norte de la península de Baja California, fue muy poco el movimiento con esos tintes llevado a cabo por parte de la población que en aquella época vivía en la región.

Sin embargo, las persecuciones por parte de los espías, la policía, la acordada, y los rurales del gobierno de Porfirio Díaz, daban a esta agreste tierra un toque fantasmal, de sangre y fuego, sobre muchos hombres y jóvenes que huyendo de la leva, o desertando del ejército regular, se adentraban a éstos lares en busca de escondite, el cual la mayoría de las veces en solitarios parajes, eran asesinados los “fugitivos”.

Una tardecita del año de 1909, hasta el rancho de la familia Espinoza, llamado San Juan de Dios, en la sierra de El Rosario, llegaron tres jóvenes hombres, quienes iban de transito por el camino real de la sierra, con rumbo al sur de la península; se habían adentrado a Baja California por las inmediaciones del rio colorado, siguiendo hacia el sur por el camino de los nativos Cucapah, subiendo las altas montañas, por el rancho de “El Parral”, en las estribaciones del desierto de San Felipe, llegando así al rancho de San Juan de Dios, donde solicitaron la hospitalidad de la familia Espinoza, encabezada entonces por José del Carmen Espinoza Salgado.

Al amanecer del día siguiente de su llegada, arribó al rancho un “piquete” de rurales, y otros tantos de la “Acordada”. Aquellos temibles y siniestros hombres tan pronto llegaron, llamaron a Espinoza para investigarlo sobre los fugitivos, ya que las huellas de las bestias de los fugitivos los habían conducido hasta aquel lugar. Lanzando preguntas en tono por demás hostil y grosero.

¿Conteste si en este lugar se guarecen tres enemigos del gobierno del señor general Porfirio Díaz?

Pues, mire señor, aquí se encuentran tres jóvenes que están de transito con rumbo al sur, llegaron ayer tarde.

¡Hágalos salir, y muéstrelos!, le gritó el sujeto que iba al mando.

Los desdichados aquellos, salieron al patio de la casa principal, despejándose de sus sombreros, a quienes casi sin verlos fueron lazados por aquellos chacales, e hincados en el patio, sin mediar más palabras que algunas altisonantes:

¡A ustedes los reclutó el ejército para servir a la patria, no para andar de “juida” como las gallinas, cobardes! Les gritó él manda más, que era un hombrecillo de pequeña estatura.

El más joven de aquellos tres capturados era un chico de unos dieciséis años de edad, fue el único que pudo articular palabra, ante semejante “juicio”:

¡Señor, nunca he sido soldado, ellos dos me traen secuestrado, para que les sirva de guía, no los conozco, por favor no me mate!: De nada valieron sus suplicas.

A los tres los amarraron montados en sus propios caballos, y luego obligaron a la familia a servirles desayuno. Habiendo los chacales saciado su hambre de comida, les faltaba saciar su hambre de sangre. Salieron del rancho llevándose a los “presos”, y a dos del rancho: Los hermanos Adalberto y José del Carmen Espinoza Peralta, entonces de 19, y 16 años de edad, para que sirvieran de guías.

Marcharon con rumbo al Arroyo Grande, cuando arribaron al lugar, ya como para las tres de la tarde, cerca de una mezcalera, bajaron a los presos, y con sendos tiros, sin mediar más palabras que algunas majaderías por parte de aquellos indeseables, fueron asesinados en presencia de los hermanos Espinoza Peralta.

Tan luego cayeron aquellos tres desafortunados hijos de la patria mexicana, la de Porfirio Díaz, ordenaron a los hermanos Espinoza que los quemaran, so pena de correr con la misma suerte, para lo cual apilaron gran cantidad de mezcales secos, encima de estos los cuerpos, y sobre ellos más mezcales, los que en gran fogata y después de horas convirtieron en cenizas los cuerpos de aquellos tres; como en cenizas poco tiempo después se convertiría el gobierno del infame Porfirio Díaz.

Cuando los cuerpos ardían se escuchó una balacera que provenía de los tiros que los que ardían traían en las bolsas de sus pantalones.

Cuando los meses pasaron, hicieron los rurales lo mismo con otros grupos a los que dieron alcance; a unos en “las cruces”, a otros en “la cañada de los abajeños”, a otros en el desierto. El camino real se convirtió en la tumba de tantos inocentes que su único delito era huir de la leva del tirano. Quedó aquel cumulo de tristes acontecimientos en pleno olvido, y cuando alguien pasa por esos aun recónditos lugares, sin saber la historia se preguntan el porqué de algunas crucecillas, sin tener la más mínima idea, de las vidas que por intereses políticos se cegaron. Son los vestigios que al pasar más de cien años de ocurridos aquellos hechos, se convierten en la herencia de la bota del gobierno de Díaz, en los tiempos previos a la revolución mexicana, en El Rosario, Baja California.

En el verano del año de 1969, mientras cabalgábamos por aquellos lugares en busca de ganado, Adalberto, quien entonces contaba con setenta y nueve años de edad, y yo con once, me relacionó los hechos que aquí he narrado.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA

SABADO 30 DE OCTUBRE DEL 2010.

Notas: Adalberto Espinoza Peralta, fue conocido como “Caracol Espinoza”, nació en el rancho de San Juan de Dios, en El Rosario, el día 30 de junio de 1890, falleció en El Rosario, en 1980, a los 90 años de edad, sepultado en El Rosario.

José del Carmen Espinoza Peralta fue conocido como: “Tambo Espinoza”, nació en el rancho San Juan de Dios, en 1893, falleció en Ensenada a fines de la década de los 1980, a 96 años de edad, sepultado en Ensenada.

sábado, 16 de octubre de 2010

WILLIAM JAMES COCHRAN FLORES:

PERSONAJE BAJACALIFORNIANO MEJOR CONOCIDO COMO: “WILLY COCHRAN”.

Hablar, o escribir acerca de la vida, y obra de “Willy Cochran”, es como recorrer palmo a palmo la basta geografía de la península de Baja California, y el territorio de Sonora; ya que fue en estos dos estados donde entregó de manera permanente su esfuerzo, su arrojo, y la pasión que solo hombres de la talla de él, suelen entregar, recibiendo a cambio una bastedad de amistades, y buenos deseos por los caminos y pueblos por donde sembró amplios afectos, y que a pesar de haber transcurrido ya treinta y cuatro años de su partida, no son pocas las personas que aun conservan la grata memoria, que a ésta tierra le dejó.

El próximo día 21 de octubre se cumplirá el 119 aniversario de su natalicio, el que ocurrió en el entonces pueblito de la Ensenada de Todos Santos, un día 21 de octubre del año de 1891; habiendo nacido en la casa particular de sus padres, que se ubicaba en la esquina de calle quinta y miramar, en la parte posterior donde ahora se encuentra una zapatería.

En sus primeros años en esta vida, allá en la última década del siglo XIX, pasaba buena parte del día atendiendo las caballerizas que se encontraban en la calle quinta y Gastelúm, distante a unos cien metros de su casa, y por las tardecitas después de alimentar a la caballada, recorría las orillas de la laguna que ahora conocemos como “El Bajío”, en pleno centro histórico de la ciudad.

Tuve la gran fortuna de vivir en su casa durante los últimos cuatro años de su vida, de 1970 a 1974, siendo en ese lapso en que de él recibí basta información de los días aquellos, de la Ensenada aquella.

En una ocasión en nuestras platicas del amanecer, me comentó:

“Mas temprano que ahorita, cuando ya había terminado mis obligaciones en mi casa, salía con rumbo a las caballerizas que estaban en la calle “cinco” y Gastelúm; y tan luego que arrimaba la pastura a las bestias, y llenaba el abrevadero, me iba a casa de Don Manuel Clemente Rojo, quien vivía en la avenida Ruiz entre las calles “tres y cuatro”, le ayudaba a meter agua y leña a su casa, pues en la noche se le terminaba la del día anterior; y luego me iba a traer unos litros de leche de un corralito que se encontraba donde ahora esta la iglesia de “La Sagrada Familia”, le dejaba de paso la leche a Don Manuel Clemente, y me apresuraba a llegar a la casa, pues ya para entonces mi madre tenía listo el desayuno, y luego a la escuela; eso fue antes de mil “nuevecientos”.

Cuando nos íbamos para la escuela, Henry y John, mis hermanos menores, y yo, antes de llegar, jugábamos a las escondidas; en una ocasión, John, que era el menor de los tres, se escondió tan bien que perdimos las clases por andarlo buscando, te imaginarás como nos fue con mi madre y mi abuela, que eran españolas crudas, y de fuertísimo carácter”; esto que te digo sucedió como en mil “nuevecientos” dos, pues como ya Don Manuel Clemente había fallecido, ya no lo apoyaba en los mandados, me sobraba tiempo entonces para jugar, aunque también ayudaba a otros viejitos”.

¿Quieres más café compañero?, me dijo, mientras él se servía de nuevo:

Si, gracias tío, yo me lo sirvo.

¡Noo, yo te lo sirvo, pues tardaré más en entregarte la jarra, que en servirte, y una tasa de café es muy poca cosa para pelearnos!

Yo escuchaba sus pláticas con suma atención, aunque nuestras edades eran bastante distintas, pues como él me decía:

¡Tú naciste apenas ayer tarde!

Mientras que él contaba en 1970, con 79 años de edad, yo contaba con 12, así que, qué le podía platicar yo en ese entonces a una persona de semejante experiencia.

Una tarde del año de 1972, se encontraba en su acostumbrada lectura diaria, ya que era asiduo a la lectura, me acerqué a él ofreciéndole un refresco, y aunque lo aceptó no lo tomó, pues no le gustaban las bebidas frías, al mismo tiempo me dijo:

¡A las cuatro en punto de la tarde, como siempre tomaremos café, allá en la cocina te espero para platicar de los viejos tiempos!

Cuando estábamos en la hora del café, me platicó de algunas de las “travesías” por las que la vida lo llevó. En la ocasión a la que aquí me refiero, me dijo:

“Fíjate compañero, en mil “nuevecientos” once, el año en que murió Claudio Sarabia Espinoza, en el rancho “El Salitral”, en San Vicente, las cosas se habían puesto bastante difícil aquí, llegaban hombres como haciendo rondines, como espiando, y nosotros que éramos entonces jóvenes de unos veinte años de edad, siempre andábamos hasta muy tarde en las noches, mientras los viejos dormían; fue así como nos pudimos dar cuenta de avanzadas que llegaban al pueblo de Ensenada, y a los ranchos, y de repente aparecían colgados algunos, que porque eran “alzados”, eran algunos de las mismas gentes de aquí, y nosotros no sabíamos que eran alzados. Para nosotros eran mas bien gentes que Porfirio Díaz, como en mil nuevecientos siete y ocho, había mandado de espías, y con su salida, empezaron a aparecer muchos de aquellos hombres colgados. Eran hombres que no trabajaban, y siempre tenían de qué vivir, y cómo no iban a tener, si eran del gobierno, pero ellos creían que nosotros no sabíamos, pero todos lo sabíamos, ellos nos espiaban a nosotros, sin imaginarse que en cada ventana había ojos que vigilaban sus movimientos. Cuando la muerte de Claudio, fue un pesar muy grande en su familia, y en todos los que fuimos sus amigos”

En otro de los cafés de la mañana, me comentó:

“En una de tantas ocasiones en que fuimos con mi papá para San Quintín, cuando se encontraba construyendo el muelle, y las vías del ferrocarril, en la compañía Inglesa, íbamos en un foringo como del año del nueve, y como había llovido mucho, en todos los arroyos nos jalaban con carretas de caballos, mediante un pago que hacíamos; esas carretas siempre las había en cada margen de los arroyos, así que llevábamos mas dinero para hacer esos pagos, que lo que costaba el resto de viaje. En una ocasión le pagamos en la colonia Vicente Guerrero al rosareño Salvador “Cuatito Duarte Valladolid”, con unos “Bilimviques”, que eran unos billetes que ni sé como llegaron a nuestras manos, pero eran billetes como los “pancholares”, que era el dinero que en los tiempos de la revolución Pancho Villa emitió. Cuando regresábamos a la Ensenada, nos estaba esperando “El Cuatito” con nuestros bilimviques, que le cambiamos por unos reales, eso fue como el catorce, porque todavía no llegaba Esteban Cantú aquí”

Hablar de Willy Cochran, es entrar en los campos de la geología, de la construcción pesada, de la minería, de metalurgia, de meteorología, de historia, de geografía, pues fue experto tanto en construcción marítima, y costera, como de la superficie terrestre, y bajo tierra; trabajó tanto en construir puentes, muelles, minas, canales de riego, presas de almacenaje, de derivación, túneles, grandes chimeneas, tiros de minas a grandes profundidades, en desvió de ríos, en caminos, y vías férreas, en calderas. Sería difícil señalar la bastedad de los campos que en su productiva vida realizó. Y como lo he dicho, de todos esos campos fueron nuestras diarias pláticas en aquellos cuatro años.

Willy Cochran estudió geología en Sacramento, California, viviendo en casa de su abuela paterna, quien siendo nieto de irlandeses, por parte de padre, y de españoles por parte de madre, dominaba por completo tanto el idioma inglés, como el español.

Durante las vacaciones de sus estudios viajaba al sitio donde su padre trabajaba, en la construcción pesada o en minas, y así, se adentró en la construcción de todo tipo. Era hombre de trabajo a carta cabal, conocía tanto en ese terreno, que la mayor parte de su vida la pasó, ya con unos planos en las manos, con un manual, con una herramienta, o con algún equipo.

Era ademas excelente cocinero, hombre de agradable estampa, recio cuando debía serlo, y noble la mayor parte del tiempo. Era amigo sin recovecos.

En su larga carrera de constructor y minero, trabajó oro, granate, molibdeno, tungsteno, azufre, cobre, barita, hematita, mármol, yeso, cemento, y tantos más.

Algunas de las minas en que trabajó se llamaron: Valle Perdido, La Sulfurosa, Rosa de Castilla, Julio Cesar, Santa Ursula, El Mármol, El Sauzalito, Calmalli, El Arco, Las animas, La Amargosa, y muchas mas.

En los muelles, construyó el de Isla de Cedros, el original de Ensenada, el de Santa Catarina, numerosos espigones, obras de protección y abrigo costero.

En Mexicali, trabajó en contratos para la construcción de canales de riego, cuyos trabajos los realizaron con caballos a falta de tractores. Tenía campamentos en “La Hechicera”, y en “Paredones”.

Prospectó innumerables zona de oro, era gambusino, lavaba tierras en busca de oro, y lo hacia sobre la batea también a pulmón, cuando de agua no se disponía, técnica que había aprendido de los gambusinos sonorenses.

En los ranchos de la península, juntaban rocas para que cuando Willy pasara las analizara, y poder determinar se eran de ley o no. Nadie como mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta juntaba tantas rocas; las apilaba en el traspatio, y cuando Willy llegaba se bajaba del jeep con su piqueta de geólogo, para analizar el cerro de rocas que lo esperaban, mientras mi abuelo con toda calma escuchaba el veredicto de aquel sinnúmero de resultados, y que al fin, la mayor parte de las rocas terminaban en los cimientos de algunas de las construcciones de mi abuelo.

Apoyó a muchos rancheros en los denuncios de sitios mineros, o bien les daba trabajo, con la condición que a sus menores hijos, los que buscaban trabajo los enviaran a la escuela, en caso contrario no aceptaba a ningún trabajador que llevara a sus pequeños hijos a trabajar.

Willy Cochran a lo largo de su productiva y exitosa vida, pasó casi la totalidad de su existencia trabajando, la pasó casi por completo en el campo, en los valles, montañas, mares, bajo la tierra, o en sala de juntas con los inversionistas mineros, o de construcción pesada.

A fines del mes de agosto de 1972, viajaban de regreso desde La Paz, Baja California Sur con rumbo a Ensenada, venían los dos hermanos Willy y Henry, cuando pasaron por El Rosario, me llevaron con ellos ya que debía entrar a tercer año de secundaria, además vivía en su casa en Ensenada. Me dio la vida la oportunidad en aquella ocasión de viajar durante ocho horas que hicimos de un lugar al otro, y como no existía la carretera transpeninsular, sino desde arroyo seca hacia el norte, el viajar entonces, era lento.

Durante el trayecto platicaron de infinidad de temas, mientras que yo en medio de ciento setenta años, y doscientos kilos de viejos, como ellos decían, viajé bien flanqueado por aquellos dos personajes.

¿Te acuerdas Henry del viejo Brown, como se enojaba porque en vez de mister Brown, le decíamos señor Moreno?

Si Willy, se molestaba mucho porque le hablábamos en español, nos reclamaba porque nosotros somos blancos, y debíamos olvidar el español, y entonces nosotros le contestábamos:

¡Si, señor Moreno, como usted diga!

¡Y como no molestarnos, si nos decía “Ingleses”, nunca lo pudimos hacer entender que somos mexicanos, irlandeses, y españoles; pero como él no quería a ninguna de esas tres razas, se enojaba en serio, mientras que nosotros solo “chalaneábamos” con él!

¿No es lo mismo ingleses que Irlandeses?, les pregunté.

¡OH no, de ninguna manera!, contestó el tío Henry, quien venía al volante; los ingleses son finitos y perfumados, muy estirados, son protestantes; mientras que los Irlandeses somos rudos, montañeses, broncos, tozudos, católicos, y no andamos con medias tasas, ni con medias tintas.

Por siglos los ingleses han guerreado con los irlandeses para someterlos, pero nunca se han dejado, aunque a fuerzas pertenecen al Reino Unido, no por gusto. Nuestro abuelo mejor se vino a America, para evitar una matanza con la familia, por eso nuestro padre nació en Maryland, en Estados Unidos, y en nada le gustaba que lo llamaran inglés.

¡Y no solo eso!, agregó el tío Willy; los anglosajones sometieron además a los escoceses, pero cada raza, tenían sus propias islas: Los sajones, los escotos, los britanos, y los irlandeses; y que ahora a todos en conjunto se les denomina Gran Bretaña, o Reino Unido; pero eso es solo en política, pues en nuestras costumbres estamos tan separados como hace varios siglos.

Durante todo el viaje en ocasiones solo hablaban en inglés, o entremezclado con el español, y que lo hacían, según dijeron, para que yo aprendiera el inglés.

¡Para que se te eduque el oído!, decían.

Cuando al fin llegamos a Ensenada, fuimos a dejar al tío Henry a su casa, y en la despedida se dijeron:

¡Como ya estamos muy viejos, “puede ser” que sea este el último viaje que realicemos juntos en la vida!

Nos vemos hermano

Si, nos vemos hermano

Nos vemos secretario, hasta luego, y sigue así, hasta que te salgas con la tuya, ven de cuando en cuando a visitar a este viejo amigo que tienes, me dijo el tío Henry.

Si, gracias, volveré, vendré a visitarlo.

¿Por qué creen que ya no van a salir juntos?, le pregunté al tío Willy, cuando íbamos solos para la casa.

No lo creemos, es una realidad, decimos “puede ser” que sea el ultimo viaje, la verdad es que solos nos engañamos, me dijo. Nos dimos la oportunidad de este viaje que duró dos meses, y como sabemos que las fuerzas que nos quedan son pocas, y los días que nos restan están contados, por eso nos despedimos así, es solo cuestión de tiempo: ¡Ya lo verás!

¿Pero ya no se van a volver a ver, ni aquí en la ciudad?: Insistí.

Eso si, pero viajes largos conviviendo como antes, ya no, sabiamente contestó.

Y así fue, aquel fue el último de infinidad de travesías que recorrieron juntos aquellos dos sapientísimos hombres, aquellos dos grandes seres humanos, y amigos, y que tuve la fortuna de compartirlo con ellos. Sería por cuestión del destino, meramente circunstancial, o por lo que haya sido, para mi fue una experiencia única, e inolvidable, pues expertos en la vida como eran, se encargaron de dejar semillas, que con el tiempo germinarían; que si las pudieran ver, deseo no defraudarlos.

El tío Willy, asiduo como era a la lectura, lo vi leer su ultimo libro, que fue: “Memorias de Pancho Villa” de Martín Luis Guzmán.

Su casa en la calle nueve de Ensenada, la había comprado a un general en 1939, año en que traslado a su familia de la mina de El Mármol, a este lugar. La casa de madera estilo victoriano ingles, había sido construida, según los relatos del tío Willy, en 1906, sin embargo originalmente se construyó en San Diego, en 1886, lugar de donde se desarmó, y ensambló de nuevo en 1906, en el lugar donde actualmente se encuentra; siendo a la fecha ya, un monumento histórico, al pasar los cien años de edad.

Al tío Henry lo visité por última vez en su casa cuando tenía ochenta y ocho años de edad, y mientras tomábamos un café y platicábamos, me dijo:

¡Por esto no quería llegar a los noventa años, la tembladera no me deja tomar el café!

¡Y ponle azúcar al tuyo, porque así de amargo ninguna chica te va a querer!, decía mientras hizo todo tipo de esfuerzos para tomar su café sin lograrlo, hasta que llegó su hija Elena, y se lo dio.

¡Esto si que son fregaderas, ni para tomar café sirvo ya!

Al tío John, lo fui a conocer, en 1980, al pueblo de Los Algodones, Baja California, lugar ubicado en la parte mas norteña de México, en Mexicali, sitio donde confluyen los estados de Baja California, California, y Arizona, en las inmediaciones del río colorado; en este lugar es donde vivía a lado de su esposa Arcadia; siendo un personaje en cuerpo y alma, casi idéntico que sus dos hermanos mayores que él, con la salvedad que en su apariencia física usaba una larga barba blanca.

Podría desde luego, seguir escribiendo tanto sobre las memorias del tío Willy, pero ciertamente no hace falta, con estos breves relatos se podrá el amable lector dar una idea de la persona que fue, y con quien tuve el inmenso honor de compartir todas las mañanas y tardes, de sus últimos cuatro años de su vida, que para mi formación significaron no pasos, sino grandes saltos dentro del conocimiento, de las buenas costumbres, y de la tenacidad que solo aquellos seres, que son como árboles que esparcen su sombra a todos por igual, y que en lo personal, no me queda ninguna duda, que sigo bajo aquella su protección.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO

A 15 DE OCTUBRE DEL 2010.

NOTAS RELEVANTES:

William James Cochran Flores, nació en la Ensenada de todos Santos, el 21 de octubre de 1891, cuando ese lugar era apenas un puñado de casas, y grandes espacios abiertos.

Fue hijo de William James Cochran, y de Librada Flores Fernández, él, hijo de irlandeses, radicados en Maryland, Baltimore, y en Sacramento, California, Estados Unidos de Norteamérica; y ella, hija de españoles radicados en Loreto, Baja California Sur, Guaymas, Sonora, San Vicente Ferrer, y Ensenada, Baja California.

Sus hermanos fueron: Alicia Florencia, nacida en 1889, Fallecida niña; Henry, nacido en 1893; John, nacido en 1895; Mary, nacida en 1897, y George nacido en 1900, todos de Ensenada.

Willy fue casado con la rosareña, nacida en la mina de El Mármol: Natividad García Marrón: (25 de diciembre de 1908, 09 de septiembre de 1985).

Los hijos de Willy y Naty fueron: Guillermo Santiago, falleció a los ocho años de edad a causa de meningitis; Elena Esther, Olga, Eduardo, Jorge, Juan, Guillermo Santiago, Olivia Alicia, y Carlos David. Nacieron todos ellos ya en la mina de El Mármol, El Rosario, y Ensenada.

Varios de los manuales de construcción pesada que pertenecieron al padre del tío Willy, y a él mismo, me los obsequió poco antes de fallecer, los cuales conservo de manera muy especial, y mucho me han servido en mi formación de ingeniero, los que dejaré antes de partir en las mejores manos que logre encontrar, esperando que sean conservados por largo tiempo.

La esposa de Henry, fue la señora Domitila Meléndrez, de la misma familia de Antonio María Meléndrez Ceseña nuestro héroe peninsular, originarios de La Grulla, Baja California.

La esposa de John, fue la señora Arcadia “N”, con quien procreó basta familia en Los Algodones, lugar donde vivieron por décadas, y donde habitan en la actualidad infinidad de sus descendientes, siendo también el lugar donde la madre tierra los recibió.

Mary fue casada con Bill Cipola, vivió la mayor parte de su vida en Los Ángeles, California, Estados Unidos de Norteamérica, lugar donde se encuentran sus descendientes.

George nunca se casó, vivió desde su juventud en Estados Unidos, lugar donde murió, hace unos veinticinco años.

Henry falleció hacia 1983, en Ensenada, lugar donde descansa.

William James Cochran, padre, falleció en 1925, había nacido hacia el año de 1860, en Maryland, Baltimore.

Librada Flores Fernández, falleció en Ensenada, en casa de su hijo Willy, en la calle nueve entre Miramar y Gastelúm, donde había vivido y sido atendida por su nuera Naty durante 17 años y 17 meses, como Naty decía, en referencia a que su suegra Librada, los primeros 17 años que la cuidó, era autosuficiente, y los últimos 17 meses no. Falleció en 1957, había nacido en Loreto, Baja California Sur, en 1862.

En la actualidad de los hijos de Willy y Naty, solo Elena Esther, Olga, y Guillermo Santiago sobreviven, así como en gran número nietos, y bisnietos.

William James Cochran Flores, “Willy Cochran”, nació el 21 de octubre de 1891, en Ensenada, y falleció el 22 de junio de 1974, en el hospital Mercy de San Diego, California.

Willy nunca se retiró, fue a causa del trabajo que perdió la vida, ya que en mayo de 1974, en el desierto central de Baja California, en las montañas de las inmediaciones de la laguna seca Chapala, mientras prospectaba un filón de metal, y a causa del intenso calor, afectó su sistema circulatorio, lo que unas semanas después desencadenó en su fallecimiento. Descansa en Ensenada, al igual que su esposa Naty.

Los amigos entrañables de Willy fueron: Percy Hussong, Aristeo Poblano, Don David Goldbaun, Arturo Grosso Peña, de Chapala, Antero Díaz de bahía de Los Ángeles, mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, Francisco Núñez Cota, los hermanos Heraclio, Claudio, y Faraón Sarabia Espinoza, mi bisabuelo Santiago Espinoza peralta, Alfredo Cubillas Spencer, el Ingeniero Rimoldi, Roy Stepson, Reyes Quiñónez Castellanos, Don Félix Cota, y Ernesto “Monayo” Fernández, de San Vicente Ferrer, que era su primo, sin olvidar a jefes de la comunidades de los PAI PAI, de los Kiliwas, los Kumiai, y los Cucapah, con quienes intercambiaba regalos.

A lo largo de su vida Willy poseyó infinidad de equipos de trabajo, entre los que destacaban vehículos Ford modelo “A”, y modelo “T”, doble tracción cuando los hubo, entre estos un troque de plataforma que se popularizó por el nombre con el que Willy lo bautizó: “El seis ruedas”; y es que a los troques los rancheros les quitaban las dos llantas traseras de afuera, sin embargo Willy no, así que en los angostos y hondos caminos, “El seis ruedas”, viajaba por arriba del bordo, de tal manera que todo mundo sabia que por ahí había pasado Willy Cochran”.

Su primer vehiculo fue un Ford de 1904, y el ultimo fue un jeep modelo CJ2A, Willis Overland 1947, que compró en Estados Unidos en 600 dólares de contado, y era ultimo modelo, el cual conservó durante 25 años, hasta 1972, año en que se lo obsequió a su nieto Jorge Badillo Cochran.

En una ocasión en uno de sus viajes, se le desvíelo el jeep, así que en pleno monte armó su “taller”, sacó el motor, le quito el pistón y la biela dañada, canceló con madera y lodo el cilindro, lo volvió a armar, y viajó hasta Ensenada en tres pistones.

En Otro de sus viajes, se le quebró de tajo el mazo de las muelles del frente del jeep, lo levantó, y en su lugar colocó el tronco de un datilillo, también conocido como yuca, planta del desierto parecida a una palma silvestre; y con esta reparación, viajó a lo largo de unos cuatrocientos kilómetros, sin ningún contratiempo.

En el banco de cemento natural de San Vicente Ferrer, mientras inspeccionaba la zona a bordo del jeep, este dio de vueltas colina abajo, hasta detenerse al pie de aquel cerro, y como aun estaba andando el motor, y había quedado con sus cuatro llantas en tierra firme, metió cambio y la doble, subiendo el cerro de regreso.

Acostumbraba Willy llevar consigo grandes cantidades de dulces, canicas, trompos, y muñecas en sus viajes por el desierto central, por el solo gusto de obsequiárselos a los niños en los ranchos. Mientras que a los niños les regalaba dulces duros, a las niñas les obsequiaba dulces blandos. Lo alentaba en mucho escuchar el crujir de los dulces duros, bajos los dientes de los chicos, y verlos con las bolsas llenas de canicas, y los pantalones rotos de las rodillas a causa del juego.

Natividad García Marrón, fue la hermana mayor de mi abuela paterna María Visitación, siendo esta la razón por la que ellas hablaron para que yo viviera en casa de Naty y Willy en Ensenada, mientras cursara mis estudios de secundaria y preparatoria, como así fue.

En 1973, un grupo de preparatorianos, dentro de los que me encontraba, formamos un club de “jeeperos”, contábamos con quince pedazos de jeeps; desde luego que fue por la influencia del tío Willy, y de su compadre y amigo Francisco Núñez Cota: Entre los “jeeperos” llamábamos afectuosamente al hito Willy: “Don Jeepo”, y a Francisco Núñez Cota: “Panchito”, o “Chatito”.

A raíz de aquel viaje, y de aquellas platicas con el tío Willy y el tío Henry, en 1972, de El Rosario a Ensenada, surgió mi interés, contando con catorce años de edad, en visitar a José del Carmen Loya Espinoza: “Nico Loya”, quien entonces era de ochenta años de edad, e iniciar con los apuntes que a la postre se convirtieron en 1992, en mi primer libro, llamado “LOS ROSAREÑOS”.