"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"... "Agradezco infinitamente a mi amigo ARQ. MIGUEL ALCÁZAR SÁNCHEZ, el apoyo que me ha brindado al diseñar ésta página y subir mis trabajos desde el año 2007"

jueves, 5 de agosto de 2010

PORFIRIO LEON AMADOR: LA GRULLA, MUNICIPIO DE ENSENADA, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

PORFIRIO LEON AMADOR: LA GRULLA, MUNICIPIO DE ENSENADA, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

Es Porfirio en el antiquísimo pueblo de La Grulla, uno de los más grandes narradores de nuestra historia y tradiciones regionales.

Descendiente de los primeros pioneros José Luciano Espinoza Castro, su esposa María Felipa del Rosario de las Rosas Almenares, y de Guadalupe Aniceto Meléndrez Orantes y Susana Ceseña. Es Porfirio León Amador, una de las personas mas calificadas en lo que al conocimiento de nuestros antepasados se refiere, y como no habría de serlo, si entre los muros en que habitaron tantos de los nuestros, fueron los mismos en los que Porfirio se crió, fue en los mismos patios, en las mismas veredas, y bajo la sombra de los mismos árboles, donde las narrativas de nuestros antepasados discurrían ante el atento oído de muchos de los descendientes de aquellos duros hombres de campo, de aquellos gentiles y hospitalarios habitantes peninsulares. Guiado por los descendientes de aquellos pioneros fue que Porfirio aprendió, no solo a hablar, a caminar, a comprender, sino a volar en pos de los remotos recuerdos de personas que vivieron en esta tierra desde hace más de doscientos años.
Es un distinto placer el escuchar las remembranzas en voz, señas, y gestos de Porfirio, es como ver en él la presencia de infinidad de personajes que a través suyo cobraran vida, y que aprovechando que Porfirio los trae en sus charlas de nuevo a la vida, con regocijo nos manifestaran las tantas epopeyas por ellos vividas.
Sana y limpia, es la personalidad de Porfirio, su conocimiento va de la mano con su humildad. Me da la impresión que en sus palabras se asoman, como empujándose unos a otros nuestros antepasados, como desesperados hablando todos ellos al mismo tiempo, a través de los relatos de Porfirio; adivino como que dicen: También yo existí, yo fui vaquero, y yo fui minero, yo fui fayuquero, yo llegué de China, soy el abuelo de tal familia, yo era ganadero, a mi me tocó fundar tal rancho. Al menos es la impresión que me queda siempre que con Porfirio charlo sobre infinidad de personas y familias enteras ya desaparecidas, algunas desde hace ya dos siglos; pero los veo cuando se asoman en las agradables narraciones de él. A muchos de las gentes de antes, ya finados, por Porfirio los conocí, por él supe de su existencia, supe de sus modos de vida, de sus actividades, quiénes fueron sus hijos, qué ranchos fundaron, dónde y de qué murieron, y tantas cosas más, muchas historias, innumerables tradiciones. Esa es una de las razones por las que valoro en mucho a Porfirio.

En una de sus amenas charlas, en 1991, en La Grulla, mientras saboreábamos un recién preparado café en casa de Daniel, su hijo, lo que me comentó en aquel su primer relato, fue acerca de la familia de Anastacio “Don Tachito” Gerardo Espinoza, y Doña Francisca Gómez, de El Rosario, Baja California, quienes regularmente vivían y pescaban en San José de los Gerardo, recordando Porfirio que en una ocasión viajó a aquel campo pesquero, sitio ubicado al sur del campo pesquero “los Morros Colorados”, sobre la costa del océano pacifico.
Salieron dice Porfirio, un día de madrugada desde Ensenada con rumbo para San José de los Gerardo, corría el año de 1950, era el tiempo en que la carretera pavimentada era de apenas unas cuantas decenas de kilómetros al sur de Ensenada, la que al concluir se convertía en el camino real, un camino sinuoso, angosto, polvoriento, con grandes baches; y de los carros ni que decir, eran por lo regular fuertes y toscos vehículos sobrantes de la segunda guerra mundial, llegados a México por medio de las cooperativas pesqueras, y por trabajadores de las minas mayormente; todo mundo tenia uno de aquellos vehículos militares, a los que solo se les habían eliminados las armas.

En aquel polvoroso recorrido de varios días de travesía, llegaron una nochecita ya como a las ocho al campo de San José, y como la gente de campo acostumbra mucho madrugar, igualmente se acuestan apenas cae la tarde. Cuando llegaron al campo hacían el menor ruido posible, para evitarle molestias a los que ya descansaban. -Porfirio y su compañero llamado CARLOS GARCIA apodado “El Callella”, habían sido invitados en aquel viaje por su amigo “El Ruso Rementeria”-, Mientras tendían el campo para dormir, El Callella, bastante enojado le decía a Porfirio:
¡Mira el lugar tan inhóspito al que nos trajo el ruso, ya ni la jode, cómo se atrevió, qué está creyendo, que somos qué, o qué!.
Al poco rato de estar acostados escucharon la fuerte tos de alguien por allá a lo lejos en la mas completa obscuridad, entonces El Callella le dijo a Porfirio.
Te digo, hasta un tuberculoso hay aquí, espero que no nos contagie.
El de la fuerte tos era Alejo Gerardo Gómez, quien a las cinco de la mañana estaba quebrando gruesa leña, lanzando sobre esta una roca de unos 80 o 90 kilos de peso; de inmediato Porfirio al ver aquella escena le dijo a El Callella.
Mira el tuberculoso, el que según tú nos podría contagiar, está quebrando leña.
El Callella no supo que responder, solo atinaba a quedarse callado, pues el coraje ya se le había bajado bastante, y al ver aquel fortachón, no deseaba ser inoportuno, por no decir que no quería demostrar el miedito que le dio.
Bajen la voz, no hablen tan fuerte, no sea que los oiga, les pedía Callella a sus compañeros, por temor a enfrentar algún disgusto de Alejo Gerardo Gómez.

Tan acostumbrada a los caballos y a los carros de mulas estaba la población en toda la península, que en una ocasión en San José de los Gerardo, se le fue de colgado, en neutral, un troquecito a don Anastacio Gerardo Espinoza, muy desesperado le gritaba a sus hijos:
¡Sálele Timoteo, lázalo Fabián!
Las hijas de Don Anastacio Gerardo Espinoza, que eran muchas, le pedían permiso para ir a los bailes en Nuevo Rosarito, a Punta Prieta, en ocasiones a Guerrero Negro. Don Anastacio la pensaba mucho, y al fin de tanta insistencia de las muchachas, les decía:
Bueno, vayan, pero solo les doy permiso de ocho días, vuelven pronto porque estamos ordeñando el ganado.


En una ocasión una leona atacó a Don Anastacio, y con el apoyo de una perra logró salvarse de una muerte segura, dejándolo completamente arañado, heridas que le curó su esposa doña Francisca Gómez, hija de Don Marcial Gómez.


En aquel viaje recuerda Porfirio que conoció a los que fundaron la cooperativa “Rafael Ortega Cruz”, con asiento pesquero en Santa Rosaliita, localizada al sur de San José de los Gerardo. De aquellos viejos pescadores de la Ortega Cruz, trabajaban en el lugar: Agustín “Nene” Carrillo, los Maclis, los Mora, los Meza y Gaxiola de Nuevo Rosarito y de Punta Prieta; así como los Romero y los Castillo de Guerrero Negro. Hacia 1956 los directivos de aquella cooperativa eran los Mora, hijos de Pancho Mora, farero entonces de la piedra “La Adelaida”, que se localiza cerca de Punta San Andrés. Ahí a Rosaliita, llegaban muy seguido los Maclis, los Urias, los Smith, quienes también visitaban con toda regularidad a Nacho Camacho, quien vivía en Punta del Diablo, también conocida como punta María.
Otro campo pesquero de aquella región era punta rocosa, conocida también como “Playa Marrón” o “Aguaje Marrón”, la que debe su nombre a un hijo de José Rosario Marrón, y de María de los Ángeles Espinoza de las Rosas, originarios de la misión de Santo Domingo de la Frontera. -La huida hacia el sur de este descendiente Marrón Espinoza, fue debido a que en el norte peninsular castró un caballo fino, y mató a un hombre por lo que en su huida llegó al sitio que hoy lleva su nombre-.

DE REGRESO A LA GRULLA.
Antonio de los Ángeles López Meléndrez, mejor conocido como “Oso López”, fue uno de los descendientes de las primeras familias de la Grulla. El ganado que había pasado de generación en generación, de pronto se vio en peligro de un embargo por adeudos de la familia, así que “El Oso López”, arreó unas cuantas reses desde la Grulla, -que eran propiedad de sus hermanas-, con rumbo a la alta sierra, quedándose a criar en aquellos lugares durante veinte años de manera continua, al cabo de ese tiempo logró criar un hato ganadero de bastante importancia, de tanta importancia como los hatos ganaderos de don Santiago Espinoza Peralta en El Rosario, y de Don Gustavo Villavicencio en San Ignacio, Baja California Sur. -Entonces ambas regiones eran políticamente los partidos norte y sur de la Baja California-.
Al paso de los años al Oso López compró un rancho en la región del arroyo de San Jacinto, en la ex-misión de San Vicente Ferrer, al que llamaban: “Rancho Mantequilla”. En ese lugar se juntaban el Oso López y su amigo Ángel Caña, jugaban a la baraja, al conquian, disponiendo de un garrafón de vino para cada uno de ellos, elaborado por el propio Oso López, y alimentándose de su platillo preferido consistente en una pierna de borrego, y un galón de vino para cada uno, solo en la comida. En ese mismo rancho, al igual que antes en la sierra, el Oso López compraba y le entregaba a cada uno de sus hombres un paquete de cigarros, para poder pedirle cigarrillos al primero que por enfrente de él pasara, ya que no le gustaba traerlos consigo.
En una ocasión, -sigue relatando Porfirio-, sacaban bromas de Don Santiago Espinoza Peralta, pues se habían perdido unos toretes del rancho del Oso López; un día de repente aparecieron entre el ganado, los mismos animales que antes se habían perdido, solo que no tenían la señal de sangre, y con otra marca de fuego sobre las marcas del Oso López. Al ver esto el Oso le dijo a un propio:
Vete por toda la sierra, hasta llegar al rancho de don Santiago Espinoza Peralta, en El Rosario, y le dices que a mi rancho llegaron unos animales con sus señales, que si gusta pasar por ellos, aquí lo espero. Así lo hizo aquel vaquero, dio la razón encomendada a Don Santiago, agregándole de su cosecha:
¡Lo único que no me gustó es que el Oso ha estado aceitando las pistolas, engrasando las fundas, y practicando al blanco para perfeccionar su puntería!

Leopoldo Loya Espinoza, apodado “El Cogullo”, de los Loya del rancho “El Rosarito de los Loya Espinoza”, de El Rosario, fue un hombre de armas tomar, -recuerda Porfirio-, vivía en el rancho “Los Cochis”, y a veces en “La Calentura”, en las cercanías de la ex misión de San Vicente Ferrer, en las inmediaciones del Llano Colorado. En una ocasión un hombre quería reclamarle a Leopoldo unas cuentas ocasionadas por viejas rencillas, le dijo a su rival:
¡Te espero cuando gustes, al cabo que tengo una carabina 30-30 empachada de tiros!
Según la historia, en una ocasión una mujer lo mandó matar, para eso contrató a unos bandoleros para que lo eliminaran; cuando estaban ya para matarlo, Leopoldo les preguntó:
¿Cuanto les pagaron por mi vida?
Tanto nos pagaron
Les doblo el pago para que me dejen vivo
Ándale pues, cobramos aquí, y cobramos allá.

Para aparentar que lo mataban, lo llevaron al otro lado de un alto cerro, y como la dama estaba presente, pero no quería ver la ejecución, los bandoleros lanzaron sendos disparos al suelo, pero dejaron libre a Leopoldo. Regresaron con la patrona para que les pagara el resto de la cuenta, pues ya Leopoldo Loya Espinoza había sido “eliminado y sepultado” detrás de la montaña. Ella pagó el resto de lo acordado, y cada quien para su casa, cumpliendo su palabra como toda hembra de honor.
Unos treinta años después, dicen que la dama caminaba tranquilamente por una de las calles de Ensenada, de repente miró frente a ella a Leopoldo, y le dijo:
¿Tú aquí?:
! Te diiigo ya no se puede confiar en naaadie!


HISTORIA DEL ORIGEN DE LA FAMILIA DE PORFIRIO LEON AMADOR:
Porfirio León Amador, es descendiente directo como ya se dijo, de las primeras familias peninsulares, entre ellos del primer dueño de La Grulla, quien se llamó JUAN IGNACIO CESEÑA, quien llegó al lugar en calidad de dueño, ya que en 1826 el paraje le fue entregado en pago a sus servicios a la institución misional, trayendo a su lado a sus dos hijas: Susana, y Rosario, en cuyo arribo a La Grulla, lo hizo ya viudo.
SUSANA CESEÑA al tiempo se casó con el antiguo soldado de cuera, o misional, GUADALUPE ANICETO MELENDRES ORANTES, quienes dieron inicio a la formación del grueso tronco del la familia Meléndrez, dentro de cuyos hijos nació en héroe Antonio María Meléndrez Ceseña, quien salvó la perdida para México de los territorios de la península y de Sonora, al hacerle la guerra y expulsar al intruso William Walker, en 1854, lo que causaría su fusilamiento, en la misión de San Vicente Ferrer, por ordenes del once veces presidente de México: El cobarde, su alteza serenísima Antonio López de Santa Anna, que a fuego lento esté.
Entre los hijos de los Meléndrez Ceseña, se encontraban José Rosario, quien mas tarde fundaría los ranchos de “Santa Clara”, y “El Álamo” arriba de Ojos Negros, en el Real del castillo; Juan “largo” quien fundó el rancho “San Salvador”, ubicado también arriba de Ojos Negros; Jesús, fundó el rancho “San Antonio de los Meléndrez”, arriba de Ojos Negros; Francisco nacido en 1845, fundó el rancho “Santa Gertrudis”, en la ex misión de Santo Tomas.
Francisco Meléndrez Ceseña, fundador del rancho “Santa Gertrudis”, se casa con Manuela Calderón, originaria de los Ángeles, California: cuyos hijos fueron: Guadalupe mujer, fue casada con Pedro López; Ascensión fue casada con Pablo Montes, Concepción casada con Martín Espinoza de las Rosas.
De este matrimonio de Concepción Meléndrez Ceseña y Martín Espinoza de las Rosas, desciende Porfirio León Amador, ya que: Martín Espinoza de las Rosas, y Concepción Meléndrez Ceseña, fueron padres de Eulalia quien se casa con Silvestre Armenta, del arroyo de San Jacinto, en la misión de San Vicente Ferrer, quienes a su vez procrearon Marcelina Armenta Espinoza, quien se casa con Enrique Amador, y de ellos nace Dolores Amador Armenta, quien casada con Verulo León López, procrean a Porfirio León Amador.
Antonio de los Ángeles López Meléndrez, mejor conocido como “Oso López”, era un hombre que pesaba ciento cincuenta kilos, sus padres fueron Pedro López Varela y Guadalupe Meléndrez Ceseña (hermana de Antonio María). Los hermanos del Oso López fueron: Gerónimo casado con Francisca Pompa; Librada casada con Gabriel García Feliz; Amada casada con Manuel Aguilar; Concepción casada con el chino Candido Kango; Soledad quien no se casó; Rosenda casada con Eustaquio González; Lucía casada con Julio Guarello; Francisca casada con el chino Candido Kango (segundas nupcias para él); Leonor casada con Lorenzo León Espinoza (fueron los padres de Vérulo León López; el padre de Porfirio). Pedro López Varela fue hijo del portugués Antonio López, y Encarnación Varela.
Tenemos entonces que Porfirio desciende de las hermanas Guadalupe y Concepción Meléndrez Ceseña. Profundizando en la parte León, la relación familiar es como sigue:
Rafael León Salgado y Ramona Espinoza, ambos originarios de Todos Santos, Baja California Sur, fueron los padres de Lorenzo León Espinoza, quien casado en 1894 con Leonor López Meléndrez, procrearon a Vérulo, Francisco, Santiago, Raymundo, y Enriqueta; de aquí:
Vérulo León López casado con Dolores Amador Armenta, fueron los padres de Porfirio, y de Lino, Ramón, Armando, Socorro, y de Bertha.

En Línea ascendente tenemos que: Juan Ignacio Ceseña (llegado a la Grulla en 1827), fue padre de Susana Ceseña casada con Guadalupe Aniceto Meléndrez Orantes, a su vez padres entre otros de las hermanas Guadalupe, casada con Pedro López Varela (padres de Leonor, quien casada con Lorenzo León Espinoza, procrearon a Vérulo; y Concepción casada con Martín Espinoza de las Rosas (padres de Eulalia); Eulalia Espinoza Meléndrez casada con Silvestre Armenta procrearon a Marcelina Armenta Espinoza, quien casada con Enrique Amador procrearon a Dolores Amador Armenta: ( madre de Porfirio).
Como se puede ver y leer, no es nada fácil desentrañar la genealogía de una persona, y sobretodo sabiendo que el origen es remoto, y entrecruzado como lo es en este caso; sin embargo esa ventana al pasado nos da una muy clara perspectiva no solo de las relaciones familiares, sino también del nacimiento y el poblamiento de nuestra tierra.
Con las relaciones anteriores queda no solo de manifiesto las amenas charlas de Porfirio, sino el profundo conocimiento y orgullo que por sus antepasados siente, lo cual comparto en toda la extensión del conocimiento adquirido y del profundo aprecio por nuestras raíces históricas y sociales; me enorgullece escribir estas letras, y mas me enorgullece que somos ramas del mismo árbol. Como dice la rancherada: ¡Somos de la misma caballada!

AUTOR DEL ARTÍCULO

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
05 DE AGOSTO DEL 2010.

NOTAS RELEVANTES:

La Grulla, Baja California, originalmente se llamó “La Soledad de la Grulla”. Con el paso del tiempo los políticos, como siempre los políticos, donde no han de salir a relucir esos reyezuelos, que en todas las épocas se han creído hechos a mano, o paridos por Venus, le cambiaron el antiquísimo nombre al pueblo, sin pedir, ni tomar en cuenta a los descendientes de los abnegados pioneros: Ahora se llama: Ejido Uruapan; ¡Hágame el desgraciado favor!: ¡Qué opinión del pueblo, qué cabildo, ni qué congreso; se le cambia el nombre, y punto!
Los habitantes
de La Grulla sostienen, que junto con Santo Tomas, es la cuna del vino en la región, ya que en el Valle de Guadalupe su producción se inició mucho tiempo después que en la Grulla, ya que allá la producción a gran escala la iniciaron los rusos después del año de 1900. El vino en la península de Baja California tiene origen misionero.
Antonio María Meléndrez Ceseña, es uno de nuestros héroes locales en Baja California, ya que él al frente de un puñado de rancheros y nativos de los primeros pobladores, lanzaron al filibustero invasor William Walker en 1854, cuando pretendía formar la republica de Sonora y Baja California, cuya republica después se anexaría a la Unión Americana; robándose ambos territorios a sangre, fuego, robos, saqueos, y viles asesinatos. Walker en franca huida salió de México entrando al territorio Estadounidense por el cañón de “Cueros de Venado”, en Tijuana, sitio cercano al rancho “El Matanuco”. Meléndrez por su valiente e histórica defensa a la integridad de la nación, fue mandado fusilar, aquel mismo año de 1854, por el cobarde traidor y once veces presidente de México: Antonio de Padua Severino López de Santa Anna. El Cobarde asesinato de Meléndrez, fue según Santa Anna por su alta traición a la patria, y se llevó a cabo en la ex misión de San Vicente Ferrer, lugar en donde descansa nuestro héroe en tumba sin nombre, a la cual bajaron el cuerpo sin vida de un bajacaliforniano de solo veinticuatro años de edad. Desde que supe esa historia, me he preguntado sin obtener respuesta: ¿A qué patria traicionada se refería Santa Anna?
Guadalupe Aniceto Meléndrez Orantes, quien fuera soldado de cuera en la época misional, padre fundador de la familia en la región del norte peninsular, fue originario de San Antonio, Baja California Sur. Fue Meléndrez quien tuvo el honor de traer la noticia de la independencia de México, viajando a lomo de caballo, en recorrido de solo quince días, desde La Paz, Baja California Sur, hasta el norte peninsular, habiendo sido enviado por el jefe político Fernando de la Tova.
Susana Ceseña, madre fundadora de la familia Meléndrez en el norte peninsular, y madre del héroe Antonio María Meléndrez Ceseña, según la tradición oral familiar falleció en Ensenada de Todos Santos en 1900, a la muy avanzada edad de 125 años.
Cuando Antonio de Los Ángeles “Oso” López Meléndrez falleció en 1943 en su rancho “Mantequilla”, en la Ex misión de San Vicente Ferrer, fue velado en ese lugar en ataúd que desde Ensenada llevó el fayuquero David Moreno. Había nacido en La Grulla, Baja California en 1866; nunca se casó; crió a sus sobrinos Gregorio y Pedro López.
Cogullo, le decían a Leopoldo Loya Espinoza. Este sobrenombre se le quedó pues le gustaba cuando era niño, comer el centro de la palma. El centro mas blando del tallo de una palma, al que los rancheros lo preparaban cocido y rendido en cubiertos con azúcar, al que denominaban: Cogollo, o palmito. Como el niño decía ¡Mamá quiero “Cogullo”!, llevó ese sobrenombre hasta el final de su existencia. Había nacido en El Rancho de San Juan de Dios, en El Rosario, Baja California hacia 1875.
Los hijos de Anastacio “Tachito” Gerardo Espinoza fueron solo dieciocho: Antonio, Alejo, Fabián, Timoteo, José, Rosario, Graciano, Cayetano, Diego, Severiano, Guadalupe (mujer), Mercedes, Luisa, María Guadalupe, Ernestina. Clementina, Alejandra, y Faustina; la mayoría de ellos viven en El Rosario, y Ensenada.
Porfirio León Amador, nació el día 15 de septiembre de 1932, en el entonces ya viejo Rancho de “San Miguel”, propiedad de sus tíos abuelos Librada López Meléndrez, y Gabriel García Feliz, localizado en las cercanías al norte de La Grulla.
Porfirio León Amador se casó con Dora Cortés Castro oriunda de Mexicali, y cuyos hijos son: José Martín (q.e.p.d.) casado con Carmen Orozco Espinoza (descendiente de El Rosario, y de La Grulla); José Daniel casado con la mexicalense Silvia Orozco Guillén; Dora Guadalupe casada con el también mexicalense Feliciano Gómez; Porfirio Ángel casado con Mónica León; Vérulo casado con Teresa León; Dolores casada con Jesús de la Tova; Raymundo casado con Yolanda García; Santiago casado con Laura de Hoyos; y María de Jesús casada con Alejandro Carrillo.

¡Qué tantas historias se puede obtener de una persona que sabe, comparte, y le interesan sus orígenes!

viernes, 16 de julio de 2010

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA: UBICADO EN TODAS LA ERAS.

Artículo escrito a petición de Nícida Patricia Collins Espinoza, con motivo de la celebración el día 2 de julio del 2010, del 236 aniversario de la fundación de El Rosario, Baja California, México.

En cualquier sitio de la geografía del globo terráqueo se dan hechos por demás importantes y sobresalientes, basta con adentrarse en su estudio y conocimiento para apreciar las grandes etapas de su evolución, o desaparición.

El punto geográfico que en la actualidad conocemos como El Rosario, Baja California, México, en el continente americano, tiene su origen muy atrás en el tiempo, hará tal vez en unos cien millones de años.

En aquellos muy, pero muy lejanos tiempos, según la paleontología, la vida era arcaica, el actual cañón de El Rosario era algo así como un pantano donde sobrevivían gigantescos animales, incluso el suelo fósil en el que hoy se asienta El Rosario, fuera alguna vez fondo marino, dado que el nivel del mar ha variado a veces subiendo, otras veces bajando. Las montañas actuales no existían como ahora se conocen, han emergido y desaparecido, según las erosiones por viento, agua, frio, calor, las que alguna vez formaron un pantano, en el que habitaban varios tipos de de animales como, aves dentadas, tortugas gigantes, caracoles de varias especies, como amonitas, también dinosaurios, como el pico de pato, y otros. Existían frondosos bosques de coníferas, y primitivas palmas, según se ve por los restos fosilizados que se encuentran en la actualidad en suelos, y las montañas circundantes del cañón. Todos estos animales desaparecieron junto con los bosques, en un periodo que los científicos ubican entre fines del cretácico y principios del periodo terciario, hace unos 65 millones de años. Solo sus restos fosilizados han llegado hasta nuestros días, desde aquellos tan lejanos días.

Con el paso de las eras geológicas, llegarían las formaciones geológicas de El Rosario, conocidas en el universalmente y que dan su nombre a cualquier formación igual en cualquier parte del mundo, como se tiene: Formación “El Rosario”, formación “Punta Baja”, formación “Gallo”. En pasadas eras geológicas aparecieron las mesas de San Carlos, de La Sepultura, de El Rosario, formando y moldeando de esa manera no solo la región de El Rosario, sino también la península y el golfo de California, el cual hasta nuestros días sigue ampliándose y buscando su salida al océano pacifico al noroeste, y que alguna vez encontrará, convirtiendo a esta península, o lo que de ella quede, en isla.

Con el transcurrir de millones de años aparece la prehistoria, y en nuestra región entonces, ya no existía ninguno de los animales que describe la paleontología, solo los restos fosilizados de organismos animales y vegetales. En la prehistoria aparecieron aquí, por migraciones, diferentes animales, muchos ya extintos desde hace milenios, como el mastodonte, muchos de aquellos animales migraban, a causa de las glaciaciones que cubrían amplias zonas del continente americano, y del globo, y que empujaban a un sinnúmero de grupos de animales que en nuestra región se adentraron por todo el actual México, y la península.

En la prehistoria llegaron los primeros humanos, quienes provenían desde el norte, regularmente persiguiendo a los animales en su migración. Según la arqueología, los primeros hombres tal vez tengan en esta región entre ocho mil y trece mil años.

Durante todas las épocas han desaparecido las más débiles especies de la flora y la fauna, han aparecido otras, o han evolucionado en muy distintas especies emparentadas evolutivamente entre sí.

Hará unos ocho, tal vez diez mil años, según la arqueología, después de la última glaciación, -hace once mil años- aquí en la región de El Rosario, ya lo habitaban personas primitivas que entre ellos se empujaban hacia el sur de la península, que era como un callejón sin salida, llegaban otros grupos desde el norte, y empujaban a los que entes habían llegado, posteriormente aparecían nuevos grupos que seguían empujando y arrinconando a los anteriores en el callejón peninsular. Con el tiempo estos grupos humanos formarían las naciones de los cochimis al norte, los guaycuras al centro, y los pericues en el extremo sur peninsular.

Los de aquí, los cochimis, del tronco lingüístico yumano peninsular, y de dialecto borjeño; ocupaban toda la región desde el pacifico hasta el golfo, se alimentaban de raíces, de peces, venados, liebres, y otros animales silvestres; apreciaban especialmente la pitahaya agria: eran cazadores y recolectores, seminómadas, medio organizados en grupos de parientes, guiados por un chaman. Aquellos seres humanos nos heredaron valioso arte rupestre, tanto petrograbados como pinturas rupestres, encontramos también infinidad de “tatemas de indios”, rastros de rocas en forma circular, que son restos de sus precarias chozas. Las puntas de flecha hechas a base de pedernal, por su tamaño dan indicios de los tamaños de animales que cazaban, principalmente borrego cimarrón, venado, y otros, como codorniz, paloma, y distintas especies de pájaros. De la costa aprovechaban principalmente el abulón negro, y azul que habitan en la zona de rompiente.

Después de vagar durante milenios, estos seres humanos sobrevivieron en la hostil y agreste península, con escasa agua, con calor y frio intensos, arremolinándose en grupos en las ciénagas, aguajes, o pozas con agua, sin embargo se adaptaron magníficamente al medio ambiente, viviendo en la misma tierra que nosotros ahora pisamos, y en las mismas montañas que hoy miramos. En este mismo lugar donde nuestros ancestros descansan bajo la tierra, en esta misma tierra donde también aquellos milenarios pobladores descansan para siempre.

Después del arribo del hombre europeo al continente americano, acompañados con la desmedida ambición de poseer más, y más territorios para el imperio español, y que valiéndose de sus milicias y de sus hombres santos, vendrían a exterminar a aquellos seres autóctonos, los verdaderos dueños durante milenios de la península, y por su puesto de las tierras rosareñas. En realidad los primeros pobladores estaban tan íntimamente ligados a la geografía peninsular, que sin ellos no se concebía este territorio, es como observar una casa sin sus moradores, pareciera que la casa no tendría razón de ser, percibiéndola en esos términos.

En este mes de julio del 2010, el día 2, se cumplen apenas 236 años, desde la llegada del hombre blanco a El Rosario; diciendo “apenas”, si comparamos ese breve tiempo con los milenios que aquí vivieron los cochimis antes que los nuestros llegaran, y detrás de ellos nosotros, solo por mencionar a los humanos que en esta tierra hemos habitado.

Con la llegada del hombre blanco, llega también la fundación de una misión, la primera de la orden dominica, de varias otras que se instalaron en el entonces territorio desolado, desde aquí y hasta la actual frontera, en Tijuana.

Según decían los misioneros, su presencia aquí era para lograr rescatar y obtener la conversión de los “salvajes” habitantes peninsulares, y traer aquellas criaturas al cristianismo. Sin embargo, la expansión territorial del imperio español, era la verdadera razón de su presencia en esta, ahora nuestra tierra. La desaparición de aquellos indefensos seres fue inevitable, se sumaron a la larga lista de tantos seres extintos antes que ellos.

El año de 1774, como venimos diciendo, es cuando aparecen los primeros blancos y mestizos, representados por soldados, misioneros, arrieros, herreros, agricultores, todos ellos al servicio de la institución misional, bajo el más estricto mando del misionero. Mientras que los mal llamados “inditos”, “barbaros”, “penitentes”, “salvajes”, “gentiles”, servían como bestias de carga, por cruel que esta expresión parezca a nuestros actuales modos de vida, así eran las cosas.

En aquel año de 1774, en el grupo de personas que llegaron para fundar la misión, venia nuestro antepasado JUAN NEPOMUCENO ESPINOZA, siendo el primero de todos los de nuestra estirpe que pisó estas tierras. Ya habitaban en este lugar, entonces llamado “VIÑATACOT”, las familias de DOMINGO AGUILAR, y de COLUMBA SAVIN, quienes tenían raíces cochimis tan profundas y gruesas desde tanto tiempo atrás, que memoria no se tiene, aunque sus nombres como aquí se asientan eran castellanizados, tomándolos de sus padrinos, o impuestos por los misioneros, ya que ellos usaban nombres cochimis, porque de esa raza eran. De aquellas familias AGUILAR y SAVIN, descienden la actual rama rosareña de los ORTIZ, siendo la razón por la cual ubicamos a esa familia, como la más antigua en nuestro pueblo.

En el verano del año de 1800, llegan desde San Juan de Dios, la familia Espinoza castro, instalándose en la misión de El Rosario de arriba, y en 1802, en la de abajo. De todos ellos ampliamente destacó CARLOS, fundador del linaje Espinoza en El Rosario. MARÍA DEL CARMEN, hermana de Carlos, fue la madre fundadora de la familia ORTIZ, casada con el español JOSÉ RITO ORTIZ, soldado misional, al igual que CARLOS, su cuñado. Solo estos dos hermanos Espinoza dejaron descendencia en El Rosario.

Los MARRÓN, llegaron a El Rosario hacia 1822, los ACEVEDO lo hicieron hacia 1827, los Montes hacia 1850, los LOYA en 1868, Los DUARTE hacia 1872, los ORTEGA en 1870, los PERALTA en 1873, los VALLADOLID hacia 1874, los VILLAVICENCIO aparecen hacia 1878, los Murillo hacia 1880, los GROSSO en 1895, y muchas otras familias que abandonaron el lugar por diversas razones, principalmente las grandes crecidas del arroyo, o las interminables sequias. Diversas familias se asientan aquí, durante los primeros cincuenta años del siglo veinte, y en 1961 llegan muchos de los nuevos pioneros a El Rosario, en la parte que más tarde se le llamaría “Ejido Nuevo Uruapan”.

En la actualidad muchos somos los dueños de este pueblo, somos los que debemos trasmitirlo a los futuros rosareños, del mismo modo que los rosareños de antes, ya desaparecidos, nos lo heredaron. Tenemos el gran reto de aprender a conservar lo que la madre naturaleza nos ofrece aun, de mantener dentro de lo posible nuestro ambiente, en su estado natural lo más posible, ya que a la naturaleza pertenecemos, a ella nos debemos, y a la tierra regresaremos. Desde luego que nuestro especial interés debe ser creo, la atención a nuestras familias, nuestros hijos y nietos, al enseñarles a ellos todo lo relacionado a nuestro origen como sociedad, el origen de esta tierra, sus razas, sus tradiciones, su historia, y con ello generarles el apego, el respeto y amor a lo más sublime que poseemos, y transmitirlo tan intacto como sea posible al futuro, al más remoto futuro posible.

Con eventos como lo es la celebración de la fundación de El Rosario, con esfuerzos tan aplaudibles para las personas que lo hacen posible desde el año 2005, se gesta y se nutre una nueva forma de proyectarnos hacia el futuro, un futuro que deseamos sea cierto, sea de logros, de tributo a nuestros antepasados, y a nuestra región, que no porque la conozcamos de primera mano, signifique que no sea importante, y que además es el principal interés manifiesto en estas letras. Es por ello que con este breve relato se brinda el más amplio reconocimiento por el valioso trabajo de todas las personas que entregan su empeño, su carisma, y su amor, al realizar el festival por un aniversario más de vida de nuestro viejo pueblo, el más antiguo en actual Estado de Baja California, el que sigue teniendo solo tres direcciones: Arriba, Abajo, y, el otro lado…

AUTOR DEL ARTÍCULO

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MÉXICO

14 DE JULIO DEL 2010.

Notas relevantes:

En los años de 1985, y 1986 recibí en El Rosario, por petición del mexicalense Doctor en Ciencias Miguel Agustín Téllez Duarte, a un grupo de Científicos de ciencias de la tierra de la Universidad de West Lafayette, Indiana de Estados Unidos, en cuyo grupo se encontraba el mexicano Luis Mario Paredes Mejía, científico oriundo de Puebla, México. Su estancia en El Rosario, se debía a los estudios científicos que debían realizar apoyados por nuestra Universidad Autónoma de Baja California, consistentes en la paleontología, de la mesa de San Carlos. Asistí con ellos aquel par de años, tanto en sus recorridos, como en el muestreo de los estratos fosilíferos, y según el científico Levandovzky, jefe de las expediciones, y otros científicos con los que he conversado ampliamente, la región de El Rosario, es de suma importancia desde el punto de vista científico, ya que cuenta con zonas fosilíferas de primer orden a nivel mundial.

En 1977, año en que me encontraba trabajando en la pesca en Campo Nuevo, al sur de la bahía de El Rosario, obtuve en préstamo por parte del entonces estudiante de Ciencias Marinas, Miguel Agustín Téllez Duarte, importantes tratados de placas tectónica, con cuyo estudio entendí a mis veinte años de edad, sobre la deriva de los continentes, y la evolución de los seres vivos, vistos desde la retrospectiva de sus restos fosilizados, temas ampliamente estudiados por la paleontología, entendiendo por mi parte desde entonces, la importancia en ese sentido de El Rosario.

La facultad de Ciencia Marinas, perteneciente a la Universidad Autónoma de Baja California, realiza desde hace muchos años, trabajos de investigación en las zonas fosilíferas de El Rosario. Cuenta la Universidad con amplio grupo de intelectuales quienes poseen profundos conocimientos del tema, y de El Rosario, en particular.

La paleontología entre muchos otros campos del conocimiento estudia la biodiversidad, y la biogeografía, es decir la actual composición y distribución de los seres vivos sobre la tierra, antes de la intervención del ser humano.

En los tiempos de mi niñez en El Rosario, la abundancia relativa a ras de suelo de fósiles era significativa, existía en cualquier lugar de la terraza superior, madera petrificada, y toda suerte de fósiles. Con pena en 1995, mientras levantábamos un documental para televisión nacional, averigüé que la existencia fosilífera había descendido de manera drástica, incluso pude enterarme que algunas personas del pueblo, sin escrúpulos y con muy corta visión, utilizaban aquellas piezas con millones de años de existencia, para construir los cimientos de sus casas, en vez de utilizar rocas.

sábado, 3 de julio de 2010

FRANCISCO AGUILAR AGUILAR.

Arriero, jardinero, venadero, pescador, vaquero, fayuquero, y empresario turístico.

Artículo escrito a petición de Aurelia Aguilar Vidaurrázaga, Guadalupe Gastélum Aguilar, y Eliza García Gastélum.

La vida lleva a las personas por los caminos menos imaginados. Guiado por sus padres, y a la perdida de ellos a muy tierna edad, fue guiado por su hermano mayor, cariñosamente llamado “PILICHON”.

FRANCISCO “PANCHO”AGUILAR AGUILAR, nació en el antiquísimo pueblito, y que aun sigue siendo el pueblito de SANTA AGUEDA, ubicado en las montañas de Santa Rosalía, Baja California Sur. Fue Santa Águeda, la tierra que generosamente le dio el agua que saciaba la sed de los mineros del Boleo en Santa Rosalía, fueron aquellos páramos rociados con la fresca agua que desde lo alto de la montaña llegaba al pueblo del cobre, al pueblo donde los franceses instalaron una de las más productivas minas de cobre en México. Fue el suelo donde se construyera la iglesia de Santa Bárbara, diseñada, y construida por el mundialmente famoso ingeniero GUSTAVE EIFFEL, el mismo de la TORRE EIFFEL de Paris. Distinción que en Baja California Sur, además de Santa Rosalía, también la tiene el pueblo de El Triunfo, donde se encuentra una altísima chimenea de minas, diseñada también por Eiffel.

Allí, en esa tierra pasó su niñez “Pancho Aguilar”, quien nació en la montaña, en Santa Águeda, el día 3 de diciembre de 1921, hijo de Román Aguilar, y de Bernardina Aguilar.

“Pancho Aguilar”, es de los bajacalifornianos de antaño, aquellos que ya desde los cinco años de edad, duramente trabajaban para sacar “el bocado”, o se acomedían en las casas para “granjeárselo”. Eran los días en que el respeto se daba y se ganaba, eran también los tiempos en que los guías del pueblo lo eran: El profesor, el cura, el policía, y cualquier mayor que por enfrente de un chico pasara.

Arreando ganado ajeno, a lomo de burro, desde Santa Rosalía, con rumbo al norte peninsular, viajaba desde jovencito “Pancho Aguilar”. Era un arriero al estilo de los antiquísimos primeros rancheros, quienes arreaban al mero estilo de los primeros vaqueros, al estilo de los misioneros, quienes además de arrear los ganados misionales, transportaban toda suerte de mercancías desde los ranchitos, hasta los pueblitos.

De ésta manera, realizando antiguas actividades de campo y montaña, llegó Pancho Aguilar a El Rosario. Llegó al lugar solo porque era un pueblo que le quedaba de transito, en su rumbo al norte, y no porque para allá se dirigiera.

En El Rosario, Pernoctó, sin imaginar que en ese lugar se encontraría con Rosalía Vidaurrázaga García, chica entonces de escasos quince años de edad, con quien se casaría, y con quien compartiría una larga vida juntos, y de quienes nacerían un puñado de entusiastas y trabajadores peninsulares.

Cuando “Pancho Aguilar”, se “cruza” con la sangre Rosareña, no vuelve a vivir a su querida tierra natal, ahora lo hace en esta tierra, donde pronto ve nacer a María de Montserrat, su primer hija, la que al nacer le cambia radicalmente la vida, y quien la da una fuerza y esperanza antes desconocida por él.

De El Rosario, pasa a vivir con su familia al rancho playero de “El Socorro”, aquel sitio al que en el año de 1848, naufragara el ilustre Chileno Don Manuel Clemente Rojo Zavala, y que con su genial pluma inmortalizara el sitio, en el mismo que tantas penurias le causaran los ladridos de los coyotes, que muy cerca de él, de hambre lloraban; El Socorro, es famoso también por ser el sitio donde el rosareño Anselmo Ortiz Aguilar tocara tierra luego de remar 240 kilómetros desde la isla de Guadalupe, en 1909.

No solo por eso es famoso el sitio, al lugar llegó el infatigable “Pancho Aguilar”, iniciando desde abajo, desde el peldaño de jardinero, actividad con la que se ganaba la vida cuando recién arribo a esa tierra.

Cuando “Pancho Aguilar”, llegó a El Socorro, su propietario era el norteamericano llamado Ricardo Wenguerford, quien había adquirido la propiedad de manos del italiano Guillermo Poidomani, casado con Refugio García Marrón, hermana de la madre de Rosalía, esposa de Aguilar. A la muerte de Wenguerford la propiedad pasa a manos de él, quien la recibe, y junto con su esposa Rosalía y sus primeros niños, se dedican en cuerpo y alma a trabajar en lo que más tarde vendría ser un emporio turístico.

Allí, en El Socorro, “Pancho Aguilar con su familia trabajaba sin tregua, él fue tanto de pescador, como de guía para los cazadores de venado, cuando la actividad era permitida en la región, además cuando la carne escaseaba, solo tomaba su rifle 30-06, o su carabina 30-30, se iba a la montaña, en un par de días después volvía con sus cargas de carne de venado. Fueron aquellas regiones de El Rosario, recorridas por los buenos venaderos como él. Pocos hombres de campo conocían los terrenos venaderos como los conoce “Pancho Aguilar”.

Con el transcurrir de los años, les llegó la edad madura, se rodearon de doce hijos, se fortalecieron con ellos, y juntos construyeron “El Socorrito”, un sitio tan apacible como bello, es un lugar donde han construido tal vez un centenar de bellas casas para descanso, cuyo destino cuenta con pista de aterrizaje para avionetas, en las que llegan los huéspedes de los Aguilar, y que proceden mayormente de California, gentes adultas ya retiradas, y que en este agradable sitio viven sus retiros de manera tranquila y cómoda. Mientras construía aquellas casas, también sembraba solo eventualmente ante la gran escasez de agua. En una ocasión alguien le preguntó:

¿Qué tan grandes crecen los repollos en tu tierra Pancho?

En su buen modo, en su simpatía que lo caracteriza contestó.

Puuchi como crecen, el otro día corte unos, y apenas cupieron dos en mi troque de plataforma, un arrastradero dejaron las hojas por el camino, y eso que los amarré muy bien con nudos de troquero. -¡Con mis siembritas, apenas estoy haciendo bien!-

-Pues Grandecitos, crecen grandecitos-

A sus casi 90 años de edad, “Pancho Aguilar”, ve pasar frente a si, a su gran familia, grande en corazón, y en número, ya que cuenta con casi treinta nietos, y tantos mas bisnietos, además de sus doce hijos.

Nada ha sido fácil, todo lo que ahora tienen, les costó un inmenso esfuerzo, que en ocasiones casi sin comer los dejaba. En una ocasión se quemó su casa en su totalidad; Todos en conjunto decidieron volver a construir una nueva, en el mismo sitio donde con tantísimos trabajos levantaron la primera, la que se les quemó.

¡Aquí empezamos, y aquí seguiremos!, se dijeron, y allí siguen, en el mismo lugar donde en cenizas se convirtió su trabajo de muchos años, desde donde resurgió una casa de grandes dimensiones, sitio también donde su espíritu se fortaleció ante la desgracia, y que ellos convirtieran en oportunidad.

Por muchas, por incontables veredas, la vida lleva a cualquier ser humano, lo golpea, lo abraza, le sonríe, lo deja caer, y así, a ellos les tocó uno de aquellos duros golpes de la vida, la pérdida de su hijo Arturo, quien un día buceando pereció, en la plenitud de sus días en esta tierra.

A fines del 2008 cumplieron sesenta años de casados, y de residir en El Socorro, se les organizó una gran fiesta, lo celebraron en su casa, y en su iglesia que en las inmediaciones de la casa construyeron.

Con fortalezas de aquellas, como la de la familia Aguilar, qué tierra no sale adelante, qué país no próspera. Así son ellos, así son los Aguilar, es lo que aprendieron de sus padres, el gran FRANCISCO AGUILAR AGUILAR y la amable ROSALIA VIDAURRAZAGA GARCIA: Los Aguilar de El Socorro, los que viven en la línea norte donde inicia El Rosario, donde inicia el gran desierto central de la Baja California.

AUTOR DEL ARTÍCULO

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO

03 DE JULIO DEL 2010.

Notas:

1. La región de Santa Rosalía fue explorada por el jesuita Juan María Salvatierra el año de 1701.

2. En 1705, el también jesuita Juan de Bazaldúa fundó la misión de Santa Rosalía de Mulegé, en el sitio de Mulegé, situado sesenta kilómetros al sur del pueblo de Santa Rosalía.

3. En 1868 se descubrió cobre en bolas, lo que dio nombre a “El boleo”

4. En 1872 se instala la compañía minera “Santa Rosalía Eiseman y Valle”, para la explotación del cobre.

5. En 1885, se instala la compañía “El Boleo”, cerrando su explotación en 1954. A partir de entonces el Gobierno de México reinicio la explotación siendo abandonadas de manera definitiva en 1972, debido al agotamiento del cobre.

6. Los técnicos y administradores de “El Boleo” vivían en la “Mesa Francia”, mientras que los mexicanos vivían en la “Mesa México”.

7. La iglesia de Santa Bárbara se exhibió en la exposición universal de Paris en 1887, como muestra de un templo desmontable. En 1895, fue adquirida por la compañía francesa “El Boleo”, y transportada en barco desde Francia hasta Santa Rosalía, donde se ensamblo, y desde entonces es importante símbolo del pueblo.

8. El Pueblo de Santa Rosalía es la cabecera del Municipio de Mulegé, y se encuentra al Norte del Estado de Baja California Sur, en el golfo de California. Cuenta este lugar con típicas construcciones del estilo francés, que le dan un toque muy distinto al resto de los pueblos peninsulares; aquí se tienen montados en museo de sitio, tanto locomotoras de trenes de las minas, y maquinaria de toda índole.

Francisco Aguilar Aguilar y Rosalía Vidaurrázaga García tuvieron tantos hijos como cualquier familia de su tiempo, y ellos son: María de Montserrat, Aurelia, Ricardo, Fernando, Román, Socorro, Arturo (q.e.p.d.), Francisca, Guadalupe (mujer), Melisa, Rosalía, y Patricia.

Rosalía Vidaurrázaga García, fue la hija mayor de Ricardo “Pilayo” Vidaurrázaga Peralta, oriundo de la Ciénaga de San Carlos, en las inmediaciones del rancho Santa Catarina, en la región de El Mármol, y de Aurelia García Marrón originaria de la mina de El Mármol. Todos estos sitios tenían cabecera en El Rosario, Baja California, hoy lo tienen en la delegación de El Mármol, Baja California, en el municipio de Ensenada.