"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

sábado, 13 de septiembre de 2014

NATIVIDAD GARCIA MARRON

Nacida en el extinto pueblo minero de  El Mármol, Baja California, antes perteneciente a El Rosario.

Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
El Rosario, Baja California
A 09 de Septiembre de 2014.
Articulo 118
Patente. 1660383
Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, valoremos y preservemos nuestro legado.
Somos de Baja california, no de Baja.

Natividad García Marrón, mejor conocida como ¨Naty¨, nació en la mina de El Mármol, Baja California, el 25 de diciembre de 1908, fue la hija mayor de Ambrosio García Guerrero, oriundo de Mulege, Baja California Sur, y de Octaviana Marrón Ortega, originaria de El Rosario, Baja California. Sus abuelos paternos fueron Serapio García, y Refugio Guerrero, mientras que los maternos fueron Tomas Marrón Pellejeros, y Encarnación Ortega Espinoza.
Sus primeros cuatro años de vida los pasó en la propia mina, donde su padre se desempeñaba como caballerango de los carros de madera en los que se transportaban los bloques de ónix, desde la mina hasta el puerto de San Carlos, primero, y hasta el puerto de Santa Catarina, después. A la edad de cinco años su familia se trasladó a vivir al pueblo de El Rosario, Baja California, no así su padre, ya que el permaneció trabajando en la mina, visitando a la familia una vez al mes.
Hacia 1914, año en que dio inicio la primera guerra mundial, y en pleno auge la revolución mexicana, Naty fue testigo del ajusticiamiento de varios hombres en El Rosario, personas que el ejército perseguía y les había dado alcance en las cercanías del entonces rancho de don Manuel Valladolid, en cuyos pinos fueron ahorcados unos nueve hombres revolucionarios, ante la estupefacta mirada de los habitantes de El Rosario, incluyendo niños, entre los que se encontraba Naty. Tales hechos ocurrieron en el sitio donde actualmente se encuentra la escuela primaria ¨Francisco I. Madero¨.
Durante los hechos, un soldado se acercó a Naty, y le dijo. ¡No te asustes ni llores niña a ti nada te va a pasar! Esas palabras, y aquella acción retumbaron en su mente durante toda su vida.
Vivió Naty en El Rosario, hasta los dieciséis años de edad, en ese lapso fue alumna de la escuela elemental mixta número VI, siendo sus maestras Alejandra Legaspy, y Flora Castro, entre otras institutrices que radicaban por esos motivos en el pueblo.
A la edad de dieciséis años contrajo nupcias con William  ¨¨Willy¨¨ James Cochran Flores, pasaron a vivir a la mina de El Mármol, donde  Willy trabajaba, en cuyo lugar, antes de 1930, nacieron sus dos primeros hijos,  otros en El Rosario, y otros más en Ensenada.
En 1940, se radicó la familia en la calle novena de Ensenada, en una casa de madera estilo victoriano inglés, que aún existe, y que le compraron a un militar, que fue construida en ese lugar en 1906, la misma en San Diego, California, había sido edificada en 1886, lugar de donde se desmontó y trasladó a Ensenada en 1906.
Mientras que la familia se quedó de manera definitiva en Ensenada, Willy se ausentaba de casa por motivos de sus trabajos en la minería y en la construcción pesada en toda la península de Baja California, y en el vecino estado de Sonora, lugares de donde obtenía el sustento para los suyos, volviendo con los suyos, cuando tenía lo suficiente acumulado para llevarlo a casa.
Fue Naty, el pilar central, el corazón, la unidad de la familia, el brazo inquebrantable que apoyaba a su esposo y a sus hijos, quien con toda su energía sacó adelante todas y cada una de las obligaciones que la vida le impone a una madre, y esposa, que como tal, fue toda una dama. No existió nada que la hiciera caer, cuando a su alrededor muchas cosas se derrumbaban, ella continuaba de pie, pues sabía que el mantenerse firme, haría que los suyos y quienes la rodeaban siguieran su ejemplo, y llegaran a ser personas de bien.
Tuvo que pasar el trago amargo de perder a tres de sus niños, entre ellos el mayor, llamado ¨Guillermo¨, quien a corta edad, falleció de meningitis. Atendió y cuidó a la madre de su esposo durante ¨diecisiete años, y diecisiete meses¨, como ella lo decía, en referencia, que los primeros diecisiete años estaba enferma, aunque se valía en algo por sí misma, pero en los últimos diecisiete meses, estuvo completamente dependiente de Naty.
En una ocasión llegó un familiar de visita a la casa, aprovechó Naty para solicitar información del estado que guardaban los familiares en El Rosario.
¿Qué razón me das de Domingo mi hermano? le preguntó al visitante.
¿Oh, cómo es que no sabes que hace meses murió? Le contestó. Mientras tanto Naty casi desfallece ante tal noticia. Y es que las comunicaciones entre los pueblos de la península, en ocasiones tomaban largos periodos de tiempo en que unos supieran lo que a otros  les sucedía.
Otro duro golpe fue  la pérdida de su esposo, hecho ocurrido en 1974, y en 1981 la pérdida de su hija Olivia Alicia, cuando contaba ella con cuarenta años de edad. Ante tales golpes que la vida le propinó, continuó con la entereza que solo las damas saben cultivar, aquellas mujeres que ante nada se quiebran, que viven de manera estoica, y no desfallecen, y si lo hacen, tienen la sabiduría de reponerse, y no se dejan intimidar por mitos, leyendas, pasiones menores, sentimentalismos, malos entendidos, que muy al contrario, sacan fuerza y entereza, permaneciendo de pie ante cualquier calamidad, dando sujeción, cobijo y seguridad a los suyos, porque solo ese tipo de damas saben que la familia es lo más importante que una mujer puede llegar a formar. De ese tipo de damas fue Naty, a quien en la vida mucho le quede a deber, pues con vivir en su cercanía, la vida me entregó un tesoro en su amistad, cuidados, y atenciones que tan gentilmente me brindó.
Fue ella quien me apoyó en varias narrativas de mi primer libro ´LOS ROPSAREÑOS´, que publique en 1992, a siete años de su fallecimiento.
Brevemente le dedico éstas narraciones a la gran mujer que supo formar a gentes de bien, a la persona a quien tanto le quede a deber, que tanto me enseñó, y de quien aprendí que la vida es una sucesión de experiencias, algunas muy agradables, y otras sumamente dolorosas. Y como ella lo decía, por muy doloroso que algo nos resulte, si  la vida no lo puede sanar, la muerte podrá, porque al morir uno, todo termina, lo bueno y lo malo. Solo debemos tener presente que nuestro prestigio es algo que jamás morirá, es por eso que debemos trabajar en ser personas prestigiosas, para dejar grata memoria, y estar presente en los recuerdos de nuestros descendientes, por eso debemos estar con ellos mientras tengamos vida.

AUTOR DEL ARTÍCULO.
ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
09 DE SEPTIEMBRE DE 2014.

NOTAS RELEVANTES. Natividad García Marrón y William James Cochran Flores, procrearon a nueve hijos. Guillermo primero, Elena Esther, Olga, Eduardo, Juan, Enrique, Guillermo Santiago, Olivia Alicia, y Carlos David.
Falleció el 9 de septiembre de 1985, en Ensenada, Baja California.
Fue la hermana mayor de mi abuela paterna María Visitación García Marrón.

Viví en su casa de septiembre de 1970 a agosto de 1976.

Natividad García Marrón de Cochran, década de los 1930´s. archivo Elena Esther Cochran García.

Natividad, Willy, algunos hijos y nietos. Ensenada, Baja  California, 21 de octubre de  1957.

3 comentarios:

Antonio Chaidez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Antonio Chaidez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Antonio Chaidez dijo...

Mi estimado amigo, leyendo tu artículo acerca de tu tia Naty, me doy cuenta cuan dificil era la vida para esos entonces. Esa gente forjaba su carácter a marro y cincel, y aún así, su alma no se volvía amarga ni resentida contra los demás (que muy a menudo, ni culpa tienen). Tu tia Naty y tu tio Willy conservaron su corazón dulce y benévolo, además de lleno de sabiduría. Ellos tenían valores genuinos que fueron adquiriendo a traves de la vida, y que muy bien supieron como pasarlos a sus seres queridos.
Había tanto que aprenderles a esas gentes, que era necesaria toda una vida de convivencia para recibir su sabiduría y enseñanzas. Tú tuviste la gran suerte de sentarte en el pupitre de mero enfrente, con ellos como tus maestros, y dejame decirte que saliste muy buen alumno.
Gracias por compartir estas memorias, y vaya un gran abrazo con mucho cariño para esos viejos que tanto te dieron. Saludos mi amigo.

29 de octubre de 2014 19:26 Eliminar