"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

jueves, 9 de diciembre de 2010

FRANCISCO RODRIGUEZ DUARTE.

DESCENDIENTE DE EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO: JOCKY DE ALTO NIVEL EN HIPODROMOS DE MEXICO, ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMERICA, Y DE CANADA.

Francisco “Pancho” Rodríguez Duarte, nacido en San Telmo, Baja California, México, el día 28 de junio de 1924, hijo de la rosareña Gertrudis Duarte Espinoza, quien había nacido en el entonces rancho de sus padres, llamado “Santo Domingo”, en la sierra de El Rosario. El padre de Francisco “Pancho” Rodríguez Duarte, fue Francisco Rodríguez Vejar.

Su madre fue casada en San Telmo con Simón Arce, de quien al enviudar en el propio pueblo de San Telmo, pasó en 1924 a vivir a Ensenada, ya que enfermó gravemente de pulmonía; falleciendo en Ensenada su hijo Domingo. De ese lugar pasó a Tijuana, en 1928.

Al llegar a Tijuana, aquel año, su madre se dio a la tarea de recibir abonados en las cercanías de uno de los accesos del hipódromo “Agua Caliente”, en las caballerizas, que entonces se iniciaba su construcción; además se radicaron en las inmediaciones de tal sitio, razón por la que Francisco, entonces un niño de los cuatro años en adelante, se vio de repente entre los caballos, y las gentes que manejaban caballos desde el amanecer hasta bien entrada la noche; escuchaba solo platicas de los abonados, siendo todo un mundo de caballos, caballerizas, jinetes, domadores, entre otras tantas gentes que hablaban en aquel argot; y después en casa su madre y sus hermanos entablaban amplias platicas en torno a las actividades de la caballada del hipódromo de Tijuana, y que algunos “Jockeys” venían a montar a este lugar, procediendo de lejanos rincones, desconocidos para “Pancho Rodríguez”, o jamás escuchados por él.

LA PRIMERA VEZ QUE ESCUCHE EL NOMBRE DE FRANCISCO “PANCHITO” RODRIGUEZ DUARTE.

En el verano de 1964, cuando tenía apenas seis años de edad, poco antes de entrar a la primaria, en El Rosario, me encontraba un día platicando con mi abuelo Alejandro “Negro” Espinoza Peralta, cuando de repente me pidió que fuera y trajera del corral a un caballo, que según él, era de pura sangre, y muy bueno para las carreras.

Mientras fui por el caballo, mi abuelo entró a la casa trayendo consigo un reloj, de aquellos despertadores, muy toscos, que solo usábamos para ver la hora, nunca como despertador.

Me dijo mi abuelo:

¡Vete hasta el fondo de la pista de aviones, y cuando te haga una seña, te dejas venir a todo lo que dé el caballo; lo haces derechito a esta marca blanca que puse en el suelo!: Decía esto, mientras le daba cuerda al primitivo reloj.

Así lo hice, previa media hora que anduve “tasteando” el caballo, para que entrara en calor. Aquel calentamiento era en pelo, cuando ya iba a ser la “carrera”, mi abuelo y mi padre le pusieron un pretal, me aseguraron de tal suerte que quedara solo tocando con la parte interior de las rodillas el lomo y las paletas del caballo.

Me fui hasta el final de la pista, y a la señal convenida, arranqué a todo lo que daba el caballito, siempre viendo por encimita, y por un lado de sus orejas, de manera que rompiera el viento, y que la carrera fuera lo mas aerodinámica posible.

Mi abuelo me había puesto sus lentes obscuros, muy grandes para mi, para que no me “cegara el viento”, según sus propias palabras; los famosos lentes los largué a medio taste, y que bueno, pues no me dejaban ver bien la pista.

Mi abuelo al otro extremo, miraba el tosco reloj, y volteaba a ver la loca carrera que traía el caballo, y yo en su lomo; cuando pasé frente a ellos, mi abuelo gritó:

¡Casi doos minuuutos, este caballo cab…, apenas está bueno para el arado!:

-Y así fue, dónde se le iba a escapar a mi abuelo, después de unas cuantas pruebas, la sentencia fue cumplida, aquel pobre animal trabajaba en la rastra, en el arado, y en la cultivadora; la pretensión de las carreras parejeras pasó a la historia-.

Al final de aquella carrera fui a dar la vuelta por allá a lo lejos, y cuando regresé, mi abuelo miraba el reloj, mientras sacaba cuentas, luego nos dijo:

¡Este caballo, si lo meto a las carreras parejeras, es capaz de dejarme en l’hambre!

¡Eso si, que tu motas como “Panchito Rodríguez”!, dijo dirigiéndose a mi

Aquella fue la primera vez que escuché el nombre de “Panchito Rodríguez”, a la vez que le pregunté a mí abuelo, de quién se trataba, luego agregó:

¡OH, “Panchito Rodríguez”, es hermano de Roberto Arce Duarte; vive en Tijuana, es uno de los mejores jinetes mexicanos de todos los tiempos, es hijo de mi tía “Tula Duarte Espinoza”, prima hermana de mi papá!:

A Roberto desde niño lo conocí, cuando lo miraba de inmediato lo relacionaba con “Panchito”, a quien por supuesto nunca había visto; es mas, ni mi abuelo y Panchito se vieron jamás en la vida, no se conocieron en persona; mientras que mi abuelo lo conocía de “oídas”, Panchito no supo de la existencia de su seguidor.

Pasaron largos años que en repetidas ocasiones escuchaba casi a cualquier rosareño recordar a “Panchito Rodríguez”, lo hacían todos con mucha admiración y respeto; así que cuando me tocaba montar, en el primer trote, o galope, ya me sentía “Panchito Rodríguez”, pues así lo había dicho mi abuelo, en mi primera infancia, así lo creía, y así actuaba.

Hará como un año, en 2009, mientras andábamos en recorrido de trabajo mi amigo el arquitecto tijuanense José Luis León Romero, en Valle Redondo, en Tijuana, nos encontramos con Roberto “Bobby” Magaña, y tan pronto nos presentó el arquitecto León, me dijo “Bobby”:

¡Así que eres de El Rosario, Baja California!

¿De la tierra de Roberto Arce Duarte y de “Pancho Rodríguez Duarte?

¿Si, los conoce?

Claro que si, eran hijos de doña Gertrudis Duarte Espinoza.

¿Y sabe en dónde están?:

Roberto hace poco que murió, pero “Pancho”, por aquí está en Tijuana.

Luego le dijo el arquitecto León, a Bobby:

¡Alejandro es investigador, así que ya no te va a dejar!

Pero supe que “Bobby” enfermó, por esa razón ya no quise molestarlo.

Cuando nos conocimos Rigoberto Martín del Campo Marrón, quien es mi pariente, en nuestra primer plática salió a relucir “Bobby Magaña”, fue la razón por la que lo cuestioné sobre Roberto Arce Duarte, y “Panchito Rodríguez Duarte”, diciéndome que los conocía desde mucho tiempo antes, y que incluso fueron compañeros de trabajo en el hipódromo “Agua Caliente” de Tijuana, donde Rigoberto trabajó durante treinta años.

Fue así que el propio Rigoberto concertó una cita, y me llevó a casa de “Panchito Rodríguez”, quien nos recibió en su casa el día lunes 29 de noviembre de este año, donde ampliamente platicamos.

Por cierto que Luciana Crosthwaite Breitnvash, esposa de “Panchito Rodríguez”, es familiar de Rigoberto; ya que es prima hermana de Enedina Marcolfa Marrón Crosthwaite, la madre de él. En su casa Luciana nos recibió de una manera tan amable, tan cálida, como lo hacían mis abuelos, y las gentes de esas bonitas costumbres.

Pasamos a la sala de la casa, lo hicimos, “Panchito”, Luciana, Rigoberto, y yo; tan pronto como “Rigo” nos presentó, dio inicio una amena y extensa charla, en la que se habló de infinidad de vivencias y anécdotas, tanto de “Panchito”, y de su muy fina esposa Luciana, a quien por cariño, llaman “Chana”.

¿En dónde nació “Panchito”? le pregunté.

En San Telmo, Baja California.

¿Y cómo fue que entró a eso de las carreras?, fue mi primer pregunta sobre el tema de los caballos.

Ya no estaba con nosotros Luciana.

Panchito inició su narración: “Mi mamá no me dejaba, le daba “pendiente” que me fuera a lastimar, pero después de tanto insistirle, me dio su permiso, ya para entonces tendría unos ocho años, o menos tal vez.

Ahí en la cocina con los abonados me fui metiendo en los asuntos del hipódromo, para poder llegar a ser jinete, uno debía “granjearse” el puesto, pues no era, así como así.

Primero fui limpiador de caballos, mensajero, y como mi mamá tenía su restaurante en la entrada de las caballerizas, cuando recién las estaban construyendo, también de ayudante de la cocina la hacía; les ayudaba en el hipódromo a darle sácate a los caballos, comida a los perros de carreras, a limpiarlos, apoyaba a que estuviera “de verse” el sitio por donde pasaba la clientela, y…”

¿De repente regresó Luciana, gustan un café, o un té?, le acepté un té; se fue a prepararlo.

Panchito, continuó con sus relatos: Después de tanto tiempo de “granjearme”; me dieron los jinetes la oportunidad de “galopear” caballos, y así me fui metiendo, para entonces mi madre ya no tenía desconfianza, mientras que en el hipódromo ya me conocía medio mundo, ya tenía unos doce o trece años de edad, ya había trabajado en casi todo…

Regresó Luciana, con el té, diciendo al entrar:

¡Noo, si a Pancho, lo único que le faltó, fue ser dueño del hipódromo, de ahí en fuera, de todo la hizo!: Fue arrancador, entrenador, agente de jockeys, ensillador, o valet, fue jockey, juez, y tantas cosas mas.

La primera vez que monté, -continuó Panchito-, ya como “Jockey” fue el día 7 de diciembre de 1941, el preciso día en que Japón bombardeó a los gringos en “Pearl Harbor”; ese día dice “Panchito” que montó a tres caballos.

El día 6 de marzo de 1943, en que se inauguró el hipódromo de “Las Américas” de la ciudad de México, “Panchito” estuvo montando durante los tres meses que duró la temporada, la que cerró el 6 de junio de aquel año; regresó a Tijuana, al Hipódromo “Agua Caliente”, donde siguió montando.

En la segunda temporada en el hipódromo de “Las Américas”, en México Capital, iniciada el 12 de octubre de 1943, gané los 51 hándicaps que hubo aquella temporada; es decir; gané todas las carreras, las que se realizaron domingo a domingo, durante 15 semanas.

¡Gané 51 carreras al hilo!, pero eran tan bajos los sueldos entonces; fíjense pagaban 25 pesos al jinete ganador, y 10 a los que no ganaban; de ese sueldo pagábamos, ensillador, comida, y otras cosas, así que, qué nos quedaba. Aunque en 1946, en Canadá, ganábamos de 35 a 40 pesos los de primer lugar; mientras que los de segundo en adelante ganaban entre 15 y 18 pesos por carrera; no como ahora, que un jockey de nivel mundial, como lo fui yo, gana cientos de miles de dólares por temporada. ¡Qué tiempos aquellos, y qué tiempos estos!

Se va de nuevo, Luciana.

“Panchito” continúa con sus relatos:

Cuando gané aquellas 51 carreras al hilo, entré al salón de la fama, y en la premiación que me hicieron, fue a María Félix, “La Doña”, a quien le tocó coronarme de campeón, por eso esa foto con ella la tengo en la sala, mírenla verán que bonita era nuestra artista, nuestra diva: María Félix.

Bajé la foto, la vimos, mientras tanto regresó Luciana, diciendo mientras llegaba, y nosotros mirábamos la foto:

¡Fíjense, que suerte la mía!

¡María Félix, dejó a su esposo el compositor y artista Agustín Lara, por Pancho; y Pancho la dejó a ella por mí; no cualquier mujer puede decir eso!: ¿Apoco no es suerte la mía?

Y continúo comentando: Tan bonito que componía y cantaba Agustín Lara, mucho me gusta cantar sus canciones: “Farolito”, “María Bonita”: ¡Qué bonita música, cómo me gusta cantarla!:

Luego “Panchito” agregó:

¡“Chana” todo el día canta, ni escucha lo que uno le dice por andar cantando!

Pues claro, si yo me crié entre pura gente alegre; toda mi familia de La Misión Vieja, y de El Descanso, somos muy alegres.

Y siquiera le dieron un reconocimiento oficial a Pancho por aquellas victorias; se lo entregó el gobierno mexicano, solo que veinte años después: dijo Luciana.

¡Si, me lo entregaron mucho tiempo después que ya me había retirado, siempre creí, que a nuestro gobierno mexicano no le interesaban nuestros triunfos!

En 1946, lo contrataron para montar en Vancouver, Canadá, en el hipódromo “Lens Down”, de donde pasó contratado al hipódromo “Long Acres”, del Estado de Washington, Estados Unidos de Norteamérica.

En 1946 y 1947 regresó a Tijuana, donde en una carrera se cayeron ocho jinetes, ya que en la carrera se quebró el caballo de enfrente, solo llegaron al final de aquella carrera cuatro caballos; dentro de los jinetes accidentados estaba “Panchito”, quien estuvo en observación ocho días, y según los doctores solo se le había estrellado el cráneo, así que no pasó a mayores, y continuó su trabajo de jockey.

Panchito se retiró de jockey en 1950, pero siguió trabajando en el hipódromo de Tijuana, hasta 1985, año en que se retira definitivamente de aquel su trabajo que lo mantuvo ocupado por varias décadas.

Como ya lo dijo Luciana, a Panchito, solo le faltó ser dueño del hipódromo, ya que de todos los trabajos que allí se dieron, los realizó, pasando sus últimos 17 años de juez de partida, es decir, era él quien les daba el visto bueno a los jinetes, y a los caballos, para que pudieran arrancar.

Recuerda que en 1943, se suspendieron las carreras en Estados Unidos a causa de la segunda guerra mundial, razón por la que se realizaban en México, cuando entonces había a nivel mundial solo dos “jockeys” mexicanos: Francisco “Pancho” Rodríguez Duarte, y José Martín del Campo Rodríguez, tío de Rigoberto.

De los hijos de Francisco Rodríguez Duarte y Luciana Crosthwaite Breitnvash; Fernando José, y Fausto Javier, fueron jockeys en hipódromos de San Francisco, y de Santa Anita, en Estados Unidos. Fernando José, sigue aun en las actividades de los caballos; vive en San Francisco, California, EUA.

En otra parte de la charla, le pregunté a “Panchito”:

¿Cómo era la Tijuana que usted conoció cuando era niño, y joven?

“Aquí, donde estamos, atrás del hipódromo, se le llamaba “La Coyotera”, aquí un hermano de Chana, se ganaba la vida matando los coyotes, por ese trabajo le pagaban; mi cuñado Adolfo Crosthwaite Breitnvash, era muy buen coyotero.

Por aquí, por atrás, en los años treintas del siglo veinte, había un cerco con postes de fierro, y alambre de púas, de color rojo, hasta allí llegaba la zona libre, hasta El Rancho Alegre”, o sea que era una franja desde la línea fronteriza, hasta aquí atrás, donde ahora está el bulevar “Alba Roja”, de allí para el sur, cualquier cosa debía pagar impuestos, si es que se quería cruzar, pero entre la línea fronteriza y el cerco rojo, no.

En lo que ahora se llama Colonia 20 de noviembre, antes se le llamaba: “El Bajío”; vivían allí en 1929, “Chema Márquez”, Don Macario; muchos años después llegó don José León Ramos con su familia, y muchas otras, así se empezó a poblar, la zona que ahora llaman: “20 de noviembre”.

Tijuana, no era mas que una orillita, por la margen izquierda del río, para los cerros, nada, en la mesa de Otay, nada, en Playas, nada, solo Tijuana, el pueblito de “La Presa”, Rosarito, El Descanso, La misión Vieja, y muchísimos ranchos por todas partes, desde aquí, hasta Tecate, desde Cueros de Venado, hasta Valle de Las Palmas, y hasta Ensenada; bueno toda la península eran solo ranchos, y casi todos nos conocíamos, y los que no, nos tratábamos con mucha familiaridad y respeto, nada se nos perdía, no le robábamos a nadie. Cuando alguien moría, casi moríamos todos juntos con aquella persona; a todos les decíamos “tíos” por respeto, nuestros padres con una mirada nos decían mil cosas,…”

Bueno, hasta aquí dejo por esta ocasión la entrevista a “Panchito Rodríguez”, aquel hombre a quien en mi niñez alguna vez emulé, dejo también mi agradecimiento a Rigoberto Martín del Campo Marrón, y por supuesto acobijo la entrañable generosidad y suave personalidad de Luciana, a quien en algún momento pregunté por su fecha de nacimiento, contestándome:

¡Nací en la Misión Vieja, Baja California, el día 7 de enero, y el año,….ese lo tendrán que suponer ustedes…bueno pues, de 1930!, agregó al fin.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

INGENIERO ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO

MARTES 07 DE DICIEMBRE DEL 2010.

NOTAS RELEVANTES:

Cuando en el texto aparece “La Misión Vieja”, es en referencia a la misión dominica: “San Miguel Arcángel de la Frontera”, fundada el 12 de marzo de 1787, por Fray Luis de Sales; aunque un año mas tarde se cambió 7 kilómetros al norte del sitio original. La misión se encuentra localizada en el valle de San Miguel, el es cruzado por el arroyo del mismo nombre, a 55 kilómetros al sur de Playas de Rosarito, y 35 al norte de Ensenada, Baja California. Es esta la misión dominica la más norteña de esa orden en la península, y la más sureña es El Rosario.

Gertrudis Duarte Espinoza, madre de “Panchito Rodríguez”, fue hija del sudcaliforniano Domingo Duarte Cossio, y de la rosareña Gertrudis Espinoza Marrón.

Los hermanos de Francisco Rodríguez Duarte fueron:

Simon Arce Duarte (nacido en San Telmo, Baja California en 1909), vivió en Tecate, trabajó en la construcción del camino de Tijuana a Mexicali, y en la Cervecería Tecate, en Tecate, Baja California.

José Gabriel Arce Duarte, Elisa Arce Duarte, Secundina Arce Duarte, falleció por tristeza de llorara a Simón su hermanos quien estaba enfermo, pero falleció primero ella que él.

Roberto Arce Duarte, al único que conocí, ahora también a “Panchito”.

Francisco Rodríguez Duarte

Amado Ojeda Duarte, el menor de todos.

Francisco Rodríguez Duarte y Luciana Crosthwaite Breitnvash, se casaron en Tijuana el 6 de diciembre de 1947, o sea que ayer cumplieron 63 años compartiendo toda una vida; sus hijos son:

Los tres “FJ”: Francisco Jesús, Fausto Javier, Fernando José, y las hijas María de Lourdes, Analina, y Alicia.

Los padres de Luciana fueron: Francisco Javier Crosthwaite Gilbert, y Amelia Confianza Breitnvash López, quien nació en la pura línea entre México y Estados Unidos. Por lo que Luciana es descendiente por padre de irlandés, y por madre de alemán. De sus hijos Francisco Jesús vive en san Francisco, California; Analina en Bakersfield, California, Estados Unidos; Alicia en Morelia, Michoacán, México; mientras que los demás viven en Tijuana.

La rosareña Lucia Cota Fernández fue casada con Alfredo Crosthwaite McAleer, quienes vivieron en El Descanso. Como dato para el rescate histórico, dejo asentado que Lucia fue hija de Fermín Cota Amador, quien falleció a los 46 años de edad en El Rosario, el día 20 de noviembre de 1909, y que entonces la madre de Lucía, Carmen Fernández contaba con 32 años de edad. Fermín falleció de congestión cerebral. Sus hijas Lucía, y Beatriz constantemente visitaban su tumba en el panteón misionero de El Rosario.

Francisco Rodríguez Duarte, es descendiente por parte de “Espinoza” de El Rosario, desde Juan Nepomuceno llegado a Baja California en 1755. Para mayores detalles se puede consultar el articulo: “José Loya Murillo, y María Josefa Espinoza Peralta”; ya que para las familias “Loya, Duarte, y Espinoza”, es la misma línea ancestral, hasta 1755, en que he logrado investigar.

Y por no dejar, para los descendientes de Panchito y Luciana dejo asentados quienes fueros los hermanos de su abuela Gertrudis Duarte Espinoza, dejo asentados sus nombres y con quienes se casaron:

Fernando “Tilico” fue casado con María Peralta Murillo

Francisco “Chicurales” fue casado con Faustina Valladolid Ortiz

Salvador “Cuatito” fue casado con Anita Valladolid Ortiz

Concepción “Chinito” o “Rey de los Yaquis” fue casado con Josefa Valladolid Ortiz

Margarito tuvo una hija con Juana Ortiz Aguilar, llamada Juana Duarte Ortiz

Margarito fue casado con Elvira Peralta Murillo

Catarino fue casado con Josefa Arce de San Telmo, Baja California.

Dominga fue casada con José Valladolid Ortiz

Cruz fue casada con Anastacio Villavicencio Arce.

Gertrudis ( madre de Francisco” Panchito” Rodríguez Duarte, fue casada con Simon Arce de San Telmo, Baja California. Gertrudis falleció en Tijuana, en 1959.

En casa de los Rodríguez Crosthwaite vivieron mientras estudiaban su escuela elemental, las rosareñas: Marina Duarte Bejarano, y Azucena “Chena” Duarte Espinoza. Azucena vive en Estados Unidos en la actualidad, mientras que Marina vive en las cercanías del Cerro Colorado, en Tijuana.

Para documentar el origen de la familia ARCE, de Simón Arce, el esposo de Gertrudis Duarte Espinoza, madre de Francisco “Panchito” Rodríguez Duarte, le solicité apoyo a mi pariente el Ing. Francisco Arturo Arce Zepeda, quien es nativo de San Telmo, Baja California, quien amablemente envió el acta de nacimiento colectiva donde aparecen SIMON ARCE ESPINOZA, y sus hermanos, siendo todos ellos nietos de José Luciano Espinoza Castro, hermano de mi tatita Carlos Espinoza Castro, por lo que se puede asentar que:

Simón Arce Espinoza, fue tío abuelo de Francisco Arturo Arce Zepeda, ya que él fue nieto de FRANCISCO ARCE ESPINOZA, a su vez Francisco Arce Espinoza, fue nieto de José Luciano Espinoza Castro.

La genealogía de la familia es de la siguiente manera, según lo que se lee en el Acta de nacimiento, amablemente facilitada para este trabajo por Francisco Arturo Arce Zepeda.

“En el pueblo de San Telmo, a las once de la mañana del día primero de julio de 1888, habiendo sido trasladado el juzgado de mi cargo a éste lugar con objeto de inscribir las criaturas que hasta hoy no hayan sido inscritas en ningún registro civil, ante mi, FEDERICO PALACIO, juez del estado civil de este Distrito, compareció el ciudadano Rufino Arce, natural, y vecino de este lugar, de 52 años de edad, labrador y presento a 7 hijos, nacidos todos en esta sección:

FRANCISCO: nació el 29 de enero de 1873

ANTONIO: nació 29 de enero de 1875

RUFINO: nació el 11 de abril de 1877

SIMON: nació 11 de agosto de 1878

ZEFERINA: nació el 15 de diciembre de 1880

ANTONIO MARIA: nació el 20 de diciembre de 1882

JUANA: nació 17 de febrero de 1888”.

Nombre de los padres: RUFINO ARCE (SALGADO), y BARBARA ESPINOZA DE LAS ROSAS.

Abuelos paternos: GABRIEL ARCE y JOSEFA SALGADO (CAMACHO)

Abuelos maternos: JOSÉ LUCIANO ESPINOZA CASTRO, y MARIA FELIPA DEL ROSARIO DE LAS ROSAS ALMENARES.

Por lo que tenemos SIMON ARCE ESPINOZA, fue nieto de José Luciano Espinoza Castro, y GERTRUDIS DUARTE ESPINOZA, fue bisnieta de su hermano CARLOS ESPINOZA CASTRO.

Y Josefa Salgado (Camacho), abuela paterna de Simón, fue hermana de María Dolores Salgado Camacho, la esposa de Carlos Espinoza Castro, y bisabuela de Gertrudis Duarte Espinoza:

¡Qué pequeño es el mundo!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

ME DA MUCHO GUSTO Y ORGULLO LA VIDA E HISTORIA DE MI TIO PANCHITO, ESTAMOS MUY ORGULLOS DE EL Y DE SUS LOGROS.

Marbella Duarte Bejarano dijo...

Hola me da mucho gusto poder leer tus investigaciones,la verdad, si que nos ayudan a relacionar a las personas, me dio mucho gusto que hablaras de mi tío Pancho Rodriguez y su trayectoria, sinceramente es gente del pueblo y para nosotros la familia muy queridos quien no se acuerda de mi tío Roberto que le encantaba la sierra y nunca se olvido del Rosario ,gracias por todo todo lo que ases por NUESTRO PUEBLO QUERIDO .

Anónimo dijo...

Me siento muy orgullosa de quien fue mi padre lo voy a recordar siempre como un hombre trabajador, honrado y siempre viendo por su familia ,.TQM ❤