"NUESTRA TIERRA SE LLAMA "BAJA CALIFORNIA", NO SE LLAMA "BAJA":
SOMOS "BAJACALIFORNIANOS", NO SOMOS "BAJEÑOS"...

sábado, 30 de octubre de 2010

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA, AÑO DE 1909: PREVIO A LA REVOLUCION MEXICANA.

VIVENCIA DE ADALBERTO Y JOSE DEL CARMEN ESPINOZA PERALTA.

En las postrimerías de la revolución mexicana, acá en el norte de la península de Baja California, fue muy poco el movimiento con esos tintes llevado a cabo por parte de la población que en aquella época vivía en la región.

Sin embargo, las persecuciones por parte de los espías, la policía, la acordada, y los rurales del gobierno de Porfirio Díaz, daban a esta agreste tierra un toque fantasmal, de sangre y fuego, sobre muchos hombres y jóvenes que huyendo de la leva, o desertando del ejército regular, se adentraban a éstos lares en busca de escondite, el cual la mayoría de las veces en solitarios parajes, eran asesinados los “fugitivos”.

Una tardecita del año de 1909, hasta el rancho de la familia Espinoza, llamado San Juan de Dios, en la sierra de El Rosario, llegaron tres jóvenes hombres, quienes iban de transito por el camino real de la sierra, con rumbo al sur de la península; se habían adentrado a Baja California por las inmediaciones del rio colorado, siguiendo hacia el sur por el camino de los nativos Cucapah, subiendo las altas montañas, por el rancho de “El Parral”, en las estribaciones del desierto de San Felipe, llegando así al rancho de San Juan de Dios, donde solicitaron la hospitalidad de la familia Espinoza, encabezada entonces por José del Carmen Espinoza Salgado.

Al amanecer del día siguiente de su llegada, arribó al rancho un “piquete” de rurales, y otros tantos de la “Acordada”. Aquellos temibles y siniestros hombres tan pronto llegaron, llamaron a Espinoza para investigarlo sobre los fugitivos, ya que las huellas de las bestias de los fugitivos los habían conducido hasta aquel lugar. Lanzando preguntas en tono por demás hostil y grosero.

¿Conteste si en este lugar se guarecen tres enemigos del gobierno del señor general Porfirio Díaz?

Pues, mire señor, aquí se encuentran tres jóvenes que están de transito con rumbo al sur, llegaron ayer tarde.

¡Hágalos salir, y muéstrelos!, le gritó el sujeto que iba al mando.

Los desdichados aquellos, salieron al patio de la casa principal, despejándose de sus sombreros, a quienes casi sin verlos fueron lazados por aquellos chacales, e hincados en el patio, sin mediar más palabras que algunas altisonantes:

¡A ustedes los reclutó el ejército para servir a la patria, no para andar de “juida” como las gallinas, cobardes! Les gritó él manda más, que era un hombrecillo de pequeña estatura.

El más joven de aquellos tres capturados era un chico de unos dieciséis años de edad, fue el único que pudo articular palabra, ante semejante “juicio”:

¡Señor, nunca he sido soldado, ellos dos me traen secuestrado, para que les sirva de guía, no los conozco, por favor no me mate!: De nada valieron sus suplicas.

A los tres los amarraron montados en sus propios caballos, y luego obligaron a la familia a servirles desayuno. Habiendo los chacales saciado su hambre de comida, les faltaba saciar su hambre de sangre. Salieron del rancho llevándose a los “presos”, y a dos del rancho: Los hermanos Adalberto y José del Carmen Espinoza Peralta, entonces de 19, y 16 años de edad, para que sirvieran de guías.

Marcharon con rumbo al Arroyo Grande, cuando arribaron al lugar, ya como para las tres de la tarde, cerca de una mezcalera, bajaron a los presos, y con sendos tiros, sin mediar más palabras que algunas majaderías por parte de aquellos indeseables, fueron asesinados en presencia de los hermanos Espinoza Peralta.

Tan luego cayeron aquellos tres desafortunados hijos de la patria mexicana, la de Porfirio Díaz, ordenaron a los hermanos Espinoza que los quemaran, so pena de correr con la misma suerte, para lo cual apilaron gran cantidad de mezcales secos, encima de estos los cuerpos, y sobre ellos más mezcales, los que en gran fogata y después de horas convirtieron en cenizas los cuerpos de aquellos tres; como en cenizas poco tiempo después se convertiría el gobierno del infame Porfirio Díaz.

Cuando los cuerpos ardían se escuchó una balacera que provenía de los tiros que los que ardían traían en las bolsas de sus pantalones.

Cuando los meses pasaron, hicieron los rurales lo mismo con otros grupos a los que dieron alcance; a unos en “las cruces”, a otros en “la cañada de los abajeños”, a otros en el desierto. El camino real se convirtió en la tumba de tantos inocentes que su único delito era huir de la leva del tirano. Quedó aquel cumulo de tristes acontecimientos en pleno olvido, y cuando alguien pasa por esos aun recónditos lugares, sin saber la historia se preguntan el porqué de algunas crucecillas, sin tener la más mínima idea, de las vidas que por intereses políticos se cegaron. Son los vestigios que al pasar más de cien años de ocurridos aquellos hechos, se convierten en la herencia de la bota del gobierno de Díaz, en los tiempos previos a la revolución mexicana, en El Rosario, Baja California.

En el verano del año de 1969, mientras cabalgábamos por aquellos lugares en busca de ganado, Adalberto, quien entonces contaba con setenta y nueve años de edad, y yo con once, me relacionó los hechos que aquí he narrado.

AUTOR DEL ARTÍCULO:

ING. ALEJANDRO ESPINOZA ARROYO

EL ROSARIO, BAJA CALIFORNIA

SABADO 30 DE OCTUBRE DEL 2010.

Notas: Adalberto Espinoza Peralta, fue conocido como “Caracol Espinoza”, nació en el rancho de San Juan de Dios, en El Rosario, el día 30 de junio de 1890, falleció en El Rosario, en 1980, a los 90 años de edad, sepultado en El Rosario.

José del Carmen Espinoza Peralta fue conocido como: “Tambo Espinoza”, nació en el rancho San Juan de Dios, en 1893, falleció en Ensenada a fines de la década de los 1980, a 96 años de edad, sepultado en Ensenada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

leer sus Publicaciones.. su narrativa lo he mencionado en innumerables ocasiones.. traslada en tiempo y espacio.
sencillamente extraordinario. abgg