"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

jueves, 7 de octubre de 2010

EL CARDON, EL CANTIL, Y EL CIRIO:

EL CARDON: EL CACTUS MÁS GRANDE DEL PLANETA.

EL CANTIL: FORMACION GEOLOGICA EN EL ROSARIO

EL CIRIO: CARACTERISTICA PLANTA DEL DESIERTO CENTRAL DE BAJA CALIFORNIA.

En aquellos años de mi niñez en El Rosario, pasaba buena parte del año en un ranchito que mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta poseía, y lo había llamado “El Porvenir”, también conocido como “El Cardonal”.

Desde el año de 1964, año en que se abrió aquel lugar al pastoreo de ganado, mi encargo era cuidar que no “agarraran monte” mientras pastaban los becerros, y las vacas, que estaban bajo mi cuidado. Tenía entonces unos seis o siete años de edad, y como duraba todo el día en el cardonal cuidando aquellos animales, lo hacia siempre desde cierta altura de la montaña, protegido bajo la sombra de algún cardón.

A éstas enormes plantas del desierto, los cardones, en la mente de aquel niño que era entonces, los consideraba mis amigos, y hasta platicaba en silencio con ellos, en ocasiones les encargaba a los becerros mas inquietos, y andariegos.

Con el inexorable paso del tiempo, y mis largas ausencias debido a mis estudios, me separó de los cardones de mi tierra, que, la primer ausencia, en 1969, me llevó a la querida Sonora, la tierra de los “sahuaros”, para concluir allá la primaria; después a Ensenada, para estudiar secundaria, y preparatoria. Posteriormente a Mexicali, para llevar a cabo parte de mis estudios universitarios.

Pasaron muchos y largos años, durante los cuales, ninguna de aquellas vivencias se apartaron de mis recuerdos. Ni mis pláticas en silencio con los cardones, su aroma, su fruto tan característico y único. Recordaba el profundo silencio, el gran espacio abierto, el hermoso paisaje, el aire lento que peinaba las espinas en lo alto de las plantas; el canto melodioso del cenzontle, el de los pájaros llaneros, el nervioso correr y volar de las codornices, y el triste cantar de las palomas; y como olvidar el mugir de las vacas llamando a sus becerros, o el relincho del caballo prieto azabache, y el rebuznillo del burro recién nacido, que retumbaba de manera aguda en el silencio del bosque de los cardones, o de vez en cuando la interrupción abrupta por el estruendo de algún disparo de carabina 30-30, con el que se intentaba espantar a los cuervos que posados sobre el “espantapájaros” se saboreaban los granos de elote que hurtaban del “maizalito” que poseíamos en El Cardonal.

El escándalo de la parvada de pájaros chanates que se posaban sobre el lomo del ganado mientras “sesteaba”, para espulgarlos, comiendo los parásitos que el ganado en su lomo llevaba.

El estruendo del pájaro carpintero, que despreocupado por su ruidoso actuar, perforaba los troncos secos en busca de polillas.

Aquel escenario, aquel concierto de la naturaleza, el esplendor y la armonía silvestre, daban una calma y tranquilidad distinta a mi ser; sabiendo que nosotros, el ganado, los pinos, los pirules, la casa, el pozo del agua, el corral, el maizalito, el “espantapájaros”, las aves de corral, y el abrevadero, éramos allí los “exóticos”, éramos los ajenos, los intrusos, pues siempre decíamos: Nuestro ganado, “nuestro rancho”, siendo que aquel paraíso silvestre se encontraba en ese lugar, desde cientos de milenios antes de nuestro arribo .

En los entrecruces de los brazos de los cardones, en ocasiones las abejas forman sus colmenas. Desde lo más alto, fuerte se escucha el desesperado pillar de los aguiluchos solicitando la comida a sus padres, mientras que éstos en su vuelo se dejan llevar por las cálidas corrientes de aire en busca del sustento del molesto “bebe”. La presa, ya fuera pájaro, codorniz, paloma, serpiente, ratón canguro, lagartija, o cualquier roedor disponible y que desprevenido con la llegada del altivo y agilísimo predador aéreo, sucumbía el desdichado, lanzando su último “grito desesperado” bajo el certero apretón de afiladas garras, para alimentar al hambriento polluelo, que mas bien se asemeja a un costal sin fondo por las grandes cantidades de alimento que consume.

Todo tiene un origen, todas las cosas se dan por algo, de aquellos recuerdos, y por su larga vida de los cardones, y la muy corta existencia de nosotros los humanos, surgió en letras el arreglo que a continuación se encuentra, y que en mi mente ha existido, palabras más, palabras menos, desde aquellos tiempos.

“EL CARDON”

“No hace mucho que fui a mi tierra, saludé a mi viejo amigo el cardón,

Mientras lo saludaba, me preguntó: ¿Qué tal te va?,

Tiempito hace que no nos vemos, te he echado tanto de menos;

Muy contento le contesté:

Amigo cardón, ha pasado mucho tiempo sin vernos;

¡Hace más de cuarenta años, que nos vimos la última vez!

Si, estoy enterado que vas y vuelves, yo de aquí,

De aquí nunca me muevo, y si supieras, cuantas,

Cuantas nubes veo cruzar, cuantos aires veo pasar;

Cuarenta años es un breve tiempo, me dijo mi amigo el cardón;

Aquí llevo más de doscientos años, a veces me siento algo tristón.

Bien que recuerdo a los tuyos, generación tras generación,

Pues ustedes los humanos, que pronto se esfuman, cual leve brisa,

Cual leve brisa, expuesta al ardiente sol,

Creyendo que viven mucho, los humanos, con los cardones,

No tienen comparación.

Y tampoco longevo me creas, me dijo mi amigo el cardón,

Mi vecina la roca, tiene milenios a discreción,

A nosotros los cardones, las rocas, nos ven pasar, de generación en generación.

¡Si te dijera que la roca, poco ha existido!, asombrado decía mi amigo el cardon,

Pues su madre, la alta montaña, tienen millones de años, con nada tiene comparación,

La alta montaña recuerda, a tantos seres que pasaron a la extinción,

Podrás comparar, decía mi amigo el cardon, si cuarenta años son muchos;

Así sean cien años los que viva un humano, son un breve suspiro,

Son un breve suspiro, en este valle de la ilusión”.

EL CANTIL:

Y luego que viajábamos hacia “El Cardonal”, o hacia El Rosario, distantes entre si apenas unos veinte kilómetros; pasábamos frente a “El Cantil”, sitio geográfico que se encuentra frente a la cañada de “La india Flaca”, conocida también como “Cañada del Aguajito”. El tal cantil es una formación a plomo en una de las estribaciones de la sierra norte del poblado, y que al encontrarse con el cauce del arroyo de El Rosario, cae en precipicio, razón por la que es llamado también “Espejo”, y que además se conoce a este tipo de formaciones como: “Cascada de tierra”.

En la parte alta del “El cantil” se encuentran dos cardones, que de niño llamaron mi atención. Aquellos cardones aunque a la distancia se aprecian un tanto pequeños, no lo son; y me preguntaba la razón por la cual aquellos habían nacido en la cima. Tan luego como le pregunté a mi abuelo, me comentó que eran los murciélagos, o cualquier pájaro, que al comer la fruta del cardón, y al volar hasta allá, los habían “sembrado”, después de hacerles la digestión.

¿Y cuando fue eso abuelo?

¡OH, para cuando yo nací en 1912, ya esos cardones eran adultos!, contestó mi abuelo.

Como siempre los chicos viajábamos en la parte trasera de las unidades, a caballo, o a pie, mientras lo hacíamos frente a “El Cantil”, me preguntaba: ¿Cuántos años tendría ese bonito corte en la montaña?

Igual me preguntaba en silencio:

¿Cuántas veces habría corrido el arroyo al pie del cantil, y por qué no se lo había llevado?

¿Cuántas personas lo habrán visto?: Así de curiosa puede llegar a ser la mente de un niño.

Por esas razones he querido dejar aquellas pequeñas vivencias en el siguiente arreglo, dedicado a esa hermosa formación de la naturaleza:

“CANTIL”

“De acantilado surgiste, por eso cantil te llaman,

Vetusto con millones de años eres;

Otros te llaman espejo, espejo milenario que existes al pie de la sierra;

También te llaman cascada de tierra.

Acaso eres espejo, donde los dinosaurios se vieron,

A cuantos viste llorar, a cuantos viste reír;

Los dinosaurios que en ti se reflejaron, cuando por tu frente pasaron;

Te pregunto cantil, ¿eran vanidosos?, o ni siquiera te miraron.

¿O para cuando tú llegaste, ellos ya se habían marchado?

Antiquísimo cantil, cuantas veces por tu pie,

Las broncas aguas del desierto, ¿haz visto pasar?

Son quizás millones las ocasiones que las broncas aguas,

Te han querido tumbar, te han querido al mar arrastrar.

Bello, e imponente cantil,

¿Conociste a la india flaca?

¿Qué te venía a decir?, ¿Qué te quiso enseñar?

Que eres único, altivo, y de mi pueblo señal.

¿Qué te decían los vaqueros?

¿Qué te dicen los científicos?

Que solo tú eres eterno guía, de sus ganados, y de sus vidas;

Que como tú, no existe otro igual;

Que tal vez en la Antártida,

A uno de tus gemelos se podrán encontrar”.

CIRIO, CONOCIDO POR LOS COCHIMI COMO: “MILAPA”.

No menos importante e imponente resulta ser en mi tierra “El Cirio”, planta de hermoso y espinoso follaje cuando llueve, y magro con la escasez del agua, que igual sirve de hogar a las colmenas, que a los nidos donde se empollan los gavilanes, y algunas “aguilillas”, búhos, “lechuzas”, y nido de las bravísimas avispas.

“Mi amistad” con aquellos cirios que cohabitan entre o en las cercanías de los cardones, garambullos, pitahaya agria, chamizos, “chollas saltadoras”, de “hachón”, biznagas, gobernadora o hediondilla, y nopal silvestre, era tan cercana como la que co n los cardones llevaba.

El cirio, una de las plantas mas hermosas y altas, poco mas baja que el cardón, florea en pequeñas florecillas, muy llamativas, las cuales son visitadas por “El colibrí”, y las abejas, animales que las polinizan.

Entre los cirios y cardones de repente interrumpe la quietud el inesperado salto-vuelo del “correcaminos”, o “churea”, que gusta descansar sobre ellos de cuando en cuando, adornando el paisaje mientras como fantasma surca el espacio, como también lo adorna el aullido del coyote, que por frío o por hambre en las madrugadas lanza al aire; el astuto coyote, en otros Lares es conocido como “lobo de la pradera”. En ocasiones el coyote toma algún cirio muerto como su madriguera, sabiendo que hasta allá llegará el alimento en patas de roedor.

El gato montés, y la serpiente, toman al cirio muerto como su lugar de caza, ya que su instinto los lleva allí en busca de roedores que anidan en la “estopa” al interior del cirio, que dejando de serlo se convierte en un nicho ecológico, ya que después de morir perdura hueco por largos años.

Cuando el calor aumenta en su intensidad, el ganado por naturaleza “sestea” a la sombra de sirios y de cardones. En aquellos años por las tardecitas, cuando el sol bajaba, los arreaba a beber en “las tinajas”, siempre llenas con fresca y abundante agua de lluvia, la que se encontraba solo en ese lugar, en ese oasis que se formó por el escurrir del agua, labrando la roca basáltica, en la roca madre, y que al paso de millones de años la blanda agua labró los huecos en la dura roca; y que llenos de la vida que el agua da, el ganado y todos los animales silvestres de la comarca de día, y de noche sacian su sed. En esas tinajas me lanzaba mis buenos clavados, mucho antes de saber siquiera que las piscinas existían.

¡Cómo no querer entrañablemente a mi tierra!

ARTÍCULO ESCRITO POR:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO

SABADO 02 DE OCTUBRE DEL 2010.

NOTAS RELEVANTES:

Sobre el cardon:

Es imperdonable que alguien tale, mutile, o agrede a un cardón, al igual que a cualquier planta o animal de nuestra tierra; como ha sucedido en infinidad de ocasiones. Cientos de cardones han sido talados o mutilados en el pasado; dizque para abrir tierras de cultivo. Espero y deseo que esa ignorancia haya sido enterrada con los que así lo hicieron, y que los actuales y futuros habitantes del desierto, y cualquiera que por aquí pase, les brinde el respeto, y la admiración que estos organismos merecen, y que en mucho nos engrandecen, sin pedir nada mas que consideración a cambio. Antes nada pudimos hacer ante tal agravio, sin embargo ahora, mucho cuidado…Mi abuelo al abrir el rancho, y mientras permaneció allí, no derribo ninguna de estas inmensas plantas.

El nombre científico del Cardón es: (Pachycereus Pringlei)

El nombre científico del Sahuaro es: (Carnegiea Gigantea)

Al bosque de cardón se le denomina “Cardonal”. En la península de Baja California, florea en primavera, impregnando grandes extensiones con su agradable aroma, que atrae de noche a los murciélagos, y de día a las abejas.

El cardón en pariente cercano del “Sahuaro”, que abunda en el también estado mexicano de Sonora, aunque este es de menor tamaño, es igual de sobresaliente, como lo es el cardón.

La parte mas alta de los cardones costeros, es el sitio preferido del águila para devorar los pescados, que veloz y raudas pesca en el océano pacifico, y en el golfo de California; mientras que los cardones son utilizados también por las águilas de tierra adentro para los mismos fines, solo que acá sus presas no son peces.

Un cardón adulto en sus primeros doscientos años ha crecido unos veinte metros, y un poco menos el Sahuaro.

Los cardonales, distribuidos desde la región de San Felipe del lado del golfo de California, en el municipio de Mexicali, en cuya región existe un “cardonal”, que le llaman “Valle de los gigantes”, de donde se sacó un ejemplar adulto, y fue enviado por México en donación a España, para adornar la Feria mundial de Sevilla, en 1992, donde aun sobrevive el ejemplar, quizás el único, sin lugar a dudas, en todo el continente euroasiático.

Se interrumpe su distribución hacia la costa del pacifico, apareciendo de nuevo en El Rosario, donde se encuentra nuestro “cardonal”, del que se trata este trabajo. Su permanencia desde El Rosario hacia el Sur peninsular es casi constante, solo con interrupciones de ciertos espacios.

En Sonora y en Arizona existen bosques de Sahuaro, siendo sus flores polinizadas por murciélagos y por abejas, al igual que sucede con el cardón.

Los Sonorenses “cosechan” la fruta del Sahuaro, utilizando largas varas con las que bajan la fruta, que es de exquisito sabor. A este instrumento le llaman “Sahuarero”; parecido al nombre del pueblo de “Sahuaripa”.

Existen en algunas de las islas del Golfo de California, también en México, una variedad de cardón, o tal vez sea saguaro, muy pequeño, en la edad adulta es casi de la altura de un ser humano, se debe esto a la profunda escasez de agua.

Según algunos botánicos, por cada cinco o seis millones de semillas de cardon, sólo una llega a la edad adulta.

Los misioneros y los rancheros, utilizaron la madera del cardon como vigas en las cubiertas de las casas. La madera del cardon en conocida como “Lata”, se asemeja a una larga costilla, que en conjunto forman un “costillar” redondo, partiendo desde la base hasta la parte mas alta del tronco, y sus ramificaciones; su longitud es de hasta veinte metros, sin embargo se puede aprovechar en longitudes de unos tres metros sin problemas de fatiga estructural por las cargas de los techos de palma, o de tule, o cualquier otro ramaje.

El uso de esta madera para la fabricación de “muebles de cardon” por los rancheros fue muy socorrido, al igual que su utilización en leña.

La mayoría de las “cunas de latas” de los niños nacidos durante todo el siglo XIX, y mitad del XX, en Baja California se utilizaron las “latas” del cardon, al menos en los ranchos, al igual que como armazón de camas de “lías”; la armazón de la cama se hacia con latas”, en cuyo marco se clavaban “lías de cuero crudo de res”, estas tiras se colocaban entrecruzadas formando la base, o bajo colchón.

Fueron utilizadas las “latas” para complementar las mortajas en las tumbas durante todo el siglo XIX.

Se elaboraban por la rancherada cajones con “latas” para las mercancías, mejor conocidas como “alforjas de cardon”, que se usaban para transportar materiales pétreos, como arena, tierra, grava, y rocas, a lomo de bestias, ataviadas con “fuste”, y un cajón de “lata” por cada lado del animal.

El cardón al igual que el Sahuaro, en épocas de lluvias absorbe grandes cantidades de agua, volviéndose toscos, densos y muy pesados, lo que causa inestabilidad por la sobrecarga sobre sus raíces, y su poca adherencia al suelo lodoso. En caso que un fuerte ventarrón sople sobre ellos bajo estas condiciones, derriba a algunos ejemplares invariablemente, con fuerte estruendo de por medio.

SOBRE EL CANTIL:

Amplios estudios científicos se han realizado sobre la formación “Cantil”, en El Rosario, Baja California, por la facultad de Ciencias Marinas de la Universidad Autónoma de Baja California, en colaboración con universidades extranjeras.

La formación que predomina en El Rosario con respecto a la formación geológica cantil, se le denomina: Cantil Costero.

SOBRE EL CIRIO:

El nombre científico del cirio, en género y especie es: Fouquieria Columnaris.

La importancia del cirio es tal que en Baja California, está protegido por Ley, al igual que el cardón. Entre los paralelos 28 y 30 grados de latitud norte, se encuentra “El Valle de los Cirios”, área natural bajo la protección de la Comisión Nacional de áreas naturales protegidas, CONANP, por sus siglas; cuyo territorio es desde las inmediaciones de El Rosario, hasta la frontera de los dos estados peninsulares en la parte central; y dentro del “Desierto de Vizcaíno” que abarca desde las inmediaciones de El Rosario, hasta cerca de San Ignacio, en Baja California Sur, su protección es por partida doble. Cuenta el cirio en la península con una superficie aproximada de 25,000 kilómetros cuadrados; alcanzando los especimenes una altura de hasta quince metros.

El Cirio y el Cardon son las principales plantas del desierto en aproximadamente un tercio del territorio peninsular.

El Cirio se encuentra distribuido en la parte media de la península de Baja California, con su frontera natural al norte en El Rosario.

Los misioneros y los rancheros utilizaron la madera del cirio en la contracción de almacenes, y casas, utilizando sus gruesos tallos, que en realidad son troncos, que aunque huecos, son de regular resistencia en cubiertas, y como columnas.

No hace mucho tiempo su madera muerta fue recolectada por los rancheros para ser comercializada en Ensenada, donde se sacaba tableta para decorar muros en interiores de oficinas, como se pude apreciar en el recién desocupado Palacio Municipal de Ensenada.

Los rancheros utilizaron los troncos de sirios para construir improvisados corrales para el ganado, los que de la improvisación se volvían corrales que duraban décadas.

No se puede dejar de comentar que existe por desgracia aun, algunas tontas personas que dañan sin ninguna necesidad a nuestra única flora y fauna:

¿Será que su pobre y escasa cultura, no les da para más?

jueves, 30 de septiembre de 2010

ESTUDIA-HAMBRES.

ACERCA DE LOS ESTUDIANTES RURALES, Y DE LAS ZONAS MARGINADAS DE LAS CIUDADES.

Cuando para un niño las preguntas por parte de los mayores son frecuentes, y dentro de éstas, sobre el futuro del chico:

¿Qué quieres ser cuando seas grande?

Luego el infante norteado por completo responde, dando palos de ciego:

Quiero ser ingeniero, doctor, bombero, o cualquier cantidad de cosas que se le ocurran, o que por ahí haya escuchado; sin imaginar siquiera entonces, en esa tierna edad, por el larguísimo peregrinar que estudiar conlleva en la vida de un individuo, cuando proviene de familia de escasos recursos, o como dicen los políticos “clases menos favorecidas”, o con “pobreza existencial, estas frases de ellos, son solo para ocultar esa realidad.

Por principios de cuentas, a los que nacimos, vivimos, y provenimos de las recónditas zonas rurales de nuestro país, estudiar era y es en infinidad de ocasiones tarea harto difícil.

Antes, por allá en la década de los cuarenta, cincuenta, y sesenta del siglo veinte; pretender llegar a tener una formación académica de nivel superior, significaba eso, un superior esfuerzo para lograr apenas salir del totalmente olvidado rincón en el cual habíamos nacido.

En aquellos rincones, donde nuestros antepasados habituados a las profundas herencias, tradiciones, y costumbres íntimamente arraigadas con el quehacer campirano, y que lejos de pensar en que alguno de nosotros pretendiera “estudiar”, la mayoría de las veces, aquellos nuestros viejos decían casi al unísono:

¡Para qué, los que estudian se vuelven locos!

Y tenían razón…cómo no volverse loco, con aquellos métodos de los profesores, y con las golpizas de nuestros abusivos compañeros, los más grandes,…Y después en la universidad, las terribles hambrunas que pasábamos.

Bueno, el caso es que para empezar, en aquéllos pueblitos rurales, la esperanza de nuestros mayores eran que los jóvenes les vendríamos a quitar pasos, a apoyarlos en las labores propias, a fortalecer las muchas veces paupérrimas economías, todo esto con nuestro tierno trabajo físico, muy limitado entonces dadas nuestras cortas edades, y pequeñas fuerzas.

Ni qué decir de los bárbaros profesores de primaria y secundaria de aquellos tiempos, los que antes nos daban “clases”; la mayoría de ellos, salvo rarísimas excepciones, ponían en practica diaria sobre nosotros, su ego, y salvajes métodos de enseñanza, como eran: Coscorrones, reglazos, jalones de patilla, granos de maíz bajo las rodillas, múltiples vejaciones, orejas de burro, y tantísimas mas arbitrariedades con el beneplácito de las autoridades, y lo peor, con la complacencia o disimulo de nuestros padres. A pesar de esa turbulenta forma de “enseñar”, algunos de nosotros los “rurales” logramos estudiar, y hacer carrera superior, o al menos universitaria, en cuyo nivel los profesores eran mas civilizados, aunque muchos no eran carentes de un ego sumamente inflado, que los hacia sentirse dioses, y a nosotros sus estudi-hambres nos veían como dios a los conejos: chiquitos y orejones.

No se diga, como nos trataban en las escuelas los citadinos, cuando de pronto veían llegar a un rancherito bajado a “tamborazos”. Éramos causa de burla permanente, por el tono de voz, la vestimenta, las costumbres, en fin, éramos rancheritos, éramos entonces los “mensitos”. A nuestro regreso ya en nuestras comunidades, éramos los catrines, los “perfumados”, los que nos creíamos mucho, los más señalados por cualquier cosa, con todo esto:

¡Cómo no volverse medio loco!

En las vacaciones trabajábamos arduamente para juntar algunos centavitos para nuestros estudios. En ocasiones regresábamos a la escuela, allá en la cuidad, a la secundaria, preparatoria, o universidad, lo hacíamos con zapatos nuevos, a veces con ropita nueva, casi siempre ropa de uso, regalada, o comprada a bajísimos costos.

Cuando los años pasaron, el nivel de estudios era cada vez mayor, y aparejado a esto aparecía la necesidad de pagar renta, de comprar caros materiales, transporte. Para todo debía alcanzar el dinerito, no se podía dejar de presentar los trabajos en las escuelas, so pena de reprobar, y repetir tal o cual curso, con lo que retardaba el término de los estudios. Como debíamos comprar de todo, y el dinero era tan, pero tan escaso en nuestros bolsillos, y a un mas en el mío. La alimentación era la que sacrificábamos, pues comíamos, o estudiábamos, no había de otra; en lo personal estudié, fui siempre un estudi-hambre.

Convivíamos diariamente con algunos compañeros que los llamaban “hijos de familia”, y nosotros éramos hijos de quien sabe qué.

Los hijos de familia universitarios, iban en carro a la escuela, muy bien vestidos, excelentemente alimentados, con tarjetas de crédito, celulares cuando los hubo, usaban champú, eran chapeteados, y con muy buenas calificaciones,…y cómo no, si sólo para estudiar vivían, y que bien que en nuestro país exista esa clase social. En las vacaciones viajaban a Europa, a las zonas turísticas de México, en fin, habían nacido con “su torta bajo el brazo”.

Pero la “perrada”, dentro de los que me encontraba en primera fila, durábamos días sin comer, en ocasiones nos acostábamos el viernes por la noche, y no nos volvíamos a levantar hasta el lunes en la mañana, para ahorrar energías, lo crean o no, así fueron las cosas, aunque había uno que otro rural que si contaba con recursos suficientes: ¡Viva México!

SARA SÁNCHEZ SANTILLAN:

Enfrente del campus de la universidad autónoma de Baja California, en el bulevar “Benito Juárez” de Mexicali, Baja California, se encontraba ya en 1975, el restaurante, que aun existe, llamado “SARA’S”, propiedad desde 1971 de la guanajuatense Sara Sánchez Santillán.

Este restaurante se encontraba diario y a todas horas desde la siete de la mañana hasta las diez de la noche, abarrotado por “la perrada”, comíamos veinte, y pagábamos ocho, y solo a veces hacíamos el pago.

De no haber sido por el SARA’S, estoy completamente seguro que muchos no habríamos cursado ni siquiera un semestre de la universidad.

Mientras que disimuladamente comíamos, Sara nos veía, nos hacia bromas, jugaba con nosotros, nos hablaba a cada uno por nuestro nombre desde un micrófono, que era con el que anunciaba que la orden estaba lista para que pasáramos por ella. En ese restaurante, comíamos, luego empezábamos las tareas, volvíamos a comer, le firmábamos a Sara una notita para que la pusiera en nuestras impagables cuentas.

Tenían Sara y Don Raúl Torres, su esposo, aconsejados a sus menores hijos que no fueran a cometer alguna imprudencia, y decirnos algo por que siempre nos servíamos de ellos, y rarísimas veces pagábamos, no por malas pagas, sino porque no había con qué, cosa que ellos muy bien sabían.

Sarita: ¿Por qué nos aguantas?: ¡Vieras cómo me da pena!: le pregunté, y le comenté un día:

Con su fino carácter me contestó:

No te apures Ales, a mi nunca me ha interesado tener dinero, y voy para allá que vuelo.

Me dan ganas de ya no venir, a menos que tenga con qué pagarte, le dije.

Tú que no vienes, y yo que voy y te traigo aunque sea a jalones.

Bueno, pero me da mucha pena, le contesté.

Pena es robar, eso si te debe apenar, a mi me pagas saliendo adelante, al cabo que el sol sale para todos, y mas aquí en Mexicali, me contestó Sarita, mientras le decía a don Raúl:

Que le da pena comer al Ales:

Luego don Raúl con su sonora carcajada me dijo:

¡Noo Ales, apenas empiezas la vida, y si dejas de comer, que tanto vas a durar: tú come Ales, tú come, aquí tienes el SARA’S, no tienes dinero, pero tienes el SARA’S!

Somos cientos por decir lo menos, los que nunca podremos pagarle a Sara y a su familia aquel inmenso apoyo, cuando en muchas mañanas y tardes, se ennegrecía la vista por el hambre, y al llegar al “Oasis” SARA’S, volvíamos a la vida. Como olvidar aquellos finísimos seres humanos: Sara y su familia.

En la actualidad, cada vez que voy a Mexicali, paso por el restaurante, estar en ese lugar me fortalece, me lleva a aquellos días en que contaba con los veinte años de edad, percibo el aroma del café, el ambiente gentil, lo familiar del lugar; allí nos reencontramos muchos de aquellos que ahora ya pasamos de los cincuenta, y desayunamos allí, porque todos queremos recibir de nuevo, de cuando en cuando las vibras del excelente restaurante, y de nuestra cariñosa madre adoptiva, la que nos quitó el hambre por años, así es como muchos llamamos a Sara Sánchez Santillán, a quien estaremos agradecidos de por vida, sin dudarlo.

Con tantas situaciones adversas por las que pasamos los “estudiahambres”, y parafraseando a los viejitos que ya todos murieron:

¡No tiene caso que estudien los chamacos, pues los que estudian se vuelven locos!: Y cómo no.

Siempre los estudi-hambres han existido y de seguro seguirán existiendo, es una condición social que no sabemos cuando desaparecerá, si es que eso sucede, no se tiene la certeza que como nación la superemos.

ARTÍCULO ESCRITO POR:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA

DOMINGO 26 DE SEPTIEMBRE DEL 2010.

NOTAS RELEVANTES:

Don Raúl Torres, esposo de Sarita, falleció hacia finales de la década de los noventa, o a principios de los años del dos mil.

Sara Sánchez Santillán, posee en la actualidad una sólida situación a base de esfuerzo, trabajo, y principalmente generosidad.

Los hijos de Sarita y don Raúl: Son Raúl, Sara, Javier, y Miguel Ángel, todos ellos con sus propios negocios, y con sus carreras profesionales.

Inseparables de esta familia lo han sido los Téllez Duarte, otra de las generosas familias de Mexicali, que en otro momento los traeré a su amable consideración apreciable lector.

Muchos de aquellos estudi-hambres en la actualidad son destacados profesionistas, en el sector gubernamental, privado, comercio, y en otras ramas. A cualquiera de ellos que por alguna razón le llegue una petición de Sara, es de inmediato atendida.

El restaurante SARA’S, fue visitado por el entonces presidente de Estados Unidos: Ronald Reagan, quien se tomó una foto con Sara.

En una ocasión me tocó compartir la mesa allí mismo, con el cómico mexicano: Alejandro Suárez. Ambos personajes fueron a conocer a Sara, así de popular y querida es ella.

Este día domingo 26 de septiembre del 2010, en que escribo estas sencillas palabras a Sarita, y siendo las cinco de la tarde nació mi primer nieto, llamado ISAAC ALEXANDER ESPINOZA MONTIEL, pertenece a la décima generación “Espinoza”, en la península de Baja California; para quien espero que tengamos sus mayores la fuerza para que no pase por las situaciones que he descrito, ni él, ni ninguno de mis descendientes.