"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

martes, 8 de junio de 2010

UNA DE CINCO MUJERES: ISABEL GARCIA PAREDES, CONOCIDA EN TIJUANA, BAJA CALIFORNIA, MEXICO COMO: “CHABELITA GARCIA”

El encanto de la península de Baja California, desde la época de la conquista del imperio español, ha sido como un poderoso imán que atrae desde los mas remotos rincones de México, a individuos y familias enteras, dándose flujos migratorios, que han venido “llenando” nuestra tierra peninsular de una gran variedad de razas y sus costumbres ancestrales.

Por el simple interés, y curiosidad, y por la de investigar algunas de las razones que han traído a tantas familias hasta esta mi tierra, y por qué no se han ido a otros lugares, he entrevistado a personas de los mas distintos grupos y estratos sociales, con la idea de conocer los motivos originales por los que llegaron y se desarrollaron aquí. Las relaciones que a continuación se verán, son a manera de ejemplo de lo antes dicho.

Nacida en el pueblo de Atengo, Estado de Hidalgo México, el día 05 de noviembre de 1944, Isabel García Paredes, una de nueve hermanos, sobrevivientes solo ella y tres de sus hermanas, pasaron su primera niñez en aquel pueblito, ahora de unos tres mil habitantes, muy próximos a la importantísima región arqueológica de Tula de los Atlantes, (Tula Hidalgo).

El pueblo de Atengo, en Tezontepec de Aldama, Hidalgo, México, se encuentra en la región donde se erigen las más importantes ruinas de la cultura Tolteca, con sus majestuosas obras prehispánicas destacando: El Altar Central, El Coatepontli o Muro de las serpientes, El palacio quemado, Los juegos de pelota, y el Tzompantli. Los espectaculares atlantes fueron tallados en roca basáltica, por las manos prodigiosas y artísticas de los antiquísimos Toltecas, esculpiendo sus obras eternas en roca de manto basáltica, con alturas de 4.80 metros, y que custodian la parte superior del templo de Trahuizcalpanteculi o “Estrella de la mañana”.

Siendo Isabel una niña de unos seis años allá por los años del cincuenta del siglo veinte, en Atengo la vida transcurría al igual que mucho tiempo antes, el pueblo de la barbacoa de borrego, el mismo donde se encontraba la casa de la familia de Isabel, su casa de palos parados y atravesados, con techo de pencas de maguey, con un gran fogón de leña en la cocina, y en sus cercanías los riachuelos, y pozas de aguas termales.

ISABEL era un remolino de actividades, ya que desde esa temprana edad se inició en los trabajos domésticos para apoyar la maltrecha economía familiar, - igual de maltrecha que en cualquier rincón del México aquel-se afanaba en el cuidado de niños ajenos, lo recuerda como si ella no fuera una niña también, que mas que cuidar a otros chicos, requería también de las atenciones de los adultos, pero ni modo, así eran las cosas y ella con gran gusto realizaba sus tareas, entre otras que consistían en apoyar a doña Marciana Paredes de Jesús, su madre, en la recolección allá en el cerro, juntando garambullos, tunas, nopal de cerro, hongos, víboras de cascabel, y de agua; y que bajaban al pueblo ya con su “cosecha” para intercambiarla con los “ricos” por manteca, y algunas otras comidas en las rancherías las intercambiaban por granos, o por telas para las ropas de las niñas, y por varios otros artículos de primera necesidad.

En aquellos ayeres, no muy lejanos en tiempo por cierto, pero si en servicios en nuestros pobres pueblos rurales del México de todos los tiempos, desde luego incluido el actual. En aquel pueblito de Atengo, de 1950, no existía ningún tipo de servicios médicos, a lo mas vivía Don Amador, el niño hijo del patrón, que por ser rico y tener sus hatos ganaderos, él si pudo salir a estudiar en la capital, y cuando regresó como veterinario a su pueblo, atendiendo igual en las trancas de los corrales a los enfermos del pueblo, y a sus animales, prescribiéndoles de las medicinas que poseía a todos por igual:

Ni modo no había mas, y bien que se curaban, recuerda Isabel.

Por una enfermedad que aquejaba a su madre, y que el veterinario no le curaba, recuerda Isabel, la familia, la madre, y sus cuatro hijas, se vieron en la necesidad de emigrar a la ciudad capital de México, a la inmensa selva humana.

En la capital, a Isabel se le encomendó que apoyara a una señora que vendía dulces mexicanos en “La Merced”, le pagaba quince pesos al mes por sus trabajos en la venta de colaciones, pepitorias, biznaga, chilacayote, jamoncillos, cocadas, piloncillo y muchos otros de nuestros tradicionales dulces mexicanos, que para los seis años de edad de Isabel, los que para ella, tenían sabor a gloria.

A principios de los años de la década de 1960, Isabel vino de visita a casa de su hermana Francisca, quien ya vivía en Tijuana, Baja California, de aquí regresó a México, allá en la selva humana conoció a Gonzalo Martínez Corona, con quien se casó y procrearon a siete hijos. Con el paso de los años y adversidades en el matrimonio, Isabel ya con toda su prole se regresó a Tijuana, donde llegó de nuevo a casa de su hermana Francisca donde vivieron por siete meses, tiempo en el cual consiguieron con la señora Guadalupe Díaz, quien entonces apoyaba en la repartición de tierras que por algún arreglo deben haber tenido con la familia Cortés, propietarios que eran de lo que hoy se llama “Colonia Reforma”, y de otras tierras mas, en la creciente ciudad de Tijuana, la ciudad que recibe con los brazos abiertos a las gentes de bien, ya sean pobres o ricos, blancos, mestizos, de color, mexicanos, o extranjeros. Así Tijuana recibió a Isabel, y a sus hijos quienes con amplios esfuerzos han formado su patrimonio y su hogar en esta noble tierra. Si bien sus raíces no son misionales, o de los saldados de cuera, como las nuestras, mucho ha trabajado de manera incansable para ver llegar y recibir ya con un patrimonio a sus nietos, que son quince a la fecha, siendo Ana Martínez López, la mayor de veinte años de edad, la única nacida allá en la jungla de concreto, y los otros catorce nacidos en la Baja California, siendo el menor de todos Jesús Miguel Astudillo Martínez, con apenas cuatro meses de edad.

ISABEL GARCIA PAREDES, mejor conocida aquí como ‘DOÑA CHABELITA”, continua con aquel entusiasmo que de niña la caracterizo, ahora en la Colonia Reforma, con el apoyo de los colonos ha formado un Centro Comunitario, incipiente aun, y que da servicios médicos gratuitos a la comunidad.

Mucho se ha preocupado y ocupado Chabelita por ver a su comunidad salir de la pobreza patrimonial, a eso que en el pomposo lenguaje de los políticos han dado en llamar, y que significa que una familia no posee documentos del suelo que habitan, es decir cuando no se cuenta con la seguridad en la tenencia de la tierra.

En la actualidad CHABELITA trabaja incansablemente en sus principales proyectos: El Centro Comunitario, como los de la certeza jurídica de la tenencia de la tierra, ambos van por buen camino, gracias al empuje de ésta incansable Hidalguense, que quizás como un Atlante de aquellos de su tierra, haya venido aquí, para ser el soporte del progreso paulatino de su comunidad.

Otro gallo nos cantara, otro México tendríamos, si existieran más personas del linaje de “Chabelita García Paredes”.

Doña Chabelita: Gracias por elegir para fundar su hogar, a mi querida Baja California. Gracias por su generosidad.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA

SABADO 05 DE JUNIO DEL 2010.

Nota 1: Los hijos de Isabel García Paredes son: Gonzalo Ramón, Antonio Zacarías, Carlos, Juan Miguel, Guadalupe Elizabeth, Marisol, y José Andrés.

Nota 2. Próximamente escribiré sobre la Familia del Arq. Federico Guillermo Reyes Álvarez, originarios de Jiquilpan, Michoacán, México.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Ing. Espinoza:

En verdad es un honor para la familia Martínez García, específicamente para los hijos de Doña Chabelita, que ud. publique una reseña acerca de la matriarca de nuestra casa, le agradecemos su tiempo, atenciones, su sencillez y el hecho de reconocer y resaltar el sinnúmero de atributos de mi madre, quien es un amor de persona y sobre todo gracias por ser amigo de ella.

También le agradezco que haga extensiva esta extraordinaria historia de vida, sin duda con sus letras está trascendiendo y llegando a muchas personas que están conociendo a una persona que sólo le gusta estar bien y hacer el bien a sus semejantes, en realidad ese es su estilo de vida.

Podemos resumir que la vida de la Sra. Isabel García, ha estado llena de obstáculos pero afortunadamente todo lo ha convertido en "exitos", por su actitud de servicio, su constante lucha-esfuerzo, su calidad humana y por ver siempre el lado bueno de las cosas.

Gracias de antemano, reciba mis mejores deseos, Dios lo bendiga y lo felicito por todas sus publicaciones, las cuales son excelentes.

Atte.

C.P. Marisol Martínez García

Anónimo dijo...

Estimado Ing. Espinoza:

En verdad es un honor para la familia Martínez García, específicamente para los hijos de Doña Chabelita, que ud. publique una reseña acerca de la matriarca de nuestra casa, le agradecemos su tiempo, atenciones, su sencillez y el hecho de reconocer y resaltar el sinnúmero de atributos de mi madre, quien es un amor de persona y sobre todo gracias por ser amigo de ella.

También le agradezco que haga extensiva esta extraordinaria historia de vida, sin duda con sus letras está trascendiendo y llegando a muchas personas que están conociendo a una persona que sólo le gusta estar bien y hacer el bien a sus semejantes, en realidad ese es su estilo de vida.

Podemos resumir que la vida de la Sra. Isabel García, ha estado llena de obstáculos pero afortunadamente todo lo ha convertido en "exitos", por su actitud de servicio, su constante lucha-esfuerzo, su calidad humana y por ver siempre el lado bueno de las cosas.

Gracias de antemano, reciba mis mejores deseos, Dios lo bendiga y lo felicito por todas sus publicaciones, las cuales son excelentes.

Atte.

Marisol Martínez García