"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

viernes, 5 de noviembre de 2010

ANASTACIO VILLAVICENCIO ARCE.

Breve artículo escrito a petición de Josué Espinoza Villavicencio: Bisnieto de Don Anastacio.

Originario de la ex misión de San Ignacio, en Baja California Sur en donde había nacido en el año de 1864, muy joven llegó y se quedó a vivir en el rancho “Los Mártires”, donde consiguió trabajo con el dueño de ese entonces señor Domingo Duarte Cossio, y de su esposa la señora Gertrudis Espinoza Marrón, y que al paso de algún tiempo se entendió con una de las hijas del rancho, llamada María de la Cruz Duarte Espinoza, quien había nacido en el rancho de sus abuelos maternos Espinoza en San Juan de Dios, el año de 1876; razón por la cual llevó el nombre de su abuela materna María de la Cruz Marrón Murillo de Espinoza.

Una vez que Anastacio Villavicencio Arce y María de la Cruz Duarte Espinoza se casaron, vivieron por algún tiempo en el rancho de “Los Mártires”, aunque poco después con el apoyo de las familias Duarte y la Espinoza, por parte de María de la Cruz, se asentaron en el rancho “El Portezuelo”, que había pertenecido a Carlos Espinoza Castro, bisabuelo de ella, y que ahora la familia se lo entregaba como dote matrimonial.

Ya asentados y criando su primer ganado propio en el rancho “El Portezuelo” les nació su hija mayor el día 25 de mayo de 1894, en el propio rancho, a quien pusieron por nombre: María Severiana Villavicencio Duarte, siendo registrada en El Rosario, el día 16 de julio del propio año, siendo juez de paz propietario el señor Benjamin Romero, quedando asentados los datos de la niña de la siguiente manera:

Nombre: María Severiana:

Padre: Anastacio Villavicencio Arce, originario de San Ignacio, de 30 años de edad, de ocupación criador, vecino del rancho “El Portezuelo”.

Madre: Cruz Duarte Espinoza: originaria de El Rosario, Baja California, de 18 años de edad, radica en el rancho “El Portezuelo”, de ocupación en labores domesticas.

Abuelo paterno: Placido Villavicencio, ya difunto a la fecha

Abuela paterna: Severiana Arce, radica en San Ignacio, Baja California distrito Sur, y es viuda.

Abuelo Materno: Domingo Duarte Cossio, originario de Santiago, Baja California distrito Sur

Abuela Materna: Gertrudis Espinoza Marrón, ambos radican en el rancho “El Portezuelo”

Testigos: Pablo Real, y Epigmenio Peralta (Veliz), ambos mayores de edad, labradores, vecinos de este lugar, y naturales de Comondú, Distrito Sur de la Baja California, siendo casado el primero de los testigos, y el segundo soltero.

Aunque no se asentó la edad de los abuelos maternos, puedo dejar asentado que Domingo Duarte Cossio, contaba en 1894 con 44 años de edad, y Gertrudis con 38; y que aunque en el acta se asienta que Domingo era originario de Santiago, en realidad era del pueblo de Miraflores, lugar cercano a Santiago, en las proximidades de los Cabos en Baja California Sur.

Después de María Severiana, quien llevó ese nombre en honor a su abuela paterna, nacieron en el propio rancho de “El Portezuelo”, Gertrudis, en honor a su abuela materna, Alejandra, Domingo, Clemente, José, y Plácido, en honor al entonces ya difunto abuelo paterno. Plácido fue conocido por el nombre de “Plácido Villa”. En El Rosario, en los tiempos de su juventud lo llamaban: Pachiro, dado que en el pueblo vivía un hombre según las relaciones de mi abuela paterna María Visitación García Marrón, aquel hombre que padecía de sus facultades mentales, no lo podía llamar por su nombre, a cambio le decía: Pachiro. En Cierta ocasión, relataba mi abuela, a aquel hombre se le perdió su sombrero, y cuando desesperado lo buscaba, al primero de vio pasar fue a Plácido Villavicencio, y le preguntó:

¡Pachiro, Pachiro, no haz visto mi chemeno!: Es decir: Placido, Placido, no haz visto mi sombrero.

Don Anastacio Villavicencio Arce, junto con Abraham Villavicencio Arce, Jesús Peralta, José Murillo, y Manuel Villavicencio, en enero de 1897, viajaban de San Ignacio con rumbo al rancho “El Portezuelo”, viajaron por la costa del golfo de California.

Cuando se encontraban en la misma latitud del rancho San Juan de Dios, pero en la costa del golfo, se disponían a pescar, para lo cual el día trece de enero en la mañanita, Manuel, valiéndose de un cartucho de dinamita pretendió “pescar” la mayor cantidad posible de peces, sin embargo una vez que encendió el cartucho, este se le disparó en la mano derecha, antes de lanzarlo al agua. La explosión destrozó el brazo del infortunado Manuel, así que rápidamente levantaron el campo, y a lomo de caballo cruzaron la península, subiendo la alta sierra por las cercanías del cerro de Matomí, hasta llegar a San Juan de Dios, para lo cual el viaje les tomó cinco días hacerlo, arribando al rancho el día 18. Se le hicieron todas las curaciones posibles con las escasas materias de que se disponía, sin embargo la gangrena que invadió el cuerpo, le quitó la vida la madrugada del día 21 de enero de 1897.

El Juez de Paz en el rancho San Juan de Dios era entonces el padre de mi tatarabuelo Policarpo, de nombre José del Carmen Espinoza Salgado, quien con el apoyo de su hijo Policarpo redactó un nota de remisión mediante la cual envío el día 21 de enero en la mañana el cuerpo de Manuel, a Anastacio Villavicencio Arce, a su hermano Abraham, a José Murillo, y a Jesús Peralta con rumbo a El Rosario para que se presentaran ante el Juez Benjamin Romero, y él siguiera los procedimientos que marcaba la ley.

El viaje del rancho San Juan de Dios, a El Rosario les tomó desde la mañana del día 21, hasta la mañana del día 22, en que arribaron a El Rosario, con el cuerpo ya en bastante mal estado, siendo examinado a petición del juez por los ciudadanos Regino Ortega Murillo, y Antonio Flores, quienes opinaron que la muerte se debió a la gangrena; lo que una vez firmado su peritaje ordenó el juez que fuera sepultado de manera inmediata, lo cual se verificó en el panteón Misionero de El Rosario, el propio día 22 de enero de 1897.

Manuel Villavicencio Romero, falleció en San Juan de Dios, el día 21 de enero de 1897, a la edad de 38 años, soltero, de ocupación minero; fue hijo de Domingo Villavicencio, y de Manuela Romero, según lo que dejo asentado el secretario del juzgado señor Julio Núñez.

Los actuales bisabuelos del El Rosario, recuerdan que en su niñez, allá por 1945, ya don Anastacio Villavicencio Arce era un hombre de avanzada edad, quien falleciera hacia 1950, pasaba varias horas al día en el arroyo, escondido en el monte cerca del camino real, o de las veredas por donde pasaban los niños de 6 a 10 años, y como lo hacían a pelo, a lomo de sus bestias, muy listo estaba don Anastacio para cuando pasaran frente a él lanzarles un lazo, con una riatita que poseía, lazando a los chamacos por la espalda, luego que los tumbaba del caballo, caminaba sobre la riata en el suelo, hasta llegar y socar al chamaco contra el suelo; acto seguido metía la mano a su pantalón de donde sacaba una navajita mocha y un pedazo de piedra de afilar, diciéndose en voz alta para si, asegurándose que el capturado lo escuchara:

¡A este chamaco lo voy a castrar!, mientras afilaba el pedazo de navaja, y cuando miraba que el niño muy asustado trataba de escapar, luego se contestaba solo, igual cuidando que el pequeño escuchara su ultima decisión.

¡Mejor lo voy a dejar entero, pues podría servir para echar cría!

Mi padre, Julio Espinoza García, ahora con 72 años de edad, que cayó varias veces bajo el certero lazo de Don Anastacio, recuerda con gran risa las travesuras del viejito don Tachito, quien mientras hablaba le temblaba mucho la mandíbula y la voz.

Ahora que estoy con estas narrativas, me pregunto:

¿Quién habría escrito estas historias, en el caso que hubiera castrado a mi padre?

Don Anastacio Villavicencio Arce, era el compadre del pueblo, pues era padrino de casi cualquier niño que nació desde 1892, hasta por los años de 1920, por cierto lo fue de mi abuelo Alejandro, de sus hermanos, y de tantísimos más.

En 1919, año en que el entonces gobernador del Distrito Norte de la Baja California, Esteban Cantú Jiménez, estuvo de gira por El Rosario, fueron don Anastacio Villavicencio Arce, mi bisabuelo Santiago Espinoza Peralta, y Don Gustavo Ceseña, los que en nombre del pueblo le solicitaron la construcción de una escuela, y que aceptada la petición vino a ser la “Padre Salvatierra”, que sirvió desde diciembre de 1921, hasta agosto de 1983, y que rescatada de la ruina total, se inauguró como museo comunitario, siendo este edificio su sede desde el día 9 de octubre de 1994.

Don Anastacio Villavicencio Arce y su familia después de largos años de radicar en la sierra de El Rosario, en el multicitado rancho paso a vivir al pueblo, lugar donde construyó una casa, en las cercanías de don Salomé Acevedo Marrón, su compadre, en la cual vivieron por mucho tiempo hasta la muerte de don Anastacio. Posteriormente, pero muchos años después, en esa misma casa un tanto modificada vivió Rosendo Peralta Espinoza, y su familia, hasta que se la llevó el arroyo en la década de los 1970, junto con una decena mas, entre ellas la de Plácido Villavicencio Duarte, Don Salomé Acevedo Marrón, César Espinoza, -casado con Socorro Villavicencio Collins, nieta de Don Anastacio y Cruz, e hija de Plácido Villavicencio Duarte y de Carmen Collins Acevedo-; Humberto Peralta Espinoza, Jesús Peralta Espinoza, Eduardo Márquez Agúndez, y quedando inutilizada la de Epifanio Acevedo Valtierra.

De la familia Villavicencio Duarte, la mayoría salieron desde su juventud de El Rosario, salvo Plácido, quien vivió hasta su muerte en el pueblo, aunque también había salido por motivos de trabajo. Clemente Falleció ahogado, del resto de la familia es muy escasa la información que se tiene.

Unos nietos o bisnietos de Anastacio llevaron desde Mexicali un cuadro con la foto de él, el cual se encuentra para su exhibición en el museo comunitario de “El Rosario”.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA

JUEVES 04 DE NOVIEMBRE DEL 2010.

Notas Relevantes:

Parte de esta información, fue publicada en el libro “LOS ROSAREÑOS”, en 1992, el cual es de mi autoría.

Casualmente los hijos de Cesar Espinoza y Socorro Villavicencio Collins, llevan los mismos apellidos que Josué y sus hermanos. Solo que Socorro es hija de Plácido Villavicencio Duarte, que fue hermano del abuelo de Josué, quien se llamó Domingo. La familia Espinoza Villavicencio, nietos de Plácido, viven en Ensenada.

En la actualidad son muy pocos los descendientes de este matrimonio que radican en El Rosario.

Además Abraham Villavicencio Arce, -hermano menor que Anastacio- casado con Simona Arce, procrearon familia en El Rosario, como fue el caso de la niña Jesús Villavicencio Arce, su hija, quien nació en El Rosario, el día 15 de septiembre de 1896, y registrada el 11 de diciembre del mismo año. En es entonces Abraham contaba con 28 años de edad, y Simona con 26. Tanto Abraham como Simona eran nativos de San Ignacio, Distrito Sur de Baja California.

Tal vez en un futuro no muy lejano podamos recuperar más datos del resto de la familia descendientes de Anastacio Villavicencio Arce, y María de la Cruz Duarte Espinoza; así como de Abraham y de Simona.

Los siguientes son algunos datos proporcionados por Josué Espinoza Villavicencio:

Los padres de su bisabuelo Anastacio Villavicencio Arce fueron: José María Plácido Villavicencio Verduzco (18922-1894), y María Severiana Arce Murillo, nacida en 1830, y fallecida hacia 1909, sin asegurar esta última fecha.

Sus abuelos maternos fueron: Domingo Villavicencio Duarte (1910-1961), originario de El Rosario; y Paula Escobedo Espinoza, al parecer originaria de Guaymas, Sonora.

Abuelos paternos: José Espinoza y Agueda Sánchez, ambos originarios de Sonoyta, Sonora.

Padres de Josué: José Ramón Espinoza Sánchez, y María Magdalena Villavicencio.

Hermanos de Josué: Damaris, y Kaleb

Esposa de Josué: Lilia Barrios, originaria de Sonora.

Hijos de Josué y Lilia: Erika, Keila, Karen, y Josué; todos nacidos en Ensenada, Baja California; radican en el poblado de San Antonio de las Minas, carretera a la antigua misión de Guadalupe, sobre lo que hoy llaman “Ruta del Vino”.

1 comentario:

Rogelio Padilla dijo...

ESPLENDIDA Y MUY UTIL INFORMACION, QUERIDO PARIENTE! RESCATAS COSTUMBRES, TRADICIONES, MOMENTOS DE ESA EPOCA....MUY VALIOSO!