"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

miércoles, 8 de agosto de 2012

DOCTOR Y PROFESOR FRANCISCO DUEÑAS MONTES.


Destacado y Célebre personaje de Baja California, descendiente de El Rosario.
Nuestras tradiciones son cultura y conocimiento, valoremos nuestro legado.
INTRODUCCION Y NOTAS:
Por Ing. Alejandro Espinoza Arroyo
31 de Julio de 2012
Artículo número 98.
Patente 1660383.
Somos Baja California, tengamos dignidad, que no nos hagan decir: 'Baja'.

INTRODUCCION.
             El Profesor Felipe S. Dueñas Palencia, fue el primero de esa estirpe que llegó desde Jalisco a El Rosario, Baja California, a finales de 1898, siendo enviado por el gobierno federal para que se hiciera cargo del Juzgado de Paz del lugar, en cual atendió a partir de enero de 1899, siendo 'su' primer fallecido nada mas, y nada menos que Don Ángel Loya Moreno, quien  junto con Maria de Jesús Espinoza Marrón,  fundaron esa familia en la región,; Loya falleció en el Rancho El Rosarito de los Loya Espinoza, en mayo de aquél lejano año del siglo diecinueve.
         Era el profesor Dueñas Palencia, en 1898, cuando arriba a El Rosario, un joven de tal vez unos treinta años, cuando más. Su labor fue destacada, siendo el segundo maestro que dio clases en El Rosario, después de Sebastián de Aparicio Soriano; ambos dieron clases en la escuela mixta elemental numero IV; ademas Dueñas le siguió en el Juzgado al Juez Benjamín Romero, de quien por cierto, el Juez Dueñas, en 1899, le tocó levantar su acta de defunción, al fallecer Romero en la misión de San Fernando Velicatá,  a causa de asma. Se aprecia en la lectura del acta que el juez Dueñas, le guardó mucho respeto y admiración a Romero, a quien le llama: 'Don Benjamín Romero', siendo que apenas contaba, al morir, con cuarenta años de edad, ademas asentó los nombres de sus hermanos, padres, y otros pormenores que en ninguna otra acta se encuentran.
       Por qué llegó el profesor Felipe S. Dueñas Palencia desde Jalisco hasta el remoto , polvoriento, neblinoso, desértico, y casi olvidado pueblo de El Rosario, Baja California, en un tiempo en que viajar, era algo de pensarse dos veces. Sería porque en este tan apartado rincón de México, y de Baja California, se encontraría con la rosareña, señorita Crescencia Montes Ortiz, conocida en el pueblo como 'La Bella Crescencia”, con quien se casa en el lugar, en 1900, y fuera la madre de los primeros  siete 'Dueñas' Baja-californianos de esa estirpe: ?O sería  el destino?. Algunos dicen que el destino no existe...
       Dejaremos un poco más adelante de esta narración  para que sea su propio hijo el Doctor y Profesor Francisco Dueñas Montes, quien nos deleite con sus trabajos que durante muchos años recopiló, incluso muchos datos llegados desde su propio padre.
         No sin antes también, agradecer la gran distinción del que soy objeto por parte del señor Francisco Dueñas Toledo, hijo del Doctor Francisco Dueñas Montes, y nieto del profesor Felipe S. Dueñas Palencia, al enviarme del archivo personal de su padre y abuelo, la información que a continuación se encuentra, la que, generosamente escribieron sus autores, principalmente el ilustre doctor Dueñas.
       Y reconocer a Raúl Dueñas Diaz, nieto de Dueñas Palencia, siendo el primero de ese linaje con quien tuve el gusto de tratar, a causa del seguimiento que él le ha dado a mis trabajos de historia publicados en internet.
       El Doctor y Profesor Francisco Dueñas Montes, fue Diputado Constituyente del Estado de Baja California, fundador de la Escuela Normal Fronteriza de Mexicali, y de la Escuela de Pedagogía de la Universidad Autónoma de Baja California, en Mexicali; de las que fue Director, y maestro. Fue coautor de la constitución política de Baja California. Fue reconocido por su incansable labor por la UNESCO.
       Entre tantísimas otras actividades que el Doctor Dueñas Montes legó en beneficio de Baja California, a la que por cierto, jamás llamó 'Baja', como lo hace la actual administración del Estado, sobretodo cuando se refieren a la destacada labor de nuestros deportistas, a propósito de las Olimpiadas en Londres 2012..
A las siguientes narraciones de la autoría del Doctor Francisco Dueñas Montes, solo le he agregado entre paréntesis ciertas actualizaciones para facilitar la ubicación en el tiempo.

MEMORIAS  DE  VIVENCIAS  DE  TODA  UNA  ÉPOCA
EN  BAJA  CALIFORNIA.
Por el  Doctor Francisco Dueñas Montes
Capítulo primero.-
          Baja California, fascinante y enigmática, ejerce igual atracción, a través de los siglos, lo mismo a descubridores que a conquistadores, igual a evangelizadores que a osados aventureros.
La alargada península es toda una leyenda rodeada de misterio, largos años exploradores y cartógrafos la diseñan como una isla habitada únicamente por mujeres bravías y sanguinarias. Y es hasta cuando llega la era de los grandes descubrimientos, cuando Baja California queda definida como una península, cuando se identifican las tribus aborígenes que la pueblan, y cuando se inicia de lleno su evangelización, primero por los misioneros Jesuitas, luego por los  y  franciscanos dominicos.
         En esta virtud, en mi carácter de profesor y medico originario de Mexicali y con raíces en el norte de la península, no he permanecido inmune a esa seducción. Al igual que mi padre, he observado y tomado notas, con la mayor acuciosidad que me ha sido posible, de los sucesos y lugares en que me ha tocado vivir. Por ello se puede considerar que la afición a escribir y el afán histórico me han llegado por herencia paterna.
Nací en Mexicali, cuando corría el año de 1908 y había una población que apenas llegaba a los mil quinientos habitantes, tomando en cuenta a los residentes en las áreas rurales, dedicados a la agricultura.
        Se iniciaba, en aquella época, un mayor incremento en toda clase de actividades, en leal competencia con la que se desarrollaba en Caléxico, California su vecina ciudad, que fue fundada unos dos años antes que el poblado del lado mexicano. Al igual que Los Algodones, que desde el final del  siglo pasado (diecinueve) había reunido a un mayor número de habitantes gracias a las obras que desde hacía algunos meses se venían ejecutando en el Río Colorado. La vecina Calexico había progresado un poco más en su crecimiento demográfico.
         Fue hasta que Mexicali adquirió cierta importancia y acusó un más halagador futuro, que la cabecera de la sección municipal se cambió de Los Algodones a Mexicali.
Procedo de una familia nativa de Baja California. El Gobernador del Distrito Norte de Baja California, a instancias de Don Manuel Clemente Rojo, de origen peruano, solicitó un grupo de maestros para que ejercieran en algunos poblados del Distrito, como en El Rosario, pequeña y pintoresca ranchería, ubicada al sur de San Quintín.
En ese grupo arribó a aquellas tierras, procedente originalmente de Jalisco, Don Felipe Dueñas y a la par que impartía las primeras letras en El Rosario, ocupaba los cargos de Oficial del Registro Civil y Juez de Paz de la localidad.
          En el Rosario, Don Felipe S. Dueñas casó con la Señorita Crescencia Montes, de 18 años de edad. De aquel matrimonio nacimos los siguientes hijos, (nombrados de mayor a menor):
1.- Filipina, nacida en El Rosario, 2.- Eduardo, nacido en Ensenada, 3.- Enrique, también en El Rosario, 4.- Francisco, en Mexicali, 5.- Julia, 6.- Carlos y la menor, 7.- Enriqueta, en Los Algodones, Distrito Norte de la Baja  California.
          El Rosario, a fines del siglo pasado, (diecinueve) era un rancho más o menos poblado. Había una veintena de casas habitadas por oriundos del lugar, y otros procedentes de Loreto. Las familias eran dueñas de sus pequeñas parcelas, que cultivaban gracias a un arroyo de aguas corrientes, que constantemente bajaban de las montañas vecinas, para seguir deslizándose plácidamente hasta desembocar en el mar.
        En 1774 se había construido la Misión de El Rosario, la que reunía a los fieles con su clamoroso llamar de una campana, cuyas notas escuchábanse a más de veinte kilómetros a la redonda.
Contaba el lugar con una pequeña escuelita, (Mixta Elemental Numero IV), cuyas paredes venerables recogían el eco de las palabras del Profesor, Don Felipe Dueñas, día con día, pues fue en aquella escuelita donde mi padre nutrió a los niños del pintoresco villorrio con sus primeras enseñanzas.(A los nacidos entre1887 y 1890).
         El Rosario era un alto obligado al paso del camino, entre el norte y el sur, y cuentan sus moradores que vivieron felices en aquella época, a pesar de su modestia, de su ausencia de ostentación, pues todos se conocían y trataban entre sí, todos eran amigos y muchas de las familias estaban enlazadas por estrechos parentescos. Las parcelas familiares proveían a la población de frutas, granos y legumbres, tales como maíz, trigo, frijol, verduras, en cantidad suficiente para todos, y había ocasiones en que era tanta su producción que mandaban parte, en ocasiones hasta Ensenada.
         Hagamos un paréntesis para anotar otros datos acerca de las misiones de Baja California. El rancho de El Rosario fue conocido desde 1774, cuando los padres Dominicos fundaron la Misión en ese lugar, pues los Jesuitas que habían construido sus misiones, abandonaron la- península en 1768, embarcando en (La misión de) Loreto 13 de los frailes, en lugar de los 16 que habían arribado originalmente.
El cronista, padre Clavijero, afirma que en ese tiempo había una población determinada de más o menos siete mil habitantes, repartidos en las varias misiones, que fueron poco a poco diezmados, unos por el sarampión, la viruela y otras enfermedades, pero principalmente por el ataque de los nativos indios que se calcula en 18 mil de ellos. Con la población que habitaba en la desembocadura del Rio Colorado, y la que vivía desde la Misión de Santa María hasta la Bahía de Todos Santos, Clavijero calculó aquella población en 25 mil habitantes más o menos.
         La principal y más importante obra de los Jesuitas, fue la construcción de las misiones para educar y enseñar el catecismo a los indios. Durante los setenta años que los Jesuitas habitaron la península, trazaron mapas de la costa oriental y de las islas adyacentes. Exploraron el interior de la península hasta el paralelo 31, latitud norte, trazando veredas que después fueron caminos que unieron a todas las misiones y que eran utilizados por viajeros, caminantes y arrieros. Establecieron lo que se llamó "El Fondo Piadoso" y en total, los evangelizadores fundaron 23 misiones. El sistema misional de los Jesuitas no ha sido superado. Enseñaron a los naturales a cultivar la tierra y construyeron sistemas de regadío.    Fueron misioneros de muy vasta cultura, de muy amplia ilustración y muchos de ellos procedían de familias acomodadas, cuya labor evangelizadora la desarrollaban por su alto espíritu de servicio y bondad. Entre ellos, había ocho alemanes, seis españoles y dos mexicanos nativos.
         La Misión de El Rosario, que fue ya obra de los Dominicos, debe su fundación a un donativo de dos mil pesos hecho por el Rey de España. Un año más tarde, fue fundada la Misión de Santo Domingo al norte de la anterior, construida de adobe a la orilla de un arroyo. A pesar del tiempo, aún se conservan en el lugar algunas palmeras datileras y otros frutales de los que plantaron en aquella época los frailes.
      En el año de 1824, Duflot Mofras, atache de la Legación francesa en México, hizo algunos estudios en la península, de sur a norte, visitando en su recorrido casi todas las misiones. Afirma el viajero, que en ese año, había en la Paz una población de 400 almas; en Loreto 200; en San Javier 55; en Mulegé 74; en Comondú 81; en Magdalena 35; en .Guadalupe 240; en San Ignacio 19; en San José del Cabo 320; en Todos Santos 260; en San Antonio del Real 717; en Santa Gertrudis 53; San Borja 71; en San Fernando (Velicatá) 45; en El Rosario 75; en Santo Domingo 159; en San Vicente (Ferrer) 261; en Santo Tomas 233; en San Miguel (Arcangel del la Frontera) 430 y en Santa Catarina 48. Total, 33 mil 376 habitantes.
       Cuando ocurrió la ruptura de relaciones entre los gobiernos de México y los Estados Unidos (1846), una compañía militar, al mando del Coronel Stevenson, ocupó la Bahía de Todos Santos, (Ensenada) mientras otras fuerzas, al mando del Coronel Burton, desembarcaron en la Bahía de La Paz. El Capitán Pineda, de las tropas mexicanas y el fraile de San Ignacio, invitaron a los nativos a tomar las armas contra los invasores. En este año, México fue mutilado en más de la mitad de su territorio, recibiendo en cambio una ridícula indemnización por el vil despojo llevado a cabo por Norteamérica.
       Entonces la corriente de viajeros se realizaba de norte a sur, invirtiéndose más tarde, por lo aislado de la península, por su falta de comunicaciones, porque las enfermedades y los indios diezmaban continuamente su población, y porque los descubrimientos de oro en California atrajeron la corriente de viajeros al revés, es decir, de sur a norte.
En el año 1887, se determinó dividir la península en dos distritos. El del Sur, con su capital en La Paz, y el Norte con su capital en Ensenada.
          Durante la época de auge de la compañía inglesa, que ocupó San Quintín para sembrar trigo y elaborar harina del mismo, se emplearon varios vecinos de El Álamo y otros lugares. Algunos aficionados a la pesca proveían de pescado y mariscos a la comunidad. En esos años "El Rosario" era un rancho modelo de convivencia, de identificación, donde sus moradores formaban una sola, grande y unida familia.
No faltaba en el lugar el improvisado panteón, (data de 1802) erigido en un solar adquirido por todos los vecinos, panteón que, con todo y su humildad, estaba siempre lleno de flores frescas.
     Fue entonces cuando mi padre recibió la comisión de trasladarse al rancho "Los Algodones", con el cargo de Contador de la Aduana. Allí se estableció con toda su familia, en el año de 1908.
       El rancho de "Los Algodones" se conocía desde 1859. Fue adquirido en primera instancia por Don Pedro Villarino, del gobierno de Juárez, a la sazón en Veracruz.
Después el señor Villarino traspasó sus derechos a Moreno Altamirano. Este a su vez los cedió a Bluthe y  (Guillermo) Andrade, quienes los adquirieron porque el terreno les era indispensable para derivar las aguas del Colorado al Valle Imperial.
Andrade adquirió 305 mil 735 hectáreas del gobierno, condicionando a que deberían radicar en aquellos terrenos cuando menos setenta familias de indios Cucapas, quienes ocuparían una superficie de 10 hectáreas por familia. En realidad, desde muchos años atrás ya ocupaban parte de aquellas tierras los mencionados indios.
Tras algunas gestiones, finalmente Don Porfirio Díaz, Presidente la República, extendió los títulos de propiedad a favor de Andrade por aquella inmensidad de terrenos. Tan negro capítulo se escribió el 7 de agosto de 1889.
        En los primeros años del actual siglo, el pueblo de "Los Algodones” fue creciendo por los trabajos que allí realizó el gobierno de los Estados Unidos, para evitar que las aguas invadieran cultivos en el Valle, de modo que se observaba una actividad mayor que en la zona de Mexicali, donde había una Aduana, menos importante que la de "Los Algodones", pero que contaba con un cuerpo de empleados entrenados para la revisión de los vagones del ferrocarril, cuya inspección se hacía en "Los Algodones".
      En el libro “Colonización del Valle de Mexicali”, se dice que los miembros de la expedición Williamson contemplaron un sistema artificial de regadío hecho por los indios, quienes lo aprendieron de los Franciscanos, misioneros de la Purísima Concepción y de San Pablo y San Pedro, cuyo sistema de riego también fue encontrado por el Padre Kino en algunos lugares de Sonora y Arizona. La idea era el riego por gravedad de las tierras laborales de la "depresión del Colorado”. Se sabe que el General Fremont, (invasor de la Alta California en 1846) llegó a idear la reconstrucción del "Lago Cahuilla" en esta depresión, mediante la desviación de las aguas del Colorado, con el fin de cambiar el clima del desierto. Seguramente que tenía conocimiento que las grandes avenidas del Colorado precipitaban sus aguas por todo el Valle de Mexicali y parte del Valle Imperial. Pero esta laguna se secaba al descender la corriente del río.
         Se sabe que estas aguas habían corrido abundantemente en 1840, 1842, 1852, 1862, y 1867. Los estudios de Carlos Robinson Rockwood, ingeniero de Michigan, relatados en su libro "Born of the desert” formula un mapa regional en 1856, mostrando que el hoy "Valle de Mexicali" es una área de tierra fértil y cuya superficie podía ser regada por gravedad, puesto que quedaba abajo del nivel del Río Colorado. Tal estudio, ocasionó la concurrencia de ambiciosos capitales para explotar dichas tierras previa canalización y construcción de compuertas.
Fue así como la "Colorado River Irrigation Company" puso manos a la obra y siguieron después otras empresas interesadas en estas tareas, consideradas como colosales obras de riego.
       Se dice que la formación de la "Sociedad de Riegos y Terrenos" es uno de los acontecimientos más importantes en la historia del Valle de Mexicali.
      Posteriormente, y de acuerdo con las gestionas realizadas por Andrade, se formó la sociedad anónima, en la cual intervinieron única y exclusivamente norteamericanos. La sociedad se denominó "Sociedad de Irrigación y Terrenos de la Baja California" y su objeto era, entre otras cosas, adquirir tierras, construir canales, etcétera.
        Fue así como, desde el momento en que el general Porfirio Díaz legalizó con su firma la venta de las casi 400 mil hectáreas de terrenos de Baja California a Don Pedro Villarino, que a la postre pasaron a poder de (Guillerm0) Andrade, se atentó contra la soberanía del país, se sustrajeron aquellas tierras al dominio de México, y la constitución de la sociedad formada por este individuo, con accionistas norteamericanos exclusivamente, lo prueban fehacientemente. Aquella venta a todas luces ilegal, antipatriótica, pesó sobre la soberanía de México durante largos años y fue motivo de escarnio y vil explotación de Baja California, por empresas extranjeras, hasta que el general Lázaro Cárdenas decretó la expropiación de aquellos latifundios, rescatándolas para México.
       Pero, tras esta necesaria explicación, debemos agregar que la mencionada sociedad de Irrigación y Terrenos de Baja California, logró además el permiso para construir y poseer presas, acequias, acueductos y otras construcciones, para colectar, depositar, conducir, y distribuir aguas para la irrigación. Pero no fue eso todo lo que obtuvo la afortunada sociedad:     
         En el año de 1904, ya había sido autorizada para llevar agua a los Estados Unidos por el lado americano, pero, desde mucho antes, anticipándose a la obtención del permiso, la sociedad había iniciado trabajos y desde el año de 1901 ya irrigaba tierras labrantías del Valle imperial, por medio del Canal llamado número uno.
     Con trabajos, el poblado de Los Algodones fue creciendo a tal punto que el gobierno mexicano vio la necesidad de construir una Aduana, en la cual trabajó mi padre como contador, según ya lo hemos dicho, y Don Tomás Meléndrez como administrador, auxiliados por un personal de 6 o 10 empleados mas . El edificio de aquella aduana era bastante amplio, construido de madera y pintado de amarillo, a unos cuantos pasos de la línea divisoria con los Estados Unidos. En el lado americano había una garita donde se turnaban algunos celadores con sus armas.
        El lado americano se llamaba "Andrade", nombre del concesionario del latifundio. A una cuadra de la garita vivía mi familia, en una pequeña casa de madera de tres piezas. Esta casa, junto con el edificio de la Aduana, fueron quemadas por los magonistas, cuando invadieron el lugar en 1911.
          Habiendo ocupado varios cargos públicos y la responsabilidad de algunas escuelas, al sur de la península, mi padre, observador atento, era aficionado a hacer apuntes de todo aquello que veía o de cosas de las que tenía conocimiento. Estos apuntes fueron cuidadosamente conservados por la familia y han servido de mucho para confirmar algunos hechos sucedidos en los lugares en que vivió, sobretodo de Ensenada, ya como cabecera del Distrito, donde también vivían algunos de sus viejos amigos, como por ejemplo, Don Epigmenio Ibarra, que fue después Gobernador del Distrito, y tutor, en la ciudad de México, de estudiantes baja californianos, incluyendo al que esto escribe.
      Fue amigo también mi padre de David Zárate, oriundo del Real del Castillo y quien redactó interesantes y valiosos apuntes acerca de aquel lugar, que fue cabecera oficial del Distrito, antes de cambiarse a Ensenada en 1882. El entonces Gobernador Sanginez ayudó mucho a mi padre, pues invitado por dicho gobernante vino a Baja California, junto con un grupo de profesores.
        Cuando Sanginez abandonó su cargo, no quiso dejar desamparado a su gran amigo, el profesor Dueñas, habiéndolo recomendado para que pasara a la aduana de Los Algodones. Esta recomendación se hizo efectiva, lo cual comprobó personalmente el ex-gobernador Sanginez, en una visita que hizo a Los Algodones en 1902, luego de haber estado aquí, en Mexicali.
      Por cierto, se asegura que fue Sanginez, en aquella visita que hizo al villorrio aún sin nombre, quien le puso Mexicali, utilizando las primeras sílabas de México y California, al revés de como los vecinos bautizaron a su población fronteriza de Calexico, con las primeras letras de California y México.
      Fue aquella época una de las más felices para la familia Dueñas, que eran queridos y respetados en Los Algodones , villorrio que entonces se componía de unas 35 casas , algunas de adobe, otras de madera, muchas levantadas con horcones de árboles y con techos de cachanilla. Todas las noches llegaba el ferrocarril de paso, con docenas de furgones cargados de fruta del Valle Imperial, para su revisión al paso de la frontera. Los integrantes del personal del tren, empezando con los garroteros, eran bondadosos, esplendidos, y repartían a la gente del pueblo melones y sandías, verduras y vegetales y toda quella producción de los campos agrícolas, que transportaban diariamente del Valle rumbo al Este. La llegada del tren a Los Algodones, por tal motivo, era recibida con júbilo, sobre todo por la 'chiquillería', que devoraba la fruta feliz y encantada. Era fruta madura con los soles ardientes de California y con las aguas vivificadoras del Río Colorado.
    Desafortunadamente, un día aciago aquel tren no nos llevó el regalo de sus frutas ni de sus amabilidades. Nuestro añorado tren fue el mismo que llevó a las huestes magonistas a atacar Los Algodones, las huestes que quemaron la aduana y nuestra casa. Fue un día negro de 1911.
       La previsión, el amor y la devoción que mi padre profesaba por nuestra familia, y un evento fortuito, inesperado, nos salvó de la ruina y acaso de la muerte. Los rumores de que Los Algodones serían invadido por los magonistas, se precisaba ya bien claro en lo que ya no eran predicciones, sino hechos reales muy próximos a acontecer, por tal motivo, mi padre nos trasladó a Andrade, del lado americano, donde consideró segura a la familia, mientras él siguió cumpliendo sus tareas en la aduana mexicana. Había razón para la alarma, Mexicali había sido invadido por los magonistas, que ocuparon la plaza sin resistencia alguna.
     No ocurrió así en Los Algodones. Ante el asedio de los magonistas, los celadores aduanales del poblado repelieron a tiros la agresión, resultando muerto el teniente Cecilio Garza, herido el administrador de la Aduana Melendrez, que resultó herido en una pierna y fue trasladado a Andrade para su curación, y a mi padre lo salvó uno de esos fortuitos a que me refiero. Había ido a Yuma, Arizona, a una misión ordenada por el gobierno Federal. Por otra parte, la vida en Los Algodones de entonces, parecida a la de ahora, era plácida y tranquila, los vecinos se reunían los sábados y domingos para presenciar y apostar en las carreras de caballos, que se escenificaban en cualquier llano. Como los chicos no tenían escuela, ayudaban en los quehaceres de la casa, cortaban y acarreaban la leña para las estufas, sembraban algunas hortalizas y gozaban bañándose en las aguas revueltas del Río Colorado. Los mas grandecitos, incluidos los Dueñas, eran buenos cazadores de conejos. Iban los Dueñas cada semana de paseo a Yuma, gracias a la franquicia o pase que les había otorgado el ferrocarril. O iban a Y urna, o a Calexico, o a Mexicali, a la compra de ropa y provisiones.
      Habiendo nacido dos Dueñas en El Rosario, otro en Ensenada y tres más en "Los Algodones", se determinó que el próximo vástago naciera en Mexicali. Así pues nací en esta ciudad, de Mexicali a la que estoy ligado por indisolubles lazos de afecto y a la que me he esforzado en servir, como médico y profesor, al igual que como ciudadano, cuando he participado en la vida política de la entidad. (Diputado Constituye del Estado de Baja California)
        En ocasión en que nacía un nuevo vástago, era costumbre en la familia avisar mediante carta a El Rosario, anexando las fotografías para que los padres de mi madre se enteraran del nuevo miembro de la familia.
      En Los Algodones, ya lo hemos dicho, no había escuela entonces. Empero, siendo profesor Don Felipe Dueñas, no iba a permitir que sus hijos careciéramos de la elemental instrucción. Así recibimos las luces de las primeras letras, con tal eficacia, que cuando ingresé a la escuela Cuauhtémoc, de Mexicali, en el año de 1917, me pusieron en el segundo año, y no en el primero como correspondería, puesto que ya conocía las enseñanzas elementales.

EL RIO COLORADO.
    Algodones, como se le conoce ya abreviando su verdadero nombre que es “Los Algodones”, crece y crece cada día, merced de las obras que se van haciendo en el Río Colorado.
   Para estas fechas, de 1909, el caudal del río es extraordinario, rápidas e indómitas las corrientes, arrastran palizadas, ramajes, forman turbulentos remolinos. La chiquillada de Los Algodones iba a bañarse bajo el puente de Yuma, en aquellos peligrosos remolinos y abismos profundos, donde de puro milagro, salvé la vida al caer entre las aguas del río, gracias a que un compañero, heroico, que sin medir el peligro, se arrojó a rescatarme, cuando ya perdidas las fuerzas me había dejado arrastrar por la corriente vertiginosa. Posteriormente comentaba con mis  compañeros que no había podido tocar tierra con los pies, no obstante que varias veces intente hacerlo. Así de profundas eran las aguas de aquel caudaloso Colorado.
        Esto explica la razón por la cual, muchos autos y camiones, vacíos o cargados de algodón, al caer al río, desaparecieron para siempre, sin que ni los hombres ni los vehículos hayan sido recuperados jamás. Dolorosa la tragedia de los Vildósola, uno de cuyos hermanos, Pomposo, se hundió en las aguas fatídicas, sin que apareciera nunca, ni su cuerpo ni el jeep en que viajaba.
        Las presas construidas por los vecinos arriba del Colorado, a la par que domaron un poco sus furias, dejaron que las aguas corrieran con más placidez, arrastrando limos y materias orgánicas que el río, en sus veleidades, en sus continuos paseos por el valle, depositó en las partes bajas, favoreciendo con ellos la consistencia de las tierras, que se hicieron más aptas para la agricultura.
         En la esquina de una de las calles principales de Yuma, Arizona, había una frutería cuyo dueño se llamaba Yote. Tenía dos hijos, Yuguin y Ollen, quienes eran muy amigos de toda la muchachada de Los Algodones. La familia Dueñas, era vecina de los Yote, en Yuma. Los Yote eran además dueños de un rancho en La Mesa. Era la plantación de frutales con ciruelas, manzanas, naranjas, y eventualmente fresas, melones y sandías. Los amigos de los muchachos Yote iban a piscar a aquel bonito rancho y a dar rienda suelta a su glotonería.  
     Este rancho, proveía de fruta los almacenes y tiendas de Yuma. Servía además de alojamiento a nuestra familia, cuando íbamos de visita a aquel lugar, así como la casa de los Echeverría, en Mexicali, originarios de El Rosario, Baja California, emparentados con Crescencia Montes, en donde pasábamos dos o tres días, cuando veníamos a Mexicali. Pero los años de 1908 a 1913, los Dueñas vivimos de preferencia en Los Algodones y sus alrededores.
          Mi padre, originario de Guadalajara, tenía una idea fija: Quería llevar a la familia a su tierra natal, con el fin de que aprovecháramos los mejores colegios que había en la Perla Tapatía y donde sus hijos nos educaríamos con mayores recursos, y en establecimientos de primaria y secundaria, de los que en Mexicali se carecía.
         Al fin, ya plenamente decidido a mover a la familia, salió Don Felipe Dueñas rumbo a El Paso, Texas, donde haría los arreglos para llevar después a toda su familia. Partió en el tren acompañado de mi hermano mayor. Ocho días después mandó por el resto de la familia, cuando ya había conseguido casa en arrendamiento.
Pero el destino había ordenado que las cosas no fueran como las había proyectado el jefe de la familia. La revolución había tomado demasiado auge, y en Juárez había repercutido el rompimiento ocurrido entre las fuerzas de Villa y las de Carranza. Imposible era entonces proseguir el viaje hasta Guadalajara, y fue aquel giro impuesto por el destino lo que impidió entonces que los Dueñas nos hiciéramos jaliscienses y que los muchachos hubiéramos asistido a mejores colegios.
         La revolución (mexicana iniciada en 1910), en el sur y en el norte del país, había impedido el viaje de la familia a Guadalajara, como era el propósito de mi padre. Pero, ya estábamos en El Paso, Texas. Se hicieron los arreglos para adquirir un modesto restaurante y esperar que mejorara la situación en el lado mexicano y se regularizaran las corridas de los trenes hacia el sur. Más, en esos años de 1915 y 1916, las cosas fueron empeorando. La guerra civil se sentía en todos los ámbitos del país. Mis hermanos mayores se pusieron a trabajar, a vender el diario, a prestar servicios como mozos, recaderos, etc. Los domingos había oportunidad de cruzar la   frontera y visitar Ciudad Juárez. Se compraban "bilimbiques" en El Paso y se gastaban en el lado mexicano.
        En cierta ocasión, nos tocó ver al General Francisco Villa en la plaza de toros de Juárez. Aquello parecía una romería. Deambulaban los soldados armados por las calles, las soldaderas y gente del pueblo comprando cosas en el mercado. Se oían músicas, gritos, alboroto. Parecía que todo mundo andaba nervioso, queriendo expresar lo contrario, divirtiéndose en casas de juego, en las cantinas.
        A los pocos días, los carrancistas (Fuerzas de Don Venustiano Carranza, entonces presidente de México) tomaban la plaza de Juárez, de modo que los famosos "bilimbiques" (papel moneda de Villa), perdía todo su valor, quedaban convertidos en simples papeles y los únicos billetes que valían eran los que traían las fuerzas victoriosas de Carranza.
     En medio de aquel bullicio, de tan caótica situación llena de presagios, rumores y temores, pasó un año entero. Mi padre tomó entonces la determinación de regresar sólo a Mexicali, para buscar acomodo y mandar luego por el resto de la familia. Así lo hizo, más el destino había de llenar de luto y desolación a toda la familia, tan entrañablemente unida siempre. Pasaban las semanas y los meses sin que se recibiera una sola letra de mi padre.   
         Hasta que un día un familiar de los que residían en Mexicali, envió la noticia fatal directamente a mi madre: Don Felipe Dueñas, su amantísimo esposo, había muerto en Mexicali de insolación...”   CONTINUARA...

     Ninguna duda queda que, tanto el profesor Felipe S. Dueñas Palencia, como su hijo el Doctor Francisco Dueñas Montes, fueron hombres de gran valía, de letras, que a pulso aprendieron,  se hicieron valer, y que gracias a sus oportunas observaciones, y al dejarlas escritas, ahora nos llegan como parte de su gran legado.
         En los tiempos en que fui compañero en las vaquerías de mi tío bisabuelo Adalberto 'Caracol' Espinoza Peralta, nacido en 1890,  me narró gratos recuerdos de su profesor Felipe Dueñas. Recordaba que fue un hombre muy querido en el pueblo, y tanto lo quisimos que hasta la 'Bella Crescencia' le dimos, comentó en alguna ocasión de aquellos nuestros viajes a lomo de mula en 1969, cuando él contaba con 79 años de edad, y yo con apenas once.
   Mientras que mi tambien tío bisabuelo José del Carmen 'Tambo' Espinoza Peralta, en alguna ocasión me dijo: 'Mi querido profesor Felipe Dueñas, fue quien me enseño el silabario, en El Rosario'.


INTRODUCCION Y NOTAS:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO
EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA
 31 DE JULIO DE 2012.

El presente trabajo de investigación en su parte medular pertenece a Francisco Dueñas Toledo. Queda protegido bajo patente 1660383, se puede utilizar sin fines de lucro, comerciales, ni políticos.




NOTAS RELEVANTES:
     El profesor Felipe S. Dueñas Palencia, llegó a El Rosario, en 1898, procedente de Guadalajara, Jalisco. Según su nieto Raúl Dueñas Díaz, hijo de Carlos, la 'S' significa 'Santiago', dado que así lo leyó en en censo que su abuelo realizó.
        Crescencia Montes Ortiz, fue hija de Francisco Montes Espinoza (El Rosario 1860-?), y de Gregoria 'La tía Yaya' Ortiz Aguilar (El Rosario 1861-?). Nació en El Rosario el 19 de abril de 1879. Su padre fue primo hermano de mi tatarabuelo Policarpo Espinoza Marrón (El Rosario1857-1928), quien también fue Juez de Paz en El Rosario de 1890 a 1897.
       La madre fundadora de la familia Montes en El Rosario fue Ildefonsa Espinoza Salgado (1834-1909), y el padre fue José Montes, oriundo de la misión de Loreto, Baja California Sur, aunque también se le reconocía como del pueblo de San Ignacio.
           La propiedad donde nació Crescencia Montes Ortiz, era dentro de El Rosario, un rancho, que  en la actualidad es campo de Béisbol en la parte de El Rosario que los políticos de Mexicali, en 1961, y sin tomar ningún parecer al pueblo, llamaron Ejido Nuevo Uruápan. El campo  es colindante con  la familia de Esteban Ruiz.
      La Escuela Elemental Mixta Numero IV, en la que Felipe S. Dueñas Palencia dio clases, se encontraba en el patio posterior del actual museo comunitario 'El Rosario', cercana a un túnel que existió en el cerro desde 1849, año en que llegó la Colonia militar a El Rosario, enviada por el presidente de México José Joaquín Herrera, según para proteger la nueva frontera  mexicana de las invasiones. Aun con esa previsión, México, en 1853, por parte de Sonora y Chihuahua perdió setenta y tantos mil kilómetros cuadrados de su territorio de 'La Mesilla', en la que se encontraba Tucson, Sonora, donde operaba otra Colonia Militar. Hoy Tucson, Arizona.
   El profesor Dueñas Palencia fue el segundo profesor en toda la historia de El Rosario, desde 1774 a la fecha, el primero fue Sebastián de Aparicio Soriano.
     Los alumnos rosareños del profesor  Dueñas fueron los que nacieron hace mas de ciento veinte años; mientras que los de Aparicio Soriano, fueron los que nacieron entre 1877 y 1885, hace unos ciento treinta y cinco años; Crescencia Montes Ortiz,  mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta, Modesto Valladolid Ortiz, por ejemplo fueron alumnos de Soriano.
    En enero de 1901, el profesor Dueñas fue sustituido por la profesora Maria Antonia Legaspi, siendo la tercera de los profesores de El Rosario, y la primera mujer en dar clases en el pueblo. A ella la sucedió su hermana Alejandra Legaspi, pero ya en la escuela elemental Mixta numero VI, y hacía 1912, la profesora Flora Castro...
      La escuela Elemental número IV, funcionó donde ha quedado dicho, mientras que la VI lo hizo en la casa de mi tatita Carlos Espinoza Castro, bisabuelo de Crescencia, y tatarabuelo de Francisco Dueñas Montes. Solo ruinas quedan de lo que fue casa de Carlos Espinoza Castro, y Escuela Elemental VI.
   
      Es de importancia resaltar que en los pueblos y ranchos de Baja California, hasta antes de la llegada al poder del Gobernador Sanginez,  y la llegada de los primeros profesores desde el centro del país, eran los padres los que daban clases a sus hijos, y  vecinos, y que el analfabetismo era muy alto.
Mi tatarabuelo Policarpo Espinoza Marrón, fue también profesor, estudió en San Francisco California, aunque en El Rosario, nunca fungió como tal, sí lo hizo como Juez de Paz.
   Las hermanas Dorotea, Juana y Gertrudis Ortiz Aguilar, tías de Crescencia Montes Ortiz, fueron aprendices de institutriz que apoyaron tanto a De Aparicio Soriano, como a Dueñas.
    La primera profesora nativa de El Rosario, hija de Dorotea Ortiz Aguilar y del Juez de Paz Teofilo P. Echeverría, de nombre Maria de la Luz Echeverría Ortiz, quien fue la esposa del Juez de Paz Francisco A. Meza Arce.
   El modesto edificio de adobe crudo que sirvió para la primera escuela en El Rosario, la Elemental Mixta Número IV, fue construido por la comunidad, ademas asistían con casa y alimentos a los profesores, y el Gobierno Federal les pagaba su sueldo.
      Fue en un viaje a El Rosario, del Coronel Esteban Cantú Jiménez, en agosto de 1919, entonces Gobernador del Distrito Norte de la Baja California, cuando el pueblo, encabezado por mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta,  por Don Gustavo Ceseña, y el chihuahuense profesor  Luis Gildardo Rembao, se arremolinó en torno a él, y le pidió que construyera su gobierno una escuela con todas las de la ley, siendo así como se construyó la Escuela 'Padre Salvatierra', en edificio totalmente de madera, estilo Victoriano, con amplias dimensiones, al igual que una cincuentena más que se construyeron entonces por todo el Distrito, de los cuales sólo sobrevive, precisamente el nuestro, el de El Rosario, en cuyo recinto se alberga el Museo Comunitario, después de que se rescató de la ruina total entre 1993-1994.
    El primer profesor en la Escuela 'Pdre Salvatierra', fue Luis Gildardo Rembao, le siguió el profesor Benitez, despues la profesora Paula Arreola. El primer alumno de la 'Padre Salvatierra' fue mi abuelo Alejandro 'Negro' Espinoza Peralta, esto cuando repitió primer año en 1921; mientras que en la primera ocasión fue en la Elemental Mixta numero VI, y que al llegar la Padre Salvatierra, desapareció la VI.
       En el actual El Rosario de Arriba, la primera profesora fue Albina Márquez, mientras que sus primeros alumnos fueron los hermanos Bárbaro y Domingo Duarte Peralta, en un salonsito de adobe crudo que la comunidad construyó. Los hermanos Duarte, entonces niños, en 1923, viajaban desde El Rosario de Abajo en una yegua colorada.
    Los billetes 'Bilimbiques'  que cita el Doctor Dueñas Montes, los conocí en Ensenada, en 1970, en casa de mi tía abuela Natividad Garcia Marrón de Cochran, donde viví seis años; y es que su esposo William James Cochran Flores, 'Willy Cochran' le tocó pelear en la revolución, y se quedó con algunos de esos billetes que usaba en Chihuahua Pancho Villa, cuando era dueño del poder absoluto en aquel Estado norteño; pero al llegar las fuerzas del presidente Venustiano Carranza, y derrotar al ejercito de Villa, los billetes pasaron a ser simple papel. En son de burla los contrarios de Villa, los llamaban en lugar de 'Bilimbiques': Pancholares; los dolares de Pancho Villa.
    En los canales para riego y derivación de aguas del rio colorado que menciona el Doctor Dueñas Montes, trabajaron los hermanos William James, Henry, y John Cochran Flores. Fue la razón por la que John conoció a la que fue su esposa: Arcadia Mendoza, quedándose a vivir en el pueblo de Los Algodones, donde radican sus descendientes actualmente.

    Para saber algo más sobre la familia Montes, se puede consultar en este mismo sitio: 'Origen de la familia Montes en El Rosario, Baja California', y 'Algunas personas que han dejado valioso legado en El Rosario'.



ALGUNAS FOTOS DE LA FAMILIA DUEÑAS MONTES.


 Profesor Felipe S. Dueñas Palencia              Crescencia Montes Ortiz.
Archivo: Francisco Dueñas Toledo                 Archivo: Francisco Dueñas Toledo.
Firma del Juez Felipe S. Dueñas, y testigos. El Rosario, Baja California, 1899.

Archivo: Ing. Alejandro Espinoza Arroyo. Escaneado por Laura Delia Espinoza Jáuregui.



Familia Dueñas Montes, en su casa de Los Algodones, Baja California: Que fue incendiada en 1911 por las fuerzas de los Magonistas. El niño cercano a la puerta es el Dr. Francisco Dueñas Montes.
Archivo: Francisco Dueñas Toledo.



Tarjeta de Navidad del año de 1913. Archivo: Francisco Dueñas Toledo.

Francisco Dueñas Montes, en Tijuana, Baja California, en 1923.
                               Archivo: Francisco Dueñas Toledo.


Dr. Francisco Dueñas Montes, su esposa Maria Graciela Exiquia Toledo Elorga, y dos de sus hijos, frente a su casa en Calle Reforma 1000, de Mexicali, Baja California.
Archivo: Francisco Dueñas Toledo
 Doctor y Profesor Francisco Dueñas Montes.
                                    Archivo: Francisco Dueñas Toledo.
Medalla que conmemora el décimo aniversario del Estado Libre y Soberano de Baja California, y a los ciudadanos Diputados que lo constituyeron.
Archivo: Francisco Dueñas Toledo.


SOMOS BAJA CALIFORNIA, TENGAMOS DIGNIDAD, QUE NO NOS HAGAN DECIR: 'BAJA'.

1 comentario:

alicia montes dijo...

el dr duenas un angel para su tio rosario montes Ortiz ..nosotros sus hijos estamos muy agradecidos con el rip..somos 6 hermanos montes
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