"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

sábado, 10 de abril de 2010

ISLA RASA, GOLFO DE CALIFORNIA, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

Cuando se viaja en la cubierta del barco repentinamente aparece en el horizonte marino del golfo de California, perteneciente a una vecindad de islas, dentro de las que destacan la San Lorenzo, Roca Partida, san Esteban, al sur de la isla Ángel de la Guarda, y casi al nivel del mar la ISLA RASA, denominada así por casi encontrarse a ras del nivel del mar, ubicada a unos sesenta kilómetros al sureste de bahía de Los Ángeles, Baja California, en el municipio de Ensenada. Del otro lado de la línea imaginaria que divide el golfo en la parte de Baja California, en la Sonorense, se encuentra la isla Tiburón, antiquísima casa de la tribu de los Seris, los amos de las figuras de palo fierro, y de la danza del venado.

Nuestra isla Rasa, mide escasas sesenta hectáreas de rocosa superficie, es como las demás islas parte de la tierra, que geológicamente estuvo unidad a la tierra peninsular y la tierra sonorense, quedando la península en la placa tectónica del pacifico, y Sonora en la de Norteamérica, ya sean las islas de ese origen, o bien volcánico. Es la isla Rasa desde tiempos inmemoriales la cuna de cientos de miles de aves migratorias de dos especies, “los gallitos”, que arriban desde América del sur, (Chile), y de Gaviotas que llegan de Norteamérica, (Canadá).


En los primeros días del mes de marzo de todos los años, hacen su aparición cientos de miles de ejemplares de ambas especies, que vienen a procrear las nuevas camadas de polluelos, mexicanos por nacimiento. Ya con los juveniles regresan a sus lugares de origen, hacia el mes de junio de cada año, dejando detrás un sinnúmero de huevos no eclosionados, y cientos de polluelos muertos prematuramente, muchos de los cuales no alcanzan ni a emplumar, y muchos otros que mueren enredados en las espinas de las chollas, porque sus padres no escogieron bien el área del nido, o tal vez porque no les quedo de otra, y nimodo de regresar a sus lejanas tierras sin crios.

Es la isla Rasa, dentro del archipiélago del golfo, escogida desde épocas muy remotas para la anidación de ese par de especies de aves marinas, muy curioso resulta para nosotros los que por alguna razón nos hemos aventurado a observar esa magnifica manifestación de la naturaleza, caprichosa según nuestro ver y sentir, ya que existiendo tantas islas, aun de mucho mayor tamaño, se arremolinan cientos de miles de aves, en solo sesenta hectáreas, plagadas de rocas volcánicas, peleando incluso por un pequeño espacio para la “cuna y patio de maternidad”, para los polluelos.

Sabia como siempre la naturaleza, provee además los “comerios” en las aguas que rodean la isla; que consiste en grandes poblaciones de pececillos, de los que se alimentan las hambrientas aves, primero en celo, poniendo, después empollando, criando, y por ultimo emprendiendo las largas rutas de regreso ya para el norte, o bien ya para el sur del continente americano.


En tiempos de los “piratas”, la isla era asediada por esos bandoleros, y por otros barcos, incluso balleneros, que desembarcaban en su costa sur para hacerse de grandes cantidades de huevo, que en su borda transportaban como alimento fresco. Otro grupo de gentes que en mucho impactó la isla y sus nidos, fueron los “guaneros”, personas que acampaban en improvisadas casas de rocas, creando grandes veredas entre las rocas, y cúmulos de piedras en forma cónica, para dejar espacio para el deposito del guano de las aves, y patios de maniobras para la acumulación del guano ya recolectado, que después se sacada del lugar en barcos arreglados para ese propósito.


Cuando yo completé la tercer vuelta a la isla, detecté claros indicios de escondites, tal vez de piratas, escondites que parecen fortines para espías, y para poder disparar a algunos intrusos, tal vez, ya que muy claro se aprecia desde el alto escondite la amplitud del varadero sureste, y al alcance de los disparos de rifles quedan la playa, y “los intrusos”. Pude encontrar infinidad de fondos de botellas de vino sin marca, vidrio soplado, de cuyas muestras deje a resguardo en la estación de campo, mismos que denotan antigüedad de al menos unos ciento cincuenta años; y me pregunté:

A quienes le pudo interesar adentrarse hasta estas latitudes en el golfo de California?

Por qué se construyeron esos escondites, dentro de los cuales apenas caben unos cuantos vigías?

Existe en la isla un panteoncito con unas dos o tres tumbas, que se encontraban muy borrosas, y en mi estancia en la isla, en marzo del 2003, me di a la tarea de restaurar, tratando de decirle a los futuros visitantes, después de mi, que en ese lugar descansan al menos tres individuos anónimos, que en sus tiempos en la vida, vieron los paisajes de la isla Rasa, desde otra óptica muy distinta a la mía, tal vez desde la óptica pirata, de los guaneros, de los balleneros, o incluso desde la de ordinarios pescadores, a quienes un día les llego su fin, y por la eternidad pertenecen ya no a sus deudos, si no a la hermosa y desértica isla rasa.


Existe desde principios de la década de 1960 en la isla una estación de campo, a la que se llega por medio de una pequeña entrada de agua, y un canal abierto por la mano del hombre entre las rocas, cuando la marea sube esta pequeña ensenada entra al corazón de la isla. La estación de campo que antes fue algo así como una casa de pescadores, fue construida por don Antero Díaz, incansable hombre de trabajo y pionero en Bahía de los Ángeles, hoy paraíso turístico peninsular, desde cuyo lugar trabajaba don Antero las pesquerías de tortuga, y otras especies entonces permitidas en el país, muy socorrida que fue la economía peninsular, con esas pesquerías de aquellos años del siglo veinte.

La estación de campo fue rehabilitada, y rescatada desde los escombros por el gobierno mexicano, desde la cual con sus dos modestas, pero cómodas habitaciones, los científicos observan el comportamiento de las aves, tanto en sus modos de galanteo, anidación, sus polluelos, observando todas sus silvestres costumbres, incluso, cuentan los pollos que mueren, los huevos “hueros”, es decir los que no eclosionan, observando además los eventuales ataques de otras aves sobre las vigiladas.

La ISLA RASA, como todas las islas, se encuentran bajo la protección de las leyes mexicanas, a cargo de la CONANP, Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, cuyas oficinas para el área de la isla Rasa, se ubican en la ciudad de Ensenada, Baja California.

El rescate del pequeño edificio en isla Rasa fue toda una odisea, ya que no se permitió, alterar en lo mas mínimo la naturaleza de la isla, por lo que se tuvo que llevar agua, arena, grava, cemento, madera, y víveres, por decir lo menos, en barco desde San Felipe, Baja California, unos doscientos kilómetros al norte, ubicado en las cercanías del alto golfo, en el municipio de Mexicali.


La labor del rescate del edificio le fue encomendada a varios contratistas, pero con las posibles pérdidas económicas, la lejanía, lo pequeño de la obra, y la nula utilidad económica, ocasionó que voltearan sus intereses hacia obras con mayores posibilidades económicas, como es de entenderse, desde luego.

El ingeniero Roberto Esteban Sevilla Ramírez, ampliamente conocido como “SEVILLABAJAVENTURAS”, sin el menor reparo acepto el reto, dándose de inmediato a las arduas tareas, para llevar a cabo contra reloj la encomienda de dejar a los científicos instalados, y a buen resguardo para la observación de las aves a su llegada en marzo del año 2003, como así fue.

Un trabajador pretendió sacar un pequeño cardon de la isla, como souvenir, yo me opuse a esa situación, y por fortuna lo convencí, de que a la naturaleza mucho tiempo le tomo su nacimiento, ya que en tierra firme se necesitan algo así como seis millones de semillas para que se logre un solo cardoncito, y que en la isla Rasa, se ocupan cantidad mayor de las semillas de los enanos cardones, que llegan a poca altura en su crecimiento dada la profunda escasez de lluvias en el lugar.

No me queda ninguna duda que a nuestra tierra le hacen falta muchos “SEVILLABAJAVENTURAS”, y que mientras las aves migratorias se sigan multiplicando, nuestra bella isla rasa, seguirá siendo la cuna utilizada por la madre naturaleza, para poner de manifiesto uno mas de sus caprichos… Qué enormes privilegios poseemos...

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, MEXICO.

O9 DE ABRIL DEL 2010.


No hay comentarios.: